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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Sheinbaum ordena la desaparición definitiva del cuerpo de granaderos en la CDMX

"Se termina la privatización de los espacios públicos y los cobros desmedidos por fotomultas, predial, agua, entre otros", señaló la jefa de gobierno de la Ciudad de México.

Tras tomar protesta como jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció que ha pedido al secretario de Seguridad Pública, Jesús Orta Martínezla desaparición definitiva del Cuerpo de Granaderos, “en cumplimiento de una de las demandas del movimiento estudiantil de 1968”.
Recordó que hace 50 años, en este mismo recinto, en medio de la represión al movimiento estudiantil de 1968 el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, dijo “hemos sido tolerantes hasta excesos criticados pero todo tiene su límite”, y un mes después ordenó la masacre a estudiantes en Tlatelolco.
“50 años después, en la recuperación de la esencia democrática y pacifista del movimiento que triunfó el primero de julio; coincidimos por convicción en lo que ha manifestado en diversas ocasiones nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, de nunca utilizar a las fuerzas armadas para reprimir al pueblo“, dijo.
“Acabar con los abusos”
La jefa de gobierno expuso que en los últimos años los capitalinos vivieron el abandono del servicio público y la democracia, se estableció un modelo de desarrollo urbano desigual que privilegió la ganancia inmobiliaria sobre el interés público, que ahondó las desigualdades; un gobierno que se dedicó al espionaje político, privilegió el interés clientelar y de grupos por encima de los derechos sociales, que utilizó la fuerza para reprimir al pueblo y regresó la corrupción.
Por ello, apuntó, “lo primero que haremos es acabar con los abusos”; se termina la privatización de los espacios públicos y los cobros desmedidos por fotomultas, predial, agua, entre otros.
Como parte del plan de austeridad, adelantó, “reduciremos a partir del 1 de enero, mil 712 plazas del gobierno central que nos permitirán generar un ahorro de 1800 millones de pesos, lo que permitirá incrementar el salario por arriba de la inflación a los trabajadores de base y nómina 8″.
Como primera mujer electa Jefa de Gobierno, destacó que trabajará con mucha energía para erradicar la violencia de género, hacer justicia en el caso de los feminicidios, tener acciones educativas para la prevención del embarazo adolescente y promover la autonomía económica de las mujeres.
Por ello, dio a conocer que “las estancias infantiles públicas tendrán gratuidad a partir del 1 de enero de 2019 y se ampliarán paulatinamente”.
En el tema educativo, anticipó que en el nivel básico se mejorarán los planteles y se duplicarán el apoyo en útiles y uniformes escolares.
Además, anunció la ampliación del Instituto de Educación Media Superior a 5 preparatorias más, la construcción de 10 Escuelas de Educación Superior del Sistema Benito Juárez y la creación del Instituto de Educación Superior Rosario Castellanos con 5 planteles educativos.
“Estableceremos 300 Centros comunitarios denominados Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes, que acercarán el derecho a la educación, la cultura, la economía social y el deporte a los jóvenes de las colonias, barrios y pueblos sin acceso a los mismos. Vamos a hacer realidad lo que hablamos en campaña: un artista más, un estudiante más, un deportista más es un delincuente menos“, subrayó.
También informó que en su administración ampliará las centros de salud existentes y se construirán cuatro nuevos.
Apoyo a damnificados
Sheinbaum destacó que una de las prioridades en materia de vivienda será atender a las familias que perdieron su patrimonio durante el sismo del 19 de septiembre de 2017.
“A partir de ahora, se terminó el convertir a los damnificados en deudores de la banca; todos los damnificados recibirán apoyos directos para la reconstrucción. Duplicaremos el programa de apoyo de Unidades Habitacionales, se amplía el programa de mejora de vivienda y posterior a la reconstrucción, intensificaremos el programa de construcción de vivienda social, eso sí, restituyendo la labor del Instituto de Vivienda, acabando con la corrupción y el uso clientelar y abusivo de quien solicita este derecho”, agregó.
Por otra parte, expuso que su gobierno triplicará el presupuesto anual para agua y drenaje.
“El objetivo es disminuir fugas, distribuir mejor, captar agua de lluvia, para llevar agua todos los días a todas las viviendas disminuyendo la sobreexplotación del acuífero. Sanearemos los ríos, canales, presas y lagunas de regulación que hoy representan un foco de contaminación para cientos de miles de habitantes, convirtiéndolos en espacio público”, anotó.
En materia de movilidad, abundó, “invertiremos en la mejora de vialidades, en el transporte público: metro, tren ligero, trolebuses, RTP, metrobús, el nuevo sistema de cablebús con 4 líneas para comunicar la periferia al centro, promoveremos el auto híbrido y eléctrico, el uso de la bicicleta y en nuevas tecnologías de la información que abonen en la construcción de un sistema interconectado de transporte”.
Al hablar de la estrategia de seguridad, dijo que a partir del jueves se reiniciarán las reuniones de gabinete de gobierno, seguridad y justicia, que permitirán la coordinación y la toma de decisiones diarias.
“Restituiremos las 73 coordinaciones territoriales, y los tres turnos en los 847 cuadrantes, fortaleceremos la labor de planeación e inteligencia, la formación integral, la capacitación y la carrera policial, así como la mejora de las prestaciones sociales y la recuperación paulatina del salario”, agregó.

