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domingo, 23 de junio de 2013

Otro "coscorrón" a @JesusOrtegam #ChuchoTraidor

Más sobre Anticipó los riesgos De Pedro José Peñaloza

Señor director:

Me permito hacer dos precisiones a la amplia misiva de Jesús Ortega, publicada en Proceso 1911, en torno a la nota titulada Anticipó los riesgos, que se difundió en la edición número 1909 de este semanario. Asimismo, deseo hacer un comentario a lo expresado por Jenaro Villamil en su contrarréplica. Lo hago como un activo participante en algunos hechos a los que se refiere el dirigente perredista.
Por cierto, llama la atención que Jesús Ortega profese rigor histórico y se le hayan “olvidado” algunos hechos y circunstancias. Veamos:
1.- En uno de los párrafos escribe textualmente: “… en pleno proceso de división y yo representaba –junto con otros compañeros– la parte disonante de Aguilar Talamantes. Disputábamos contra éste, el registro del PST y Jorge Alcocer, representante del PSUM y Leonardo Valdés Zurita representante del PMT defendieron el que la disidencia de Aguilar Talamantes mantuviera la representación legal del partido”. Así, con esa construcción literaria.
En fin, como Ortega no explica de qué eran “representantes” Alcocer y Valdés, recordemos que lo eran de la Comisión Federal Electoral (CFE), sí, aquella que presidía Manuel Bartlett y en la cual yo fungía como representante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
La versión de Ortega en torno a los defensores de la disidencia pesetista es por lo menos parcial. Un poco de memoria no estorba. A petición expresa de Ortega y de Graco Ramírez, quienes concurrieron a las oficinas del PRT para entrevistarse con una comisión del Buró Político, se acordó defender sus demandas en la CFE.
Y así fue. En apego a dicho compromiso, expuse en la sesión los puntos sugeridos por Ortega y Graco. El representante oficial del PST era Pedro Etienne, quien, a su estilo, defendió a Rafael Aguilar Talamantes, despotricó contra Ortega y Graco. Polemizamos y punto. No hubo más. Después de este episodio no se dio ninguna muestra de cortesía de Ortega y Graco por nuestra solidaridad.
2.- En otro párrafo de su carta, Ortega se pregunta: “¿alguien, a principios del siglo XXI, pretende encontrar un partido de izquierda con pensamiento uniformado…?”. ¡Caramba! Otra vez la desmemoria e inconsistencia de Ortega. Desde la fundación del PRD, Ortega y otros estuvieron sometidos a “un profeta cuyo evangelio era ley indiscutible” (frase de Jesús Ortega), es decir, el presidente del partido del sol azteca, Cuauhtémoc Cárdenas.
Ortega y correligionarios nunca plantearon una sola crítica a la conducción unipersonal de Cárdenas. Al contrario, eran incondicionales, junto con otros, a sus dictados. Ahora, Ortega admite que su corriente, autodenominada Nueva Izquierda, fue constituida “8 años después de la formación del PRD”. Esperaron un tiempo “razonable” para ser críticos de un partido de origen caudillista. Quizá porque todavía era el siglo XX.
Qué bueno que ahora, en esta fase, Jesús Ortega sea crítico ante los partidos monolíticos. Es normal cambiar de opinión; sólo resta explicar las razones por las cuales dejó de pensar de la anterior manera. Mínimo.
3.- Finalmente, en cuanto a lo expresado por el reportero Jenaro Villamil en respuesta a Ortega, habría que “terrenalizar” la frase que cita Villamil atribuida a Arnoldo Martínez Verdugo, en el transcurso de la LIII Legislatura (85-88), cuando era coordinador del grupo parlamentario del PSUM y yo su homólogo en la fracción del PRT.
La punzante y pedagógica frase de Martínez Verdugo, “los socialistas del presidente”, tenía destinatarios concretos. Se refería a las posturas abyectas, frente al poder presidencial, de los diputados del PPS y del PST; y, destacadamente, al diputado Graco Ramírez, quien defendía encendidamente al presidente Miguel de la Madrid. Nunca supe de un deslinde de Jesús Ortega frente al papel de Graco Ramírez.
Afortunadamente, la información anterior está documentada en los archivos de la Comisión Federal Electoral, en el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados y en un nutritivo expediente hemerográfico; y por si algo faltara, todavía viven testigos protagonistas y testimoniales.

Atentamente
Pedro José Peñalozaç

lunes, 17 de junio de 2013

Acerca de "Anticipó los riesgos" de Jesús Ortega Martínez

¡ Sinvergüenzas !


Señor director:

En la edición 1909 de Proceso, Jenaro Villamil hace una nota sobre Arnoldo Martínez Verdugo. En tal escrito hace referencia a mi persona faltando a la verdad de manera falaz.
Le ruego que en razón de mi derecho de réplica se publique, en los términos de ley, esta respuesta.
Si bien la realidad es un asunto sumamente complejo, tratar de interpretarla con responsabilidad la convierte en un asunto doblemente dificultoso. Justamente este es el trabajo de un periodista que ejerce su profesión de manera crítica y profesional.
Denisse Flores González
1.- He leído con atención la nota de Jenaro Villamil sobre el fallecimiento y trayectoria de Arnoldo Martínez Verdugo publicada en el número 1909 de Proceso. Ante ésta, mi primera reacción fue de indignación y pretendí responder invadido por la cólera. Pero no, la cólera es una reacción que cancela el pensamiento; es un sentimiento que frecuentemente anula la reflexión. ¡No! Mejor opto por la sensatez y doy respuesta apoyándome en la serenidad.
2.- Dice Villamil: “una de la primeras decisiones adoptadas por Jesús Ortega Martínez cuando llegó a la presidencia nacional del PRD fue cortar la pensión para los consejeros eméritos del partido. Una de esas pensiones era para Arnoldo Martínez Verdugo quien fuera Secretario General del Partido Comunista Mexicano, candidato Presidencial del Partido Socialista Unificado de México y uno de los personajes claves en la fundación del partido que ahora dirige la corriente política conocida como los chuchos”.
Jenaro Villamil desprecia la verdad y comete un grave error, inaceptable en todo profesional del periodismo: no investigar, es decir, no inquirir la verdad hasta descubrirla.
A Jenaro le digo que nunca tomé decisión alguna para “cortar” o suspender las pensiones de nadie y desde luego tampoco la de Arnoldo. En la nómina del PRD existían como existen ahora apoyos o pensiones a militantes del PRD que desde anteriores organizaciones políticas o desde el propio PRD trabajaron y aportaron al desarrollo de la izquierda.
Esas pensiones, incluida la de Arnoldo, se refrendaron durante mi gestión. Le envío a usted, señor Director y al propio reportero, los documentos de lo entregado a Arnoldo que se encuentran en el archivo de la Secretaría de Finanzas del PRD Nacional. Este desglose que le envío, comprenden todas las quincenas entregadas a Arnoldo durante mi administración al frente del PRD. Le rogaría que este documento fuera publicado.
El reportero, ante el insidioso dicho de Alejandro Encinas, pudo, debió hacer, una elemental visita a las oficinas del PRD y de la mencionada secretaría para obtener los datos y  comprobar lo dicho por su informante o como es el caso, darse cuenta de la falsedad de lo que le “dijeron”.
El profesor de periodismo hizo exactamente lo contrario a lo que enseña.
3.- Dice el reportero: “Relegado por sus ex compañeros del PCM dentro del PRD, recibía un golpe de su viejo adversario Jesús Ortega a quien alguna vez consideró uno de los “socialistas del presidente” aludiendo al carácter paraestatal del partido socialista de los trabajadores en la década de los 80s”.
¡De nueva cuenta se equivoca Villamil! pues cuando yo inicié mi militancia en el PST (1978) se estaba dando en México y el mundo un debate en el seno de la izquierda sobre cuál debiera ser el rumbo de esta corriente política. El PST, como el PRT, el PPM, el PPS, la Corriente Socialista, el MAP, el PMT, Punto Crítico, el MAUS y desde luego el PCM, y otras organizaciones, participaban de esa discusión. De todos y entre todos había, naturalmente, diferencias como las sigue habiendo hoy y las seguirán habiendo en el futuro. Lo que no se entiende por el reportero –y parece  que nunca podrá comprender– es que las diferencias son parte de la vida política democrática y que el tenerlas no debe conducir a nadie –como sucedió en el estalinismo– a zaherir, agraviar, calumniar o hasta eliminar a aquel que, simplemente, piensa de manera diferente.
Yo no era, ni lo fui nunca, “viejo adversario” de Arnoldo. En esos momentos del debate de referencia, Arnoldo, seguramente,  no conocía de mi existencia. Yo era un militante de base y él era el Secretario General del PCM.
Yo conocí personalmente a Arnoldo cuando era Diputado por el PCM y lo era yo por el PST y quienes fueron desde la izquierda, compañeros de esa legislatura, saben que nunca existió agravio alguno de mi parte y menos aún de parte suya. Si algo distinguía a Arnoldo era su actitud tolerante y su sapiencia para tratar diferencias.
4.- Dice Alejandro Encinas y lo cita textualmente en su nota Villamil: “le retiraron el apoyo mensual. Me parecía una canallada porque si alguien fue el verdadero impulsor del PRD fue el propio Martínez Verdugo”.
¡MIENTE Alejandro Encinas y Villamil comete el error de difundirlo sin comprobar la veracidad de su fuente. Nunca, nunca di tal instrucción como se lo demuestro con los documentos que anexo. La canallada es de Encinas, pues se aprovecha del fallecimiento de Arnoldo, para seguir alimentando su rencor, mismo que lo envenena y lo ofusca.
Alejandro Encinas fue durante años militante de Estrategia, una organización dirigida entre otros, por Alonso Aguilar y, que entre otras cosas, se distinguió por su crítica radical e intensa en contra del PCM. ¿La militancia de Encinas en Estrategia, lo convirtió  en “viejo adversario” de Martínez Verdugo? ¿Sabe Jenaro Villamil de las profundas diferencias de Punto Crítico (PC) y de algunos de sus principales dirigentes como Raúl Álvarez Garín con el Partido Comunista Mexicano? ¿Eso hizo de Raúl “viejo adversario” de Arnoldo?
Alejandro Gascón Mercado mantuvo durante mucho tiempo diferencias con el Partido Comunista y con el propio Arnoldo. ¿Eso hizo de Alejandro Gascón “viejo adversario” de Arnoldo? O el propio Heberto Castillo que tenía diferencias con el Partido Comunista Mexicano. ¿Eso hizo al dirigente del PMT “viejo adversario” de Arnoldo?
¡Pamplinas! ¡Tonterías! El que piensa de esta manera es sólo un absolutista y un intolerante que entiende a la política como la eliminación del diferente.
Su “lógica” es: ¡O estás ahora conmigo o serás para siempre un “viejo adversario”! Este es el viejo pensamiento de una izquierda seguidora de evangelios, fundamentalista.
5.- En la nota se dice: “De hecho el primer representante del incipiente PRD ante el Instituto Federal Electoral fue Arnoldo Martínez Verdugo en 1989. Su suplente, un político que promovió la ruptura del PST y se había acercado al Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas,  era Jesús Ortega, quien al poco tiempo se quedó con la representación en el IFE (sic)”.
¿Localizan el veneno?
Efectivamente fui representante suplente ante el órgano electoral. Pero la expresión “se quedó con la representación” destila veneno de alta pureza. No me quedé con nada, sino simplemente actúe supliendo a Arnoldo –para eso sirven los suplentes– cuando, por necesidades derivadas de sus responsabilidades políticas, éste tenía que ausentarse de algunas de las sesiones. Debo decir que mucho tiempo después se nombraron nuevos representantes ante los órganos electorales y hasta ese momento, me asignaron la tarea de representante propietario y a Jesús Zambrano como representante ante el Registro Federal de Electores.
Por cierto, Alejandro Encinas fue candidato suplente de Demetrio Vallejo para diputado federal y al fallecer éste, Alejandro asumió el cargo. Alejandro, pregunto, ¿“se quedó con” la diputación de Vallejo? Quien pensara de esta manera lo hace desde visiones perversas.
6.- En la nota en mención se escribe que: “el desencuentro entre Martínez Verdugo y la corriente ahora conocida como los “chuchos” está entre los orígenes de las tensiones actuales en el PRD”.
¡En esta aseveración no existe un elemental estudio sobre la historia del PRD y sobre la realidad que vive actualmente nuestro partido!
