viernes, 8 de marzo de 2019

AMLO alista demanda por corrupción en plantas de fertilizantes; “no podemos recibirlas así”, dice

Planta de Fertinal. Foto: Especial
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Las irregularidades en la adquisición a sobreprecio de plantas de fertilizantes que hasta ahora son inoperantes, serán denunciadas para que se determinen responsabilidades y aun se analiza si dichas plantas son viables.
El presidente Andrés Manuel López Obrador abordó de nueva cuenta el asunto exponiendo la dimensión del sobreprecio que, de un estimado de 50 millones de dólares, se adquirió en 500 millones de dólares, como parte de “esas cosas paradójicas” de lo que llama “el período neoliberal”, pues 20 años atrás, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se había privatizado.
Según el mandatario, fue en el contexto del Pacto por México, que se acordó la compra de la planta de Agronitrogenados:
“Cuando se firmaron los acuerdos que todos los partidos firmaron, el Pacto por México –que fue contra México, en realidad–, ahí se incluyó aprovechar que se iba a comprar una planta de fertilizante para producir y apoyar a los productores. Esto como demanda de las supuestas organizaciones campesinas independientes. Para jalarlos al pacto por México, ya ven que se sumaron todos… Ya tenían armado un negocio”.
López Obrador recordó que se destinó una cantidad similar, de 500 millones de dólares, para su rehabilitación y hasta ahora sigue inoperante.
“Nosotros no podemos recibir esto sin que se haga una investigación. Porque si nos quedamos callados, si no actuamos, estaríamos siendo encubridores. Entonces estamos pidiendo que la autoridad competente investigue y tenemos que decidir qué vamos a hacer con la planta.
“Porque hay quienes me dicen –que saben de esto– que aunque se le siga metiendo dinero no va a funcionar, que sería seguir metiéndole dinero bueno al malo. Otros me dicen que no, que hay que terminarla, porque podemos utilizarla para producir fertilizantes”, dijo, recordando que actualmente se importan, cuando antes de la privatización había autosuficiencia.
El mandatario expuso que se presentarán las denuncias en breve y también se definirá el futuro de las plantas, pero –añadió– como en el caso de Fertimex, hay otros negocios pues los gobiernos anteriores “se pasaron en todo”.

