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viernes, 1 de agosto de 2014

Con ceremonia fúnebre, diputados del PRD lamentan extinción de Pemex y CFE


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(1 de agosto, 2014).- En medio de la discusión energética, legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) colocaron arreglos fúnebres de flores alrededor del busto de Lázaro Cárdenas del Río, en la sala de Ceremonias de San Lázaro, como parte de lo que calificaron un homenaje por haber decretado la expropiación petrolera en 1938, y una ceremonia fúnebre por la extinción de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Justo cuando la diputada del sol azteca, Aleida Alavez Ruiz pronunciaba su discurso contra el dictamen que incluye la Ley del Fondo Mexicano del Petróleo y la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos, un grupo de perredistas ingresó al pleno con la figura del expresidente, la cual colocó en una base con el logo del partido, y a su alrededor cerca de 50 arreglos de  gladiolas blancas y crisantemos.
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“Esto es la testificación de la muerte de dos empresas que han sido redituables para el país y que ahora se lo quieren llevar para negocio de unos cuantos”, exclamó la también vicepresidenta de la Mesa Directiva, para justificar la vistosa protesta, quien además expresó su tristeza por “hacerles la chamba” y darles quorum, sólo para que se les imponga un modelo “depredador”.
En su turno ante el pleno, Amalia García, calificó a Cárdenas del Río como el último padre de la patria en México, para luego entonar el himno nacional. Ésta acción fue secundada por sus compañeros de partido, quienes además subieron con una manta que rezaba: “”La gente decide, la consulta va 2015″.
De acuerdo a lo presupuestado, hoy se debatirán los dos últimos dictámenes referentes a las leyes secundarias de la reforma energética promovida por Enrique Peña Nieto, mismos que se refieren la generación y distribución de los ingresos por explotación de hidrocarburos.
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Fotos: El Financiero y El Informador

sábado, 24 de agosto de 2013

¡Presidente Cárdenas… las mayorías nacionales presentes!



Alvaro Cepeda Neri
Prólogo Político

¡Presidente Cárdenas… las mayorías nacionales presentes!
Al proponer contrarreformar los Artículos 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, queda claro que el peñismo y el PAN, con el chuchismo perredista a punto de la traición, con todo y que se cobijen en la propuesta cardenista que encabeza Cuauhtémoc Cárdenas, quiere PRIVATIZAR no solamente la empresa paraestatal de Pemex, sino lo que resta de la riqueza natural del petróleo. Contratos para “compartir utilidades” es un camouflage. Quieren los peñistas que los capitales y empresas, más del extranjero que nativos, que hacen negocios con la exploración, extracción, comercialización del petróleo y sus derivados, sean propietarios de ese recurso natural que se agota. Y que más del 70 por ciento de la renta petrolera se vaya a la riqueza particular de los nuevos socios (mayoritarios) de Pemex que no son unas damas de la caridad. Van por todo, una vez que Peña y el PAN abran la puerta.
En la suma y resta de la biografía de Lázaro Cárdenas del Río, su buen gobierno democrático sobresale. Su trabajo por los indígenas y empeño en proteger a los asalariados. Sus decisiones patrióticas e impulso al sindicalismo. Sus innovaciones institucionales para afianzar el gobierno federal y cumplir la Agenda de la Revolución, representaron el regreso a la paz social. Su defensa de la soberanía del Estado como estructura jurídica duramente conquistada, para hacer posibles los fines políticos de la Constitución de 1917 que, tras el triunfo revolucionario de 1910, reformó a la Constitución de 1957. Cárdenas fue el Juárez de nuestro tiempo y ambos tienen un saldo histórico a su favor por los beneficios que dieron a la Nación. Así, la Expropiación Petrolera de 1938, para quitar de encima de los trabajadores, del pueblo y del Estado a los depredadores que hicieron del petróleo un botín, Cárdenas completó la República Restaurada y cumplió con lo establecido en la Constitución de 1917.
Ahora el peñismopanista quiere completar la contrarrevolución que han estado implantando desde Miguel Alemán, rematada por Fox y Calderón. Al proponer el reformismo al 27 y 28 constitucionales, busca devolver a los herederos de los empresarios de entonces, lo que la Nación, apoyando a Cárdenas, les expropió. Que los regímenes y el sindicalismo contrarios a la Expropiación hayan estado abusando de Pemex, hasta con la penetración de intereses privados y quitándole todas sus ganancias para otros menesteres, no significa que, en ofrenda al neoliberalismo peñista, quieran entregar la industria petrolera para iniciar su privatización.
La mayoría de los mexicanos estamos en desacuerdo con la Contraexpropiación; y nos hacemos presentes para oponernos. Las contrarreformas constitucionales que están aprobadas por el Pacto… por Peña y han sido entregadas al Congreso, deben ser combatidas con la democracia directa, la del pueblo, convocada por la memoria de Lázaro Cárdenas. El conservadurismo neoliberal que quiere un gobierno capitalista, quiere saber si la Nación, en su mayoría, está en desacuerdo. Entonces: ¡Presidente Cárdenas… las mayorías nacionales presentes!
cepedaneri@prodigy.net.mx

lunes, 19 de agosto de 2013

Lázaro Cárdenas y Peña Nieto. Sanjuana Martínez


- agosto 19 de 2013 - 0:26

La utilización perniciosa que Enrique Peña Nieto está haciendo de la figura emblemática de Lázaro
Cárdenas, para justificar y consumar el robo del Siglo, con la privatización del petróleo, es absolutamente
vergonzosa y ofensiva.