¿A dónde se quiere llegar al hablar de “tensiones”? ¿Se quiere evidenciar la existencia de diferencias? Si eso se busca entonces ¡Eureka! ¡Gran descubrimiento! ¡Cierto, sí hay diferencias sobre asuntos diversos! Pero, ¿alguien, a principios del siglo XXI, pretende encontrar un partido de izquierda con pensamiento uniformado; pretende, quizás, al PRD como al Kramer Rojo o como al PCUS en los tiempos de Stalin o al PC chino en los tiempos de la revolución cultural? ¿Aspira a un PRD de pensamiento único, el cual es dictado por un profeta cuyo “evangelio” es indiscutible? Pretensiones de esa naturaleza sólo evidencian nostalgia por una izquierda autoritaria o añoranza por el viejo régimen priista.
Las discusiones, las reflexiones que se dan ahora en el PRD no tienen absolutamente nada que ver con supuestos “desencuentros” entre la corriente de los “chuchos” y Arnoldo Martínez Verdugo. Eso es un invento descabellado para tratar de seguir aplicando la máxima absolutista de: ¡O la realidad se ajusta a mi pensamiento o peor para la realidad! Si se quiere analizar seriamente al PRD, hay que hacerlo con rigor en la investigación, con profundidad en el estudio, con crítica seria. Esto no aparece en la nota de referencia.
Por ejemplo: el año en que Villamil ubica los “desencuentros” de Nueva Izquierda con Arnoldo (1986) fue el año en el que el PST se encontraba en pleno proceso de división y yo representaba –junto con otros compañeros– la parte disonante de Aguilar Talamantes. Disputábamos contra éste, el registro del PST y Jorge Alcocer, representante del PSUM y Leonardo Valdés Zurita representante del PMT defendieron el que la disidencia de Aguilar Talamantes mantuviera la representación legal del partido.
Y hay que decir, que una de las razones principales de la confrontación interna con Aguilar Talamantes fue, principalmente, el tema (argumentado por mi parte en varias ocasiones) de la pertinencia de sumar nuestro esfuerzo al de otras organizaciones por la unidad de la izquierda. Después de la división, Aguilar Talamantes formó el PFCRN y nosotros nos sumamos al proceso de construcción del PMS.
En 1987, un año después en que el reportero ubica los “desencuentros” de Nueva Izquierda con Arnoldo, se “celebraba” en la antigua URSS el 70 aniversario de la Revolución de Octubre. La delegación que fue a Moscú en representación del PMS estaba integrada por Pablo Gómez Álvarez, por Leonardo Valdés Zurita y por Jesús Ortega Martínez, el mismo que Villamil pretende  –sin razón alguna– ubicar siempre en “grandes desencuentros” con Arnoldo Martínez Verdugo y otros dirigentes del PCM o de otros partidos. ¿Cómo sería posible que quien “tenía tan grandes y graves desencuentros con Arnoldo” fuese comisionado para asistir, con la representación del PMS,  a la URSS?
7.- Se menciona “que en las elecciones legislativas de 1985 el PSUM obtuvo 12 diputaciones, las mismas del PST y que el PRT igual que el PMS, tenían seis cada uno”.
¡Error por falta de rigor en el análisis! En 1985 el PMS no podía tener ni uno ni seis diputados porque en ese año, ¡el PMS no existía!
¡La fundación del PMS fue en 1987! (dos años después de que Villamil ya le asigna diputados) y en su proceso de formación participaron, inicialmente el PSUM, el PMT, la UIC, la Corriente Socialista, el MRP y unos meses después, la Asamblea Nacional extraordinaria del PST y de la cual yo era secretario general.
¡El confundido informante del reportero, no sabe, siquiera, cuándo se formó el PMS! ¡Menos conocerá de sus discusiones internas!
8.- ¿“Desencuentros” de Arnoldo con los “chuchos” origen de las “tensiones actuales en el PRD”?
¡Esto es, lamentablemente, un desatino!
Otro ejemplo: A mediados de 1987 (más de un año después de los supuestos “desencuentros” de Arnoldo con los “chuchos”) es cuando apenas conocí personalmente a Jesús Zambrano, así como a Camilo Valenzuela, Rosario Tapia, Alfonso Ramírez Cuéllar, Gabriel Santos y otros compañeros, todos integrantes del Partido Patriótico Revolucionario, una de las cinco organizaciones originalmente participantes del proceso de formación del PMS. Los militantes escindidos del PST, manteníamos con el PPR (como con otros dirigentes de los otros partidos iniciadores del PMS) un diálogo constante y respetuoso, y si bien teníamos algunas diferencias, también compartíamos coincidencias fundamentales al grado de que los militantes del PST que rompimos con Aguilar Talamantes, fuimos la sexta organización fundadora del PMS.
9.- ¿“Desencuentros con los “chuchos” origen de las “tensiones actuales en el PRD”?
Ignorar la historia ocasiona grandes yerros en el análisis.
Por ejemplo: de la formación del PMS y del PRD fueron partícipes Arnoldo, Pablo, Rincón Gallardo, Alcocer, Eduardo González, Heberto Castillo, Eduardo Valle, Manuel Terrazas, Carmelo Enríquez, Camilo Valenzuela, ¡Jesús Zambrano!, además de otras y otros militantes de la izquierda y, entre todos estos, modestamente, también quienes nos habíamos escindido del PST. Esto fue, como lo he dicho, en 1987.
¡Nueva Izquierda, fue constituida como corriente, 10 años después de la formación del  PMS  y  8  años  después  de  la formación del PRD! Como es de observarse el estudio de la historia es un elemento indispensable y sustantivo para un periodismo verdaderamente profesional.
10.- En su nota, Villamil elogia el esfuerzo de Arnoldo para dialogar, en 1978 (apenas siete años después del “halconazo”) con Jesús Reyes Heroles, entonces Secretario de Gobernación y representante del régimen priista autoritario y represivo. Elogia, acertadamente, el trabajo de Arnoldo para lograr la reforma política que dio origen a la LOPPE y con ella a la participación de los comunistas y otros partidos de izquierda en las elecciones. Dice Villamil “que ésta negociación de Arnoldo con el gobierno es considerada por distintos especialistas como el parteaguas que permitió la apertura electoral del viejo régimen priista y aceleró la formación de nuevos partidos”.
Yo comparto con el reportero, que Arnoldo fue, junto con otros reformadores, actor fundamental del proceso de desarrollo y crecimiento de la izquierda, y de igual manera comparto que tuvo, Arnoldo, la firme convicción y el coraje de no sólo criticar “al socialismo autoritario” (cuando la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia), sino además, de darle continuidad a un proceso de creación de un nuevo pensamiento de izquierda (impulsado principalísimamente por Carlos Pereyra) para recuperar a la democracia como elemento sustantivo en su quehacer político.
Pero se cae en la incongruencia (por sectarismo) porque lo que se elogia en el comportamiento de Arnoldo, se descalifica cuando lo hacen –aunque sea lo mismo– otros  actores.
¡Qué bien que el PCM dialogó con el gobierno para la “apertura democrática”! ¡Qué mal que lo haga el PRD para profundizarla y para procurar que –la democracia– se consolide en nuestro país!
¡Qué bien que se hicieron reformas electorales! ¡Qué mal que el PRD impulse reformas educativas, antimonopólicas, antioligárquicas, electorales y políticas contra los poderes fácticos y para lograr un cambio de régimen!
¡Qué bien que Arnoldo hizo acuerdos y alianzas con el PAN en 1986 para defender el voto de los ciudadanos de Chihuahua! ¡Qué mal que el  PRD  haga  alianzas  con el PAN para defender el voto en Oaxaca, en Puebla, Baja California, Zacatecas y en otros estados!
¡Qué bien que Encinas diga que es indispensable dialogar con las otras fuerzas políticas, en donde los principios y la autonomía no están a negociación! ¡Qué mal (que eso mismo que pregona Encinas) lo haga el presidente del PRD ahora!
Para Encinas lo acertado de las estrategias no está en su contenido, sino en si él o algunos de los de su corriente política participan en su implementación. Esto es, llanamente, sectarismo y grosera arrogancia.
Por último, el presidencialismo es uno de los obstáculos mayores para la democracia; es una carga que el país ha padecido a lo largo de su historia, y si habrá una reforma de fondo para transformar el régimen, ésta tiene que contemplar la mayor acotación al poder unipersonalizado en cualesquiera de sus manifestaciones: presidencialismo como monarquía sexenal hereditaria, presidencialismo como expresión de caudillismo, o autoritarismo populista, que con ropaje de izquierda, aspira al mismo presidencialismo del viejo régimen.
Con respeto.
Jesús Ortega Martínez

