miércoles, 15 de julio de 2020

Bolivia y México: La derecha y el poder por la fuerza

Pareciera que muchos aspiran a una salida por la fuerza del presidente mexicano, repetir el escenario que se vivió en Bolivia con Evo Morales.

La derecha en México insulta una y otra vez al presidente Manuel López Obrador. intransigente, violento, opresivo, incompetente, son calificativos que lanzan desde diferentes plataformas. 
La derecha en México insulta una y otra vez al presidente Manuel López Obrador. intransigente, violento, opresivo, incompetente, son calificativos que lanzan desde diferentes plataformas. Sin embargo, la izquierda mexicana, más que definir a sus adversarios políticos, muestra al país que le entregaron: una nación sumida en la miseria, sin soberanía energética y dependiente de  Estados Unidos. La derecha presiona e influye desde los medios de comunicación.
Pareciera que muchos aspiran a una salida por la fuerza del presidente mexicano. Para algunos observadores, el deseo no es otro que el de repetir el escenario que se vivió en Bolivia con la salida por la fuerza de Evo Morales.

¿En qué condiciones se encontraba México?

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador recibió un país en la mayor desdicha: 40.000 desaparecidos, 300 bandas delincuenciales, una economía que en 2018 tuvo el crecimiento de 2,0 por ciento, el número más bajo registrado desde 2013. En tanto, el desempleo tuvo un incremento y alcanzó en 3,6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA). 
¿Cómo puede la derecha –se preguntan entonces muchos– pedir el milagro de ver, en tan poco tiempo, un país resurgir? Tantos años de desgobierno –opinan– no se borran en tan poco tiempo. En un artículo en Rebelión, la periodista Eva Cuervo ha sido precisa: “el pueblo mexicano debe tener muy claro que no va a ser fácil cambiar todo el andamiaje de corrupción que, durante 36 años, permitió el saqueo de nuestras riquezas nacionales, hay que ser paciente y persistente para lograr la consolidación de la 4T”.
Un estudio realizado por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) indica que AMLO recibió el país con un 99,3 por ciento de impunidad. Tanto como eso, el Índice de Percepción de Corrupción colocaba al país en el lugar 129 de 180 países, donde el último es considerado el más corrupto. De ahí que el 1 por ciento más rico concentraba ya –desde que López Obrador recibe el Gobierno– el 21 por ciento de los ingresos totales. Sumémosle que el 43,6 por ciento de los mexicanos (53,4 millones de personas) vivía en pobreza. 
Lo cierto es que, aún en medio de la pandemia, la derecha no ha dejado de cuestionar al Gobierno. Desde todos sus recursos disponibles –medios de comunicación y organismos que se autodefinen como autónomos– insisten en lo que parece una ofensiva bien articulada. No son pocos los que acusan a la derecha mexicana de poseer, incluso, entidades y agencias para fabricar mentiras en redes sociales.

Pero, en verdad, ¿cómo va la economía mexicana?

López Obrador ha destacado que su Gobierno impulsa el desarrollo para el bienestar: “queremos construir la modernidad desde abajo, entre todos y sin excluir a nadie. Ese 'abajo' implica el protagonismo histórico de los siempre desposeídos, oprimidos, despojados y discriminados, aquellos que han sido tradicionalmente atropellados por los grandes intereses económicos, ignorados por los medios de información convencionales y privados del ejercicio de sus derechos por el poder político”. 
Pero el malestar de los grandes empresarios no se ha hecho esperar; se quejan del poco apoyo del Gobierno, que reserva los recursos que posee para mejorar el ingreso de los grupos vulnerables. En ese sentido, la izquierda mexicana ha visto con pesar cómo, según datos registrados por el IMSS, entre el 13 de marzo y el 6 de abril de este año –en tiempos de pandemia– los grandes empresarios han eliminado 346.800 empleos.
Pese a las críticas, y según afirmó hace solo unos días el Grupo Financiero Monex, México tendrá una tasa de crecimiento promedio de 2 por ciento a lo largo de la siguiente década. Según el grupo, la recuperación será paulatina, con sectores más afectados. Pero el hecho de que se considere una recuperación, en situaciones tan complejas y en medio de una pandemia, es un aliciente para el Gobierno mexicano. Analistas de Monex prevén una crisis con fuertes contracciones, pero creen que el país regresará a la normalidad.
Asimismo, en su programa dominical, el 24 de mayo del presente año, López Obrador señaló: “Quiero decir que nosotros ya tenemos un plan para la recuperación y la creación de nuevos empleos, 2 millones de nuevos empleos”.
Esos 2 millones de empleos –dijo el presidente– surgirán de los programas Jóvenes Construyendo el Futuro, el de mejoramiento urbano, la construcción del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, mantenimiento de carreteras y caminos rurales, la contratación de médicos y enfermeras y la incorporación de nuevos elementos a la Guardia Nacional. Comentó, además, que seguirán proporcionándose apoyos económicos, como la entrega de becas, para reactivar la economía.
Por otra parte, muchos insisten en que no se pueden olvidar las estadísticas del primer año de Gobierno de AMLO. Pues ese periodo es siempre una muestra de las proyecciones futuras. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en su primer año el actual gobernante mexicano aumentó los ingresos un 5,9 por ciento, muy por encima de todo el Gobierno de Peña Nieto. Un análisis de las cifras que ofrece INEGI muestra cómo, en el Gobierno anterior, el ingreso laboral aumentó menos de la mitad de lo aumentado con AMLO en un solo año. Y los trabajadores, que hasta ese momento ganaban menos, hoy han sido los más beneficiados.
A pesar del coronavirus, según esta misma fuente, de enero a marzo la inversión foránea fue de 10.334 millones de dólares, 1,7 por ciento más que en el mismo trimestre del año pasado. Aún más reciente: Petróleos Mexicanos (PEMEX) acaba de hacer público que el petróleo de este país sigue en aumento. En mayo, y según refleja El Universal, el precio del petróleo se duplicó para tener su mayor ganancia desde 1996. 

