Mostrando entradas con la etiqueta epigmenio ibarra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta epigmenio ibarra. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de marzo de 2017

Felipe Calderón critica a Epigmenio Ibarra y éste lo reta a un debate público

El productor Epigmenio Ibarra y el expresidente Felipe Calderón. Fotos: E. Miranda y M. Dimayuga
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El panista Felipe Calderón confrontó hoy al productor Epigmenio Ibarra por presuntamente trabajar para Televisa, quien en respuesta lo emplazó a un debate público sobre el fracaso de “su guerra” y la muerte de los 49 niños en la guardería ABC propiedad de la prima de su esposa, Margarita Zavala.
“No recurra, Felipe Calderón, a trucos sucios de publicista electoral marrullero. Hablemos con franqueza y respeto”, escribió Ibarra luego de que Calderón emitió, a las 7 horas de hoy, un tuit en el que lanzó una pregunta –“@epigmenioibarra a @telebvisa? (sic)”–, citando el tuit de una cuenta anónima que reprodujo en audio críticas de locutores no identificados al productor.
El mensaje retuiteado por Calderón es de la cuenta @RickDjMX, una de las cientos que desde el anonimato hacen propaganda de Zavala y atacan a sus críticos, como en esta ocasión a Ibarra, confeso simpatizante de Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena y aspirante presidencial.
Ayer, el productor en su cuenta de tuiter se preguntaba si en el 2018 habrá una votación por la permanencia o la transformación y adjuntó una imagen con el rostro de Calderón manchado de sangre y la frase: “haiga sido como haiga sido”.
Se pronunciará este país en el 18 por la permanencia o la transformación?
Tu x quien vas a votar?
La respuesta de Calderón, quien ha asumido un inusitado activismo a favor de la aspiración presidencial de su esposa Margarita Zavala, hizo suyas las críticas a Ibarra por supuestamente elaborar productos para Blim, propiedad de Televisa.
“Oiga, Felipe Calderón, lo emplazó a un debate público sobre su guerra, su fracaso y las consecuencias trágicas de la misma para México”, escribió Ibarra. “También lo emplazó, Felipe Calderón, a discutir sobre Guardería ABC y la subrogación de esta guardería a la prima de Margarita Zavala”.
Lo emplazó seria y respetuosamente a debatir @FelipeCalderon y Ud responde con mentiras y lanzando sus bots en manada.Hablemos de su guerra.
Y en otro mensaje, subrayó: “¿Que quien soy yo para emplazarlo a un debate, Felipe Calderón? Nadie. Un ciudadano que vivió la guerra y jamás quiso que ésta llegara a México”.
Hasta las 13 horas de este miércoles, Calderón guardaba silencio sobre el reto.

