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jueves, 28 de noviembre de 2013

Niega AMLO haber pedido seguridad para su mitin en el Zócalo


Regresa AMLO al Zócalo en mitin contra reforma energética y alza de impuestos. Foto: Eduardo Miranda
Regresa AMLO al Zócalo en mitin contra reforma energética y alza de impuestos.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (apro).- El líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, rechazó que hubiera solicitado protección policiaca para el mitin del próximo 1 de diciembre.
“No es cierto que solicitamos seguridad para el acto del domingo en el Zócalo en defensa del petróleo. Somos congruentes y no violentos”, escribió en su cuenta de Twitter @lopezobrador.
Ayer, durante una Junta de Conciliación y Arbitraje, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, comentó que el equipo del excandidato presidencial había enviado una carta a su administración solicitando seguridad perimetral para el mitin del 1 de diciembre, que iniciará a partir de las 10 de la mañana.
“También se ha señalado por escrito que la propia organización está pidiendo que haya la supervisión necesaria para que no se mezcle o para que no pueda haber temas de inseguridad en esta concentración”, puntualizó Mancera.
La seguridad de la que habló Mancera habría sido requerida para evitar que grupos ajenos intervengan en la concentración de Morena, dado que se esperan manifestaciones debido a que ese mismo día se cumple el primer aniversario de la asunción de Enrique Peña Nieto como presidente de la República.

