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viernes, 5 de junio de 2015

Sobre la “legitimación” del sistema .- JOHN ACKERMAN

Sembrar esperanza. Cartón: Rocha
Sembrar Esperanza .- Rocha
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para “no legitimar el sistema”, propongo que todos dejemos de leer periódicos y revistas, de utilizar las redes sociales, de acudir a marchas o de conversar con nuestros colegas, vecinos y amigos. Que cada quien se quede solo en su casa para dedicar la mayor cantidad de tiempo posible a la construcción de su propia burbuja dorada de pureza ciudadana. Así podrás evitar conocer las masacres constantes, la corrupción desbordada y el cinismo institucionalizado que tienen al país al borde del precipicio. Serás más feliz y dormirás tranquilo imaginando que no puedes hacer absolutamente nada para cambiar el sistema.
Cada tortilla que comes, cada libro que lees, cada pensamiento que tienes y cada momento en que inhalas y exhalas aire mexicano ratifican tu pertenencia a esta patria tan dolida. Así que si eres de los pocos afortunados que cuentan con los recursos para viajar, ve preparando tus maletas desde ahora para dejar el país. Después podrás solicitar otra nacionalidad y renunciar a la mexicana para estar libre de cualquier vestigio de culpa por el naufragio nacional que dejarás atrás.
Pero más allá de tus planes de largo plazo, te suplico que de ninguna manera se te ocurra romper con tu rutina diaria para ir a votar el próximo domingo, 7 de junio. La televisión y el onanismo son actividades mucho más importantes y satisfactorias que formarse en una larga fila para colocar una papeleta en una urna. Te han convencido de que todos los partidos y candidatos son “lo mismo”, así que no importa si votas o no votas, ya que al final de cuentas todo seguirá igual.
Y cuidado: Si en algún momento entre hoy y el 7 de junio sientes que empieza a encenderse una pequeña llama de esperanza, una voz totalmente irracional que te dice que eres alguien y que puedes hacer algo para cambiar el país, prende inmediatamente la televisión. Te bastará con un par de horas de Televisa o TV Azteca para volver a convencerte de que eres perfectamente inútil y que la única opción es el Partido “Verde”.
Y si de veras no puedes resistir la tentación de codearte con tus conciudadanos el domingo, o si tu novio o novia te hace ojitos para que le acompañes a las urnas, aprovecha la ocasión para romper la boleta electoral en mil pedazos o escribir en grandes letras alguna grosería dirigida a la clase política. Así podrás evitar cualquier sentimiento de culpa por haber “legitimado” el sistema. No importa que tu “voto nulo” fortalezca al PRI, a Enrique Peña Nieto y al régimen asesino, ya que ello no es tu responsabilidad, sino de los mismos políticos corruptos que repudias.
Todos sabemos que los resultados de las elecciones en puerta no reflejarán la voluntad popular. El artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos indica que “la renovación de los poderes legislativo y ejecutivo se realizará mediante elecciones libres (y) auténticas”. Sin embargo, con su inacción o abierta parcialidad, el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, juntos, conspiran en contra del pueblo mexicano. Han dejado en total impunidad un sinnúmero de violaciones a la ley por parte del PRI y el PVEM.
El fraude está garantizado. El Diccionario de la Real Academia Española define “fraude” como “una acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”. Y lo que ha predominado en las campañas actuales son precisamente el engaño y la mentira, sobre todo del Partido “Verde”, en contra de la ciudadanía.
Pero ello no es motivo para tirar la toalla, dejar de soñar, aceptar pasivamente la situación actual, o para anularnos como ciudadanos. El derecho al voto libre y secreto es un derecho conquistado a lo largo de siglos de luchas populares en contra del poder despótico en todo el mundo. No ejercer este derecho fundamental equivale literalmente a regalar las instituciones del Estado mexicano, nuestras instituciones públicas, a los peores intereses corruptos y apátridas.
Quizás tendría sentido dejarse vencer por la tristeza y la desesperación si realmente no hubiera opción alguna en la boleta electoral, si en verdad todos los partidos fueran “la misma basura”. Pero resulta que en México se encuentra en proceso de construcción una nueva alternativa política que podría ser mucho más poderosa y efectiva que las que hoy existen en Grecia con Syriza o en España con Podemos.
Las coyunturas nacional e internacional son idóneas para que la trayectoria de Morena sea radicalmente diferente a la del PRD, el Movimiento Ciudadano o el Partido del Trabajo, que ahora yacen como cascarones vacíos totalmente corrompidos.
La construcción de un partido verdaderamente ciudadano, simultáneamente al servicio de la inteligencia y de los más humildes, dependerá de la participación de todos y cada uno de nosotros. Que no nos quiten la esperanza. Pasemos de la indignación a la digna acción.
www.johnackerman.blogspot.com
Twitter: @JohnMAckerman

