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jueves, 28 de febrero de 2019

Dos grandes victorias nuestroamericanas.- Ángel Guerra Cabrera

Resultado de imagen para chavismo en la frontera
El Chavismo movilizado en la frontera con Colombia
A
plastante la derrota infligidael 23 de febrero por el chavismo al gobierno neofascista de Estados Unidos y sus lacayos del Grupo de Lima. El montaje mediático de lo que se suponía el paso de la supuesta ayuda humanitaria fue una verdadera emboscada que, los enemigos del pueblo venezolano consideraron de antemano, sería letal. Maduro no podría pasar de el gran día que invocó la víspera el inefable Pompeo. Pero desde el desangelado concierto de pinochetistas, uribistas, nostálgicos de viejas glorias, o simplemente tontos, organizado por el magnate Richard Branson, aquello no mostraba visos de seriedad. Peor aún con la llegada del fantoche secretario general de la OEA, Luis Almagro, y sus iguales, los presidentes Sebastián Piñera, de Chile, y Mario Abdo, de Paraguay, recibidos por el colombiano Iván Duque, neoliberal y neofascista educado en la escuela del paramilitarismo. Todos en ropa de yatman y lentes de sol, como quien anda de vacaciones. La víspera, Piñera tuiteó, con seguridad digna de asombro, que estaría el sábado, junto a su colega Duque, repartiendo ayuda humanitaria al pueblo venezolano.
Ya voy perdiendo la cuenta de las derrotas de Trump, su flamante equipo Venezuela y sus títeres ante el chavismo, no obstante la asesoría del senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart, supuestos expertos en el tema que, eso sí, no cosechan una sola realización en sus carreras políticas que no haya sido dañina para Cuba ni, en los últimos años, para Venezuela. Si hacer mucho daño no fuera siempre su objetivo, si no los poseyera el odio visceral a los cubanos y a toda idea progresista, si no estuvieran jugando a desencadenar el incendio de nuestra región, uno se desternillaría de la risa con estos personajes, suerte de piezas museables de la más conspicua politiquería cubana prerrevolucionaria, pues como payasos casi rivalizan con el autoproclamado Guaidó. Hasta allí fue a unírseles en un helicóptero de la fuerza aérea colombiana, supuestamente abordado cerca de territorio venezolano.
Guaidó se acabó. Murió políticamente el 23 de febrero, aunque subsista un tiempo apuntalado por los gringos. ¡Se les quemó el cartucho! Había que ver las caras largas no a él, también a Almagro, Piñera, Duque y Abdo ese día por la tarde. Aunque desde el lado colombiano los mercenarios de la guarimba, henchidos de droga y alcohol, habían desatado un torrente de cohetones, cocteles molotov, clavos y otros objetos contra los guardias y policías nacionales bolivarianos, no pudieron cruzar ni una bolsa con la supuesta ayuda humanitaria. Luego, nuestro compañero Luis Hernández Navarro reportaría desde el lado venezolano, visto por sus propios ojos, los implementos para la guarimba que predominaban en los primeros contenedores con la ayuda quemada por los guarimberos. Es visible en las fotos aéreas la enorme distancia entre el dispositivo de seguridad venezolano y los tráilers, quemados del lado colombiano del puente Francisco de Paula Santander, pero de inmediato los mentirosos compulsivos de la prensa hegemónica salieron a culpar a Maduro.
Y como el presidente constitucional de Venezuela había dado decenas de exitosas entrevistas a representantes de muchos de esos medios, desde Estados Unidos se cocinó una burda provocación contra Maduro por el desprestigiado periodista y conductor de Univisión, Jorge Ramos, quien de inmediato fue exhibido en las redes digitales, no sólo de Venezuela, sino de México. Qué hazmerreir Ramos. Ahora dice que fue detenido por agentes cubanos.
El tono de la declaración formulada el lunes por el Grupo de Lima da una idea de la derrota sufrida. Ni sus lacayos le aceptaron al vicepresidente Mike Pence y a Duque la intervención militar como opción. Se quedó solo Estados Unidos en todas las opciones sobre la mesa, pues hasta la Unión Europea se apresuró a rechazar también la agresión armada. La amenaza militar sigue, pero con un chavismo más cohesionado, combativo y sabio.
Mientras el presidente Maduro y el chavismo se anotaban esta tremenda victoria el 23 de febrero, Cuba bateaba de jonrón al día siguiente en el referendo constitucional, al ascender a casi 87 por ciento la aprobación de la nueva Constitución. Una victoria estratégica de la revolución. A 60 años del triunfo, es toda una definición de la dignidad, cultura política y entereza de la mayoría del pueblo cubano, su identificación plena con un socialismo radical, muy humano, muy cubano, muy latinocaribeño y muy universal, como el propugnado por la Carta Magna.
El referendo da culminación a un proceso democrático de masas mediante el cual el pueblo ha ido definiendo a lo largo de más de una década en debates vivos cómo serán los fundamentos políticos y jurídicos de la nueva economía, la nueva política y la nueva sociedad cubanas, continuidad del largo batallar por su independencia y su libertad.
Twitter: @aguerraguerra

miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿ Qué tiene de extraño esta imagen ? Genio Maligno


WHAT'S WRONG WITH THIS PICTURE? 14 de septiembre de 1847: la bandera de los EEUU hondea en el Palacio Nacional. Así termina una guerra de intervención marcada por la incompetencia y la traición del alto mando castrense y de la clase dirigente mexicana; la República pierde algo más de 2 millones de km2 ante el invasor y siete años más tarde se delinea finalmente la frontera norte como hoy la conocemos, con la venta de la Mesilla (poco menos de 77 mil km2 al norte de Sonora). 

Al cabo de una década la Revolución de Ayutla habría de derrocar a Antonio López de Santa Anna y se promulgaría una nueva constitución, desatando la Guerra de Reforma, que culminaría con la derrota de los conservadores. De esta manera comenzó a erigirse un Estado Nacional que un siglo y medio más tarde está de nuevo exánime y sometido, pero no sólo circunstancialmente --por la negligencia de señalados personajes-- sino por la bancarrota histórica del modelo social que encarna. 

"Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. (...) En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra" (Marx&Engels, El Manifiesto Comunista).

lunes, 21 de abril de 2014

Repudian actos oficiales por la ocupación yanqui en Veracruz


21 DE ABRIL DE 2014 
DESTACADO

La ocupación yanqui
La ocupación yanqui
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Pintores, escritores, antropólogos, fotógrafos, dramaturgos y otros creadores miembros del Comité Veracruz 1914 y del colectivo Xilonen organizarán diversos actos artísticos y culturales independientes, en desacuerdo con lo programado por el gobierno federal y estatal a 100 años de la ocupación estadunidense en el puerto veracruzano.
El pintor y escritor Mauricio Peña Santamaria, coordinador técnico del Comité Veracruz 1914, denuncia en entrevista que las autoridades federales y estatales “han acaparado todo con respecto a los 100 años de la intrusión yanqui, que será el 21 de este mes de abril, y no permiten que participe la población civil”.
Lo mismo pasa cada año, rememora:
“La ceremonia se efectúa en la Escuela Naval Militar y no puede entrar la gente porque va el presidente de la República en turno. Ahora nos organizamos los integrantes del colectivo cultural Xilonen, pues además no se destaca que la defensa de Veracruz fue hecha básicamente por civiles, pero el gobierno hace que la Marina se lleve las palmas.”
Según el libro Invasión yanqui, de Justino Palomares, la Marina recibió la orden de retirarse, cuenta Peña:
“El general Gustavo Maass decide que se va; pero a la mitad que le pide quedarse por voluntad propia se le consideró como desertores (sic) porque no estaban acatando un mandato. Igual se quedaron militares, aunque realmente fueron los civiles quienes defendieron el puerto. También se unieron libaneses, alemanes, españoles e italianos radicados en Veracruz. Queremos destacar esto.”
