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martes, 7 de noviembre de 2017

Elena Poniatowska critica cómo la vida moderna, y la cerveza, han cambiado a la mujer juchiteca

Durante su ponencia en la Feria del Libro de Juchitán señaló que en la actualidad las mujeres de esta región no se comparan a las retratadas por la fotógrafa italiana Tina Modotti, las cuales eran delgadas.

Ciudad de México, 6 de noviembre (SinEmbargo).– La escritora Elena Poniatowska, quien es considerada como la “hija predilecta” en Juchitán por la labor que ha realizado en este municipio oaxaqueño, describió cómo la vida moderna ha cambiando a las mujeres de la región a lo largo de los años.
Durante su ponencia en la Feria del Libro de Juchitán señaló que en la actualidad las mujeres de esta región no se comparan a las retratadas por la fotógrafa italiana Tina Modotti, las cuales eran delgadas.
“Escribí sobre Tina Modotti, una fotógrafa italiana que vino con el fotógrafo Edward Weston a Oaxaca. Fue la antecesora de Graciela Itrubide, la primera en retratar a las juchitecas, y eran todas bien delgaditas […] Ella retrató delgaditas y ahora las juchitecas que yo he visto, por la cerveza, están bien panzonas, inmensas”, dijo la escritora a las juchitecas utilizando estas palabras con respeto y con toda la libertad y confianza hacia ellas, quienes le profesan admiración y respeto.
Natalia Toledo, una mujer juchiteca, homenajeó recientemente a Elena Poniatowska; además, en 2013 cuando la escritora recibió el premio Cervantes, vistió un atuendo hecho por mujeres del Istmo.
Luego del evento, la escritora y periodista convivió con jóvenes del Colegio de Bachilleres de Oaxaca (Cobao) en ese municipio, plantel 32, ante quienes rememoró parte de su vida, habló de sus libros y les dio algunos consejos.
En el interior de una carpa colocada a un costado del convento de este lugar, donde fue fusilado el independentista Vicente Guerrero, se dirigió sobre todo a las estudiantes para exhortarlas a no cesar en sus estudios ni en la persecución de sus sueños.
En el municipio que se dice “La Cuna de la Danza de la Pluma”, como parte de las actividades complementarias de la 37 Feria Internacional del Libro de Oaxaca, buscó convencer a las jóvenes presentes a que pueden ser más, ser profesionistas, y no depender de los hombres.
En un caso particular, recomendó que si se quiere vivir del periodismo o de escribir, lo primero que deben hacer es escribir, llevar un diario que se convertirá en una crónica, y eso luego será periodismo o literatura.

 La autora de libros como “Hasta no verte Jesús mío” aseguró que la fuerza la tienen los jóvenes, la energía; el futuro y el triunfo les pertenece.
Poniatowska hizo referencia a la situación política nacional, de las mujeres que han marcado su vida, su escritura, como Tina Modotti, Leonora Carrington o Jesusa Palancares, esta última oaxaqueña.
Elena Poniatowska, quien en la inauguración de la 37 Feria del Libro de Oaxaca recibió un homenaje, fue despedida con una prolongada ovación y con música de banda de viento, como es tradicional en este estado.

La autora de libros como “Hasta no verte Jesús mío” aseguró que la fuerza la tienen los jóvenes, la energía; el futuro y el triunfo les pertenece. Foto: Cuartoscuro.

Poniatowska ha recibido varios premios por su labor periodística y literaria. En 1971, recibió el premio literario Xavier Villaurrutia por “La noche de Tlatelolco”, pero ella lo rechazó. En 1979 recibió el Premio Nacional de Periodismo.
Es doctora Honoris Causa por la Universidad de Sinaloa, por la de Toluca, por la de Columbia ( Nueva York) y por la de la Florida en Miami.
En 2011 ganó el Premio Biblioteca Breve con la novela “Leonora” y dos años más tarde se convirtió en la cuarta mujer en obtener el prestigioso “Premio Cervantes”.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Después del sismo: homenaje a Juchitán de las mujeres