La derecha insiste

En algunos medios se insiste en que México no vive un golpe de Estado desde hace mucho tiempo, pero no son pocos los que se oponen a esta afirmación. Lo ocurrido en los años 1988, 2006 y 2012 es recordado por amplios sectores de la población como golpes de Estado electorales. No necesariamente –aseguran– los golpes de Estado tienen que ser por la fuerza. Por eso la izquierda observa con desconfianza las campañas de desestabilización que realizan algunos medios.
En la mañana del 19 de mayo, el periodista Pedro Ferriz Hijar, hijo del exaspirante a una candidatura independiente por la Presidencia de la República, publicó en su cuenta de Twitter: “Si usted advirtiera que México se acerca al comunismo. ¿Apoyaría un golpe de Estado?”. No tardaron en aparecer las críticas aludiendo a las formas sutiles de insertar “el golpe” en la vista de los lectores. Incluso, hay quienes acusan a ciertos sectores de intentar el descontento en las Fuerzas Armadas; hecho que resulta irrealizable si se tiene en cuenta un elemento histórico: las Fuerzas Armadas mexicanas nunca han participado de un golpe de Estado. De aquí, probablemente, que otro sector prefiera el golpe blando y siembre este tipo de insinuaciones en redes sociales y medios de comunicación.

¿En qué se parece México a Bolivia?

Para muchos entendidos, no se pueden mirar la política y la economía del continente sin echar un vistazo a los intereses de Estados Unidos. Los partidos de izquierda provocan agitación en los líderes estadounidenses, pues la derecha es quien estimula una base laboral barata e invariable.
A tono con esta perspectiva, el pasado 27 de noviembre Trump anunció que su administración denominará como “organizaciones terroristas” a los narcocárteles mexicanos. Las repercusiones no se hicieron esperar: ¿tal designación no facilita el camino para una intervención militar estadounidense? Muchos recordaron, además, cómo los principales capos de estos cárteles han tenido lazos de larga data con el Gobierno de Estados Unidos. Tampoco tardaron las referencias al pasado reciente: ¿los grupos paramilitares de extrema derecha no han sido entrenados por la CIA y enviados a Centro y Suramérica con dinero proveniente del narcotráfico?
Un usuario en las redes sociales, mientras todos opinaban sobre estos temas, resultó medular: “hay que observar un detalle –dijo– México se parece a Bolivia en que tienen un adversario común: los Estados Unidos”.

López Obrador, su estrategia ante la pandemia

Pese a la instigación y las amenazas de la derecha mexicana, el presidente López Obrador —que se mantiene con altos índices de aprobación, según la encuestadora Enkol— ha sido enfático: “para hacer frente a la crisis económica que generó la Covid-19 se requiere un modelo del todo nuevo”. El presidente mexicano lo definió como “estado de bienestar igualitario y fraterno, basado en democracia, justicia, honestidad y austeridad”.
López Obrador sostiene que el problema de fondo no es la Covid-19, sino el sistema de organización social hegemónico basado en la explotación y la dominación de unos seres humanos sobre otros y de todos los humanos sobre la naturaleza.
La derecha insiste en que los temas en México no van bien, pero más que luchar contra la pandemia lo hace contra López Obrador. El periodista Normando Medina Castro, desde La Jornada, concluye: “Si López Obrador hiciera una campaña contra el mosquito transmisor del dengue, el bloque opositor apoyaría a los mosquitos”.

