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martes, 21 de enero de 2014

Desechan recurso contra reforma energética promovida por 23 intelectuales

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Manuel Peimbert, Luis Villoro, Fernando del Paso, Vicente Rojo, José Emilio Pacheco, Soledad Loaeza, Hugo Gutiérrez Vega y Paul Leduc, entre los firmantes. Foto: La Jornada


México, DF. Un grupo plural de 23 ciudadanos que han recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes, independientes de los partidos políticos, se inconformaron este martes con la determinación del juez David Rodríguez Mata, titular del juzgado cuarto de distrito en materia administrativa, que desechó por notoria improcedencia la petición de amparo promovido para impugnar la reforma energética.
Los intelectuales quejosos pidieron a un tribunal colegiado de circuito que modifique el fallo del juez Rodríguez y remita el expediente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) mediante la facultad de atracción del máximo tribunal del país.
La demanda fue desechada por el juez Mata bajo el argumento de que la nueva Ley de Amparo, vigente desde abril pasado, establece que no procede el juicio de garantías contra adiciones o reformas a la Constitución, un candado legal que será difícil de superar por parte de los quejosos, de acuerdo con fuentes del Poder Judicial Federal consultadas por La Jornada.
Además de la petición de amparo tramitada por los intelectuales y rechazada por el juez cuarto administrativo, los 16 jueces de distrito en la misma materia han recibido en las últimas semanas una cascada de demandas similares promovidas por ciudadanos, ninguna de las cuales ha sido admitida a trámite.
La semana pasada, el grupo plural de intelectuales enviaron una carta a la SCJN en la que informaron a los ministros su decisión de impugnar el decreto de reforma constitucional en materia energética “por violaciones graves” al procedimiento con que se aprobó.

viernes, 17 de mayo de 2013

Clausuran gasolinera ilegal en Coyoacán




Autoridades capitalinas hicieron un operativo para clausurar y retirar las piezas de madera que cubrían la estación El Calerón SA. de CV. ante las diversas irregularidades que han denunciado vecinos, como que se encuentra al lado de un pozo de agua potable. 
 
Alrededor de las 12:30 horas, representantes de la Secretaría del Medio Ambiente, Protección Civil, del Instituto de Verificación Administrativa (Invea-DF), así como de la Fiscalía de delitos ambientales de la Procuraduría local (PGJDF) llegaron al negocio, ubicado en la Colonia San Francisco Culhuacán, ubicada en Coyoacán.
 
Al lugar también llegó un grupo de granaderos, quienes resguardaron la zona mientras se retiraba el tapiado de madera que los representantes de la gasolinera colocaron desde hace dos semanas para impedir el paso al interior.
 
Raúl Miliani Sabido, director general de Prevención de la Secretaría de Protección Civil, informó que los sellos de clausura fueron colocados por la dirección de Vigilancia Ambiental de la Secretaría del Medio Ambiente.
 
El funcionario también dijo que Protección Civil hará un estudio de riesgo, mismo que esperan concluir entre el jueves y viernes de la próxima semana.
 
“No hay viabilidad de operación (de la gasolinera) porque hay un pozo de extracción de agua potable, el agua se saca de ahí, se va al área de potabilización y se distribuye, y los tanques pueden contaminar el pozo”, dijo en entrevista.
 
“No hay compatibilidad en el uso de suelo, para nosotros hay condiciones de riesgo agravadas, que son viviendas muy cercanas, tenemos una escuela a menos de 200 metros y por la densidad de población que tenemos e instalaciones eléctricas, se tiene que hacer el estudio de riesgo”.
 
Será la dirección de Vigilancia Ambiental la única instancia con facultad para determinar si se demuele el negocio, señaló Miliani.
 
Este viernes, REFORMA publicó que Manuel Dacosta, dueño de la gasolinera, aseguró contar con el certificado de uso de suelo que le permitiría abrir el establecimiento.
 
Incluso, afirmó que el lunes entregó la documentación al Instituto de Verificación Administrativa, por lo que se extrañó de los señalamientos que el presidente del Invea, Meyer Klip, hiciera el miércoles sobre que en caso de que en un plazo de cinco días el dueño no presentara el certificado de uso de suelo, el predio sería clausurado.
 
Previamente, la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) acreditó que el establecimiento fue construido pese a incurrir en múltiples irregularidades, por lo que vecinos de Coyoacán se habían manifestado para exigir su demolición.
 