Elena Poniatowska
Foto
Nuestra señora de las iguanas (1979), fotografía de Graciela Iturbide
H
ace más de 40 años, mi gran amiga Margarita García Flores y yo fuimos a Juchitán, a la bellísima Casa de la Cultura, invitadas por el poeta y lingüista Víctor de la Cruz. Dos días antes se había casado con una joven Isabel, delgadita y risueña, quien vivía en Unión Hidalgo. Con Víctor de la Cruz, historiador zapoteca y ganador del respeto de filólogos y maestros universitarios, además de dar conferencias (Margarita disertó sobre José Revueltas), conocimos al fotógrafo Guillermo Petrikowsky, quien nos llevó a ver las tumbas de los padres de Demetrio Vallejo, en Espinal. Un ferrocarrilero alto y valiente, Juan Bante, entre otros trabajadores del riel, nos contó la huelga de 1959 en la ciudad de México, cuando Vallejo logró paralizar todas las locomotoras de nuestro país y las juchitecas se acostaron con sus enaguas sobre los rieles para que a ningún maquinista se le ocurriera arrancar su máquina.
Recuerdo con emoción la ventanilla del telegrafista en la estación de Mogoñé, tras de la cual Demetrio Vallejo, telegrafista, enviaba sus mensajes en código Morse, y a veces salía a recibir el tren. En esa época, Francisco Toledo se encontraba en Francia. Margarita y yo saludamos a la familia Musalem (dueños de una tienda y de un hotel) y a otros juchitecos, todos parientes de Andrés y Alfa Henestrosa. El mercado de Juchitán resultó un tesoro con sus mujeres coronadas de iguanas que las vendían todavía vivitas y coleando para hacer un guiso que sólo se come en Oaxaca con totopos del tamaño de la luna. Fuimos muy felices y prometí regresar con mis hijos, entonces pequeños, pero el único que ha viajado a Oaxaca es Mane, el mayor, amigo de Francisco Toledo y de sus primeros hijos, sobre todo de Natalia, la poeta. Años más tarde, en 1os años 80, habría yo de ser testigo de la fundación de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil (Cocei) y atestiguar cómo fueron golpeados Francisco Toledo y Víctor de la Cruz, a quienes los cuicospersiguieron por un campo de maíz hasta alcanzarlos. Los empresarios de las dos radios comerciales priístas encimaron su señal sobre la de la radio de la Cocei, pero, a pesar del acoso, de seis a ocho de la mañana, los campesinos denunciaban atracos e injusticias.
Juchitán fue para mí un descubrimiento y más tarde, cuando tuve el privilegio de escribir el texto para el libro de la extraordinaria fotógrafa Graciela Iturbide, Juchitán de las mujeres (publicado por Toledo), recordé el impacto que causaron las gestas de los juchitecos.
En Juchitán los hombres no encuentran dónde meterse si no es en las mujeres, los niños se cuelgan de sus pechos y las iguanas miran el mundo desde lo alto de su cabeza. En Juchitán (400 kilómetros al sur de Oaxaca, en el Istmo de Tehuantepec) los árboles tienen corazón, los hombres el pito dulce o salado, según se apetezca, y las mujeres están muy orgullosas de serlo, porque llevan su redención entre las piernas y le entregan a cada cual su muerte, la muerte chiquita, se le llama al acto amoroso.
Decía Andrés Henestrosa: En las juchitecas no hay ninguna inhibición ni cosa que no puedan decir, nada que no puedan hacer. No sé cómo son. La juchiteca no tiene ninguna vergüenza; en zapoteca no hay malas palabras. Cuando fui candidato a senador exhorté en la plaza a las mujeres en zapoteco, que es una lengua tonal, y las vocales son las mismas que en castellano: aeiou, mismas que se alargan a la voluntad aaeeiiooouuu, haciéndolas aún más dulces. Basta una pequeña inflexión, una pausa o el cambio de una letra, una mínima reticencia para que una palabra transforme el universo.
–Ayúdenme –les rogó Andrés– que yo les ayudaré.
Entonces, una de ellas lo interpeló: Shinú, Andrés, ¿dijiste, ayúdame o acuéstate conmigo? Porque si es lo segundo pido mano.
