jueves, 19 de agosto de 2021

La iglesia católica es procapitalista, no le interesan los pobres.

 Joseph Ferraro, México, UAM-Iztapalapa



La lucha de la Iglesia contra el comunismo

 

Tanto el quehacer político como el religioso parten de una concepción del bien o deber para la sociedad. Esta idea no se restringe al espacio público y privado de la acción de los individuos, también concierne a la orientación y construcción de la subjetividad. Este objetivo ha tomado distintos nombres en la cultura occidental, en una y otra disciplina, y se ha valido de éste o aquel medio (material o simbólico). Y, dentro de los sistemas de control forjados en la modernidad y los siglos posteriores que han hecho suyo tal principio, se puede hablar de capitalismo-liberalismo/Iglesia católica romana/socialismo-comunismo. En este esquema, las "justificaciones" del hacer social de cada instancia dependen del interés ideológico, material, de los fines que se persigan y del poder que se detente y ejerza. Por ello, no es de extrañar que a partir del segundo tercio del siglo XX se hayan presentado discusiones y luchas entre los extremos y el centro del trinomio por el control y dominio de los estratos social, político, económico y cultural.

Ahora bien, a partir de los supuestos y referentes que del quehacer político se exaltan y arguyen en el imaginario colectivo, tanto en su aspecto teórico como en el descriptivo, sostengo lo siguiente, fundado en la deducción que el acaecer histórico permite: la religión, en cuanto cúpula de poder dentro de un Estado, no sólo atañe a la "interioridad del individuo", sino a la relación del pensamiento con la realidad práctica de la cual se puede obtener cierto beneficio. De acuerdo con ello, constituye un fenómeno que pasa por la conciencia y expresa una representación del mundo, es decir, manifiesta una directriz de las estructuras que norman la conducta del hombre. De hecho, si se quiere tener una representación científica de la religión, habrá de elaborarse un diagrama racional de la representación de la sociedad en sus variantes primarias, política y economía, para ver de qué forma influye en los lineamientos de comportamiento de los seres humanos en su esfera personal y colectiva.

En el precedente entramado ideológico-político-económico-religioso, se inscribe el libro de Joseph Ferraro, La lucha de la Iglesia contra el comunismo.1 En él, el autor toma parte de las líneas del primer párrafo del Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, para contextualizar sus hipótesis. El discurso original sentencia: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes" (Marx, 1983: 51).2

Ferraro subraya la fuerza de la Iglesia católica representada por el Papa, pues, según él, en 1846 Pío IX, en su encíclica Quipluribus, condenó a la doctrina comunista. Esta misma orientación siguió León XIII, quien en 1891 calificó al socialismo de "un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna" (p. 12); Pío XI hizo lo propio en 1937, al afirmar que el fin del comunismo es destruir la religión y la civilización; por su parte, Juan XXIII trazó los lineamientos del Concilio Vaticano II (1962-1965) (Wilde, 2007: 2-4), y pronunció el discurso inaugural, titulado "El principal objetivo del Concilio", el 11 de octubre de 1962, con miras a la supervivencia de la Iglesia y la contención del comunismo.3 Tras la muerte de este pontífice, ocurrida el 3 de junio de 1963, tomó su lugar Pablo VI, quien continuó las líneas rectoras de su predecesor y las expuso en su encíclica Ecclesiam suam, el 6 de agosto de 1964. En ella pidió que la Iglesia tomara conciencia de sí y de su importancia "para la salvación de la sociedad humana". En suma, los dos últimos discursos fueron relevantes por su anhelo de paz; pero, afirma Ferraro: "No era una paz neutral de los dos bloques ideológicos existentes en el mundo de sus días; la paz deseada, y para la cual trabajaba la Iglesia, era una paz orientada al rescate y a la reforma del capitalismo, y la eliminación del comunismo" (p. 95).

Al respecto, el Concilio se enfocó en la necesidad de una renovación espiritual por parte de los fieles, en la urgencia de que los laicos se dieran cuenta de sus obligaciones sociales, se preocuparan por los pobres, asumieran un compromiso político para cambiar las estructuras que hacían injusta la vida, que difundieran la doctrina social de la Iglesia, pues la finalidad del Vaticano II era conseguir la paz y la justicia, lo que incluía cambios litúrgicos y el movimiento ecuménico. Pero todo esto, en el fondo, sostiene Ferraro, estuvo encaminado a contrarrestar los adelantos socialistas. Por esta razón la doctrina social católica no condenaba al capitalismo, sino los abusos cometidos por la clase capitalista: "Se trataba de una doctrina de justicia social frente al comunismo en la que tanto el trabajo como el capital tenían derecho a participar en los beneficios; de tal forma se mantenía intacta la existencia de las relaciones productivas capitalistas y se proveía al capitalismo de una legitimación ética" (p. 13).

