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domingo, 2 de junio de 2013

Arnoldo, a la Rotonda de los Ilustres




Jaime Avilés

 Para Martha Recassens

 

Octavio Paz nunca reconoció que, en la segunda mitad de los años setenta, el Partido Comunista Mexicano criticó en forma abierta y enérgica el totalitarismo de Moscú, abandonó el marxismo-leninismo (es decir, el estalinismo), salió de las catacumbas con un discurso propio que formuló 35 tesis específicas sobre nuestra realidad nacional, y se identificó, respecto al Kremlin, con el Partido Comunista Italiano y con el pensamiento de Enrico Berlinguer, que antecedió a la perestroika de Gorbachov y a la disolución de la URSS.

    El artífice de la transformación del PCM, que a su vez modificó la política mexicana, se llamaba Arnoldo Martínez Verdugo, nació el 12 de enero de 1925 en Pericos, un pueblo del municipio de Mocorito, Sinaloa, y murió ayer en su pequeño departamento de Coyoacán. Yo lo quise mucho, trabajé y viajé con él, y en homenaje a su memoria contaré algunas anécdotas que lo pintan de cuerpo entero.

    Una de las 35 tesis que el PCM enarboló en 1979, postulaba que para avanzar hacia la democratización del país era necesario que los curas tuviesen derecho al voto, pues había una corriente que simpatizaba con la teología de la liberación, denominada “cristianos por el socialismo”. Durante el congreso número XIX los cristianos lograron en votación dividida, que el partido incorporara esta exigencia a su programa.

    Poco después, Arnoldo viajó a Italia, en calidad de secretario general del mayor partido eurocomunista de América Latina y al hablar ante un conglomerado de obreros rojos en Milán dijo: “Y en México, camaradas, ¡los curas no tienen derecho al voto!”.

    “¡Bravo!”, gritaron miles de gargantas y dos miles de manos rompieron a aplaudir mientras el gentío se ponía de pie celebrando la magnífica noticia. Imperturbable, Arnoldo esperó a que se apagara la euforia y agregó con extraordinario valor civil: “Pero estamos luchando para que lo obtengan”. Y con admirable decencia, sus oyentes no se atrevieron a abuchearlo.

    Durante los largos años de la clandestinidad, en la época de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, maestros de Felipe Calderón en materia de crimen sin castigo y terror de Estado, Arnoldo despachaba en una casita de la colonia Condesa con el radio a todo volumen para que sus diálogos con los camaradas que acudían a verlo no fueran captados por los micrófonos ocultos de Gobernación.

    Era a todas luces un epígono del santo Job: un hombre de paciencia infinita con cara de persona insignificante. Cuando la policía secreta rodeó el lugar donde sesionaban los miembros del Comité Central durante el movimiento estudiantil de 1968, alguien ordenó a través de un altavoz: “¡Salgan! ¡Sabemos quiénes son! ¡Es inútil que traten de escapar o resistirse!”.

    Asumiendo su responsabilidad, puesto que era el líder máximo, Arnoldo decidió salir primero. Y cuando los esbirros de Díaz Ordaz lo detuvieron, uno le preguntó en forma altanerosa: “¿Cuál es tu cargo en el partido?” Con ese rostro cargado de beatitud y de tristeza, Arnoldo respondió: “Soy el secretario, señor”. Al oír esto, el policía informó a su superior inmediato: “Este cabrón dice que es el secretario”. Y como el jefe del operativo lo vio tan modesto, pensó que se trataba de un mecanógrafo y lo dejó ir. 

    La primera vez que viajé a Moscú (porque el vuelo de Aeroflot era el más barato que había para llegar a Roma desde aquí, y además había una escala de 48 horas que incluía hotel y comida gratis en un hotel junto al aeropuerto), me encontré a Arnoldo en el avión pero no en las anchas butacas de primera clase reservadas a los millonarios sino en alguno de los incómodos asientos para el público en general.