–Venga usted con nosotras, Andrés, venga a la cueva.
Hicieron una gran tamalada, trajeron cuatro marimbas y Henestrosa bailó sones y sandungas con mujeres grandotas, mujeres montaña, mujeres tambora, mujeres sonaja, mujeres a las que no les duele nada, macizas, entronas, el sudor chorreándoles por el cuerpo, deslizamientos peligrosos sus brazos, su boca en estricta correspondencia con su sexo, sus ojos doble admonición, mujeres buenas, porque son excesivas. Con estas jícaras hembras, en la batalla de flores bailó Henestrosa La Llorona toda la noche a sus 84 años hasta que se lo llevaron a la cueva.
La sandunga es el himno de Tehuantepec, al igual que La Llorona es el de Juchitán. Ambos son sones que pueden bailarse a ritmo de vals, ay, de mí, llorona, llorona de ayer y hoy, para atrás y para adelante, para la derecha y para la izquierda, meciéndose de un pie al otro, la enagua barriendo al compás sobre el piso de tierra apisonada. Las canciones son ancestrales, delicadas, melancólicas, lentas, tocadas en instrumentos primitivos, conchas, bongós, tambores con sus baquetas, las marimbas traídas de África, flautas de madera y de bambú llamadas pito, un tambor al que se le dice caja y el bigú indígena, la concha de una tortuga que cuelga del cuello del músico. Como dice Henestrosa, las canciones se cantan con lágrimas españolas en los ojos nativos. Pancho Nácar y Nazario Chacón Pineda entonan salmodiándolas las vicisitudes de las tortugas del arenal, ¡ay, pobrecito animal!, que salen del mar a poner huevos en la arena y se encuentran con su destino fatal. Para los europeos, las iguanas resultan horribles dragoncitos de cola larga con un espinazo de crestas espantosas erguidas en el aire, para los juchitecos el coyote es el animal más listo de la Tierra y sólo el conejo ha logrado ganarle la partida, los peces espada no son temibles, hay que cantarles la melodía de los pescadores cuando arrojan al agua su red atarraya. La canción del cocodrilo, la del jaguar, la de los cangrejos, la de la bandada de papagayos, los vuelven animales domésticos listos para sucumbir ante el encanto de las mujeres.
Dialogar en zapoteco es una alegría y una autoafirmación. Mientras muchos hablan la idioma con timidez ante los extranjeros, el zapoteco en Juchitán es un ir y venir de vocales armoniosas y dulces que armonizan la existencia, el regateo en el mercado, el amor en la hamaca. Los juchitecos no se sienten fuera de la modernidad como otros que hablan la idioma sólo entre ellos. Ser zapoteco es un privilegio y uno se siente fuera del juego. ¡Qué desgracia no saber zapoteco! Juchitán conserva todas sus tradiciones, su vestimenta, sus orígenes, y aunque muchos sean bilingües, se comunican en zapoteco y los niños dicen sus primeras palabras en zapoteco: guchachi reza (iguana rajada). (Años más tarde, Francisco Toledo habría de publicar su propia revista Guchachi Reza que ahora atesoramos quienes pudimos coleccionarla.)
En el primero de sus cinco desmandamientos juchitecos, Esteban Ríos asentó: En todos los momentos de tu existencia amarás a las mujeres, bebiendo el néctar de sus prominentes pechos mientras tu mástil navega en sus grutas de fuego. En el segundo: Adorarás la cerveza y el cigarro para elevar tu corazón al gozo de la vida etílica sin preguntar si hoy es lunes o sábado. Cuarto: convivirás con las prostitutas y homosexuales y toda la monstruosidad terrenal y divina hallando en sus carnes la copulación prometida. El tercero y el quinto harían sonrojarse al más aguerrido de los desmandados.
Juchitán no se parece a ningún otro pueblo. Tiene el destino de su sabiduría indígena. Todo es distinto, a las mujeres les gusta estar abrazadas y allí van avasallantes a las marchas, pantorrilludas, el hombre un gatito entre sus piernas, un cachorro al que hay que reconvenir: estate quieto. Caminan tentándose las unas a las otras, retozando, invierten los papeles: agarran al hombre que desde la valla las mira, tiran de él, meten mano mientras le mientan la madre al gobierno y a veces también al hombre. Son ellas las que salen a las marchas y le pegan a los policías.
