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lunes, 3 de julio de 2017

Declaran inexistente la huelga del Sitrajor

Cometió múltiples errores procesales
Resultado de imagen para huelga en la jornada
Periódico La Jornada
Lunes 3 de julio de 2017, p. 6
La Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA) declaró anoche inexistente e ilícita la huelga del Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor), bajo varias causales: la primera, que no se suspendieron las labores con abandono de instalaciones, ya que un inspector dio fe de que trabajadores seguían laborando en la hora y la fecha en que se colocaron las banderas rojinegras.
La resolución señala que también hubo falta de legitimación del proceso por parte de la representación sindical, debido a que el Sitrajor no convocó legalmente a asamblea extraordinaria, y en el proceso de votaciones que llevó a cabo no obtuvo la mayoría legal del total de sindicalizados en favor del cierre de la empresa.
Es decir, el Sitrajor no cumplió con los requisitos de procedencia y procesales de la ley, señala la resolución de la JLCA.
Anoche, un actuario de la JLCA se presentó cerca de las 24 horas de este domingo afuera de las instalaciones del diario para entregar la notificación al comité ejecutivo del Sitrajor.
De igual manera, entregó el documento a los representantes de Demos, Desarrollo de Medios SA de CV –empresa editora de La Jornada– sobre la resolución de la JLCA.
En la argumentación, las autoridades señalan que no existe objeto de la huelga, ya que no cumple con lo establecido en el artículo 450 de la Ley Federal del Trabajo, que se refiere a que la demanda de los trabajadores debe buscar el equilibrio entre los factores de la producción y armonizar los derechos del trabajo con los del capital.
La cuarta causal para declarar ilegal el paro es que el sindicato ejerció violencia contra los empleados, ya que dejó encerrado a un número importante al poner candados en los accesos de la empresa, dejando trabajadores privados de su libertad, hecho violento que tiene consecuencias penales.
Cabe señalar que trabajadores sindicalizados iniciaron el paro de labores el pasado 30 de junio a las cinco de la tarde, aun cuando la JLCA emitió un laudo –el 31 de mayo– en el que determinó que el contrato colectivo de trabajo firmado entre Demos y Sitrajor hace financieramente inviable la empresa.


miércoles, 29 de abril de 2015

Quiebra técnica en La Jornada .- JAIME AVILÉS

28 de abril de 2015. Un desfalco, estimado en 25 millones de pesos, tiene a La Jornada en peligro de salir de circulación. El presunto responsable sería el ex gerente, Jorge Martínez Jiménez, quien fue sustituido el pasado 30 de enero por el economista Luis Linares Zapata, sin que hubiera ninguna explicación de por medio.
El periodista Álvaro Delgado, del semanario Proceso, confirmó en su cuenta de Twitter que durante su última asamblea de accionistas, el rotativo que dirige desde 1996 la periodista Carmen Lira Saade, se declaró en quiebra técnica.
Fuentes del Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada aseguraron que la empresa ya dio parte a las autoridades de Hacienda. En un esfuerzo extremo por evitar el cierre, el personal del diario fue conminado a aceptar una reducción salarial de 24 por ciento o “nos vamos”.
Tras la publicación de un par de tuits en mi cuenta, @Desfiladero132, el domingo por la noche, en los que di la terrible noticia, en redes sociales y medios electrónicos se me atribuyó el caracter de “fundador de La Jornada“, que no tengo. Como periodista independiente me limité a informar acerca de un tema que reviste la máxima gravedad para nuestro país.
Sin embargo, La Jornada “desmintió”, según El Economista, que se encuentre en quiebra técnica y su continuidad esté en riesgo. Mala decisión. Pésima. Fuentes de una radiodifusora vinculada estrechamente al gobierno de Peña Nieto filtraron que este miércoles darán a conocer “los documentos del desfalco”.
Por su parte, el coordinador de edición de La Jornada, en los hechos, subdirector general del tabloide, escribió con obvia dedicatoria a mí: “Los orates zopilotean desesperados buscando una carne imposible de conseguir. Sus odios y frustraciones no tienen límites. Pura carroña!”.
Ser víctima de un delincuente que se roba los activos de una empresa nacida gracias al apoyo de la sociedad civil, y guardar silencio, mientras se pide a los trabajadores una reducción salarial de 24 por ciento, no es una postura consecuente con la vocación democrática de un diario que, por desgracia, a partir de la campaña electoral de 2012 cometió el error de dar la espalda a sus lectores y echarse en brazos de Peña Nieto.
Agobiada por la crisis económica, por la disminución de sus ventas en la edición de papel y por la mezquindad del “gobierno” federal, que le debe una fortuna, cuyo monto se desconoce, por concepto de publicidad oficial, La Jornada vive la hora más crítica de su historia y la sociedad no puede permanecer indiferente.
Por las oficinas de La Jornada han pasado escritores como Eduardo Galeano y Gabriel García Márquez, o académicos como Noam Chomsky.
En las páginas de La Jornada han publicado escritores como ya fallecidos Eduardo Galeano y Gabriel García Márquez, o académicos como Noam Chomsky.
Un agujero de 25 millones de pesos –en el supuesto de que ésta sea la cifra real del desfalco– puede remediarse con la solidaridad de quienes desde 1984 se identifican con el periódico fundado por Carlos Payán Velver, aun cuando tras el bandazo de 2012 se sientan decepcionados al ver la proliferación de anuncios cotidianos, de gobernadores corruptos como los de Veracruz, Edomex, Chiapas, Chihuahua y otros.

