Alvaro Cepeda Neri Prólogo Político ¡Presidente Cárdenas… las mayorías nacionales presentes! Al proponer contrarreformar los Artículos 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, queda claro que el peñismo y el PAN, con el chuchismo perredista a punto de la traición, con todo y que se cobijen en la propuesta cardenista que encabeza Cuauhtémoc Cárdenas, quiere PRIVATIZAR no solamente la empresa paraestatal de Pemex, sino lo que resta de la riqueza natural del petróleo. Contratos para “compartir utilidades” es un camouflage. Quieren los peñistas que los capitales y empresas, más del extranjero que nativos, que hacen negocios con la exploración, extracción, comercialización del petróleo y sus derivados, sean propietarios de ese recurso natural que se agota. Y que más del 70 por ciento de la renta petrolera se vaya a la riqueza particular de los nuevos socios (mayoritarios) de Pemex que no son unas damas de la caridad. Van por todo, una vez que Peña y el PAN abran la puerta. En la suma y resta de la biografía de Lázaro Cárdenas del Río, su buen gobierno democrático sobresale. Su trabajo por los indígenas y empeño en proteger a los asalariados. Sus decisiones patrióticas e impulso al sindicalismo. Sus innovaciones institucionales para afianzar el gobierno federal y cumplir la Agenda de la Revolución, representaron el regreso a la paz social. Su defensa de la soberanía del Estado como estructura jurídica duramente conquistada, para hacer posibles los fines políticos de la Constitución de 1917 que, tras el triunfo revolucionario de 1910, reformó a la Constitución de 1957. Cárdenas fue el Juárez de nuestro tiempo y ambos tienen un saldo histórico a su favor por los beneficios que dieron a la Nación. Así, la Expropiación Petrolera de 1938, para quitar de encima de los trabajadores, del pueblo y del Estado a los depredadores que hicieron del petróleo un botín, Cárdenas completó la República Restaurada y cumplió con lo establecido en la Constitución de 1917. Ahora el peñismopanista quiere completar la contrarrevolución que han estado implantando desde Miguel Alemán, rematada por Fox y Calderón. Al proponer el reformismo al 27 y 28 constitucionales, busca devolver a los herederos de los empresarios de entonces, lo que la Nación, apoyando a Cárdenas, les expropió. Que los regímenes y el sindicalismo contrarios a la Expropiación hayan estado abusando de Pemex, hasta con la penetración de intereses privados y quitándole todas sus ganancias para otros menesteres, no significa que, en ofrenda al neoliberalismo peñista, quieran entregar la industria petrolera para iniciar su privatización. La mayoría de los mexicanos estamos en desacuerdo con la Contraexpropiación; y nos hacemos presentes para oponernos. Las contrarreformas constitucionales que están aprobadas por el Pacto… por Peña y han sido entregadas al Congreso, deben ser combatidas con la democracia directa, la del pueblo, convocada por la memoria de Lázaro Cárdenas. El conservadurismo neoliberal que quiere un gobierno capitalista, quiere saber si la Nación, en su mayoría, está en desacuerdo. Entonces: ¡Presidente Cárdenas… las mayorías nacionales presentes! cepedaneri@prodigy.net.mx |
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onfieso que no acabo de entender el problema del petróleo que, por lo visto, será discutido en estos días en el Congreso de la Unión, con base en un proyecto presidencial.
Aparentemente, se trata de permitir que empresas privadas –nacionales o extranjeras– puedan intervenir en la industria petrolera, supongo que con la capacidad de explorar, explotar y vender el producto, quedarse con el valor de la venta, y pienso que con la obligación consecuente de pagar al Estado una parte del valor del producto que, de acuerdo con el artículo 27 constitucional, es del dominio directo de la nación.
Habrá que leer los términos del proyecto de reforma constitucional para determinar si es o no contradictorio con lo establecido en la Constitución a partir de la expropiación petrolera que en su momento promovió el presidente Lázaro Cárdenas, con el pago de indemnizaciones a las diversas compañías que llevaban a cabo la tarea.
Me temo que se trata, simple y sencillamente, de autorizar que sociedades particulares, nacionales o extranjeras, lleven a cabo esas tareas que hasta ahora, en forma exclusiva, ha realizado Pemex.
Me pregunto, con curiosidad malsana, cuáles serán los procedimientos para determinar el volumen de la extracción y el valor de la venta, y si se establecerá algún mecanismo de control para que no haya engaños costosos y, en ese caso, cuales serán las medidas que podrán tomarse para exigir el exacto cumplimiento de las obligaciones asumidas por esas sociedades y, en su caso, ante qué organismo nacional o internacional.
En todo caso parece evidente que Pemex tendrá que crear un equipo de inspectores con claras facultades para si es preciso, ordenar la suspensión de los trabajos y el cumplimiento de las obligaciones que asuman los nuevos explotadores.
Es evidente que habrá que revisar el vigente contrato colectivo de trabajo para determinar si el nuevo sistema invade, como supongo, alguna facultad atribuida al sindicato, por ejemplo, en relación con la cláusula de exclusión que necesariamente se verá comprometida con la aparición de nuevos empresarios que ciertamente se verán en la necesidad de firmar los contratos colectivos que les impongan los sindicatos representativos de los trabajadores que contraten.
Es obvio que esta nueva situación afectará a las relaciones laborales establecidas antes con respecto a cada zona de trabajo actualmente vigente a cargo de Pemex, salvo que se pretenda que no ceda ningún campo de trabajo, lo que me parece difícil que pueda ocurrir.
Aquí se ponen de manifiesto diversos problemas que, me temo, no serán tan fáciles de resolver con el riesgo de que las nuevas empresas, seguramente las más importantes en el mundo internacional, presionen de todas las maneras posibles, con el apoyo de sus países de origen pudiendo generar, sin duda, conflictos internacionales.
Lo bueno de esto es que he vuelto a leer el artículo 27 constitucional que, se me había olvidado, es enormemente largo.
He sentido un poco la impresión de que estamos cancelando una parte importantísima de nuestra historia, que ha sido motivo de orgullo desde 1938, en el famoso 18 de marzo que dio fecha a la expropiación.
¿Qué hará el actual sindicato petrolero? Porque de lo que no cabe duda alguna es que tendrá que modificar su estructura de sindicato de empresa para convertirse en sindicato de industria, con todas las consecuencias que ello puede suponer.
Y si, como lo supongo, el Estado ha planeado ya su estrategia o se la han exigido los próximos concesionarios, el asunto se va a poner divertido.