(N. de la R.: La carta precedente fue reproducida de manera literal)

domingo, 2 de junio de 2013

Arnoldo, a la Rotonda de los Ilustres




Jaime Avilés

 Para Martha Recassens

 

Octavio Paz nunca reconoció que, en la segunda mitad de los años setenta, el Partido Comunista Mexicano criticó en forma abierta y enérgica el totalitarismo de Moscú, abandonó el marxismo-leninismo (es decir, el estalinismo), salió de las catacumbas con un discurso propio que formuló 35 tesis específicas sobre nuestra realidad nacional, y se identificó, respecto al Kremlin, con el Partido Comunista Italiano y con el pensamiento de Enrico Berlinguer, que antecedió a la perestroika de Gorbachov y a la disolución de la URSS.

    El artífice de la transformación del PCM, que a su vez modificó la política mexicana, se llamaba Arnoldo Martínez Verdugo, nació el 12 de enero de 1925 en Pericos, un pueblo del municipio de Mocorito, Sinaloa, y murió ayer en su pequeño departamento de Coyoacán. Yo lo quise mucho, trabajé y viajé con él, y en homenaje a su memoria contaré algunas anécdotas que lo pintan de cuerpo entero.

    Una de las 35 tesis que el PCM enarboló en 1979, postulaba que para avanzar hacia la democratización del país era necesario que los curas tuviesen derecho al voto, pues había una corriente que simpatizaba con la teología de la liberación, denominada “cristianos por el socialismo”. Durante el congreso número XIX los cristianos lograron en votación dividida, que el partido incorporara esta exigencia a su programa.

    Poco después, Arnoldo viajó a Italia, en calidad de secretario general del mayor partido eurocomunista de América Latina y al hablar ante un conglomerado de obreros rojos en Milán dijo: “Y en México, camaradas, ¡los curas no tienen derecho al voto!”.

    “¡Bravo!”, gritaron miles de gargantas y dos miles de manos rompieron a aplaudir mientras el gentío se ponía de pie celebrando la magnífica noticia. Imperturbable, Arnoldo esperó a que se apagara la euforia y agregó con extraordinario valor civil: “Pero estamos luchando para que lo obtengan”. Y con admirable decencia, sus oyentes no se atrevieron a abuchearlo.

    Durante los largos años de la clandestinidad, en la época de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, maestros de Felipe Calderón en materia de crimen sin castigo y terror de Estado, Arnoldo despachaba en una casita de la colonia Condesa con el radio a todo volumen para que sus diálogos con los camaradas que acudían a verlo no fueran captados por los micrófonos ocultos de Gobernación.

    Era a todas luces un epígono del santo Job: un hombre de paciencia infinita con cara de persona insignificante. Cuando la policía secreta rodeó el lugar donde sesionaban los miembros del Comité Central durante el movimiento estudiantil de 1968, alguien ordenó a través de un altavoz: “¡Salgan! ¡Sabemos quiénes son! ¡Es inútil que traten de escapar o resistirse!”.

    Asumiendo su responsabilidad, puesto que era el líder máximo, Arnoldo decidió salir primero. Y cuando los esbirros de Díaz Ordaz lo detuvieron, uno le preguntó en forma altanerosa: “¿Cuál es tu cargo en el partido?” Con ese rostro cargado de beatitud y de tristeza, Arnoldo respondió: “Soy el secretario, señor”. Al oír esto, el policía informó a su superior inmediato: “Este cabrón dice que es el secretario”. Y como el jefe del operativo lo vio tan modesto, pensó que se trataba de un mecanógrafo y lo dejó ir. 

    La primera vez que viajé a Moscú (porque el vuelo de Aeroflot era el más barato que había para llegar a Roma desde aquí, y además había una escala de 48 horas que incluía hotel y comida gratis en un hotel junto al aeropuerto), me encontré a Arnoldo en el avión pero no en las anchas butacas de primera clase reservadas a los millonarios sino en alguno de los incómodos asientos para el público en general.

    Él iba a Berlín Oriental, a un congreso en honor de Marx con motivo del centenario de su nacimiento, y después de la primera escala, en el aeropuerto de La Habana, cuando el avión subsónico más rápido del mundo se lanzó a través del oceáno hacia Irlanda, las sobrecargos sirvieron la cena y se hizo la noche. Arnoldo sacó de su portafolios un bloc tamano oficio y del bolsillo de la camisa una pluma atómica, se puso los anteojos y comenzó a escribir su ponencia en la oscuridad.

    En Moscú lo esperaban un representante del Politburó y Teresa Gurza, la corresponsal del unomásuno, y su compañero de entonces, Antonio Franco, corresponsal a su vez de Oposición, el órgano oficial del PCM. Todos (yo básicamente en calidad de colado) fuimos trasladados al hotel que acogía a los secretarios generales de todos los partidos comunistas del mundo, donde cenamos como si fuéramos Carlos Slim: ojos de perdiz, filete de reno, champaña y después del postre café y coñac.

    Mientras Tere y Toño me deleitaban contándome detalles peculiares sobre los usos y costumbres de los moscovitas, Arnoldo pagó las consecuencias de su adhesión al eurocomunismo: el burócrata del Kremlin lo interrogó durante tres horas, en un saloncito aparte, y le pidió cuentas de un sinfín de temas, como si fuese un súbdito obligado a responder.

    En otras palabras, no lo dejaron comer ni mucho menos descansar, y entonces lo llevaron al aeropuerto a que tomara su conexión a Berlín. Esa costumbre de escribir sus discursos a mano y sin ayuda de nadie, había exasperado a sus asesores, un año antes, durante la campaña de 1982, cuando tras la disolución del PCM y la reconversión de éste en Partido Socialista Unificado de México (PSUM), fue candidato a la presidencia y obtuvo un millón de votos.

