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lunes, 25 de enero de 2016

Nuevo delito: "presunta amiga" .- Bernardo Bátiz V.


E
n la lucha contra el crimen organizado desde el gobierno federal, tenemos que acostumbrarnos al nuevo lenguaje, útil para maquillar la realidad, pero en el fondo ineficaz, a los nuevos tipos penales que no están en los códigos, pero que aparecen en noticias amarillistas de radio y televisión; a lo que no podemos acostumbrarnos es al rompimiento tan reiterado del estado de derecho. El caso de la diputada local de Sinaloa Lucero Sánchez López es un botón de muestra; fue detenida en Culiacán cuando circulaba en un vehículo con sus hijos pequeños, con lujo de violencia y trasladada a mil kilómetros para ser interrogada como testigo.
Tal como se ha descrito en los medios de comunicación, se trata sin duda de una privación de la libertad, pues una cosa es citarla primero, lo que parece que no se hizo y presentarla después ante la procuraduría, y otra muy distinta es cerrarle el paso sin previo aviso, amenazarla con armas de fuego, mantenerla varias horas en su propia camioneta incomunicada para luego llevarla a declarar cuando podía haberlo hecho en su propia ciudad de residencia y ante la delegación federal que allí existe. Lo que los medios nos muestran es otra cosa; un mensaje claro, nos gritan en la cara: nosotros, los del sistema, podemos hacer lo que sea, somos más fuertes que la ley y nuestras acciones responden sólo a las órdenes de quienes pueden decidir.
No conozco a la diputada, no sé de su conducta más allá de lo que los medios han informado. Posiblemente haya cometido delitos y faltas, pero eso no es lo importante; se trata de una diputada local que goza del fuero constitucional correspondiente a su cargo. Detenerla tan brusca y arbitrariamente, sin que en el momento de la detención hubiera flagrancia o peligro, impedir su libre tránsito, amagarla apuntándole con armas, sólo se explica porque las autoridades federales se sienten por encima de los derechos humanos y responden, en casos como éste, a razones mediáticas y quizá a un espíritu de venganza por la burla que fue para ellas que un delincuente, probablemente amigo de la detenida, haya burlado una cárcel de máxima seguridad.
No sé si sea culpable o no, si visitó a El Chapo con nombre e identificación falsos y si es cómplice de narcos; esto no es el asunto de fondo. Por lo pronto la llevaron tan sólo como testigo; sin embargo, hay otra lectura posible de los hechos: el trato que se le dio a la representante popular es un mensaje para todos. Si una diputada es atropellada de esa manera, qué podemos esperar los ciudadanos comunes y corrientes.
Si existen pruebas en su contra, lo apegado a derecho hubiera sido, con ellas iniciarse un juicio de procedibilidad en los términos del artículo 110 de la Constitución, que es claro y no deja lugar a dudas. Una legisladora o un legislador para ser sometidos a proceso penal deben pasar antes por ese juicio de procedibilidad o desafuero, y si se les detiene arbitrariamente se viola el estado de derecho y se atenta en contra de su seguridad jurídica personal y del orden legal en general.
No importa contra quién se cometa el atropello. Lo perverso y lo negativo es que se proceda como se hizo y todos nos callemos. Como una gran mancha se extiende sobre el país el concepto equívoco del derecho penal del enemigo, que el gobernador Montiel del estado de México definió hace unos años con una frase lapidaria e incompleta: “Los derechos humanos –expresó– son para los humanos, no para las ratas”. Lo que le faltó decir, pero lo llevó a cabo y lo hacen otros, es el complemento de esta expresión que es el siguiente: “…y yo defino quiénes son las ratas y quiénes no”.
Si ese criterio continúa y se extiende cualquiera puede ser detenido o levantado; no hay diferencia, cualquiera puede ser considerado enemigo, con razón o sin ella y también corremos el otro riesgo de toparnos de pronto ante nuevos supuestos penales, como el de “presunta amiga de El Chapo” y entonces la espada de Damocles estará siempre pendiente sobre todos nosotros los ciudadanos. No se cuál será la suerte futura de la para mí desconocida diputada, pero veo el grave peligro de que la descomposición social continúe y la violación a los derechos humanos se convierta en una forma cotidiana en las relaciones entre gobernantes y gobernados. Así andamos de mal en lo político, lo económico, en la justicia y en la seguridad.

lunes, 15 de junio de 2015

Democracia y dinero .- Bernardo Bátiz V.