¿Cómo operaba Jorge Martínez?

En 2003 se cumplieron 50 años de la aparición de El Llano en llamas. Luego de intentar con gran insistencia que La Jornada publicara libros en forma de periódico, logré el apoyo de Carmen Lira para negociar con la agencia Carmen Balcells, que maneja los derechos de autor correspondientes a los herederos de Juan Rulfo.
El trato se cerró en 300 mil pesos. La Jornada obtuvo cerca de 4 millones de pesos en anuncios publicitarios, que fueron intercalados entre los cuentos del famoso libro. El tiraje que se pactó fue de 50 mil ejemplares.
Un día antes de que el trabajo se fuera a la imprenta, un colaborador de Jorge Martínez, apellidado Rodríguez Newman, me habló por teléfono: “¿Estás de acuerdo en que el tiraje sea de 100 mil, pero que no lo sepan los Rulfo?”.
Respondí indignado que no. Un amigo que sabe cómo se hacen los negocios en México me explicó la moraleja de la fábula dos años después. “Ahí metiste la pata. Si hubieras dicho que sí, tu proyecto habría llegado lejos”.
Pero no llegó a ninguna parte. Lo que hizo Jorge Martínez fue imprimir únicamente los pocos ejemplares que se vendieron en Coyoacán y la colonia Condesa, no en toda la ciudad ni mucho menos en todo el país, como era la idea original. Lo maravilloso ocurrió cuando pregunté si me tocaría una comisión de la publicidad obtenida.
Martínez me regañó: “Eso lo hubieras planteado desde un principio”. Lo más que logré fue un préstamo de 60 mil pesos para cambiarme de casa y salir de varias deudas. Aún tiemblo de gratitud.
Deseo de todo corazón que el o los responsables del desfalco sean detenidos, procesados y encarcelados. Que devuelvan el dinero. Que La Jornada no rebaje un centavo el salario de sus trabajadores. Que Carmen Lira convoque a refundar el diario y depure la plantilla directiva expulsando a Josetxo Zaldúa y la camarilla de vividores a quienes responsabilizo del cambio de rumbo y pérdida de credibilidad y respaldo público.
Carlos Payan en la presentacion del numero cero de la Jornada
Carlos Payán en la presentacion del numero cero de La Jornada
Si se trata de reunir el dinero robado, apelando a la solidaridad popular, estoy dispuesto a participar en la colecta, para la cual miles y miles de personas no vacilarán en poner su granito. Tras la caída de Carmen Aristegui, que abrió un vacío informativo enorme e imposible de llenar por ahora, sería una tragedia que La Jornada dejara de circular, aunque en términos periodísticos pase por una etapa tan lamentable.
[A continuación el documento oficial de La Jornada donde se propone la reducción de salarios a sus trabajadores]

viernes, 19 de septiembre de 2014

‘La Jornada’: 30 años de hacer periodismo crítico

Si los grandes periódicos lo son porque perduran y porque tienen un carácter y un sello editorial propio y un lectorado leal y crítico, 'La Jornada' cumple con los requisitos, indica la editorial de este viernes.
La jornada 30 años 1
Carlos Payán, fundador de La Jornada y Carmen Lira, actual directora del diario.
El diario La Jornada cumple este viernes 30 años, en los que ha reportado lo que sucede en nuestro país y fuera de este. Para celebrarlo montaron una exposición fotográfica en las rejas de Chapultepec, en donde dan muestra de parte de su trabajo periodístico.
El diario fue fundado por Carlos Payán y un grupo de destacados periodistas como Miguel Ángel Granados Chapa y actualmente es dirigido por Carmen Lira.
En su editorial de aniversario, el diario alude a los bloqueos de publicidad que ha padecido y añade:
“Hasta la fecha, el manejo discrecional y patrimonialista de los anuncios del sector público sigue siendo una amenaza para la subsistencia de los medios independientes y, por consiguiente, para la libertad de expresión y el derecho a la información. El ámbito institucional no ha comprendido que la comunicación social es una obligación y que los recursos destinados a ella son dinero público que debe ser distribuido en forma equitativa y proporcional entre los medios, al margen de diferencias o de disgustos por sus respectivas líneas editoriales”.

