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jueves, 19 de agosto de 2021

La iglesia católica es procapitalista, no le interesan los pobres.

 Joseph Ferraro, México, UAM-Iztapalapa



La lucha de la Iglesia contra el comunismo

 

Tanto el quehacer político como el religioso parten de una concepción del bien o deber para la sociedad. Esta idea no se restringe al espacio público y privado de la acción de los individuos, también concierne a la orientación y construcción de la subjetividad. Este objetivo ha tomado distintos nombres en la cultura occidental, en una y otra disciplina, y se ha valido de éste o aquel medio (material o simbólico). Y, dentro de los sistemas de control forjados en la modernidad y los siglos posteriores que han hecho suyo tal principio, se puede hablar de capitalismo-liberalismo/Iglesia católica romana/socialismo-comunismo. En este esquema, las "justificaciones" del hacer social de cada instancia dependen del interés ideológico, material, de los fines que se persigan y del poder que se detente y ejerza. Por ello, no es de extrañar que a partir del segundo tercio del siglo XX se hayan presentado discusiones y luchas entre los extremos y el centro del trinomio por el control y dominio de los estratos social, político, económico y cultural.

Ahora bien, a partir de los supuestos y referentes que del quehacer político se exaltan y arguyen en el imaginario colectivo, tanto en su aspecto teórico como en el descriptivo, sostengo lo siguiente, fundado en la deducción que el acaecer histórico permite: la religión, en cuanto cúpula de poder dentro de un Estado, no sólo atañe a la "interioridad del individuo", sino a la relación del pensamiento con la realidad práctica de la cual se puede obtener cierto beneficio. De acuerdo con ello, constituye un fenómeno que pasa por la conciencia y expresa una representación del mundo, es decir, manifiesta una directriz de las estructuras que norman la conducta del hombre. De hecho, si se quiere tener una representación científica de la religión, habrá de elaborarse un diagrama racional de la representación de la sociedad en sus variantes primarias, política y economía, para ver de qué forma influye en los lineamientos de comportamiento de los seres humanos en su esfera personal y colectiva.

En el precedente entramado ideológico-político-económico-religioso, se inscribe el libro de Joseph Ferraro, La lucha de la Iglesia contra el comunismo.1 En él, el autor toma parte de las líneas del primer párrafo del Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, para contextualizar sus hipótesis. El discurso original sentencia: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes" (Marx, 1983: 51).2

Ferraro subraya la fuerza de la Iglesia católica representada por el Papa, pues, según él, en 1846 Pío IX, en su encíclica Quipluribus, condenó a la doctrina comunista. Esta misma orientación siguió León XIII, quien en 1891 calificó al socialismo de "un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna" (p. 12); Pío XI hizo lo propio en 1937, al afirmar que el fin del comunismo es destruir la religión y la civilización; por su parte, Juan XXIII trazó los lineamientos del Concilio Vaticano II (1962-1965) (Wilde, 2007: 2-4), y pronunció el discurso inaugural, titulado "El principal objetivo del Concilio", el 11 de octubre de 1962, con miras a la supervivencia de la Iglesia y la contención del comunismo.3 Tras la muerte de este pontífice, ocurrida el 3 de junio de 1963, tomó su lugar Pablo VI, quien continuó las líneas rectoras de su predecesor y las expuso en su encíclica Ecclesiam suam, el 6 de agosto de 1964. En ella pidió que la Iglesia tomara conciencia de sí y de su importancia "para la salvación de la sociedad humana". En suma, los dos últimos discursos fueron relevantes por su anhelo de paz; pero, afirma Ferraro: "No era una paz neutral de los dos bloques ideológicos existentes en el mundo de sus días; la paz deseada, y para la cual trabajaba la Iglesia, era una paz orientada al rescate y a la reforma del capitalismo, y la eliminación del comunismo" (p. 95).