C
oncluyó la votación electoral hace poco más de una semana; participé, puse mi grano de arena, a sabiendas de que enfrente hay una mafia que se reparte cargos y posiciones, que distribuye espacios, lo mismo curules de diputados que delegaciones; accedí a poner mi nombre en las boletas electorales, lo que constituyó un honor que se me confirió por el partido que me postuló. Me decidí a jugar a sabiendas de que lo hacía contra competidores tramposos, prestos a la manipulación y a la compra del voto, aprovechados de las necesidades de unos y la falta de información de otros. Así participé, sospechando de las autoridades, de la conformación partidista de los organismos electorales, desde el INE a la mesa de votación, pasando por el tribunal electoral. Todos están bajo sospecha, todos señalados por los conocedores y por la opinión pública como parciales o interesados, pero, a pesar de todo, no podemos dejar de tomar la palabra e invitar a la gente a votar.
Hice campaña, imprimí volantes, los repartí, elaboré carteles y los colgué en casas de amigos, nunca en la vía pública ni aprovechando el equipamiento urbano, que no es para ese objeto; gasté poco, algo de mi bolsa, aportaciones de algunos amigos, pero eso me llena de satisfacción. Me encontré con colaboradores convencidos, compañeros de campaña, candidatos en la misma circunscripción y dirigentes incansables del partido que me propuso. Puro voluntario, ni uno pagado con dinero público o privado.
Fue lo mejor; cuando me aceptaron como candidato propuesto por el CEN, apenas si conocía a algunos de los militantes y dirigentes de Morena en la Benito Juárez; al final de la campaña nos encontramos como un grupo que comparte ideas, pero que además, al final, quedamos como amigos entrañables y camaradas; el grupo está listo para continuar la lucha, un equipo de primera, preparado para las futuras contiendas cívicas y en su momento electorales. Lo que venga.
El lado negativo de esta relampagueante experiencia política, la otra cara de la moneda, vuelve a ser el dinero; Emmanuel Mounier, ese pensador profundo y simultáneamente hombre de acción, fundador y animador por años de la revista política francesa Espirit y autor, entre otros libros, de El manifiesto al servicio del personalismo, dijo en alguna parte de su obra: La democracia fue estrangulada en su propia cuna por el mundo del dinero.
Por mi parte agrego, no sólo la democracia, todo lo que toca la codicia del dinero, se enturbia y corrompe; pero, volviendo al tema de la democracia, en estos pasados comicios nos encontramos con ese fenómeno; buena parte de los participantes (y tuvieron un éxito efímero) quisieron convencer a los votantes con campañas costosas, carísimas, en las que fortunas enteras se gastaron en pagar bagatelas, enganchadores de votantes, espectaculares, lonas, propaganda en televisión y radio, cine, creadores de imagen, expertos en mercadotecnia y especialistas en guerra sucia.
De esto se pasa a la corrupción de la democracia; si se trata de una inversión y de una inversión muy alta es porque en su momento se espera obtener las ganancias de lo que se invirtió, contante y sonante; no es sólo el cargo: se pretende una fuente de influencia y de negocios que debe redituar dividendos proporcionados a lo que se gastó y eso, evidentemente, nada tiene que ver con la legitimidad democrática ni con el respeto al sufragio.
Alguna vez alguien se jactó ante mí y un grupo de compañeros, convencidos de otra forma de hacer política, diciéndonos ustedes juegan a la política, yo hago política. Para ese personaje, hacer política era gastar mucho dinero para simular muchos apoyos y obtener a como dé lugar muchos votos. Eso no es política, es negocio; ahí no hay ética, ni principios ni tampoco respeto a los votantes. Quien invierte para alcanzar un puesto no llega por una voluntad popular auténtica, expresada con libertad; llega por diversas causas: por deslumbramiento, aturdimiento, por miseria compelida con dádivas y baratijas.
En una democracia aceptable lo que se espera es información veraz a los votantes, tanto de los candidatos como de sus propuestas y de los principios que los mueven. Fuera de eso estamos ante una cruda competencia comercial de la que sale ganando el que tiene más recursos para promover su producto, que es generalmente él mismo.
En un pequeño libro, Solidaridad y participación, que los neopanistas deben tener por ahí olvidado en alguna bodega, Adolfo Christlieb Ibarrola sostenía que las bases de un régimen democrático, de las que aún carece nuestro país, son el reconocimiento real, no teórico de los derechos humanos; el reconocimiento de los derechos políticos, entre los que está el derecho a la información veraz y un sistema legal de garantías. De todo esto seguimos careciendo, pero, a pesar de ello, participamos y mantenemos lucha y exigencia.
México, DF, 12 de junio de 2015.

lunes, 4 de mayo de 2015

Zafarrancho de combate .-Bernardo Bátiz V.