miércoles, 3 de junio de 2015

Voto nulo, esfuerzo nulo

Foto: casaenchihuahua.blogspot.mx
Por: Nahúm Hernández* (@Mad_KidGdl)
Fotografía: casachihuahua.blogspot.mx
3 de junio de 2015. Democracia es la forma de gobierno que elegimos. O al menos eligieron nuestros abuelos o bisabuelos, y es la que hemos decidido avalar desde entonces en nuestro país.
Hasta hace un par de décadas, México vivía en una especie de unipartidismocorporativista y autoritario, el cual aún persiste en diversas organizaciones sindicales y políticas ligadas al PRI.
Sin embargo, en la última década nos hemos encontrado con diversas transformaciones políticas que si bien no han sido las más satisfactorias, han sido hechos sin precedentes en nuestro sistema de gobierno.
Dirán muchos que quienes más han ganado con estas reformas han sido los partidos políticos, pero también han proliferado asociaciones de la sociedad civil que han impulsado reformas que promueven la ciudadanización de la política, y han aprendido de las lecciones de nuestro pasado inmediato.
Por ejemplo: durante las elecciones de 2006, 2009 y 2012, se vivió un clima de repudio a las instituciones y partidos tradicionales, lo cual generó un boom de movimientos anulistas y abstencionistas, cansados de las decepciones de nuestro sistema político.
A pesar de los esfuerzos de dichos grupos, el sistema político mexicano, por ley, solo reconoce los votos válidos de la elección. Una elección no puede ser anulada total o parcialmente solo por una mayoría de votos nulos o abstenciones. En teoría, con un solo voto efectivo frente a miles o millones de votos, habría un ganador indiscutible de la elección.
Incluso es irreal pensar en este escenario: los partidos políticos ya cuentan con una base social que les garantiza un cierto número de votos (lo que llamamos en el argot “voto duro”), y sería imposible que existiera una elección con cero sufragios efectivos.
A diferencia de Denise Dresser, Lorenzo Meyer, y otros intelectuales respetables que avalan el voto nulo, considero que votar con conciencia es la decisión de continuar con un sistema democrático para que mejore día con día. La solución es muy sencilla: si los ciudadanos no queremos a los mismos de siempre en los cargos de elección popular, tenemos el poder de quitarlos con una mayoría simple de votos.
La cifra de anulistas y abstencionistas ha rondado aproximadamente 50 % del total de los electores. Votar por los candidatos que representen una opción diferente y que de verdad estén al servicio de los ciudadanos es la opción más viable para quitar a los partidos grandes del poder.
Además, con las nuevas modalidades de candidaturas independientes, los ciudadanos ejemplares de nuestras comunidades pueden acceder a cargos de elección popular sin necesidad de militar dentro de un partido político. Incluso hay partidos que ofrecen sus candidaturas a ciudadanos sin militancia.
Es un gran reto organizar a las masas para que esto suceda. Pero, a diferencia del inútil movimiento anulista, y a pesar de las tranzas y la corrupción, este es un escenario más probable que suceda, aunque requiere de una mayor cantidad de información imparcial, gente comprometida para convencer a sus conciudadanos, y una gran dosis de pacienciaesperanza de que las cosas sí pueden cambiar.
Para muchos, esta es la transformación real que necesita nuestro país, quererlo y sacarlo adelante con el mayor poder de decisión que nos otorga nuestra Constitución: salir a votar este 7 de junio por quienes realmente aman a México.
* Nahúm Hernández es internacionalista y consultor en comunicación política.

