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miércoles, 20 de noviembre de 2013

La desigualdad, reclamo de la Revolución, sigue vigente: Lorenzo Meyer

El historiador consideró que en la actualidad hay "estructuras oligárquicas como en 1910", por lo que el reclamo de desigualdad aún tiene vida.
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El historiador Lorenzo Meyer consideró que uno de los reclamos de la Revolución mexicana, la desigualdad, tiene vigencia.
En Noticias MVS, primera emisión, comentó que actualmente hay una sociedad dividida, en la que unos pocos concentran la riqueza.
“En la Revolución hay un elemento subversivo que aún tiene vida“, agregó.
Dijo que se ha buscado que se olvide ese reclamo, que quede como algo superado, lo cual no ha ocurrido; “tiene mucho qué ver en la medida que las estructuras son tan oligárquicas como en 1910″.
“El reclamo sigue siendo la desigualdad y sus efectos”, agregó.
Sobre la realización, de último momento, de un acto militar en el Zócalo, dijo que al PRI “le remordió la conciencia” y recordó que lleva la palabra “revolucionario” en su nombre.
Apuntó que ahora “se echó por tierra” el evento deportivo y civil, aunque reconoció que “nunca pegó bien la parte deportiva, porque la Revolución es un hecho violento, lo que determina la victoria o la derrota”.
Sobre la Revolcuión dijo que aunque destruyó el régimen de Porfirio Díaz, la contrarrevolución, no tuvo un proyecto tan claro, sino que se va formando a lo largo del tiempo.
Aseveró que ahora la clase gobernante tampoco parece tener un proyecto claro, pero eso sí “no tiene nada qué ver con la Revolución”, aunque con eventos como el de hoy se vean obligados a identificarse mínimamente con aquel movimiento.

viernes, 15 de julio de 2011

Policía chilena reprime marcha

Presidente Piñera llama al diálogo para resolver demandas
 
SANTIAGO DE CHILE (Agencias) — Fuerzas antidisturbios de la policía militarizada de Chile reprimieron ayer una marcha masiva de estudiantes de secundaria y universitarios frente al presidencial Palacio de La Moneda.

La fuerza pública utilizó carros lanza-agua y gases lacrimógenos para disolver la columna, cuando ésta intentó acercarse a la sede del Poder Ejecutivo para exigir con gritos y pancartas medidas que garanticen una educación de calidad y sin fines de lucro.

La columna, que se extendió por varias cuadras desde la Alameda Bernardo O’Higgins, la principal arteria del centro de la capital, reunió a unas 20 mil personas, de acuerdo con el balance presentado por la policía.

La movilización fue convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y el Colegio de Profesores.

Las marchas y enfrentamientos se replicaron en otras ciudades, como Valparaíso, Osorno, Puerto Montt, Concepción, La Serena y Antofagasta.

Los disturbios se iniciaron en el sector de la Plaza los Héroes, donde se realizó el mitin final de la marcha, y se prolongaron luego de la manifestación al sector de la Plaza de la Ciudadanía, en el costado sur del Palacio de La Moneda.

Los alborotadores atacaron incluso la embajada de Brasil con pedradas. Según un balance policial preliminar un sargento resultó gravemente herido con quemaduras en piernas, brazos y dorso por efecto de una bomba incendiaria lanzada por un manifestante, otro policía resultó lesionado y hubo 62 detenidos y 50 heridos en los disturbios.

Las fuerzas del orden actuaron con los carros lanza-agua y lanza-gases, además de la fuerzas de infantería policial, batallones de caballería y unidades con perros.

“Esto no puede quedar así, buscaremos todos los mecanismos jurídicos para que los convocantes asuman su responsabilidad. Hoy son responsables de los desmanes”, advirtió el ministro subrogante del Interior, Rodrigo Ubilla.

En la mañana, el gobernador provincial de Santiago, Fernando Echeverría, había advertido que la jornada de protesta “no sería tranquila”.