Peña Nieto nos quiere hacer creer de manera cínica que, la reforma del artículo 27 incorpora la esencia
cardenista para proteger la riqueza nacional del petróleo de los mexicanos, pero miente y manipula de
manera escandalosa.

El ejecutivo quiere vender el petróleo a la iniciativa privada, según él bajo el concepto cardenista del
artículo 27: “Hoy, 75 años después de la expropiación petrolera, el país exige la misma decisión y
determinación de aquel entonces. Por eso, el espíritu de esta reforma recupera lo mejor de nuestro
pasado para conquistar el futuro”.

Lo que no nos cuenta el señor Peña sobre sus negras intenciones es que detrás de esta reforma se
esconde el verdadero propósito del expolio del petróleo: la reforma del artículo 28 de la Constitución
Mexicana, una reforma que pretende robar la exclusividad del Estado en el manejo de las áreas más
estratégicas de la industria petrolera.

Peña Nieto quiere empezar a repartir la única riqueza del pueblo, una riqueza esquilmada por la corrupción
endémica de funcionarios y sindicalistas. Para ello mentirá todo lo que sea necesario, engañará a la
opinión pública con todos los subterfugios, incluido el de la ideología cardenista en su reforma energética
para vender Pemex.

La imagen del inquilino de Los Pinos y los miembros de su gabinete babeando ante el suculento plato
multimillonario del petróleo, quedará para la historia. Para ello cuentan con las voraces compañías
extranjeras que pretenden desde hace décadas quedarse con la exploración y la explotación de los
yacimientos.

El gobierno peñanietista se prepara para entregar a sus socios el manejo de nuestras reservas. Nos
quiere convencer que la transformación de Pemex requiere de las compañías petroleras extranjeras para
la refinación y el desarrollo de la industria de la petroquímica.


Con su reforma energética incluso pretende dar a las trasnacionales donde tiene amigos y antiguos
compañeros, el almacenamiento y el transporte de nuestra industria petrolera, porque supuestamente los
mexicanos hemos sido incapaces de convertir a Pemex en una paraestatal exitosa.

La falacia más grande de su disque transformación, es que no toca el cáncer de Pemex: la corrupción.
Peña Nieto no ha tenido el valor de encarcelar al corrupto senador y líder petrolero Carlos Romero
Deschamps, a quien por cierto en pleno debate energético, el gobierno concedió aumentos y privilegios a
su sindicato para tenerlo contento, particularmente un incremento salarial del 3.99%, mientras los
dirigentes sindicales, comisionados y asesores obtuvieron un aumento del 13.4% en los apoyos diarios de
viáticos y transporte, además del sueldo.

Dejar a Romero Deschamps en la impunidad, al igual que a los funcionarios corruptos de Pemex y los
distintos gobiernos que casi han arruinado a la parestatal es francamente la mayor muestra del fracaso de
la reforma del señor Peña y la prueba irrefutable de que todo está sustentado en la mentira y la
simulación.

Por eso resulta inaceptable y ofensivo que el Ejecutivo intente compararse con Lázaro Cárdenas a quien
por ciento no le llega ni a los talones. Entre Peña y el general, existe afortunadamente un abismo de
diferencias.

Mientras que el general nunca permitió contratos de riesgo para manejar Pemex, Peña Nieto quiere
celebrar “contratos de utilidad compartida” con el sector privado para vender Pemex.

El general fue un auténtico estadista con visión de futuro, capaz de rescatar el ejercicio de la soberanía
nacional a través de su petróleo. La expropiación del 18 de marzo de 1938 fue su gran legado al pueblo de
México, un legado que ahora Peña Nieto pretende arrebatar a los ciudadanos en un auténtico robo en
descampada y a plena luz del día con cómplices de todos los grupos políticos.

A Enrique Peña Nieto se le olvida que los ciudadanos defenderemos el petróleo. La movilización de la
sociedad civil inicia desde ahora y el 8 de septiembre tendrá su máxima expresión.

El petróleo, señor Peña, no se toca, es de todos los mexicanos. No permitiremos que consuma el robo del
Siglo, no estamos dispuestos a permitir que lo venda. Todos asumi