jueves, 20 de septiembre de 2018

El 68 y los medios de comunicación: los gritos del silencio

Jenaro Villamil
La protesta de 1968 en Tlatelolco. Foto: Archivo Procesofoto
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La mañana del 3 de octubre las ocho columnas de los periódicos principales de la Ciudad de México retomaban así la matanza de horas antes en la Plaza de las Tres Culturas:
Excélsior.-“Recio combate al dispersar el ejército un mitin de huelguistas”.
El Universal: “Tlatelolco, campo de batalla”.
El Heraldo de México: “Sangriento encuentro en Tlatelolco”. “26 muertos y 71 heridos. Francotiradores dispararon contra el ejército: el general Toledo lesionado.
Novedades: “Balacera entre francotiradores y el ejército, en Ciudad Tlatelolco”.
El Día: “Muertos y heridos en grave choque con el ejército en Tlatelolco”.
El Sol de México: “Responden con violencia al cordial llamado del Estado. El gobierno abrió las puertas del diálogo”.
Como claramente se ve, las palabras “represión”, “matanza”, “ejecución” estaban ausentes de los titulares. El sometimiento de los medios impresos y más el de los electrónicos fue total, no sólo al día siguiente de la matanza del 2 de octubre sino durante toda la cobertura del Movimiento Estudiantil.
No había otra “línea” en las líneas ágata de los periódicos más que la dictada desde las oscuras oficinas de la Secretaría de Gobernación, encabezada por el instigador de la matanza, Luis Echeverría, o la sumisión absoluta al abogado de barandilla Gustavo Días Ordaz transformado en presidente de la República en los momentos más delicados de la nación.
Carlos Monsiváis, en su extraordinario ensayo-crónica El 68, La Tradición de la Resistencia resumió así la situación de un país de la unanimidad con el presidente de la República en los medios informativos:
“En 1968, al sistema informativo de los capitalinos lo norma la prensa (leída por la minoría significativa), la televisión (espacio de la mayoría crédula y distante) y el rumor, ocupado sobre todo en las alzas y las caídas de las fortunas políticas. El periodismo dominante es ‘totémico’, que apenas se lee pero se compra porque defiende las causas del lector. El anticomunismo es parte del sentimiento colectivo y el nacionalismo es todavía la ideología sentimental al uso”.
(Pp. 167-168).
Pequeñas “perlas” de protesta escandalizaron un absoluto divorcio de los periódicos ante la población: el cartón negro de Abel Quezada, con la pregunta “¿Por qué?” le valió una dura reprimenda del gobierno a Julio Scherer. director del Excélsior; la corbata negra, en señal de luto, de Jacobo Zabludovsky en la pantalla le valió una reprimenda del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Un poema de Rosario Castellanos, chiapaneca, priista y respetada fue apenas un destello de lucidez frente a una clase intelectual aplastada y controlada: “la Plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo”; el poeta Octavio Paz renunció a la embajada mexicana en la India, en medio de la indiferencia de los medios, siendo ésta la protesta más fuerte al interior del gobierno.
La indignación silenciada en los medios ante una matanza que excedió con mucho los 27 muertos oficiales (quizá 250 o más de 350, según los cálculos de los testigos) sólo es equiparable con el miedo a una represión más extendida. Sólo se puede contextualizar con la invisibilidad o la sanción en contra de eventos claves como la Marcha del Silencio del 13 de septiembre, la renuncia del rector Javier Barros Sierra el 23 de septiembre ante la ocupación militar de Ciudad Universitaria o la cobertura casi inexistente de los enfrentamientos y los muertos en el Instituto Politécnico Nacional.
Un tremendo silencio fue acrecentando la sospecha generalizada de una matanza de grandes dimensiones. Sólo la prensa extranjera retomó lo ocurrido como una matanza que cortó el vuelo del movimiento estudiantil mexicano, enlazado con el Mayo Francés del mismo año; las protestas por los derechos civiles en Estados Unidos; y lo ocurrido en Praga: la intervención rusa para frenar el intento de reforma del régimen comunista. El periódico británico The Guardian fue el primero en mencionar la cifra de 300 muertos, más decenas de heridos que llegaron a los hospitales capitalinos.