lunes, 14 de abril de 2014

Ya con esta me despido: más bien me despiden. EPIGMENIO IBARRA

Este es el último viernes que aquí nos encontramos. Esto no significa que cerraré la boca, que cruzaré los brazos. Tiempos aciagos vive el país. No es momento de callar, de rendirse.
Si abrí los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria; si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra: Blas de Otero
No soy una víctima más de la represión. No soy una víctima punto. Otros hay que pagan con su vida o con su libertad el haberse atrevido a contar lo que en este país realmente sucede, el tener la osadía de desnudar, de enfrentar con su pluma o con su cámara  este régimen corrupto y criminal que padecemos.
Hace mucho que no estoy en el terreno al lado de esos que se juegan el pellejo todos los días. Como no tengo el coraje para estar, hombro con hombro, con ellas y ellos, no reclamo para mí solidaridad alguna, aunque agradezco de todo corazón las muestras de respaldo que he recibido. Ofrezco, más bien, mi solidaridad a quienes, realmente, corren peligro. Lo he hecho desde este espacio y en las calles, mientras intentaba seguir sus pasos con la cámara al hombro; lo seguiré haciendo mientras viva.
Yo escribo, escribía más bien, para publicar todos los viernes en este espacio, y desde hace once años, lo que de mi patria herida me lastima; lo que de este régimen, que la ha masacrado, saqueado, traicionado me indigna, me encabrona. Yo escribo, escribía más bien en este espacio, de las mujeres y los hombres, de las causas y luchas que me han llenado de dolor y de rabia y también, es preciso decirlo con todas sus letras, de alegría, de vigor y de esperanza.
Yo escribo por las mismas razones por las que contamos historias en la pantalla de tv o del cine: para exorcizar esa violencia a la que he mirado de frente a los ojos. Escribo para combatir al odio y al miedo, las dos caras de la misma moneda, con la que el poder paga para seguir dividiéndonos y dominándonos. Escribo contra la intolerancia y contra la muerte. Contra la guerra y contra esos imbéciles que disfrazados de general mandan a los jóvenes a matar y morir.
Escribo por la vida y por la libertad. En homenaje a lo que nos hace dignos y plenos. En reconocimiento a las mujeres y a los hombres que no claudican, que como las madres y padres de guardería ABC, como Javier Sicilia, transforman su dolor en fuerza. Escribo para contar la hazaña, todavía inconclusa, de quienes luchan por la justicia y la democracia como los zapatistas, Andrés Manuel López Obrador o los jóvenes de #YoSoy132. A ellas y ellos agradezco el aliento vital que, emocionado, me hizo emborronar tantas cuartillas.
Soy terco. Mantengo y mantendré el dedo siempre puesto en el mismo reglón, hurgando la misma llaga. Aprendí a aprovechar hasta el más mínimo resquicio para decir lo que pienso, lo que creo, lo que siento. Nada me avergüenza de este intento. A nadie más que a usted que me lee debo agradecimiento. No puedo dar las gracias por una libertad para expresarme que jamás puse sobre la mesa de negociación para ganarme este espacio. Reconozco, eso sí, el que nunca se tocara ni una sola coma de cuanto aquí publiqué. Hasta ahí habríamos llegado.
Reconozco también que, por una relativa falta de asiduidad —muchas otras tareas me hicieron difícil escribir todos los viernes a últimas fechas— facilité mi despido; un despido anunciado, por otro lado, desde el primero de diciembre de 2012 cuando se consumó la imposición de Enrique Peña Nieto.
Es cierto, como dice Carlos Marín en la carta en la que me anuncia su decisión de ya no publicar mis artículos, que existe, de mi parte, “falta de compromiso con MILENIO” y es que, desde mi punto de vista, hace mucho que este diario tiene un compromiso con el régimen que no puedo ni debo compartir. Jamás, por otro lado, consideré condición previa y necesaria ese compromiso corporativo al que alude Marín y cuya falta hoy se me imputa. Jamás lo hubiera aceptado.  
Ya con esta me despido; más bien me despiden. No volveré a escribir en este diario, es este el último viernes que aquí nos encontramos. Esto no significa que cerraré la boca, que cruzaré los brazos. Tiempos aciagos vive el país. No es momento de callar, de rendirse. Me queda, nos queda la palabra, para empeñarla, para empeñarnos a fondo en la búsqueda de la paz, la justicia, la democracia que por tanto tiempo nos han negado y con tanta urgencia necesitamos.
www.twitter.com/epigmenioibarra

martes, 18 de marzo de 2014

“Al diablo con sus instituciones”