Antes de seguir con la exégesis pontificia en contra del comunismo, de León XIII, hasta la significación del Concilio Vaticano II, como se plantea en la obra en estudio, quiero fijar la atención en la génesis y el resultado del Concilio Vaticano I, para tener un continuum y cierta teleología de la Iglesia católica en los terrenos de la vida pública.4

La idea de un Concilio Vaticano nace en Pío IX el 6 de diciembre de 1864, durante la asamblea de la congregación de ritos. En esa ocasión el Papa interrumpió los trabajos, hizo salir a los funcionarios y se quedó con los cardenales, ante quienes expuso:

Le estaba dando vueltas a una idea relativa al bien de toda la Iglesia y era la de convocar a un concilio universal para con este medio extraordinario acudir a las necesidades también extraordinarias del pueblo cristiano. [Pues] existía la convicción de que la boga de opiniones contrarias a la doctrina de la Santa Sede y la situación de zozobra de la Iglesia hacían necesario el empleo del medio más extremado, pues la condenación de los errores contemporáneos por el Papa no era bastante (Ranke, 1988: 601).

Entre los preparativos de este Concilio estuvieron las sesiones de marzo de 1865, mayo de 1866 y julio de 1867. Estas reuniones previas, desde el punto de vista del Estado, tenían el supuesto de que "si se convoca a un concilio universal era con la intención de consagrar de nuevo las doctrinas y los intereses del papado y de condenar las doctrinas contrarias, por muy extendidas que estuviesen" (Ranke, 1988: 603). Además, a Pío IX le urgía el Concilio por dos motivos: a) la presión del poder civil de anexar el "Estado de la Iglesia" (Roma) a la Unidad Nacional (años después se conocería como Unificación Italiana, 1870), y b) el antagonismo con el rey de Italia, Francisco II (1836-1894), rey de las Dos Sicilias. Finalmente, el 8 de diciembre de 1869 se inauguró el Concilio Vaticano I en la basílica de San Pedro. Mas:

Los propósitos del Papa, que sólo pensaba en una consolidación del poder máximo en el sentido tradicional, se enfrentaban a las ideas de toda una serie de obispos y también de laicos, espiritualmente interesados, que esperaban una transformación del poder eclesiástico en un sentido que correspondiera a las exigencias del siglo (Ranke, 1988: 605).

Los trabajos se extendieron hasta el 18 de julio de 1870, cuando se aprobó la infalibilidad del Papa, con una votación de 533 a favor y dos non placet. Esto significó el reconocimiento de una autoridad apoyada en la acción divina, lo que contrastaba con los altercados político-sociales del mundo de aquella época, necesitado de un guía, de un poder conciliador de los intereses nacionales, estatales y grupales.5

Con sustento en lo anterior, y de vuelta con la argumentación de Joseph Ferraro, las "condenas" de la Iglesia hacia el comunismo inician con León XIII, quien sube al trono de San Pedro en 1875. Una vez ahí se enfrenta al mundo del capitalismo, donde el trabajador necesita del capitalista, y éste de alguien que venda su fuerza física: el obrero. El rechazo hacia el comunismo se ubica en 1891, con la encíclica Rerum novarum (define el concepto de justicia, coadyuva a la doctrina social de la Iglesia), donde León XIII encara "el prurito revolucionario que agita a los pueblos" y arguye que "cuando los socialistas, soslayando por completo la providencia de los padres, hacen intervenir a los poderes públicos, obran contra la justicia natural y destruyen la organización familiar" (p. 19). Lo importante, históricamente, y sin tomar partido de uno u otro lado, es ver cómo se introduce el comunismo en la "conciencia epocal" y de qué forma cambia la manera de hacer política y de ejercer la libertad de creencias de los sujetos,6 así como las trabas u obstáculos que la institución política más antigua de la modernidad, la Iglesia, pone para conservar sus privilegios.

Desde un enfoque formal, la tesis de La lucha de la Iglesia contra el comunismo es que el Concilio Vaticano II realmente no fue un concilio religioso, sino un congreso político que dictó cambios en su estructura para impartir el credo con fines ideológicos: los de conservar y fortalecer la existencia del capitalismo durante una época en crisis.7 Así, la renovación espiritual estuvo presente en el mensaje de apertura a todos los hombres (Ad omnes homines), de los padres conciliares, el 11 de septiembre de 1962; ahí Juan XXIII habló de los compromisos con la paz, la justicia, la renovación espiritual y la preocupación por el estado de los pobres. Su discurso se orientó a hacer la doctrina social católica más eficaz, más acorde con las necesidades y exigencias del sistema político predominante. En síntesis, los objetivos del Vaticano II pretextaban la fe y buena voluntad en su proceder, pero el interés encubierto era acrecentar su poder temporal, nada trascendente a lo económico y político.

El eje rector que sostiene la proposición del libro de Ferraro está en el develamiento de la raíz de las preocupaciones papales, llámense renovación cristiana de la sociedad, difusión de la doctrina del bien común, jerarquía católica abocada a los pobres, apostolado laico, concordia entre los católicos, ecumenismo, libertad religiosa, unidad en la diversidad, desasosiego por la paz y la justicia, lucha contra el ateísmo o cambio litúrgico. Ahí, afirma Ferraro, con el conocimiento crítico de fuentes directas, y a pesar del matiz humanitario y esperanzador que pudieran tener las consignas, subyacen en esencia objetivos políticos.

La contraparte de la tesis e hipótesis intuidas está en la conclusión a la que llega el autor:

Para el cristiano debe ser evidente que la transformación del orden temporal debe realizarse no para salvar al capitalismo durante una época de relativa crisis del sistema, sino para que los hombres y mujeres puedan relacionarse mejor con Dios. Dios en un fin, pero los teólogos del Concilio lo convirtieron en un medio; querían quedar bien con la sociedad burguesa para tenerla como aliada en contra del comunismo (p. 154).