    Noche a noche, o en los trayectos a bordo del autobús El Machete, Arnoldo escribía no sus arengas sino en realidad los pequeños capítulos de un libro que publicó después, una suma de sus ideas políticas y de los objetivos que proponía la izquierda. Recuerdo su intervención, en diciembre de 1981, una noche en Acapulco (cito de memoria): “Si prevalece la injusticia social en México, un día no lejano bajarán los pobres de los cerros y vendrán a comernos para reclamar sus derechos”.

    Era una profecía y sin duda se cumplió: sólo que los pobres no cogieron las armas en nombre de la revolución sino para disputarse las rutas y los mercados de la droga, alimentando esta carnicería que lleva tantos años y no tiene para cuándo terminar.

    Aún veo a nuestro querido Arnoldo, empapado en sudor, aquella noche en el malecón de Acapulco, hablando para tres o cuatro mil personas, ante el imponente anfiteatro de la bahía más linda del Pacífico mexicano. Y lo recuerdo también en el mitin de cierre de campaña, cuando por primera vez desde la matanza del 1968, el Zócalo dejó de ser un espacio exclusivo del presidente en turno y fue recuperado por el pueblo.

    Tres años después los herederos de Lucio Cabañas lo mantuvieron en cautiverio largas semanas, encapuchado, hambriento y sediento, para reclamarle la devolución de 25 millones de pesos. Ese dinero había sido parte de un rescate que en 1974 Lucio obtuvo a cambio de la libertad del gobernador Rubén Figueroa. Como el pago se hizo obviamente en efectivo, el guerrillero Partido le pidió al PCM que le guardara los billetes hasta que pudiera usarlos. 

    Pero como Lucio murió asesinado y pasaron los años y nadie se presentó a recoger el dinero, el PCM compró el edificio de Monterrey y Zacatecas, en la colonia Roma, el mismo al que en 1986 llegaron los ex priístas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y al repartirse las oficinas encontraron una que les pareció “llena de basura”, de modo que procedieron a tirarla, cosa que hubieran hecho de no ser porque Eduardo Montes, otro de los viejos comunistas de la generación de Arnoldo, se los impidió a punto casi de sufrir un infarto: eran los carteles que de 1919 a 1981 produjo el PCM, el testimonio de todo un siglo de lucha a través de la gráfica popular. 

    Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador al frente del DF Arnoldo gobernó Coyoacán. Un día invitó a su paisano, Rito Teherán Olguín, a colaborar con él. Rito, que vivía en Culiacán, dejó todo y llegó a su antesala, a reportarle que estaba listo para ponerse a sus órdenes. Pero cuando Arnoldo salió y lo vio ahí sentado hacía ya dos horas, le dijo: “Hola, Rito, ¿qué andas haciendo por aquí?”. En ese momento se le declaró el alzheimer que lo mató ayer. 

    Puesto que su abnegación, su tenacidad y sus ideas marcaron y cambiaron la historia de México, Arnoldo Martínez Verdugo debe descansar en la Rotonda de las Personas Ilustres, entre Tina Modotti y Diego Rivera. Quien suscriba esta petición, puede hacerlo saber en Twitter a través de la cuenta @Desfiladero132
    