lunes, 13 de julio de 2020

La situación de la extrema derecha

Pablo Gómez

Reporches en San Lázaro. Foto: Miguel Dimayuga


CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El ruido calumnioso metido en las redes sociales, tan luego se informó del trágico fallecimiento de la gobernadora y exgobernador de Puebla, no ha sido una respuesta elemental e irreflexiva. Es parte de la situación en la que se encuentra la extrema derecha mexicana a partir de las recientes elecciones.
Vemos ahora una ira contra todo lo que siempre se había odiado. 
La extrema derecha mexicana ha vivido un tanto asustada del peligro de que llegara al poder lo que ella misma califica de populismo. Primero fue Cuauhtémoc Cárdenas, después, Andrés Manuel López Obrador. La diatriba, el rumor, la noticia falsa han sido armas de constante uso en contra de la fuerza política emergente en el país.
Para aproximarnos a la existencia de este fenómeno, véase la forma tan tranquila en que esa derecha observó el cambio de presidente de la República en 2012. Se iba el PAN, pero no llegaba la izquierda sino la otra derecha. Las cosas se mantuvieron bajo control, aun cuando se criticara y despreciara de vez en vez al mandatario priista, dentro y fuera del PAN, dentro y fuera del PRI.
Es verdad que esa extrema derecha no sólo está dentro de ambos partidos. Esto mismo le permite asumir diversas formas para expresarse con frecuencia sin compromiso partidista alguno, desde medios de comunicación y a través de organizaciones y empresas.
El problema de estos días es que muchos en el PAN y no pocos en el PRI están avanzando en la misma actitud iracunda contra la izquierda cuando ésta se ha convertido en fuerza gobernante del país como consecuencia de un torneo electoral, es decir, a través del voto ciudadano.
El viejo partido de la derecha, aquel que siempre fue leal oposición del viejo sistema político, el presidencialismo exacerbado y de partido del Estado, ha dejado de proponer y dedica su tiempo a tratar de bloquear mientras acusa al nuevo gobierno, así nomás, de dictatorial.
El otro viejo partido, el que siempre asumió al PAN como única oposición y le fue leal hasta entregar sin disgusto la presidencia a Vicente Fox, un panista impostor pero al fin líder del PAN, ahora, en ocasiones, se acomoda lastimosamente como último vagón de la derecha extrema.
Es la reacción, es decir, el tratar de volver las cosas al estado en que estaban antes.
La pensión universal de adultos mayores, las becas a todos los estudiantes de bachillerato, el financiamiento público de millones de empleos de jóvenes aprendices, son vistos como un reparto de dinero para obtener el apoyo de una parte del pueblo. Son programas “populistas”, en la visión reaccionaria, aunque no sean financiados con más deuda pública, como lo fueron los programas sociales focalizados y condicionados que llevaron a cabo PRI y PAN durante muchos años.
No se trata, sin embargo, del neoliberalismo a secas, sino de aquel que es más ideológico. La extrema derecha mexicana no es vociferante y maledicente sólo para preservar sus intereses económicos individuales y la corrupción que le brinda ganancias, sino para defender su concepción de país y de mundo, ligada sin duda a sus intereses de clase, pero también a su concepción más general, aquella que expresa intereses difusos, más históricos:  los de dominancia social. Es por ello que no va a cambiar y no va a dejar de maldecir el día en que la izquierda se convirtió en fuerza gobernante en su “propio país”.
A esto debe responder, ahora y en el futuro, la nueva fuerza gobernante, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo.
El PRI en el Senado se ha ubicado también del lado de esa actitud iracunda. Al ponerse a la cabeza del PAN, en medio de las acusaciones contra el gobierno sobre el trágico suceso en Puebla, el PRI descalifica desde ahora la investigación sobre la caída del helicóptero. Propone que el Senado investigue, pero una comisión senatorial no podría en forma alguna saber más y mejor al respecto que otra de técnicos especialistas.
Sin embargo, Osorio Chong, el exsecretario de gobernación cuando ocurrió la desgracia de Iguala, nos dice a bocajarro que no está dispuesto a tolerar que se oculte la verdad y que todo debe ser esclarecido rápidamente. Este sería un episodio de comicidad si no fuera porque el PRI se ubica, por boca de uno de sus portavoces parlamentarios, en el plano de la extrema derecha: vocifera en lugar de pensar.
Las acusaciones vertidas en redes sociales en contra de López Obrador con motivo del deceso de las dos personalidades políticas poblanas y panistas no son obra de una acción concertada, aunque, soltada la mentira, algunos bien organizados reprodujeron la especie del atentado político. Se trata de otra cosa. Es un estado de conciencia de la extrema derecha ante un mundo que se le está cayendo y que no logra volver a integrar en su escindida cognición. Entre lo real y lo que debe ser hay para esa corriente política e ideológica muchos puntos que no quieren coincidir.
Por esto, dentro de ese pensamiento reaccionario aceptado por la voluntad propia, el designio de la extrema derecha arroja que, pase lo que pase, el gobierno de López Obrador siempre ha de ser perverso, lo peor, lo irreconciliable con una moral que se niega a reconocer su hundimiento porque no contiene en sus preceptos el mínimo elemento de democracia.
La extrema derecha mexicana se está ubicando en el plano del delirio. Por ello busca solamente bloquear, vociferar, insultar, falsear, mentir.
Es preciso un nuevo sistema de comunicación social que responda bien y rápido a un fenómeno que no sólo está siendo manipulado por varios mecanismos formales, sino que es incontinente expresión de un estado de conciencia que viene de la profunda sensación de haber sido despojado de un orden establecido. Así está la extrema derecha. Pocas veces había estado así en México.
Piénsese en 1857.