Asimismo, el Comité Veracruz 1914 propone que el centenario de los hechos de 1914 abarque eventos durante los siete meses que duró la ocupación, desde el 21 de abril hasta el 23 de noviembre, “y no sólo limitarse al 21 de abril”. Bajo el lema de A 100 años de la defensa y desocupación de Veracruz, el comité ha iniciado sus actividades con la exposición colectiva 1914. Ocupación y desalojo, en la que intervienen los artistas plásticos porteños Rosario Águila, Néstor Andrade, Gloria Banda, Enrique Delón, Bruno Ferreyra, Elisa Galván, Flavio Hernández Rincón, Luis Mellado, Sergio Tenchipe y el propio Peña.
La mayoría de los exponentes tienen al menos 25 años de trayectoria y son egresados de la Escuela Municipal de Artes Plásticas dependiente del INBA-Veracruz. Dicha muestra se inaugurará en la capital del país el 26 del presente mes, en el Museo Casa del Risco del Centro Cultural Isidro Fabela (San Jacinto número 5, San Ángel).
“Fue la casa donde vivió el abogado, periodista, diplomático y académico Isidro Fabela, quien estuvo en las negociaciones para la desocupación de Veracruz y poco se habla de ello. Chihuahua se ha interesado en mostrar esta colectiva y hay una propuesta para que vaya al extranjero, aún sin concretar; pero finalmente llegará al puerto de Veracruz el 23 de noviembre, día de la desocupación. Ahí sí que vamos a conmemorar.”
Luis Mellado, coordinador de artes plásticas del comité, explica que se convocó a los artistas a realizar obras con la técnica que quisieran usar, en formatos de un metro como máximo:
“Cada autor participa con dos trabajos y hubo muy buena respuesta. Estamos no sólo recordando la invasión, sino también los siete meses de desalojo y a la gente común (quienes son los héroes anónimos) se le está dando valor, para que se conozca en otros lugares que el pueblo fue el que logró esta hazaña y no la Marina, como se quiere dar a entender.
“Aparte, las autoridades tratan con mucho respeto este suceso para no dañar a los gringos, no se maneja que ellos fueron los que invadieron, nunca mencionan a los muertos, sólo a los héroes de la Marina, y el pueblo va en segundo término, eso le quita el verdadero valor (a la conmemoración).”
El creador Néstor Andrade participa con las obras de acrílico sobre papel Los Rayados 1 y Los Rayados 2 en homenaje a los presos de San Juan de Ulúa “quienes también lucharon contra los estadunidenses”, enfatiza:­
“Existen fotos donde se da cuenta de ello. Incluso las prostitutas lucharon, asesinaron a varias y una fue sentenciada por matar a un estadunidense. También la gente del barrio La Huaca se enfrentó a los gringos.”­
Mauricio Peña subraya su intención de “informar lo que realmente aconteció a través de la expresión artística”, y anuncia que acudirán “a las primarias del puerto para dialogar sobre el suceso, haciendo circular en las escuelas un poema de Andrés Bolaños de la Rosa, quien posee un taller de poesía y es coordinador de artes literarias del Comité Veracruz 1914”.
Se han unido al repudio los pintores Práxedis Magón y Milburgo Treviño, éste “abandonado por las autoridades municipales”, a decir de Peña.
Ya está en circulación el especial de Proceso (número 45) “La ocupación yanqui de Varacruz”.

A un siglo de la invasión de EU a Veracruz

En ceremonias oficiales se minimiza el papel del pueblo en la heroica defensa del puerto
Gilberto López y Rivas
 