Diez años antes, un movimiento político en Juchitán desafió a las autoridades y logró ganarle al PRI-gobierno y volverse una fuerza política de izquierda: la Cocei, que encabezaba Leopoldo de Gyves. El gobierno entonces atacó a Francisco Toledo, a Polín de Gyves, a de la Cruz, al fotógrafo Roberto Doniz, a Felipe Morales, de Ocotlán de Morelos. De Estados Unidos vino a estudiar el fenómeno de la Cocei el doctor Jeffrey Rubín, de la Universidad de Harvard y vivió en Juchitán con su mujer, la médica Shoshana Sokoloff, quien en un santiamén se hizo amiga de las juchitecas porque quería aprender de las parteras oaxaqueñas expertas en alumbramientos difíciles. ¡Qué privilegio traer a la vida a un nuevo juchiteco! Shoshana quedó asombrada por el hecho de que sus solas manos y un masaje sobre el vientre de la madre volteaban al niño que venía de nalgas para que naciera de cabeza. Jeffrey Rubin se volvió, como los demás juchitecos, experto en pesca y en traer de madrugada pescado fresco para la comida del mediodía. Shoshana invitó a las parteras a presentarse en hospitales de Estados Unidos. Jeffrey hizo un estudio sobre la lucha social de las mujeres que hasta embarazadas han sido sacadas de su casa por la fuerza, a veces con una pistola en la cabeza, esposadas, vendados los ojos y llevadas a la cárcel por sus ideales.
Detenidas sin orden de aprehensión, sus días de cárcel las hacen más bravas. A Vicky la metieron a una celda de un metro por uno 50 con 60 cabrones, según sus propias palabras, acusada del delito de daño en propiedad ajena al pintar Cocei en las bardas.
Está cabrón, dice Vicky como quien da los buenos días. Na’Chiña perdió a su hijo Víctor Diodo, y a los 86 años nunca se dejó ir. En las manifestaciones, las mujeres levantan sus puños en alto, y ella, chiquita, temblorosa, con sus brazos secos y su cabello blanco, yergue la fotografía enmarcada de su hijo.
Cuando el líder Demetrio Vallejo, oriundo de Espinal, Oaxaca, inició la gran huelga de trenes que paralizó al país en 1958, no tenía la certeza de que todos los maquinistas obedecerían la orden. En la estación, en la que los vallejistas dudaban del maquinista, las juchitecas se acostaron sobre los rieles. Ver a 25 mujeres tendidas una a lado de la otra fue para los rieleros una imagen que atesorarían de por vida. ¡Imposible defraudar a semejantes hembras!, recordó en Mogoñé Demetrio Vallejo, cuando le hicieron un gran recibimiento a los 12 años de su encarcelamiento. Lo primero que hizo al salir de la prisión de Santa Marta Acatitla fue viajar a Oaxaca. Mucho le hubiera indignado, años más tarde, la muerte de Lorenza Santiago, que embarazada cayó de un balazo en una manifestación en contra del fraude del PRI, mientras otro disparo destruía el cráneo del niño que llevaba dentro.
Juchitán es un espacio mítico donde el hombre encuentra su origen y la mujer su esencia más profunda. Esto es lo que debo serNingún hombre, mujer o niño, por muy humilde que sea, será capaz de reconocer la superioridad de un individuo perteneciente a otra clase social, escribe Miguel Covarrubias. No existe el comportamiento evasivo ni la humildad servil que caracteriza a ciertos pueblos, cuya fortaleza de carácter ha sido minada por la represión directa de una clase social. En el mercado, la mujer responde con desparpajo a los piropos o a los comentarios subidos de color. En el baile también. Son los hombres los que mueren de amor. Ninguna se deja, o como dice Jesusa Palancares, allá no hay lugar para las dejadas que han de estarse quemando en el infierno, puro tizones en el fundillo.
A Francisco Toledo