MISERIA Y MORAL-Fisgón

jueves, 7 de marzo de 2019

¿Quién le tiene miedo a Lula? .- Emir Sader

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Lula fue tratado, en su breve salida para ir al funeral de su nieto, como la persona más peligrosa de Brasil. Con el más grande aparato militar que alguien tuvo para un ceremonial como un entierro. Fue cercado por centenares de policías, por docenas de patrullas, por helicópteros y por ametralladoras.
La salida de Lula fue tratada como una operación de guerra. ¿Guerra de quién contra quién? Lula inspira tanto miedo, ¿en quién?, ¿quién tiene miedo a Lula?
Como se pudo ver en esa salida de Lula, no es el pueblo que tiene miedo a Lula. No es el pueblo que amenaza la seguridad de Lula.
Por la operación militar alrededor de él, se trataba de impedir que Lula fuera abrazado por el pueblo. El fantasma en la cabeza de los chacales que lo mantienen preso es el de que Lula quedara libre, en manos del pueblo. Después de la monstruosa operación para procesar, aprehender, condenar a Lula, impedir que él fuera elegido presidente de Brasil en primera vuelta y estuviera en este momento, gobernando al país, mueren de miedo de Lula libre.
Como dijo un militar, para justificar la injustificable presión sobre el Poder Judicial para que no concediera el habeas corpus a que Lula tiene derecho, el proceso saldría de control. Del control de los militares, que vuelven a asaltar al Estado, como lo hicieron en 1964, para destruir a la democracia brasileña, para impedir que la voluntad popular se expresara.
Lula representa la pérdida de control del proceso político de parte de los militares, representa la amenaza al proceso de militarización del Estado, de instauración de un nuevo tipo de dictadura en Brasil. Porque él ganaría las elecciones en primera vuelta, derrotando a Bolsonaro y a todos los candidatos juntos, desenmascarando a los liderazgos que la derecha intenta proyectar en el país, demostrando a quien el pueblo entregaría el país, para ser dirigido por quien el pueblo brasileño quiere, sería Lula.
Es entonces indispensable, para que Brasil sea desecho como país, como nación, para que los intereses de los trabajadores sean destruidos, para que las personas pierdan sus derechos, que Lula siga preso, aun sin ninguna prueba en su contra. Lula es víctima de la más grande farsa jurídica de la historia brasileña, que cambia el destino del país.
Tiene miedo de Lula quien tiene miedo de que el pueblo exprese su opinión de forma libre y democrática. Tiene miedo de Lula quien ha asaltado al Estado por medio de absurdos mecanismos de falsificación de la voluntad popular, de mentiras, de engaños, de montajes monstruosos de imágenes forjados por mentalidades enfermizas.
Tiene miedo de Lula él que no vive de su trabajo, sino del trabajo ajeno, de la especulación financiera, de las ganancias gigantescas de los bancos, que no invierten para crear bienes y empleos, sino para obtener más ganancias a expensas del endeuamiento ajeno. Tienen miedo de Lula los que tratan de imponer su opinión sobre la de la mayoría de la sociedad, por el monopolio de los medios, mediante el cual propagan diariamente mentiras –como la que Lula fue condenado con algun tipo de prueba–, para servir a las grandes fortunas que los financian.
Tienen miedo de Lula los que quieren jugar a latinoamericanos en contra de latinoamericanos, para imponer sus intereses de tumbar a gobiernos y apropiarse de las riquezas de nuestros países, como han hecho durante tanto tiempo, hasta que nos uniéramos, proceso en que Lula tuvo un rol esencial. Tienen miedo de que volvamos a unirnos y a resistir en contra de sus garras imperiales.
Tienen miedo a Lula los que no quedan contentos, sino que se sienten amenazados cuando la gran mayoría de los brasileños, antes excluidos, han pasado a contar con derechos básicos. Tienen miedo los que creen que Brasil es suyo, que deben tratar a los que divergen como enemigos y no como adversarios, que deben ser eliminados.
Tienen miedo a Lula los que temen que el más importante líder político de la historia de Brasil, que la mejor persona con que los brasileños cuentan, pueda hablar y oir al pueblo de nuevo, pueda estar en medio de pueblo, pueda volver a estar en los brazos de los que quieren protegerlo, de los que se sienten protegidos por él.
El miedo a Lula es el miedo al pueblo, el miedo a la democracia, el miedo a un país digno y soberano. ¿Quién más puede temer de alguien que hizo el mejor gobierno que el país jamás tuvo? ¿Qué concluyó su mandato con 80 por ciento de referencias negativas en los medios, pero con 87 por ciento de apoyo?
¿Quién puede tener miedo de que Brasil vuelva a tener un gobierno como aquel? Tienen miedo a Lula los que promueven la destrucción del país, besando a la bandera estadunidense y prestando el continente a un dirigente del gobierno de Estados Unidos. Quien gobierna para los ricos, para los banqueros, para los intereses de otros países, a expensas de la miseria del pueblo brasileño, de la destrucción del país.
Por todo ello Lula es tan querido por la gran mayoría de los brasileños, que querían que él estuviera ahora comandando el proceso de reconstrucción de Brasil y no preso por los chacales armados hasta los dientes, portando distintivo de la Swap, como fue el caso del que aparecía en las fotos al lado de Lula.
Lula estuvo cercado todo el tiempo por ese tipo de gente, para impedir que el pueblo lo rescatara y le hiciera recuperar su libertad, o repusiera en su lugar de hombre libre, que hizo a los brasileños más libres y más solidarios. Del mejor ser humano que Brasil ha producido, que está detenido, mientras el peor de los brasileños, que debiera estar detenido, está usurpando la presidencia del país.
Ellos tienen miedo a Lula, con razón. Porque Lula libre representaría riesgos para sus privilegios, para sus engaños, para su oscurantismo, para sus prejuicios y su violencia.
El pueblo brasileño no tiene miedo a Lula. Al contrario, lo ama como la persona más importante de sus vidas. Y lo quiere de nuevo dirigiendo a Brasil.