Al respecto, el Concilio se enfocó en la necesidad de una renovación espiritual por parte de los fieles, en la urgencia de que los laicos se dieran cuenta de sus obligaciones sociales, se preocuparan por los pobres, asumieran un compromiso político para cambiar las estructuras que hacían injusta la vida, que difundieran la doctrina social de la Iglesia, pues la finalidad del Vaticano II era conseguir la paz y la justicia, lo que incluía cambios litúrgicos y el movimiento ecuménico. Pero todo esto, en el fondo, sostiene Ferraro, estuvo encaminado a contrarrestar los adelantos socialistas. Por esta razón la doctrina social católica no condenaba al capitalismo, sino los abusos cometidos por la clase capitalista: "Se trataba de una doctrina de justicia social frente al comunismo en la que tanto el trabajo como el capital tenían derecho a participar en los beneficios; de tal forma se mantenía intacta la existencia de las relaciones productivas capitalistas y se proveía al capitalismo de una legitimación ética" (p. 13).

Antes de seguir con la exégesis pontificia en contra del comunismo, de León XIII, hasta la significación del Concilio Vaticano II, como se plantea en la obra en estudio, quiero fijar la atención en la génesis y el resultado del Concilio Vaticano I, para tener un continuum y cierta teleología de la Iglesia católica en los terrenos de la vida pública.4

La idea de un Concilio Vaticano nace en Pío IX el 6 de diciembre de 1864, durante la asamblea de la congregación de ritos. En esa ocasión el Papa interrumpió los trabajos, hizo salir a los funcionarios y se quedó con los cardenales, ante quienes expuso:

Le estaba dando vueltas a una idea relativa al bien de toda la Iglesia y era la de convocar a un concilio universal para con este medio extraordinario acudir a las necesidades también extraordinarias del pueblo cristiano. [Pues] existía la convicción de que la boga de opiniones contrarias a la doctrina de la Santa Sede y la situación de zozobra de la Iglesia hacían necesario el empleo del medio más extremado, pues la condenación de los errores contemporáneos por el Papa no era bastante (Ranke, 1988: 601).

Entre los preparativos de este Concilio estuvieron las sesiones de marzo de 1865, mayo de 1866 y julio de 1867. Estas reuniones previas, desde el punto de vista del Estado, tenían el supuesto de que "si se convoca a un concilio universal era con la intención de consagrar de nuevo las doctrinas y los intereses del papado y de condenar las doctrinas contrarias, por muy extendidas que estuviesen" (Ranke, 1988: 603). Además, a Pío IX le urgía el Concilio por dos motivos: a) la presión del poder civil de anexar el "Estado de la Iglesia" (Roma) a la Unidad Nacional (años después se conocería como Unificación Italiana, 1870), y b) el antagonismo con el rey de Italia, Francisco II (1836-1894), rey de las Dos Sicilias. Finalmente, el 8 de diciembre de 1869 se inauguró el Concilio Vaticano I en la basílica de San Pedro. Mas:

Los propósitos del Papa, que sólo pensaba en una consolidación del poder máximo en el sentido tradicional, se enfrentaban a las ideas de toda una serie de obispos y también de laicos, espiritualmente interesados, que esperaban una transformación del poder eclesiástico en un sentido que correspondiera a las exigencias del siglo (Ranke, 1988: 605).

Los trabajos se extendieron hasta el 18 de julio de 1870, cuando se aprobó la infalibilidad del Papa, con una votación de 533 a favor y dos non placet. Esto significó el reconocimiento de una autoridad apoyada en la acción divina, lo que contrastaba con los altercados político-sociales del mundo de aquella época, necesitado de un guía, de un poder conciliador de los intereses nacionales, estatales y grupales.5

Con sustento en lo anterior, y de vuelta con la argumentación de Joseph Ferraro, las "condenas" de la Iglesia hacia el comunismo inician con León XIII, quien sube al trono de San Pedro en 1875. Una vez ahí se enfrenta al mundo del capitalismo, donde el trabajador necesita del capitalista, y éste de alguien que venda su fuerza física: el obrero. El rechazo hacia el comunismo se ubica en 1891, con la encíclica Rerum novarum (define el concepto de justicia, coadyuva a la doctrina social de la Iglesia), donde León XIII encara "el prurito revolucionario que agita a los pueblos" y arguye que "cuando los socialistas, soslayando por completo la providencia de los padres, hacen intervenir a los poderes públicos, obran contra la justicia natural y destruyen la organización familiar" (p. 19). Lo importante, históricamente, y sin tomar partido de uno u otro lado, es ver cómo se introduce el comunismo en la "conciencia epocal" y de qué forma cambia la manera de hacer política y de ejercer la libertad de creencias de los sujetos,6 así como las trabas u obstáculos que la institución política más antigua de la modernidad, la Iglesia, pone para conservar sus privilegios.