martes, 23 de abril de 2013

Los derechos humanos y el 1º de diciembre. Adolfo Gilly




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Enfrentamiento en la esquina de avenida Juárez y el Eje Central, frente al Palacio de Bellas Artes, el 1º de diciembre de 2012Foto Yazmín Ortega Cortés
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quí destrozaron todo: el Hilton, el Wings, el K, el kiosco de periódicos, todo, me dijo a mitad de diciembre un pequeño comerciante de la Alameda, testigo presencial de los sucesos: La policía estaba allá, mirando sin moverse. Días después uno de ellos me comentó que tenían orden estricta de no intervenir. El informe de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) confirma con creces ése y otros testimonios que entonces pude reunir para mi artículo La provocación del 1º de diciembre ( La Jornada,17/12/12).
En efecto: dice el informe (p. 24) que a las 12:50 elementos de la Policía Metropolitana allí apostados avanzaron unos metros, pero de inmediato se les ordenó detenerse y continuar conteniendo con el argumento de que aún permanecían miembros de la CNTE (los cuales estaban ya lejos, en el Paseo de la Reforma). Sobre este momento crucial el informe es preciso:
Del análisis de la evidencia, la CDHDF advirtió que precisamente en el tiempo que se da la nueva orden de parar y contener, es decir, alrededor de las 12:50 horas, las personas integrantes del Grupo [el grupo violento de 40 personas que venía desde San Lázaro haciendo destrozos] se dirigieron a diversos negocios y oficinas públicas establecidos en el lado norte de la avenida Juárez, ocasionando daños y saqueos.
Aquí una vez más, dice el informe, la superintendente Adriana Campero Báez,al tomar en cuenta que parte de las personas del Grupo habían ocasionado daños a los establecimientos y negocios de la avenida Juárez, alertó a sus superiores sobre el riesgo en el Hotel Hilton: “Jefe […] tendríamos que prever también resguardar el Hilton, jefe, el Hilton, porque ya se metieron al Wings y van a quemar todo el mobiliario que sacaron”. Así apremiados, a las 12:58, los mandos dieron orden de moverse a proteger el hotel. Minutos más tarde –prosigue el informe– llegó otra orden apremiante: Quien sea, quien sea, vayan a proteger el hotel. “No obstante –concluye el informe– las instalaciones del hotel sufrieron daños”.
* * *
¿En qué quedamos por fin, protegen o no protegen?, se pregunta uno a esta altura. La respuesta está en la siguiente página 25 del informe.
Así las cosas, los comercios e instalaciones públicas afectadas en la avenida Juárez fueron una tienda Oxxo, los restaurantes KFC y Wings, la sucursal de la Comisión Federal de Electricidad, el edificio de la Contraloría General del Distrito Federal, la tienda y restaurante Sanborns y las sucursales bancarias Banorte y Bancomer, entre otros. [Mi propia inspección visual me dijo que fueron más].
Ahora bien, prosigue el documento:En el período de tiempo que se dio la última orden de que los cuerpos policiales no avanzaran, los mandos operativos plantearon diversas estrategias de operación tendientes al encapsulamiento de los integrantes del Grupo. Pero, dice la CDHDF, sin embargo no se realizaron pues de conformidad con la visión de los mandos superiores continuaban en el lugar los integrantes de la CNTE y tenían que evitar cualquier acto de provocación. Esto a pesar de que, de acuerdo con las evidencias (videograbaciones y radiocomunicaciones) se puede advertir que los integrantes de la CNTE en esos momentos ya se encontraban sobre la avenida Paseo de la Reforma, es decir, a una distancia considerable del Grupo.
El informe registra un hecho inocultable: los mandos operativos, es decir, quienes estaban en el lugar de los hechos violentos, pedían intervenir y planeaban cómo hacerlo; los mandos superiores, jefatura central deloperativo, seguían invocando la supuesta presencia de la CNTE y así dejaban manos libres al Grupo.
En tanto, mientras esta divergencia de opiniones e intenciones tenía lugar, dice la CDHDF que las personas integrantes del Grupo permanecían en la zona ocasionando daños, arrancando las coladeras como instrumento para fragmentar las guarniciones de las banquetas y generar bloques de concreto para atacar a los policías, acciones que sin mayor dificultad fueron realizadas justo frente a los propios cuerpos de seguridad pública [subrayado mío]. Las voces policiales grabadas a esta altura exclaman: Están arrancando coladeras. ¿Ya lo viste?Sí, ya lo vi, señor, ya aquí los tengo enfrente. ¡Hey! Reorganícense ahí. ¡Hacia atrás, hacia atrás!
* * *
Hasta después de las 13 horas el mando superior autorizó al mando operativo de la Policía Metropolitana para que los elementos a su cargo ingresaran a la avenida Juárez. Sin embargo, prosigue el informe, para el momento en que se ejecutó esta acción los integrantes del Grupo ya habían salido de la avenida Juárez y se habían dispersado. Esto suponían o decían creer los mandos superiores. Pero resultó que no: los rompevidrios no estaban muertos, andaban de parranda.
Esos mandos, según prosigue el informe, dieron señales de sorpresa cuando se enteran, a las 13:12 horas, que un aproximado de 40 a 60 personas integrantes del Grupo ya se ubicaban sobre avenida Paseo de la Reforma y ocasionaron destrozos al hotel Meliá.[…] ¡Pues cómo que están sobre Reforma si ya se habían dispersado!, dice la voz grabada de uno de esos mandos.
El Grupo, entre tanto, sigue su camino: Minutos más tarde, los integrantes del Grupo avanzaron sobre la avenida Paseo de la Reforma generando a su paso averías a diversos comercios y negocios, dañando una tienda y restaurante Sanborns, un local de Medilaser, las instalaciones del ISSSTE y de TURISSSTE. Después, siguiendo su trayecto, el Grupo empezó a dañar el Hotel Meridien.
A esta altura el informe de la CNDH alcanza un ritmo de película de Buster Keaton: los camiones de la policía “llegan al hotel cerca de las 13:15, pero el Grupo, para esos minutos, se desperdigó por las calles aledañas al Monumento a la Revolución; los elementos policiales los persiguen, pero no obtienen su encapsulamiento y mucho menos su detención. […] Algunos integrantes del Grupo nuevamente se reunieron en la avenida Paseo de la Reforma y a las 13:19 horas rompieron los cristales de la sucursal bancaria IXE, de una tienda Oxxo y del restaurante Burger King, que se ubican justo a la altura de la Glorieta a Colón”. Después “continuaron su marcha […] y provocaron daños a una casa de cambio, una sucursal de Bancomer, oficinas de la Secretaría de Gobernación, el Hotel Sevilla, un cajero automático de Banorte y una sucursal bancaria MiBanco.” […]
A las 13:27 –prosigue el relato–sobre la avenida Paseo de la Reforma lograron cruzar la avenida de los Insurgentes, donde también causaron destrozos a los semáforos y mobiliario urbano, disipándose en la periferia del Monumento a la Madre, es decir, entre las calles de las colonias Cuauhtémoc y Juárez.
Y aquí la inefable, la incomparable conclusión de la aventura: Es preciso señalar que, durante el trayecto que siguió el Grupo de la Glorieta de Colón al Monumento a la Madre, los elementos policiales pretendieron realizar diversas operaciones para su detención sin tener éxito. Inclusive en ese tramo nunca lograron darles alcance. […]Finalmente, cerca de las 14:00 horas los mandos informaron que retornó la calma en el Paseo de la Reforma.
* * *
Ahora bien, quedaba un problema: después de tan rocambolesca persecución no había un detenido ni para muestra. Entonces, prosigue el informe,en atención a la orden superior de detención también en las calles del Centro Histórico [es decir, muy lejos del famoso Grupo] se continuó asegurando personas. A las 13:42 se detuvo a tres en la calle de Francisco I. Madero y Eje Central. Esa situación enojó a algunas personas que presenciaban las detenciones y, por lo mismo, a partir de ese tiempo un conjunto mínimo trató de intervenir mientras que otros cuantos como inconformidad lanzan piedras y otros objetos contra los policías.
El puesto de mando policial ordenó entonces a sus subordinados que encapsularan a esa aglomeración para detenerlos, acción que no realizaron con el argumento de que nuevamente están disminuidos en personal […] Pero el ánimo de encapsular a quien fuera no decayó: Después de varias maniobras de encapsulamiento sin éxito se realizaron de manera aislada algunas detenciones: a las 13:46 horas, seis en el Eje Central y 5 de Mayo, y alrededor de las 14:00 horas otras diecisiete sobre el mismo Eje Central. Algo es algo: aunque estos detenidos fueran pacíficos transeúntes, peor es nada. La saga concluyó así:
El puesto de mando de la SSPDF hasta las 14:22 horas ordenó resguardar los establecimientos e instalaciones que sufrieron daños, por lo que finalmente a las 14:30 se reportó la liberación de la avenida Juárez y el Eje Central Lázaro Cárdenas. Luego, a las 15 horas, todo el estado de fuerza fue concentrado en la plancha de la Plaza de la Constitución.
Primeras conclusiones:
El día de la toma de posesión presidencial de Enrique Peña Nieto un grupo violento de cuarenta a cincuenta personas recorrió las calles de la ciudad desde San Lázaro a la Alameda y desde las 6:40 horas hasta las 14 horas –más de siete horas–, destrozando todo a su paso.
La fuerza de seguridad, vialidad y supervisión movilizada desde la noche del 29 de noviembre ascendía, según la CDHDF, a un personal de 5,172 elementos y un parque vehicular de 195 unidades.
Los mandos superiores de esa fuerza, también según la CDHDF, al menos desde las 9 horas de ese 1º de diciembre contaban “con la información necesaria […] sobre el patrón de actuación de los integrantes del Grupo, pero sobre todo de su capacidad beligerante y de su persistente intención de provocar daños”.
Las acciones violentas y la ausencia de ideas de este Grupo no corresponden a ninguna corriente de izquierda o democrática, sino a grupos de porros de larga memoria y difundida existencia.
¿Por qué gozaron de la libertad de acción y de la impunidad que describe en detalle la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal? Divergencia en los mandos, provocación, ineptitud, complicidad son palabras que la lectura del informe sugiere.
Trataremos de escudriñar y develar el enigma en nuestra próxima nota.