miércoles, 8 de julio de 2020

LA PELIGROSA SOMBRA DE LA ULTRADERECHA EN MÉXICO

Por Antonio Rosales
Tras la #MarchaDelSilencio (también conocida como Marcha Fifí en redes sociales), realizada este domingo 5 de mayo y convocada por Nosotros los chalecos/Los Chalecos México –que modificaron su nombre luego de que el pasado febrero, el movimiento izquierdista Los Chalecos Amarillos de Francia los desconociera–, resulta necesario analizar el penoso estado de la ultraderecha en México.
El triunfo avasallador de Morena en los pasados comicios, que aplastó y casi sepultó al resto de la partidocracia, no sólo en la Presidencia de la República sino también en gubernaturas, Congreso de la Unión, legislativos estatales y alcaldías, dejó al bipartidismo derechista (popularmente conocido como PRIAN), que se había repartido el poder durante treinta años, hecho cenizas.
Y las cenizas se encuentran demasiado desorientadas como para retomar el control del barco.
La incompetencia, la ineptitud, la violencia y una corrupción colosal y rampante, fueron tan solo algunos de los factores que pavimentaron la cuesta abajo por la que se desbarrancó de bruces el discurso de “estabilidad” que enarbolaba José Antonio Meade y el de “innovación” de Ricardo Anaya.
Amplios sectores de la población estaban/están (estábamos y aún estamos) hartos de esa eufemística “estabilidad” que sólo sirve para enmascarar el letargo-crisis de la economía mexicana; “estabilidad” protectora del desastre priista, y el de “innovación”, que hubiera sido otra forma de pesadilla si tomamos en cuenta que parte de la coalición que impulsaba a Anaya (PAN-PRD) fueron los mismos que firmaron el Pacto por México de Enrique Peña Nieto.
También fueron los mismos que se convirtieron en meras caricaturas de una falsa oposición, marchando siempre al son que les tocara el peñanietismo. “Innovación” y “estabilidad” que en políticas públicas nos habría llevado al medioevo, ya que ni Anaya, ni Meade se resistieron a hacer acuerdos con el Frente Nacional por la Familia, caracterizado por su homofobia y enemigo de las libertades de las mujeres.
La ultraderecha, a falta de la presencia casi absoluta a la que estaban acostumbrados en el sistema político mexicano, hoy se refugia en marchas “Fifí”, en grupos de Facebook que repudian a los migrantes, en un supuesto apartidismo que abandera los prejuicios más recalcitrantes de la derecha, y se expresa en vídeos con discurso virulento como los del empresario regiomontano Gilberto Lozano. Busque sus vídeos en Youtube e intente no traumarse.
Esa misma ultraderecha celebra que su número de manifestantes creció. Cierto, de los quinientos asistentes que asistieron a la Segunda Marcha Fifí de diciembre pasado en la Ciudad de México, se calcula que en esta ocasión se congregaron entre tres mil y cinco mil personas, de acuerdo con el portal Sin Embargo El Financiero.
Pero distan aún de los 15 mil asistentes que reportaron medios como La RazónPolítico.mx, El Imparcial y MVS Noticias, y ni en sueños son los “más de 50 mil asistentes” y después “más de 70 mil”, que aseguraron los Chalecos y su vocera Alejandra Morán, a través de redes sociales y entrevistas a medios de comunicación.
Por ello, resultó una joya del humor involuntario escuchar al expresidente Felipe Calderón asegurar en un vídeo que “cientos de miles” de mexicanos participaron en la marcha.
Craso error creer que con fake news se robustece un movimiento social –si así podemos considerarlo–, como lo intentó el exsenador (a ratos priista, luego panista, de nuevo priista y a veces, otra vez panista) Javier Lozano Alarcón con la fotografía de una manifestación de 2008. Cientos de usuarios de redes sociales, como el economista Sergio Saldaña, exhibieron el fraude:
Le sugiero a @JLozanoA corregir su foto de la #Marchadelsilencio, pues su foto (según de hoy) es previa –al menos– al 2010, donde Paseo de la Reforma: – No tiene Estela de Luz – Ni la torre BBVA – Los camellones aún tenían pasto (ahora son de concreto en forma de pirámides) #Fake
  • @SergioSaldanaZ, 5 de mayo, 2019.Mayor error pretender sumar gente denigrando a quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador, considerando que el excandidato de Morena obtuvo 30 millones de votos, tiene más de 70% de aprobación de acuerdo a diferentes encuestas y es, quizás, el presidente con más votos en la historia reciente de México.