La vida cotidiana en Venezuela, lejos de una crisis humanitaria

Sin precariedad, el populoso barrio 23 de enero

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▲ Absurdo hablar de crisis para quienes recuerdan la pobreza antes de Chávez, dicen habitantes del barrio 23 de Enero.Foto Luis Hernández
Enviado
Periódico La Jornada
Sábado 9 de febrero de 2019, p. 20
Caracas. Otra vez, la supuesta crisis humanitaria en Venezuela está en el centro del conflicto político. El día de ayer, desde un lado del cuadrilátero, Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Legislativa, mostró de qué lado masca la iguana y deslizó la posibilidad de una incursión militar en Venezuela, con el pretexto de brindar ayuda humanitaria. Y desde el otro, el presidente Nicolás Maduro denunció esa asistencia como un show para justificar una intervención extranjera en su país.
Entrevistado por la agencia Afp, Guaidó, quien con el auspicio de Washington se autoproclamó presidente encargado en un mitin, no descartó autorizar una intervención militar de Estados Unidos o una fuerza extranjera en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro.
Guaidó justificó la invasión con el argumento de que hará todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños o pacientes por falta de medicinas.
El conferencia de prensa, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, advirtió que su gobierno “no va a permitir el show de la ayuda humanitaria falsa, porque no somos mendigos de nadie” y emplazó a la comunidad internacional a desbloquear los casi 10 mil millones de dólares que fueron secuestrados al gobierno constitucional.
Afirmó que en Venezuela no existe ninguna crisis humanitaria y que ésta es fabricada desde Estados Unidos para justificar la invasión. Si quieren ayudar a Venezuela, liberen el dinero que nos tienen bloqueado. Es un juego macabro, reclamó.
“Les apretamos por el cuello y les hacemos pedir migajas, perdón. Les robamos el dinero y después les ofrecemos papel toilet, como le lanzó Donald Trump al pueblo de Puerto Rico.”
Añadió que, en caso de que Estados Unidos envíe soldados a la frontera colombiana, no caerá en provocaciones. “Ante la provocación, calma y cordura (…) Si vienen tropas estadounidenses a Colombia, que se queden en Colombia”, dijo. Pero –alertó– hay que cuidar a las mujeres y niñas colombianas de las violaciones de los soldados estadunidenses.
El país no es una Somalia latinoamericana
En las calles y en las casas de Caracas la vida sigue su curso. Al despuntar el alba, las autovías se congestionan con los vehículos de quienes se dirigen al trabajo. Sorteando automóviles, innumerables motociclistas avanzan imparables rumbo a su destino. En las horas pico, el Metro se atiborra de pasajeros.
En las calles del centro se ponen mercados sobre ruedas o tianguis a vender alimentos. En miles de escuelas públicas los niños reciben sus desayunos gratuitamente. Decenas de areperías y expendios de comida rápida, incluido McDonald’s, tienen sus puertas abiertas. Los elegantes restaurantes del barrio de Las Mercedes están llenos de comensales, que estacionan sus autos de lujo en las calles aledañas. Las plazas comerciales en áreas ricas en la zona este siguen siendo lugares de consumo, reunión y esparcimiento de las familias acomodadas.
Cada mes, por conducto de los más de 32 mil comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), se distribuyen toneladas de alimentos a los sectores populares a precios subsidiados. Su entrega no está condicionada a ninguna afiliación política. Los comités son una forma de organización popular que, junto al Ministerio de Alimentación, se encarga de entregar productos de primera necesidad casa por casa. Las familias tienen acceso por esta vía a arroz, lentejas, frijoles, aceite, atún, harina de maíz, azúcar y leche. Cerca de 11 mil CLAP reparten comida y artículos de higiene personal.
Esa realidad, no tiene nada que ver con la imagen de Venezuela como una Somalia latinoamericana o una réplica de Haití que los opositores al gobierno de Nicolás Maduro quieren difundir.