lunes, 22 de abril de 2013

Una provocación preparada y protegida



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Policías federales lanzan gases contra manifestantes reunidos en las cercanías del Palacio Legislativo de San Lázaro, el 1º de diciembre de 2012Foto Alfredo Domínguez
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a provocación del 1º de diciembre fue el título del artículo que el 17 de diciembre pasado, bajo mi firma, se publicó en La Jornada. Sustentada en testimonios estudiantiles presenciales, estaba allí la descripción de cómo elementos infiltrados desde tiempo antes en algunos de los contingentes de manifestantes habían actuado para preparar y desencadenar la violencia, arrastrando consigo a jóvenes indignados y determinando por otro lado que contingentes organizados –la CNTE y el SME entre ellos– se replegaran con legítima prudencia. Agregué entre otros el testimonio de cómo fue tratada Trinidad Ramírez, la dirigente de Atenco, cuando trató de razonar con los violentos:¡Cállese, pinche vieja!
La provocación fue un elemento clave en los sucesos de esa jornada. El otro fue la conducción del operativo policial, sobre el cual la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CNDHDF) ha dado a conocer, con fecha 10 de abril de 2013, suRecomendación7/2013, un detenido estudio en 91 páginas de la represión, los desmanes y, por otro lado, las demostraciones pacíficas violentamente disueltas ese día.
Reproduciré una selección de párrafos de este documento, el cual merece atenta lectura y amplia difusión.
* * *
El informe dice desde su inicio sobre qué material trabaja: De la valoración de los informes y documentales rendidos por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) se puede decir que se trata de información deficiente, imprecisa y contradictoria, lo cual contraviene su obligación legal de proporcionar información y datos oportunos y veraces. Para completar su investigación la Comisión recurrió a varias otras fuentes. Así pudo establecer:
Desde las primeras horas de la mañana del 1º de diciembre diversos grupos y movimientos civiles y políticos comenzaron a reunirse en la periferia del recinto legislativo para realizar protestas y manifestaciones a través de mantas, grita de consignas, lectura de manifiestos y discursos de índole político-ideológicos entre otras formas de expresión.
“Aunado a estas manifestaciones, tal y como se desprende del contenido de la bitácora de radio de la Unidad de Protección Ciudadana ‘Congreso’ y del propio informe rendido por la Secretaría de Seguridad Pública del D.F. a la Comisión, alrededor de las 6:40 horas en la ubicación de avenida Eduardo Molina y la calle de Héroes de Nacozari un grupo de aproximadamente 40 o 50 personas (en lo sucesivo se le identificará como el Grupo) comenzaron a agredir a las fuerzas policíacas a quienes lanzaban aparatos explosivos (petardos y bombas molotov), piedras y otros objetos, intentando derribar las vallas metálicas con el fin de llegar al recinto de la Cámara de Diputados por la avenida Congreso de la Unión”.
Los actos de agresión, principalmente contra los elementos de policía, los señalamientos de tránsito y el mobiliario urbano, continuaron por un lapso de más de dos horas en diversos puntos donde transitaba el Grupo. […]En partes como la avenida Eduardo Molina y Emiliano Zapata el embate se intensificó, incluso los actos de agresión fueron tales que en la calle de Penitenciaría y la avenida Congreso de la Unión se apoderaron de un camión de limpia que luego impactaron contra el cerco metálico. […]
En este claro contexto de enfrentamientos entre policías y los integrantes del Grupo el ambiente en las inmediaciones del Palacio Legislativo se tornó hostil y violento. En razón de ellos, varias personas de movimientos civiles y políticos que se manifestaban pacíficamente se replegaron ante la sensación de inseguridad y temor que generó la situación. Por esta razón, tomaron la decisión de moverse del lugar y trasladarse a Palacio Nacional (Zócalo) con la voluntad de continuar con sus actos de manifestación y expresión, para lo cual buscaron vías alternas de salida y desplazamiento debido a que los cercos policíacos les impedían el libre tránsito.
“Por otro lado […] cerca de las 10:30 horas el Grupo tomó la avenida Congreso de la Unión con dirección a Palacio Nacional asignándose sólo para su seguimiento a personal de la Policía de Proximidad del Distrito Federal”.
El Grupo durante su trayecto por dicha arteria vial prosiguió con conductas beligerantes. A las 11:24 horas dañó el mobiliario de una estación del sistema de trasporte público Metrobús y saquearon un camión de una empresa vendedora de refrescos. Luego se incorporó a la avenida del Trabajo y al llegar a una estación de gasolina que se ubica al cruce de la calle República de Costa Rica, a las 11:25 horas, tomó una camioneta e intentó prenderle fuego.
Entonces, prosigue el informe, los mandos policiales dispusieron nueva fuerza para continuar en el seguimiento del Grupo sin caer en sus provocaciones. Así a las 11:35 los elementos de policía se situaban a la retaguardia del Grupo, el cual con esa escolta seguía avanzando.