En tanto, el director del Sistema de Aguas, Ramón Aguirre, había comentado que el primer estudio presentado para intentar demostrar que la estación carecía de riesgos para el caudal del pozo fue falseado.

domingo, 5 de mayo de 2013

Las entrañas del país, saqueadas

Mineros en Coahuila. Foto: Eduardo Miranda


El oro y la plata significan riqueza… pero sólo para unos cuantos empresarios mineros, no para México ni mucho menos para las comunidades de indios y campesinos a quienes se despoja impunemente. Desde 1993 la ley lo permite. Pero esta ley privilegia la extracción de minerales al costo de envenenar la tierra que podría haber servido para la agricultura y la ganadería. La voracidad de las compañías dedicadas a la minería –que no pagan regalías y apenas unas migajas de impuestos– pone en riesgo la autosuficiencia alimentaria y lleva la tensión social al límite.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La política minera asumida desde hace dos décadas por el Estado mexicano amenaza con provocar una confrontación social, un grave problema alimentario y, por sus proporciones, volverse un asunto de seguridad nacional.
Para dar continuidad a esa política, los cambios hechos a la Ley Minera en la Cámara de Diputados el pasado 25 de abril –aunque el tema no estaba en agenda, la bancada del PRI lo metió de última hora– y que aún deben pasar por el Senado, no tomaron en cuenta a los pueblos indígenas ni al sector agrario, son inconstitucionales en tanto violan tratados internacionales, contravienen el Pacto por México y desdeñan una iniciativa que se estaba integrando en su Consejo Rector.
Esas son las conclusiones del titular de la Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas de la Secretaría de Gobernación, Jaime Martínez Veloz, quien en los últimos meses ha podido constatar los estragos de las operaciones mineras en todo el país: Despojo y desplazamiento de comunidades campesinas e indígenas, empobrecimiento de las poblaciones donde la producción mineral es boyante y destrucción, en muchos casos irremediable, del ambiente.
Todo ello, agrega, ha sido facilitado por leyes laxas, actores políticos con intereses en el sector y un saqueo indiscriminado de recursos minerales por parte de empresas que pagan muy pocos impuestos y no dejan regalías.
Según el funcionario el riesgo de confrontación social es grave y en diferentes zonas del país ya se observan los reclamos de indígenas y campesinos afectados, mientras los consorcios mineros aumentan sus ganancias sin dar nada a cambio.
De acuerdo con el informe de 2010 de la Auditoría Superior de la Federación, las multinacionales mineras tuvieron ingresos por 552 mil millones de pesos entre 2005 y 2010, pero sólo pagaron 6 mil 500 millones de pesos en impuestos; esto es, poco más de 1% de sus ganancias.
Según cifras de Martínez Veloz, durante todo el periodo colonial se extrajeron en la Nueva España 190 toneladas de oro y 150 de plata; de 2000 a 2010 en México se extrajeron 420 toneladas de oro y 35 mil de plata.
El funcionario sostiene que México es el único país donde las mineras no pagan regalías y, en el caso de las extranjeras –que han proliferado en la última década–, ni siquiera pagan IVA porque facturan en sus países de origen.
“La cuestión es que si la minería produce empleos, propicia el desarrollo y tiene altos ingresos, ¿por qué las comunidades indígenas de las zonas mineras son las más pobres? El ejemplo es la Sierra Tarahumara”, plantea.
Señala que con la reforma, que impone 5% de pago por uso de suelo, se aprobó una ley que reduce un fenómeno complejo, con numerosas variables ambientales, sociales, políticas y jurídicas, a un asunto de un monto muy reducido de impuestos.
“Creo que hay muchos elementos para que pueda ser cuestionada en la Corte –opina Martínez Veloz–. Pero aquí la cuestión es: ¿Cuál es la prisa de aprobar una iniciativa a espaldas de los pueblos indígenas de México en un asunto tan delicado que puede generar confrontaciones de carácter social en diferentes partes del país?”
Desde la reforma a la Ley Minera de 1993, la entrega de la riqueza del subsuelo a las empresas deja números alarmantes: De los aproximadamente 200 millones de hectáreas del país, casi la mitad (unos 98 millones de hectáreas) se concesionaron a compañías mineras.
De acuerdo con los datos oficiales ofrecidos por el comisionado y que están en la página electrónica de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en 2011 México tuvo una superficie sembrada de 22 millones de hectáreas. Ese es el último año reportado y también el de mayor siembra desde 1981.
Los mismos datos, actualizados a junio de 2012, establecen que la superficie agrícola y ganadera en México es de aproximadamente 106 millones de hectáreas.
En opinión de Martínez Veloz, si se considera que el resto del territorio nacional es no productivo, el contraste de la superficie agrícola con la minera es de alarmar: Quedan 7 millones de hectáreas para la producción alimentaria. De ahí que el comisionado prefiera dimensionar el problema en los siguientes términos: “No se ha concesionado la mitad del país sino casi la totalidad de la superficie productiva de México”.
A partir de 1993, cuando la minería se convirtió en actividad primaria, los números reflejaron un incremento gradual del territorio concesionado.
De 1993 a 2000 la superficie concesionada sumó más de 38 millones de hectáreas. Durante los 12 años de gobiernos panistas se concesionó una superficie superior a 56 millones de hectáreas, de las cuales más de 30 millones fueron repartidas durante el sexenio de Felipe Calderón.
“Los señores Zedillo, Fox y especialmente Calderón tendrían que dar una explicación sobre la forma en que condujeron el sector y el grave daño que hicieron al país”, dice Martínez Veloz.