¿Hay crisis humanitaria en Venezuela como dice la oposición? No, ni remotamente la hay. Una crisis humanitaria es una situación de emergencia en que se ven amenazadas la vida, salud, seguridad o bienestar de una comunidad o grupo de personas en un país o región. Y en Venezuela la vida sigue su curso.
No hay nada que justifique lo quieren hacer la administración de Donald Trump y Juan Guiadó, una intervención humanitaria de otras naciones.
Pero que no haya crisis humanitaria no quiere decir que no existan problemas. Por supuesto que los hay. La hiperinflación devora los ingresos. Los precios están desfasados de los salarios. Hay dificultad en encontrar dinero en efectivo. Escasean medicinas. Hay desabasto de productos de higiene personal. Pero, simultáneamente, hay una red de protección social que amortigua en parte estas carencias.
Venezuela ha sido, desde hace décadas, un país petrolizado. La caída de los precios del oro negro desde 2014 ha sido veneno para sus finanzas. Y la guerra económica y el bloqueo han agravado la situación. El ataque contra la moneda local no cesa. Se han congelado e incautado activos financieros y cuentas de Venezuela en el sistema financiero estadunidense. Se han bloqueado las cuentas de la petrolera venezolana PDVSA.
La ofensiva económica comenzó a agravarse en marzo de 2015, cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, firmó un decreto ejecutivo que colocó a Venezuela como amenaza inusual y extraordinaria. Desde entonces la administración de Donald Trump no ha hecho más que endurecer las sanciones.
Pobreza, la de antes de Hugo Chávez
Para los millones de pobres que padecieron hambre, escasez y persecución antes del triunfo de Hugo Chávez, decir que hoy se vive una crisis humanitaria es, por lo menos, absurdo. En perspectiva, las dificultades que hoy viven, son apenas nada en comparación con la precariedad que vivieron hasta 1998.
Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar y poblador del barrio 23 de Enero, una emblemática urbanización popular al oeste de Caracas, en la que viven más de 77 mil personas, pone las cosas en su lugar.
“Para nosotros los pata de abajo –dice para La Jornada– hay que poner un punto de comparación. Durante más de 40 años, entre el 58 y el 98, habían 2 centros de salud en el 23 de Enero. Hoy, después de más de 20 años de proceso bolivariano, entre 98 y 2019, hay 35 ambulatorios nuevos, más los dos que estaban, además de tres centros de rehabilitación integral. Hoy, en cada rincón del país hay un ambulatorio.
“Así con la educación. Las escuelas que eran media mañana o media tarde, hoy están como escuelas de turno completo. Hay educación integral. Hay desayunos y almuerzos para los niños. En estos 20 años hay 42 nuevas universidades en el país.
“Ahí está la muestra de cómo ha ido cambiando para la gente. Antes, por hacer un mural o por pensar diferente, te perseguían en el barrio, te allanaban la casa, te torturaban. Hoy no se persigue a nadie ni se tortura a nadie en el barrio por pensar diferente.
“Así, poco a poco ha ido cambiando el 23 de Enero. Educación, salud, vivienda, educación, trabajo y recreación. Lo que necesita cualquier ser humano en cualquier parte del mundo para vivir bien. Muchos de nuestros muchachos tienen asegurado un trabajo. La vida en el barrio ha cambiado de la persecución que vivíamos en el pasado a como hoy: libremente se practica el deporte, se crean grupos culturales, se organiza, se participa. Tenemos cuatro radios comunitarias. Nuestra calidad de vida se ha elevado en estos 20 años.
“El servicio de agua es permanente. Antes había pelea, lucha. Hoy sigue habiendo mucha dificultad, pero no se mata ni se reprime a nadie cuando protesta por el agua.
Los que no teníamos rostro hemos insurgido. A todo esto le tienen miedo los gringos. Vienen por nuestras reservas energéticas. Hemos vivido aquí, a veces con molestia, a veces con dudas, pero tenemos dignidad y vamos a seguir adelante con nuestra revolución bolivariana.

