martes, 22 de febrero de 2011

El fin del papel Jorge Ramos Periodista

Hace unos años hubiera estado seguro que esta columna la leerías en papel en un periódico o revista. Ya no. Es muy posible que la estés leyendo en una computadora o en un celular. El futuro ya llegó.

Diarios en todo Estados Unidos están cerrando debido al Internet. ¿Para qué esperar a leer mañana las noticias de hoy? Y la competencia está desapareciendo. Vivo en una ciudad con un solo periódico. Afortunadamente El Miami Herald tiene muy buenos periodistas. Pero sería aún mejor si compitiera con otro diario. Esto mismo se repite en varias ciudades. Estamos viendo el fin del papel.

En Estados Unidos ya hay más personas cuya principal fuente de noticias es el Internet y no los periódicos.

El 41 por ciento de los encuestados por el Pew Research Center dice que se informan por Internet frente al 31 por ciento que lo hace a través de los periódicos.

Entre los jóvenes de 18 a 29 años de edad la tendencia es aún más pronunciada. El 65 por ciento de ellos se informa principalmente a través del Internet. Más incluso que por televisión. Y sólo un 21 por ciento lo hace leyendo periódicos.

No me extraña. Mi hija de 24 años lee The New York Times por Internet mientras yo lo sigo recibiendo, religiosamente, en papel todos los días a las siete de la mañana.

Este fenómeno está transformando los medios de comunicación. Cada vez hay menos gente que se informa como fuente principal a través de la televisión y los periódicos. Las audiencias están migrando muy rápidamente hacia Internet y los teléfonos celulares.

Esto quiere decir que los despidos en televisoras, radiodifusoras y diarios van a continuar. Esto también quiere decir que periodista que no se adapte a la velocidad del click y el Internet terminará como pieza de museo.

El futuro es el presente. El Internet es la nueva reina de los medios. El rey papel está moribundo.

En el mundo de los libros también estamos viendo el fin del papel. La empresa Borders –con 19 mil empleados en más 650 librerías– se ha declarado en bancarrota. Las razones financieras son complicadas pero el tema central es uno solo: no vende suficientes libros. Así, una empresa fundada en 1971, corre ahora el riesgo de desaparecer.

El papel está siendo reemplazado por pantallas electrónicas.

El sitio de Internet Amazon vendió en los últimos tres meses del 2010 más libros electrónicos que libros de papel (paperback). Por cada 100 libros de papel, vendieron 115 libros electrónicos. Tienen 810 mil títulos de e-libros que se pueden leer en su pantalla de Kindle.

Además de evitar la tala de bosques, ir dejando a un lado los libros de papel es un buen negocio. Las ventas de Amazon aumentaron un 40 por ciento en el 2010. Fueron ventas por 34,200 millones de dólares. Nada mal en medio de una crisis económica.

Esta revolución sin papel está tumbando gobiernos. La última vez que un periódico sacó a un presidente del poder fue cuando The Washington Post obligó a Richard Nixon a renunciar por el escándalo Watergate en 1974. El Internet, en cambio, está revolucionando todo el mundo árabe.

Ya cayeron los regímenes de Túnez y Egipto. Otros vendrán después.

El poder revolucionario del Internet y las nuevas tecnologías es innegable. “La revolución de la información ha ido agujereando por doquier los rígidos sistemas de censura que las satrapías árabes habían instalado”, escribió recientemente el nuevo Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.

“La telefonía móvil, el Internet, los blogs, el Facebook, el Twitter, las cadenas internacionales de televisión y demás resortes de la tecnología audiovisual han llevado a todos los rincones del mundo la realidad de nuestro tiempo y forzado las comparaciones”.

El fin del papel está trayendo gigantescos cambios sociales y no sólo en el Medio Oriente.

El papel, desde luego, no va a desaparecer del todo. Las cartas más personales y los asuntos más importantes aún los escribo y guardo en papel. Todavía prefiero sentir, oler, tocar y leer un libro de papel que hojearlo en mi iPad.

Pero en el resto de nuestra existencia –sobre todo, en la manera en que nos informamos y leemos– las cosas ya cambiaron. Las pantallas están reemplazando al papel y, nos guste o no, hay que darle vuelta a la página.

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