Desde un enfoque formal, la tesis de La lucha de la Iglesia contra el comunismo es que el Concilio Vaticano II realmente no fue un concilio religioso, sino un congreso político que dictó cambios en su estructura para impartir el credo con fines ideológicos: los de conservar y fortalecer la existencia del capitalismo durante una época en crisis.7 Así, la renovación espiritual estuvo presente en el mensaje de apertura a todos los hombres (Ad omnes homines), de los padres conciliares, el 11 de septiembre de 1962; ahí Juan XXIII habló de los compromisos con la paz, la justicia, la renovación espiritual y la preocupación por el estado de los pobres. Su discurso se orientó a hacer la doctrina social católica más eficaz, más acorde con las necesidades y exigencias del sistema político predominante. En síntesis, los objetivos del Vaticano II pretextaban la fe y buena voluntad en su proceder, pero el interés encubierto era acrecentar su poder temporal, nada trascendente a lo económico y político.

El eje rector que sostiene la proposición del libro de Ferraro está en el develamiento de la raíz de las preocupaciones papales, llámense renovación cristiana de la sociedad, difusión de la doctrina del bien común, jerarquía católica abocada a los pobres, apostolado laico, concordia entre los católicos, ecumenismo, libertad religiosa, unidad en la diversidad, desasosiego por la paz y la justicia, lucha contra el ateísmo o cambio litúrgico. Ahí, afirma Ferraro, con el conocimiento crítico de fuentes directas, y a pesar del matiz humanitario y esperanzador que pudieran tener las consignas, subyacen en esencia objetivos políticos.

La contraparte de la tesis e hipótesis intuidas está en la conclusión a la que llega el autor:

Para el cristiano debe ser evidente que la transformación del orden temporal debe realizarse no para salvar al capitalismo durante una época de relativa crisis del sistema, sino para que los hombres y mujeres puedan relacionarse mejor con Dios. Dios en un fin, pero los teólogos del Concilio lo convirtieron en un medio; querían quedar bien con la sociedad burguesa para tenerla como aliada en contra del comunismo (p. 154).

Por consiguiente, la Iglesia se fue adaptando a la cultura moderna, principalmente en aquellos sectores que implicaban una ganancia. Como ejemplo se puede aludir a la inclusión de la autonomía de lo terreno, la libertad de conciencia y de pensamiento, el espíritu democrático, la subjetividad del ser humano, el uso del diálogo para llegar al consenso y el respeto al pluralismo, dentro de los postulados del Concilio. Esto, más allá de idealizaciones, significó el esfuerzo de la Iglesia por entender su lugar y misión en el mundo, pero, también, es el destello prolongado de una transformación pertinente con los capitales en pugna.

El pontificado de León XIII fue notorio por su acercamiento a la modernidad. Para él, la doctrina social de la Iglesia no era contraria al capitalismo, sino que se oponía a los abusos del "sistema". De ahí que se definiera la justicia de tal modo que las relaciones productivas capitalistas sigan operando y se consideren como parte del orden de Dios. En concordancia, la construcción de la paz deriva de tal noción, y, ya sea desde un punto de vista marxista o capitalista, la paz no es una categoría neutra, sino algo moldeable de acuerdo con las convicciones o prejuicios partidistas.

Ferraro señala que León XIII condenó el socialismo, pero no el capitalismo; sin embargo, censuró la avaricia de los potentados particulares en cuanto causa de sufrimiento, pobreza y desesperación en los proletarios. El autor enfatiza que su doctrina fue antisocialista y defensora de las relaciones productivas capitalistas, por tener éstas un origen divino. Además:

León XIII consideró que la Iglesia, en aquella época, tenía como parte de su misión combatir el comunismo; vio la íntima conexión entre la injusticia, la perturbación del orden social y el crecimiento del socialismo, y propuso la práctica de la justicia como medio para lograr la paz social y vencerlo (p. 24).

En el caso de Pío XI, el capitalismo no es condenable por sí mismo ni vicioso por naturaleza, sino violador del "recto orden" sólo cuando abusa de los obreros y de la clase proletaria. Empero, considera la propiedad privada (bienes sociales de producción) como un derecho natural, según la encíclica Quadragesimo anno, de 1931.

