miércoles, 14 de junio de 2017

¿Quién escribe los textos que Peña nos receta?

I. No dedican su tiempo a dirigir la administración pública, pero los secretarios del despacho presidencial suscriben “sesudos” textos que, por supuesto, les escriben sus “plumíferos” a sueldo. No es la primera vez que ya como huésped de Los Pinos, a Enrique Peña le publican como inserción pagada por medio de publicidad (con dinero del pueblo) enfadosos galimatías que, además, les receta como discursos a sus acarreados. Apareció como “articulista invitado” en El Universal con su discurso: México será sede para trabajar por un mundo más resiliente… ¿resiliente? ¿De dónde, los “plumíferos” peñistas sacaron esa palabra para hacerlo aparecer culto, cuando sabemos de su notoria incultura ¿La sacaron del Diccionario de dudas sobre la lengua española de Manuel Seco. ¿O acaso del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de J. Corominas y J. A. Pascual? ¿O del Diccionario del uso del español de María Moliner?… ¿Resiliente?
II. Aparte de esa palabra “dominguera”, el texto es embrollo. Y para este amontonamiento de palabras inentendibles y sin sentido, Reyes Heroles acuñó el término: “profuso, difuso y confuso”. Y es exactamente lo que, como tortura, Peña recetó a los asistentes a la V plataforma global para la reducción del riesgo de desastres, que inauguró el 24 de mayo pasado; presentando a su gobierno como ejemplo de “prevención y resiliencia”. Dándoselas de correr riesgos hasta en el manejo de la jerga más oscura y enmarañada. Es casi lo mismo que el “señor presidente” hace al recordarnos que “vamos bien”, y resuelve que quienes dicen lo contrario es que tiene una “mala percepción” de la realidad. Él hace cuentas alegres mientras el pueblo no haya salida al túnel de la crisis por el alza constante de los productos que ocasionó el gasolinazo. Y sus empleados le hacen el juego insistiendo que “a nuestro país le está yendo bien”, empecinados en recordarnos que hay más empleo e inversiones y que si no muestran lo bien que va la economía, es porque los mexicanos tienen más capacidad de consumo; lo cual es falso.
III. Vamos de mal en peor. No avanzamos, sino que retrocedemos. Necesitamos crecer cuando menos al 5 por ciento y apenas lo hacemos al 1 por ciento, mientras los empresarios se regodean con la macroeconomía por la explotación de los trabajadores a la par de la concentración de la riqueza en el uno por ciento de la población, para remarcar las desigualdades que padecemos. Y no obstante el maquillaje, con su cara de enfermo, Peña quiere hacernos creer que hay “resultados alentadores”, sólo porque el IMSS le reportó nuevas altas que no significan nada ante la realidad laboral, con millones en la informalidad porque no hay plazas fijas. Peña nos recuerda que vamos bien… y nosotros se la “recordamos”. Puras mentadas se escuchan en las pláticas a lo largo y ancho del territorio. Y si bien es cierto aquello del filme: La generala, cuando le avisan a ésta que se terminó el “parque” y ella grita: “¡échenles mentadas que también duelen!”, el puro “pataleo” no es suficiente, pues a Peña la mentada se le resbala.
cepedaneri@prodigy.net.mx

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