Periódico La Jornada
Lunes 21 de abril de 2014, p. 44
Este 21 de abril se conmemorará el 100 aniversario de la defensa popular contra la ocupación estadunidense del puerto de Veracruz. Una vez más el pueblo veracruzano protagonizó una de las páginas más heroicas de la resistencia de los mexicanos frente al intervencionismo de Estados Unidos. Como ocurrió en la ciudad de México el 14 de septiembre de 1847, con ocasión de la entrada de la soldadesca estadunidense, el ejército regular abandonó el puerto sin presentar combate al invasor, y fue el pueblo que de manera espontánea, y sin un plan preciso de defensa, se lanza a las calles, levanta parapetos improvisados, se posesiona de esquinas, azoteas, balcones y campanarios, y con escasos pertrechos y unas pocas armas, se dispone, con su lucha perdida de antemano, a defender la soberanía y la dignidad nacionales.
El combate que se libra no podría ser más desigual. Estados Unidos, protegiendo sus vastos intereses económicos en nuestro país (petróleo, minas, tierras, ferrocarriles, etcétera) y pretendiendo erigirse en el árbitro supremo del conflicto revolucionario mexicano en marcha (Ver: Friedrich Katz, La guerra secreta en México, t. I, México Ediciones ERA, 1982), fondea frente al puerto de Veracruz 44 barcos de guerra, tres buques hospitales y varias unidades más de aprovisionamiento, iniciándose el desembarco, que en cuatro días llega a situar en el terreno a más de siete mil hombres. La fuerza expedicionaria contaba con los medios de guerra más modernos de la época: rifles de repetición Lee, ametralladoras Gattling y Colt, artillería de grueso calibre, ilimitado suministro de municiones y pertrechos bélicos y, además, el apoyo artillero de la flota anclada en la bahía.
Con anterioridad al desembarco, los agentes estadunidenses habían logrado neutralizar la posible participación en la defensa del puerto del Ejército federal mexicano, bajo el mando del general Gustavo A. Maass, de las tropas de Victoriano Huerta, quien dio golpe de Estado al presidente Madero, conminándolo a no resistir y a dejar la plaza. Efectivamente, en las primeras horas del 21 de abril, Maass se retira del puerto rumbo a Tejería, abandonando a la población a su suerte y llevándose el grueso de sus tropas, la mayoría de las armas pesadas y ligeras, con su dotación de municiones, llegando incluso a olvidar, en su precipitada huida, la bandera del batallón que comandaba, su espada y sus condecoraciones.
Al igual que en 1847, el pueblo inerme se vio de pronto enfrentado a un hecho consumado: la cuarta invasión extranjera en menos de un siglo, sin más medios de defensa que su profunda indignación y su decisión de resistir. Ante la evacuación de la plaza por el Ejército federal y subestimando la capacidad de respuesta de nuestro pueblo, los yanquis ocuparon, confiados, posiciones estratégicas cercanas al muelle. En los planes estadunidenses no esperaban encontrar resistencia en la toma del puerto. El poderío de la flota naval y la visible demostración de fuerza expresada en el desembarco masivo hacían difícil suponer un ataque contra las fuerzas invasoras.
No obstante, el estupor inicial y la vergüenza del pueblo veracruzano al propagarse la noticia del desembarco se desvanecen al escucharse los primeros disparos aislados: un solitario y modesto policía municipal, Aurelio Monfort, descarga airado su pistola frente a un nutrido contingente de marines, siendo inmediatamente acribillado por el fuego cruzado de la fusilería enemiga.
El pueblo reclama armas con exasperación, peleando incluso por las pocas que habían sido dejadas por el ejército. Otros se arman con algunos rifles y pistolas ofrecidas por algunos comerciantes. Algunos patriotas esperan turno, en medio del combate, para recoger las armas de los caídos: se registra un caso en el que ocho voluntarios civiles combaten con un solo rifle por horas. Grupos de voluntarios civiles y algunos militares patriotas bajo el mando del coronel Manuel Contreras se distribuyen en grupos pequeños por los edificios y las esquinas de la ciudad sitiada.
En la Escuela Naval, los alumnos se apresuran a la lucha bajo el mando del comodoro Manuel Azueta, siendo la única unidad militar organizada que resiste a los invasores. El tiroteo se generaliza. La Escuela Naval y varios edificios de la ciudad reciben el impacto del bombardeo proveniente de los cruceros y destructores, mientras losmarines, que despertaron la admiración del escritor Jack London, corresponsal del semanario Collier’s, barren las calles con balas expansivas dumdum, prohibidas por las regulaciones internacionales de la guerra en esa época. No obstante la desigualdad entre las fuerzas contendientes, el pueblo resiste con denuedo más de 24 horas; todavía en la tarde del 22 se escuchan esporádicos tiroteos. Se dan actos de gran heroicidad en la lucha, como el de José Azueta, ex alumno de la Escuela Naval, hijo del comodoro, y teniente de artillería, quien empuña al descubierto una ametralladora para lograr mayor efectividad en sus disparos, hasta que cae gravemente herido; cuando los estadunidenses le ofrecen ayuda médica, Azueta la rechaza y les responde: de los invasores, no quiero ni la vida.