Mientras, en Divini redemptoris, de 1937, exhorta a los sacerdotes a ir al obrero, a los necesitados, como mandan las enseñanzas de Jesús, pero la enmienda no es humanitaria y desinteresada del todo. Ferraro se apoya en una sentencia de esa encíclica y hace saber que tal actitud respondió a que dicho sector social era el más expuesto a las maniobras de los agitadores que explotan la mísera situación de los menesterosos para encender en su alma la envidia contra los ricos y excitarlos a tomar por la fuerza lo que, según ellos, la fortuna les ha negado injustamente. "Pero si el sacerdote no va al obrero y al necesitado para prevenirlo o para desengañarlo de todo prejuicio y de toda teoría falsa, ese obrero y ese necesitado llegarán a ser presa fácil de los apóstoles del comunismo" (p. 42).

Entre tanto, la renovación espiritual era impostergable para hacer una doctrina social católica "más justa", para que los ricos practicaran la equidad con sus obreros, para que éstos no se convirtieran en revolucionarios y para que los laicos tomaran su responsabilidad en el apostolado social. Sin embargo, bajo este papado se promulgaron cuatro documentos con matices que obstaculizaban el comunismo: el Decreto sobre el ecumenismo, el Decreto sobre las Iglesias orientales católicas, la Declaración de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, y la Constitución sobre la sagrada liturgia.

Sumado a esto, la jerarquía católica impulsó una serie de cambios donde todos los hombres -sobre todo los cristianos- se unieran en un "escuadrón en contra del enemigo común". Para ello, el Concilio recalcó la importancia de la diversidad dentro de la unidad prevaleciente en el seno de la Iglesia. Además, propuso la posibilidad de la conservación de ritos, costumbres, tradiciones espirituales, etcétera, no sólo de los protestantes y ortodoxos, sino de las religiones no cristianas al convertirse cualquiera de éstas a la fe católica. Y, una vez satisfechas las posibles demandas, guiarlos en contra del comunismo.

Por esta razón, las modificaciones en la liturgia sobrepasaron la "practicidad del mensaje" y se perfilaron hacia la esfera sociopolítica. El reformismo posconciliar intraeclesial no fue algo netamente religioso, sino una estratagema cargada de ideología procapitalismo. Hechos desacreditados por Ferraro; así como las posturas papales relativas al derecho de propiedad, la comunidad de bienes, la concepción de la libertad, la enajenación del trabajo en unas cuantas manos y la organización familiar, pues le parecen puntos estratégicos del encausamiento de la subjetividad.

lunes, 5 de abril de 2021

Onésimo Cepeda, lo peor de la iglesia, candidato a diputado.

 Sin Embargo. 5 de Abril del 2021

“…Estoy harto de tanto pendejo”, dice Onésimo Cepeda, de cura a candidato de Fuerza por México


En mayo de 2012, de manera abrupta, el entonces Papa Benedicto XVI le quitó la Diócesis de Ecatepec al obispo Onésimo Cepeda debido, según las fuentes de El Vaticano citadas entonces, a su vida mundana, a sus múltiples escándalos y a las denuncias que lo señalaban de ser un defraudador sin escrúpulos.


Ciudad de México, 5 de abril (SinEmbargo).- El Obispo emérito de Ecatepec, Onésimo Cepeda, anunció hoy sus aspiraciones políticas arropado por Fuerza Por México. Lo hizo con una frase que pasará a la historia: “¿Ustedes se preguntarán que por qué acepto yo ser candidato? Estoy harto de tanto pendejo que gobierna”.

En medio de la polémica, Onésimo busca llegar al Congreso del Estado de México. Quiere una diputación por el Distrito 21 en la entidad gobernada por Alfredo del Mazo Maza.

“¿Ustedes se preguntarán que por qué acepto yo ser candidato? La primera porque quiero a México; y la fundamental porque estoy harto de tanto pendejo que gobierna y que se sienta en curules por todos lados. Yo creo que México merece algo mejor”, dijo Cepeda durante una conferencia de prensa en la Ciudad de México.

“Desgraciadamente todos son ratas y todos roban algo, yo espero no robar nada”, añadió el polémico personaje.