martes, 2 de junio de 2015

Voto nulo: Victoria cultural del PRI .- ÁLVARO DELGADO

Una casilla electoral en la Ciudad de México. Foto: Alejandro Saldívar

MÉXICO, D.F. (apro).- Todos los ciudadanos que anularán su voto en las elecciones de este domingo son perezosos, todos son ignorantes, todos son comodinos, todos manipulan, todos mienten… Todos son iguales.
¿Pero en verdad todos los anulistas son iguales? Cualquier partidario de esta posición –en realidad cualquier persona con sentido común– diría que esta generalización es una insolencia.
Y lo es.
Los ciudadanos que pretenden ir a las urnas sólo para anular su voto forman parte de nuestro universo social como nación y los hay desde los asalariados y quienes viven con una mísera pensión hasta quienes ejercen con sus estudios de posgrado y los que son prósperos o sobreviven en sus negocios.
Todos estos y otros ciudadanos, asqueados por la inmundicia política y el estancamiento como país, claramente no son iguales. Ni son perezosos, ignorantes, comodinos, manipuladores y mentirosos.
Justamente por eso no creo en el anulismo del voto, porque se sustenta en una falacia: Todos los partidos y todos los políticos son iguales. Y no todos son iguales: Los hay peores.
No es sarcasmo: Entiendo el enojo ciudadano con los partidos y los políticos –que comparto–, pero es poco serio igualarlos a todos en sus prácticas y sobre todo asignarles la misma responsabilidad frente al desastre del país, sin distinguir si son gobierno u oposición, y aun si son oposición auténtica o simulada.
Los anulistas, al generalizar, hacen tan culpable al servidor público que saquea el presupuesto como al que hace la denuncia de corrupción, condenan por igual al que eleva impuestos que al que los combate, reprueba de la misma manera al que se enriquece con los “moches” que al que los padece.
No puede igualarse la octagenaria historia de corrupción, impunidad y despotismo del PRI –reeditada tras dos sexenios del PAN– con, por ejemplo, el Partido Humanista, que por más defectos que tenga apenas participará en su primera –y muy probablemente única– elección.
Decir que es igual el Partido Verde, emblema del desprecio a la ley y a la honradez, a Encuentro Social es también una simplificación. Igual equiparar al PAN, que ya gobernó dos sexenios –con la evaluación que de ellos se tenga–, con Morena y cualquier otro que no ha ejercido el poder federal, así hayan gobernado a nivel de municipios y estados.
¿De verdad Vicente Fox fue análogo como Presidente al jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador y éste a Enrique Peña Nieto? ¿Y el priista Eruviel Ávila es idéntico al panista Miguel Márquez y éste al verde Manuel Velasco? Un mínimo esfuerzo de análisis concluiría que no son equivalentes.
El movimiento anulista, al generalizar, mete en el mismo saco de corruptos a Peña con la “Casa Blanca” que un alcalde que maneja con honradez los recursos, del partido que sea; le es igual el legislador que cumple con su tarea que el más faltista de todos, y el alcalde que beneficia ilegalmente a un contratista es sinónimo del regidor que se opone.
El anulista, en su desproporción, culpa por igual al causante del desastre que a las víctimas. Y en ese sentido, el anulismo representa la victoria cultural del PRI: “Todos somos iguales. La corrupción somos todos.”
Como a los anulistas, a mí también me disgustan los partidos políticos vigentes y los quisiera mejores, pero los diez que aparecerán en las boletas en la elección federal –y otros tantos locales– representan una diversidad de intereses, no sólo de ideologías, y son también un espejo de lo que somos como sociedad.
Peor: Las encuestas –también bajo sospecha– apuntan a que el PRI y sus satélites –PVEM y Panal– obtendrán en esta elección federal cerca del mismo porcentaje con el que Peña ganó la elección de 2012.
Es decir, a pesar de los casos acreditados de corrupción del propio Peña y miembros prominentes de su gobierno, de la crisis no reconocida pero que vacía los bolsillos y el país despedazado por la violencia y la inseguridad, de la ineptitud acreditada, el PRI y sus cómplices van a ratificar su hegemonía.
A esa infamia no voy a sumarme como ciudadano lanzando mi voto a la basura, como lo pretenden los anulistas, sino usándolo para manifestar –al menos por esa vía, quizá sólo testimonial– mi repudio a lo que detesto y, también, para mantener la esperanza que quiero unir a la de otros ciudadanos…
Comentarios en Twitter: @alvaro_delgado