Por consiguiente, la Iglesia se fue adaptando a la cultura moderna, principalmente en aquellos sectores que implicaban una ganancia. Como ejemplo se puede aludir a la inclusión de la autonomía de lo terreno, la libertad de conciencia y de pensamiento, el espíritu democrático, la subjetividad del ser humano, el uso del diálogo para llegar al consenso y el respeto al pluralismo, dentro de los postulados del Concilio. Esto, más allá de idealizaciones, significó el esfuerzo de la Iglesia por entender su lugar y misión en el mundo, pero, también, es el destello prolongado de una transformación pertinente con los capitales en pugna.

El pontificado de León XIII fue notorio por su acercamiento a la modernidad. Para él, la doctrina social de la Iglesia no era contraria al capitalismo, sino que se oponía a los abusos del "sistema". De ahí que se definiera la justicia de tal modo que las relaciones productivas capitalistas sigan operando y se consideren como parte del orden de Dios. En concordancia, la construcción de la paz deriva de tal noción, y, ya sea desde un punto de vista marxista o capitalista, la paz no es una categoría neutra, sino algo moldeable de acuerdo con las convicciones o prejuicios partidistas.

Ferraro señala que León XIII condenó el socialismo, pero no el capitalismo; sin embargo, censuró la avaricia de los potentados particulares en cuanto causa de sufrimiento, pobreza y desesperación en los proletarios. El autor enfatiza que su doctrina fue antisocialista y defensora de las relaciones productivas capitalistas, por tener éstas un origen divino. Además:

León XIII consideró que la Iglesia, en aquella época, tenía como parte de su misión combatir el comunismo; vio la íntima conexión entre la injusticia, la perturbación del orden social y el crecimiento del socialismo, y propuso la práctica de la justicia como medio para lograr la paz social y vencerlo (p. 24).

En el caso de Pío XI, el capitalismo no es condenable por sí mismo ni vicioso por naturaleza, sino violador del "recto orden" sólo cuando abusa de los obreros y de la clase proletaria. Empero, considera la propiedad privada (bienes sociales de producción) como un derecho natural, según la encíclica Quadragesimo anno, de 1931.

Mientras, en Divini redemptoris, de 1937, exhorta a los sacerdotes a ir al obrero, a los necesitados, como mandan las enseñanzas de Jesús, pero la enmienda no es humanitaria y desinteresada del todo. Ferraro se apoya en una sentencia de esa encíclica y hace saber que tal actitud respondió a que dicho sector social era el más expuesto a las maniobras de los agitadores que explotan la mísera situación de los menesterosos para encender en su alma la envidia contra los ricos y excitarlos a tomar por la fuerza lo que, según ellos, la fortuna les ha negado injustamente. "Pero si el sacerdote no va al obrero y al necesitado para prevenirlo o para desengañarlo de todo prejuicio y de toda teoría falsa, ese obrero y ese necesitado llegarán a ser presa fácil de los apóstoles del comunismo" (p. 42).

Entre tanto, la renovación espiritual era impostergable para hacer una doctrina social católica "más justa", para que los ricos practicaran la equidad con sus obreros, para que éstos no se convirtieran en revolucionarios y para que los laicos tomaran su responsabilidad en el apostolado social. Sin embargo, bajo este papado se promulgaron cuatro documentos con matices que obstaculizaban el comunismo: el Decreto sobre el ecumenismo, el Decreto sobre las Iglesias orientales católicas, la Declaración de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, y la Constitución sobre la sagrada liturgia.

Sumado a esto, la jerarquía católica impulsó una serie de cambios donde todos los hombres -sobre todo los cristianos- se unieran en un "escuadrón en contra del enemigo común". Para ello, el Concilio recalcó la importancia de la diversidad dentro de la unidad prevaleciente en el seno de la Iglesia. Además, propuso la posibilidad de la conservación de ritos, costumbres, tradiciones espirituales, etcétera, no sólo de los protestantes y ortodoxos, sino de las religiones no cristianas al convertirse cualquiera de éstas a la fe católica. Y, una vez satisfechas las posibles demandas, guiarlos en contra del comunismo.

Por esta razón, las modificaciones en la liturgia sobrepasaron la "practicidad del mensaje" y se perfilaron hacia la esfera sociopolítica. El reformismo posconciliar intraeclesial no fue algo netamente religioso, sino una estratagema cargada de ideología procapitalismo. Hechos desacreditados por Ferraro; así como las posturas papales relativas al derecho de propiedad, la comunidad de bienes, la concepción de la libertad, la enajenación del trabajo en unas cuantas manos y la organización familiar, pues le parecen puntos estratégicos del encausamiento de la subjetividad.

jueves, 12 de agosto de 2021

El Yunque, el PAN y la ODCA. Carlos Fazio

 

Neonazis en Puebla, vinculados al PAN

Las revelaciones de Wikileaks sobre las organizaciones de ultraderecha Hazte Oír (HO) y Citizen Go (CG), con asiento originario en México y España y ramificaciones en 50 países, vienen a arrojar mayor visibilidad sobre una añeja y vasta red subversiva dirigida a penetrar y desestabilizar países y/o derrocar gobiernos considerados enemigos por Estados Unidos.