martes, 11 de noviembre de 2008

Fe Panazi: Hipocresía y cinismo - La confesión de Kessel

Ayer, en el contexto del foro empresarial México, cumbre de negocios, que se realiza en Monterrey, Nuevo León, la titular de la Secretaría de Energía (Sener), Georgina Kessel, dijo: “Alrededor de 70 por ciento de las actividades de Pemex (Petróleos Mexicanos) en exploración y producción ya las realizan otras empresas”. Tal aserto representa una confesión de ilegalidad, un reconocimiento de que la reforma petrolera recientemente aprobada, y aún no promulgada, simplemente busca regularizar una práctica ilícita, y una admisión de que el laberíntico proceso que condujo a su aprobación ha sido una simulación y una impostura del gobierno federal y de sus aliados en el Congreso.

Es necesario recordar que la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional, aún vigente, afirma que “sólo la Nación podrá llevar a cabo las distintas explotaciones de los hidrocarburos, que constituyen la industria petrolera (la cual) abarca (entre otras cosas) la exploración, la explotación, la refinación, el transporte, el almacenamiento, la distribución y las ventas de primera mano del petróleo y los productos que se obtengan de su refinación”. Es decir, el gobierno actual y los precedentes han venido violando en forma deliberada y reiterada la Carta Magna y la ley reglamentaria –lo que conlleva una gravísima responsabilidad política–, y las reformas referidas han sido una mera forma de dar cobertura legal a una situación de facto a todas luces ilícita.

Por añadidura, la funcionaria dijo que las modificaciones pactadas por Los Pinos con las bancadas de Acción Nacional, el Revolucionario Institucional y un sector del Partido de la Revolución Democrática “tienen los mismos objetivos” que la iniciativa abiertamente privatizadora que el titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, envió al Senado el 8 de abril. La pregunta obligada es, entonces, para qué se incluyeron en esas propuestas párrafos e incisos que entregaban segmentos enteros de la industria petrolera a consorcios particulares, a sabiendas de que habrían de enfrentar una fuerte oposición política, social y técnica, y por qué no se optó desde un principio por enviar una versión menos impresentable, como la que finalmente se aprobó. Sea cual fuere la respuesta, queda en el aire, tras las declaraciones de la titular de la Sener, una sensación de trampa, de simulación, de tomadura de pelo, como lo fue, desde un principio, el aserto gubernamental de que las iniciativas inicialmente ensayadas “no eran privatizadoras”.

Cabe preguntarse, por lo demás, qué explicación darán a sus bases y a sus electores los dirigentes y legisladores perredistas –Guadalupe Acosta Naranjo, Graco Ramírez, Carlos Navarrete y otros– que se sumaron con entusiasmo y “orgullo” a una maniobra que, ahora es meridianamente claro, apuntaba a legalizar una privatización que ya se venía dando en los hechos.

En cualquier forma, la escandalosa declaración de Kessel plantea una disyuntiva ineludible: o se emprende de inmediato un esclarecimiento de la sostenida ilegalidad en la que ha venido operando la industria petrolera (cuando menos, 70 por ciento de ella), o se concede la existencia de un poder público cínico, que sólo se compromete a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes en las ceremonias de toma de protesta.

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