    Él iba a Berlín Oriental, a un congreso en honor de Marx con motivo del centenario de su nacimiento, y después de la primera escala, en el aeropuerto de La Habana, cuando el avión subsónico más rápido del mundo se lanzó a través del oceáno hacia Irlanda, las sobrecargos sirvieron la cena y se hizo la noche. Arnoldo sacó de su portafolios un bloc tamano oficio y del bolsillo de la camisa una pluma atómica, se puso los anteojos y comenzó a escribir su ponencia en la oscuridad.

    En Moscú lo esperaban un representante del Politburó y Teresa Gurza, la corresponsal del unomásuno, y su compañero de entonces, Antonio Franco, corresponsal a su vez de Oposición, el órgano oficial del PCM. Todos (yo básicamente en calidad de colado) fuimos trasladados al hotel que acogía a los secretarios generales de todos los partidos comunistas del mundo, donde cenamos como si fuéramos Carlos Slim: ojos de perdiz, filete de reno, champaña y después del postre café y coñac.

    Mientras Tere y Toño me deleitaban contándome detalles peculiares sobre los usos y costumbres de los moscovitas, Arnoldo pagó las consecuencias de su adhesión al eurocomunismo: el burócrata del Kremlin lo interrogó durante tres horas, en un saloncito aparte, y le pidió cuentas de un sinfín de temas, como si fuese un súbdito obligado a responder.

    En otras palabras, no lo dejaron comer ni mucho menos descansar, y entonces lo llevaron al aeropuerto a que tomara su conexión a Berlín. Esa costumbre de escribir sus discursos a mano y sin ayuda de nadie, había exasperado a sus asesores, un año antes, durante la campaña de 1982, cuando tras la disolución del PCM y la reconversión de éste en Partido Socialista Unificado de México (PSUM), fue candidato a la presidencia y obtuvo un millón de votos.

    Noche a noche, o en los trayectos a bordo del autobús El Machete, Arnoldo escribía no sus arengas sino en realidad los pequeños capítulos de un libro que publicó después, una suma de sus ideas políticas y de los objetivos que proponía la izquierda. Recuerdo su intervención, en diciembre de 1981, una noche en Acapulco (cito de memoria): “Si prevalece la injusticia social en México, un día no lejano bajarán los pobres de los cerros y vendrán a comernos para reclamar sus derechos”.

    Era una profecía y sin duda se cumplió: sólo que los pobres no cogieron las armas en nombre de la revolución sino para disputarse las rutas y los mercados de la droga, alimentando esta carnicería que lleva tantos años y no tiene para cuándo terminar.

    Aún veo a nuestro querido Arnoldo, empapado en sudor, aquella noche en el malecón de Acapulco, hablando para tres o cuatro mil personas, ante el imponente anfiteatro de la bahía más linda del Pacífico mexicano. Y lo recuerdo también en el mitin de cierre de campaña, cuando por primera vez desde la matanza del 1968, el Zócalo dejó de ser un espacio exclusivo del presidente en turno y fue recuperado por el pueblo.

    Tres años después los herederos de Lucio Cabañas lo mantuvieron en cautiverio largas semanas, encapuchado, hambriento y sediento, para reclamarle la devolución de 25 millones de pesos. Ese dinero había sido parte de un rescate que en 1974 Lucio obtuvo a cambio de la libertad del gobernador Rubén Figueroa. Como el pago se hizo obviamente en efectivo, el guerrillero Partido le pidió al PCM que le guardara los billetes hasta que pudiera usarlos. 

    Pero como Lucio murió asesinado y pasaron los años y nadie se presentó a recoger el dinero, el PCM compró el edificio de Monterrey y Zacatecas, en la colonia Roma, el mismo al que en 1986 llegaron los ex priístas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y al repartirse las oficinas encontraron una que les pareció “llena de basura”, de modo que procedieron a tirarla, cosa que hubieran hecho de no ser porque Eduardo Montes, otro de los viejos comunistas de la generación de Arnoldo, se los impidió a punto casi de sufrir un infarto: eran los carteles que de 1919 a 1981 produjo el PCM, el testimonio de todo un siglo de lucha a través de la gráfica popular. 

    Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador al frente del DF Arnoldo gobernó Coyoacán. Un día invitó a su paisano, Rito Teherán Olguín, a colaborar con él. Rito, que vivía en Culiacán, dejó todo y llegó a su antesala, a reportarle que estaba listo para ponerse a sus órdenes. Pero cuando Arnoldo salió y lo vio ahí sentado hacía ya dos horas, le dijo: “Hola, Rito, ¿qué andas haciendo por aquí?”. En ese momento se le declaró el alzheimer que lo mató ayer. 

    Puesto que su abnegación, su tenacidad y sus ideas marcaron y cambiaron la historia de México, Arnoldo Martínez Verdugo debe descansar en la Rotonda de las Personas Ilustres, entre Tina Modotti y Diego Rivera. Quien suscriba esta petición, puede hacerlo saber en Twitter a través de la cuenta @Desfiladero132
    


Publicado el Sábado, 25 Mayo 2013 01:29

sábado, 25 de mayo de 2013

Reconstruir la izquierda, el mejor homenaje a Martínez Verdugo

No hay que olvidarse de sus enseñanzas, su honradez y que fue un político de primera, sostuvo Carlos Payán, director fundador de "La Jornada", a su llegada al Museo de la Ciudad de México para el reconocimiento que se realiza al dirigente histórico del Partido Comunista.
Ángel Bolaños
Publicado: 25/05/2013 12:53
México, DF. La reconstrucción de la izquierda es el mejor homenaje que se podría hacer a la memoria de Arnoldo Martínez Verdugo, así lo afirmó Porfirio Muñoz Ledo, comisionado para la Reforma Política del Distrito Federal, uno de los primeros en llegar al Museo de la Ciudad de México para el homenaje de cuerpo presente que se realiza al dirigente histórico del Partido Comunista fallecido ayer.
Carlos Payán, director fundador del diario La Jornada, comentó que no hay que olvidarse de sus enseñanzas, su honradez y que fue un político de primera, en lo que coincidió el ex presidente del PRD capitalino, Ricardo Ruiz, al observar que “mucho de lo que somos como izquierda, se lo debemos a él”.
Retomar sus enseñanzas y “la congruencia que demostró siempre como político de izquierda es fundamental ahora para evitar desviaciones y simulaciones que se ven el partido”, apuntó.
El secretario general del PRD-DF, Enrique Vargas, anticipó que prepararán un festival para recuperar sus enseñanzas y darlas a conocer a las nuevas generaciones “porque la lucha que él encabezó debe continuar, y ese es el mejor homenaje que se puede hacer”.
Al Museo de la Ciudad continúan llegando diversas personalidades de la izquierda y funcionarios del Gobierno de la ciudad, entre ellas, los senadores Alejando Encinas y Mario Delgado, los secretarios de Educación y de Gobierno, Mara Robles, y Héctor Serrano, respectivamente, entre otros.

La herencia de Arnoldo Martínez Verdugo

Hasta siempre, camarada
Unió a la izquierda
Políticos que en su momento militaron en el Partido Comunista Mexicano (PCM) y destacados intelectuales hablaron con La Jornada sobre las contribuciones de Arnoldo Martínez Verdugo a la vida política del país. Lo calificaron como el sabio del comunismoun gran hombre, un gran amigo, un gran camarada
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Arnoldo Martínez Verdugo fue un convencido de que quienes teníamos coincidencias teníamos que caminar juntos, recordó Cuauhtémoc Cárdenas. Imagen de una manifestación en los 80Foto Pedro Valtierra / Cuartoscuro
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Pablo Gómez y Arnoldo Martínez Verdugo en julio de 1985Foto Pedro Valtierra
Alma E. Muñoz y Fabiola Martínez
 