A continuación, su editorial de aniversario:
Tres décadas
El 19 de septiembre de 1984 La Jornada circuló por primera vez entre sus lectores. No fue un inicio fluido ni cómodo porque surgió en un entorno difícil y adverso, en medio de la crisis económica de esa década y en un entorno institucional asfixiante, antidemocrático y hostil a toda divergencia. Adicionalmente, el diario no tenía un respaldo importante de capital: los recursos indispensables se obtuvieron, fundamentalmente, de la venta de acciones entre la sociedad y de las aportaciones en obra que realizaron generosamente muchos artistas plásticos, encabezados por Rufino Tamayo y Francisco Toledo.
Lo recomendable al emprender un proyecto de esta naturaleza es disponer de dinero para sostener la publicación durante un año, como mínimo, para dar tiempo a su acreditación entre los lectores y los anunciantes y esperar sin angustia a que empiecen a fluir los ingresos. En sus inicios, La Jornada tenía dinero para funcionar cinco días. En tales circunstancias era impensable aspirar al establecimiento de una institución periodística sólida y perdurable. Se actuaba, simplemente, en función del deber, y el deber era dar a luz una publicación cotidiana necesaria para el desarrollo político, social y cultural del país y para dar voz y tribuna a sectores de la sociedad que carecían de ella. Sin embargo, este diario cumple hoy tres décadas y en ese lapso se ha convertido en parte fundamental del panorama informativo de México –el segundo periódico del país en términos de circulación– y del exterior; se ha vuelto un punto de referencia para centenares de miles de lectores y ha ganado, con su fidelidad a los principios fundadores, credibilidad y prestigio.
Si los grandes periódicos lo son porque perduran y porque tienen un carácter y un sello editorial propio y un lectorado leal y crítico, La Jornada cumple con los requisitos, y eso es un éxito y casi un milagro.
Esta publicación surgió sin la bendición de los poderes políticos y económicos, e incluso con su animadversión, porque el proyecto informativo que enarbolaba les resultaba incómodo: el periódico confrontó desde su inicio el proyecto neoliberal que por entonces se esbozaba apenas y que en el curso de estas tres décadas ha trastocado profundamente al país. La Jornada cuestionó también desde un principio al régimen político caracterizado por la cerrazón, la antidemocracia, la simulación y la represión, y propuso y defendió la necesaria democratización de las instituciones nacionales; puso énfasis, asimismo, en la desigualdad social, que ya entonces era alarmante y que hoy es abismal, y señaló la necesidad de reducirla, por el bien del país, de la paz y de la gobernabilidad; adicionalmente, el periódico se manifestó en defensa de la soberanía nacional en un momento en que empezaba a ser socavada por la globalización económica y por la debilidad de las autoridades nacionales ante gobiernos y capitales extranjeros.
Como resultado, el diario ha sido sujeto a constantes campañas de difamación e incluso a acosos judiciales desde medios informativos afines al poder y, lo más grave, a un bloqueo de publicidad por parte de las dependencias oficiales y de las agencias de publicidad. Aunque en los 30 años siguientes esa circunstancia ha sido superada en alguna medida, La Jornada no ha recibido nunca las proporciones de publicidad oficial y privada que ameritarían su circulación, su influencia y su penetración.
Hasta la fecha, el manejo discrecional y patrimonialista de los anuncios del sector público sigue siendo una amenaza para la subsistencia de los medios independientes y, por consiguiente, para la libertad de expresión y el derecho a la información. El ámbito institucional no ha comprendido que la comunicación social es una obligación y que los recursos destinados a ella son dinero público que debe ser distribuido en forma equitativa y proporcional entre los medios, al margen de diferencias o de disgustos por sus respectivas líneas editoriales.
La Jornada no es un periódico opositor a ultranza o crítico a rajatabla. En su manejo editorial rehuye las estridencias y el sensacionalismo y busca mantener un equilibrio para dar a conocer todos los puntos de vista de los involucrados en los temas que cubre; desde luego, en el vértigo periodístico del día a día resulta particularmente arduo buscar un equilibrio, y ese esfuerzo cotidiano le ha permitido ganar la credibilidad que hoy ostenta y el sitial de referencia para diversos sectores sociales y para las mismas cúpulas institucionales. Sin embargo, o más bien por eso mismo, este diario sigue siendo incómodo para los poderes políticos y económicos.