En mayo de 2012, de manera abrupta, el entonces Papa Benedicto XVI le quitó la Diócesis de Ecatepec al obispo Cepeda debido, según las fuentes de El Vaticano citadas entonces, a su vida mundana, a sus múltiples escándalos y a las denuncias que lo señalaban de ser un defraudador sin escrúpulos. Todos estos hechos dañaban la imagen de la Iglesia católica en México desde hacía años.

El especialista Bernardo Barranco comentó entonces para SinEmbargo: “Fue muy violenta y muy atípica la manera en que se le quitó la diócesis de Ecatepec a Onésimo Cepeda. El Vaticano no guardó las formas. Se ve que ya tenía prisa por sacarlo de la jugada. El mismo Onésimo no se esperaba este golpe fulminante. En sus expectativas estaba el haberse quedado un par de años más al frente de la Diócesis”.

–¿A qué atribuye este duro revés contra Onésimo? –se le preguntó al maestro Barranco.

–Creo que la razón principal son los escándalos en que siempre anda metido, los cuales dañan la imagen del Episcopado mexicano. Él último de ellos es la denuncia penal en que se le acusó de obtener fraudulentamente una multimillonaria colección de arte, aparte de otros líos financieros que trae en su calidad de empresario –expuso el especialista.

“Onésimo siempre llevó una vida mundana y frívola; en su juventud fue rockero, torero, parrandero y corredor de bolsa. Luego se metió al sacerdocio, donde siempre procuró colocarse al lado de los poderosos. Es un obispo cortesano obsesionado enfermizamente por el poder, el dinero y los reflectores. Su estilo bravucón choca con las formas sedosas del Vaticano, que ya no le tuvo más paciencia y le aceptó rápidamente su renuncia”, agregó.

Barranco se refirió también a la denuncia por “fraude procesal” que, en octubre de 2008, interpuso contra el obispo la empresa Arthinia Internacional bajo el cargo de falsificar un pagaré por 130 millones de dólares, maniobra que le permitió cobrarse con una valiosa colección de obras pictóricas propiedad de Arthinia.

Se trata de 44 obras de pintores muy cotizados en el mercado del arte, como Francisco de Goya, Amedeo Modigliani, Pablo Picasso, Marc Chagall, Joaquín Sorolla, Diego Rivera, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco y otros.

En noviembre de 2010, Arthinia obtuvo un amparo que obligaba a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) a solicitar una orden de aprehensión contra el prelado. Sin embargo, en junio de 2011 el Octavo Tribunal Colegiado en Materia Penal del Distrito Federal echó abajo ese amparo y libró a Cepeda de ir a la cárcel.

Onésimo comiendo. Foto: Cuartoscuro.

LOS GRANDES NEGOCIOS Y EL PRI

De acuerdo con un texto de Rodrigo Vera, publicado en SinEmbargo el 13 de mayo de 2012, a la par que realizaba jugosos negocios escudado en prestanombres, Cepeda se codeaba con la alta clase política y empresarial, al grado de que su “amigo” el entonces Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León asistió a la inauguración de la aparatosa catedral de Ecatepec, el 25 de abril de 1999. Por ese motivo el Estado Mayor Presidencial tomó el control de la catedral y de las calles aledañas, y el PRI le llevó varios autobuses de “acarreados”.

En la ceremonia religiosa, desde el altar, Cepeda agradeció la “generosidad del Gobierno federal, a través del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, un hombre bueno y honrado, que supo captar la necesidad de algo que pudiera dar identidad a esta diócesis”.

Aparte de Zedillo Ponce de León lo escuchaban varios funcionarios y políticos de aquél tiempo: Carlos Salomón Cámara, director de la Lotería Nacional; Juan S. Millán, Gobernador de Sinaloa; Eduardo Robledo, Secretario de la Reforma Agraria. También estaba su amigo, el banquero Alfredo Harp Helú.

El obipso construyó aceleradamente la catedral con donativos de los dueños de las empresas Cementos Tolteca, Sicartsa, Tamesa, Cemex, El Fuerte, Fábricas de Triplay, Mecánica de Suelos y Cimentaciones, Banamex y Fábrica de Jabón La Corona, entre otras. Y presumia orgulloso:

“Muchas veces tiene uno que utilizar sus influencias con los ricos para ayudar a los pobres. Por ejemplo, mi catedral, si la hubiera querido hacer con el dinero que da la gente de Ecatepec, pues creo que la hubiéramos terminado quizá en 500 años”.

Onésimo hoy. Foto: Cuartoscuro.