El mandatario Sebastián Piñera, por su parte, afirmó en un acto público estar “convencido que como presidente de Chile llegó el momento de terminar con la violencia, las tomas, los paros”. A la vez, Instó a los estudiantes secundarios y universitarios a “reencontrarnos en el camino del diálogo, los acuerdos y la acción”.

Los estudiantes y profesores demandan mejor calidad y acceso a la educación, igualdad de oportunidades, junto con rechazar el lucro en las instituciones de enseñanza.

Además, exigen el financiamiento estatal de la educación, restablecer el rol prioritario del Estado en la enseñanza primaria y secundaria y un sistema de financiamiento por el Presupuesto Nacional y no por subvención del sistema.

Los manifestantes, a los que se sumaron diversos gremios e incluso los familiares de 81 presos muertos en un incendio carcelario, desoyeron la autorización concedida por el gobierno de Santiago que había establecido un recorrido para la protesta. “No me siento sobrepasado”, dijo Echeverría, al explicar la decisión de la policía de dejar marchar a los manifestantes dada la magnitud de la protesta.

El presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, organización que convocó a la marcha, manifestó que la protesta “es demasiado contundente, es demasiado grande este movimiento”.

domingo, 13 de febrero de 2011

La Decena Trágica, febrero de 1913





La Decena Trágica fue un periodo de poco más de diez días en el que un grupo de sublevados se levantaron en armas contra el gobierno de Francisco I. Madero.

Este episodio culminó con el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez y la ascensión a la presidencia de Victoriano Huerta.

La difícil presidencia de Madero

Francisco I. MaderoEn 1910 Francisco I. Madero reunió su fuerza revolucionaria del impulso de haber sido el iniciador del movimiento armado y de representar a todos aquellos que querían derrocar al dictador. Sin embargo para 1913, una vez depuesto el enemigo (Díaz), Madero perdió buena parte del enorme apoyo que alguna vez tuvo. Su impopularidad se debió a que, cuando éste subió a la Presidencia, había muchas expectativas de revolucionarios radicales, de campesinos y de obreros en torno a las medidas que tomaría su gobierno.

La posición moderada y conciliadora con los porfiristas que Madero adoptó desalentó a quienes esperaban que la revolución traería consigo transformaciones radicales. Muchos revolucionarios se sintieron defraudados y traicionados por Madero y le declararon la guerra (como Emiliano Zapata mediante el Plan de Ayala). Durante los quince meses que duró su gobierno, Madero enfrentó múltiples problemas: rebeliones armadas, huelgas, conspiraciones e intrigas contrarrevolucionarias. Entre aquellos que se sublevaron contra su gobierno estuvieron Bernardo Reyes, ministro de guerra durante el porfiriato y Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz. Ambas rebeliones fracasaron y Madero encarceló a los rebeldes, perdonándoles la vida.

Además de las rebeliones, la prensa de oposición atacó constantemente al presidente e influyó de manera decisiva en incitar la desconfianza de la opinión pública al régimen. También se opusieron al gobierno los senadores, los terratenientes y los intereses extranjeros. El maderismo no satisfacía los intereses económicos de los Estados Unidos y todo el año de 1912 el presidente William Taft, a través de su embajador Henry Lane Wilson, amenazó y atacó al gobierno de Madero por diferentes medios.

Se inicia la sublevación

Así, cuando el 9 de febrero de 1913 la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y la tropa del cuartel de Tacubaya se levantaron en armas contra el gobierno, no se tomó la noticia con mucha sorpresa. Hasta entonces, la ciudad de México había permanecido lejana al campo de batalla y, por primera vez durante la contienda, conoció la muerte de civiles en sus calles, los gritos de los heridos, el retumbar de cañones y la lluvia de balas de ametralladoras.