De derecha a izquierda : Patty Llaguno, Bernardo Bátiz, Virginia Chávez y Jesús González Schmall


E
stamos a la mitad de una batalla política trascendental para el futuro de México. De lo que pase en estos meses, a la mitad del gobierno de Peña Nieto, dependerán muchas cosas importantes mañana. Por ejemplo, si conservamos la soberanía o no la conservamos; si la riqueza de nuestro país, que es mucha, se sigue distribuyendo en forma inequitativa o si podemos pronto tener, para todos y no solamente para unos cuantos privilegiados, lo necesario para crecer, vivir en plenitud, ser felices. Si logramos, por ejemplo, niños y jóvenes con escuelas, salud, alimentos, agua, seguridad, futuro. Por ejemplo, si lo nuestro se seguirá dejando en manos extrañas o volveremos a manejarlo nosotros. Si todos podremos tener trabajo digno con ingresos suficientes y justos, educación para nuestros hijos, gratuita y de calidad, todos salud, alimentos, aire puro y agua suficiente.
Pero no habrá nada de eso si no cambiamos el rumbo absurdo, verdadero despeñadero por el que se lleva al país hoy por hoy. La batalla, si la perdemos, desembocará en un porvenir similar al presente, igual de caótico, igual de desigual e igual de injusto. Pero si la ganamos, podemos esperar un futuro de libertad, equidad, reparto equitativo de la riqueza, seguridad y orden. Por todo esto no podemos cansarnos; debemos darnos oportunidad de seguir luchando y poner en ello lo que esté de nuestra parte; vale la pena.
Los insurgentes, armados con fusiles rudimentarios y con armas improvisadas cuando se enfrentaban a los ejércitos realistas, escuchaban de sus jefes la orden de combate: Un tiro y al machete; gastaban su dotación de pólvora para un solo disparo y entonces sonaba el clarín con las notas de zafarrancho de combate. Al oír el toque esperado, todos se lanzaban con sus machetes, sus lanzas improvisadas, sus piedras y sus garrotes a la batalla campal, a deshacer las filas de los bien armados e impecablemente uniformados soldados del virrey.
La batalla de hoy es parecida; las elecciones del 7 de junio son decisivas, son un disparo que debe ser certero, dar en el blanco, como dio en el blanco la recolección de firmas para la consulta popular sobre energéticos; no fue trabajo inútil, se recopilaron en tal número que el gobierno se aterrorizó y frenó arbitrariamente el proceso con la mano de gato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Esta nueva batalla es otra vez desigual. Están, por un lado, un conjunto de propuestas, de soluciones necesarias escuchadas a la gente; es una invitación a la participación, franqueza y entusiasmo; por el otro, es publicidad cara de agencias especializadas en embaucar, manipulación, dádivas, a veces denigrantes, objetos baratos, que los pobres no pueden comprar porque el injusto sistema no se los permite. Son, en manos de los tramposos, un señuelo que se levanta frente a ellos, al alcance de su mano, a cambio de un voto viciado de antemano por su motivación y por ser generado por la manipulación de la pobreza, previamente provocada y cultivada perversa y persistentemente.
La forma es fondo, decía Jesús Reyes Heroles, un priísta diferente a los de hoy, porque pensaba por sí mismo; recordamos ahora su reflexión al constatar las formas tan diferentes y contrastantes de las campañas políticas; como son éstas, seguramente serán también las formas de actuar en el poder de quienes las promueven, planean y ejecutan. Unas, las de los partidos del sistema, van dirigidas a los ojos y a los oídos de los votantes; otras, de la oposición que aún está de pie, reducida a un solo partido, van dirigidas a la inteligencia y a la conciencia de los posibles votantes. La forma es fondo; los que dan cosas y obsequios en sus campañas lo hacen como una inversión y esperan, si obtienen el triunfo, las ganancias, los rendimientos de lo invertido, ganancias que se concretarán en puestos públicos, altos sueldos,moches, negocios, oportunidad de extorsiones y hasta hurtos descarados y no sancionados.
Los que, en cambio, pretenden convencer con ideas y hacen una campaña inspirada en la ética lo que esperan es servir a sus votantes, a su comunidad, a su nación.
La lucha política está así empeñada; los indignados emplearemos el único tiro del fusil con que hoy contamos. El 7 de junio, al emitirse el voto, se hará lo correcto, se estará consumiendo un nuevo cartucho de pólvora y, si no es suficiente, de cualquier modo la lucha no ha concluido. Quedan los demás caminos, los de la resistencia civil, la búsqueda de la revocación del mandato, la organización ciudadana, la convocatoria a un nuevo constituyente; reclamando con otras herramientas y por otros caminos el cambio indispensable para salvar a México y asegurar su futuro como una patria para todos y no para unos cuantos. Eso no dejará de perseguirse, no podemos perder la esperanza.
México, DF, 1° de mayo de 2015.