En lo que va del actual sexenio, si bien el sector público no ha dejado de contratar publicidad en estas páginas, ha retrasado los pagos más allá de todo plazo razonable, y ello ha colocado a la empresa editora de La Jornada en dificultades sin precedente. Es un hecho que la economía en su conjunto pasa por una situación constreñida, por decir lo menos, pero ello no basta para explicar tales atrasos, sobre todo a la luz de los abultadísimos gastos publicitarios que el gobierno federal ha realizado en otras instancias, particularmente en los medios electrónicos tradicionales, para legitimar el paquete de reformas estructurales recientemente implantadas.
Cabe preguntarse, en esta circunstancia, si los impagos mencionados son un mero descuido burocrático o una forma específica de presión sobre la línea editorial del diario. Sin afán de prejuzgar, hay un hecho inquietante y grave: el bloqueo de publicidad que la Federación y los gobiernos estatales han impuesto a la revista Proceso, que es sin duda la publicación política semanal más importante del país y, como La Jornada, un medio que ha destacado por su independencia.
Tal medida constituye una regresión de siete lustros a tiempos de autoritarismo presidencial que se suponía superados: “no pago para que me peguen”, explicó José López Portillo cuando impuso el embargo publicitario a Proceso a finales de los años 70 del siglo pasado, en lo que fue una valoración aberrante, tanto porque pretendía reducir la institucionalidad federal a su persona, como porque el erario no era suyo, sino de la nación.
Más grave aún, el intento por someter a un medio con el recurso de privarlo de la publicidad oficial es una distorsión antidemocrática y facciosa del espíritu republicano que debiera primar entre los gobernantes, constituye un ataque directo al derecho de los ciudadanos a informarse y al de los comunicadores a informar y expresarse, y priva a las propias autoridades de indicadores e instrumentos para enterarse del pulso social y del sentir de sus gobernados. Cabe esperar que esas tentaciones autoritarias sean contenidas y que den paso a una verdadera comprensión del papel de los medios independientes en una sociedad moderna: un contrapeso necesario al poder y una vía de expresión a las causas profundas de la sociedad.
A pesar de las dificultades mencionadas y de muchas otras que han surgido en el camino,La Jornada llega hoy a sus 30 años de existencia, y a ésta, su edición número 10 mil 822, con el ánimo intacto, la determinación de fidelidad a sus principios y a su línea editorial, y el propósito de actualizarse en forma permanente.
El país y el mundo se han transformado y, con ellos, el oficio periodístico se enfrenta a nuevos desafíos conceptuales, metodológicos, tecnológicos y organizativos. La revolución digital no sólo cambió radicalmente la cotidianeidad laboral e los periodistas, sino que los puso ante experiencias nuevas y fascinantes, pero también ominosas, como el estremecimiento mundial causado por las acciones de Chelsea Manning, Julian Assange y Edward Snowden. Este diario ha tenido una participación directa en esa historia, toda vez que fue seleccionado por Wikileaks para difundir la porción mexicana de los cables secretos del Departamento de Estado y que, desde entonces –diciembre de 2010– ha trabajado con esa organización en la difusión de documentos que los gobernantes pretenden escamotear a la mirada de la opinión pública y en una lucha por la transparencia que ha impactado profundamente en los poderes políticos y en las sociedades del mundo.
Una generación creció leyendo estas páginas y otra, con acceso natural a las redes sociales, empieza a emerger. Para ambas el trabajo de La Jornada ha sido un referente de importancia y una ventana al acontecer mundial minimizado, distorsionado o negado por el periodismo mercantil que no busca informar, sino entretener para, como objetivo último, lucrar. En contraste, este diario no ha buscado hacer periodismo para acumular dinero, sino conseguir dinero para hacer periodismo; su público lo sabe y puede confiar en que esa determinación no va a verse alterada por presiones externas ni por eventos internos.
Ciertamente, es mucho lo que falta por hacer. Como todo medio impreso tradicional, La Jornada debe culminar con éxito la incorporación, al proceso de producción basado en el tiraje en papel, de una lógica de flujo constante orientada a computadoras y dispositivos.
Mantener y mejorar la calidad de este producto informativo es un compromiso permanente, y una manera de retribuir y agradecer el acompañamiento de su público a lo largo de esta aventura que llega hoy a sus primeros 30 años.