En 2000, Cepeda apoyó la campaña del candidato presidencial priista Francisco Labastida Ochoa, de cuya amistad también se ufanaba, pues decía entonces que llevaba 20 años jugando tenis con él y que su relación se iba “estrechando” cada día.

Pero Labastida. Ochoa perdió en las elecciones presidenciales de ese año. El jerarca católico dejó aquella entrañable amistad y se acercó al panista Vicente Fox Quesada cuando llegó a Los Pinos.

Hábil para cortejar a los poderosos, el obispo muy pronto se granjeó la confianza de Fox Quesada y de su esposa Marta Sahagún, al extremo mover sus influencias en Roma para que la pareja pudiera casarse por la Iglesia, expuso Vera.

Sin embargo, a mediados del 2011 Cepeda tuvo un choque con el entonces Presidente, Felipe Calderón Hinojosa, porque el obispo apoyó al empresario y político priista Jorge Hank Rhon cuando éste permanecía arraigado por el delito de acopio de armas. En una carta le expresó:

“Me dio mucha pena enterarme de lo sucedido en tu persona y lo primero que quiero hacer constar es que te conozco desde hace tiempo y lo que ha sucedido no mengua en nada mi amistad, sino al contrario… Quiero ofrecerte todo mi apoyo en lo que pueda valer con las oraciones mías, de mi clero y de mi pueblo”.

Además le agradecía a Hank Rhon sus ayudas: “Te he conocido como un hombre de ley, que además de cumplir su trabajo ha sido generoso con aquellos que lo han necesitado, me incluyo porque colaboraste para ayudar al pueblo de Ecatepec”.

También el arzobispo de Tijuana, Rafael Romo, y el obispo de Mexicali, José Isidro Guerrero, le brindaron su apoyo a Hank Rhon. Molesto, Calderón calificó públicamente a los tres obispos como una “raza de víboras” que aparentan ser un “modelo de santidad”.

En el ámbito eclesiástico Onésimo Cepeda también supo cortejar a los poderosos y ganarse su confianza para obtener prebendas personales, sin detenerse en otro tipo de consideraciones, planteó el reportaje de Rodrigo Vera.

“En un tiempo el viejo amigo del PRI fue seguidor de Sergio Méndez Arceo en la Diócesis de Cuernavaca, quien lo ordenó sacerdote en 1970. Juntos participaron en la corriente pastoral de la opción preferencial por los pobres”, añadió.

“Pero después Onésimo le dio la espalda a Méndez Arceo y con el tiempo se convirtió en un personaje clave para desmantelar la labor del obispo”.

ERUVIEL Y ONÉSIMO, OTRO ESCÁNDALO

En junio de 2019. otro escándalo le detonó a quien hoy es candidato de la coalición PRI-PAN, o Fuerza por México.

El exgobernador priista Eruviel Ávila Villegas demandó por daño moral al periodista Humberto Padgett, a quien reclamó entonces 10 millones de pesos por las supuestas afectaciones sufridas a su reputación tras la publicación de un reportaje de perfil.

Ávila Villegas es el hombre que sucedió a Enrique Peña Nieto como Gobernador del Estado de México. Aunque no pertenecía al círculo político cercano del Presidente de México, sí es un personaje poderoso dentro del Revolucionario Institucional y en la vida pública.

En el texto que origina la controversia se relatan situaciones sexuales con menores de edad que involucran al obispo emérito de Ecatepec, Onésimo Cepeda, y en las que habría estado presente el exmandatario del Edomex. El reportaje fue publicado como un capítulo dentro del libro Los Suspirantes 2018, editado por Planeta y coordinado por Jorge Zepeda Patterson.

Padgett atribuyó a cinco fuentes, todas abiertas, los detalles de fiestas de la clase política de Ecatepec en que habrían transcurrido los supuestos acercamientos y tocamientos a hombres con aspecto de ser menores de edad.

Eruviel, quien se desempeñó como vicecoordinador de campaña del candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña, radicó la queja en un juzgado civil situado en Ecatepec, municipio del que fue Alcalde en dos ocasiones y Diputado local otras dos.




domingo, 26 de agosto de 2018

Ex nuncio y arzobispo de EU sacude al Vaticano: el Papa sabía de los curas violadores y debe renunciar, dice

Viganò explica que en 2013 fue el mismo pontífice quien le preguntó: “¿Cómo es el cardenal McCarrick?”, y que el nuncio le informó de que “corrompió a generaciones de seminaristas y sacerdotes y el papa Benedicto XVI le ordenó retirarse a una vida de oración y penitencia”, así como que le informó de que había un informe de todo ello en la Congregación para los obispos.