domingo, 22 de febrero de 2015

Maestro Bernardo Bátiz, extraordinario candidato de MorenaBJ



Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y tiene una maestría en Derecho Parlamentario en la Universidad Iberoamericana. Miembro del partido Movimiento de Regeneración Nacional. 

De 1965 a 1992 fue miembro del Partido Acción Nacional, al que renunció junto con los miembros del llamado Foro Democrático y Doctrinario (Jésus González Schmal, Pablo Emilio Madero).

Se ha desempeñado como Diputado Federal en cuatro ocasiones, en las legislaturas XLVIII, LII, LIV y LVII, en la que fue presidente del Instituto de Investigaciones Legislativas y director de la revista Quórum.

En 1994 fue candidato a Senador por el Distrito Federal y en 2009 como candidato por el PRD para Jefe delegacional de Benito Juárez.

Catedrático de Derecho Constitucional y Parlamentario, ha sido profesor invitado en las universidades Leiden de Holanda, Complutense de Madrid y Estatal de Nueva York. Es autor entre otros libros de “Cronicuentos” (Purrúa, 1993 y 2007), “Teoría del Derecho Parlamentario” (Ed. Oxford, 1999), “Cuaderno de Ideas Ajenas” (Ed. Purrúa). En 1996 recibió la Medalla al Mérito Universitario de la UIA y en 2007 la medalla “Emilio Kriger Vázquez” otorgada por la Asociación Nacional de Abogados Democráticos.

Articulista del periódico La Jornada.

En 2000 se desempeñó como Procurador General de Justicia del Distrito Federal, en el mandato de Andrés Manuel López Obrador.

Durante el I Consejo Nacional del Movimiento Regeneración Nacional, celebrado en el Deportivo Plan Sexenal, en la Ciudad de México, fue electo Secretario de Combate a la Corrupción del Comité Ejecutivo Nacional de MORENA para el periodo 2012-2015

Actualmente es precandidato a Diputado Federal por el Distrito XV Federal correspondiente a la Delegación Benito Juárez

lunes, 11 de agosto de 2014

La dignidad y los diputados .- Bernardo Bátiz V.