viernes, 15 de septiembre de 2017

Damnificados encaran a Murat y funcionarios por reparto de ayuda humanitaria

Murat y Nuño en Oaxaca. Foto: Jesús Cruz
JUCHITÁN, Oax. (apro).- Empieza la crispación entre sociedad y autoridades gubernamentales por la entrega de la ayuda humanitaria, situación que ha irritado al propio gobernador Alejandro Murat y ha confrontado al secretario de Salud con los damnificados y exhibido al secretario municipal de Juchitán, Oscar Cruz López.
En varios videos que circulan en redes sociales se observa el reclamo a Murat, quien con un grito busca silenciar a quien lo increpa: “Momento amigo, estoy hablando, estoy en un momento de tragedia. Aquí es un momento de tragedia”.
Ante la reacción de la gente que vocifera “¡fuera!, ¡fuera!”, Murat reacciona y con la mano pide calma.
En otro momento, trabajadores del hospital general de Juchitán confrontaron al secretario estatal de salud, Celestino Alonso Álvarez, quien pretendía llevarse un tráiler con víveres que donaron los doctores de Toluca.
En el video de dos minutos y 28 segundos se escuchan gritos de “¡fuera!, ¡fuera”, “sólo quieren joder al pueblo” y un joven reclama al colaborador de Murat:
“Soy trabajador del hospital general de Juchitán y pido respeto. No se trata a una mujer así y no se mienta la madre. Yo lo hubiera hecho con usted (y cómo hubiera reaccionado)”.
Los inconformes manifestaron que, a media descarga de la ayuda humanitaria que se bajaba en el hospital improvisado de Juchitán, llegó Alonso Álvarez a decir que no se bajara nada porque él mismo lo iba a repartir.
La acción irritó a los trabajadores, quienes se opusieron y en respuesta obtuvieron amenazas de que se enviaría a la Marina para que les quitaran los víveres y los acusarían del robo del tráiler.
Sin embargo, los inconformes no se echaron para atrás e impidieron que el colaborador de Murat se llevara las despensas, al tiempo que le cuestionaron “¿por qué no se ve el apoyo de la Secretaría de Salud y del gobierno del estado?”.
En otro video, una trabajadora explicó que el secretario de Salud pretendía llevarse los víveres a la base de ciudad Ixtepec, “pero aquí los trabajadores del hospital nos opusimos, se descargó y van a salir unidades móviles para que se repartan las despensas casa por casa de las familias afectadas y a gente que está durmiendo en las calles”.
Un tercer video muestra a un grupo de habitantes de esta ciudad cuando sorprende a personas ligadas al secretario del ayuntamiento, Óscar Cruz López, haciendo acopio de despensas en su domicilio particular.
Alrededor de las siete de la noche de ayer, los vecinos de la Segunda Sección grabaron un video donde se observa el momento en que un grupo de personas supuestamente descarga dos camiones de víveres.
Nerviosos, los colaboradores del funcionario aseguraron que las despensas eran para llevarlas al albergue del Instituto Tecnológico de Juchitán –donde se alojan cientos de personas–, que se ubica a unos dos kilómetros de la casa del funcionario, una de las zonas más controladas porque ahí pernoctan elementos del Ejército, la Marina y la Policía Federal, quienes fueron desplegados para atender los efectos del sismo.