La periodista italiana Oriana Fallaci, presente el día de la matanza, escribió en la revista Look, el 12 de noviembre de 1968, el primer testimonio de una reportera que desmintió la versión oficial del ejército mexicano:
Después del anuncio, una chica de unos 17 o 18 años, con voz como de pajarito, dijo: ‘Quiero pedirles que permanezcan tranquilamente’. Todos aplaudieron. Luego, otro dijo: “Queremos enseñarle al gobierno que sabemos otras formas de lucha. El lunes, iniciaremos una huelga de hambre.
En ese momento, un helicóptero apareció sobre la plaza, bajando, bajando. Unos segundos después, lanzó dos luces verdes en medio de la multitud. Yo grité: ‘Muchachos, algo malo va a pasar. Ellos han lanzado luces’. Me contestaron: ‘Vamos, usted no está en Vietnam’. Pero yo repliqué: ‘En Vietnam, cuando un helicóptero arroja luces, es porque desean ubicar el sitio a bombardear.
No más de tres segundos después, escuchamos el fuerte ruido de carros militares acercándose y estacionándose bajo alrededor de los dos lados de la plaza. Los soldados saltaron con su ametralladora y abrieron fuego inmediatamente. No al aire, como para amedrentar, sino contra la gente. En seguida, nos dimos cuenta que en los balcones habían más soldados con ametralladora y pistolas automáticas. Habían estado ocultos. Me helé. Sócrates, el muchacho que tenía el micrófono, gritaba: “¡Compañeros, no corran, no se asusten. Es una provocación. Quieren atemorizar. No corran!”.
Las armas apagaron su voz. El volvió a gritar: “¡No corran!” y las armas volvieron a disparar. Había mujeres brincando por las escaleras y por las paredes con niños en sus brazos. Yo no tenía idea de a dónde ir y, de repente, escuché un fuerte ruido en las escaleras.
Estaban disparando y fuimos rodeados por policías vestidos de civil. Cada uno de ellos tenía un guante o un pañuelo blanco en su mano izquierda, para que pudieran reconocerse. Saltaron sobre los dirigentes estudiantiles y sobre mí. Uno me jaló los cabellos y me tiró contra la pared. Me golpeé la cabeza, me doblé y caí”.
El relato de Fallaci estremece aún. Fue una de las pocas crónicas periodísticas publicadas días después que rompió con la versión oficial. Líneas abajo, la periodista italiana relató que el tiroteo empezó a las 5:45 de la tarde. Ella fue herida cerca de una hora después. Y permaneció en Tlatlelolco hasta las 8:30 pm. Ella vino a cubrir Las Olimpiadas y se convirtió en una feroz crítica del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y le reclamó al gobierno italiano que retirara su delegación deportiva.
Fallaci no regresó a México. El Sol de México canceló los servicios de la United Press International (UPI) por la cobertura de su reportero Mike Hughes, quien llegó a mencionar la posibilidad de cancelar los Juegos Olímpicos.
Los ocho minutos del noticiario Excélsior
A pesar del férreo control gubernamental, hubo imágenes que no se pudieron evitar. El Excélsior era el responsable del Noticiero de Excélsior que se transmitía en la noche en el canal 2 del entonces Telesistema Mexicano (hasta 1972 se convertiría en Televisa).
Las imágenes eran una secuencia filmada desde el tercer piso del edificio Chihuahua, de Tlatelolco. La cámara estaba a ras del suelo y se veía a los líderes del Consejo Nacional de Huelga, tirados. Se escuchaban las ráfagas. El presentador afirmó que había ocurrido “algo muy grave, hubo un tiroteo”.
Monsiváis recordó en entrevista con Jesús Ramírez Cuevas que “después pasaron como ocho o 10 minutos al aire: se ve la gente tirada, se oyen los gritos, las quejas, los insultos, todos estaban tirados: el reportero que narraba y el camarógrafo. Nadie se levantaba. Luego se ve cuando entra un grupo civil y se lleva a los estudiantes, a los que se ve bajar las escaleras reptando en medio de la balacera. Ahí se interrumpe la transmisión”.