    En nada ayuda llamar “descerebrados”, “ignorantes”, “nacos”, “chairos”, “mugrosos” o gritarles “Regresate a tu pueblo” a los obradoristas, como hicieron algunos inconformes, cuando el graduarse de escuelas privadas no les ha servido de nada para no cometer garrafales errores de ortografía y sintaxis en sus pancartas, y cuando se presume mayor educación que “el pópulo” al que tanto desprecian pero no lo demuestran en su conducta.
    Tampoco sirve de nada intentar sumar simpatizantes partiendo del clasismo más burdo, criticando a los migrantes y a los beneficiarios de los programas sociales,  tachándolos de “chairos huevones” que “viven de nuestros impuestos”, cuando los sectores más desfavorecidos también los pagan a través de los descuentos obligatorios que se realizan a sus salarios, los cargos de IVA a servicios (agua, luz, gas, electricidad, internet, telefonía) y las compras más nimias que realizan cada día, como un refresco o unos chicles.
    Etiquetar de flojos a los sectores más vulnerables, con la infame idea de que “los pobres son pobres porque quieren”, en un país que rebasa los 50 millones de pobres y donde un título universitario no te garantiza salir de la miseria, no es la forma más inteligente de lograr nada, más allá de memes, críticas y burlas.
    El estado de la ultraderecha es vergonzoso porque, luego de haber sido el Zeus todopoderoso que controlaba todo en la otrora Nueva España (“Disculpe usted su Majestad”, dijeron muchos de ellos en marzo pasado, al rey Felipe VI), hoy es un bebé -“ternuritas”, les diría cierto presidente tabasqueño- que intenta ponerse de pie y caminar con firmeza, pero solo acaba tropezando y dando tumbos propios del primerizo.
    La diferencia es que el infante de carne y hueso despierta afecto y simpatía, mientras que la ultraderecha que está quejándose genera rechazo, cuando no pena.
    Pese a su escaso número, la sombra que es hoy la ultraderecha mexicana es peligrosa no por su músculo, sino por el desconocimiento y la violencia clasista que la alimentan de fondo. No es censurable la oposición, sino que la cimenten desde el prejuicio y el dogma. Argumentos hay y muy buenos; deberían utilizarlos. Pero los argumentos se desploman cuando parten de la falsedad.
    Decir que López Obrador es “comunista, socialista” y que ello lo hace peligroso, es una falacia argumentativa dantesca. Siento desilusionar a quienes aún no lo han notado, pero el presidente cambió mucho el discurso de izquierda radical que tenía en 2006 y el mismo se ha definido como un político “de centro”.
    Si bien su discurso pone en el centro a los pobres, en los hechos lo cierto es que no todas sus políticas podrán subsanar la enorme desigualdad de nuestro país y aunque López Obrador no quiera reconocerlo, el neoliberalismo aún no ha muerto.
    Y no señores, los comunistas/socialistas/anarquistas no son satánicos, ni comen niños. Al Padre Tiempo gracias, ya no tenemos a la conductora de TV Azteca, Lolita de la Vega, fomentando ese tipo de ideas, como en los años noventa. Urge elevar el nivel de la discusión, y dejar de lado esos conceptos propios del Yunque, el Muro o los cristeros; más adecuados para la Guerra Fría y la Guerra Sucia del siglo pasado, que para el siglo XXI.
    Decir que el actual gobierno ha generado “desconfianza” y “caída” de las inversiones es otra mentira, ya que las inversiones extranjeras aumentaron, la mayor parte de los bonos de deuda han sido adquiridos por extranjeros y el megafondo financiero Blackrock quiere realizar una mayor inversión, de la que ha hecho en Pemex y Banamex desde Enrique Peña Nieto.
    (Ojo aquí: Estamos en un momento surrealista y extraño, en el que la ultraderecha exige un neoliberalismo más desigual, entreguista, fascista y profundo, en el que la izquierda partidista cierra los ojos y aplaude algunas políticas económicas, que no están tan ajenas a lo neoliberal; y en el que los principios ideológicos ya es lo que menos importa en las pugnas partidistas “izquierda-derecha”).
    Mala apuesta decir que López Obrador es “un peligroso tirano”, cuando él dice una cosa pero su gabinete y el legislativo acaban haciendo otra. Tampoco es propio de un “dictador”, como lo llama la ultraderecha, aprobar la revocación de mandato y la pérdida de fuero, si bien es cierto las condiciones se prestan a debate y que se quedaron cortos al aprobarlo sólo para el presidente.