domingo, 18 de agosto de 2013

Por el espíritu de Cárdenas hablará Peña Nieto


Arnaldo Córdova
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árdenas era un estadista y, como tal, tenía y sostuvo toda su vida una opinión reservada sobre los empresarios privados. Durante su gobierno tuvo continuos enfrentamientos con ellos y le mostraron los peores lados de su idiosincrasia: falta de convicciones sobre la función social de sus empresas, falta de compromiso con los más altos intereses de la nación y de su pueblo, el egoísmo de sus fines en sus actividades, su ausencia de interés en la solución de los problemas de las masas y, sobre todo, su voracidad insaciable, que ponía en permanente riesgo el bienestar de todos.
De sus convicciones nacionalistas nadie se ha atrevido a dudar hasta hoy. Pero ahora resulta que, con su iniciativa de reforma energética, Peña Nieto pretende convertirlo en adalid de la causa de los privados en el aprovechamiento de nuestros recursos naturales, en particular, energéticos. El presidente priísta se funda para ello en la Ley Reglamentaria del 27 constitucional de noviembre de 1940, que permitía, en su artículo 7, la celebración de contratos con los particulares para llevar a cabo por cuenta del gobierno federal trabajos de exploración y explotación del petróleo.
La iniciativa peñista, con toda la desvergüenza del mundo, afirma basarseen las ideas fundamentales de las reformas del presidente Cárdenas consecuentes con la expropiación petrolera de 1938 y, también, queretoma los fundamentos cardenistas y dará al país un mayor impulso para aprovechar sus recursos energéticos. La reforma, hay que decirlo de entrada, se reduce a redefinir lo que siempre ha sido un quebradero de cabeza para los privatizadores: los contratos con los privados y que ahora se les llama de utilidad compartida. En qué consistirán y qué alcance tendrán, no nos lo dice y ni siquiera se menciona en el texto propuesto para los artículos 27 y 28 de la Constitución.
En la exposición de motivos se exalta la eliminación de la prohibición de los contratos en el párrafo sexto del citado artículo 27 y se afirma que generará un marco constitucional idóneo para que, conforme más convenga a los intereses de la nación, el Estado pueda aprovechar las aportaciones de terceros para complementar a sus organismos, como lo es Petróleos Mexicanos, a través de contratos eficientes que alineen los incentivos de los contratistas con los del Estado, en las actividades inherentes a la explotación y extracción de dichos recursos, tal y como lo marcaban el espíritu y letra de las reformas realizadas por el presidente Lázaro Cárdenas.
Para Peña Nieto y quienes le hicieron la iniciativa, Cárdenas es un verdadero apóstol de la privatización, que brama por la participación de los empresarios en la explotación de nuestros recursos naturales. Sólo que Cárdenas no creía en la eficacia de los privados. Pensaba, ni duda cabe y eso nunca se ha ocultado, que haría falta que la empresa nacional recibiera el concurso de los particulares, porque tenían dinero y el dinero siempre es escaso. Pero ni por asomo pensaba que toda clase de privados pudiesen con la tarea.
Fue por eso que, en el artículo 9 de la citada Ley Reglamentaria del 27, se estableció: Los contratos de que hablan los artículos anteriores, sólo podrán celebrarse con nacionales o con sociedades constituidas íntegramente por mexicanos. No podrán concertarse en ningún caso con sociedades anónimas que emitan acciones al portador. Peña Nieto y sus contlapaches se han cansado de aclarar que quieren a todos los particulares, nacionales y extranjeros y que no les asusta que las grandes transnacionales participen en el negocio de los energéticos. Lázaro Cárdenas volvería a morirse si reviviera por un instante.
Pueden revisarse los documentos constitucionales y legales sobre la materia y podrá constatarse que los contratos a los que se hace referencia hasta antes de los cincuenta son simplemente contratos civiles por obra o servicio determinados. Nunca, hasta que llegó Miguel Alemán, se pensó en contratos que encerraran una cesión o un compartir el producto o la renta de los energéticos. La reforma de 1960 al párrafo sexto del 27 se refiere, justamente, a ese tipo de contratos que enmascaran verdaderas formas de concesión de los recursos. Los contratos que propone Peña Nieto no están definidos en ninguna parte de su iniciativa. No sabremos, por tanto, en qué consisten hasta que se emita la ley reglamentaria.
En el texto de reforma del multicitado 27 se elimina el enunciado de quetratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de los minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado. Sólo se dejan los minerales radioactivos, con lo que se abre la puerta para que en la ley secundaria, incluso, se pueda establecer que también se otorgarán concesiones en materia de hidrocarburos. Los priístas dicen que eso no está en sus planes. En todo caso la posibilidad queda abierta.
En lo tocante a la electricidad, se reforma el 27 para permitir a los privados producir y vender energía eléctrica, la cual podrán trasladar a la red distribuidora del Estado mediante contratos de la misma especie. Eso sí, el sistema eléctrico nacional quedará en manos del Estado. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) pasará, en la lógica que plantea la reforma, a ser un ente cada vez menos productor para convertirse en un contratista con los privados. Una ligera modificación al artículo 28 constitucional consiste en eliminar la definición de los sectores estratégicos para permitir que, como ejemplo señero, la petroquímica básica pase a ser campo de competencia con los privados.
La tirada, como puede verse, es convertir los contratos de utilidad compartida, que siguen siendo un misterio, en la palanca que permita, en los hechos, entregar nuestros recursos energéticos a los privados, hacerles auténticas concesiones de los mismos y convertir Pemex y la CFE en simples administradores de contratos. Nada más lejos de los ideales del presidente Lázaro Cárdenas. Él, en efecto, quería que los particulares pusieran su dinero en la explotación y distribución de los hidrocarburos, pero veía como una soberana idiotez entregárselos sin más y, menos aún, si eran extranjeros.
La reforma propuesta por Peña Nieto es miserable en extremo, tanto por sus muy limitados objetivos, tal y como están expresados, como por su argumentación jurídico-constitucional. En realidad, no es más que una pequeña trama de nimiedades que descarga en la futura ley reglamentaria las verdaderas sorpresas. Tal vez su esperanza haya sido que las diferentes fuerzas políticas y sociales interesadas en el tema no ofrezcan mayores resistencias y la verdadera batalla, más fácil de darse porque se librará tan sólo en el ámbito legislativo, venga precisamente cuando se emita la ley secundaria.
Es obvio que sólo la movilización social podrá parar la conjura. Las diferentes fuerzas políticas están demasiado domesticadas y comprometidas con la oligarquía gobernante como para que pudieran constituirse en un valladar a los intentos reaccionarios y desnacionalizadores.

