LA POLICÍA FEDERAL INSTALA CAMPAMENTO JUNTO A LA SG. En la calle
Abraham González, a un costado de la Secretaría de Gobernación (SG), la
Policía Federal instaló un campamento. Literas y baños portátiles, entre
los enseres que fueron llevados. Además, las autoridades dejaron
camiones de pasajeros y de redilasFoto Fabiola Martínez
E
l quebranto de salud
de Andrés Manuel López Obrador pondrá a prueba la estructura partidista
que ha ido creando bajo el nombre de Morena y, en particular, al
movimiento de resistencia pacífica contra la reforma energética peñista.
Buena parte de lo logrado hasta ahora en ese par de temas proviene de
un desmesurado empuje individual, el del ex candidato presidencial que
no ha parado de cruzar el país en todas direcciones para promover el
nuevo partido y para asistir a las asambleas constitutivas estatales y
cuyo imán intransferible sigue convocando a muchos mexicanos a plazas
públicas y a actos de protesta como los que sucederán en torno al tema
del petróleo y conexos.
Hasta ahora, AMLO ha vivido en un extenuante activismo desprovisto de
lujos o comodidades. A diferencia de la inmensa mayoría de quienes
también se dedican a tareas políticas, incluso de muchos que pertenecen
al PRD y a Morena, López Obrador ha llevado con rigor y sacrificio una
vida personal y familiar sujeta a la medianía económica que invocaba
Benito Juárez para quienes ejercen el servicio público. Entre la selva
de corrupción extrema que se vive en diversos ámbitos de la función
pública, López Obrador pasó por las arcas suculentas del gobierno de la
ciudad de México sin alzarse con un solo centavo. Dos veces vivió el
fraude electoral en elecciones presidenciales, en 2006 mediante
operaciones manuales y cibernéticas que apenas alcanzaron a fabricar una
ínfima diferencia oficial de medio punto para dar paso a un sexenio
funerario, y en 2012 a través de una gigantesca maniobra de compra de
votos y de coacción de ciudadanos para que llegara a Los Pinos un
personaje priísta de incultura e impericia diariamente comprobables que
prefigura un sexenio de altísima corrupción.
Objeto de una rabiosa campaña de odio y división sociales desde 2006,
López Obrador es factor central de la vida política nacional, por su
terquedad implacable que le ha llevado a quedar como único líder de
masas realmente opositor al poder priísta reinstaurado y a sus satélites
bajo pacto. A pesar del bombardeo mediático inducido cotidianamente en
su contra y de los propios errores cometidos por el tabasqueño, los
pasos dados por el poder siguen teniendo como referente las eventuales
reacciones de él y su movimiento, tratando de evitar que pifias
gubernamentales le den material para resurrecciones políticas en las que
se ha vuelto especialista.
Ahora, cuando parecen que han sido salvados los mayores e inmediatos
peligros de salud y con una convalecencia de duración y características
por definir, habrá de verse si el persistente tabasqueño podrá mantener
bajo control los diversos hilos que nunca ha dejado escapar de sus
manos, en un esquema de trabajo que probablemente le hará reducir el
ritmo viajero y el énfasis personal en todos los detalles importantes.
La irrupción de lo cardiaco en la agenda opositora pone de relieve la
importancia de alternativas consolidadas que puedan servir para relevos
temporales o definitivos en casos críticos.
Dado el carácter personalísimo del liderazgo lopezobradorista, pocas
opciones cultivadas y consolidadas están a la vista. El presidente del
comité nacional de Morena, Martí Batres, está en un proceso de
maduración que aún no pareciera suficiente para asumir a plenitud las
riendas del partido y el movimiento. Ricardo Monreal era el candidato
original y naturalmente considerado para liderar Morena, pero un
desacuerdo de última hora, cuando el zacatecano aceptó integrarse a la
bancada senatorial del Movimiento Ciudadano, contra la voluntad del
tabasqueño, lo dejó fuera de la presidencia partidista y abrió las
puertas a Batres. Marcelo Ebrard no se decidió a romper a tiempo con el
PRD y pasar a Morena, y hoy su fuerza política pasa por una cuneta. Y no
faltan quienes creen que en los cálculos deba inscribirse al propio
Andrés Manuel López Beltrán, quien ayer transmitió el llamado de su
padre para que hoy se monten los cercos al Senado.
Tales y otras incógnitas provienen del sorpresivo episodio
médico vivido por AMLO, que se produce justamente en la víspera de que
arranque el proceso legislativo que pretende desembocar en la aprobación
de la mencionada reforma energética. Los senadores despachaban ayer a
toda prisa el tema de la reforma política (con adiciones y correcciones
ganadas por el panismo, que se convirtió en aliado clave del PRI en el
último tramo), con la expectativa de iniciar hoy la tanda estelar, la
energética. Los estrategas del priísmo gobernante harán diagnósticos de
premuras o dosificaciones del ritmo legislativo reformista conforme al
conocimiento privilegiado que lleguen a tener del estado de salud del
tabasqueño, de las dificultades o facilidades operativas que mantenga
respecto a la protesta en el Senado y sus vicisitudes, de los eventuales
forcejeos subterráneos por la sucesión en el mando a corto o mediano
plazos y de la durabilidad y fuerza que pueda tener el primer impulso
emotivo de respaldo, en el cerco al Senado, al líder en su crisis de
salud.
En el PRD, mientras tanto, ayer se vivían momentos de muy peculiar
conversión combativa en las filas dominadas por la corriente conocida
como los chuchos. Salieron a las calles, en marcha, con pancartas y
consignas en contra de la privatización de Pemex. El súbito, relativo y
negociable retorno del sol azteca al escaparate opositor callejero busca
evitar que sólo sea visible el etiquetado como Morena. Su principal
carta, la de una consulta popular en 2015, no es más que una maniobra
dilatoria jurídicamente condenada de antemano al fracaso que, a la vez,
significará el triunfo de la postura priísta en materia de energéticos.
Y, mientras el neoporfirismo se consolida, con las novedades
releccionistas de la reforma política que permitirá la continuidad
perniciosa de una clase política que de cualquier manera se la ha pasado
entre diputaciones, senadurías, gubernaturas y cargos gubernamentales,
pero ahora lo podrá hacer de manera más cínica, ¡hasta mañana!