Según la nota “México, un eje del financiamiento a la derecha en Europa: Wikileaks” ( La Jornada, 6/8/21), Hazte Oír y Citizen Go serían estructuras de fachada de la organización secreta (o reservada) ultracatólica y anticomunista El Yunque (de origen paramilitar y legalizada en España y México bajo el nombre Asociación del Bien Común), y tienen entre sus principales aliados locales sectores reaccionarios del Partido Acción Nacional (PAN) y personajes desprendidos de éste, como los hermanos Margarita y Juan Ignacio Zavala, esposa y cuñado, respectivamente, del ex presidente Felipe Calderón. Asimismo, contarían con el aval de obispos conservadores de la Iglesia católica e instituciones como la Universidad Panamericana y los institutos tecnológicos Autónomo de México (ITAM) y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Ambas plataformas −que cuentan con dos estructuras o tapaderas: Citizen Go México y Yo Incluyo−, promueven una agenda ultrarreligiosa antiabortista, de intolerancia frente a la comunidad de la diversidad sexual, contra la eutanasia, y a menudo xenófoba (antinmigrante) y de un nacionalismo exacerbado. Yo Incluyo tiene como directora a Rosa Abascal Olascoaga, hija mayor de Carlos María Abascal Carranza (a su vez hijo de Salvador Abascal Infante, el jefe de la Unión Nacional Sinarquista que quería ser un führer mexicano), uno de los fundadores de El Yunque y secretario de Trabajo y de Gobernación en el sexenio de Vicente Fox. En España, sus principales aliados políticos son el Partido Popular (PP), constituido en sus orígenes por la extrema derecha neofranquista de carácter nacional-populista, y un desprendimiento de éste, el grupo de la ultraderecha católica neofascista Vox, fundado en 2013.

Los datos precedentes exhiben los nexos ya no tan secretos de la Organización Nacional del Yunque y sus plataformas de fachada (CG, HO, Yo Incluyo) con el PAN, en México, y con el PP y Vox, en España. Fundado en 1953 en Puebla por Ramón Plata Moreno y Manuel Díaz Cid, para defender a la religión católica de sus adversarios: el comunismo, el pueblo judío y la masonería, la organización con inicio paramilitar contó entonces con dos grupos de fachada: el Frente Universitario Anticomunista (FUA), en la capital poblana, respaldado por el arzobispo local Octaviano Márquez y Toriz, y el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), que mantuvo una relación tirante con el arzobispo primado de México, Miguel Darío Miranda, y operó como grupo de choque en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En 1964, Manuel Buendía denunció que el MURO era manejado por varias sociedades secretas o reservadas: la Legión Juvenil Cristiana, la Legión Juana de Arco, la Liga Universitaria Nacionalista y Vanguardia Integradora de la Mexicanidad, las dos últimas con sede en Puebla, y nexos con las bandas fascistas de Los Tecos (de la Universidad Autónoma de Guadalajara, subsidiada por EU a través de la Agencia Internacional para el Desarrollo [USAID], tapadera de la Agencia Central de Inteligencia); la organización extremista argentina Tacuara y la Falange Española.

En los años 70, en el marco de la denominada Operación Prometeo, el inicial rechazo de El Yunque a la participación en grupos políticos fue sustituido por la infiltración en el PAN y organismos civiles y del gran capital como el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex. Los calificativos predilectos de la organización: judíomasóncomunista, fueron desplazados por otros propios de la guerra fría impulsada por Estados Unidos, tales como criptocomunistafilomarxistacastrocomunista.

Desde comienzos del siglo XXI se hicieron públicos los estrechos vínculos de Vicente Fox y el ex presidente del gobierno español José María Aznar, con la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), de Miami, Florida, que financió las campañas a la presidencia de ambos con la anuencia de la administración de George Bush padre. Desde entonces México pasó a ser una de las rutas del dinero para la subversión en Cuba. El operador del radical viraje político-diplomático fue el ex canciller foxista Jorge G. Castañeda Gutman: México se consolidó como cabeza de playa de grupos terroristas anticastristas y los intentos de EU por derrocar a Fidel Castro.

A su vez, la senadora panista Cecilia Romero se convirtió en anfitriona de los cada vez más frecuentes viajes a México de dirigentes de la organización fundada por Jorge Mas Canosa. Ya entonces, la FNCA financiaba redes de contrabandistas de cubanos en la ruta Pinar del Río-Quintana Roo-Florida. El sexenio siguiente, como titular de Migración de Felipe Calderón, Cecilia Romero se hizo de la vista gorda de ese negocio criminal que sigue hasta nuestros días.

Con Fox también se dio la consolidación de los nexos del PAN con la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), ligada a la democracia cristiana alemana y a su diplomacia informal, la Fundación Konrad Adenahuer; el PP español; el Instituto Republicano Internacional (brazo propagandístico del Partido Republicano de EU), y el Directorio Democrático Cubano, un engendro de la CIA en Miami financiado por la Usaid.