Periódico La Jornada
Sábado 25 de mayo de 2013, p. 4
Figura central en la lucha por la democracia
Gerardo Unzueta, miembro del extinto Partido Comunista: Me acabo de enterar, lo siento infinitamente. Fue mi compañero desde el 46; en ese año marchamos juntos en la juventud comunista, en el periódico del partido La voz de México, en el propio Partido Comunista (PCM), en los diferentes momentos de ese partido, es decir en la clandestinidad.
Yo participé activamente, por medio de cartas con Arnoldo, mientras estuve en la cárcel. Él me mostraba todo lo que ocurría en el país y en el partido, y yo opinaba sobre eso.
Recuerdo una cuestión incidental extraordinariamente importante: el momento en que se produjo la invasión a Checoslovaquia y que nosotros decidimos estar en contra y reclamar la desocupación.
Ese momento fue extraordinariamente importante, porque mostró ante la opinión pública y ante el movimiento comunista internacional que nosotros teníamos una concepción más cercana de la lucha por la democracia dentro del PCM, dentro de los movimientos en los que participaba el partido, y dentro de los propios países en los cuales actuábamos.
La experiencia más fuerte y más grande con relación a Arnoldo fue el 13 congreso del PCM. Fue el momento en que hicimos una nueva concepción de la lucha política, del partido y la decisión de pasar a una acción unitaria hacia la sociedad mexicana, que después se reflejó en la creación de una nueva concepción de la vida política, de la cual el artífice principal fue Arnoldo.
Arnoldo fue el hombre que concibió el tránsito de la lucha concreta del PCM a la colaboración con otros partidos y a la lucha en general por la democracia en el país. El 13 congreso fue un punto clave, pero también nuestra participación en las elecciones.
Fuimos los primeros en plantear cuales debían ser las condiciones y los requisitos necesarios para que actuáramos como una fuerza política con sus derechos, con sus candidatos y después en el Congreso, en los diferentes periodos.
Hemos sido baluartes en la lucha por la defensa de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos y por su derecho de voto y participación en las elecciones, cuestión que, en general, otras fuerzas no lo consideran una decisión importante, mientras nosotros la hemos mantenido durante más de 20 años.
Todos los problemas de la unidad con otras fuerzas los resolvimos conjuntamente: en la dirección del partido, en la comisión política, en el comité central, en el conjunto de las relaciones de los comunistas con otras fuerzas y juntos decidimos ir a la creación del Partido Socialista Unificado de México, del Partido Mexicano de los Trabajadores y finalmente del Partido de la Revolución Democrática, junto con otras fuerzas, como la corriente que se separaba del PRI y con otra cantidad de organizaciones de la sociedad civil.
En fin, todo esto lo resolvimos juntos y decidimos la formación de un partido en la sociedad mexicana, de lucha abierta, de fondo, por la democracia, por los derechos políticos, hasta llegar a los últimos periodos.
El homenaje a Arnoldo en enero-febrero (en la delegación Tlalpan) lo reivindica precisamente como una de las figuras centrales de la lucha por la democracia en México.
Sin la lucha que él encabezó, pero que todos nosotros dimos, esta democracia que existe en México, a pesar de todos sus defectos y desde luego de sus fraudes, ni siquiera existiría. No estaríamos luchando y actuando en defensa de esta democracia, estaríamos luchando por la democracia, pero ahora estamos en la defensa de la democracia que conquistamos y de la cual Arnoldo fue una figura genial.
Ejemplos como el de Arnoldo hacen falta en estos momentos en el país, hay que recabar lo que ha sido su tradición, sus enseñanzas, su concepción de la lucha política, su concepción de la democracia, su concepción, en fin, de lo que es su desarrollo político.
Ejemplo ante la actual claudicación de la izquierda