“Monsiváis propone una lectura: nada tuvo la contundencia de las imágenes de los jóvenes tirados en el piso. Ahí se ve a un movimiento pacífico pecho-tierra ante la conversión de la plaza en un campo de batalla. Esos minutos transmitidos por Excélsior fueron importantísimos. Era la prueba más contundente que no habían disparado los estudiantes ni habían resistido” (Masiosare, en La Jornada, 20 de octubre de 2002).
La revista Por qué, del periodista yucateco Mario Renato Menéndez fue la única que publicó un número con fotografías de jóvenes ejecutados, apilados en una barda. En su portada se leía: “La matanza. ¡Asesinos!. ¿Quién manda en México?”. La osadía le valió la cárcel a Menéndez, quien pasó algunos años en Lecumberri por órdenes de Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación.
Menéndez recordó en entrevista con El Mañana que fueron muchos periodistas quienes le dieron sus fotografías. “Todas esas fotografías estaba prohibido publicarlas. ¿Entonces qué pasa, qué ocurrió? Fotógrafos de los distintos medios se sintieron ofendidos y entraban a verme llorando, decían: ‘usted puede publicar, a nosotros nos prohibieron todo esto. Y yo estaba tan alterado también que eché para adelante todo” (El Mañana, 3 de octubre de 2015).
El 4 de octubre, a dos días de la matanza, se aprueba en la Cámara de Diputados un punto de acuerdo del PRI y del PARM que acusa a los estudiantes de ser “marionetas” y justifica la represión en respuesta al “clamor popular de que se mantuviera el orden público”. Incluso, el entonces diputado federal priista Víctor Manzanilla Schaffer, yucateco para mi desgracia, sentencia en la tribuna un silogismo memorable: “preferimos ver los tanques de nuestro ejército salvaguardando nuestras instituciones, que los tanques extranjeros cuidando sus intereses”. Por supuesto, fue la frase más destacada por los medios de comunicación.
La minoría de legisladores del PAN y del PPS, los dos extremos unidos en contra de la represión, rechazan el punto de acuerdo. El diputado panista Gerardo Medina les reprocha: “no hay diálogo, señores, porque las balas nunca han sido un instrumento de diálogo”.
La misma noche del 4 de octubre, Juan García Ponce, Nancy Cárdenas y Héctor Valdés llevan a Excélsior un manifiesto de protesta de la Asamblea de Artistas, Intelectuales y Escritores. Al salir, son detenidos por la policía judicial. Sólo la intervención del director del periódico Julio Scherer los libera horas después. Este manifiesto se convirtió en la primera descripción de lo que realmente sucedió en Tlatelolco:
“1.-El mitin, iniciado alrededor de las 17:30 horas, estaba desarrollándose en perfecto orden.
“2.-El primer orador estableció que después del acto, los asistentes debían retirarse de la Plaza, también ordenadamente.
“3.-No se hizo ningún disparo anterior a la intervención de la fuerza pública
“4.-El ejército no previno a los asistentes en forma alguna antes de la agresión.
“5.-La fuerza pública mantuvo un fuego intermitente.
“6.-La fuerza pública hizo detenciones masivas en forma ilegal.
“7.-Hasta el momento, hay un gran número de desaparecidos que fueron capturados en el lugar de los hechos por la fuerza pública, responsable de su seguridad.
“8.-Se allanó un gran número de hogares con lujo de violencia.
“9.-Ninguno de estos actos delictuosos puede ser justificado por las autoridades ni ha sido explicado legalmente”.
En Excélsior, el periodista José Alvarado publicó un artículo el 12 de octubre de 1968 con estos párrafos notables:
“Había belleza y luz en las almas de los muchachos muertos. Querían hacer de México morada de justicia y verdad: la libertad, el pan y el alfabeto para los oprimidos y olvidados. Un país libre de la miseria y el engaño.
“Y ahora son fisiologías interrumpidas dentro de pieles ultrajadas.
“Algún día habrá una lámpara votiva en memoria de todos ellos”.
El texto fue lo más osado. Sin embargo, “no hay reportajes de investigación, no es posible verificar el número de muertos, los funcionarios no conceden entrevistas, ocupados en pronunciamientos exterminadores”, recordó Carlos Monsiváis en el capítulo “La Prensa y los Poderes”, escrito para Tiempo de Saber, Prensa y Poder en México, en coautoría con Julio Scherer.