viernes, 16 de agosto de 2013

Falaz y ofensivo que Peña use el nombre de mi padre: Cárdenas


El excandidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas. Foto: Miguel Dimayuga
El excandidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas.
Foto: Miguel Dimayuga
MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).- El fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, reprobó que el presidente Enrique Peña Nieto haya utilizado a su padre, Lázaro Cárdenas del Río, para defender su iniciativa de reforma energética.
“Resulta falaz y ofensiva la utilización que el gobierno está haciendo de la figura de Lázaro Cárdenas para justificar e impulsar ante el pueblo de México su antipatriótica y entreguista propuesta de reforma energética”, escribió en un artículo publicado este viernes en el periódico La Jornada.
“La lucha principal de Lázaro Cárdenas fue por el rescate y pleno ejercicio de la soberanía de la nación y su desarrollo independiente. Ese fue el objetivo de fondo de la expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938 y de su firme oposición posterior al otorgamiento de contratos de riesgo. La iniciativa oficial va justamente en sentido contrario”, censura el exjefe de gobierno del Distrito Federal.
Cárdenas advierte que, de aprobarse la iniciativa de reforma energética, el país perdería exclusividad en el manejo de áreas estratégicas de la industria, desde exploración y explotación de yacimientos, hasta refinación y petroquímica.

miércoles, 14 de agosto de 2013

“Una posible respuesta a la propuesta energética”, carta de Navarrete

En una carta, el embajador de carrera de México en varios países y en la ONU Jorge Eduardo Navarrete propone que la iniciativa debe replantearse: se devuelva al Ejecutivo o quede congelada hasta que haya una versión más profunda de la reforma al sector.
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(Foto: Archivo/ Cuartoscuro)
Jorge Eduardo Navarrete,  embajador de carrera de México en diversos países y misiones de la ONU, envió una carta en la que formula una posible respuesta sobre el futuro de la reforma energética, una vez que el presidente Enrique Peña Nieto presentó la iniciativa.
El texto destaca la excesiva presencia del ex presidente Lázaro Cárdenas y el doble lenguaje del discurso presidencial en el acto del pasado lunes en la residencia oficial de Los Pinos.
A continuación, la transcripción íntegra de la misiva:
“¿Qué sigue para la propuesta de Peña Nieto?” se pregunta esta mañana la redacción de Aristegui Noticias. Responde enumerando una secuencia legislativa aún no definida, que incluye el tránsito por comisiones y otras formalidades. Más allá del procedimiento formal, pienso que, en lo sustantivo, lo que debería seguir es que la iniciativa se devolviese al Ejecutivo, o se mantuviese congelada, en tanto no se complete mínimamente. En materia de petróleo y otros carburos de hidrógeno, el complemento mínimo, indispensable—sin el cual la inciativa de reforma constitucional no se entiende o significa poco—es la iniciativa de Ley Reglamentaria.
Si algo caracteriza a la iniciativa es su proclamada obsesión cardenista: el nombre del presidente expropiador aparece dieciocho veces en las 29 páginas del texto. Se retoma en parte el texto del artículo 27 constitucional aprobado hacia el final de su gobierno. De hecho, se le copia “palabra por palabra” como si una transcripción mecánica fuese garantía de algo. ¿Por qué no se reprodujo también la parte relevante de la carta de Cárdenas a Reyes Heroles de 30 de marzo de 1968, recientemente citada por el ingeniero Cárdenas Solórzano?
Con la reforma constitucional de noviembre de 1940, mes previo a la conclusión de su mandato, don Lázaro quiso dejar establecida la prohibición de las concesiones en materia petrolera. No pudo evitar que, al año siguiente, al expedir la Ley Reglamentaria, no se respetara el espíritu nacionalista que había inspirado a la reforma constitucional aprobada dentro de su ejercicio de la Presidencia—como él mismo.
Llama la atención que la figura de “contratos de utilidad compartida”, central en el discurso, no aparezca en el texto de la iniciativa ni de la exposición de motivos. El único calificativo que se usa es “eficientes”. ¿Por qué este doble lenguaje? En estas condiciones, lo que debe seguir a la iniciativa de 12 de agosto es esperar a que se complete. Sería imprudente, por decir lo menos, otorgar la carta blanca de una reforma constitucional sin saber, bien a bien, qué sigue.