Por otro lado el mando policial decidió, sigue el informe, ajustes y reforzamiento policíaco en diversos puntos del centro de la Ciudad, con la finalidad de evitar el paso de manifestantes de movimientos civiles y políticos que se encontraban en la zona, por lo que alrededor de las 11:40 horas quedaron fortalecidos los accesos a dicho lugar por las calles de Isabel La Católica, 20 de Noviembre, Pino Suárez, Correo Mayor, Venustiano Carranza y Moneda.
* * *
A esta altura, página 21, el documento de la CDHDF es muy claro: el mando policial estableció como zona estratégica el Palacio Nacional (Zócalo) y cerró el acceso al centro de la ciudad a los legítimos manifestantes pacíficos. Mientras tanto, una escolta policial seguía la marcha del Grupo sin interferir para nada en sus desmanes. Lo que sigue es de asombro:
En tanto se reforzaba la fuerza policial en el primer cuadro de la Ciudad, el Grupo continuaba su trayecto por el Eje 1 Norte donde al llegar al cruce con la calle de República del Brasil, 11:47 horas, dañó la patrulla T-1019 de la Policía de Tránsito. Aquí el Mando Único policial reacciona y entre las 11:48 horas y las 12:00 horas al menos en tres ocasiones gira las primeras órdenes de detención. En otras palabras, hasta el mediodía la fuerza policial se había limitado a seguir la marcha destructiva del Grupo pero no había orden de detener su accionar, ese Grupo de 40 personas que había sido avistado desde las 6:40 de la mañana allá por San Lázaro. Pero a las 12:00 horas, dice el informe, el mando giró tales órdenes sin obtener éxito, ya que las personas que integraban el Grupo lograron evadirse y encubrirse en las instalaciones de un hotel. ¡Mala suerte! ¿Cuál hotel habrá sido?
Mientras tanto, a las 11:41 horas en la avenida 20 de Noviembre y la calle República del Salvador aproximadamente 30 personas se reunían para llevar a cabo actos de manifestación y expresión. Esa pequeña conglomeración pretendía llegar al Zócalo. Sin embargo, el fuerte dispositivo policial que precisamente minutos antes se había reforzado les impidió el paso. Allí los manifestantes se enojaron yprofirieron consignas, pero fueron contenidos.
Ahora bien, “a las 12:07 horas, en atención a que momentos antes se había detenido a algunas de las personas que se manifestaban, el puesto de mando instruyó que además de encapsularlos fueran remitidos al Ministerio Público por ‘todos los actos de vandalismo que cometieron durante el trayecto de su desplazamiento hacia el Zócalo’” (subrayado en el original). Es decir, se cobraban con estos pacíficos todos los desmanes que venía cometiendo el Grupo.
* * *
Los siguientes párrafos del informe rozan lo inverosímil: Mientras se realizaban estas detenciones [de manifestantes pacíficos] en el primer cuadro del Centro Histórico los integrantes del Grupo seguían avanzando sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas y cerca de las 12:11 horas nuevamente realizaron actos deliberados de agresión contra una tienda Oxxo que se ubica en la esquina de República de Cuba, además de continuar atentando contra los elementos de la Policía de Proximidad que venían dándoles seguimiento. Ya ven: además de vándalos, ingratos.
Entonces el puesto de mando de la SSPDF, por cuarta y quinta ocasión ordena a los elementos policiales la detención de las personas que estaban realizando las agresiones. Sin embargo, se señaló que no existían condiciones para ello bajo el alegato de que la policía era inferior en número. […]
“Así las cosas –dice la CDHDF– los elementos de las fuerzas de seguridad pública permanecieron detenidos, inertes, únicamente protegiéndose con sus escudos y cascos de las agresiones de los integrantes del Grupo [recuérdese que éstos eran sólo 40 o 50…], quienes a la altura del Eje Central Lázaro Cárdenas y 5 de Mayo se apoderaron y dañaron una unidad (trolebús) del Sistema de Trasportes Eléctricos del Distrito Federal”.
A las 12:20 los mandos reiteraban que aún no había condiciones de detención, por “el riesgo de que el aseguramiento de los integrantes del Grupo provocara a otros sectores […] que se manifestaban, en específico los integrantes de la sección XXII de la CNTE”. Empero, a esa misma hora –12:20– la Superintendente Adriana Campero Báez, les informaba que la manifestación de la CNTE se hallabadetenida completamente en la fuente del Bicentenario (en el cruce de avenida Juárez y Paseo de la Reforma). Esos mandos estaban imaginando moros con tranchete.
“Pero además en esos instantes, a las 12:20 horas –prosigue el informe– también dicha servidora pública alertó a los mandos superiores de posibles riesgos a los negocios comerciales de la avenida Juárez […] Así sugirió: Jefe, lo que tenemos que hacer es también reforzar todos los comercios que tenemos sobre avenida Juárez […] Un minuto después, a las 12:21, la superintendente reiteró que los integrantes del Grupo iban a seguir buscando confrontar a la policía y existía el riesgo de los negocios de avenida Juárez. “No obstante estas previsiones –concluye la CDHDF– no se asignaron elementos policiales a esa área”.
A las 13:15, después de los destrozos en avenida Juárez, el Grupo se alejó y se disolvió sin ser molestado. “A partir de las 13:28 horas los mandos operativos indicaron que se deberían efectuar detenciones ‘lo más que se pueda’”, dice el informe. Allí la policía comenzó a encapsular y detener a quien cayera.
Falta aún lo más grave. Será tema de la próxima nota.