Publicado el Sábado, 25 Mayo 2013 01:29

sábado, 1 de junio de 2013

Martínez Verdugo y Los Chuchos, los caminos que se bifurcan


Escrito por  el 01 junio 2013 a las 5:40 pm en DestacadasSociedad

Arnoldo Martínez Verdugo 03Una de las primeras decisiones adoptadas por Jesús Ortega Martínez cuando finalmente llegó a la presidencia nacional del PRD, en noviembre de 2008, fue cortar la pensión para los consejeros eméritos del partido. Una de esas pensiones era para Arnoldo Martínez Verdugo, ex secretario general del Partido Comunista Mexicano, ex candidato presidencial en 1982 por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y, paradójicamente, uno de los personajes claves en la fundación del partido que ahora dirige la corriente política conocida como Los Chuchos.
Martínez Verdugo, a sus 84 años entonces, no tenía otro ingreso. Vivía modestamente en la delegación Tlalpan. Relegado por sus propios ex colegas del Partido Comunista al interior del PRD, ahora recibía un golpe de mando de su viejo adversario: Jesús Ortega, a quien él alguna vez consideró como parte de los “socialistas del presidente”, en alusión a la condición de partido paraestatal del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), en la década de los ochenta.
La pensión a Martínez Verdugo sólo se restableció unos meses antes de su fallecimiento, cuando Jesús Zambrano, integrante también de la corriente Nueva Izquierda, llegó a la presidencia nacional del PRD. A petición del actual senador Alejandro Encinas la dirección perredista trató de enmendar ese error.
“Le retiraron su apoyo mensual. Me parecía una canallada porque si alguien fue el verdadero impulsor del PRD fue el propio Martínez Verdugo”, rememoró Alejandro Encinas, contendiente de Jesús Ortega en las polémicas y fraudulentas elecciones internas de 2008.
La eliminación de la pensión a Martínez Verdugo y a otros consejeros eméritos no sólo era una demostración de menosprecio. Minimizó el papel que jugó el ex candidato presidencial de 1982 en la fundación del propio partido. Sin su venia, el Partido Mexicano Socialista (PMS) no hubiera accedido a ceder el registro al PRD, que provenía del Partido Comunista Mexicano (PCM).
Porfirio Muñoz Ledo, impulsor de la Corriente Democrática del PRI y ex presidente nacional del PRD, confirmó a Proceso que Martínez Verdugo jugó un papel fundamental para que el naciente Partido de la Revolución Democrática, en 1989, heredara el registro legal del Partido Comunista Mexicano (PCM), el mismo que dio origen al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), en 1981, y al Partido Mexicano Socialista (PMS), en 1987.
En casa del entonces secretario general del PMS, Gilberto Rincón Gallardo, se reunieron varios integrantes de la dirección de este partido, incluyendo a Jorge Alcocer, Heberto Castillo, y el propio Martínez Verdugo. Rincón Gallardo propuso la idea de cederle el registro del PMS y varios de los presentes miraron a Martínez Verdugo, considerado en ese entonces como el principal líder político sobreviviente del comunismo mexicano. Martínez Verdugo apoyó esta posibilidad.
Muñoz Ledo recordó también que Martínez Verdugo sugirió que el nombre del nuevo partido fuera “de la revolución democrática” porque “era un concepto que ellos ya traían desde la fundación del PSUM”.
Martínez Verdugo “ya había avizorado una eventual fractura del sistema político hegemónico que podría conducir al surgimiento de una corriente democrática y tal vez a su desprendimiento, desde antes de 1988”, afirmó Muñoz Ledo.
De hecho, el primer representante del naciente PRD ante el Instituto Federal Electoral fue Martínez Verdugo, en 1989. Su suplente, un político que promovió la ruptura del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y se había acercado al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Se trataba de Jesús Ortega Martínez. El fundador de Nueva Izquierda al poco tiempo sustituyó a Martínez Verdugo en el IFE.
Los “Socialistas del Presidente”
El desencuentro entre Martínez Verdugo, secretario general del Partido Comunista Mexicano de 1963 hasta 1981, y la corriente ahora conocida como Los Chuchos, está en el origen de las tensiones actuales del PRD.
Formaron parte de las dos caras de la izquierda partidista: el PCM y otros grupos que representaban a la corriente independiente del poder político del PRI y la del PST, que junto con el PARM y el PPS eran considerados una “izquierda paraestatal”, creada al final del sexenio de Luis Echeverría y que obtuvo el registro también en 1979, tras la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles.
El duro encontronazo se dio a raíz del fraude electoral de 1986 en Chihuahua. El PST y su entonces dirigente histórico Rafael Aguilar Talamantes, defendió la tesis del “fraude patriótico”, esgrimida por el PRI para justificar la derrota de los “conservadores” del PAN. Desde la tribuna de San Lázaro, Martínez Verdugo criticó a esos integrantes del PST como “los socialistas del presidente”. Entre ellos estaban, Graco Ramírez y Jesús Ortega.
Desde su condición de secretario general del PCM e impulsor de la unidad de los grupos de izquierda independiente, Martínez Verdugo fue un interlocutor fundamental y directo de Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Gobernación en el sexenio de López Portillo, en esa primera reforma política que dio origen a la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE). Esta reforma es considerada por distintos especialistas como “el parteaguas” que permitió la apertura electoral del viejo régimen priista y aceleró la creación de nuevos partidos políticos.
La reforma política aceleró la creación del Partido Socialista Unificado de México en 1981. Un año después, Martínez Verdugo fue el candidato presidencial del naciente partido y le reconocieron poco más de 820 mil votos (el 3.48 por ciento) en 1982.
Para las elecciones legislativas de 1985, el PSUM tuvo 12 diputados federales coordinados por Arnoldo Martínez Verdugo, frente a igual número de diputados federales del PST, coordinados entonces por Rafael Aguilar Talamantes. Los otros partidos considerados “paraestatales” también tenían una bancada significativa: el PPS y el PARM, once legisladores cada uno; mientras que el PRT y el PMS, los dos nuevos partidos independientes de izquierda, tenían seis cada uno.
En aquella bancada coordinada por Martínez Verdugo estuvieron Demetrio Vallejo, histórico líder de los ferrocarrileros que se había separado de Heberto Castillo en el PMT, Ramón Danzós Palomino, Leopoldo de Gyves, Arturo Whaley, Jorge Alcocer, Eduardo Montes, Gerardo Unzueta, Rodolfo Sánchez Rebolledo, Pablo Pascual y Eraclio Zepeda.
La primera prueba de unidad para el bloque de legisladores de izquierda independiente con la oposición del PAN (con 38 diputados federales) fueron las elecciones estatales de Chihuahua. El fraude de 1986 logró, por primera vez, la alianza entre diputados del PSUM, PMT y PRT con los panistas. Integraron el Movimiento Nacional Democrático para protestar contra el fraude. Ahí participaron Pablo Emilio Madero, del PAN, Arnoldo Martínez Verdugo, del PSUM, Heberto Castillo, del PMT, Luis Sánchez Aguilar, del PSD, y la ex candidata presidencial del PRT y dirigente de las madres de los desaparecidos, Rosario Ibarra de Piedra.
El Movimiento Nacional Democrático acordó convocar a un foro nacional de protesta contra el fraude en agosto de 1986, y sostuvieron encuentros en Ciudad Juárez con los panistas de Chihuahua que encabezaron una huelga de hambre: Luis H. Alvarez, Francisco Villarreal y Víctor Manuel Oropeza (ver Proceso, No. 0511).
Durante su intervención en San Lázaro, Martínez Verdugo argumentó así la alianza contra el fraude en 1986:
“Tengo la convicción de que esta convergencia es algo que debemos desarrollar con la máxima amplitud, en defensa del voto, contra el fraude electoral, contra un sistema electoral que ofende la dignidad del pueblo. En torno de esta tarea, esta coincidencia es de aquellas que pueden impulsar realmente el cambio que nuestro país necesita”.
“Vivimos una democracia fraudulenta, falsa”, sentenció. Y propuso que frente  a la política del fraude electoral, “opongamos una solución social. Un pacto social nuevo, en el terreno más elemental de la democracia: el respeto al voto” (Ibid).
No fue ésta la única actitud de menosprecio que vivió Martínez Verdugo, pero sí la más dura. Tampoco era la primera vez que Jesús Ortega Martínez minimizaba el papel de la figura considerada ahora como el “principal visionario” de la unidad de las izquierdas.
Hacia la creación del PRD
El fraude de 1986 en Chihuahua y la víspera de la elección presidencial de 1988 aceleraron la creación de un nuevo partido de las izquierdas independientes. Arnoldo Martínez Verdugo, desde el PSUM, y Heberto Castillo, dirigente del PMT, impulsaron junto con otros grupos que quedaron al margen del proceso unificador de 1981 la fundación del Partido Mexicano Socialista, en 1987.
A él se sumaron también el Movimiento Revolucionario Popular (MRP), el Partido Patriótico Revolucionario (PPR), la Unidad de Izquierda Comunista (UIC) y una fracción del PST que se separó de Aguilar Talamantes.
El propio Jesús Ortega justificó así su separación de Aguilar Talamantes y su integración al naciente PMS:
“Hay que recordar que nosotros rompimos con él cuando nos dimos cuenta que estaba en una actitud oportunista, y al servicio de intereses que no eran del partido, y partimos la mitad al PST, para formar el PMS. Eso fue importante”.
El PMS tuvo una vida breve. Tras una intensa elección interna, Heberto Castillo ganó la candidatura presidencial para 1988, pero ya la escisión de la Corriente Democratizadora del PRI y la fundación del Frente Democrático Nacional (FDN) en torno a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, obligó a la nueva organización de izquierda a tomar una definición.
Martínez Verdugo, junto con otros dirigentes históricos, fueron definitivos para convencer a Heberto Castillo que declinara su candidatura a favor de Cárdenas. El PMS fue el último partido en sumarse a Cárdenas y el primero en impulsar la fundación del PRD.
El FDN “es una creación muy importante, pero ya no responde a las exigencias del movimiento contra la consumación del fraude y la democratización del país”, declaró entonces Martínez Verdugo.
Convencido de que había que diluir el FDN, Martínez Verdugo propuso la creación de un nuevo partido. De lo contrario, sería muy difícil establecer candidaturas comunes. “El PRI se aprovechó de nuestra dispersión”, sentenció Martínez Verdugo en septiembre de 1988, recién confirmado el fraude electoral (ver Proceso No. 620).
A 25 años de distancia y durante el festejo de sus 88 años de vida, la revista Zurda, dirigida por Alejandro Encinas, le dedicó un número especial a Arnoldo Martínez Verdugo que anticipó las reflexiones surgidas a raíz de su fallecimiento, el 24 de mayo pasado.
Encinas remató así su reflexión sobre el legado de Martínez Verdugo:
“El último dirigente del Partido Comunista Mexicano asumió que era indispensable dialogar con las demás fuerzas políticas, pero inalterablemente asumiendo una postura sólida y digna, donde los principios y la autonomía no están a negociación.
“En tiempos en los que se pretende reinstaurar la premisa de que todo lo que no gire en la órbita presidencial es subversivo, la izquierda enfrenta el dilema de cómo relacionarse con el régimen, evitando el fantasma de la división que le persigue como una maldición”