Epigmenio IbarraAl calor de la campaña electoral, indignado por los sucios manejos del poder y el fraude anunciado, Andrés Manuel López Obrador mandó al carajo a “sus instituciones corruptas”. De inmediato los medios, sobre todo la tv, lanzaron en su contra una campaña de linchamiento. Desgarraron sus vestiduras las mujeres y los hombres de la cámara y el micrófono, los opinadores en la prensa escrita. El tabasqueño fue presentado como un “demonio”, como un peligro para México. El miedo así generado sirvió como coartada para el fraude.
Seis años después, en una nueva contienda electoral, Enrique Peña Nieto, como Felipe Calderón, se mostró, en el discurso, “respetuoso” con las instituciones. Nada dijo contra ellas. Se cuidó bien, lo cuidaron, de no tener este tipo de arrebatos retóricos. No tenía, por otro lado, necesidad alguna de hacerlo. Manejado como un producto, el candidato “totalmente tv”, el hombre del régimen, fue presentado como un individuo moderado, incapaz de poner en riesgo la vida institucional del país.
En la práctica, sin embargo, lo real es que López Obrador, en un gesto que lo honra y que ciertamente garantizó la paz social en México, respetó, tanto en 2006 como en 2012, la vida institucional del país, desechó la idea del alzamiento y optó, de nuevo,
por la lucha electoral. Mucho debemos los mexicanos a la terquedad democrática de López Obrador. Mucho a la decisión de realizar acciones incruentas y controladas y cargar con el costo político de las mismas. No fue él quien incendio el país. Resultó Felipe Calderón el verdadero peligro para México y es Peña Nieto el que ha hecho añicos las instituciones.
En 2012, el PRI y su candidato violaron impúdica y escandalosamente la ley electoral. Nada hizo el IFE, para su deshonra, para evitarlo ni para sancionar a los responsables. Optó por callar, por cerrar los ojos ante lo evidente. Rebasó Enrique Peña Nieto por más de 4 mil 300 millones de pesos el límite legal de gasto de campaña, se burló de las instituciones a las que decía defender, de los ciudadanos que veíamos su rostro por todas partes y lo escuchábamos a todas horas y dio la puntilla a la democracia mexicana.
Esos que lincharon a López Obrador por sus dichos hoy callan ante los hechos delictivos de Peña Nieto y el PRI. El doble rasero de la tv y la prensa nacional —salvo pocas y honrosas excepciones— ha quedado, otra vez, de manifiesto. Es hoy más evidente que nunca su complicidad con el régimen, su sumisión frente al poder. Poco o ningún espacio ha merecido, en las primeras planas de los diarios, en los titulares de radio y tv, el informe de la Comisión “Monex” de la Cámara de Diputados, que confirma lo que ya todos sabíamos: la operación de compra de la Presidencia de la República.
Sorprende y duele que una noticia de este calibre no haya levantado olas de indignación popular. Nadie ha salido a las calles a protestar, a exigir que se reponga el proceso electoral y se retire el registro al PRI. Ni siquiera en las redes sociales se ha dejado sentir el repudio masivo a esta flagrante violación de la ley. El hombre que hoy se sienta en la silla presidencial debería ser denunciado, depuesto, sometido a juicio. En vez de eso se le rinde pleitesía o, peor todavía, se justifican sus felonías con el argumento pueril y suicida de que “ya lo sabíamos” y de que, de por sí, “así ha sido siempre”.
En cualquier otro país, en cualquier democracia que se respete, revelaciones como las de la Comisión Monex hubieran provocado una crisis política y quizás llevado a los responsables al banquillo de los acusados. Aquí, otra vez, no pasa nada. Entre tantos escándalos de corrupción, detonados conveniente y consecutivamente, se escuda quien ilegalmente se ha sentado en la silla presidencial. Lo suyo, siendo tan grave, resulta, peccata minuta gracias al silencio de los medios en torno a la compra de la Presidencia y a su estridencia cuando señalan a otros. En todas las trampas del poder caemos.
Ahora sí que al diablo, al carajo más bien, se han ido las instituciones arrastrando con ellas la ya de por sí escasa credibilidad de los medios. La democracia en el México del PRI y Enrique Peña Nieto son solo una caricatura. El régimen ha consumado su labor corruptora, su tarea de demolición del Estado. Cuenta con nuestro silencio que también ha comprado, con nuestra obligada complicidad producto de la apatía y el adormecimiento colectivo, para perpetuarse en el poder. ¿Se lo permitiremos?
www.twitter.com/epigmenioibarra