La Jornada denuncia crisis económica por retraso en pagos de publicidad oficial


Tres décadas, en la edición del 19 de septiembre.
Tres décadas, en la edición del 19 de septiembre.
MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).-El periódico “La Jornada” denunció que el gobierno federal ha retrasado los pagos de publicidad oficial “más allá de todo plazo razonable”, situación que ha colocado al diario “en dificultades sin precedente”.
En su editorial de este viernes titulada “Tres décadas”, el diario cuestiona que el gobierno federal retrase los pagos cuando, al mismo tiempo, gaste millones de pesos en difundir las reformas estructurales aprobadas en el transcurso del sexenio.
“Es un hecho que la economía en su conjunto pasa por una situación constreñida, por decir lo menos, pero ello no basta para explicar tales atrasos, sobre todo a la luz de los abultadísimos gastos publicitarios que el gobierno federal ha realizado en otras instancias, particularmente en los medios electrónicos tradicionales, para legitimar el paquete de reformas estructurales recientemente implantadas”, critica el periódico, que este viernes cumple treinta años de existencia.
En su editorial, “La Jornada” cita el caso de la revista “Proceso”, que ha sufrido boicot económico por parte del gobierno federal debido a su línea editorial:
“Cabe preguntarse, en esta circunstancia, si los impagos mencionados son un mero descuido burocrático o una forma específica de presión sobre la línea editorial del diario. Sin afán de prejuzgar, hay un hecho inquietante y grave: el bloqueo de publicidad que la Federación y los gobiernos estatales han impuesto a la revista Proceso, que es sin duda la publicación política semanal más importante del país y, como La Jornada, un medio que ha destacado por su independencia.
“Tal medida constituye una regresión de siete lustros a tiempos de autoritarismo presidencial que se suponía superados: ‘no pago para que me peguen’, explicó José López Portillo cuando impuso el embargo publicitario a Proceso a finales de los años 70 del siglo pasado, en lo que fue una valoración aberrante, tanto porque pretendía reducir la institucionalidad federal a su persona, como porque el erario no era suyo, sino de la nación”.
El periódico recuerda que, debido a su línea editorial, ha sufrido constantes campañas de difamación y acosos judiciales desde medios afines al poder y “lo más grave, un bloqueo de publicidad por parte de las dependencias oficiales y de las agencias de publicidad”.
“La Jornada” también contrasta cómo el gobierno federal despilfarra publicidad en medios afines y castiga a los medios críticos.
“Hasta la fecha, el manejo discrecional y patrimonialista de los anuncios del sector público sigue siendo una amenaza para la subsistencia de los medios independientes y, por consiguiente, para la libertad de expresión y el derecho a la información. El ámbito institucional no ha comprendido que la comunicación social es una obligación y que los recursos destinados a ella son dinero público que debe ser distribuido en forma equitativa y proporcional entre los medios, al margen de diferencias o de disgustos por sus respectivas líneas editoriales”, recalca la editorial.

sábado, 5 de octubre de 2013

Tres crisis de la izquierda en México





DESFILADERO


Jaime Avilés


Crisis, decía Gramsci, es lo que pasa cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Nada caracteriza mejor lo que vive la izquierda mexicana. El PRD no acaba de morir y Morena no acaba de nacer.

El partido de masas que se fue configurando en los años ochenta --primero con el salto del PCM de la clandestinidad a la lucha parlamentaria y su transformación en PSUM (que absorbió a membretes más pequeños) gracias a la visión estratégica de Arnoldo Martínez Verdugo, y después con la ruptura que se dio en el PRI, del cual salió la corriente encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas para fusionarse con los modernos rojos de aquel entonces-- hoy en día es una pieza más del sistema de dominación olinárquico.

Corrompido profundamente y desgastado por sus diversas experiencias de gobierno municipal, estatal y legislativo, para desconsuelo de sus militantes de base y en agravio a la memoria de sus muertos, el PRD, sus coyotes y traficantes de influencias, sus cobradores de cuotas, sus repartidores de despensas y sus dirigentes más visibles, no son sino lo peor del PRI con camisetas amarillas, porque su única razón de ser es la de legitimar la añeja dictadura salinista en complicidad con la maquinaria de la simulación televisiva.

El PRD es un cadáver gigantesco, en el cual pululan miles y miles de gusanos blancos y ciegos (su nombre científico es belaunzaranis infectus), que se alimentan de estiércol pagado por el erario, pero como para los medios masivos ésa es “la izquierda”, el pueblo ingenuo, asqueado por su repugnante imagen, ya no puede asociar esa palabra, ese concepto, a ninguna noción de esperanza, cambio o reivindicación social.

A la sombra de tal desprestigio, y a pesar de sus propias contradicciones interiores, el Movimiento de Regeneración Nacional lucha con todo en contra para consolidarse como una nueva fuerza política, exhibiendo como prueba de su existencia posible, todavía no tangible, los 16 millones de votos que obtuvo la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador en el simulacro de “elecciones” de julio de 2012.

Ante el peso de un PRD colosal y putrefacto, estrechamente aliado a los hombres de Obama y la Unión Europea en México, la debilidad del rollizo y optimista bebé que todavía es Morena no parece tener la fuerza suficiente para impedir la inminente privatización de Pemex.

Crisis de gobierno

Uno de los mayores tropiezos de AMLO ha sido el decepcionante comportamiento de los cuadros políticos que impulsó con su imbatible carisma, su trabajo y su tenacidad, a los más altos cargos de gobierno: Amalia García saqueó el estado de Zacatecas, Juan Sabines la superó en Chiapas, otros (cuyos nombres no recuerdo y me da pereza buscar en Google), no se quedaron atrás en Baja California Sur, Guerrero, Michoacán y

Tlaxcala, mientras Gabino Cué, en Oaxaca, resultó ser otra chucha cuerera.

Si una de las más desagradables actividades de quienes nos dedicamos a la política es tragar sapos, la alianza de AMLO con los chuchos no pudo ser más indigesta: en la legislatura 2006-2009, con todas las evidencias del fraude electoral cometido por Felipe Calderón y Fox, los Carlos Navarrete y las Ruth Zavaleta, no sólo se dejaron “agarrar la pierna” (políticamente hablando), sino que se excitaron tanto que terminaron revolcándose en el jacuzzi con la ultraderecha panista y yunquista.