    Muy extraño ese “autócrata” que dibujan sus opositores, que rechaza la injerencia militar extranjera en un país sudamericano. Bastante suigeneris este autoritario mandatario –nótese mi sarcasmo, diría el periodista Vicente Serrano– que inició su sexenio con consultas populares (más allá de que éstas fueran vinculantes o no, lo cual es otro tema). Rara dictadura en la que la oposición puede manifestarse, a diferencia de las violentas represiones que sufrieron las manifestaciones contra Peña Nieto.
    Vaya, qué irónico es este occidentalizado mundo capitalista, que le dio el premio Nobel de la Paz a Obama tras Libia, y que jamás han osado criticarlo por ello. En cambio, llaman “dictador” a quien respeta la Doctrina Estrada. ¡Así las cosas!
    Es entendible y legítimo que los integrantes de la Marcha Fifíprotesten contra la violencia que azota nuestra tierra, con sus miles de muertos, desaparecidos y desplazados; violencia que todos padecemos en diferentes niveles. Lo que es censurable es que en su discurso soslayan como la desigualdad económica impacta en la delincuencia, y el Docenio Sangriento de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con la Guerra contra el Narco como punto de partida.
    Condenable, sí, que el presidente piense que la exigencia de paz es sólo de los conservadores, pero más condenable es que sectores que jamás se preocuparon del 2 de octubre de 1968, el jueves de Corpus del 71, Ayotzinapa y Tlatlaya, hoy vengan a espantarse por una violencia que no repudiaron antes.
    Reprochable que el presidente evoque el pasado para justificar el presente, sí, pero también reprochable que los mismos políticos del PRIAN que llevaron a la patria a esta debacle, hoy salgan de forma oportunista a querer capitalizar un descontento del que ellos fueron los mayores responsables.
    Cuestionable que una ultraderecha que siempre condenó las protestas sociales y que poco dijo de la Guardería ABC, hoy pretenda imponer que su rebelión es la única que importa. Muchos de los mismos que no exigieron la renuncia del presidente por Villas de Salvárcar o los dos estudiantes del Tec ejecutados en marzo de 2010, hoy exigen la renuncia de AMLO por Tlahuelilpan y Minatitlán.
    ¿Qué futuro le queda a la ultraderecha, luego del derrumbe de sus intelectuales como Enrique Krauze? De poco les ha servido refugiarse en Francisco Martín Moreno o Macario Schettino, apodado Mc Ario en redes sociales en octubre pasado, luego de que éste esbozara que la inteligencia es “diferente” según la etnia.
    ¿Qué decir de una derecha y ultraderecha tan cercanas a Felipe Calderón, Vicente Fox, a los impresentables Javier Lozano y Fernando Belaunzarán, a la desangelada Margarita Zavala, a las reaccionarias #HijasdelaMx, a un Gabriel Quadri que desea un partido como el Vox de España, o a su activista de cabecera, la macabra señora Wallace, de la que ya muy poco podemos agregar?
    ¿Qué decir de quienes usan como única fuente de información a periodistas como Ricardo Alemán, Martin Moreno, David Páramo y Pablo Hiriart? ¿Qué decir de una derecha que contempla a Slim, al presidente de la Coparmex y a Juan Pardinas como presidenciables, pero que ignoró completamente a María de Jesús Patricio, Marichuy? ¿Qué decir de una derecha que necesita recurrir a personajes caricaturescos como el insufrible Juanito, a pesar de que éste ha sido abucheado en varias ocasiones en la Ciudad de México?
    ¿Qué decir de un sector aún enfurecido por la cancelación del Aeropuerto Internacional de Texcoco por “los empleos y la derrama económica que traería”, pero indolente ante las implicaciones ecológicas que hubiéramos padecido, el discrecional uso de las Afores para su financiamiento, y ante la represión en San Salvador Atenco, que le precedió?
    Cierto, quienes nos sentimos más cercanos a la izquierda que a la ultraderecha, podemos respirar tranquilos. Los reyes del oscurantismo y enemigos de las libertades –como la equidad, el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la adopción por parejas del mismo de sexo, la educación sexual y el Estado Laico– reposan en las sombras esperando captar cualquier atisbo de luz, para aferrarse al poder de nuevo.
    Los Juan Dabdoub y los Jorge Serrano Limón, que se escandalizan más por una mujer que aborta que por el deplorable estado de los orfanatos, están muy lejos de regresar a Palacio Nacional, al menos hasta el momento. No hay en el escenario una figura lo suficientemente fuerte en la derecha partidista.
    Pero, como me dijo un amigo, no hay que confiarse. Pueden recuperarse. Está en nosotros, los ciudadanos, hacer conciencia sobre lo que significaría regresar a ese pasado… Que la lamentable herencia que nos dejaron, nos sirva para no olvidar.

