lunes, 5 de agosto de 2013

Manning, Assange, Snowden denuncian a “Big Brother”/ Víctor Flores Olea



Publicado: 05/08/2013 08:24

No es que Manning, Assange y Snowden sean blancas palomas desde el ángulo del derecho y la seguridad tal como lo interpreta el gobierno de Estados Unidos. A los ojos de estas autoridades los tres se excedieron incluso criminalmente al aprovechar sus condiciones dentro del sistema de inteligencia estadounidense para difundir prácticamente urbi y orbi una serie de datos y proyectos que maneja como confidenciales ese gobierno. A los ojos del mismo su difusión constituye un crimen que cae en el ámbito de las leyes penales, de ahí las cadenas perpetuas y los sinfín de años en prisión a los que fue ya sentenciado Manning y la brutal persecución que se ha desencadenado sobre Assange y Snowden, obligándolos a pedir refugio y asilo político a otros países, en el caso Ecuador y Rusia.
El núcleo de la acusación persecutoria de Estados Unidos tiene que ver, según este país, con su seguridad como nación y con la seguridad de su ciudadanía, y por eso la reacción violentísima del gobierno estadounidense y el hecho de que haya amenazado de manera tan brutal a cualquier Estado que se atreviera a proporcionarle asilo a cualquiera de los tres perseguidos. Sin embargo, vale la pena leer con particular atención el escrito de Noam Chomsky, aparecido hace unos días en este mismo diario, con el título “Snowden debería ser premiado: no es amenaza para Estados unidos”, en que puntualiza que los aspavientos de las autoridades de Estados Uniddos por las filtraciones de Snowden, y otras semejantes (Manning y Assange), diciéndonos que ponen en peligro a la ciudadanía de Estados Unidos, resultan viles mentiras y que la única preocupación de esas autoridades es la de salvar su propia integridad y seguridad, su propio pellejo, no el de la ciudadanía o la de la población.
En el fondo, sostiene Chomsky con razón, lo que preocupa a las autoridades de Estados Unidos es que se haya extendido de tal manera el conocimiento de los planes y las medidas de su gobierno, sobre todo para el espionaje y la interferencia en la información en muchos terrenos y materias con que cuenta el gobierno estadounidense. Y, desde luego, las violaciones al derecho internacional que implica la conducta de los funcionarios de ese gobierno. El escándalo resulta no de la “revelación” como tal de información del gobierno de Estados Unidos sino de una información que pone en peligro al gobierno ese país, con mayor precisión a los funcionarios gubernamentales y no a la ciudadanía. Tal es la diferencia entre la realidad y las historias mentirosas que elaboran esos mismos funcionarios, que mienten como defensa preventiva de acusaciones más graves que pudieran llegar en el futuro: desde la violación a múltiples normas del derecho internacional y a su propio derecho interno hasta verdaderas acusaciones de crímenes contra la humanidad. Aquí está toda la mentira y el chantaje, nos dice Chomsky, colocando la actitud, amenazas y presiones como escudo primero de escándalos que pudieran ser mayores.
La mejor prueba de lo anterior es que la OEA condenó con toda claridad el peligro en que se puso al avión del presidente Evo Morales de Bolivia, por parte de varios gobiernos europeos (España, Francia, Italia y Portugal), que primero negaron los hechos y después terminaron reconociéndolos plenamente, y hasta ofreciendo disculpas al gobierno boliviano por esa conducta absolutamente inmoral y violatoria del derecho de gentes. Por otro lado, en una reunión especial de UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) se denunció también “la violación de tratados internacionales”, por parte de Estados Unidos y de los estados europeos involucrados.
Por otro lado, Jefes de Estado latinoamericanos expresaron su “indignación y condena a la hostilidad que se mostró hacia Evo Morales, qe comprometen el diálogo y las negociaciones entre los dos continentes y las posibles negociaciones hacia ellos”. Debe decirse que, en general, se subrayó la distancia que se ha establecido entre los países latinoamericanos y los eximperios colonialistas e imperialistas, que hasta hace poco imponían su voluntad sin ninguna resistencia. Parecería pues que América Latina ha dejado de ser el “patrio trasero de Estados Unidos”, aun cundo este país tal vez no está del todo convencido de ello, por eso mismo es tan importante mostrárselos cada vez que sea necesario.
Las supuestas fechorías de los tres acusados y perseguidos “actuales” el militar Manning, el periodista Julien Assenge y el experto en computación Edward Snowden han tenido una relativa analogía entre sí, en sus procederes, y sobre todo en que tienen plena claridad sobre su decisión de dar a conocer ampliamente los dispositivos del gobierno de Estados Unidos para espiar, interferir, obstaculizar las acciones y decisiones de otros Estados soberanos, y para poner en peligro e interferir en el libre ejercicio de la libre expresión al nivel mundial, y entre sus propios ciudadanos.
El “Big Brother” de nuestros días y de la tecnología más avanzada se estrella hoy, sin embargo, contra los muros de otros Estados soberanos que han decidido resistir y en contra de libres ciudadanos estadounidenses que han decidido ayudar a que otros grupos humanos gocen de los más amplios derechos humanos posibles, empezando por el derecho a la información y denunciando y condenando los esfuerzos de un gobierno arbitrario para restringir o eliminar ese derecho a la información libre y verdadera. A estas alturas la reacción mundial parece ya muy clara: la sociedad de los hombres libres está con aquellos que denuncian las fechorías totalitarias de cualquier Leviathán nuevo o vetusto y son apasionados partidarios de quienes difunden la información libre y cierta que requiere la sociedad humana, como medio necesario de vida y desarrollo cultural. La salvación de la libertad y de la real soberanía democrática está en contra de los designios del “Big Brother” de cualquier color, que quiere salirse impunemente e ignorar responsabilidades.
La discusión está en la mesa pero creo que nuestra militancia debe ser cada vez más definida a favor de la más plena libertad de expresión, rompiendo los falsos tabúes que sea necesario y las restricciones que los más poderosos intenten imponer a quienes han sido tradicionalmente débiles. Pero que hoy están en vías de afirmarse, irremisiblemente, como nuevos gigantes de la moral.

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