jueves, 7 de marzo de 2013

Ordenan abrir información sobre operativo policiaco del 1D



Un manifestante recibe un chorro de agua durante la toma de posesión de Peña en San Lázaro. Foto: Rubén Espinosa
Un manifestante recibe un chorro de agua durante la toma de posesión de Peña en San Lázaro.
Foto: Rubén Espinosa
MÉXICO, D.F. (apro).- El Instituto de Acceso a la Información Pública (InfoDF) local ordenó a la Secretaría de Seguridad Pública capitalina SSP-DF abrir la información relacionada con el operativo policiaco desplegado el 1 de de diciembre pasado, en el marco de la asunción del presidente Enrique Peña Nieto.
Cuatro de los cinco comisionados del órgano de transparencia aprobaron pedir la intervención de la Contraloría Interna de esa dependencia del GDF para que investigue el caso, pues se incurrió en violación a la ley en la materia.
El debate de los comisionados se prolongó por más de una hora y giró en torno a la solicitud que hizo un particular a la SSPDF sobre el operativo, ya que la respuesta de esta dependencia fue que se ponía en riesgo la seguridad de los uniformados que participaron en el operativo.
Y en un presunto acto de prevención, la propia SSPDF requirió datos detallados al solicitante de información.
Los comisionados concluyeron que hubo “una prevención exagerada” por parte de la SSPDF, que sirvió de pretexto para desechar la solicitud, por lo que resolvieron ordenar a esa dependencia que entregue la información requerida por el interesado