Una de las primeras maniobras de los sublevados, al mando de los generales porfiristas Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón, fue liberar de sus prisiones a Félix Díaz y Bernardo Reyes. Los rebeldes se dirigieron al Palacio Nacional, defendido por el general Lauro Villar. En uno de los primeros combates murió Bernardo Reyes y Díaz y Mondragón se refugiaron en La Ciudadela. Mientras tanto, el presidente Madero salió del Castillo de Chapultepec rumbo al Palacio Nacional, escoltado por cadetes del Colegio Militar y en compañía de algunos secretarios de estado y amigos (Marcha de la Lealtad). Durante un pausa que hizo frente al Teatro de Bellas Artes, el presidente cometió un error lamentable: nombró comandante militar de la plaza a Victoriano Huerta, en sustitución del general Villar, que había sido herido durante el combate.

Al llegar a Palacio, Madero organizó la defensa, mandó llamar a varios cuerpos militares (de Tlalpan, de San Juan Teotihuacán, de Chalco, de Toluca ) y el propio presidente decidió ir a Cuernavaca a traer a Felipe Ángeles y sus fuerzas. Huerta, mientras tanto, perdía tiempo en detrimento del gobierno pues había entrado en tratos con los sublevados y se había sumado a la conspiración.


El Pacto de la Embajada

Finalmente, el 17 de febrero, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron hechos prisioneros. Mientras tanto, el embajador Henry Lane Wilson intrigaba en contra del gobierno mandando insinuaciones de que sólo se podría evitar la intervención armada de los Estados Unidos con la renuncia de Madero. El papel de Wilson durante este episodio fue deplorable: hacía ostentación ante miembros del cuerpo diplomático de conocer los proyectos desleales de Huerta y notificó al Departamento de Estado de Estados Unidos que los rebeldes habían aprehendido al presidente y vicepresidente hora y media antes de que esto sucediera.

Cuando Madero y Pino Suárez fueron hechos prisioneros, Wilson ofreció a Huerta y a Díaz el edificio de la embajada norteamericana para que llegaran a acuerdos finales, en lo que se llamó el Pacto de la Embajada. En este pacto se desconocía al gobierno de Madero y se establecía que Huerta asumiría la presidencia provisional antes de 72 horas, con un gabinete integrado por reyistas y felicistas; que Félix Díaz no tendría ningún cargo para poder contender en las elecciones; que notificarían a los gobiernos extranjeros el cese del ejecutivo anterior y el fin de las hostilidades.

Al Pacto de la Embajada siguió la tortura y asesinato de Gustavo A. Madero, hermano del presidente. Después se presentaron las renuncias del presidente y vicepresidente ante un Congreso reunido en sesión extraordinaria. Este nombró presidente a Pedro Lascuráin, ministro de Relaciones Exteriores con Madero, quien a su vez renunció y nombró presidente a Victoriano Huerta.

Desde su aprehensión, Madero y Pino Suárez permanecieron en el Palacio Nacional, esperando en vano un tren que los conduciría al puerto de Veracruz, de donde se embarcarían a Cuba, al exilio. De nada sirvieron las gestiones de sus familiares, amigos, los ministros de Cuba, Chile y Japón, ante Wilson para que hiciera valer la influencia que tenía sobre Huerta, ya que el embajador les respondió que él, como diplomático, no podía interferir en los asuntos internos de México.


Fin de la Decena Trágica

El general Aureliano Blanquet dió órdenes, confirmadas por Huerta y Mondragón, para que la noche del 22 de febrero se trasladara a Madero y Pino Suárez a la Penitenciaría de Lecumberri. En el trayecto se simuló un ataque y los prisioneros fueron asesinados. La ciudad se levantó con la noticia "Ya mataron a Madero" y aunque la primera reacción fue de indignación, la mayoría de los habitantes de la capital se alegraron del cese de hostilidades, se lanzaron jubilosos a las calles, adornaron las fachadas de sus casas y, en unión de la prensa, ensalzaron a los vencedores y condenaron a los caídos.

La tranquilidad volvió a la ciudad de México. La alta burguesía, integrada por terratenientes, banqueros, comerciantes e industriales, vio el fin de aquellos días de horror con beneplácito, como la mayoría de la gente, y con la confianza de que el nuevo gobierno restablecería las condiciones políticas, sociales y económicas en las que habían prosperado. Sin embargo, pronto vieron que este gobierno no sería como esperaban.