lunes, 1 de junio de 2015

Académico de la UNAM envía carta a Denise Dresser sobre voto nulo

roberto duque
Distinguida doctora Dresser:
Confieso que me llevé una triple sorpresa al conocer su apreciación acerca del video “El voto nulo en México” que he divulgado recientemente en Internet. Desde su perspectiva (Reforma 25-05-15, p.15) este trabajo “disemina información equivocada”, pues –según dice usted– el voto nulo ya no perjudica a los partidos menores como antes, y en ese sentido subraya que es un mito que el voto nulo le beneficie al PRI.
El primer motivo de asombro es que, para sustentar su afirmación, dice usted citar la ley: “No alcance el 3 por ciento del voto efectivo”. Temo informarle que dicha disposición no existe en la legislación mexicana. Probablemente se confundió con la votación válida emitida. No la culpo: Las leyes electorales son intrincadas. Pero le sugiero atentamente no entrecomillar normas inexistentes porque, eso sí, disemina información falsa.
La segunda razón de sorpresa es que hace unos meses la escuché exponerle el posicionamiento contrario a Leo Zuckermann en una intervención televisiva. Afirmaba usted que en 2015 ya no acompañaría al movimiento anulista, dado que el voto nulo –dijo usted– “implicaría aceitar la maquinaria del priismo”.
Ahora me entero que volvió a cambiar de parecer.
Me gustaría conocer, doctora, los argumentos que respaldaban aquella afirmación suya. Y es que puede ser que su lógica de aquel entonces se parezca a la de mis planteamientos en el video. Eso sí, con la siguiente acotación: Si bien podría decirse que el PRI “patentó” hace tiempo la maquinaria electoral a la que usted alude –acarreo y clientelismo incluidos–, la evidencia enseña que ahora ese partido ya no está solo en la práctica de tales artimañas. Pareciera que lapatente se venció, ¡como con las medicinas! Pensemos en el PRD del Distrito Federal o en el PVEM en Chiapas, por citar sólo dos ejemplos que menciona la analista Alejandra Cullen.
Opino que su generalización fue desmedida, pero de alguna manera comprendo aquella posición que le sostuvo a Zuckermann. Muchos estamos seguros, en efecto, de que el PRI es el principal beneficiario del voto nulo.
Y la tercera causa de mi extrañeza fue que en su argumento en contra del video está usted aceptando que antes de 2014 el voto nulo sí perjudicaba a los partidos menores. Me llama la atención porque esto se contradice con lo que había usted señalado en el pasado y también va a contrapelo de los datos duros a los que alude en su texto sobre lo que ocurrió en 2009.
La verdadera diferencia entre su más reciente punto de vista y el mío, se centra en que para usted el voto nulo no beneficia a partido alguno. Yo sostengo que sí. Si observa el video de manera desapasionada, encontrará las razones que esgrimo: Los partidos mayores suelen tener: a) más militancia; b) más estructuras territoriales, y c) más operadores políticos y brigadas. O sea, más maquinaria.
La ecuación no es tan compleja. Si usted no niega que en algún porcentaje de los votos que se emiten en México, media la coacción, el acarreo, la entrega de despensas, etcétera, tendrá que estar de acuerdo con lo siguiente: Mientras más indecisos votemos nulo, más valor cobran los votos obtenidos con esas trampas (y con voto duro).
En contraste, mientras más indecisos distribuyamos libremente nuestro voto válido entre el abanico de partidos y candidatos, decrece el peso de esas maquinarias en el resultado electoral.
Por eso es que la promoción del voto nulo es tan perniciosa: Incentiva esas prácticas desaseadas que por desgracia no hemos erradicado en el país. Puede usted comprobarlo con evidencia empírica: ¿Quiénes son los partidos que ahora mismo –incluso en su propaganda– invitan a que no anulemos nuestro voto? Respuesta: Los partidos con menos maquinaria. ¿A qué cree que se deba?
Y una última súplica, doctora. El próximo 7 de junio, cuando acuda usted a la casilla y se encuentre en la soledad del cancel, crayón en mano, traiga por favor a su mente los razonamientos por los que hace cuatro meses pensó que el voto nulo beneficia a una maquinaria partidista. En una de esas usted misma se convence de validar su voto en vez de anularlo. Quién quita y –de último minuto– retoma su penúltima convicción.
Reciba un respetuoso saludo.
@DuqueRoquero
Nota:
El movimiento #NoTeAnules surgió con el siguiente video informativo acerca de cómo funcionan las reglas del juego electoral en relación con el voto nulo.
A muchos nos gustaría que la anulación del voto fuera una herramienta eficaz para castigar a la clase política por su mal desempeño. Pero las reglas del juego –que ellos mismos diseñaron– no dejan que así sea. Además, los partidos ya nos han enseñado que no son muy sensibles que digamos frente a la pésima imagen que tienen –en general– ante a la ciudadanía (en la encuesta de Parametría que aparece en el video están en el último lugar de la tabla).
Nuestra propuesta es que cambien las reglas y que el “voto en blanco” tenga validez. Que en el futuro los ciudadanos tengamos en la boleta una opción de protesta que sí valga. De esa manera: a más votos en blanco, menos beneficios reales para los partidos. Por ende, habría un incentivo para que éstos mejoren su oferta política, cosa que urge. Esa lucha sí vale la pena.
*Roberto Duque Roquero. Académico de la Facultad de Derecho de la UNAM. Promotor del movimiento #NoTeAnules. Tiene estudios de maestría y de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Coautor de siete libros, ha sido conferencista en instituciones académicas de México y del extranjero en temas constitucionales y electorales.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Votar o no votar: ¿he ahí el dilema? por Armando Bartra