El pasado 13 de julio, René Bolio Hollarán, suplente de la senadora Romero en la Legislatura 58, miembro de la ODCA y presidente de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos (otro grupo fachada de El Yunque), orquestó una provocación frente a la embajada de Cuba en México y durante un incidente con un funcionario de la misión diplomática, sentenció: ¡No me toques, maricón, no me toques! ¡Estás muerto, maricón! Luego alegó: El guardia negro que estaba ahí me empujó en territorio mexicano. En 2012, como senador del PAN, el racista y homofóbico Bolio estuvo involucrado en un operativo para introducir propaganda anticastrista a la isla durante la visita del papa Benedicto XVI, a través de ocho jóvenes mexicanos pagados e instruidos por Orlando Gutiérrez Boronat, dirigente del miamense Directorio Democrático Cubano. Dios los cría y ellos se juntan.

domingo, 20 de junio de 2021

El cruel ataque de EEUU sobre Cuba .


 Bahía de Cienfuegos, en el centro de Cuba


Ciudad de México. El 23 de junio se presentará ante la Asamblea General de la ONU (AGNU) un nuevo informe sobre la resolución llamada Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EU contra Cuba. Desde 1992, en 28 ocasiones, la propuesta de la isla ha contado con amplio respaldo internacional. En 2019 fueron 187 los países que rechazaron esta inhumana agresión contra ese pueblo.

Estados Unidos ha ignorado, con su típica soberbia, las sucesivas resoluciones de la AGNU y las numerosas voces que abogan, dentro y fuera del territorio estadunidense, por el fin de esa política criminal.

Antes de la proclamación oficial del bloqueo impuesto por Kennedy, en febrero de 1962, Lester Mallory, vicesecretario de Estado asistente para los asuntos interamericanos de Estados Unidos, sintetizó sus propósitos cuando escribió en un memorándum secreto, en abril de 1960, que “la mayoría de los cubanos apoyan a Castro”. Por tanto, “el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales”. Hay que lograr “los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducir sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esta infame estrategia ha estado en el centro de la política estadunidense hacia la Cuba revolucionaria. El bloqueo viola, de manera sistemática y masiva, los derechos humanos de todas las cubanas y cubanos. Califica como acto de genocidio, a tenor de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948.

Tras el derrumbe del campo socialista y de la URSS, Estados Unidos decide dar otra vuelta de tuerca al bloqueo. Primero, a través de la Ley Torricelli, aprobada el 23 de octubre de 1992; luego, con la Helms-Burton, del 12 de marzo de 1996. La primera fue promulgada por George Bush (padre) que aspiraba a la relección, presionado por el apoyo que Clinton, entonces candidato presidencial demócrata, dio a ese proyecto legislativo en su campaña en Florida. Así, en medio de la algarabía publicitaria y demagógica de una contienda electoral, se decidía estrechar aún más el cerco en torno a un pequeño país que acababa de perder abruptamente a sus principales aliados comerciales. Fue concebida para aislar definitivamente a Cuba. Sus disposiciones extraterritoriales contravienen las normas que rigen la libertad de comercio y navegación y muestran el desprecio de Washington a la soberanía de los estados.

Se propuso impedir el comercio con Cuba de las subsidiarias de compañías estadunidenses en terceros países y prohibir a los barcos que entren a puertos cubanos tocar el territorio de Estados Unidos durante los 180 días siguientes.

La Ley Helms-Burton viola del mismo modo, flagrantemente, el derecho internacional, en particular la libertad de comercio e inversión. Niega créditos y ayuda financiera a países y entidades que cooperen con Cuba e instituye que las compañías de cualquier país del mundo que tengan tratos con la isla pueden ser sometidas a represalias legales. Amenaza incluso a potenciales inversionistas con prohibirles la entrada a Estados Unidos. Incita, además, a dueños y herederos de propiedades nacionalizadas por la Revolución donde haya algún tipo de inversión extranjera, a presentar ante tribunales estadunidenses demandas contra ciudadanos y empresas de otras naciones.

La aplicación de este último punto, cuyo anuncio generó conflictos con aliados de Estados Unidos, fue pospuesta por todos los presidentes de ese país hasta la irrupción de Trump, quien descongeló el capítulo que propicia tal aberración jurídica.

La Helms-Burton recoge en su letra la obsesión de ese país por recolonizar a Cuba: decreta que el bloqueo sólo se levantará cuando se devuelvan las propiedades nacionalizadas y el presidente estadunidense certifique que el gobierno establecido en la isla luego de la caída de la Revolución sea efectivamente “democrático” según sus esquemas, entre otros requisitos.

Trump reforzó el bloqueo con 243 medidas nuevas y no hizo nada para flexibilizarlo por razones humanitarias ante el avance de la pandemia global. Al contrario, promovió una campaña mediática de descrédito contra los médicos cubanos, multiplicó los proyectos de subversión interna e hizo lo imposible por impedir la adquisición de medicamentos, medios de protección, pruebas diagnósticas e insumos básicos destinados al combate contra la epidemia y a la fabricación de vacunas en la isla.

La aplicación de las leyes del bloqueo en su conjunto ha sido implacable. Se persigue a navieras y barcos contratados para la importación de combustible y otros suministros vitales, bajo amenaza de sanciones. Son multimillonarias las multas impuestas a bancos internacionales por la más mínima transacción que involucre a Cuba.