Enrique Semo, historiador: Cercano y compañero durante 30 años en PCM, PSUM, PMT y después en el PRD, o sea durante 30 años, creo que fue uno de los artífices de la vieja izquierda, de la izquierda programática a la legalidad, que no fue una dádiva del gobierno priísta, sino el logro de todas las luchas populares.
Es muy importante su papel en diferentes periodos, el de semilegalidad del Partido Comunista, que compartí con él en el Comité Central 1961-1979; luego, el periodo cuando el PCM encabezó la fusión con otras fuerzas para crear una gran fuerza electoral, de 1979 hasta 1989. En eso Arnoldo no abandonó sus posiciones comunistas y entró al PRD, al mismo tiempo que yo, manteniendo en alto su bandera de comunista y de marxista, de su lucha de 30 años. Fue diputado en la primera fracción comunista en el Congreso de la Unión; un hombre de honestidad a prueba de balas; de gran entereza y valentía, y un ser humano tierno con sus amigos. Para él y su familia todo mi afecto.
Figuras como la suya hacen falta, porque hay una verdadera pudrición de la élite política. No voy a hacer referencia a los casos recientes, pero en ese ambiente de claudicación que hay en ciertos grupos de izquierda, Arnoldo es un ejemplo a seguir.
El político que más he respetado en mi vida
Carlos Payán, director fundador de La Jornada: Nos conocimos en 1958, en el Partido Comunista. Desde entonces hubo una relación de camaradas y un respeto que le profesé siempre, toda la vida. Es el político que más he respetado en mi vida.
La última vez que lo vi (Arnoldo) ya había perdido parte de la memoria. Hacía años que había un paulatino deterioro.
Como dirigente comunista fue el primero que alentó, en el partido, la crítica a la Unión Soviética, por ejemplo, ante la invasión a Afganistán. Lanzó al partido en contra de esa barbaridad que estaban haciendo los soviéticos.
Creo que cuando el pensó que ya se había perdido, se había esfumado lo dela dictadura del proletariado que se había enarbolado como bandera, decidió liquidar el PC y fundar otras organización, con otras fuerzas políticas, para agrandar el movimiento de izquierda.
Siempre estuvo con esa pretensión para asegurar el partido, la izquierda. Fue fundador del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, que ahora dirijo yo, que en realidad es el archivo y la memoria del Partido Comunista. Su objetivo era preservar la memoria del partido y, desafortunadamente, él fue perdiendo poco a poco la memoria, es una lástima.
Arnoldo siempre luchó por el reconocimiento del partido, que ya no se le persiguiera. Al final, él se acercó mucho a las posiciones de la socialdemocracia, pero en su interior siempre fue comunista.
Si uno platicaba con él, estaba pensando siempre en el comunismo. Siempre, siempre fue comunista.
Mañana le vamos a decir adiós a un gran hombre, a un gran amigo, a un gran comunista, a un gran mexicano, a un gran camarada
La unidad de las izquierdas aporte estratégico y trascendental
Pablo Gómez, militante del extinto PC, ex legislador: Creo que Arnoldo es el dirigente de la izquierda más importante de la segunda mitad del siglo XX. Tuvo muchos méritos. Él llevó a la izquierda a la lucha por la democracia política, sin la menor reticencia, lo cual era muy criticado, muy incomprendido por otros.
Él dirigió un partido que se renovó, que era independiente, que no se sometió ni al gobierno ni a ningún otro partido, adentro y fuera del país, que tuvo una autonomía poco frecuente, muy rara en esas épocas de la guerra fría.
También fue el primero que planteó como objetivo estratégico de la izquierda la unidad de todas las corrientes en la medida de lo posible. Ese fue otro de los grandes planteamientos de Arnoldo.
Es una pérdida enorme, es un motivo de luto para las fuerzas democráticas de izquierda del país. Arnoldo Martínez Verdugo deja una herencia que la izquierda mexicana está obligada a preservar y a desarrollar: la lucha por la democracia política, la autonomía del partido y la unidad de las izquierdas son elementos valiosísimos, de carácter estratégico, trascendentales.