Por Armando Bartra/ La Jornada*
Un presidente mal habido puede legitimarse en el ejercicio, dijo el PAN de Salinas. A la postre vimos que no. En cambio uno dizque promisorio, como Peña, sí pudo colapsarse en dos años de mal gobernar: reformas estructurales milagro que resultaron bolas de humo, economía pasmada, devaluación, inflación, deuda, recortes…; ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, tortura, inocentes en la cárcel, culpables impunes, el narco en la política y la política en el narco…; sobornos millonarios mero arriba, frivolidad, impunidad, mentira, desvergüenza…
A fines de 2014 la renuncia del Presidente se había vuelto la bandera más flameante del movimiento nacional por la vida de los jóvenes de Ayotzinapa. En vacaciones los indoblegables padres, normalistas y maestros de Guerrero endurecieron el activismo y la consigna ¡Fuera Peña! fue dejando paso a ¡No a las elecciones!, cuando menos en ese estado.
Al mismo tiempo personajes principalmente de la izquierda eclesial lanzaban la idea de que corruptas y desfondadas las instituciones, optar por la vía electoral es hacerse cómplice del sistema, cuando de lo que se trata es de refundar México mediante un comité de honorables que impulse un constituyente ciudadano y una nueva Constitución.
Así, una coyuntura que apuntaba a la caída de la administración y a un reacomodo político que abriera paso al cambio de régimen por la combinación de elecciones y movilización social, derivó en un quizá pertinente pero puramente enunciativo cuestionamiento integral del sistema político mexicano, de la democracia comicial y del propio Estado como institución. Radicalización discursiva que paradójicamente dio un respiro a Peña, pues mientras los notables se ponen de acuerdo y refundan el país, el actual gobierno –que estaba contra las cuerdas– se recupera. Y es que irse contra el sistema cuando lo que está cayendo es la administración, es salvar a la administración y darle un segundo aire al sistema.
Necesitamos, sí, constituyente y Constitución nuevos, pero antes necesitamos un gobierno refundador que los posibilite. Como Chávez lo hizo en Venezuela, Correa en Ecuador y Evo en Bolivia. En México hace 100 años la Convención de Aguascalientes no cuajó porque no lo tuvo, en cambio el constituyente de Querétaro contó con el de Carranza y lo rebasó por la izquierda. En 1994 el EZLN propuso nuevo constituyente y nueva Constitución, pero también llamó a elegir un gobierno de transición que los viabilizara.
Lo que hoy está en cuestión no es el papel decisivo de la movilización social, en lo que todas las izquierdas –salvo la moderna– estamos muy de acuerdo, sino el lugar que en el cambio libertario ocupan las elecciones. Y es que algunos llaman a no votar o anular el voto para así desfondar al sistema, mientras otros pensamos que la electoral es parte de una gran batalla cuyo escenario son las calles pero también las urnas y los proyectos de país que ahí se juegan. El problema es que mientras tanto Peña, el PRI y la oligarquía se frotan las manos, pues la abstención o anulación refundacional juega en favor de quienes se ratifican electoralmente gracias a sus clientelas y comprando votos.
Quien no se propone en serio cambiar al mal gobierno y elegir uno bueno se condena a negociar para siempre con el mal gobierno. Uno de nuestros más conspicuos abstencionistas y antiestatistas se la pasó reuniéndose con presidentes y candidatos, exigiéndole inútilmente cosas al gobierno en turno y regañando a la clase política. En cambio uno de los regañados, el presuntamente electorero y estatista López Obrador, prácticamente no habla con políticos profesionales. En cambio lleva 10 años recorriendo el país, dialogando con la gente y creando desde abajo una organización de ciudadanos. Y lo mismo pasa con los movimientos sociales. Aun los más duros tienen que tragar camote y sentarse una y otra vez a negociar con los funcionarios. Sus acciones y dichos pueden ser contundentes, pero inevitablemente reconocen al gobierno, pues deben negociar con él las demandas que los impulsan. Y no por claudicantes, sino por su carácter reivindicativo. En cambio, los movimientos y partidos políticos que buscan un cambio de régimen están obligados a cumplir las reglas del juego electoral, pero fuera de eso no tienen nada que negociar con el gobierno, pues lo que reivindican no es un agravio o un derecho conculcado, sino un nuevo proyecto de país, algo que no se puede negociar con quienes hoy mandan.
Los que vemos en los comicios una de las vías del cambio no fetichizamos las urnas, en cambio los abstencionistas hacen de votar o no la definición política por excelencia. Pero si sufragando por un candidato no cambiamos el mundo, menos lo cambiamos anulando el voto.
Poco ciudadano es quien sólo vota –o anula su voto– y no participa socialmente, como pobre político es el que sólo se presenta cuando hay elecciones. Por eso un partido-movimiento –Morena en nuestro caso– impulsa sobre todo la organización y movilización que crean poder popular abajo. Pero también llama a sufragar y defender el voto que sin duda tratarán de robarnos. Porque en comités, asambleas y marchas están los más comprometidos, pero es en los comicios donde se pone a prueba la penetración de nuestro proyecto en el conjunto de la población y donde se legitima y defiende democráticamente el cambio justiciero que deseamos.
Quien hace política sólo con los más activos y conscientes pero no se mide en las elecciones, en el fondo cree que la mayor parte de la gente está engañada y no tiene remedio. Quien le saca la vuelta a los comicios por inequitativos y amañados en vez de luchar contra estos obstáculos, es que tiene miedo a las mayorías y temor a esa forma de la democracia. Es un vanguardista social que sólo confía en las iniciativas de las minorías politizadas, o es un vanguardista doctrinario que sobrestima el poder inspirador de sus ideas y la capacidad de convocatoria de unas cuantas personalidades esclarecidas.
Los abstencionistas, los que proponen desertar de las instituciones y refundar el país sacándole la vuelta a los comicios, dicen apoyarse en la experiencia. En realidad van a contraflujo en un mundo donde lacrisis sistémica a la que condujo el neoliberalismo está siendo enfrentada exitosamente mediante una combinación de movilizaciones sociales y triunfos electorales que instauran gobiernos progresistas. Acción social de base y también instituciones: un electoralismo movimientista o movimientismo electoral que es crítico de los aparatos y estructuras políticas al uso y quiere refundar países y estados, pero que incluye en la mudanza a los comicios, ámbito insoslayable al que concurren partidos y donde se confrontan proyectos de futuro.
En siete países del Cono Sur de nuestro continente: Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay y –con un interregno neoliberal– Chile, los gobernantes que rechazan los designios imperiales y los dictados del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional llegaron al poder mediante una combinación de movimientos y elecciones. Y mediante elecciones se mantienen en él, en el caso de Venezuela durante 16 años. En la Europa mediterránea avanzan formaciones político electorales alternativas y de reciente formación: Syriza, en Grecia, acaba de ganar las elecciones; Podemos, en España, quizá llegue a la Moncloa a fines de este año. Y que no se diga que ahí sí se puede pues hay equidad comicial y aquí no pues hacen trampa, porque en Grecia la campaña de la Unión Europea y los conservadores contra el candidato de las izquierdas fue aún más sucia que las de la oligarquía mexicana y sus personeros contra López Obrador en 2006 y 2012.
Con base en la experiencia global yo pregunto: los nuevos partidos y nuevos políticos vinculados a los movimientos sociales tienen limitaciones y cometen errores, pero son parte de una alternativa ¿sí o no?: ¿el Partido Socialista Unificado de Venezuela con Chávez y luego Maduro, sí?; ¿el Partido de los Trabajadores con Lula luego Dilma en Brasil, sí?; ¿el Movimiento al Socialismo con Evo Morales en Bolivia, sí?; ¿Syriza con Alexis Tsipras en Grecia, sí?; ¿Podemos con Pablo Iglesias en España, quizá sí?; ¿Morena y López Obrador en México, no?…
El siglo XX nos enseñó que por la violencia en algún momento se pudieron tumbar gobiernos antipopulares pero que con violencia y autoritarismo no se hacen las verdaderas revoluciones, es decir los cambios consensuados, progresivos y perseverantes que necesitamos. Lo que llevamos del siglo XXI nos enseña que las mudanzas justicieras incruentas son posibles siempre y cuando seamos capaces de ganar la calle repetidamente y de ganar las elecciones una y otra vez. Y es que los movimientos sociales solos se quedan cortos y los gobiernos progresistas –aun los mejores– están muy acotados. En cambio su combinación es invencible, pues visionaria, como los movimientos y sólida, como los aparatos, sueña con los ojos abiertos, escribe en verso y a la vez en prosa.
Y sí ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!
voto

