jueves, 2 de septiembre de 2010

Astillero

Papelitos y papelazos
Informe electrónico
La Barbie, de última hora
Yunque frena cambio
Julio Hernández López

El contenido del informe de cuatro años de gobierno calderonista fue lo de menos, pues en San Lázaro el Congreso mexicano sesionó para dar un adelanto de las batallas campales por distintos botines que caracterizarán el último tercio del sexenio rojo. Apertura de trabajos legislativos tocada por el síndrome del calderonismo: la ilegalidad sustantiva y procesal, el atropellamiento de reglamentos, leyes y disposiciones constitucionales, la aprobación por mayoriteo de tretas y atajos para imponer acuerdos irregulares de cúpulas. Congreso silenciado por sí mismo –por los nuevos entendimientos de PAN y PRI en las cámaras, superados ya los malos entendidos electorales de las alianzas, recogida por cada cual la ganancia final-  en cuanto a la obligación de fijar de inmediato posicionamientos de los diferentes partidos respecto a los documentos llevados sin brillo a la consideración inaugural de los legisladores por un secretario de Gobernación en funciones de modoso mensajero.
Papelitos llevados de Los Pinos a San Lázaro nomás para cumplir el trámite del presunto informe que en realidad se está rindiendo, sin interpelaciones ni críticas molestas, a través de las otras cámaras del poder, las de la televisión o, más ampliamente, las del periodismo electrónico utilizado para difundir propaganda pinolera en la que se pinta el México maravilloso que fuera de esas frecuencias amables nomás no existe. El Congreso abre sesiones sin que los diputados se hayan puesto de acuerdo en el relevo del panista Francisco Ramírez Acuña, quien continúa presidiendo la mesa directiva en espera de que el próximo domingo ya se hayan entendido los priístas tramposamente expansivos, los panistas en busca de reconciliaciones y el perredismo dividido que pelea la presidencia disponible sin ponerse de acuerdo a cuál de sus bandos le pertenecería ese cargo que en todo caso preferirían perder, acusando al otro de la derrota, con tal de no fortalecer al adversario interno. Así se encamina ese poder, de facciones envenenadas y ambiciosas, a la atención y resolución de asuntos graves, como el diseño del paquete económico para el siguiente año y las reformas políticas. A fin de cuentas, lo que sucede en esos espacios de alfombrada representación popular es una muestra, una consecuencia y un abono de la descomposición política que vive el país, en una especie de lucha campal superlibre que de repente se disfraza de circo de ocurrencias y de drama telenovelero.
Ni quien discuta o se preocupe por lo que presumiblemente habría informado Calderón ante el Congreso desplazado (aunque FC se apresuró a incluir de última hora el oportuno “campanazo” de la muy peculiar aprehensión de La Barbie, tan llena de sospechas, puntos oscuros y sonrisas que el jefe de la operación captora, Genaro García Luna, calificó de mezquinos a quienes expresan dudas o críticas respecto a esa detención). A fin de cuentas, la entrega burocrática de ayer fue solamente un pretexto para la fiesta personal de hoy en Palacio Nacional, la campaña mediática desbordada, los call centers trabajando al máximo, la profusión postal, el bombardeo sin pudor en pantallas, micrófonos y páginas donde secretarios de Estado y su jefe de Los Pinos tratan de convencer de lo mucho que dicen haber hecho por este México que de otra manera ni cuenta se daría de esos presuntos esfuerzos.
Silencio, obviamente, respecto a los temas delicados del México ensangrentado, empobrecido, amedrentado. Fanfarrias comercialmente pautadas mientras el escándalo de la matanza de migrantes en un rancho tamaulipeco hace que el presidente de Honduras reproche al de Ecuador haber difundido que también habría sobrevivido un ciudadano del país centroamericano, lo que obviamente genera riesgos de venganzas mafiosas internacionales, y mientras el presidente de El Salvador anuncia que vendrá a una reunión sobre seguridad con Calderón (México de las desgracias concatenadas, irónicas, kafkianas: un vehículo que transportaba parte de los cadáveres de los asesinados en San Fernando, Tamaulipas, chocó en la ciudad de México y lesionó de gravedad a una persona).
Pero ni siquiera era capaz anoche ese “gobierno” federal de precisar con firmeza las circunstancias de la militante panista de extrema derecha que por razones de cuotas grupales ha sido encargada durante esta “administración” del jugoso negocio del Instituto Nacional de Migración. El Yunque parece haber frenado la intención felipista de aparentar aires justicieros mediante la destitución de Cecilia Romero, panista de larga trayectoria legislativa, que fue dirigente de la Asociación Nacional Cívica Femenina (Ancifem), una de las organizaciones públicas del tejido clandestino yunquista. Romero está casada con Emilio Baños Urquijo, hermano de Fernando, quien fue presidente del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO) en la década de los sesenta. Baños Urquijo es padre de María del Pilar Covadonga Baños Ardavín, quien fue la primera esposa de César Nava, hijo a su vez de uno de los fundadores del DHIAC, otro organismo de parapeto del yunquismo (la madre de María del Pilar Covadonga es hija de una hermana de Bernardo Ardavín, uno de los máximos jefes de El Yunque). César Nava, actual presidente nacional del PAN, fue secretario particular del ocupante de Los Pinos, posición que hoy ocupa otro militante de aquella agrupación secreta, Luis Felipe Bravo Mena. Todo lo anterior muestra que la tibia filtración hecha ayer desde Bucareli, en el sentido de que había renunciado desde un día antes la máxima funcionaria de migración nacional, fue un desafortunado lance del desubicado secretario Blake.
Y, mientras es atacado El Noroeste en Mazatlán, diario del que fue director Manuel J. Clouthier júnior, y mientras los soldados gringos se despliegan en la frontera con México, ¡hasta mañana, con el siempre claridoso Onésimo Cepeda diciendo que lo del Estado laico en nuestro país es “una jalada”!

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