Niega Gamboa -el lacayo de Kamel Nacif- mal uso de la memoria de Lázaro Cárdenas

La Permanente da entrada hoy a la iniciativa; la del PRD, el lunes
Emilio Gamboa no patea la teta materna
Dictaminaremos sin prisa: PRI; insiste el PAN enir más allá
Andrea Becerril, Víctor Ballinas, Elizabeth Velasco y Georgina Saldierna
 
Periódico La Jornada
Miércoles 14 de agosto de 2013, p. 3
La Comisión Permanente del Congreso dará entrada hoy y turnará a comisiones la iniciativa de reforma energética del presidente Enrique Peña Nieto, entre reclamos del PAN, que considera superior su propuesta y exige que el PRI acepte ir más allá en la apertura al capital privado que permita concesionar a trasnacionales la explotación de los recursos petroleros.
El presidente del PRD, Jesús Zambrano, reiteró que no avalarán una reforma constitucional y anunció que su partido presentará su propuesta el próximo lunes. En tanto, el dirigente del PAN, Gustavo Madero, dijo que la iniciativa de Peña Nieto es tímida y elusiva, una copia de la que presentó el general Lázaro Cárdenas en 1940.
Por su parte, el coordinador de los senadores del PRI, Emilio Gamboa, advirtió que dictaminarán sin prisas la iniciativa, pero tampoco la vamos a dejar ahí reposar; mientras que el ex coordinador del PAN Ernesto Cordero advirtió que pugnarán por que se modifique el artículo 27 constitucional más allá de lo propuesto en la iniciativa de Peña Nieto.
Insistió en que la propuesta del Ejecutivo federal se quedó a medias y dijo que en lugar de los contratos de riesgo que propone, debe optarse por la concesión a empresas privadas de la exploración y explotación petrolera, incluida en la iniciativa del PAN.
Cordero sostuvo que se requiere una reforma energética profunda, como la que presentó el PAN, en la que, a diferencia del proyecto de Peña Nieto, se da certidumbre a las empresas privadas para generar la inversión y los empleos que se necesitan. Aseguró que concesionar los recursos energéticos no significa entregar la renta petrolera a trasnacionales, como ha ocurrido con la minería.
Afirmó que las corporaciones privadas deberán pagar los mismos derechos e impuestos que paga ahora Pemex al Estado mexicano, y destacó que la reforma de Peña no toca al sindicato petrolero, mientras la del PAN le quita los espacios de privilegio que tiene en la toma de decisiones en Pemex.
Cordero insistió en que para el PAN, primero debe aprobarse la reforma política y luego la energética, aunque se negó a precisar hasta dónde llevarán ese condicionamiento.
Gustavo Madero acusó a Peña Nieto de haber copiado textualmente la iniciativa del ex presidente Lázaro Cárdenas de 1940, por lo que transmite su propuesta energética con temor y con una visión defensiva. Está queriéndose curar en salud y ampararse con la visión del nacionalismo revolucionario.
En entrevista aparte, Emilio Gamboa expuso que sabía que la primera respuesta del PAN, a botepronto, sería que nos quedamos cortos en la apertura que ellos quieren; sin embargo, para eso están las comisiones correspondientes. Además, rechazó que Peña Nieto haya hecho mal uso de la memoria de Lázaro Cárdenas al sostener que su propuesta se basa en los principios del presidente que decretó la expropiación petrolera.
Los diputados perredistas Silvano Aureoles y Alonso Raya criticaron la manipulación de la imagen del general Lázaro Cárdenas para tratar desensibilizar a la población sobre una reforma constitucional que busca entregar la renta petrolera a grupos privados del país y del extranjero.
A su vez, Jesús Zambrano aseguró que no es verdad que la iniciativa gubernamental retome el espíritu cardenista y acusó al gobierno de pretender engañar con el señalamiento de que el general Lázaro Cárdenas buscaba la participación de particulares en la producción de hidrocarburos.
Manifestó la necesidad de discutir el tema con mucha responsabilidad para aprobar una reforma que sirva al país y no sólo a unos cuantos empresarios o trasnacionales.
En conferencia de prensa en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Aureoles reiteró que promoverá el debate y la argumentación contra la privatización energética en las cámaras de Diputados y de Senadores, con el propósito de acercar las posiciones, fundamentalmente con el PRI, pues la del PAN está rezagada y quiere entregar a manos llenas el sector energético al sector privado.

