Mostrando entradas con la etiqueta neoliberalismo atroz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neoliberalismo atroz. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de julio de 2016

Francia: el neoliberalismo y la lucha de clases

El desempleo, el gran aliado del Neoliberalismo
Maciek Wisniewski*
E
l neoliberalismo nació comoun proyecto de clase (D. Harvey dixit). Un proyecto de clases altas que ante la caída de los niveles de ganancia desde las décadas de los 60 y 70 querían suprimir a los trabajadores y revertir esta tendencia desmantelando todo lo colectivo y social organizado.
Desde sus inicios fue una guerra de clases desde arriba. Para tapar su verdadera naturaleza se ideó toda una campaña de simulaciones ideológicas. Los neoliberales, como los nuevos conquistadores del mercado de los que escribía alguna vez J. Berger –que son básicamente los mismos–,invertían los signos y falseaban las direcciones para confundir a la gente(Hold everything dear, 2008, p. 122).
Las divisiones de clases y su lucha ya son cosas del pasado, decían; “las únicas divisiones que importan ahora son las ‘identitarias’”. Así –secundados intelectualmente por algunos post-marxistas– buscaban despolitizar lo público y dejar a los trabajadores confundidos y aferrados a las únicas identidades disponibles: étnica, nacional y religiosa.
Una cosa bastante astuta en medio de una guerra de clases, ¿no?
En Francia, como en otros países, fue una narrativa que abrazó no solo la derecha –y de la que en la misma medida que de sus raíces protofascistas se nutre la xenofobia del Frente Nacional (FN)–, sino también los socialistas (PS) e incluso la izquierda radical (PG).
Lo mismo pasó con el trabajo. El trabajo ya es cosa del pasado, decían los neoliberales –secundados intelectualmente por algunos post-marxistas– y ya no importa tanto, cuando en realidad estaban obsesionados con él y con la idea de flexibilizar su rígido marco legislativo (“ factory legislation”, de la que hablaba Marx en El capital).
Una cosa bastante astuta en medio del despliegue de un brutal rollback hacia los trabajadores, ¿no?
Una vez consumado el golpe en Chile –un paradigmático caso de ladiseminación del neoliberalismo mediante el shock–, Pinochet impuso a los trabajadores chilenos un represivo Código de Trabajo que –entre otros– daba prioridad a los acuerdos laborales y salariales por empresa sobre los tradicionales, por sectores.
Más de 40 años después en Francia, Hollande –en una maniobra digna de volverse otro paradigma neoliberal– acaba de hacer lo mismo. Los acuerdos por empresa y la nueva primacía del contrato particular por encima de la vieja ley general son puntos centrales de la ya aprobada (Libération, 21/7/16) reforma de Loi Travail (la ley El Khomri).
Sus críticos –con razón– hablan dela inversión de la jerarquía de normas.
Hasta ahora eran los trabajadores los que –gracias a los acuerdosparitarios que establecían estándares mínimos en cada sector productivo– tenían una ligera ventaja en la relación laboral.
La reforma del gobiernosocialista cambia este balance a favor de los empresarios. Siguiendo la vieja ideología neoliberal de que “la causa de los problemas en la economía (‘falta de competitividad’, desempleo) es la ‘sobreprotección’ de los trabajadores, que ‘distorsiona’ el funcionamiento ‘natural’ del mercado”, le da más poder al capital.
El poder de individualizar las relaciones laborales y a atomizar a los trabajadores. El poder de realizar su sueño principal: que no haya nada más frente a él que entes desnudos, sujetos a una competencia voraz y una profunda inseguridad.
Contra sus supuestos fines, lareforma no viene a combatir al desempleo. Viene a asentarse en él. Es pieza clave en un modelo de control social que, haciéndose de la existencia de un vasto ejército industrial de reserva, domestica a los trabajadores mediante su precarización y sustituye la solidaridad gremial por el miedo individual (al despido arbitrario, a la rebaja salarial, al aumento de horas de trabajo).
Francia hasta ahora era un caso atípico en la constelación neoliberal.
Si bien desde los 80 sus tecnócratas –los socialistas (¡sic!) como Delors o Chavranski– eran los principalesarquitectos detrás del desmantelamiento del modelo socialde la UE, las mismas reformas en Francia avanzaban con menos vigor (pero avanzaban).
Aun así, a ojos de algunos –sobre todo a raíz de la crisis– el país, en comparación con sus vecinos, destacaba como un (mal) ejemplo de conservación de privilegios sociales retrógrados y/o “un peligroso caso de falta de ‘ajuste a la globalización’ que ya ocasionaba en un caos” –¡sic!– (The Guardian, 27/5/16).
Las élites europeas y francesas decidieron que ya no había de otra:reformar o reformar la Loi Travail, apremiando al dúo Hollande/Valls a mantenerse firmes hasta el final.
Así, de manera tardía, pero con estilo, Francia –y en particular su gobierno socialista– llegó a merecer su propio capítulo en La doctrina del shock (2007), el clásico de N. Klein, junto con casos como los de Chile o Polonia:
• Por retomar de Sarkozy el giro securitario que desde hace unos años marca la creciente “ despotización de la política” y “ autoritarización del neoliberalismo” (S. Kouvelakis dixit) y plasmarlo en estado de emergenciaque a lo largo de los meses no sirvió para prevenir ataques terroristas (Niza, Rouen, etcétera), sino para proteger al gobierno y sus políticas criminalizando a los oponentes a la ley El Khomri.
• Por un impecable, creativo y combinado uso de violencia, miedo yshock para empujar la reforma: desde la brutal represión policial, uso de la amenaza terrorista para desmovilizar protestas, hasta mandarla a la Asamblea Nacional para su aprobación final... cuatro días después de la masacre en Niza (¡sic!).
• Por confirmar por enésima vez que el neoliberalismo no necesita de la democracia y hará todo para saltársela: allí está el triple (¡super-sic!) uso del artículo 49.3 de la Constitución que –al no contar con una mayoría necesaria– le permitió al gobierno aprobar la reforma por decreto (¡sic!), sin debate ni voto parlamentario.
¿Y la lucha de clases? Sólo dos mensajes. Uno para la izquierda: allí está. ¡Articularla! (por si se olvidaron).
Otro para los neoliberales disgustados hoy con el auge del FN, pero que ayer la silenciaban, confundiendo a los trabajadores, precarizándolos, empobreciendo y durmiendo con cuentos identitarios, hasta el grado de que muchos ya solo saben identificarse con el lenguaje neo-fascista: cosechan lo que sembraron.
*Periodista polaco
Twitter: @periodistapl