lunes, 17 de diciembre de 2012

La provocación del primer día. Adolfo Gilly

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Los hechos violentos en la ciudad de México el día de la toma de posesión de la Presidencia de la República por Enrique Peña Nieto fueron producto de una bien preparada provocación contra la ciudad, sus habitantes, el movimiento estudiantil y la vida democrática. Quedarán registrados, al igual del afamado error de diciembre de 1994, como la provocación de diciembre. Múltiples testimonios estudiantiles y ciudadanos sustentan el relato que sigue.
Desde junio de 2012, semanas antes de la elección del 1º de julio, se estableció en el Monumento a la Revolución un campamento de protesta que se llamó Acampada Revolución. Era un espacio abierto, al cual se sumaron no sólo estudiantes, sino también vecinos y otras personas que se dijeron solidarios con los estudiantes. En el desarrollo de la campaña esta actividad resultaba normal y no surgieron de allí actos violentos.
Semanas antes del 1º de diciembre, en el marco de la llamada lucha contra la imposición, el campamento experimentó la afluencia de unas decenas adicionales de participantes (entre 40 y 60 personas, dicen los testigos). Fueron bien recibidos, en la creencia de que el descontento y la protesta iba creciendo a medida que se aproximaba el 1º de diciembre, supuesto que en la vida de la ciudad ningún hecho significativo corroboraba. La impugnación de los resultados electorales iba adelante por la correspondiente vía jurídica.
Cuando faltaban pocos días para la ceremonia en San Lázaro algunos de esos nuevos participantes comenzaron a dar cursos de uso de arcos y flechas con fines de autodefensa. Por voluntad, fantasía o inexperiencia estaban atizando una disposición al choque violento. Hay que estar preparados por si nos atacan, decían.
Una semana antes del 1º de diciembre la Policía Federal estableció su imponente cerco de vallas metálicas en torno al Palacio Legislativo de San Lázaro, cubriendo varias calles de distancia. Semejante despliegue de fuerza estaba creando un clima de confrontación y zozobra. Las protestas de los vecinos obligaron a un repliegue parcial del cerco policial, pero no al retiro.
El escenario de la violencia estaba montado. Tal despliegue, inusitado y no necesario, era un anuncio y una invitación a la confrontación. La Policía Federal estaba aún bajo el mando de Genaro García Luna.
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El 1º de diciembre en las muy primeras horas de la madrugada llegaron al monumento unos cuantos de esos mismos. Traían unos carritos de supermercado cargados de botellas, materiales inflamables (termita, entre ellos), huacales, palos de beisbol y mochilas también cargadas. Muchos de los estudiantes no estuvieron de acuerdo, pero tampoco pudieron impedir que esos partidarios de la violencia defensiva, sinceros o simuladores, se sumaran a la marcha. Los estudiantes del Movimiento de Aspirantes de la Educación Superior, entre otros grupos, se retiraron.
La justificación de los preparados para la defensa estaba servida. La Policía Federal había establecido desde una semana antes su enorme, innecesario y amenazante cerco en torno a San Lázaro. Era un desafío a la población y en sí mismo una provocación al choque. Desde ese cerco estaba decretado que para el 1º de diciembre se esperaba violencia y la habría. Era la mecha puesta para que cualquiera la encendiera y se desataran violencia y descontrol. Y hubo quien llegó con el encargo de pegarle el fuego.
En las redes sociales circularon invitaciones como ésta:
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Del Monumento a la Revolución, a las 4:30 de ese día, salió rumbo a San Lázaro una marcha de unas 300 a 350 personas. En vano trataron muchos de los presentes de disuadir a los defensivos para que dejaran sus artefactos. Algunos entonces se retiraron. A otros los retuvo el desafío macho: ¿Qué, tienen miedo? ¡Que se vayan los cobardes! No va a pasar nada, es sólo para defendernos si nos atacan.
Esta reducida columna llegó a San Lázaro a las 5:45. Allí, a prudente distancia de la valla metálica, ya estaba un contingente de la CNTE, menos de 2 mil personas entre hombres, mujeres y niños en pacífico plantón. Se estaban formando en orden, lejos de la imponente valla metálica. Tardaron como una hora en acomodarse y allí permanecieron, sin avanzar.
El grupo que venía desde el monumento esperó. Por fin alguien decidió que era tiempo de ir adelante y junto con otros grupos, venidos de rumbos desconocidos, se arrancaron a las 7 horas y desfilaron junto a la valla metálica, golpeándola con palos en gran estruendo. Quienes por inexperiencia, violencia o malevolencia desencadenaron esta acción estaban en realidad calentando los ánimos de los policías federales para lo que vendría después.
Resultó entonces que, casualmente, uno de los paneles de la sólida valla metálica de tres metros de altura estaba flojo. Apareció una cuerda con un gancho de tres puntas en su extremo, engancharon ese panel, lo derribaron y se abrió el hueco. Eran pasadas las 7 y otros manifestantes, ajenos al primer grupo, se acercaban desde la estación de Metrobús.
Algunos del primer grupo empezaron a arrojar piedras a los federales y éstos las devolvían. Siguieron las botellas con líquido inflamable y otros proyectiles con el material flamable termita. Entonces los federales avanzaron hacia la valla y, por ese mismo trecho abierto, comenzaron a disparar balas de goma y cartuchos de gases lacrimógenos a la altura de los cuerpos y en tiro directo. Entretanto el ambiente se había vuelto irrespirable.
Una bala de goma dio en el rostro a Juan Uriel Sandoval Díaz, de 22 años de edad, y le sacó un ojo. Un cartucho de gas dio en la frente a Juan Francisco Kuy Kendall de 67 años, quien sigue en coma. Así fue como en mayo de 2004 la policía del estado de México mató en San Salvador Atenco a Alexis Benhumea. ¿Recuerdan?
Ante tal violencia, los estudiantes que quedaban se replegaron, como antes los maestros, mientras los violentos les gritaban: pinches charros pendejos, se van. El gas pimienta impedía respirar y los pañuelos mojados no bastaban. Cuenta Trinidad Ramírez –doña Trini–, dirigente de Atenco, que ella, al igual que otros, trató de contener con razones a los violentos. Uno de los encapuchados le respondió: ¡Cállese, pinche vieja!. La provocación estaba en su apogeo. Testimonios similares se cuentan por docenas.
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Según múltiples testigos, el primer choque tuvo lugar desde las 7 hasta las 7:25. Diez minutos después, a las 7:35, se inició un segundo enfrentamiento. Concluyó en punto de las ocho. Siguieron intercambios de gritos y amenazas. Algunos estudiantes se acercaron a la valla y por entre las rejillas metálicas pudieron ver, reconocer y fotografiar al menos a dos civiles de los que habían venido desde el Monumento a la Revolución, uno narizón, el otro gordo, departiendo con los federales y riendo y abrazándose entre sí. Sus siluetas y sus rostros aparecen en una foto publicada en La Jornada en la columna de Julio Hernández López. Si las autoridades quieren sus nombres no tienen más que buscarlos en sus registros.
A las 10 de la mañana apareció un camión de basura, conducido por un encapuchado y con otros cinco o seis en la caja. El camión enfiló hacia la valla. Los que iban trepados en la caja se bajaron. El conductor iba con su puerta abierta. Lanzó el pesado vehículo contra la valla y, metros antes del impacto, se arrojó fuera, cual James Dean en Rebelde sin causa.
Allí se multiplicaron los disparos de gas pimienta y otros grupos de encapuchados empezaron a destruir todo el mobiliario urbano a su alcance en los alrededores: casetas, postes de señalización, paneles de publicidad. La estación San Lázaro del Metrobús quedó hecha trizas. Algunos vecinos se asomaban por las rendijas de puertas y ventanas y miraban con azoro la destrucción irracional de su entorno cotidiano.
Poco después llegó un carro de bomberos a apagar el fuego del camión de basura. Un grupo de encapuchados quiso tomarlo e impedir su tarea, otros querían secuestrarlo para ellos. Por fin lo abandonaron con el parabrisas roto y la carrocería dañada. Las ambulancias se llevaron a los heridos de gravedad.
Un grupo de violentos desconocidos, enarbolando playeras con manchas rojas y diciéndoles que no fueran cobardes y no abandonaran a sus compañeros heridos. trataba de impedir la salida a quienes querían alejarse de un enfrentamiento absurdo, cuya razón de ser bien conocían los organizadores de esta provocación que algunos se atrevieron a llamar la batalla de San Lázaro.
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La violencia desencadenada después en el centro de la ciudad es otra historia. Fueron destruídos metódicamente vidrios y mobiliario de los negocios de avenida Juárez al menos durante un cuarto de hora sin que la policía moviera un dedo. Entonces desde el gobierno de la ciudad, todavía bajo el mando de Marcelo Ebrard, se dio a la policía del Distrito Federal la orden de reprimir y ésta se lanzó, no sobre los destructores de vitrinas, sino sobre los transeúntes y el público, joven o viejo, en la plaza de Bellas Artes y en La Alameda. Así suscitó la reacción defensiva de ese público y la respuesta irracional y enardecida de los policías, que detenían a quienes se ponían a su alcance, a quienes les reclamaban su proceder o a quienes nomás tomaban fotografías. Todo está registrado en fotos, videos y cámaras de vigilancia.
Esa tarde Marcelo Ebrard declaró por tres veces que los sucesos de Bellas Artes y La Alameda habían sido producto de una provocación. No dijo de dónde provenía y por qué cayó en ella.
No veo razón para que el nuevo jefe de Gobierno, y con él la ciudad entera, acepte heredar las consecuencias de las grandes provocaciones del 1º de diciembre contra la ciudad, los estudiantes y el gobierno capitalino entrante días después, el 5 de diciembre. Es razón y es justicia desistirse de la acción penal en todos los casos pendientes y poner en libertad a los 14 presos políticos restantes, única decisión equitativa ante la perversa confusión creada por las burdas provocaciones de ese primer día del nuevo sexenio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La verdad salió a flote; las autoridades van a tener que explicar muchas cosas