El general Lázaro Cárdenas no es Golden Boy


Peña durante la presentación de la reforma energética. Foto: Octavio Gómez
Peña durante la presentación de la reforma energética.
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F. (apro).- Seguramente asesorados por sus mercadólogos de Televisa y del Palacio de Hierro, el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió “vender” su iniciativa de reforma energética escudándose en la principal figura histórica de la expropiación petrolera: el general Lázaro Cárdenas.
Como aquí mismo pronosticamos, se trataba no sólo de “expropiar” la figura del constructor del Estado nacionalista –ese mismo que tanto escozor le ha causado a los egresados de Harvard, Yale y los institutos mexicanos promotores del libre mercado– sino de convertirlo prácticamente en el aval de la privatización del régimen petrolero en México.
La maniobra resulta grotesca, en tanto es mayor la insistencia. Peña Nieto, caracterizado como vendedor de ilusiones, insistió en que la reforma que propone a los artículos 27 y 28 constitucionales, así como la incorporación de la figura de los “contratos de utilidad compartida”, recupera el “texto original” de la ley secundaria al 27 que promulgó el general Lázaro Cárdenas en 1940, poco antes de terminar su sexenio y tras dos años de intensa batalla con las 17 compañías petroleras que fueron expropiadas en marzo de 1938.
La utilización de la figura del general Cárdenas coloca el debate no sólo en términos de viabilidad económica, de constitucionalidad, también en los de manipulación mediática e histórica.
El propio ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quizá el más autorizado para avalar las palabras de su propio padre, advirtió en una carta publicada en La Jornada,el jueves 8, que la posición del general frente a los contratos de riesgo en la industria petrolera quedó muy clara cuando apoyó la prohibición de los mismos en 1960, justo cuando Jesús Reyes Heroles, el grande, fue director de Pemex.
Sin embargo, los peñistas prefirieron dar el salto mortal para utilizar la figura del fundador del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) para avalar una reforma que ni siquiera ha contado con el apoyo de sus principales promotores: las grandes compañías petroleras internacionales.
El mismo The Wall Street Journal, termómetro mediático de la British Petroleum, Chevron Corp, Exxon-Mobil, y Royal Dutch, lo editorializó así en su nota de este 13 de agosto:
“El proyecto de reforma, que parece estar bien posicionado para recibir la aprobación del Congreso y podría provocar una tormenta entre algunos políticos nacionalistas, representa un punto de inflexión para un país que fue el primer gran productor en nacionalizar su industria petrolera en 1938, una decisión que en las décadas siguientes imitaron otras naciones en desarrollo”.
Obviamente, este punto de inflexión pretende “vender” la percepción de que es una continuidad del proyecto de Lázaro Cárdenas. Basta releer el discurso original del general, del 18 de marzo de 1938, para entender que el presidente de origen michoacano no tenía nada qué ver con los Golden Boy de Peña Nieto.
El discurso de Cárdenas es una de las grandes piezas de explicación jurídica, histórica, social y política para anunciar el decreto de Ley Expropiatoria a las 17 compañías petroleras extranjeras. No es un discurso ideológico sino programático. No descalifica, sino describe la situación. Hace un recuento pormenorizado del conflicto que detonó en 1934, a raíz de la huelga de trabajadores de la compañía El Aguila SA, de la mediación que ejerció su gobierno entre 1935 y 1937 para evitar la expropiación. Cárdenas aclara que las compañías petroleras no quisieron pagar 26 millones 332 mil 756 pesos por prestaciones a sus trabajadores. “Fue imposible el arreglo”, sentenció.
En la parte final y más importante del discurso de expropiación petrolera, el general Cárdenas hace un contraste claro entre la codicia de las compañías extranjeras y su mezquindad para invertir siquiera en un hospital, en una escuela, en un centro social en las comunidades o “en una planta de luz, aunque fuera a base de los muchos millones de metros cúbicos del gas que desperdician las explotaciones”. Justo lo contrario de lo que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quiere vendernos como tabla de salvación: que la iniciativa privada va a “salvar” a Pemex de la quiebra y al país del atraso petrolero.
“Las compañías petroleras han gozado durante muchos años, los más de su existencia, de grandes privilegios para su desarrollo y expansión”, advirtió Cárdenas. “Unidas a la prodigiosa potencialidad de los mantos petrolíferos que la nación les concesionó, muchas veces contra su voluntad y contra el derecho público”, reflexionó.
“Riqueza potencial de la nación; trabajo nativo pagado con exiguos salarios; exención de impuestos; privilegios económicos y tolerancia gubernamental, son los factores del auge de la industria del petróleo en México”, describió el general Cárdenas.
Y se preguntó para analizar si tal riqueza le ha compensado a la nación:
“¿En cuántos de los pueblos cercanos a las explotaciones petroleras hay un hospital; una escuela o un centro social; o una planta de luz, aunque fuera a base de los muchos millones de metros cúbicos del gas que desperdician de las explotaciones?
“¿En cuál centro de actividad petrolífera, en cambio, no existe una policía privada, y algunas veces ilegales? Hay muchas historias de atropellos, de abusos y de asesinatos…
“Han tenido dinero para armas y municiones para la rebelión”, recordó el general. Y citó los casos de las rebeliones en la Huasteca veracruzana y en el Istmo que alentaron las compañías petroleras entre 1917 y 1920.
“Han tenido dinero para la prensa antipatriótica que las defiende. Dinero para enriquecer a sus incondicionales defensores”, sentenció.
El general Cárdenas tenía muy claro quiénes eran las compañías petroleras privadas internacionales y nacionales. No eran hermanas de la caridad y mucho menos de quienes podía depender la soberanía energética de México.
Eso sí lo tuvo siempre muy claro. Pero eso no conviene mencionarlo en el spotde Peña Nieto sobre su proyecto petrolero.
Comentarios: www.homozapping.com.mx
Twitter: @JenaroVillamil