domingo, 5 de julio de 2020

Bienvenida la declaración de los compañeros de Benito Juárez.


Celebran investidura de AMLO con festival musical en el Zócalo ...

Pronunciamiento de la Asamblea de base de Morena en la Alcaldía Benito Juárez.
Ciudad de México, 5 de Julio del 2020

Nuestro Presidente y el gabinete federal, así como diversos personajes destacados de nuestro Movimiento, están de manera permanente bajo un acecho ruin y cada vez más virulento.

Es evidente que todos aquellos que resienten la pérdida de sus privilegios y quizá, hasta de su libertad, fomentan y financian estas actividades que bien podemos calificar de provocaciones golpistas.

En este escenario, surgen personajes como Alejandro Rojas Díaz-Durán, senador suplente de Ricardo Monreal Ávila y que se ostenta como miembro de Morena –cuyos derechos están suspendidos y que concita el repudio de una gran mayoría del Obradorismo- y sus ataques a nuestra organización no son coincidencias.

Este señor juega con la derecha porque coincide con los blancos de los enemigos de la Transformación de la vida pública, buscando debilitar el apoyo popular al presidente para derribarlo, tal como lo hacen Gilberto Lozano y Pedro Ferriz, para citar sólo los más escandalosos.

Y en esta búsqueda, ha recibido el apoyo incondicional de las instituciones más podridas de México que son las encargadas de la “justicia” electoral. Los militantes verdaderos de Morena no olvidamos las traiciones que de éstas ha sufrido la voluntad popular.

Alejandro Rojas Díaz-Durán es un desconocido en los terrenos de nuestro Movimiento. Nadie recuerda haberlo visto en manifestaciones, protestas, mítines, reuniones de comités; ni en ninguna actividad propia del Movimiento.

Condenamos estas actitudes golpistas y alertamos a nuestros compañeros que de buena fe pudieran caer en la trampa de sus convocatorias, para que no acudan porque violarán nuestros Principios y nuestro Estatuto.

Hacemos un llamado respetuoso al senador Ricardo Monreal a que detenga a este personaje o se deslinde de él.

Exhortamos fraternalmente a los dirigentes de nuestro partido a que privilegien el diálogo sobre las disputas internas.

Ante los ataques de la oposición ya mencionados, es indispensable que estemos unidos para colaborar con nuestro presidente a la defensa de la 4ta Transformación.

Por último, debemos siempre recordar la ética como parte del noble oficio de la política.

No permitamos que alguien como Alejandro Rojas Díaz-Durán, pervierta lo que consideramos lo más valioso para los militantes de Morena: nuestra integridad, ética y principios.

jueves, 2 de julio de 2020

A DOS AÑOS DEL TRIUNFO

El triunfo popular del #1Julio2018 fue el resultado de muchas cosas que vale la pena recordar. Nuestro movimiento no surgió de la nada, ni de "las ambiciones de un mesías", ni solamente del hartazgo del pueblo.