Es una mancha en el gobierno de Ebrard, señala Román Chávez, uno de los liberados
De los responsables de los desmanes y agresiones el 1º de diciembre a casi nadie detuvieron, afirma
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Padres de familia celebran afuera del Reclusorio Norte la excarcelación de los jóvenesFoto Víctor Camacho
Blanche Petrich
 
Periódico La Jornada
Lunes 10 de diciembre de 2012, p. 4
Carlos Román Chávez es el joven de camisa clara que aparece en uno de los videos más vistos de los sucesos del primero de diciembre. Fue detenido cuando alegaba, en términos por demás corteses, por la liberación de un grupo de muchachas que habían sido cercadas por la policía.
Un granadero robusto, bajito, llega corriendo por detrás, lo carga por la cintura y lo empuja hacia un muro de escudos de la policía, que literalmente se lo traga a la vista de todos. Todo en cuestión de segundos. Esta mañana, en los juzgados del Reclusorio Norte, le dijeron: Firme aquí y listo, sale libre. Ni siquiera el clásico usted disculpe.
También este desenlace de la excarcelación, tan súbito, lo tomó de sorpresa. Ríe: No es como dicen, no piden disculpas.
Román es egresado de la carrera de comercio internacional de la UVM, que no estuvo ese día en el Centro para participar en protesta alguna, sino porque fue a comprar una serie de luces navideñas con su novia. Tras ocho días de esta mala experiencia, ya tranquilo en su casa, rodeado de los suyos, reflexiona: Y pensar que yo tenía en buen concepto a Marcelo Ebrard. Calla unos segundos y agrega: Bueno, esto es una mancha en su gobierno pero no borra lo bueno que hizo; su tolerancia hacia los movimientos sociales, su nombramiento como mejor alcalde. Quiero pensar que esto fue un caso aislado.
–Junto con 70 personas más fuiste consignado por alterar la paz pública, por pandillerismo; te hicieron pasar una semana en la cárcel. ¿Crees que está funcionando bien el sistema de procuración de justicia del Distrito Federal?
–No lo sé. Es obvio que para controlar a las bandas que sí agredieron a la policía les faltó acción. Y que se excedieron con personas inocentes. En todo este operativo en el que detuvieron a casi 100 personas hay muchas cosas inexplicables. Por ejemplo, por qué algunos salieron del Ministerio Público al día siguiente y otros no.
–¿Qué consecuencias tendrá este episodio de la policía y la procuraduría capitalinas?
–Por lo visto todo se les vino encima. Y ahora la verdad ha salido a flote. Van a tener que explicar muchas cosas.
–¿De los 13 detenidos que se quedan en el Reclusorio Norte y la detenida en Santa Martha Acatitla, qué piensas?
–Que es una injusticia. Muchos, estoy convencido de que la mayoría, son inocentes de los cargos que les echan encima. Por ejemplo, César Llaguno, el bolero que detuvieron frente a Bellas Artes. Tiene 25 años y sólo estaba trabajando. Hay un maestro, hay varios estudiantes que están en la misma situación que la nuestra, los que sí obtuvimos la libertad. ¿Por qué unos sí y otros no? No tiene lógica. Claro, hay responsables de todo lo que sucedió, de los desmanes y las agresiones. Pero estoy seguro que de esos, a casi nadie detuvieron.
Este lunes Carlos Román se reportará al área de recursos humanos de su trabajo, una empresa de autopartes en donde nunca faltaba a sus labores. Va a tener que explicar que estuvo una semana ausente porque estaba detenido. A ver qué pasa. Y vuelve a reír, ahora de nervios.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un brutal montaje