Igual de obscena fue la traición de Marcelo Ebrard cuando quedó al frente del GDF: con las despensas del PRI amarillo repartidas entre los pobres para asegurarse todo el respaldo político necesario, el güerito consentido de Elba Esther puso a la Asamblea Legislativa del DF al servicio de los dueños de todo, para sacarles adelante sus megaproyectos, si bien al mismo tiempo y con gran acierto, amplió y fortaleció los derechos sociales de las minorías, lo que hoy se refleja en las calles capitalinas como símbolo de libertad incuestionable.

A contraluz de esta política humanista e incluyente, en materia de seguridad pública Ebrard en cambio fue Atila, y junto con su secretario del ramo, Manuel Mondragón y Kalb, el Victoriano Huerta de nuestros días, se comportó como un dios vengativo en la Sodoma y Gomorra de los pobres de los suburbios. ¿Por qué los grandes cárteles del narcotráfico se mantenían fuera del Distrito Federal, o realizaban sus actividades sin protagonizar las carnicerías típicas de otras ciudades de México?

Porque, según testimonios recabados entre activistas sociales de los bajos fondos, había un armonioso equilibrio entre los factores del poder subterráneo, a saber, la prostitución y el narcomenudeo. Éstos formaban una muralla china invisible, que aislaba al DF. Sin embargo, ignorantes de usos y costumbres que se remontaban a épocas muy lejanas, Ebrard y Mondragón desmantelaron la línea Maginot del hampa y las consecuencias están a la vista.

Pero si el balance de la gestión pública del sucesor de AMLO es negativo, porque hoy vivimos en una ciudad más violenta e insegura que cuando Marcelo llegó al poder, el desempeño de Miguel Ángel Mancera en estos diez primeros meses de su ¿sexenio? sólo puede ser descrito como catastrófico.

Al frente –es un decir-- del gabinete que le impuso Ebrard, sin el menor control de nada, con la policía robando en despoblado, intimidando a los estudiantes en el Metro y apaleando a los manifestantes con saña bestial en las calles; con los cárteles cobrando piso aquí y allá, por no hablar de la corrupción de los delegados, ni de la prepotencia del gobierno federal, que se ha apoderado del Zócalo y no lo soltará hasta que regale Pemex, Mancera es lo más parecido a un espantapájaros en cuyos brazos tranquilamente se posan los cuervos.

Los acontecimientos del 2 de octubre --en los que interactuaron los halcones de Peña Nieto, traídos en autobuses del estado de México, mientras Mancera, desde el Centro de Comando de la Secretaría de Seguridad Pública del DF dirigía personalmente los embates de granaderos contra periodistas y observadores de derechos humanos, contra jóvenes inocentes, contra mujeres indefensas, desatando una violencia plenamente documentada en internet pero de la cual no habla la prensa ni mucho menos el “jefe” del GDF-- han venido a crear las peores condiciones posibles para una lucha de desobediencia pacífica en defensa de Pemex, como la que propondrá mañana desde algún lugar de Reforma el máximo líder opositor del país.

Crisis de La Jornada

Un factor adicional, que sobreviene en el momento más inoportuno, es la crisis del periódico La Jornada, en donde, si no se produce un milagro, pronto se anunciará un drástico recorte de personal así como la reducción de salarios de aquellos trabajadores que por el carácter indispensable de las labores que realizan no pueden ser despedidos.

¡Cuán lejos parecen haber quedado los tiempos en que decíamos: si La Jornada no existiera este país estaría mucho peor! ¡Cuánta razón había en este aserto! ¡Cuántos movimientos sociales, invisibles para el resto de la sociedad, triunfaron gracias al apoyo que recibieron de los entusiastas y combativos lectores de ese diario!

Qué grave error cometió, lamentablemente, su directora general, cuando el año pasado, en los albores de la campaña electoral, ordenó que no se informara acerca de los atropellos que cometían los porros de Peña Nieto al golpear a quienes abucheaban al hombre del copete en sus mítines, como sucedió en Coahuila, Jalisco y Veracruz, por lo menos.

Qué mala decisión tomaron Carmen Lira y su patibulario número dos, el tránsfuga de ETA o de Grapo, el acaudalado Josetxo Zaldúa, corrupto entre los corruptos, capataz de mis queridos compañeros de redacción y de oficio, al negarse a investigar y denunciar la masiva compra de votos que llevaba a cabo el PRI, en preparación del fraude que ahora ha arrastrado a México hasta la orilla de un abismo en que tal vez nada podrá evitar que se hunda, si se concreta la privatización de Pemex.