(Regeneración, 8 de febrero del 2015)

martes, 27 de enero de 2015

Están equivocados quienes están llamado al abstencionismo: Paco Ignacio Taibo II

pacoignaciotaiboii

(27 de enero, 2015).- El escritor y periodista Paco Ignacio Taibo II consideró que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los movimientos que están llamando al abstencionismo en este proceso electoral están equivocados porque al no acudir a las urnas están fortaleciendo al Partido Revolucionario Institucional (PRI). El también Secretario de Cultura del Comité Ejecutivo Nacional de Morena estuvo ayer en Tuxtla Gutiérrez para ofrecer una conferencia al sector juvenil del Movimiento de Regeneración Nacional.
Durante su conferencia, el escritor dijo que respeta la posición de los movimientos que están llamando al abstencionismo “a los zapatistas los quiero mucho, pero están equivocados”. Insistió en que al no acudir a votar se fortalece al PRI, quien ya tiene un voto corporativo.
“Las personas que van a votar por el PRI por una despensa no van a dejar de hacerlo por el llamado que se está haciendo ahora, ese voto va a seguir y es el que va a seguir haciendo que los priístas continúen gobernando. En donde incide este llamado es en el voto de la izquierda” señaló Taibo. El escritor se refirió también al gobierno de Chiapas encabezado por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). “El Partido Verde es una mala broma, es una franquicia, que está rodeado constantemente de los escándalos de sus dirigentes”.
Al ser entrevistado, antes de iniciar su conferencia, criticó que los partidos políticos postulen a candidatos sólo porque tienen recursos económicos para hacerlo, sin considerar si cuentan con el perfil y los principios ideológicos. “Un partido político que se dice de izquierda y postula a alguien sólo porque tiene plata, no puede llamarse de izquierda, esa no es izquierda”. Durante su conferencia, Paco Ignacio Taibo II criticó las reformas promovidas por Enrique Peña Nieto y exigió la presentación con vida de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