Martínez Verdugo, pieza clave en la democracia

¡Hasta siempre, camarada

Los pueblos acabarán con el dominio del capitalismo, afirmaba
Reformador del PCM, siempre buscó mantenerlo independiente de la línea soviético-estalinista
En 1982 buscó la Presidencia por el PSUM
En 1988 aceptó apoyar a Cárdenas al declinar Heberto Castillo
En 1996 se opuso en el Congreso a la venta de la petroquímica; pidió buscar otra salida para modernizarla
Nuestro proyecto debe ir más allá de la política
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Raúl Flores, Carlos Payán Velver (al frente), Salvador Martínez della Roca, Iván García Solís y Gerardo Unzueta Lorenzana (atrás) montan una guardia de honor ante el féretro de Arnoldo Martínez VerdugoFoto Roberto García Ortiz
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Arnoldo Martínez Verdugo y Heberto Castillo durante la sesión del 28 de octubre de 1987 en el Palacio Legislativo de San LázaroFoto La Jornada
Arturo Jiménez
 
Periódico La Jornada
Sábado 25 de mayo de 2013, p. 2
Dirigente histórico de la izquierda nacional; reformador del Partido Comunista Mexicano (PCM), al que siempre se esforzó por mantener independiente de la línea soviético-estalinista; ex candidato presidencial por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y pieza fundamental en el comienzo de la transición democrática del país y la unificación de las fuerzas progresistas, Arnoldo Martínez Verdugo murió la tarde de ayer en su casa de Tlalpan, a los 88 años, víctima de una larga enfermedad y con la convicción de que llegará el momento en que los pueblos emprenderán una nueva ofensiva que ponga fin al periodo de dominación de la propiedad privada, que hoy se presenta como una fatalidad histórica.
Apenas el pasado 10 de enero, durante un homenaje que le hizo la delegación Tlalpan, dos días antes de su cumpleaños, los presentes –entre quienes se encontraba Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano– exclamaron a su llegada: ¡Se ve, se siente, Arnoldo está presente!
Y Martínez Verdugo, también ex legislador y ex delegado de Coyoacán por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), les compartiría poco después: Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida fue con convicción. Les plantearía además: Nuestro proyecto político tiene que ir más allá de la política. Debemos confirmar nuestro liderazgo ideológico y promover una profunda transformación de la sociedad.
Su vocación unificadora de movimientos democráticos, socialistas, de izquierda y progresistas, dijo Cárdenas en esa ocasión, es hoy muy necesaria para acumular fuerzas y transformar el país. A su vez, el antropólogo Roger Bartra Bartra –en un texto que envió a la ceremonia– se refirió a la falta de una biografía amplia acerca de Martínez Verdugo, cuyo papel democratizador equiparó con el de los dirigentes Enrico Berlinguer, de Italia, y Santiago Carrillo, de España.
El investigador criticó además que en la historia de la izquierda mexicana Martínez Verdugo sea una figura olvidada por muchos, pese a ser pieza clave para entender la transición a la democracia. Dijo que fue un dirigente comunista que, en contraste con la tradición estalinista, renunció a ser objeto de cualquier clase de culto a la personalidad y se escondió detrás de lamáscara gris y opaca de su posición como secretario general del PCM.
Originario de Pericos, municipio de Mocorito, Sinaloa, Martínez Verdugo fue obrero en su estado natal y en la ciudad de México, adonde vino para estudiar un tiempo en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda, en la que fue ayudante de Miguel Covarrubias, cuando éste pintó dos murales en el desaparecido Hotel del Prado.
Ya radicaba en la ciudad de México cuando, en 1946, al final del sexenio de Manuel Ávila Camacho, ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM), donde más tarde empezaría su liderazgo. En 1959, en el contexto nacional de los movimientos magisterial y ferrocarrilero, y de un férreo control y represión por parte de los gobiernos priístas, así como de la guerra fría entre los bloques encabezados por Estados Unidos y la Unión Soviética, los compañeros de Martínez Verdugo lo eligieron como miembro del secretariado colectivo del partido.
En 1963, al final del gobierno de Adolfo López Mateos, fue nombrado secretario general del Comité Central, cargo en el que fue relecto hasta 1981, cuando el líder izquierdista encabezó el proceso de transformación que desembocaría en la fusión del PCM con el Partido Socialista Revolucionario, el Movimiento de Acción Política, el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, el Partido del Pueblo Mexicano y el Movimiento de Acción Popular para dar origen al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), del que sería candidato presidencial en 1982, año en el que recorrería todo el país en el autobús El Machete, nombre del reconocido periódico del PCM.