Nuestro movimiento es heredero directo de las luchas del pueblo mexicano por justicia y libertad. Nuestras raíces provienen no nada más de las Tres Transformaciones anteriores, provienen de los movimientos de los médicos en los años 50, de la lucha de los ferrocarrileros, de los campesinos por un pedazo de tierra, de los estudiantes y maestros del 68, de los indígenas discriminados y explotados, de tantos movimientos populares reprimidos y masacrados durante más de 80 años de malos gobiernos del PRIAN.

De ahí provenimos, de esas luchas del pueblo mexicano. El punto de quiebre quizás provino del 1988, con el rompimiento del bloque hegemónico del PRI y el surgimiento de la izquierda del PRI y su fusión con la izquierda social, histórica, que daría origen al FDN y luego al PRD (de triste memoria) y el fraude electoral de ese año. Surgió así un poderoso movimiento social anti PRI-gobierno que le daría primero el triunfo a la derecha representada por Fox, con tal de sacar al PRI de Los Pinos. Fue un error histórico, porque fueron 12 años de retrocesos y masacres con los gobiernos emanados del PAN. Regresaría el PRI al poder mediante la compra de votos y el fraude electoral, siguiendo sus propios usos y costumbres.

Sin embargo, este poderoso movimiento enmendaría el camino y daría el paso a un verdadero liderazgo popular en la persona de Andrés Manuel López Obrador. Su incuestionable integridad personal, así como su autoridad moral, lo hicieron rápidamente la cabeza de este movimiento que se extendió por todo el país. La gente del pueblo, poco a poco, fue aglutinándose alrededor de su figura, como un nuevo "Tata" al estilo de Lázaro Cárdenas. Contra la labor de zapa de los poderes fácticos, nuestro movimiento siguió creciendo.

Una vez vuelto el PRD una burocracia corrupta, nos dimos a la tarea de construir una nueva organización. El movimiento social por la democracia y la justicia no se iba a detener. Después de dos fraudes electorales en nuestra contra, superamos a base de perseverancia y mucho trabajo, el reflujo en el ánimo de mucha gente. Realizamos plantones, innumerables marchas, mítines, reuniones vecinales, casas del movimiento, utilizamos todos los medios a nuestro alcance y con nuestros propios recursos sostuvimos la lucha.

No fue una tarea fácil. Algunos compañeros sucumbieron al desánimo, a la decepción y algunos hasta traicionaron al movimiento. Los que decidimos persistir, nos dimos a la tarea de crear organización territorial, comités de base de MORENA en cada colonia, en cada barrio, y luego por cada sección electoral. Caminamos calles sin parar. Sufrimos aguaceros en el zócalo sin movernos, al grito de : "¡ES UN HONOR ESTAR CON OBRADOR!". Soportamos burlas, agresiones y críticas en las calles, en las redes sociales y hasta en nuestros ámbitos familiares y de amistades. Nada de eso nos detuvo.

Hace dos años, fue la prueba de fuego de todos esos esfuerzos, de esas luchas, de esos desvelos y todo el trabajo que representó crear una estructura electoral a prueba de fraudes. Nuestros representantes de casilla, representantes generales y coordinadores de representantes generales, empezaron a cumplir las tareas para las cuales habían sido capacitados durante meses y la mayoría de ellos no era la primera vez que lo hacían.

Militantes lopezobradoristas, con principios y convicciones, todos juntos, trabajamos muy duro esa jornada electoral. Los primeros resultados que arrojaban nuestros informes después de las seis de la tarde indicaban que el compañero Andrés Manuel iba adelante. Habíamos montado oficinas en las casas de ciertos compañeros para capturar de cada seis secciones electorales, las cifras de las actas electorales de cada casilla en un sistema de cómputo propio del partido.

En todo el país así lo hicimos. Pasadas las 7 de la noche, los resultados parecían irreversibles. Cuando salió primero Meade y después Peña Nieto e INE a reconocer públicamente el triunfo de AMLO, nuestra incredulidad y alegría fueron igualmente fuertes. Teníamos que continuar de todas maneras con la captura de actas. Después llegó la indicación de que quien quisiera ir a festejar al zócalo, lo hiciera, que el compañero Andrés Manuel iba a dirigir ahí un mensaje. Ya no me dio tiempo de festejar en el zócalo, pero igual lloré de emoción a la distancia. Algunos me preguntan todavía que "si ha valido la pena haber trabajado para el triunfo de AMLO". Les contesto que no fue un triunfo de AMLO, fue un triunfo del pueblo. Y sí, por supuesto que ha valido la pena cada maldito segundo de lucha. Es un honor estar con Obrador.

 #VictoriaDelPueblo
1 de julio 2020.
Alberto Pérez Schoelly.

Green Go