viernes, 20 de diciembre de 2013

Esto apenas comienza. EPIGMENIO IBARRA


Lo lograron. No podía ser de otra manera. Han traicionado, otra vez, a este país, al que durante  tantas décadas han ensangrentado, saqueado y humillado.
Creerán que han vencido, que nos han derrotado. Se equivocan.
Hoy, conviene estar muy claros y conscientes del peso de esta fecha, de lo que habrá de significar en nuestras vidas.
Hoy, digo, viernes 20 de diciembre de 2013, en Palacio Nacional, precisamente el mismo sitio desde donde el general Lázaro Cárdenas decretara la expropiación petrolera, Enrique Peña Nieto promulgará la reforma energética y hará volver sobre sus pasos a este país herido.
Nos moveremos, todas y todos, hacia un oprobioso pasado. Con esa firma, este mediodía, al consumarse la traición, habremos atrasado el reloj 75 años.
Qué vergüenza.
Qué tarea tan difícil y tan grande la que tenemos por delante si queremos que este país sea, algún día, más justo, más libre, más soberano, más democrático.
Juzgará un día la historia, estoy seguro, con enorme dureza a los traidores.
También y con la misma dureza hemos de ser juzgados, más temprano que tarde, quienes les hemos dejado el paso franco, quienes, pese a todo, no logramos impedir la imposición, el regreso del PRI a Los Pinos y ahora ésta: la más grande de sus traiciones.
No hay ya espacio para la neutralidad. A todas y a todos nos traicionan. A todas y a todos nos están robando.
Indigna, encabrona para ser más preciso, cómo, impúdicamente, cantan victoria los que en la cárcel deberían estar pagando sus delitos.
Encabrona su manera de mentir, su cinismo.
Encabrona la impunidad de la que siempre han gozado y que, con estas reformas, pretenden perpetuar.
Porque, no nos engañemos, de eso se trata todo esto, de crear las condiciones para que ésos, los mismos que tanto han robado, se queden durante décadas en el poder.
Duele, por otro lado, ver cómo tantas y tantos mexicanos toleran la traición sin chistar.
Duele percatarse de que la ven, la sienten ajena, distante, como si a ellas y a ellos, domesticados por la propaganda oficial, aletargados frente a la tv, atormentados por la violencia que no cesa, arrinconados por la crisis económica, no les incumbiera en absoluto lo que aquí sucede.
Como si solo de petróleo se tratara.
Como si no estuviera en juego la soberanía de la Nación y esta soberanía, hoy perdida, nada tuviera que ver con ellas y con ellos.
Como si no estuvieran rematando el patrimonio de nuestros hijos y nietos.
Lo cierto es que a todos esos que con los brazos cruzados y la boca cerrada permanecen los han hecho comulgar a punta de spots, con ruedas de molino.
Una tras otra se tragaron todas las mentiras.
Las que Vicente Fox y Felipe Calderón, empeñados en su tarea de demolición de Pemex y las instituciones, fueron contando.
Una tras otra fueron cayendo en las trampas tendidas por el PRI y Peña Nieto.
Ovejas han sido de un rebaño que, mansamente, se deja conducir al matadero.
Cantarán ahora la tv, la radio y la prensa las glorias del “gran reformador” Enrique Peña Nieto, ese que hace apenas un año y con escándalo compró la Presidencia.
Decenas de miles de spots, de inserciones pagadas en los diarios, de entrevistas a modo, de sesudos análisis y comentarios de los líderes de opinión nos hablarán del “gran avance” que para el país representa esta reforma.
Pagaremos nosotros la propaganda destinada a convencernos de que el yugo nos viene bien, de que la traición nos sienta de maravilla.
Celebrarán también en Washington y en Europa este vergonzoso episodio.
Las grandes empresas petroleras causantes del derramamiento de tanta sangre festejarán que Peña Nieto y los legisladores les extiendan patente de corso para medrar en México.
Sobre ese enorme botín, esperando su tajada, estarán los mismos de siempre.
Los políticos y funcionarios corruptos que se volvieron contratistas, que hicieron enormes negocios con la riqueza nacional y sus cómplices en el sindicato petrolero.
El PRI y el PAN que hicieron de la paraestatal su caja chica para financiar fraudes electorales, para amasar enormes fortunas personales.
Creerán, porque eso les dice la pantalla de tv, su espejo, que han vencido. No nos verán llegar pero, de eso estoy seguro, llegaremos un día a recuperar lo que nos han robado. Esto, más nos vale, apenas comienza.