L
os diputados tienen el alto honor de ser representantes de la nación, así lo dispone el artículo 51 constitucional; sin embargo, no todos lo recuerdan y muy pocos, hoy contadísimos, aceptan esa alta responsabilidad y la cumplen a cabalidad, con dignidad y patriotismo. Uno de estos casos lo constituye la actitud del diputado Ricardo Monreal, al devolver un verdadero soborno entregado a su grupo parlamentario, al igual que a otros grupos, con motivo de la discusión de las leyes secundarias de las reformas constitucionales en materia de energéticos. Su conducta es un ejemplo de lo que debe ser un legislador que actúa con libertad y con responsabilidad.
La 57 legislatura ya hace algunos años, pero hay que recordarlo porque fue un hecho histórico y un paso en el camino a la democracia y al estado de derecho, se instaló sin un solo diputado del PRI, con únicamente diputados de oposición, PRD, PAN y otros, los demás partidos llamados pequeños. Formé parte de esa legislatura como diputado externo del PRD, de la franja ciudadana, como la llamaba Porfirio Muñoz Ledo, y por ello actor y testigo del acontecimiento único hasta entonces de cumplimiento cabal de nuestra legislación constitucional.
Fue un acto de derecho público, oportuno, acertado y audaz; no se sabía qué iba a pasar, hasta dónde resistiría el sistema y si estarían los priístas dispuestos a soportar ser minoría frente a los legisladores de los partidos minoritarios, que juntos hacíamos la mayoría. Por cierto, ya instalada la cámara, a la primera sesión, se presentaron cumpliendo con su deber, solamente dos priístas y uno de ellos fue precisamente Ricardo Monreal, que entonces militaba en el partido mayoritario.
El primer periodo de sesiones fue tenso, pero fructífero para la democracia; lamentablemente el largo receso fue bien aprovechado por los agentes del sistema, que hicieron su soterrada labor; y al siguiente periodo de sesiones la sorpresa fue que la oposición llegó dividida, con algunos grupos domesticados y no se volvió a lograr un frente unido como el del día histórico de la instalación.
Un cínico de entonces hizo correr como un mal chiste, el vergonzoso apotegma según el cual, en política, lo que se vende es más barato. Entonces, muchos votos de diputados de los grupos minoritarios, fueron cotizados en ese mercado de la ignominia, en el que también tenían su precio las abstenciones o las ausencias en el momento preciso de tomar la votación. No era una novedad, pero a partir de entonces, la práctica de “gratificar “a los legisladores y a los grupos parlamentarios por sus actitudes y por sus votos pasó a formar parte de la picaresca constitucional.
Ricardo Monreal al devolver los 15 millones de pesos, que sin causa legítima o razón se entregaron al pequeño grupo parlamentario que él encabeza, da un ejemplo de dignidad y valor civil, de honradez y respeto al cargo que ostenta de representante de la nación. Por ahí, de paso, pone en un predicamento a los demás grupos legislativos, que hasta donde se sabe sencillamente se embolsaron lo que les tocó en el reparto.
Durante las elecciones federales pasadas a los votantes pobres se les compraron sus votos con una despensa o una tarjeta Soriana; ni más ni menos, sólo que más bien pagados, se compran los votos de los legisladores y las posiciones de grupos parlamentarios enteros, con el precio de jugosos bonos, que no pagan impuestos, que no tienen que justificarse contablemente y que pasan como dinero lavado a sus bolsillos y cuentas personales.
Esta forma de legislar, lamentablemente generalizada, tan vergonzosa, tan reprobable, no sólo manchan la historia personal de los legisladores que reciben el soborno, también pervierte las instituciones, de por sí desprestigiadas y convierte al parlamento, que debía de ser la más alta expresión de la soberanía popular, en un verdadero mercado en el que la paga anula libertad y dignidad del representante popular y atropella el principio de representación, que es esencial en un sistema democrático como el que nuestras leyes describen y nuestra realidad contradice.
Un caso extremo de este extravío fue el de varios legisladores del estado de Tabasco que, olvidando que son representantes de la nación –esto es, de todos los mexicanos y de sus intereses comunes– declinaron su voto en favor de la posición de sus contrincantes políticos, contra lo que habían argumentado con vigor, porque así se los pidió el gobernador de su estado, apremiado también por necesidades económicas. Parece que el dinero se volvió la razón fundamental de las posiciones políticas en nuestro ambiente público enrarecido.
De mal en peor vamos; pero actitudes de dignidad y reclamos públicos, como acontecieron, así sea en forma excepcional, tanto en la Cámara de Diputados, caso Monreal, como en la de Senadores, alientan la esperanza que tenemos muchos de que aún es posible la regeneración de México.


lunes, 14 de julio de 2014

Morena, partido diferente .- Bernardo Bátiz V.