Victoriano Huerta se instaló en el Palacio Nacional el 20 de febrero de 1913 y permaneció en la presidencia 17 meses pues el usurpador se las arregló para disolver la fuerza de Félix Díaz, a quien nombró embajador en Japón. El gobierno huertista fue dictatorial a partir del 10 de octubre de 1913, cuando disolvió el Congreso de la Unión. Durante esta dictadura, la vida en la ciudad se militarizó y muchos ciudadanos, maderistas o no, fueron torturados o asesinados. Pero pronto surgió un nuevo líder revolucionario en pie de lucha contra el huertismo, el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La Revolucion Congelada de Raymundo Gleyzer

Prohibido por Luis Echeverría, el documental es una feroz crítica al sistema México, la revolución congelada se estrena con 36 años de retraso La mirada extranjera sobre la represión estudiantil y el trabajo semiesclavo del sureste BLANCHE PETRICH Ampliar la imagen Imagen del documental de Raymundo Gleyzer que después del repaso a la revolución mexicana llegó al sureste del país Nunca antes exhibido en México, el documental México, la revolución congelada, realizado en 1970 por el cineasta argentino Raymundo Gleyzer ­secuestrado y desaparecido por la dictadura de su país en 1976­, arranca con imágenes de la parafernalia priísta en la campaña presidencial del que fue poderoso secretario de Gobernación, Luis Echeverría. En el periodo que va entre las matanzas de Tlatelolco (1968) y del jueves de Corpus (1971), registra la decadencia de la "revolución institucional" del PRI en su quinta década de poder, recorre el empobrecido sureste mexicano y concluye con el sello de sangre del 2 de octubre de 1968. La película, alentada por Echeverría, quien se había sentido halagado por el interés de ese equipo de "televisión alemana" que se le acercó cuando intentaba recomponer su deteriorada imagen internacional, se estrenó en Buenos Aires en 1971. El impacto del documental alcanzó las páginas de los diarios porteños. Aquellas imágenes de los caídos el 2 de octubre ­"cuando en una sola tarde el gobierno mexicano mandó matar 400 estudiantes"­; las historias de los modernos esclavos de las haciendas henequeneras, de una CTM gangsteril, nunca habían sido exhibidas en ese contexto en Sudamérica. No era el elogio a la "revolución hecha institución" que el régimen mexicano esperaba; era la feroz crítica a un ideal traicionado.

El filme enfureció a Echeverría, que mediante su embajador en Buenos Aires exigió y consiguió que se prohibiera el documental. La obra de Raymundo Gleyzer sólo duró un día en cartelera. Enlatado desde entonces, este miércoles 13 de febrero ­36 años después­ sale de la congeladora para llegar a las salas comerciales que albergan la Gira de Documentales 2007 Ambulante. Gleyzer, cineasta militante, reconocido por las nuevas generaciones de realizadores como "el padre del cine piquetero", fue en su fructífera etapa frente a las cámaras, el impulsor del documental entendido como "un arma para la revolución socialista". Hoy, la gente de cine en Argentina celebra en su honor el Día del Documentalista el 27 de mayo, fecha de su secuestro. Persona non grata En México, en su momento, Echeverría lo declaró persona non grata. Pero hoy, su viuda Juana Sapire, que laboró como asistente y sonidista en muchas de sus producciones, está en México promoviendo el documental prohibido. "Porque gente como Raymundo muere, pero no desaparece; él está aquí nuevamente, a la orden".

Fuente la Jornada

domingo, 21 de noviembre de 2010

AMLO Hemiciclo a Juárez conmemoración Revolución Mexicana

Andrés Manuel López Obrador AMLO en el Hemiciclo a Juárez conmemoración Revolución Mexicana un paso por la historia de México, la razón se encuentra en ella, y ella está con nosotros.




Andrés Manuel López Obrador AMLO en el Hemiciclo a Juárez palabras de Flores Magón



Hemiciclo lleno con AMLO por la Revolución Mexicana Alberto Arista 20-11-2010

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