Un informe documentó 300 casos de abuso sexual que habrían sido cometidos por sacerdotes. Foto: EFE

Dublín, 26 agosto (EFE).- El ex nuncio en Estados Unidos Carlo Maria Viganò, de 77 años, pidió la renuncia del Papa Francisco al asegurar que conocía desde junio de 2013 las acusaciones de abusos sexuales sobre el cardenal Theodore McCarrick, quien fue sancionado en junio pasado por el pontífice.
El arzobispo Viganò escribió una carta de 11 folios que fue publicada hoy por algunos medios de corte conservador en varios países en la que además el prelado acusa a otros miembros de la Curia de formar una “lobby gay” y encubrir las acusaciones contra el cardenal estadounidense.
La carta se basa en acusaciones personales y el prelado no aporta ninguna documentación o prueba de estas.
El ex Embajador vaticano escribe que Francisco conoció el caso el 23 de junio de 2013 porque él mismo se lo comunicó “y siguió encubriendo al cardenal exarzobispo de Washington, McCarrick”.
El pasado junio, McCarrrick, de 88 años, fue apartado del colegio cardenalicio y el Papa argentino “dispuso su suspensión en el ejercicio de cualquier ministerio público, así como la obligación de que permanezca en una casa que le será asignada para una vida de oración y penitencia”.
Viganò explica que en 2013 fue el mismo pontífice quien le preguntó: “¿Cómo es el cardenal McCarrick?”, y que el nuncio le informó de que “corrompió a generaciones de seminaristas y sacerdotes y el papa Benedicto XVI le ordenó retirarse a una vida de oración y penitencia”, así como que le informó de que había un informe de todo ello en la Congregación para los obispos.
“Sin embargo, Francisco, hizo de él su fiel consejero junto con Maradiaga (Óscar Andrés Rodríguez, cardenal hondureño) (…) Sólo cuando ha sido obligado por la denuncia de un menor, y siempre en función del aplauso de los medios de comunicación, ha tomado medidas para, así, salvaguardar su imagen mediática”, acusa Viganò.
El arzobispo italiano considera que esta carta la ha dictado su conciencia para que se conozca que “la corrupción ha alcanzado la cima de la jerarquía eclesiástica” e insta a Francisco y a todos los implicados en el encubrimiento del caso McCarrick a renunciar.
Viganò destaca que envió varios informes sobre la conducta del entonces arzobispo de Washington pero que fue ignorado por los respectivos secretarios de Estado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, los cardenales Angelo Sodano y Tarcisio Bertone.
Acusa también al actual arzobispo de Washington, Donald Wuerl, sucesor de McCarrick, de conocer las acusaciones porque el mismo se lo planteó y se dio cuenta de que ya estaba informado.
Viganò lanza acusaciones contra numerosos prelados pertenecientes al ala más progresista y cercana a Bergoglio como al cardenal Maradiaga y asegura que también tiene “informes” contra el recién nombrado sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano (número tres), el venezolano, Edgar Peña Parra.
El documento, con fecha del 22 de agosto, fue publicado hoy mientras el papa se encuentra en Dublín para el Encuentro Mundial de las Familias y después de que Francisco haya calificado de “crímenes repugnantes” los abusos sexuales cometidos por el clero en Irlanda y admitido el “fracaso” de la Iglesia.

jueves, 15 de febrero de 2018

Testigo denuncia red de pederastia y prostitución ligada a sacerdotes de Saltillo

En sus declaraciones, “Alexis” mencionó que el activista de la comunidad LGBTI en Saltillo, Carlos Llamas, llevaba a adolescentes para que tuvieran relaciones sexuales con grupos religiosos ligados al padre Robert Cougan, responsable de la Pastoral Penitenciaria en la capital de Coahuila.

“La Iglesia es un juego de poder, es una mafia […] tienen que silenciarte de cierta manera para no quedar mal ellos”, dijo.