El contexto tan adverso creado por la epidemia puso seguramente de moda entre los tanques pensantes del imperio el viejo memorándum de Mallory: se trataba de una coyuntura apropiada para intensificar las acciones que restaran “apoyo interno” a la Revolución “mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales” y “provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Raúl calificó al bloqueo, en el reciente octavo Congreso del Partido Comunista, como “la guerra económica más abarcadora, desigual y prolongada que se haya desatado contra nación alguna”.

Trump subestimó la capacidad de resistencia del pueblo cubano y las raíces martianas y marxistas que han sustentado a la Revolución. Ante cada medida sumada a esta interminable y perversa guerra económica, ha aumentado el apoyo de la abrumadora mayoría de la población al proceso revolucionario y se ha hecho más honda su conciencia antiimperialista.

Hasta ahora Biden no ha dado ningún paso para aliviar la terrible carga que pesa sobre Cuba desde hace tantos años. Ojalá sea capaz de rectificar una política despiadada, cruel, condenada al fracaso. Si no lo hace, pasará a la historia como otro emperador vencido de forma humillante por una islita digna del Caribe.

Escritor cubano, presidente de Casa de las Américas.

lunes, 14 de junio de 2021

Nuestra falta de agua tiene responsables. ¿Quién otorgó las concesiones?

 Concesiones aun en acuíferos sobrexplotados

La industria acapara agua mientras ciudadanos sufren por desabasto

Mineras, refresqueras, cerveceras y armadoras de autos reciben un volumen mayor al almacenamiento del Sistema Cutzamala al año

Foto
▲ De acuerdo con información de la Conagua, para la producción de carne, una vaca requiere 3 millones 100 mil litros, ya que incluye el recurso usado para su alimentación durante al menos tres años. Para un vaso de leche se emplean 200 litros de agua, indica. La imagen, un establo localizado en Torreón, Coahuila.Foto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Lunes 14 de junio de 2021, p. 3

Mientras los ciudadanos ven secar los ríos y acuíferos, carecen de agua o la reciben unas horas al día y las autoridades les piden hacer un uso eficiente de ella, la industria mantiene sin límites sus concesiones, aun en acuíferos sobrexplotados.

En el país hay plantas mineras, refresqueras, cerveceras y armadoras de autos ligeros que concentran al año un volumen de líquido superior a la capacidad de almacenamiento del Sistema Cutzamala (que tiene tres presas y abastece de 33 por ciento del agua del valle de México), indican análisis de expertos.

Ante la sequía que hay en el país y el bajo nivel de presas, se da a los ciudadanos la responsabilidad de cuidar el agua. Sin duda hay que evitar el desperdicio y cambiar la forma de consumo. Pero no es nuestra responsabilidad el desabasto, señala Nathalie Seguin, de la organización Red Mexicana de Acción por el Agua.

El desabasto tiene que ver con un modelo de gestión de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) obsoleto, solapado por la Ley de Aguas Nacionales (LAN), que no contempla el líquido en forma transversal ni que se necesitan los ecosistemas para cumplir su ciclo, pero sí permite su concentración y acaparamiento hasta por 60 años. El 2.1 por ciento de los usuarios detentan 61.4 por ciento del agua, refiere.

El director del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, Víctor Bourguett, hace unos días consideró como una buena idea establecer programas de eficiencia en el uso del agua en la industria, a la cual se le exige el costo de la tarifa y mientras más consuman, más pagan.

En México hay sectores industriales, como plantas de minería, de cerveza, refrescos y armadoras de autos ligeros que en conjunto suman un volumen de 837 millones 245 mil metros cúbicos al año para sus actividades, indica el reporte Captura política, grandes concentraciones y control de agua en México, realizado por la UNAM y Oxfam. El Sistema Cutzamala, en las presas Valle de Bravo, Villa Victoria y el Bosque, tiene una capacidad de almacenamiento de 782 millones de metros cúbicos.

El informe precisa que la industria cervecera cuenta con 18 plantas embotelladoras, sobre todo en el norte y centro del país, la mitad en zonas con déficit de agua; las refresqueras en su mayoría están en acuíferos sobrexplotados, sobre todo en el centro. Las armadoras de autos están en el centro, bajío y norte, en corredores industriales, también en acuíferos sobrexplotados.

La industria goza de gran cantidad de agua para la producción de sus mercancías, no ocurre lo mismo con la población en general, lo que profundiza la desigualdad manifiesta en la falta de disposición de agua potable, así como en el acceso a concesiones por parte de las comunidades campesinas e indígenas, indica el reporte.

Tan sólo la minería en 2014 extrajo 437 millones de metros cúbicos, suficiente para abastecer a la población de Baja California Sur, Colima, Campeche y Nayarit, y se cuenta entre las actividades industriales que causan mayor impacto sobre el medio natural, señala Manuel Llano, Critica, en un análisis de las concesiones de agua a este sector.

La LAN permite este tipo de acaparamiento y la Ley General de Derechos favorece que los usuarios de agua con fines de lucro paguen centavos por cada metro cúbico, apunta Nathalie Seguin. Además falta actualizar la información sobre el uso del agua, porque aún se dice que el sector agrícola es el principal consumidor, pero cuando se investiga y revisan sus pozos, se ve que son utilizados por inmobiliarias, refresqueras, mineras, agrega. Se desconoce si se mantienen en el límite de extracción de agua autorizado, ya que los usuarios deben contar con medidor y muchos no lo tienen, señala.

domingo, 30 de mayo de 2021

Lia Limón, miembro de una familia de maleantes




Francisco Rodríguez. Índice Político. 7 de Marzo del 2014

 En la Secretaría de Educación Pública que encabeza el bien llamado “Príncipe de la Soberbia” Emilio Chuayffet no atinan a enterrar ni a revivir la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Educativos. Deciden retirarla del aparador. Los presionan. Vuelven a ponerla en vigor. ¿A ver si entre tantas indecisiones sobrevive al 2018?