lunes, 12 de enero de 2015

Se desploman intenciones de voto para PRD y PRI en la ALDF


El segundo informe de Mancera en la ALDF. Foto: Miguel Dimayuga
El segundo informe de Mancera en la ALDF.
Foto: Miguel Dimayuga
MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).- Las intenciones de voto para el PRD y el PRI en la renovación de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) han caído estrepitosamente entre septiembre y diciembre pasados.
Hasta septiembre pasado, las intenciones de voto para el PRD eran de 29.1 por ciento, mientras que en diciembre cayeron a 17.4 por ciento. En tanto, el PRI registraba un 12.7 por ciento y bajó a 6.7 por ciento.
Una encuesta del periódico El Universal refleja que el PAN también perdió popularidad, al pasar del 8 por ciento al 6.7 por ciento en el mismo periodo.
Los únicos partidos que registraron un ligero crecimiento fueron Morena, que pasó de 6.5 a 6.6 por ciento y el Partido Verde Ecologista de México, de 1.1 a 1.5 por ciento.
Destaca que en diciembre pasado el 38 por ciento del electorado advirtió que no tiene intenciones de votar, superior al 24.9 por ciento de septiembre.

jueves, 1 de enero de 2015

El abstencionismo es un berrinche: Fernández Noroña

fernandez norona

La crisis política que vive el país es la más severa de la historia reciente. Ésta seguirá agudizándose en los meses por venir. No vamos más lejos, sumado a una devaluación de más de 12% de nuestra moneda frente al dólar, de una dramática caída en el precio del petróleo, empezamos el año con un aumento de casi 2% al precio de las gasolinas.
Los 43 normalistas desaparecidos siguen sin aparecer y el gobierno no podrá responder a la exigencia de presentarlos vivos. Encima, el baño de sangre del país seguirá en aumento, junto con la impunidad y la barbarie con que viene aparejado.
Podría continuar con una larga lista de agravios al pueblo de México pero con estos ejemplos es suficiente para generar un enorme estallido social. De hecho, la rebelión ya está en marcha.
Si las diversas formas de manifestación de la inconformidad por esta situación no logran la renuncia de Enrique Peña Nieto antes de las elecciones federales de junio del 2015, éstas se realizarán en un marco de rechazo y de muy fuerte abstencionismo. Hay quienes frente a esta situación, promueven el abstencionismo como una forma de evidenciar la falta de legitimidad del actual gobierno y de la representación popular que surja de los citados comicios, a ellos llamo yo los anulados. Pregunto a éstos: ¿Pero es que tiene alguna legitimidad el desgobierno de Peña? ¿Acaso tiene alguna legitimidad la actual Cámara de Diputados surgida de los comicios del 2012? La respuesta a ambas preguntas es que carecen de legitimidad real. Eso no sólo no les importa, sino que se siguen arrogando el derecho de representar al pueblo de México a pesar de traicionarlo cotidiana y sistemáticamente.
Pongamos que hubiera un 90% abstencionismo en los comicios federales del 2015. Los anulados o promotores del abstencionismo estarían de fiesta. Habrían logrado su objetivo, hasta con el 80 % se dan por bien servidos. Sostienen que con ese abstencionismo la falta de legitimidad del gobierno sería evidente. Yo les pregunto: ¿El gobierno de Peña se caería? La respuesta es un no rotundo.
Pregunto ahora a los anulados: ¿Cuál es el siguiente paso, si a pesar de lograr el abstencionismo necesario según ellos para quitar legitimidad a la Cámara de Diputados, ésta sigue funcionando sin mayor dificultad? Porque no deben convocarnos a no votar sin hacerse cargo del siguiente paso si no se logra el objetivo y no se obtiene el resultado que ellos plantean alcanzar. El objetivo, evidentemente, no debe ser restar legitimidad al sistema político, pues con o sin elección carece de ella. El objetivo debe ser lograr la renuncia de Enrique Peña Nieto y desmantelar el sistema político caduco y corrupto que impera en el país
La posición de quienes llaman al abstencionismo es terriblemente irresponsable. Lo único que harán al retirar de las urnas a quienes están inconformes con el PRI es justo lograr que este partido tenga mayoría en la Cámara de Diputados. No quieren ver que al sistema no le importa ser legítimo, si acaso le interesa parecerlo.¿Pruebas? Van algunos ejemplos: No le importó a Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa carecer de toda legitimidad para ejercer la presidencia de la República. Como no le importa a Enrique Peña Nieto carecer de toda legitimidad y respaldo para seguir al frente del cargo político más importante de nuestra nación. Como no les importa a la mayoría de los integrantes del Congreso ser repudiados, votar por consigna, estar traicionando al pueblo, vivir del pueblo y apuñalarlo constantemente, y carecer igualmente de toda legitimidad. Quienes ostentan cargos públicos en la actualidad, carecen no sólo de legitimidad sino de autoridad y viven un profundo y enérgico rechazo de la mayoría de la sociedad, salvo honrosas excepciones y ello no les quita el sueño. Siguen ejerciendo y cobrando, muy bien por cierto y como es evidente en cada una de sus apariciones públicas eso llamado legitimidad les tiene sin cuidado, son unos cínicos y unos desvergonzados.
Ingenuos e irresponsables son quienes consideran que sólo con no votar lograrán derrocar al sistema. Reitero mi convicción de que el proceso electoral federal del 2015 no es camino para la transformación del país. A pesar de esa certeza, seré candidato a diputado federal intentando regresar al Congreso. Las razones que sustentan esta decisión merecen una reflexión aparte, pero adelanto que considero un error renunciar a un espacio de lucha y defensa de los intereses populares como lo es la Cámara, a pesar de su evidente deterioro. La tribuna de la Cámara de Diputados es un espacio privilegiado para combatir, exhibir y reclamar acciones del gobierno en turno. Asumiendo la representación popular con entereza, se pueden defender con cierta eficacia los intereses del pueblo y de la Nación.
Sin embargo insisto y seguiré insistiendo en que si la rebelión decide impedir que se realicen los comicios, yo estaré apoyando sin ninguna reserva una iniciativa de esta envergadura y es obvio que para hacerlo, tendría que renunciar a toda aspiración de regresar al Congreso. Renunciaría sin dudarlo a mi candidatura, pues impedir la elección del relevo de la actual Cámara de Diputados sí que sumiría al desgobierno de Peña Nieto y al sistema político mexicano en una crisis de la cual no podrían recuperarse. La renuncia de Peña Nieto sería una conclusión lógica a un golpe de esta dimensión.
Claro que para lograr una medida de tal magnitud se requiere que la gente la haga suya y que asuma los riesgos que realizarla implican. No votar es un berrinche, un desahogo, al igual que todas sus derivaciones tales como romper la boleta, anularla, votar por el pato Donald y todas las ocurrencias y variantes de los anulados. Estas medidas no implican ni mayor esfuerzo, ni mayor riesgo. Tampoco generan mayor impacto.
No permitir la realización de los comicios es correr un riesgo fuerte y lograr el objetivo tiene un alto grado de dificultad, que sin embargo, de alcanzarse, tendría como resultado un impacto político demoledor.
Así que déjense de berrinches y de desahogos y como dice Federico Arreola: sean serios. Si tenemos que optar debemos escoger una medida real de cambio social profundo para el país.
“El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz”.
Gerardo Fernández Noroña. México, DF a 1 de enero de 2015.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tapón de hocico de Martí Batres a Javier Sicilia