Durante la invasión soviética a la antigua Checoslovaquia, en 1968, para terminar con la llamada Primavera de Praga, Martínez Verdugo y el PCM se opusieron a esa acción, con lo que se convirtieron en el único partido comunista de América Latina en tomar esa posición crítica.
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Arnoldo Martínez Verdugo fue el último dirigente del Partido Comunista de México. Nació en Mocorito, Sinaloa, en 1925, y falleció ayer en la ciudad de México a los 88 añosFoto Cuartoscuro
En 1978, durante el sexenio de José López Portillo y enmedio de polémicas de izquierda, Martínez Verdugo fue una de las figuras destacadas en las negociaciones con Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación, para la primera reforma electoral del régimen priísta, que había entrado en una fuerte crisis de legitimidad.
En 1979, el PCM se alió con el Partido del Pueblo Mexicano, el Partido Socialista Revolucionario y el Movimiento de Acción y Unidad Socialista para formar la Coalición de Izquierda, con la cual participó por primera vez con registro condicionado en un proceso electoral. Dicha alianza obtuvo 705 mil votos, lo que le permitió obtener 18 diputaciones. Martínez Verdugo se convirtió en el coordinador parlamentario de esa fracción en el Congreso.
El primero de julio de 1985 se informó que cinco hombres armados secuestraron a Arnoldo Martínez Verdugo, candidato a diputado federal por el PSUM, después de que el Partido de los Pobres reclamó una cantidad millonaria que dijo había dejado a resguardo del PCM, dinero que dicho partido había obtenido como pago por el rescate de Rubén Figueroa Figueroa, a quien secuestró una década antes, cuando era candidato del PRI a gobernador de Guerrero. Supuestamente el PCM utilizó los recursos para adquirir un edificio y algunos vehículos.
El dirigente comunista fue liberado luego de que el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado pagó su rescate.
Tres años después, el PSUM elige a Heberto Castillo Martínez como candidato a la Presidencia, pero cuando faltaban unas cuantas semanas para la elección, éste decide declinar su candidatura, y su partido, encabezado por Arnoldo Martínez, se suma a la del abanderado del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas, quien enfrentaría al priísta Carlos Salinas de Gortari. De dichas alianzas más tarde surgió el Partido de la Revolución Democrática, al que el líder histórico también perteneció.
Como legislador, Martínez Verdugo siempre expresó y defendió sus posiciones y la de su partido. Por ejemplo, en marzo de 1996, como diputado perredista y enmedio de un fuerte debate, propuso que la Cámara hiciera un pronunciamiento contra ladesnacionalización de las petroquímicasy que designara una comisión que estudiara otras salidas para la conservación, modernización y desarrollo de esa industria nacional.
En 2003, en el contexto del gobierno del panista Vicente Fox y durante un homenaje del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, y de la fracción del PRD en la Asamblea Legislativa, Martínez Verdugo advirtió que en México el retroceso se expresa en los intentos de un régimen que representa el interés del capital trasnacional por privatizar un recurso fundamental de la nación: la industria eléctrica.
Asimismo, criticó la intención del gobierno federal de resolver sus requerimientos de recursos para seguir fortaleciendo a la banca, con base en una reforma fiscal que afectaría a la mayoría de la población, y de propiciar la desaparición de instituciones que han sido impulsoras de la cultura.
Ideales para el proyecto de nación
En esa ocasión, López Obrador destacó los ideales de democracia y honestidad de Martínez Verdugo; dijo que cualquier actividad requiere de ideas, principalmente la política, por lo que para quienes tienen un proyecto de nación es necesario conocer de dónde se viene y quiénes han contribuido con el país, a fin de saber a dónde se tiene que ir.
Y entonces señaló que su gobierno estaba inspirado en los ideales de José María Morelos y Pavón, Benito Juárez, Pancho Villa, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas, así como de otros hombres de izquierda, como Valentín Campa, Othón Salazar, José Revueltas, Heberto Castillo y Arnoldo Martínez Verdugo.

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