Vicente Fox: Padre de la corrupción en el siglo XXI

ABC de la intervención .- monosapiens

Cartón de monosapiens

En Cuba no tenemos femicidios y eso es efecto de la Revolución

Lucía Álvarez
Mariela Castro es hija del primer mandatario cubano Raúl Castro y es también la principal promotora de la sanción de una ley de matrimonio igualitario para la isla. Desde el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX) que dirige hace 15 años impulsó una reforma en la ley de trabajo para quitar la “discriminación por orientación sexual” y fue responsable de una política efectiva para la prevención del VIH.
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En diálogo con Tiempo, Castro relató el proceso de cambio y precisó: “Hablamos de una ley de igualdad de oportunidades, porque la palabra matrimonio todavía genera muchas emociones.”
¿En qué consiste su modelo de educación sexual?
La sexualidad estuvo desde siempre marcada por relaciones de poder y por ideas, leyes, doctrinas basadas en esas relaciones. No siempre ha estado claro cómo cambiar ese modelo, ahora  por suerte lo está cada vez más. Nuestro enfoque de la educación sexual busca mostrar cómo se fue creando esa diferencia en detrimento de otras identidades de género y  sexuales.
¿La categoría clase social sigue siendo el principio ordenador?
No es la única, pero es clave. Porque no la pasa igual un hombre gay pobre, que uno rico; un transgénero migrante y uno blanco. En la formación que hacemos con activistas trabajamos esos entrecruzamientos y fomentamos la solidaridad. Por ejemplo, con los activistas LGBT trabajamos para que no centren en sí mismos, que no se sitúen como únicas víctimas, fomentamos que articule con otras causas justas y con toda la sociedad cubana. No tiene sentido aislarse, segregarse.
La Revolución era muy conservadora en estos temas, ¿cómo lograron transformar ese rasgo?
A mí me gusta hablar de este tema, no me resulta incómodo, al contrario, me permite explicar nuestro punto de vista y reconocer lo que hay que reconocer. Todo el mundo quería que la primera revolución de América Latina fuera perfecta. Pero no es posible. Los pueblos que quieran hacer revoluciones lo entenderán. No se puede saberlo todo, se cometen errores. Mi papá siempre me decía: “Fue un salto al abismo. Queríamos hacer justicia, pero no sabíamos cómo se hacía”.
No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente, porque no es lo mismo que ser revolucionario. Es una generación que ha hecho un gran esfuerzo, le merecemos un respeto que no podemos obviar. Porque lo nuevo y lo renovador cree que siempre tiene las mejores respuestas, pero las ideas biologicistas o patologizadoras también fueron vanguardia.
No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente,
porque no es lo mismo que ser revolucionario.
¿Este cambio implicó una renovación?
Claro. El día que la revolución deje de renovarse ya no va a ser una revolución. En estos temas se trabajaba para la renovación pero no se lograba porque no teníamos todas las herramientas, tuvimos que indagar, estudiar y reflexionar mucho.
¿Cuáles eran los principales obstáculos?
Los prejuicios que aprendimos de nuestros ancestros españoles, y africanos también, y que estaban en el mundo entero. Esos prejuicios no ayudaban a que se defina una política clara. Se proponían reflexiones, pero no propuestas.
¿Cuál es la situación de los derechos de las mujeres en la isla hoy?
La cosa buena es que las mujeres estamos organizadas, y eso da mucha fuerza. Hay muchas campañas, programas de televisión, de radio, espacios científicos. Se ha trabajado en el empoderamiento y hoy somos el tercer o cuarto país con mayor presencia de mujeres en el parlamento, hay mayor número de graduadas universitarias mujeres, hay paridad salarial desde 1959. Nosotros no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso sí es un efecto de la revolución.
¿Y la prostitución?
No la consideramos trabajo, porque en Cuba hay otras alternativas, pero al que se persigue es al proxeneta. Hay muchas cosas que inciden y hay que tratarlas cuidadosamente para no estigmatizar.
*Por Lucía Álvarez para Resumen Latinoamericano.

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