sábado, 25 de mayo de 2013

Reconstruir la izquierda, el mejor homenaje a Martínez Verdugo

No hay que olvidarse de sus enseñanzas, su honradez y que fue un político de primera, sostuvo Carlos Payán, director fundador de "La Jornada", a su llegada al Museo de la Ciudad de México para el reconocimiento que se realiza al dirigente histórico del Partido Comunista.
Ángel Bolaños
Publicado: 25/05/2013 12:53
México, DF. La reconstrucción de la izquierda es el mejor homenaje que se podría hacer a la memoria de Arnoldo Martínez Verdugo, así lo afirmó Porfirio Muñoz Ledo, comisionado para la Reforma Política del Distrito Federal, uno de los primeros en llegar al Museo de la Ciudad de México para el homenaje de cuerpo presente que se realiza al dirigente histórico del Partido Comunista fallecido ayer.
Carlos Payán, director fundador del diario La Jornada, comentó que no hay que olvidarse de sus enseñanzas, su honradez y que fue un político de primera, en lo que coincidió el ex presidente del PRD capitalino, Ricardo Ruiz, al observar que “mucho de lo que somos como izquierda, se lo debemos a él”.
Retomar sus enseñanzas y “la congruencia que demostró siempre como político de izquierda es fundamental ahora para evitar desviaciones y simulaciones que se ven el partido”, apuntó.
El secretario general del PRD-DF, Enrique Vargas, anticipó que prepararán un festival para recuperar sus enseñanzas y darlas a conocer a las nuevas generaciones “porque la lucha que él encabezó debe continuar, y ese es el mejor homenaje que se puede hacer”.
Al Museo de la Ciudad continúan llegando diversas personalidades de la izquierda y funcionarios del Gobierno de la ciudad, entre ellas, los senadores Alejando Encinas y Mario Delgado, los secretarios de Educación y de Gobierno, Mara Robles, y Héctor Serrano, respectivamente, entre otros.

Martínez Verdugo, “ejemplo de honestidad”: López Obrador


Andrés Manuel López Obrador, excandidato a la presidencia. Foto: Benjamin Flores
Andrés Manuel López Obrador, excandidato a la presidencia.
Foto: Benjamin Flores
MÉXICO, D.F. (apro).- El presidente del Consejo Político Nacional del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, lamentó el fallecimiento del líder histórico de la izquierda mexicana Arnoldo Martínez Verdugo.
En su cuenta de Twitter @lopezobrador_, el político tabasqueño escribió: “Lamento el fallecimiento de Arnoldo Martínez Verdugo, un político consecuente, ejemplo de honestidad. Un abrazo a sus familiares y amigos”.
Del mismo modo, el presidente de Morena, Martí Batres, redactó diez tuits con el mismo número de comentarios, entre los que destacó la labor de Arnoldo entre la izquierda, a la que dirigió en una época de represión, la rescató del control del Estado, la hizo ser solidaria con las luchas obreras, campesinas y estudiantiles.
Después del 68, rememoró, abrió la izquierda a las clases medias, la transformó para orientar su lucha por la vía democrática y promovió las alianzas con otras fuerzas democráticas.
“El nombre de Arnaldo Martínez Verdugo está en los muros de honor de la historia junto a Heberto Castillo, Demetrio Vallejo y Valentín Campa”, tuiteó Batres.
Por su parte, el presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano, también lamentó el deceso de Arnoldo.
Mediante un comunicado, el PRD difundió: “Jesús Zambrano Grijalva, presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), lamentó el sensible fallecimiento de Arnoldo Martínez Verdugo, quien desde el entonces Partido Comunista Mexicano, luego en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), y finalmente junto a nosotros, luchó y contribuyó a construir los cambios democráticos que hoy permiten tener un país muy distinto al de la segunda mitad del siglo pasado”.
Asimismo, Zambrano se pronunció por mantener vivos los legados de este luchador de izquierda y avanzar en los ideales del PRD, así como crear las condiciones de un país mejor para toda la población.

La herencia de Arnoldo Martínez Verdugo

Hasta siempre, camarada
Unió a la izquierda
Políticos que en su momento militaron en el Partido Comunista Mexicano (PCM) y destacados intelectuales hablaron con La Jornada sobre las contribuciones de Arnoldo Martínez Verdugo a la vida política del país. Lo calificaron como el sabio del comunismoun gran hombre, un gran amigo, un gran camarada
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Arnoldo Martínez Verdugo fue un convencido de que quienes teníamos coincidencias teníamos que caminar juntos, recordó Cuauhtémoc Cárdenas. Imagen de una manifestación en los 80Foto Pedro Valtierra / Cuartoscuro
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Pablo Gómez y Arnoldo Martínez Verdugo en julio de 1985Foto Pedro Valtierra
Alma E. Muñoz y Fabiola Martínez
 