“Sólo a partir de 1971 se inicia, y no con rapidez, el conocimiento detallado de la matanza y del Movimiento Estudiantil, abordado en forma extraordinaria por el coro testimonial reunido por Elena Poniatowska en La Noche de Tlatelolco”, sentenció Monsiváis.
El libro de Poniatowska sigue siendo el más leído, vendido y referido para investigar lo ocurrido con el movimiento y con la matanza. Fue el primer material periodístico que rompió el cerco del silencio. Los gritos comenzaron a escucharse desde entonces, a pesar de la segunda matanza que fue el Jueves de Corpus, en el halconazo de 1971.
“La sangrienta conjura contra México” que señaló Gustavo Díaz Ordaz y que se reprodujo al infinito en las notas, artículos, reportajes, comentarios de aquellos años dejó una impronta que esperamos nunca vuelva a ocurrir: la mordaza autoimpuesta para callar la peor matanza de estudiantes en los últimos 50 años del país.
¿Qué le deben los medios mexicanos al 68?
Cincuenta años después, nos encontramos en las antípodas del 68 mexicano con todos sus contrastes. No podemos explicarnos la lenta, pero irreversible apertura de los periódicos mexicanos sin la herencia del 68. El golpe a Excélsior, ocho años después, fue también el mismo gesto represor de Luis Echeverría que dio la orden de correr a Julio Scherer y a su equipo, pero escondió la mano detrás de un supuesto conflicto de la cooperativa.
El “golpe a Excélsior” modificó para siempre el escenario de la prensa capitalina. Surgió el Unomasuno, nació la revista Proceso, considerada heredera de una tradición en contra de la censura diazordacista y echeverrista. En los años ochenta nació La Jornada, en medio de una trepidante batalla por informar más allá de la versión oficial frente a los sismos de 1985, cuyo epicentro trágico también se localizó en Tlatelolco.
La televisión y la radio mexicanas tardaron mucho más en cambiar. Ha sido muy lenta la apertura en los medios masivos mexicanos y muchos los intereses que se agolpan en torno al consenso de la derecha mediática frente a la represión del 68.
En 1969 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz “castigó” a los concesionarios con un impuesto en especie, el 12.55 de los tiempos oficiales que, en realidad, fue un acuerdo de mutua conveniencia para el gobierno y para la cúpula empresarial de la radio y la televisión, a cambio de una sumisión al presidente en turno.
“Soldados del presidente”. Así describió Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, el mantra de los concesionarios frente al régimen que llegará a su fin el próximo 1 de diciembre.
La libertad de expresión y el derecho a la información, batallas que nacieron en paralelo con el Movimiento del 68, aún tienen nuevas plazas de Tlatelolco y nuevas marchas del silencio que defender y que cubrir. Nunca la libertad de expresión puede ser completa ni el derecho a la información es una causa plena, menos en un sistema que ha decidido sembrar la ignorancia a través de los medios masivos y una generación de jóvenes y adultos que se rebelaron en las redes sociales, pero que aún no encuentran espacios reales de deliberación, de diálogo y encuentro, y no meros desfogues de la ira o del malestar frente al derrumbe de una clase política.
El principal desafío que nos deja el Movimiento del 68 para los periodistas que nacimos después de Tlatelolco y vivimos el ciclo histórico de la próxima transformación es enorme: la historia no se repite de manera exacta, pero las conductas represivas de los poderes y la violencia contra el disidente, el libertario, el rebelde es una constante en una cultura política tan arraigada en el autoritarismo. Para ser jóvenes permanentes que acudimos a nuestra plaza simbólica de las Tres Culturas simplemente debemos tener presente que la mejor tradición que nos deja el 68 no es la del victimismo sino la tradición de la resistencia y de la búsqueda de la verdad.