Qué deprimente fue ver, en la semana que termina, el hecho insólito de que La Jornada se alineara con MilenioCrónicaLa Razón y demás excrecencias, para mentir diciendo que un policía estaba “en coma” después de ser “herido” por un maestro de la CNTE. O qué emético, es decir, vomitivo, fue el desplegado a toda plana que salió un día antes, firmado por el gobernador de Chihuahua, según el cual “Ciudad Juárez es de nuevo una de las ciudades más seguras del mundo”.

¿Por qué el periódico más digno de México, el que reúne a los mejores profesionales en todas las áreas y todos los géneros, los que se rifan en las calles reporteando y fotografiando, los que se lucen cabeceando las notas, escogiendo las fotos, armando las planas, pero también los técnicos de sistemas que le dan tres y las malas a Jobs, y los administrativos y los rotativeros, por qué, pues, ese grandioso equipo, hoy vive la vergüenza de trabajar para una especie de boletín de la Conago, que todos los días publica inserciones pagadas por los gobernadores más repulsivos del país, como Eruviel y Duarte de Ochoa?

¿Cuánto tiempo más habrá de transcurrir para que los trabajadores de ese diario le digan a Carmen Lira que su maravilloso e histórico ciclo ha concluido y que debe retirarse antes que esta decadencia lo empañe? ¿Qué se necesita para convencerla de que pase a retiro a Josetxo, para que ese soldado de fortuna se lleve también a los miembros de su camarilla de vividores, como el tuerto del ojo de vidrio que le lleva el whisky noche tras noche? ¿Qué debemos hacer para que La Jornada vuelva a enderezar el rumbo?

Perdón por haberme extendido tanto, pero el país atraviesa por un momento espantoso y la cuenta regresiva para el naufragio final avanza aceleradamente. ¿Logrará Morena evitar la privatización de Pemex? ¿Lograremos los habitantes del DF librarnos de Mancera? ¿Lograrán los periodistas de La Jornada iniciar una nueva etapa de lucha y de éxito?

Publicado el Sábado, 05 Octubre 2013 01:30

domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Por qué quieren golpear a La Jornada?

Guillermo Almeyra
La Jornada es –siempre lo fue– un diario atípico. En un mundo donde los grandes medios de información pertenecen a consorcios económicos y sirven los intereses de los mismos, fue creada por suscripción popular y, desde sus comienzos, ha sido plural. En sus columnas, en efecto, se despliegan todas las posiciones posibles, todas las gamas de opiniones existentes dentro del amplio marco de la lucha contra el autoritarismo y por la democracia, contra el imperialismo y por la soberanía de los pueblos, por los derechos de los oprimidos en cualquier parte del mundo. En cierta medida, La Jornada es un corte vertical en la densidad cultural y política de la sociedad mexicana y saca a la luz todos sus estratos. Lo hace, además, con gran calidad e innovando, y en sus páginas nacionales o internacionales escribieron o escriben casi todas las mejores firmas del mal llamado progresismo latinoamericano, o sea, de una izquierda vasta que va desde el liberalismo de izquierda, pasando por el nacionalismo revolucionario, hasta el pensamiento renovador dentro de la tradición marxiana.

La Jornada es un diario independiente, de periodistas y escritores, orientado hacia los grandes problemas sociales de México y del mundo, y es, por su calidad, un punto de referencia obligado en escala mundial para seguir lo que pasa en nuestro país. En un país militarizado y en el que los derechos democráticos se reducen diariamente, como la piel de zapa, La Jornada aparece como un bastión orgulloso que defiende las libertades ciudadanas, como un periódico sin patrón que se niega a sumarse al coro –o a la jauría– de quienes sienten repugnancia ante la democracia, y asume la defensa intransigente de los restos de los derechos sociales y políticos que, en otros tiempos mejores, dieron lustre en nuestro continente al nombre de México. La Jornada asume la causa de los indígenas, de las mujeres, de los campesinos, del ecologismo, de la cultura amenazada por el ataque contra la enseñanza de la filosofía, por ejemplo, o del pensamiento crítico, golpeado por los asesinatos de profesores y alumnos universitarios, de luchadores sociales, de periodistas. Por su parte, los trabajadores de La Jornada –los jornaleros– no se ganan simplemente el pan haciendo el periódico sino que son militantes de las causas nacionales y populares, con su trabajo diario y con su sindicato.

Por supuesto, los límites y defectos de La Jornada son muchos, pero son pecados veniales porque La Jornada jamás cometió el pecado mortal de defender al capitalismo o a los poderosos contra los desposeídos. Sus carencias o errores periodísticos o políticos son solucionables y los problemas del diario son perfectibles, en la medida en que los propios lectores colaboran para ello con sus críticas, porque ellos son también más que simples consumidores de noticias de un diario que no tiene otro apoyo que el de su dignidad.
La Jornada es, por eso, mucho más que un diario: es un foro esencial para la reflexión política y cultural, un centro de información y de formación política de una vasta capa ciudadana, el remplazante muchas veces de un partido nacional, popular, reformador social que no existe, un instrumento que defiende a todo lo que –como el zapatismo, en su momento– puede ser germen de un futuro mejor para el país, América Latina y la lucha contra el gran capital financiero internacional expropiador de las soberanías, destructor de las conquistas de la civilización.

