viernes, 22 de abril de 2011

Cártel de Sinaloa gana Julio Hernández López

Astillero
Necesariato marino y militar
Civiles rebasados
Durango, narcopoder



No le quedó más remedio ayer al calderonismo que echar mano de una carta poco jugada para tratar de equilibrar la balanza de opiniones respecto de la pretensión de imponer reglas de seguridad nacional que significarían dejar puertas abiertas al autoritarismo de quien ocupe Los Pinos para mover a su contentillo fuerzas armadas, tanto por disturbios públicos en general (centrada aparentemente la intención en el caso de los narcotraficantes insurrectos) como por razones claramente políticas, laborales o electorales. Ninguna voz influyente o respetable se atrevió a respaldar el clausulado con el que se pretende dar legislativamente un bono dictatorial a Felipe Calderón para que lo use cuando lo considere conveniente, así que fue necesario improvisar palabras públicas de una voz infrecuente, ni más ni menos que la correspondiente a una de las cabezas del binomio armado en cuestión, específicamente el jefe de la Marina que se ha ido convirtiendo en el cuerpo de acción preferido por informantes y operadores de Estados Unidos y por la obsecuente casa del presidencialismo fallido.
Así, a falta de otros declarantes, el secretario de Marina fue impulsado ayer a dar una “inusual” conferencia de prensa en Veracruz (el adjetivo referente a lo desacostumbrado de esa comparecencia ante periodistas lo aportó Alfredo Méndez, el enviado de La Jornada al puerto donde ayer se celebró, sin la presencia de Felipe Calderón, la defensa patria hecha 97 años atrás), en la que obviamente defendió la tesis guerrera de que soldados y marinos deben seguir en las calles, pues las autoridades “se han visto rebasadas por el poder del crimen organizado” (las autoridades estatales, dijo, eximiendo a las federales de las que forma parte: gobernadores “rebasados”; Los Pinos y sus hombres armados, relevo obligado).
El secretario Saynez desgranó la tesis del “necesariato” armado, que en paráfrasis astillada dice así: hoy no hay condiciones para que soldados y marinos dejen de hacer lo que hacen en las calles, pues no hay autoridades civiles con capacidad para ofrecer algo de seguridad a la población, así que es necesario que las fuerzas armadas continúen en lo que están: atentamente, las mismas fuerzas armadas. Es decir, que es necesario, imprescindible, indiscutible, que esas fuerzas tomen el control de la situación perdida por los civiles; una nada enigmática confesión de que se vive ya en una circunstancia de excepción que debe asumirse como un hecho contundente, una suerte de golpe que se niega a reconocer su nombre, al grado que el propio secretario debutante en asuntos de declaraciones políticas aceptó: “Algunos piensan que la violencia no se combate con violencia; estoy de acuerdo con esa tesis, pero no veo en este momento cómo se pueda hacer para desarmar a esa gente que cada vez tiene más agresividad”.
El secretario de Marina parla mientras en el país son dadas a conocer nuevas estaciones del viacrucis sexenal: Durango suma producción local a la cuenta de los muertos arrojados a fosas presuntamente cavadas y operadas por narcotraficantes, aunque en el país del escepticismo fundado también hay quienes se preguntan si en la sabida mescolanza de funciones macabras que sostienen delincuentes explícitos y policías y militares no habrá aportaciones oficiales y administración inmobiliaria fúnebre. Durango, largamente dominado por el narcotráfico, con gobernadores convertidos en meros administradores secundarios del negocio, con una retadora fuerza política de los delincuentes confesos que impidió en esa entidad una “alternancia” entre cárteles de las que el marcelismo-camachismo impulsó tramposamente con sus alianzas que en entidades como Sinaloa y Durango solamente sirvieron para dar opciones a bandos enfrentados, al priísmo histórico escindido por razones mezquinas, no por proponer cambios de fondo ni nada por el estilo. Así que Durango toma por la vía de las narcofosas el lugar de horror que le corresponde como uno de los refugios naturales del jefe máximo del narcotráfico oficialista, el famoso capo del que hasta el arzobispo local se atrevió tiempo atrás a dar referencias postales.
Léase, para mejor entendimiento de las causas profundas de la violencia desatada a propósito del narcotráfico, lo difundido ayer por la consultora estadunidense en asuntos de seguridad Stratfor: “Dondequiera que haya un conflicto en México entre cárteles, se encuentra la mano de Sinaloa. Y en todos los casos Sinaloa está ganando territorio. Mientras que las luchas internas y presiones externas de los organismos de aplicación militar y federales han debilitado a todos los cárteles, el cártel de Sinaloa ha demostrado ser inmune a la crisis y está creciendo”, señala.
Cártel protegido y cárteles perseguidos, favoritismos que los repelidos cobran con crueldad extrema, despechada. Operaciones de exterminio contra unos, mientras otros ganan y crecen. Reordenamientos comerciales a cargo del poder que desea nuevos criterios de tributación subterránea e incluso coparticipación accionaria en el rediseño del gran negocio. Y, de pasada, la cobertura política y legislativa a las operaciones militares y marinas que en el fondo lo que hacen es imponer y mantener activa la red de control social ante previsibles estallidos políticos, sociales, laborales o electorales.
¡Jesús crucificado! ¿Tal es el contexto del Calvario al que al pueblo mexicano han llevado? ¿Por ello se considera “necesario” imponer un virtual estado de excepción a criterio del fallido gobernante ensangrentado? ¿La semana entrante habrá clavos legislativos en materia de “seguridad nacional” sobre el cuerpo social ya a estas alturas bastante mancillado? ¡Jesús de Felipe!
Y mientras los mexicanos son declarados los huéspedes extranjeros más frecuentes de las cárceles estadunidenses, ¡feliz fin de semana, con el queso político de Oaxaca bien enredado en el Arca de Cué!
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

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