E
l Movimiento Regeneración Nacional (Mo­rena) no ha requerido ni ha necesitado el registro que otorga el Instituto Nacional Electoral (INE, antes IFE) para tener presencia pública y actuar en la política del país como un actor importante; aun sin reconocimiento y sin prerrogativas ha hecho muchas cosas y es centro de polémicas, críticas y también respeto.
El 9 de julio pasado, el instituto que encabeza el doctor Lorenzo Córdova Vianello reconoció que los solicitantes del nuevo partido, con el acrónimo de Morena, cumplieron con los requisitos que la ley exige para que se le tenga como uno más de los partidos que podrán participar en los procesos electorales; la resolución se tomó por unanimidad y con felicitaciones y reconocimientos de los consejeros del instituto y de los representantes de los partidos; no hubo una sola voz que se opusiera al reconocimiento y sí, en cambio, muchas expresiones positivas de bienvenida y de reconocimiento al papel que Morena tiene en la vida pública del país.
Las apreciaciones de quienes tomaron la palabra en la sesión del INE no son gratuitas. La importancia del nuevo partido es evidente; en primer lugar, el interés de asistentes y periodistas se centró en Morena y las otras dos agrupaciones políticas que también obtuvieron su reconocimiento, siendo objetivos, pasaron a un claro segundo plano.
Los participantes no lo mencionaron, pero saben que Morena es un partido que se distingue de los que ocupan actualmente el espectro político nacional en varios puntos; uno de ellos es que sus dirigentes y su fundador principal, Andrés Manuel López Obrador, han manifestado que se mantendrán frente al sistema, no dentro de él, y que no aceptarán arreglos ni con otros partidos ni con el Ejecutivo, por lo que su independencia los mantendrá ajenos a inventos extrainstitucionales, como el Pacto por México. Esto es sin duda una diferencia notable; se incorpora el nuevo partido a la vida política, sujetándose a las leyes vigentes, pero marca su distancia de las prácticas usuales impuestas al margen del derecho.
La única discusión que tuvo lugar en el transcurso de la sesión fue sobre una determinación de Morena, que consta en sus estatutos y consiste en que un candidato del partido que alcance un cargo público por el sistema de representación proporcional, si quiere volver a ser candidato, tendrá que participar mediante el sistema de mayoría relativa. Se rechazó el dictamen contrario a esta cláusula, por siete votos contra cuatro, y se aceptó como válida esta regla peculiar que es una nota distintiva de Morena, tendiente a evitar que se forme una cúpula que ocupe permanentemente los cargos públicos sin participar en las campañas.
Por lo demás, Morena, antes de contar con registro y con recursos económicos sumamente limitados, ha hecho muchas cosas; tiene una clara presencia pública en el país, un reconocimiento de los medios de comunicación, especialmente la prensa escrita, y los medios electrónicos, si bien por lo general le hacen el vacío, en ocasiones, no tienen más remedio que hablar del grupo y de su dirigente principal.
Para obtener su registro, Morena logró organizar 32 asambleas constitutivas estatales, 30 dentro del plazo legal y dos más con posterioridad; consiguió que alrededor de 500 mil personas se afiliaran voluntariamente a la agrupación política que busca un cambio de fondo, que no les da obsequios ni ventajas inmediatas en lo personal y que más bien les pide mucho esfuerzo y mucho trabajo para alcanzar la meta.
Sin registro y sin prerrogativas, organizó antes de su pretensión de ser partido una red nacional de ciudadanos que denominó gobierno legítimo para protestar por el fraude electoral de 2006; su dirigente López Obrador ha recorrido con mucha sencillez y pocos gastos, a ras de tierra como él mismo lo dice, todo el país, reuniéndose con grupos de ciudadanos que ven en Morena una esperanza real de cambio.
Sin registro ni prerrogativas, organizó la resistencia contra las dos intentonas de privatizar el petróleo y la energía eléctrica; luego, con su dirigente en plena convalecencia, logró un cerco en el Senado que duró varios días; presentó una denuncia de traición a la patria ante la Procuraduría General de la República y durante el año pasado, cuando menos en cuatro ocasiones, reunió manifestaciones públicas con una concurrencia amplia y entusiasta.
Para movilizarse, para llevar a cabo todas las acciones de presencia y presión política, no ha necesitado ni permiso ni reconocimiento oficial; sin embargo, para lograr lo que se propone, que es un cambio pacífico y por la vía electoral de las estructuras injustas y antidemocráticas que prevalecen en México, sí requiere de registro y necesita contar con los recursos mínimos para mantener sus propias estructuras, necesarias para cumplir con el intrincado papeleo electoral vigente. Si ha logrado todo lo anterior, de seguro logrará también establecer un sistema justo y democrático en México.

lunes, 20 de mayo de 2013

El engaño como política pública. Bernardo Bátiz V.