martes, 12 de septiembre de 2017

Oaxaca está de pie

Luis Hernández Navarro
S
olidaridad cívica contra rapiña. Autorganizaciónpopular contra clientelismo político. Cooperación ciudadana contra especulación comercial. Vigilancia y cuidado mutuo contra vandalismo y pillaje. Generosidad fraterna contra agandalle de vivales. Mesura y serenidad informativa contra siembra de pánico y charlatanismo. En la lucha por enfrentar la devastación y sufrimiento que trajo consigo el sismo del pasado 7 de septiembre en el Istmo de Tehuantepec coexisten y se enfrentan lo mejor y lo peor de la vida política y social del país.
El luto, la incertidumbre, la ira, la desolación y el miedo se instalaron en el Istmo. El temblor segó vidas, destruyó y dañó viviendas, provocó sed y hambre, quitó empleos, esfumó patrimonios, dejó sin energía eléctrica, dio al hampa un terreno fértil para operar, sembró temor y desconfianza.
Pero, en medio de esa desgracia, floreció un humanismo genuino. La magnitud de la tragedia precipitó la emergencia de la comunalidad profunda de los pueblos oaxaqueños. Miles de mujeres y hombres desconocidos, muchos de ellos jóvenes, invisibles para el poder, usualmente menospreciados, se convirtieron en personajes originales y únicos de una epopeya cívica y comunitaria. Han sido ellos quienes, en acciones coordinadas sobre la marcha, con recursos provenientes del México de abajo, supliendo las deficiencias gubernamentales, han atendido a millares de víctimas.
Y, paradojas de nuestra modernidad salvaje, la adversidad también trajo de la mano el vandalismo y el pillaje. Las denuncias abundan y han sido ampliamente documentadas por medios locales como Cortamortaja. A pesar de la presencia del Ejército, en ciudades como Juchitán, delincuentes han saqueado almacenes y robado las escasas pertenencias de los afectados. Comerciantes inescrupulosos ocultan mercancías o suben los precios. Grupos clientelares (algunos trasladándose en mototaxis) acaparan la ayuda humanitaria que llega. Políticos van a la zona de desastre tan sólo a tomarse la foto, mientras otros acopian despensas para repartir en la temporada electoral a cambio de votos.
La desconfianza ciudadana hacia funcionarios y políticos es profunda. Las denuncias contra ellos son interminables. En las redes de WhatsApp que sirven para coordinar la solidaridad circulan múltiples mensajes en este sentido, similares al enviado al grupo bautizado como Ayuda Ixtepec-Cheguingo. “No envíen víveres a los centros de acopio organizados por políticos, porque algunos están acaparando despensas con fines electorales –advierte uno de sus miembros–; hay que organizarse y buscar la manera de llevarlos directamente al lugar del terremoto.”
Otro recomienda: La ayuda debe ser vigilada, para que llegue a manos de quien en verdad la necesita. Esa ayuda siempre toma otro destino en manos de los políticos o personas que está al frente de su distribución. La esconden para su beneficio en campañas electorales. Surgirán nuevos millonarios en el país y en el estado más pobre de nuestro México.
En contraste, ante el desastre natural y la incapacidad gubernamental para atenderlo, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y la vilpendiada sección 22 han tenido un comportamiento ejemplar. Los maestros oaxaqueños de inmediato pusieron su experiencia y estructura organizativa al servicio de las víctimas. Llamaron a los profesores de base a trabajar junto a las autoridades municipales y la comunidad donde laboran para organizar la recepción de víveres, la ayuda popular, el traslado de heridos, la remoción de escombros y la vigilancia permanente. Los convocaron a que, junto a los padres de familia, realizaran las valoraciones correspondientes para revisar la seguridad de los planteles. Abrieron centros de acopio y distribución de comida y medicinas entre los afectados. Formaron brigadas de apoyo con médicos voluntarios.
Los resultados de esta iniciativa son palpables. El 9 de septiembre salió con destino a Ixtepec, desde el centro de acopio instalado por el magisterio oaxaqueño en Ciudad de México, el primer camión cargado con más de 16 toneladas de víveres, medicamentos y agua, que la sociedad civil les hizo llegar.
La iniciativa de la sección 22, parte de una autorganización ciudadana mucho más amplia del que también participan otros grupos igualmente desdeñados y demonizados; es expresión de una amplia desobediencia civil. Sobre la marcha, desbordando al gobierno, la gente ha desplegado sus propias capacidades organizativas al margen de la autoridad. Guiada por la solidaridad y la necesidad se ha hecho cargo de albergues, calles, casas en ruinas, y comenzado a resolver urgencias alimentarias y de salud.
El número de voluntarios que ofrecen trasladarse a las comunidades devastadas por el sacudimiento es muy relevante. Quieren ayudar, sin pedir nada a cambio. Están dispuestos a viajar centenares de kilómetros y pasar penurias para apoyar a desconocidos. Saben que es una causa justa por la cual intervenir sin un patrocinador visible. Muchos no pueden llegar a la zona de desastre porque carecen de los recursos para hacerlo.
No son los únicos en apoyar. En todo el país, la CNTE se ha movilizado en apoyo de los damnificados. La iniciativa de solidaridad convocada por el artista Francisco Toledo es ejemplar y confiable. No son los únicos. La respuesta social a los llamados de ayuda ha sido notable. En Ciudad de México hay más acopio que vehículos para trasladarlo. Diversas brigadas se proponen llevar directamente lo recolectado, para dar confianza a quienes apoyan y a quienes lo reciben. En el abasto recogido hay latas de frijol y frascos de mayonesa rotulados en tapa: No están solos y Ánimo.
A pesar del dolor y la adversidad, de la simulación y la rapiña política, en Oaxaca no hay lugar para la desesperanza. Guiados por la fuerza y la persistencia de la comunalidad, sus maestros y sus pueblos se han comprometido en el rescate de sus comunidades y de sus paisanos con responsabilidad y entereza. Al hacerlo, protagonizan una hazaña de enormes consecuencias sociales y políticas. No obstante la tragedia, gracias a sus pueblos, Oaxaca está de pie.
Twitter: @lhan55