martes, 21 de junio de 2016

Todo el apoyo a la reforma educativa: OCDE


Cancún, Quintana Roo. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE ) “apoyó, apoya y seguirá apoyando de manera muy importante la reforma educativa. Nos parece una de las más grandes, más importantes, más prometedoras y más fructíferas reformas de las que enfrentó o que está implementando el gobierno de la República", aseveró José Angel Gurría, secretario general de esa organización.
Esa fue la declaración que hizo Gurría tras lamentar el enfrentamiento ocurrido el domingo pasado entre la policía federal y el movimiento magisterial disidente en Nochixtlán, Oaxaca, que dejó siete personas muertas y varios heridos.
"Había una protesta, una manifestación contra la reforma educativa y ese fue el marco en el cual pasó todo esto", comentó Gurría en una conferencia de prensa donde se dio a conocer el informe de la Comisión Global sobre Gobernanza de Internet, durante la Reunión Ministerial 2016 sobre Economía Digital que realiza la OCDE en esta ciudad.
"Por supuesto que esto que sucedió es muy lamentable, es muy trágico, pero lo que puedo decir es que el tema de la evaluación de los maestros es un asunto que países como Suecia, Finlandia, Canadá, Estados Unidos u otros países tienen 40, 50, 60, años de estar haciendo evaluaciones permanentemente para poder dar los puestos a los maestros, para poderlos promover y mejorar en su nivel. El tema de que nosotros estemos pretendiendo hacer evaluaciones es simplemente una puesta al día y todo el apoyo a la reforma educativa del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto."
Gurría insistió que la reforma educativa es fundamental para la modernización y el aumento de los niveles de vida de la población en México, al tiempo que comentó que "el cielo es el límite" para que México crezca si estuviera "al cien por ciento en todo", incluida la educación.