martes, 13 de agosto de 2013

Peña miente señalan historiadores


Opiniones,Opiniones mexicanas —  Administrador Regeneración @ 6:00 pm


Insulto palabra por palabra
Por Halina Gutiérrez Mariscal, Luis Fernando Granados y Fernando Pérez Montesinos
Lázaro Cárdenas Que quieran privatizar la industria de los hidrocarburos es una cosa. Hace tiempo que es evidente para quien quiera ver y escuchar las palabras de los ideólogos del régimen que reforma es un eufemismo para decir “privatización”. Pero que mientan para convencernos de su propósito es un asunto enteramente distinto, pues la mentira es un insulto a nuestra inteligencia. Un insulto. Quizá lo único bueno es que la mentira también ha revelado una vez más la insuficiencia del argumento privatizador y hace manifiesta una actitud culposa por parte de sus abogados.
Ayer, a la hora de presentar su “reforma energética”, Enrique Peña Nieto mintió con todos los dientes. No es que haya dicho una verdad a medias o que haya interpretado los hechos según su interés político. No. Simple y sencillamente intentó engañarnos. Al menos respecto de un punto que él mismo considera importante. Para curarse en salud de la acusación de ser contrario al espíritu cardenista, en su discurso dijo que su propuesta de reforma constitucional “retoma palabra por palabra el artículo 27 del general Lázaro Cárdenas” (aquí está el discurso completo). Esto es falso. Falso de toda falsedad. Porque no existe tal cosa como el artículo 27 “de” Lázaro Cárdenas. Y porque en ningún momento en la segunda mitad de los años treinta la constitución contempló el tipo de contratos que Enrique Peña Nieto acaba de proponer.
Conquistar el pasado
Entre 1934 y 1940, el artículo 27 de la constitución fue reformado una sola vez: al año siguiente de la expropiación petrolera (al menos, de acuerdo con la cámara de diputados). Obviamente, esa reforma es la única con la que podría relacionarse la afirmación de Peña Nieto. Ocurre, sin embargo, que la reforma de noviembre de 1939 —que no obstante entró en vigor apenas en noviembre de 1940— sólo se propuso suprimir el régimen de concesiones, hasta entonces el mecanismo preferido para regular la relación entre la ley y el orden económico existente (aquélla afirmando que todos los recursos naturales son propiedad de la nación, éste impulsando la commodification de las relaciones sociales). Ni la iniciativa de Cárdenas ni el texto constitucional reformado hablan de contratos (aquí el texto de la iniciativa y aquí el decreto). Ni una palabra. Al contrario, lo que entonces se estableció es que Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, no se expedirán concesiones y la ley reglamentaria respectiva determinará la forma en que la nación llevará a cabo las explotaciones de esos productos.
Con todo, Enrique Peña Nieto no es un mitómano vulgar. Su mentira no es mera fabulación, sino alteración interesada de los hechos. Empíricamente, consiste en “elevar a rango constitucional” una de las disposiciones de la ley reglamentaria del artículo 27, aprobada por el congreso en noviembre de 1940, semanas antes de que Cárdenas dejara la presidencia. En efecto, el artículo 7 de la ley creó la posibilidad de “establecer contratos con los particulares, a fin que estos lleven a cabo, por cuenta del gobierno federal, los trabajos de exploración y explotación, ya sea mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje de los productos que se obtengan” (aquí está el documento). Como el viraje antiestatista de la ley se corresponde con la extraña manera en que Cárdenas terminó su mandato —cediendo a la presión de la derecha dentro y fuera del gobierno para garantizar la continuidad del régimen—, simbólicamente el engaño se basa en suponer que la política cardenista fue siempre la misma y que fue además de una coherencia absoluta; esto es, parecería que Peña Nieto sólo es capaz de percibir al señor cuyo retrato aparece en los billetes de cien pesos.
Con todo, en la invocación fraudulenta del Cárdenas del 18 de marzo cabe ver una suerte de derrota cultural de quienes, como Peña Nieto, llevan años insistiendo en que el único modo de solucionar la crisis de la industria petrolera es abrirla al mercado (lo mismo da si mucho o poquito). Porque, por supuesto, la premisa del engaño, el elemento que la hace posible, es una convicción social, recogida incluso por las encuestas de opinión, acerca del sentido de la expropiación petrolera y la creación de Pemex, que hasta ahora parece no haber sido afectada por la propaganda gubernamental. En ese sentido, la mentira clara y distinta de Peña Nieto no es más que una nueva evidencia de que el petróleo es de todos no por obra y gracia de un general michoacano sino por la voluntad de millones de personas —millones que ayer fuimos insultadas por el presidente de la república.