 

 

Sigue la controversia sobre el “boicot electoral”

De Martí Batres
Señor director:
Permítame publicar lo siguiente:
Disculpe usted, don Javier. No es mi propósito molestarlo. Lo respeto pero no le creo.
No le creo cuando dice que el boicot electoral ayudará a mejorar al país. La realidad demuestra lo contrario: el abstencionismo fortalece al voto duro del PRI.
No le creo cuando afirma que todos los partidos están condenados a la putrefacción mientras las personalidades de la llamada sociedad civil están destinadas a la pureza y a la salvación. No hay manera de determinar la “maldad” del ser humano partiendo de su clase social, raza, militancia o religión. Hacerlo es recurrir a ideas positivistas de moda en el porfirismo. No hay “delincuentes natos”, señor Sicilia. Militar en un partido o en un movimiento de la sociedad civil siempre encierra riesgos, pero también oportunidades. Asumir que el destino de las personas es la corrupción implica adoptar una posición nihilista que, al igual que el boicot electoral, favorece al sistema. El razonamiento que usted enarbola: “todo está corrompido, todos son iguales”, lleva a la conclusión forzosa de que no hay nada que hacer más que resignarse.
Las revoluciones no nacen de la noción de una  desgracia segura, sino de la esperanza de que el mundo puede cambiar para bien. La vida y la historia se construyen con esa esperanza que empuja a los pueblos y a las personas a derribar a quienes dicen que no hay salida, que todos son iguales, que todo está perdido y que el destino de la humanidad es el sufrimiento. Militar en un partido político no es un pecado original, como luchar desde la sociedad civil no implica una indulgencia por adelantado.
No le creo cuando profesa enarbolar un programa progresista porque su coraje y sus fobias están orientados principalmente a combatir a quienes han luchado desde el campo de la izquierda en los últimos años.
  No le creo cuando dice que detesta a la clase política gobernante porque ha buscado hacer de ésta su interlocutora.
  No le creo cuando dice que Andrés Manuel López Obrador también se corromperá, porque enfrentó solitario al PRI en Tabasco en 1988, y luego siguió luchando y realizó el éxodo al DF, y después se enfrentó a Roberto Madrazo en 1994, y como jefe de Gobierno en la ciudad se caracterizó por su austeridad y su espíritu social, y en el 2006 enfrentó un fraude electoral y en el 2012 a quienes compraron la Presidencia, y sigue luchando. Su historia no nos dice que tienda a quebrarse moralmente.
  Finalmente, si a usted le ofrecieron ser candidato y no quiso, hizo bien en actuar de acuerdo a sus principios, pero quien lo invitó, si es que así fue, demostró vocación para incluir y abrir los espacios políticos a la sociedad civil.
Atentamente
Martí Batres Guadarrama
Presidente del CEN de Morena

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