Testimonios de quienes se vieron envueltos en la vorágine de violencia el sábado 1 en el centro de la ciudad y en las afueras del Palacio Legislativo, de sus abogados y hasta de un policía federal, recabados todos por Proceso, apuntan a dos hechos preocupantes: Que aprovechando las protestas contra la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, los enfrentamientos fueron producto de una trampa montada con precisión por un grupo bien entrenado, armado y protegido por los uniformados (una suerte de reedición del Batallón Olimpia), y que muchos de los detenidos durante y después de los disturbios son sólo chivos expiatorios, algunos de los cuales fueron brutalmente torturados.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Tenemos luz verde y nos vale lo que digan, advertían policías a jóvenes

Afectados narran abusos y arrestos arbitrarios de agentes
 
Fernando Camacho y Emir Olivares
 
Periódico La Jornada
Jueves 6 de diciembre de 2012, p. 10
En las manifestaciones del pasado primero de diciembre contra la toma de posesión de Enrique Peña Nieto no bastaba mantenerse ajeno a los actos de vandalismo para evitar ser detenido. Al menos así lo narran personas que –literalmente– no rompieron ni un vidrio, pero de todas maneras fueron aprehendidas y luego puestas en libertad por falta de pruebas.
Uno de dichos casos de detención arbitraria es el de Alejandro Orozco Hidalgo, ayudante de maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien acudió a la movilización del pasado sábado sin saber que iba a pasar más de 30 horas detenido en los separos.
Luego de atestiguar la destrucción de escaparates, semáforos, cámaras de vigilancia y cajeros automáticos por toda avenida Juárez hasta llegar a la Glorieta de Colón, el estudiante de doctorado en filosofía en la Universidad de París 8 dio la vuelta sobre la calle Ignacio Ramírez, para ir al Monumento a la Revolución, cuando se encontró con un grupo de policías que le cerró el paso.
Uno de los agentes le cortó el escape al derribarlo de una patada en la rodilla –lo que le provocó una herida en el codo al momento de caer–, y ya en suelo le advirtió: tú nos las vas a pagar, ya te cargó la chingada.
Luego de interrogarlo sin advertirle que lo que dijera podría ser tomado como una declaración, los policías le informaron que estaba acusado por el cargo de ataques a la paz pública, considerado grave, aunque finalmente fue puesto en libertad la mañana del lunes 3 de diciembre por falta de pruebas.
La acusación era totalmente falsa. Ese día nunca tomé una sola piedra, pero decían que yo había participado en la destrucción de una patrulla y me habían detenido en la esquina de Juárez y Balderas, cuando en realidad estaba en Ignacio Ramírez. Además, el policía que nos acusaba decía poder reconocer plenamente a un grupo de 50 personas, como si tuviera memoria de Robocop, señaló.
Al estar detenido, recordó el estudiante, notó que había muchos casos más de detención arbitraria, como el de Rosa María Vargas, aprehendida sólo por reclamar a los policías su forma de actuar; José Darli Gómez, quien había ido esa tarde al Centro Histórico para comprar dos celulares, y un bolero ambulante que fue detenido al acercarse a ver la marcha por curiosidad.
Tenemos luz verde y nos vale lo que digan. Tal era la respuesta de los policías capitalinos a quienes les reclamaban su aprehensión, luego de las trifulcas suscitadas el primero de diciembre. Así lo relatan varios de los liberados el lunes, después de que no se les pudiera comprobar responsabilidad alguna en los hechos.
Guadalupe Castillo, profesora de la Preparatoria 7 de la UNAM, y su hija Fernanda Preciado Castillo, estudiante de literatura dramática y teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de esa casa de estudios, fueron detenidas junto con más de 25 jóvenes en la esquina de Filomeno Mata y 5 de Mayo.
La docente narra que tras casi dos días de retención en la agencia 50 del Ministerio Público, la madrugada del lunes, uno a uno de los detenidos fue conducido ante personal de la PGJDF con la intención de que hicieran su declaración sin la presencia de abogados.
“Era una trampa. Primero nos pasaron al médico legista y posteriormente nos llevaban ante un hombre que estaba sentado en una computadora y su argumento era que deseaban verificar datos como nuestros nombres, dirección, etcétera, y aseguraban que no se trataba de una declaración.
“En mi caso –y después pudimos ver que fue a todos– este sujeto me preguntó si quería relatar lo que había pasado el sábado. No acepté y señalé que no hablaría hasta que no estuviera presente mi abogado. El hombre me dijo: ¿Entonces se reserva su derecho a declarar? Yo respondí que entonces sí se trataba de una declaración.”
Sin embargo, recuerda Castillo, muchos de los jóvenes sí detallaron lo que vieron y vivieron el sábado, y muchos de ellos son quienes ahora están consignados.

Green Go