viernes, 26 de julio de 2013

¿De qué futuro hablamos?. Epigmenio Ibarra


¿Qué futuro nos espera en este país que marcha hacia el pasado?
¿Qué podemos esperar las y los mexicanos si, mientras en América Latina se abre paso la democracia, aquí avanzamos aceleradamente hacia la restauración del viejo régimen autoritario?
De un régimen que ha hecho de la ilegalidad una forma de vida,
de la corrupción el valor supremo, de la impunidad la regla, de la justicia la excepción.
¿De qué futuro hablamos en un país que ha perdido la capacidad de conectar la corrupción y la impunidad con la violencia, que tolera impávido los más grandes agravios, que languidece adormecido frente a la tv mientras los mismos de siempre continúan ensangrentándolo, saqueándolo, engañándolo?
¿De qué futuro hablamos en un país inmerso en una guerra sangrienta, inútil, sin perspectiva alguna de victoria?
Aquí lo que urge es establecer fronteras entre política y delito, disputar al narco base social. Y urge socavar su capacidad financiera. Solo que eso no se hace porque ahí precisamente es donde elnarco y el poder económico y político se rozan, se vuelven la misma cosa.
Sin corrupción no habría guerra.
Aquí lo que urge es crecimiento económico, educación, empleo, servicios de salud, vivienda digna, cultura. Poner en movimiento el poder sanador del arte. Hacer que la poesía, el poder de la palabra, calle la voz de los fusiles.
Aquí lo que urge es destinar recursos, los miles de millones de pesos que se malgastan en la imagen pública de funcionarios e instituciones para llevar la cultura a las zonas donde los capos reclutan sus ejércitos.
Aquí lo que urge es frenar el saqueo. Aquí lo que urge es plantarse firme y dignamente frente a los EU; negarse a hacer el trabajo sucio.
En vez de todo esto, Felipe Calderón declaró una guerra que Peña Nieto continúa. El régimen ha renunciado al deber de someter a los criminales ante la justicia y ha optado por su exterminio.
Por eso en esta guerra la cifra de heridos siempre es menor a la cifra de muertos, porque soldados, marinos y policías no hacen prisioneros.
Por eso los narcos que tienen armas y dinero de sobra, que reponen de inmediato sus bajas y son desalmados y brutales, combaten hasta la muerte.
Por eso los 100 mil muertos, los 30 mil desaparecidos, los 250 mil desplazados.
¿De qué futuro hablamos en un país donde los jóvenes, sin educación, sin empleo, son carne de cañón? Cuando el consumo de droga se ha triplicado y la cultura del narco, la idea de emular la suerte “heroica”, el destino trágico del capo domina mentes y corazones.
¿De qué futuro hablamos si basta vernos en el espejo para descubrir que ante un asesinato pensamos “en algo andaría” (versión íntima del “se matan entre ellos”) convirtiendo a la víctima en el culpable de su propio asesinato?
¿De qué futuro hablamos en un país donde de la guerra se habla con la enfermiza banalidad de Felipe Calderón o si simplemente, en torno a ella, se produce el ominoso silencio de Enrique Peña Nieto?
La guerra y corrupción van tan de la mano que abiertas las arcas ninguno de los involucrados, viendo la facilidad con la que puede enriquecerse, se interesa en detener el derramamiento de sangre.
Con Enrique Peña Nieto cesó la histeria bélica de Calderón, no así la violencia. Más allá de este bombardeo de mensajes “motivacionales” está sin embargo la realidad que se niega a ser silenciada; están Michoacán, Coahuila, Tamaulipas, Guerrero. Está la guerra.
Una guerra que un día la tv y los grandes medios nacionales decidieron simplemente y en un primer Pacto por México dejar de contar.
Una guerra que en cualquier otro país, con otra tv, hace mucho se hubiera terminado sin que salieran impunes un Calderón, un García Luna y muchos de esos jefes policiacos y militares que han operado escuadrones de la muerte y que tienen las manos tan manchadas de sangre como los capos.
Cuando los norteamericanos vieron en su pantalla lo que sucedía en los campos de batalla de Vietnam perdió Washington la batalla política. Si aquí la gente viera lo que realmente sucede poco o ningún futuro tendría el régimen.
Nada que inquiete al “televidente”, lo perturbe, lo despierte tiene cabida en la tv. Adormecido se le quiere tener; desinformado, desalentado, separado de la realidad y por tanto incapaz de pronunciarse sobre la misma, de hacer un esfuerzo por transformarla.
¿Qué futuro espera a un país donde los grandes concesionarios de la tv han dejado de actuar como fiel de la balanza para convertirse en la balanza misma y son la mano que mueve la mano de los que votan?
Adormecido y con miedo no hay ciudadanas y ciudadanos libres capaces de construir un futuro de paz, justicia, libertad y democracia.
¿De qué futuro hablamos entonces?
(Resumen de la conferencia presentada en el Quinto Congreso Internacional de la Academia Mexicana de Ciencias, Artes, Tecnología y Humanidades) http://elcancerberodeulises.blogspot.com