domingo, 3 de enero de 2016

La izquierda del siglo XXI es antineoliberal .- Emir Sader

Tatcher, Reagan y Juan Pablo, el eje del mal

L
a izquierda realmente existente es una categoría histórica, que varía conforme las condiciones concretas de lucha. Ya fue una izquierda de clase contra clase, que incluía a corrientes anarquistas, socialistas y comunistas. Ya fue antifascista, conforme las corrientas de ultra derecha se fortalecían, especialmente en Europa. Ya fue democrática y popular, socialista, conforme las fuerzas propias que tenía y los enemigos a enfrentar.
Conforme el capitalismo ha ingresado en su era neoliberal y ha asumido la centralidad de las tesis del libre comercio, de la mercantilización, se planteó a la izquierda el desafío de la ruptura con el modelo neoliberal y la construcción de alternativas superadoras de ese modelo, que se han denominado posneoliberales.
Hace década y media esa perspectiva no estaba clara. las ONG, algunos movimientos sociales e intelectuales planteaban la lucha en el nuevo periodo como una lucha antipolítica, anti-Estado, anti-partidos, proponiendo como su centro unasociedad civil, con límites no claramente definidos frente al liberalismo. Proponían que los movimientos populares mantuvieran una autonomía respecto a la política, al Estado, a los partidos. Han impuesto esa orientación como predominante en los foros sociales mundiales, con algunos movimientos como los piqueteros argentinos y los zapatistas mexicanos, como los ejemplos de esa orientación.
Una década y media después, el campo de lucha quedó mucho más claro, no sólo teóricamente, sino principalmente en el campo político concreto. Las fuerzas que se han fortalecido –especialmente en América Latina, pero tambien en Europa – han sido las que han centrado su lucha en la superación del neoliberalismo. Han redefinido el papel del Estado, en lugar de oponerse a él. Han recuperado el lugar de la política y de los partidos, en lugar de rechazarlos. Tesis como las de Tony Negri y de John Holloway sobre el carácter reaccionario del Estado y la posibilidad de transformar el mundo sin tomar el poder, entre otras, personificaban esas teorías, que han quedado superadas por la realidad, mientras el FSM se ha vaciado en manos de las ONG.
Son los gobiernos que han logrado un inmenso proceso de democratización social, en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, eligiendo y religiendo gobiernos con amplio apoyo popular, los que han surgido como las referencias de la izquerida en el siglo XXI. Han logrado la hazaña de avanzar a contramano de las corrientes predominantes en el capitalismo en escala mundial, disminuyendo la miseria, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.
Se han proyectado así como el eje y la referencia de la izquierda en escala mundial, con líderes reconocidos como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros. La realidad concreta ha probado quien tenía razon en el debate sobre la naturaleza de la izquierda en el nuevo periodo histórico.
Mientras esos liderazgos se han afirmado, las que debieran ser las referencia han desaparecido –como es el caso que debiera ser paradigmático del autonomismo piquetero– o han quedado reducidos a la intrancendencia, como es el caso de los zapatistas. Todo ha pasado sin que los intelectuales que han propuesto a esa vía como alternativa hayan mínimamente hecho un balance de ese fracaso. Como son intelectuales desvinculados de la práctica política concreta no tienen responsabilidades por lo que han escrito ayer y se dedican a otras tesis.
Muchos de ellos, fracasadas las tesis autonomistas, se han dedicado a la crítica de los gobiernos que han avanzado concretamente en la superacion del neoliberalismo. Sin captar el caracter nuevo de esos gobiernos, los han tildado detraidores, de extractivistas, deneodesarrollistas, muchas veces aliándose con la derecha –la verdadera alternativa a esos gobiernos– contra las fuerzas progresistas en esos países. No han captado la naturaleza essencialmente antineoliberal de esos gobiernos. Algunos intelectuales, latinoamericanos o europos, pretenden ser la conciencia crítica de la izquierda latinoamericana, con sus posiciones desvinculadas de las luchas y las fuerzas concretas, sin que sus tesis hayan desembocado en la construcción de ninguna fuerza alternativa. Las opciones a los gobiernos posneoliberales –como queda claro en Venezuela, en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en Bolivia, en Ecuador– siguen siendo las viejas fuerzas de la derecha, mientras que las posiciones de ultra izquierda siguen en sus posturas críticas, sin ninguna injerencia en las luchas concretas. No por acaso sus defensores son intelectuales, que hablan desde sus cátedras académicas sin ningún arraigo en las fuerzas sociales, políticas y culturales reales.
Mientras tanto, los únicos gobiernos que han avanzado en la superación de las políticas de centralidad del mercado, de eliminación de los derechos sociales, en la subordinacion a la hegemonía imperial estadunidense, han sido los que han sabido definir la centralidad de la lucha contemporánea como la lucha antineoliberal.
No sólo en América Latina, incluso en Europa, la definición de la centralidad de las luchas contemporáneas de la izquierda alrededor de la superación del modelo neoliberal, se impone, sea en España, en Portugal, en Grecia, con la conciencia de que al lucha contra la austeridad es la forma que asume en Europa la lucha antineoliberal, relegando otras posiciones a los libros y a las cátedras académicas.
Incluso en el momento en que gobiernos posneoliberales enfrentan dificultades reales para pasar de la primera a una fase más avanzada de sus luchas, las posiciones ultra izquierdistas, que hablan del fracasode esos gobiernos, no explican su propio fracaso, al no lograr construir ninguna fuerza alternativa a esos gobiernos, lugar ocupado por fuerzas de derecha. Hablan de fin de ciclo, cuando lo que se presenta no es la superación de un ciclo, sino formas de recomposición conservadora, de retroceso neoliberal, que no superan un ciclo, sino, al contrario, se proponen retroceder a un ciclo anterior.
La izquierda del siglo XXI es, así, antineoliberal: es la que logra construir fuerzas concretas, alternativas bajo la forma de gobiernos, de plataformas, de grandes liderazgos contemporaneos. El resto son palabras que el viento lleva, sin cambiar ni la realidad y, al parecer, ni la cabeza de los que las escriben y son derrotados junto con ellas.
La historia de la izquierda contemporánea está escrita y protagonizada por los que logran avanzar en la construccion de alternativas concretas al neoliberalismo.

Green Go