    Me choca el término que algo tiene de tautológico y que, sospecho, tomó carta de naturalización en nuestro hermoso idioma, tan preciso y contundente, por alguna mala traducción, pero políticas públicas quedó incorporado al lenguaje que usan tanto nuestra burocracia como los medios de comunicación y precisamente la llamada clase política para indicar una línea, una voluntad de perseguir ciertos objetivos, de dar a las decisiones políticas una dirección específica.
Me parece que actualmente unapolítica pública no expresada con claridad, pero si implícita en el ejercicio del gobierno, en los discursos en el Congreso y en muchas de las declaraciones de los dirigentes de los partidos nacionales con registro, es precisamente el engaño a los ciudadanos.
Se dice una cosa, se hace otra, pero se intenta a toda costa justificar lo que se hizo con declaraciones diversas, convenios, pactos y actos espectaculares dirigidos a los medios de comunicación y a través de ellos a embaucar a los destinatarios de las decisiones tomadas.
En el Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia, escrito por el jurista español Joaquín Escriche a fines del siglo XVIII, que consultábamos los abogados del siglo pasado, se define política como el arte de gobernar, dar leyes y reglamentos para mantener la tranquilidad y seguridad públicas y conservar el orden y las buenas costumbres.
Tal concepto, tan bien expresado y tan claro, ya poco tiene que ver con lo que conocemos ahora como política y con los escándalos, desfiguros y desplantes de legisladores, gobernadores y dirigentes partidistas. Es política en el concepto moderno, el duelo de acusaciones que se hacen priístas y panistas, queriendo, no refutar al contrincante, sino más bien demostrar que es peor y que sus tropelías son más escandalosas que la de la otra parte.
Se acusan, no con objeto de que se sancione a culpables de actos ilegales o de disposiciones indebidas de recursos públicos; lo que se busca es dañar la imagen del contrincante ante la cercanía de las elecciones, que están a la vuelta de la esquina; los priístas, usando para ello a un ex panista, acusan al ex priísta Yunes de enriquecimiento inexplicable, pero se sabe en el mundo de las notas de prensa y los escándalos que en realidad se trata de una venganza.
Se sospecha fuertemente de que el tal Yunes fue quien grabó y filtró conversaciones cínicas que descubren los planes para usar programas sociales con fines electorales; sí el me acusa yo lo acuso y de algo peor, de eso se trata y no de otra cosa.
La política pública más generalizada en nuestros días parece la del engaño; hablar de tal forma que no quede muy claro lo que se dice, ni mucho menos lo que realmente se pretende. Las cúpulas del sistema no quieren tener en el gremio de los maestros un sector rebelde y crítico de sus acciones y proponen una reforma educativa para meter en un puño a estos profesores nada dejados y muy inquietos, pero por supuesto, no se dice que para eso es la reforma sino que se sostiene que se trata de salvar al país componiendo los sistemas educativos que han estado por años abandonados.
Se tienen en la mira y en las expectativas personales de muchos políticos, contratos y comisiones jugosas en materia de energéticos y se impulsan reformas a la legislación constitucional y secundaria que declara a esas áreas como estratégicas, para que dejen de serlo en la práctica y sean susceptibles de apoderamiento por la iniciativa privada que nunca se sacia, pero que comparte un poco de sus ganancias con quienes abren la puerta a buenos negocios. Se pretende una cosa pero se dice otra.
Engañar es hacer creer a los demás una intención o una realidad inexistente; el arte de engañar está muy ligado a las actuales técnicas de la mercadotecnia y de publicidad. Su práctica evidentemente es contraria a la ética más elemental y su generalización en la política degrada a la sociedad, crea desunión y rompe los lazos mínimos de solidaridad que debe de haber entre los integrantes de una comunidad.
La palabra política se deriva del griego politeia, que significa ciudad; por la política los ciudadanos de las ciudades antiguas resolvían sus problemas y necesidades comunes, se identificaban entre sí y apoyaban para alcanzar los fines personales que el fin común les permitía, muy posteriormente, el concepto de política se pervirtió y se convirtió simplemente, en el arte de llegar al poder conservarse en él a toda costa.
Es indispensable para nuestro país rechazar enérgicamente ese concepto de política y volver a la fórmula antigua como arte de dar leyes y reglamentos para el bien de la colectividad y no para su manipulación y ocultamiento de la verdad; estamos viviendo en un sistema en el que prevalece la política pública del engaño, tenemos que suplirla por la política de la transparencia, la verdad y la congruencia entre el decir y el hacer.

Green Go