Periódico La Jornada
Sábado 25 de mayo de 2013, p. 4
Figura central en la lucha por la democracia
Gerardo Unzueta, miembro del extinto Partido Comunista: Me acabo de enterar, lo siento infinitamente. Fue mi compañero desde el 46; en ese año marchamos juntos en la juventud comunista, en el periódico del partido La voz de México, en el propio Partido Comunista (PCM), en los diferentes momentos de ese partido, es decir en la clandestinidad.
Yo participé activamente, por medio de cartas con Arnoldo, mientras estuve en la cárcel. Él me mostraba todo lo que ocurría en el país y en el partido, y yo opinaba sobre eso.
Recuerdo una cuestión incidental extraordinariamente importante: el momento en que se produjo la invasión a Checoslovaquia y que nosotros decidimos estar en contra y reclamar la desocupación.
Ese momento fue extraordinariamente importante, porque mostró ante la opinión pública y ante el movimiento comunista internacional que nosotros teníamos una concepción más cercana de la lucha por la democracia dentro del PCM, dentro de los movimientos en los que participaba el partido, y dentro de los propios países en los cuales actuábamos.
La experiencia más fuerte y más grande con relación a Arnoldo fue el 13 congreso del PCM. Fue el momento en que hicimos una nueva concepción de la lucha política, del partido y la decisión de pasar a una acción unitaria hacia la sociedad mexicana, que después se reflejó en la creación de una nueva concepción de la vida política, de la cual el artífice principal fue Arnoldo.
Arnoldo fue el hombre que concibió el tránsito de la lucha concreta del PCM a la colaboración con otros partidos y a la lucha en general por la democracia en el país. El 13 congreso fue un punto clave, pero también nuestra participación en las elecciones.
Fuimos los primeros en plantear cuales debían ser las condiciones y los requisitos necesarios para que actuáramos como una fuerza política con sus derechos, con sus candidatos y después en el Congreso, en los diferentes periodos.
Hemos sido baluartes en la lucha por la defensa de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos y por su derecho de voto y participación en las elecciones, cuestión que, en general, otras fuerzas no lo consideran una decisión importante, mientras nosotros la hemos mantenido durante más de 20 años.
Todos los problemas de la unidad con otras fuerzas los resolvimos conjuntamente: en la dirección del partido, en la comisión política, en el comité central, en el conjunto de las relaciones de los comunistas con otras fuerzas y juntos decidimos ir a la creación del Partido Socialista Unificado de México, del Partido Mexicano de los Trabajadores y finalmente del Partido de la Revolución Democrática, junto con otras fuerzas, como la corriente que se separaba del PRI y con otra cantidad de organizaciones de la sociedad civil.
En fin, todo esto lo resolvimos juntos y decidimos la formación de un partido en la sociedad mexicana, de lucha abierta, de fondo, por la democracia, por los derechos políticos, hasta llegar a los últimos periodos.
El homenaje a Arnoldo en enero-febrero (en la delegación Tlalpan) lo reivindica precisamente como una de las figuras centrales de la lucha por la democracia en México.
Sin la lucha que él encabezó, pero que todos nosotros dimos, esta democracia que existe en México, a pesar de todos sus defectos y desde luego de sus fraudes, ni siquiera existiría. No estaríamos luchando y actuando en defensa de esta democracia, estaríamos luchando por la democracia, pero ahora estamos en la defensa de la democracia que conquistamos y de la cual Arnoldo fue una figura genial.
Ejemplos como el de Arnoldo hacen falta en estos momentos en el país, hay que recabar lo que ha sido su tradición, sus enseñanzas, su concepción de la lucha política, su concepción de la democracia, su concepción, en fin, de lo que es su desarrollo político.
Ejemplo ante la actual claudicación de la izquierda
Enrique Semo, historiador: Cercano y compañero durante 30 años en PCM, PSUM, PMT y después en el PRD, o sea durante 30 años, creo que fue uno de los artífices de la vieja izquierda, de la izquierda programática a la legalidad, que no fue una dádiva del gobierno priísta, sino el logro de todas las luchas populares.
Es muy importante su papel en diferentes periodos, el de semilegalidad del Partido Comunista, que compartí con él en el Comité Central 1961-1979; luego, el periodo cuando el PCM encabezó la fusión con otras fuerzas para crear una gran fuerza electoral, de 1979 hasta 1989. En eso Arnoldo no abandonó sus posiciones comunistas y entró al PRD, al mismo tiempo que yo, manteniendo en alto su bandera de comunista y de marxista, de su lucha de 30 años. Fue diputado en la primera fracción comunista en el Congreso de la Unión; un hombre de honestidad a prueba de balas; de gran entereza y valentía, y un ser humano tierno con sus amigos. Para él y su familia todo mi afecto.
Figuras como la suya hacen falta, porque hay una verdadera pudrición de la élite política. No voy a hacer referencia a los casos recientes, pero en ese ambiente de claudicación que hay en ciertos grupos de izquierda, Arnoldo es un ejemplo a seguir.
El político que más he respetado en mi vida
Carlos Payán, director fundador de La Jornada: Nos conocimos en 1958, en el Partido Comunista. Desde entonces hubo una relación de camaradas y un respeto que le profesé siempre, toda la vida. Es el político que más he respetado en mi vida.
La última vez que lo vi (Arnoldo) ya había perdido parte de la memoria. Hacía años que había un paulatino deterioro.
Como dirigente comunista fue el primero que alentó, en el partido, la crítica a la Unión Soviética, por ejemplo, ante la invasión a Afganistán. Lanzó al partido en contra de esa barbaridad que estaban haciendo los soviéticos.
Creo que cuando el pensó que ya se había perdido, se había esfumado lo dela dictadura del proletariado que se había enarbolado como bandera, decidió liquidar el PC y fundar otras organización, con otras fuerzas políticas, para agrandar el movimiento de izquierda.
Siempre estuvo con esa pretensión para asegurar el partido, la izquierda. Fue fundador del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, que ahora dirijo yo, que en realidad es el archivo y la memoria del Partido Comunista. Su objetivo era preservar la memoria del partido y, desafortunadamente, él fue perdiendo poco a poco la memoria, es una lástima.
Arnoldo siempre luchó por el reconocimiento del partido, que ya no se le persiguiera. Al final, él se acercó mucho a las posiciones de la socialdemocracia, pero en su interior siempre fue comunista.
Si uno platicaba con él, estaba pensando siempre en el comunismo. Siempre, siempre fue comunista.
Mañana le vamos a decir adiós a un gran hombre, a un gran amigo, a un gran comunista, a un gran mexicano, a un gran camarada
La unidad de las izquierdas aporte estratégico y trascendental
Pablo Gómez, militante del extinto PC, ex legislador: Creo que Arnoldo es el dirigente de la izquierda más importante de la segunda mitad del siglo XX. Tuvo muchos méritos. Él llevó a la izquierda a la lucha por la democracia política, sin la menor reticencia, lo cual era muy criticado, muy incomprendido por otros.
Él dirigió un partido que se renovó, que era independiente, que no se sometió ni al gobierno ni a ningún otro partido, adentro y fuera del país, que tuvo una autonomía poco frecuente, muy rara en esas épocas de la guerra fría.
También fue el primero que planteó como objetivo estratégico de la izquierda la unidad de todas las corrientes en la medida de lo posible. Ese fue otro de los grandes planteamientos de Arnoldo.
Es una pérdida enorme, es un motivo de luto para las fuerzas democráticas de izquierda del país. Arnoldo Martínez Verdugo deja una herencia que la izquierda mexicana está obligada a preservar y a desarrollar: la lucha por la democracia política, la autonomía del partido y la unidad de las izquierdas son elementos valiosísimos, de carácter estratégico, trascendentales.

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