viernes, 27 de julio de 2018

El 68, sus detractores y la impunidad .- PABLO GÓMEZ ,

Estudiantes detenidos en Tlatelolco. Foto: Manuel Gutiérrez
Estudiantes detenidos en Tlatelolco. Foto: Manuel Gutiérrez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El movimiento estudiantil de 1968 ha sido maldecido, tergiversado, falsificado, defenestrado, desvirtuado, calumniado, quizá como ninguna otra lucha política de la historia mexicana del siglo XX.
No es sólo que los gobiernos priistas y otros partidos hayan tenido interés en justificar las atrocidades represivas, sino también que las derechas en general y algunas izquierdas en extremo oportunistas o sectarias nunca quisieron admitir la vigencia de la lucha por la democracia política como la planteó el movimiento de 1968, es decir, la libertad para todos los ciudadanos.
Se ha dicho sobre esa gesta, que llega en estos días a su cincuentenario, que fue producto de una lucha intestina en el gobierno entre quienes se disputaban la sucesión presidencial; que se trató de una provocación de la CIA; que fue resultado de una conspiración comunista doméstica aprovechando la proximidad de los Juegos Olímpicos; que existió un “plan subversivo de proyección internacional elaborado en el extranjero”; que era una moda internacional de jóvenes clasemedieros sin causa social alguna; que la represión se produjo ante la intransigencia de la dirección estudiantil; que en realidad el gobierno sí deseaba un arreglo satisfactorio y lo estaba buscando pero los líderes de los estudiantes sólo pretendían la confrontación; que el Consejo Nacional de Huelga estaba creando columnas armadas en vías de una insurrección; que esas columnas abrieron fuego contra los soldados en la Plaza de las Tres Culturas; que el Ejército fue sorprendido por el Estado Mayor Presidencial en Tlatelolco.
Hay más frases sueltas, la mayoría de ellas sin referencia alguna, las cuales no pretenden más que negar el significado histórico de la lucha de la juventud intelectual de México en los años 60 o esconder el carácter represivo y despótico del poder priista.
Algunos otros han intentado explicaciones sociológicas y psicológicas sobre las causas y el desenvolvimiento de la acción estudiantil. Casi siempre se le han atribuido a los jóvenes de entonces pretensiones que nunca manifestaron, pero que, consideradas después, han servido para hacer análisis teóricos poco apegados a la historia.
Frente a los que han atacado al movimiento y ante quienes le han atribuido a éste pretensiones disimuladas o significados inescrutables, lo que al final nos queda es el movimiento mismo, su acción, su proclama, su objetivo, su forma de ser.
El movimiento estudiantil de 1968 concluyó con una derrota. De unos 50 presos políticos, por cuya libertad teníamos una huelga casi nacional de estudiantes, pasamos a contar con unos 400 luego del 2 de octubre, muchos de los cuales permanecieron en prisión casi tres años. Los jefes policiacos, responsables directos de las represiones de julio, se sostuvieron en sus cargos como si nada hubiera ocurrido. El Cuerpo de Granaderos fue mantenido como fuerza represiva de carácter político y se formaron grupos de choque sin uniforme. El Ejército siguió siendo utilizado como instrumento directo de la represión. Sólo el artículo 145 del Código Penal fue derogado, después de más de un año, por lo que obtuvieron su libertad Demetrio Vallejo y Valentín Campa, pero ya el famoso delito de disolución social había dejado de aplicarse a los presos políticos: ahora se les acusaba de homicidio, lesiones, sedición, invitación a la rebelión y 15 más.
Fue grande la depresión colectiva entre muchos miles de estudiantes y entre las familias que les habían apoyado moralmente. La impotencia frente a la violencia del poder, es decir, esa situación de incapacidad para siquiera protestar, amargó la vida de muchos. Así suelen ser las derrotas.
Pero las enseñanzas grandiosas del movimiento estudiantil perduraron a pesar de todo. Ese planteamiento de libertades democráticas, justo en el país gobernado por el PRI con toda su carga autoritaria, represiva, políticamente castrante, que ello implicaba, ha sido durante 50 años un punto de referencia ineludible.
La democracia se legitimó en México en el momento preciso en que los estudiantes de México se levantaron contra el sistema político. Ya nadie pudo argumentar en contra, ni hacer del punto algo tan relativo o discutible que valiera la pena analizarlo de nuevo. Ya ninguno alcanzó a hacer valer las socorridas explicaciones de que el atraso económico mexicano o su vecindad determinaban la falta de democracia. Ya no se podía impedir que el país como tal pensara en cosas que no incluyeran su propia libertad política.
Todas las mentiras, sobreestimaciones, interpretaciones personales, sentimientos encontrados, perplejidades y justificaciones de la violencia del poder fueron cayendo poco a poco ante la contundencia de aquella lección histórica de la juventud intelectual mexicana.
Sin embargo, sigue existiendo un punto pendiente: el silencio cómplice del Poder Judicial, aquel que no ha procedido en absoluto contra los culpables y ni siquiera ha revisado los procesos de México 68, grandes monstruosidades jurídicas de indiscutible nivel histórico.
Al menos, el Poder Legislativo inscribió en ley el 2 de octubre como fecha de izamiento obligatorio de la bandera a media asta en señal de duelo, incluyendo los cuarteles. Al menos, se intentó por poco tiempo una fiscalía para abrir procesos penales contra los culpables de la represión. Mas, para el Poder Judicial hubo actos genocidas pero no personas genocidas. Esos represores y terroristas de Estado eran los más altos dignatarios, todos lo sabemos, pero los jueces se han encargado de mantenerlos en la más completa impunidad, la cual ya casi no alcanza a las personas, porque en su mayoría han muerto, pero se mantiene aquella que es la peor: la impunidad judicial histórica. Vergüenza nacional.