domingo, 10 de septiembre de 2017

"No queremos discursos, nos falta comida", claman en Juchitán


Foto
Procesión fúnebre de Reynalda Matus, de 64 años de edad, quien murió en Juchitán, Oaxaca, tras derrumbarse la farmacia donde trabajaba, la noche del juevesFoto Ap
Diana Manzo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 10 de septiembre de 2017, p. 4
Juchitán, Oax.
A dos días del terremoto de magnitud 8.2, que dejó 71 muertos en Oaxaca, los damnificados de esta localidad reclaman ayuda y manifiestan temor de que haya más sacudidas. Su desesperación ya es enorme por comer algo o ser atendidos por un médico.
Los vecinos que aún mantienen sus casas en pie les brindan alimentos y hospedaje. Ayudan en lo que pueden. Los afectados deploran que los víveres todavía no lleguen, que se hayan quedado en discursos y que ni siquiera recibieran el buenos días de su alcalde.
En redes sociales se difunden los centros de acopio, porque no son una, dos o tres personas las que perdieron sus casas y todas sus pertenencias, sino miles en Juchitán, Asunción Ixtaltepec, Unión Hidalgo, Xadani, Santiago Niltepec, San Mateo del Mar y otras comunidades.
En Unión Hidalgo hay más de 200 casas derrumbadas y esas familias viven en sus patios o en la calle. Algunas han recibido el apoyo de voluntarios o de amigos, porque “aquí no ha llegado la ayuda del gobierno de Oaxaca y tampoco se activó el plan DN-III.
A nosotros nos visitó el de protección civil, tomó nota del estado crítico de la casa y se fue; al presidente no lo hemos visto, no se ha dignado a visitarnos, somos su gente que hoy vivimos en desgracia, dijo Margarita Luis Martínez.
En Juchitán, a pesar de la llegada del gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, y del presidente Enrique Peña Nieto, cientos de familias zapotecas afectadas no han visto las promesas.
La familia Castillo Medina vive desde hace dos días en la cancha Che Gómez, junto con otras 50 familias de Juchitán que perdieron sus casas. Sólo recibieron un bote de agua del DIF municipal y una despensa del Ejército.
Necesitamos de comer, no tenemos dinero, no hay agua y tampoco alimentos, los niños requieren leche, pañales, colchonetas, pero nadie nos ayuda, expresa Margarita Santiago.
En Asunción Ixtaltepec, Sonia Manuel López también perdió su vivienda. Su mamá, de casi 90 años, quedó atrapada y por fortuna sobrevivió. Lamenta que su alcalde, Óscar Toral, a dos días de lo ocurrido, no los haya visitado para ofrecer ayuda.
Mi vecina me dio asilo, hemos dormido en el patio y comido con lo poco que tenemos; estamos abandonados, Juchitán no es toda la desgracia, refiere.
Eutiht Dolores Manuel, Margarita Valdivieso Sarabia e Isabel López Pérez también claman apoyos. Sus casas están derrumbadas. Si no fuera por sus vecinas y parientes no tendrían dónde comer.
Exigimos a nuestro presidente municipal, Óscar Toral, que nos apoye; no queremos discursos, queremos comida, perdimos nuestro único patrimonio, gritan.
El Hospital General de Juchitán, el más grande de la región, fue cerrado por los daños. La noche del 7 de septiembre se habilitó una pista de baile que está a la intemperie. Ahí se atiende a cientos de heridos, la mayoría por golpes.
Luis Aquino Santiago, médico neonatólogo, reconoció que la gente ha brindado cobijo y alimentos a sus vecinos, pero no existe organización en las autoridades y éstas desconocen cómo ayudar de forma eficiente.
Los afectados declaran que los alimentos son escasos. Las grandes cadenas de supermercados están cerradas, algunas tiendas han elevado el costo de sus productos y ya comienzan a darse casos de vandalismo y saqueo.

Green Go