Tras todas estas vacilaciones, sin duda, está uno de los hombres más poderosos de México: Miguel Limón Rojas, que ahora cobra a los contribuyentes por fungir como jefe de asesores de Chuayffet.

¿Y dígame usted si no es verdaderamente poderoso? Después de haber ocupado la titularidad de la SEP en el sexenio de Ernesto Zedillo, Limón tiene 13 años como exitoso empresario al frente de la firma consultora Valora, haciendo todo tipo de trabajo con los panistas, desde la oscuridad más que bien remunerada de las “asesorías”.

“Valora –dice la página web de la empresa– es una firma especializada en los campos de la educación, la cultura y la capacitación para el trabajo. Fundada en febrero de 2001 –apenas dos meses después de que Limón concluyera su desempeño como secretario de Educación– , Valora reúne la experiencia y los conocimientos de consultores, asociados, investigadores y expertos para brindar una asesoría de calidad que responda, desde la perspectiva global (but of course), a las necesidades de sus clientes. Nuestra labor se aboca a mejorar, impulsar y potenciar la capacidad, la preparación y el desarrollo de las personas y sus organizaciones.” ¡Uf!

La realidad, empero, es otra. Se sabe que desde ahí se “descubrieron” y sacaron a la luz varios de los trapitos priistas mejor resguardados del ámbito político y educativo.

¿El premio? No uno, varios de ellos. A saber, una hija tránsfuga del panismo, ex esposa de Ugalde el del IFE, hoy subsecretaria incómoda de Gobernación; tres empleados del despacho VALORA, Alba Martínez, subsecretaria de la SEP, el gris zacatecano panista Hugo Talancón, manejando la dirección general de Enseñanza y Métodos Modernos de aprendizaje –lo que quiera que eso sea y el dinero que se gaste–, Guillermo Kelly, ungido otra vez –como con Zedillo y Limón al frente de uno de los presupuestos más atractivos del mundo, en la Dirección General de Comunicación Educativa (what?). Sí, el famoso y derrochador ILCE, productor de toda la chatarra que ninguna televisora quiere exhibir, salvo el Canal 11que lo hace obligado.

Y, por si faltara poco, Carlos Mancera, el de la familia financiera que estuvo a un pelito de quitarle su puesto al actual Secretario de Educación, se mantiene como socio director de la empresa de Limón Rojas, mientras éste “asesora” a Chuayffet.

Como “enlace” con el PAN, Limón Rojas tiene un gran negocio “educativo”, ¿no cree usted?

Y mientras, Enlace va. Ya no va. Otra vez va…

domingo, 23 de mayo de 2021

La ignorancia de la élite


Rayas y rayas que en el fondo, nada dicen de la gente

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ecir think tank lo remite a uno a un tanque de guerra y a un estanque de acuario. Ahí dentro se aíslan del mundo unas cuantas ideas. Separadas del resto, es mucho más lo que ignoran que lo que pueden explicar. En los inicios del neoliberalismo, el estanque fue la organización de Friedrich Hayek, von Mises y Milton Friedman llamada Sociedad Mont Pelerin, que se reunió por primera vez en 1947. En esos días era tan sólo la cristalización de la utopía del libre mercado y la competencia, dos cosas que se regulaban misteriosamente y que requerían de la ignorancia de sus partes para actuar. Este primer grupo de economistas, periodistas y directores de universidades fue financiado, hoy sabemos, por corporativos como General Electric, Du Pont, General Motors y la cervecera Coors.

Con el dinero a la vista, muy pronto las sociedades tipo Mont Pelerin se multiplicaron dentro de las universidades de Inglaterra y Estados Unidos; los acuarios se convirtieron en blindados de combate: se constituyeron en consultoras que se vendían entre los gobiernos que buscaban dar un aire de cientificidad a sus políticas públicas, como por ejemplo, los criterios inamovibles de una economía sana o de un índice de competitividad.

Así, una parte de la academia fue consumida por su propia idea de competir y ganar. Al final, se fosilizaron en dogmas y crearon una red que enlazó a la élite corporativa global con los funcionarios de gobierno y obtuvieron a cambio dinero e influencia política.

Desde la ilusoria neutralidad de la ciencia económica o estadística, forjaron los criterios invariables y eternos que justificaron lo ya existente, y lo vendieron como política pública. Nadie los eligió para tal posición y mucho menos se transparentaron sus financiamientos. Todas las ideas que quedaron fuera del tanque fueron tachadas de pre-modernas, nacionalistas, totalitarias, no-científicas. Curiosamente, tachadas de ignorantes, cuando lo que permitía el dogma neoliberal era excluir lo que no fuera la justificación, ya no del mercado, sino del éxito medido en dinero, obtenido como fuera.