martes, 27 de septiembre de 2011

Movimiento estudiantil de 1968

“2 de octubre no se olvida”, pero después de 43 años por tanto uso de sus enemigos, se ha desgastado.
Pedro Echeverría V.

1. La masa de jóvenes participantes en las manifestaciones, en las brigadas, en los mítines “relámpago” en los mercados, en las confrontaciones con la policía, el 2 de octubre en Tlatelolco, se ubicaba entre los 18 y 28 años, así que hoy cuentan con 60 años y más. Dado que eran jóvenes que mayoritariamente se movían sólo contra la injusticia y la represión, pero que comenzaban a interesarse por la política, lo más seguro es que hayan llegado a ser funcionarios de gobierno o hayan trabajado para la empresa privada y que muchos de ellos –siendo profesionistas- se hayan jubilado. Los que destacaron como dirigentes eran mayoritariamente jóvenes militantes de la Izquierda y la mayoría de éstos se hicieron diputados o funcionarios del PRD, PT y otros partidos y grupos de centroizquierda; también del PRI. Aunque muchos nos conformamos con ser posteriormente profesores universitarios y periodistas.

2. Y no fue fácil conservarse en la oposición radical. Los presidentes Echeverría Álvarez y López Portillo construyeron una política de “apertura democrática” y de “nacionalismo revolucionario” que abrió las puertas a los jóvenes con el objetivo de recuperarlos para el régimen del PRI. O, por lo menos, para el sistema. ¿Quién puede olvidar que los intelectuales, Paz, Fuentes, Benítez y otros hicieron un llamado pidiendo apoyo al gobierno con la consigna: “democracia o fascismo”. ¿Quién no recuerda que en 1971 salieron de la cárcel Demetrio Vallejo y la mayoría de los presos invitándolos a ingresar a partidos o dando facilidades para crear otros nuevos tal como el PST, PMT, MAUS y otros? ¿Cómo no recordar que en 1977 el Estado creó la llamada Reforma Política, cuotas millonarias para partidos, tiempos en televisión y diputados de plurinominales? O sea, el gobierno pudo comprar voluntades.