viernes, 9 de agosto de 2013

Lázaro Cárdenas y la reforma energética

Cuauhtémoc Cárdenas
E
stamos a unos días, por no decir a unas horas, de que se anuncie la propuesta del gobierno de la República sobre las reformas en materia energética. En los últimos días, desde el lado oficial se han multiplicado las expresiones que la reforma, que ya pronto se dará a conocer, se corresponde con los cambios introducidos en la legislación petrolera a raíz de la expropiación, esto es, en los últimos meses de la administración de Lázaro Cárdenas en 1940.
El pensamiento y las posiciones de Lázaro Cárdenas en materia de política petrolera, como en otros temas que tuvo siempre presentes (la reforma agraria, la libertad de los presos políticos, la defensa de la soberanía y la autodeterminación, y la paz) no fueron estáticos de diciembre de 1940, en que concluyó su gobierno, hasta el 19 de octubre de 1970, día en que falleció. Así, cuando consideraba que debía hacer manifestación pública sobre alguna cuestión, de acuerdo o en desacuerdo con la administración en turno, siempre lo hizo, y no recuerdo que en relación a los cambios en las políticas petroleras que se efectuaron en los 30 años que vivió como ex presidente, se haya expresado contrario a cualquiera de ellas.
Quisiera, en relación con estas ideas, transcribir lo esencial del contenido de una carta que Lázaro Cárdenas dirigiera a Jesús Reyes Heroles, fechada el 30 de marzo de 1968 ( Epistolario de Lázaro Cárdenas. Siglo XXI Editores. 1974. Páginas 91 a 93), que dice:
“Me considero impulsado a expresar a usted mi solidaridad ante las explicables, aunque injustificadas críticas que representativos del sector empresarial han publicado en relación a su importante informe del 18 de los corrientes, y en particular sobre las tesis por usted sustentadas respecto a los tradicionales inconformes con las crecientes actividades económicas de los estados republicanos modernos (...)
“A la vez, expreso a usted mi firme simpatía personal por la conceptuosa y firme defensa que hizo en su informe de las atribuciones públicas del gobierno revolucionario, en relación a las responsabilidades del sector privado empresarial.
“La interdependencia de las relaciones sociales explica que es sólo un espejismo creer en la existencia autónoma de los capitalistas privados, que no son los únicos inventores de la ciencia y la técnica contemporáneas. Además, dadas las tendencias acumulativas de los grandes capitales privados y sus correlaciones con los monopolios internacionales, está en su origen y esencia acaparar y explotar riquezas naturales de los territorios ajenos, sobre todo de los recursos no renovables, agotándolas a la par que la fuerza humana de trabajo, logrando con ello cuantiosas utilidades. Más aún, al amparo de concesiones y privilegios, se forman estatutos de excepción extraterritorial violatorios de la soberanía. Es del dominio público que los consorcios petroleros han ejercido incentivos y presiones para desviar a la industria nacionalizada de sus objetivos iniciales e intrínsecos, al grado de que su economía ha sufrido la carga de compensaciones infladas, como las de la compañía El Águila, SA, que a su exagerada cuantía se agregó la del pago en moneda extranjera. No es inoportuno anotar que el espíritu nacionalista de la expropiación de 1938 y de la Reforma Constitucional de 9 de noviembre de 1940, no se respetaron plenamente: los contratos de exploración y explotación permitidos por la Ley Reglamentaria de 1941, se concedieron con participación en la producción del petróleo a empresas nacionales y extranjeras (afortunadamente ya se cancelaron los 18 contratos). El institucional reconocimiento de las concesiones confirmatorias facilitó indemnizaciones indebidamente autorizadas por la Ley Reglamentaria de 1958, mediante convenios privados sobre compensaciones a superficiarios, con la agravante circunstancia de que en las indemnizaciones se llegó a valorizar la potencialidad del subsuelo petrolífero, reivindicado por México desde la vigencia del artículo 27 constitucional.
“Muy certeras sus palabras del informe, de que ‘los hombres del gobierno son servidores y no negociantes. Deben convencerse que las tareas administrativas y la acción política se dirigen al servicio de la sociedad’ y de que ‘no dejemos por descuido, apetito o complicidad, que se transformen en utilidades individuales, que son utilidades de la nación’.
“Por lo anterior aplaudo tanto al criterio presidencial, que ‘señaló la conveniencia de sustituir la rentabilidad máxima de cada empresa, por la noción de la mayor eficacia global de las inversiones con fines sociales’, como a sus conceptos sobre que ‘la orientación fundamental de nuestra economía mixta consiste en el desarrollo por y para la independencia nacional, el bienestar social, las libertades espirituales y el perfeccionamiento democrático’ y de que se deben ‘de determinar las grandes directivas acordes con los fines perseguidos y lograr que los sectores público, social y privado de México actúen de conformidad con ellas’, dejando el sector privado de despilfarrar sus utilidades, eludir impuestos, evadir la legislación social, presionar la unidad laboral con sindicatos blancos y sin operar como mandaderos del capital extranjero.
“Esta advertencia de usted recoge el sentir general ante la creciente competencia del capital inversionista extranjero, que está minando nuestra autonomía económica al obtener máximos beneficios. Es tan peligrosa esta situación que los extranjeros ya se han apoderado del 60 por ciento de la industria de transformación desplazando a empresarios mexicanos y ocasionando que el comercio de exportación sufra las arbitrarias bajas de precios, en cambio de las alzas de los valores de importación.
Estoy seguro que seguirá usted con integridad doctrinaria y dinámica infatigable los postulados de la nacionalización de la industria petrolera mexicana, y que continuará superándola, mediante las reformas legales y administrativas conducentes, ya que esta industria no es únicamente factor básico del desarrollo de la industria nacional, sino de la autonomía económica y política del país (...).
En fin, creo que resulta oportuno reflexionar sobre lo que expresara Lázaro Cárdenas 30 años después de la expropiación.
Subrayado de C. Cárdenas

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