lunes, 21 de noviembre de 2011

Nuestra campaña

Nuestra  campaña
Aún hay tiempo para que los ciudadanos se organicen debidamente para hacer de la siguiente campaña electoral un ejercicio auténticamente democrático, soslayando el discurso vago que a veces empareja tanto a los presuntos contendientes

 
El destape llegó en forma de un apretón de manos. Aunque ya muchos esperábamos la confirmación de AMLO como el candidato único de la izquierda electoral no imaginábamos que, luego de ello, tendría una campaña sustentada en valores sentimentales que rara vez logramos escuchar de un político, más siendo este mexicano. Pero al pensar en el contexto nacional, se entiende que el mensaje político de AMLO sea el contrario al de la práctica gubernamental que está sustentada en la débil retórica guerrerista. También es interesante observar como aquellos que han sido aleccionados dentro de las artimañas de la confrontación, buscan y rebuscan la “trampa“ en el mensaje fraterno que AMLO enarbola como una propuesta. Para esos personajes no hay lugar para responder el llamado a la paz, no conciben otra forma de trascender al país más que con la reiteración de violencia con todo lo que ello acarrea. Se debe padecer cierto odio patológico para seguir exaltando el mal camino que llevamos.

Juicios aparte, es necesario comprender que la paz no vendrá con tan sólo una elección federal, sino del involucramiento de la sociedad en la transformación de su propia realidad. Para ello no se requiere que algún político, por muy preocupado que se muestre, nos venga a señalar el camino. De tal forma, la agenda ciudadana debería ser adoptada como prioridad por aquél candidato que se presuma ser la opción para terminar con el desastre nacional; poco o nada le significa al ciudadano común que tal o cual candidato diga las habituales complacencias, este quiere escucharle decir que cada uno de los problemas de los mexicanos son diferentes y no pertenecen a una masa informe que se puede solucionar con un decreto presidencial. Tan poco basta sacar al PAN de Los Pinos, tampoco basta con impedir que el PRI regrese de un pasado que creíamos superado; es menester que la alternativa en realidad sea eso y no un derrotista último recurso.

Los entusiasmos deberán ser dominados en aras de la razón; los simpatizantes de la izquierda electoral deberán ser vehículos de información y no una simple sucursal de vitoreos; no serán los convencidos quienes decidan, sino aquellos que tienen dudas, los decantados, los apáticos. Ardua tarea.

Aún hay tiempo para que los ciudadanos se organicen debidamente para hacer de la siguiente campaña electoral un ejercicio auténticamente democrático, soslayando el discurso vago que a veces empareja tanto a los presuntos contendientes; hacer de esta una campaña de exigencias y romper los paradigmas de la política mexicana desde la base.

Postdata: ¿Revolución Mexicana? Parece que cada año el oficialismo festeja sobre la tumba de alguien muerto hace mucho tiempo.


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