3. Durante los gobiernos de LEA y JLP (1970-76 y 1976-82) muchos funcionarios presumían (Luz Alegría, Beatriz Paredes) haber estado en el movimiento de 1968; sin embargo consta en documentos que los partidos derechistas PRI y PAN condenaron y combatieron el movimiento calificándolo de comunista y subversivo. Incluso el PPS de Lombardo, que se autocalificaba de antiimperialista, condenó al movimiento diciendo que estaba al servicio de EEUU. Hoy es tan grande el número de políticos oportunistas que dicen haber participado en el movimiento que por sólo ese hecho pareciera que el movimiento fue oportunista y gobiernista. Por eso puede decirse que se ha desgastado el discurso y que es necesario renovarlo actualizándolo con los movimientos radicales de las calles y haciendo a un lado a aquellos que habiéndose vendido a los gobiernos (PAN, PRI, PRD) hoy lo reclaman para sí, pero ocultando el radicalismo original de los jóvenes.

4. Lo importante de 1968 fue ser un gran movimiento libertario internacional; fue haber sido el gran festejo de la década de los sesenta que buscaba acabar con el autoritarismo en la familia, en las escuelas, las iglesias, las fábricas, la cultura, las tradiciones, los fanatismos y las costumbres. No solo en México, mucho más en Francia, Alemania, EEUU, Checoslovaquia. Muchos chavos (jóvenes) rompieron en todo el mundo con sus familias y organizaron comunas igualitarias; rompieron con el autoritarismo de las escuelas; las iglesias tuvieron que renovarse para no morir; los obreros hicieron más fuertes a sus organizaciones y más numerosas sus huelgas; la cultura se hizo amplia y libertaria en la música, la pintura, el teatro; el vestido, el cabello, las barbas, las parejas, las relaciones sexuales cambiaron radicalmente. Mucho se transformó en la década de los años 60 y 1968 vino a ser la coronación, lo más alto de la década.

5. Se han escrito muchos libros, folletos y artículos sobre el movimiento estudiantil de 1968. Sin embargo, como han dicho los clásicos del marxismo: vale más un movimiento real que 100 libros escritos sobre él. Sin qué hacer, en 1998 –en su 30 aniversario- escribí un folleto sobre algunas experiencias de aquel movimiento que viví como activista y brigadista en los centros obreros de Cuauhtitlán, Altos Hornos, Campos Hermanos y ferrocarrileros del Valle de México y Pantaco donde repartimos volantes y realizamos mítines buscando que los obreros apoyaran el movimiento como paso a un mayor compromiso en sus luchas. En el mismo folleto pude analizar el silencio y la desinformación que la Prensa escrita extendió en Yucatán para evitar que los estudiantes yucatecos dieran su solidaridad. Desafortunadamente el 99 por ciento de la prensa nacional, de la radio y la TV, estuvo absolutamente contra el movimiento.

6. ¿Qué quedó? Sólo se habla de la matanza del 2 de octubre en la que Díaz Ordaz, el presidente, asumió toda la responsabilidad. Para mi ese es un acontecimiento político importante, pero no fue lo esencial; lo que más transformó a la sociedad mexicana y al mundo fue que la población comenzara a luchar, a participar sin miedo en las universidades, en las fábricas, en el campo; que empiece a mirar las cosas sin miedo y que se hayan fortificado sus esperanzas de lucha contra la explotación y la opresión política. La relación del hombre y la mujer comenzó a ser menos despótica; los hijos comenzaron a reclamar respeto a los padres; los estudiantes son menos subordinados al profesor; los empresarios deben tratar con menos tiranía a los trabajadores; los políticos no deben ser tan rudos con los gobernados. Es decir, fue a partir de los años sesenta cuando se inició una gran revolución que la clase dominante ha buscado tapar, pero no ha podido.

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