El testimonio, revelado por una organización civil, coincide con las denuncias públicas sobre la red de pederastia y protección a clérigos de la Diócesis de Saltillo. También va de la mano con la historia depredadora del “Padre Meño”, que durante al menos 15 años abusó sexualmente de seminaristas de entre 13 y 16 años.

Saltillo/Ciudad de México, 15 de febrero (Vanguardia/SinEmbargo).- Una víctima de pederastia clerical en Saltillo, Coahuila, reveló detalles sobre una supuesta red de prostitución infantil en las iglesias y seminarios de la Diócesis local.
El audio del testigo– que es parte de la investigación que realiza una asociación en defensa de los derechos humanos, se suma a las denuncias de pederastia que empañan a la Diócesis de Saltillo– y que tienen como principal orquestador a Juan Manuel Riojas, “Padre Meño”–. En este se agregan señalamientos de pagos que supuestamente realizan los clérigos a menores por servicios sexuales.
Según la grabación– entregada por la organización al diario Milenio–, los grupos juveniles y retiros espirituales que realiza la Diócesis de Saltillo son utilizados para “reclutamiento”.
El testigo, identificado como “Alexis”, aseguró haber acudido a dichos grupos de los 13 a los 26 años (hoy tiene 33). Desde entonces, dijo, los presbíteros ya realizaban estas prácticas.
“Alexis” contó que al inicio los encuentros se hacían en la oficina de la iglesia y luego en moteles, “sin que a nadie le pareciera extraño el acercamiento entre el sacerdote y el adolescente”. 
En uno de los primeros retiros a los que asistió, los guías espirituales hacían “bromos” con los adolescentes como “darles nalgadas cuando estaban desnudos, bañándose en las regaderas”.
“En el Seminario Diocesano las relaciones entre los mismos seminaristas era algo muy común. Yo pertenecía a un movimiento nacional que se llamaba Circulo del Espíritu Santo y de la Cruz, hasta los 26 años dejé de ir a ese grupo de la iglesia”, contó la víctima.
En ese grupo, contó, un sacerdote se le acercó para proponerle sostener relaciones sexuales. Él tenía 17 años, y aunque le extrañó la propuesta, aceptó, calificando la experiencia como “extraña”.
En sus declaraciones, “Alexis” mencionó que el activista de la comunidad LGBTI, Carlos Llamas, llevaba a adolescentes que tenían relaciones sexuales con grupos religiosos ligados al padre Robert Cougan, responsable de la Pastoral Penitenciaria.
“Alexis” cree que este modelo de atracción a las redes de corrupción continúa hoy en día; sin embargo, considera que la diferencia es que ahora los jóvenes acceden a las prácticas sexuales por un interés económico.
“La iglesia es un juego de poder, es una mafia, lo poco o mucho que yo viví dentro de la iglesia, supe que es un juego de poder, no les convienes te vas, te desapareces, tienen que silenciarte de cierta manera para no quedar mal ellos, fue lo que pasó con el Padre Gofo, peroél ya se hizo famoso y por eso no lo han podido silenciar por completo”, expresó.
El testimonio coincide con las denuncias públicas sobre la red de pederastia y protección a clérigos de la Diócesis de Saltillo. También va de la mano con la historia depredadora del “Padre Meño”, que durante al menos 15 años abusó sexualmente de seminaristas de entre 13 y 16 años.
El juicio contra “Padre Meño” dejó al descubierto que la pederastia fue una práctica que rebasó al Seminario de Piedras Negras y se estableció en Saltillo, Coahuila, donde curas habrían “seducido” a menores en la Alameda y otras plazas públicas.
Manuel Riojas fue vinculado a proceso en agosto pasado por el delito de violación calificada con abuso de autoridad y agravio a menores.
Se mantuvo prófugo durante cuatro meses y era buscado por la Interpol en 190 países, luego de ser acusado por dos de sus víctimas: el ex seminarista Ignacio Martínez Pacheco y el aún seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, de 19 años de edad.
Ambos relataron a SinEmbargo –en mayo pasado– el calvario judicial que significó denunciar penalmente al cura pederasta y a su Obispo encubridor debido a la protección directa que gozan, dijeron, por parte del Gobernador del estado, Rubén Moreira Valdez.
Las víctimas que lo denunciaron aseguran que han tenido acceso a diversos testimonios que revelan el modus operandi de sacerdotes pederastas en la capital del estado.

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