La idea del neoliberalismo como ciencia engendró varios monstruos. Uno de los más perniciosos fue el de que la realidad sólo era lo medible. Las cantidades adquirieron una relevancia cultural sin precedentes como única fuente de verdad y, en su versión más obtusa, de neutralidad. Qué miden y cómo nos representan los modelos y sus mediciones, se esconde en la supuesta dureza de las cifras. La econometría y la estadística hicieron de los números una especie de poder soberano incuestionable, mientras, al mismo tiempo, los neoliberales recurrían a razones no-matemáticas para justificar su éxito: la sicología del emprendedor o la visión empresarial, el liderazgo.

Lo que hicieron las teorías neoliberales y las metodologías estadísticas fue crear un mundo compartido sólo para académicos, empresarios, políticos y analistas de la prensa, la radio y la televisión. En ese estanque se entendían y, mientras censuraban el resto de las ideas, aumentaban su ignorancia calculada contra todo lo que no justificara lo ya existente. Un ejemplo de esa ignorancia estratégica fue la utilidad marginal que justifica que uno por ciento de la élite acumule 99 por ciento de la riqueza, de la misma manera en que los diamantes son más caros que el agua. El especulador financiero contribuye más al valor de la economía que un agricultor. La desigualdad se confirma en el modelo matemático.

Otro monstruo fue el de una idea formalista de la democracia. En muchos países, como México, la idea que se implantó con tanques, cursos universitarios y hasta en los institutos encargados de las elecciones, fue que la democracia no podía ser más que un conjunto de reglas, sin contenido político. Era la visión estrecha de la filosofía del derecho enunciada como mandamiento divino desde la Universidad de Turín.

Aterrorizada por las mayorías y la participación ciudadana, la democracia de leyes y reglamentos justificó a su manera lo ya existente: partidos, elecciones periódicas, tipos de representación, resultados. Metió la cabeza en lo jurídico para no ver las desigualdades sociales, las emociones políticas y los fraudes a la voluntad ciudadana.

La democracia de reglamentos es una tecnocracia. La política como indignación moral o esperanza no viene en el manual de procedimientos, por lo que califica de populismo la mera enunciación de los conflictos en una sociedad. Decir que hay desigualdad genera polarización, según esta visión burda, de la misma forma en que decir que existe el racismo es racista. De ahí a la idea de que sólo los que saben deberían poder votar y ser votados, hay sólo un inciso.

Es tecnocrático el pensar que sólo la élite con credenciales universitarias debería gobernar o que las emociones detrás de todo sufragio están mal porque se debe votar de acuerdo al modelo racional que nos dice cuáles son nuestros verdaderos intereses y deseos. Con un modelo de democracia basado casi exclusivamente en ignorar lo político, es decir, el conflicto manifiesto, los tanques se dedican a medir la eficacia de las políticas públicas con criterios que ellos mismos diseñaron.

Rara vez la ignorancia de la mayoría es tan perjudicial como la de la élite. Ésta posee miles de canales de distribución cultural, desde los tanques hasta los expertos, y es un arma de poder. Lo que no se dice, desdibuja su modelo.

Para volver al primer tanque, Hayek se negó a discutir públicamente el Plan Marshall que Estados Unidos otorgaba a la Europa devastada por la guerra. Vetó ese debate dentro de su propio estanque. Hubiera significado asumir que la intervención del Estado era económicamente urgente y políticamente necesaria; que a sus teorías les hacía falta la experiencia de lo real, de lo falible. Y optó por la ceguera.

lunes, 17 de mayo de 2021

PAN postula a candidato acusado de intentar desestabilizar al gobierno de Cuba en 2012

En 2012 Miguel Ángel Pateyro Hernández llevo a cabo acciones de desestabilización en contra del gobierno de Cuba.

 

Regeneración, 16 de mayo del 2021.El Partido Acción Nacional (PAN) de Puebla decidió incluir a su lista de candidatos a diputados plurinominales a Miguel Ángel Pateyro Hernández.

Pateyro se le acusó en 2012 de participar en un intento de desestabilización contra el gobierno de Cuba; esto durante la visita del papa Benedicto XVI a la isla.

De acuerdo con versiones de la televisión cubana, el 31 de julio del 2012 se informó que habían sido detenidos cuatro mexicanos en Cuba; ellos mismos confesaron ser parte de un plan para desestabilizar al gobierno durante la visita del papa.


Ellos mismo indicaron haber sido reclutados en México por Pateyro Hernández, quien era miembro de la Unión Nacional Sinarquista (UNS); quien a su vez respondía órdenes del panista René Bolio Halloran.

En la misión participaban ocho jóvenes, la mitad de los cuales lograron salir de Cuba antes de que se lograra su detención. La misión era de contactar a contrarrevolucionarios y de repartir propaganda subversiva.

El dinero para llevar a cabo las acciones subversivas en la isla, así como los pasaportes y el equipo para llevar a cabo esas actividades fue por Pateyro.


Lo que estas personas buscaban era motivar a concentraciones en templos católicos antes de la llegada del sumo pontífice; con lo cual buscaban atraer la atención mediática de medios internacionales contra el gobierno cubano.

De acuerdo con la inteligencia cubana el grupo estaba conformado por contrarrevolucionarios quienes radicaban en Miami, Florida.

Así mismo, se informó que Pateyro viajó en diversas ocasiones a Cuba para llevar a cabo acciones contra el régimen del país.

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