No es casual, por lo tanto, que desde tribunas marcadas a fuego por su pensamiento oscurantista y reaccionario y desprestigiadas por la falta de objetividad de sus artículos, como Letras Libres, hayan volcado contra La Jornada calumnias de todo tipo como, por ejemplo, un supuesto apoyo del diario al terrorismo de la organización vasca ETA por el simple hecho de que La Jornada estableció en su momento un acuerdo periodístico de intercambio con el diario vasco abertzale Gara. Dicho sea de paso, este odio de la derecha ibérica y de todo el colonialismo español contra la defensa de los derechos de los vascuences, odio que alimentaba a Letras Libres, tan ligada a Aznar y al Partido Popular español, acaba de recibir la respuesta del País Vasco donde, al igual que en Navarra, la coalición abertzale es el primer partido.

Un fallo de la Suprema Corte abre en nuestro país el camino a la calumnia sin argumentos que prueben lo que se afirma y al terrorismo verbal de los grupos de interés, mediante sucias mentiras y bajas insinuaciones, contra los adversarios de los que mueven los hilos de publicaciones como Letras Libres. Ese fallo, incoherente e insustentable, no resiste el menor análisis jurídico ni político y puede facilitar el linchamiento político y periodístico de todo aquel que, como La Jornada, no sirva al poder o lo critique.

Por consiguiente, es un nuevo ataque contra los derechos democráticos y las tradiciones en nuestro país, un ataque contra todas las fuerzas sociales, pues las mismas podrán en lo sucesivo ser acusadas de cualquier crimen por la prensa, en nombre de la libertad de expresión, sin pruebas de ningún tipo, aunque en todo el mundo esté claro que las diferencias de opinión y las críticas no deben tener traba alguna, pero las acusaciones concretas sobre la comisión de delitos deben ser probadas o, en el caso de que no lo fuesen, castigadas.

El responsable de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, recomendaba calumniar sin cesar porque de la calumnia siempre algo queda. El fallo de la SCJN deja vía libre a esa tradición goebbeliana y no por casualidad, ya que el mundo que quería Hitler es el mismo que prepara hoy, con sus políticas, el bloque que está detrás de Letras Libres, y La Jornada es un obstáculo duro para ese retorno al pasado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Hermann Bellinghausen y Hugo Gutiérrez Vega presentan: La Entrega [FIL]

Extensión Medios/FIL
El periodista y novelista mexicano Herman Bellinghausen presentó en el marco de la FIL su más reciente libro, titulado la entrega (editorial UACM, México 2010). En él, podemos encontrar una serie de cuentos mexicanos, posicionados desde abajo, desde un México distinto al que muestran los medios masivos de comunicación, un México que nada tiene que ver con el discurso oficial.

Dichos cuentos, provienen de los viajes realizados alrededor de todo el país, por el reconocido periodista entre los años del 2005 al 2008. “Ese es el contexto de los relatos. Aparecen la guerrilla pero no explícitamente, las protestas callejeras, muchos esfuerzos personales de la gente. Es el México que me tocó ver, y espero que esté bien reflejado. Es un México de abajo, donde la gente está encabronada y pasan cosas terribles. Ellos no hablan de un país que está bien” exclamó Bellinghausen.

El también columnista de La Jornada estuvo acompañado por el poeta y director de La Jornada Semanal Hugo Gutiérrez Vega, quien se refirió a él como “un periodista ejemplar. Con un compromiso moral muy claro, tal vez uno de los compromisos más serios y definitivos de la prensa mexicana”, además de calificarlo, como una “Wikipedia ambulante”.

Para Gutiérrez Vega “La entrega es un libro de relatos, en el que de repente asoma la cabeza la crónica y mueve los brazos el ensayo”. Para él, la atmosfera de una de las historias se parece mucho a la realidad del país, donde “la terrible violencia se entromete en el relato, como lo hace en nuestras vidas. La crueldad cotidiana, la guerra no declarada, la presencia terrible del ejército compartiendo la propiedad del país con los narcos”. Asimismo tratando de encontrar el rostro de Voltaire, una de las protagonistas de la novela, Gutiérrez Vega coloca un parecido con Hedy Lamarr, quien también podría parecerse a la actriz Ofelia Medina, ahí presente.

En las últimas palabras de la presentación Hugo Gutiérrez Vega exclamó “En el México actual es indispensable que hablemos, y que hablemos cada vez más, y en voz más alta. Quién nos contesta, no lo sé exactamente, pero tenemos que hablar, porque el país así lo urge”. Además “Los personajes se aferran a una esperanza. Todos los personajes están buscando, como decía Marx, lo que se busca en el arte: lo humano perdido”.


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