martes, 2 de julio de 2013

Lo que Peña Nieto no dice. Epigmenio Ibarra

Lo que Peña Nieto no dice
Publicado por: 
Epigmenio Ibarra / @epigmenioibarra



Apenas cumplidos los primeros seis meses de gobierno las cifras demuestran no solo el fracaso rotundo de un hombre, Enrique Peña Nieto, sino, sobre todo, el de un régimen incapaz de generar paz, riqueza, bienestar, desarrollo para la mayoría de los mexicanos. De un régimen que solo es capaz de enriquecer a quienes lo dirigen y lo sirven, a sus cómplices y a los poderes transnacionales a los que, todos ellos, se someten.
Atrás ha dejado la realidad al discurso propagandístico del “México exitoso y competitivo” que machaconamente se repite, por todos los medios, desde el año pasado. El cambio no llegó. Menos el progreso. La guerra que nos ha desangrado continúa, pero ahora rodeada por un ominoso silencio. La estridencia “bélico-patriotera” de Felipe Calderón ha sido sustituida por la estridencia “motivacional” de Peña Nieto. Ruido, solo ruido el de ambos, pagado con nuestros impuestos, para cubrir los tristes datos que la realidad arroja.
El crecimiento de solo 0.8% en el primer trimestre del año, las alzas brutales en los alimentos (400% en el precio del tomate, 20% en el del huevo ya de por sí disparado, de 20 a 30% en el de las verduras) los escandalosos, inexplicables e indignantes gasolinazos evidencian que la carga de este fracaso la llevamos todos a cuestas, sobre todo ese 59.1% de la población que pertenece a los que el INEGI llama “estratos bajos” de la sociedad. Los pobres entre los pobres, para hablar sin eufemismos.
Lo que Peña Nieto no dice es que este fracaso histórico no es resultado de la falta de competitividad, sino del saqueo sistemático al que los presidentes, secretarios de Estado, gobernadores, alcaldes y síndicos, policías y funcionarios de todos los niveles, líderes sindicales y gremiales de los gobiernos de su partido han sometido por décadas al país.
Lo que Peña Nieto no dice es que si se suman los miles de millones sustraídos por personajes como su pariente y padrino político Arturo Montiel o como sus correligionarios Humberto Moreira, Andrés Granier, Cavazos Lerma, Yarrington, Mario Marín —por hablar solo de los más recientes escándalos de corrupción— muy otra sería la situación en este país herido, humillado, aletargado y tantas veces saqueado por los mismos.
¿Cuántas guarderías, escuelas, hospitales? ¿Cuántas viviendas, cuántos parques? ¿Cuántos kilómetros de caminos y carreteras, puentes, presas? ¿Cuántos puestos de trabajo? ¿Cuántas vidas hubieran sido mejores, cuántos sueños se habrían cumplido? ¿Cuánto se hubiera hecho en este país, por el bien de tantos, si antes con coraje, dignidad y firmeza se hubiera detenido, si se detuviera hoy a los saqueadores?
Lo que Peña Nieto no dice es que no son sus “reformas estructurales” lo que este país necesita con urgencia, sino una operación de limpieza profunda que pasa, necesariamente, por el fin de este régimen que tanto daño nos ha hecho. Modernos y competitivos nos harían, para variar, la integridad y decencia de nuestros gobernantes, el estricto apego a la ley, el sufragio efectivo y no el comprado, la rendición de cuentas, el fin de la impunidad.
Nada más arcaico que la rapacidad de esos que han hecho de la corrupción la base fundamental de la vida en este país. Nada más poco competitivo que seguir mostrando al mundo el mismo rostro de siempre. Ese que se considera, en todos lados y para nuestra vergüenza, el símbolo de la voracidad y el cinismo. ¿Creerá Peña que los poderosos con los que se codeó en Londres no saben de dónde viene? ¿Qué representa? ¿Que los convenció aquello de la nueva cara del PRI?
Tampoco dice Peña Nieto que la corrupción y la ineficiencia van de la mano y que busca en el extranjero, ofertando Pemex al mejor postor, detonantes de un desarrollo que por esa vía jamás ha de llegar. Menos nos habla de la labor de demolición sistemática e integral de la empresa paraestatal. Cuatro sexenios lleva el régimen dinamitando su prestigio, saqueando sus arcas, atrofiando su operación, corrompiendo sus estructuras. No solo quieren deshacerse de Pemex, quieren que seamos nosotros quienes lo exijamos, quienes, de esta manera, adormecidos por la propaganda, nos peguemos un tiro en la sien.
Buscando una solución mágica en la inversión extranjera, Peña Nieto ha descuidado, por otro lado, el principal motor del desarrollo. Un escandaloso subejercicio del gasto público de 10.5%, el mayor en el arranque de un sexenio en mucho tiempo, nos habla de la ineficiencia brutal de esta administración y de este régimen que, como dice Rolando Cordera, tiene entre sus logros “la masificación de la pobreza y de la informalidad laboral”.
Lo que Peña Nieto no dice es que el México que él ve desde sus oficinas blindadas, por la ventanilla del helicóptero, en sus actos de gobierno rigurosamente vigilados o en la pantalla de la tv en nada se parece al México real; el que ellos creen aguanta todo. “Poco dinero en manos de muchos es distribución de la riqueza. Mucho dinero en manos de pocos es la puerta para todo tipo de injusticias”, dice Luiz Inacio Lula da Silva, y en esas estamos sumando injusticias, sumando infamias.

Green Go