De entre el pueblo se distinguen en las escaramuzas armadas artesanos, empleados, albañiles, comerciantes humildes, hombres y algunas mujeres que van dejando sus vidas en los puntos de mayor resistencia: Andrés Montes, modesto ebanista, combate todo el día. Por la tarde del 21 pasa a su casa a dejar algunas provisiones; antes de regresar a la lucha escribe una carta a su hijo menor:Hijo mío, si algún día vuelve a repetirse esto que está pasando ahora, defiende a tú patria como lo estoy haciendo yo. Tu padre. Ante los ruegos de su esposa para que no saliera más de su casa, Andrés Molina exclamó: ahorita no tengo madre, ni esposa ni hijos. Sólo veo que tengo una patria muy linda y tengo que defenderla de la infamia yanqui(María Luisa Melo de Remes, Veracruz mártir: la infamia de Woodrow Wilson, 1914. México, Edición de la autora, 1966). Este héroe del pueblo cayó a las ocho de la noche de ese día, con el estómago perforado por una bala expansiva en la esquina de las calles de Arista e Independencia.
Niños y mujeres se dedican a cooperar en la defensa e incluso participan en la lucha contra el invasor. Se recuerda en el imaginario popular a América, quien recibe a los yanquis a tiros al aproximarse a la zona de tolerancia del puerto. Sectores importantes de la colonia española ofrecen resistencia a los invasores, registrándose muertes y heridos entre los mismos.
Al finalizar el día 22, la resistencia termina con un saldo de centenares de muertos por parte del pueblo veracruzano. La soldadesca invasora hace piras con los cadáveres de los patriotas y los quema sin respeto alguno. Muchos combatientes son hechos prisioneros y retenidos en las cárceles durante la ocupación. Centenares de heridos fueron atendidos por un grupo de médicos y estudiantes de medicina voluntarios, que demostraron su repudio a los invasores cumpliendo abnegadamente este trabajo.
La mayor parte de los muertos y heridos eran pueblo. Los grupos militares que combatieron, la Escuela Naval y algunos soldados y oficiales del 19 batallón de infantería resistieron hasta las 7:30 de la noche del día 21. De ellos murieron José Azueta, Virgilio Uribe, Jorge Alacio Pérez y Benjamín Gutiérrez, de los que se registran. No obstante, la mayoría de los aproximadamente 500 muertos en acción se debió a los bombardeos (los cuales London aplaude por su precisión) y la represión yanqui indiscriminada. Fueron héroes anónimos, sin lápidas ni monumentos que honren su memoria. Es más, varias de las placas que recordaban a las víctimas de la intervención yanqui en el muelle y en otros lugares del puerto fueron destruidas por autoridades municipales en un esfuerzo continuo por negar al pueblo su lugar en la historia: borrar todo aquello que fortalezca el espíritu antimperialista de los mexicanos.
En las ceremonias oficiales que año con año se realizan en el puerto, y que hoy encabeza el presidente entreguista y colaboracionista Enrique Peña Nieto, se exalta la figura de los militares que combatieron a un enemigo en abstracto, que ya no se menciona, como no se menciona la extraordinaria épica ciudadana.
La resistencia del pueblo no terminó en la lucha denodada de los días 21 y 22 de ese abril. Testimonios de sobrevivientes que tuve oportunidad de recoger hace una décadas dan cuenta de numerosos atentados contra las tropas yanquis durante la ocupación. Se impuso la ley marcial y los porteños fueron obligados a dormir con los balcones y las puertas abiertas, debiendo permanecer las luces encendidas durante la noche.
La lucha por la soberanía, a la cual han renunciado los actuales gobernantes, se dejó sentir de otras formas. Sectores importantes de la población no se plegaron a las amenazas y los ordenamientos del gobierno militar impuesto por los invasores. Entre ellos hay que destacar el papel desempeñado por el magisterio del puerto, el cual en mayoría se negó a servir al invasor, organizando un sistema paralelo al llamado departamento educativo de los estadunidenses, a pesar de la represión y los ofrecimientos económicos de las autoridades de ocupación. Aquí destacan Delfino Valenzuela y Elena V. del Toro, claros exponentes del patriotismo del magisterio veracruzano. Se dieron casos individuales de patriotismo anónimo. El guardafaros de la isla de Lobos, cercana al puerto, fue conminado a trabajar para los yanquis, a los que respondió: no, señor, yo no les trabajo a ustedes, yo no traiciono a mi patria ni les voy a trabajar por ningún dinero que me den o aunque me tengan preso todo el tiempo que quieran (entrevista mía a Josefa Syvain).
En contraste con esta actitud valiente y digna, empleados municipales y de aduana, comerciantes y algunas familias de la burguesía porteña colaboraron activamente con el enemigo, recibiendo el repudio y el desprecio abierto de la mayoría de la población veracruzana. Los entierros de José Azueta y del capitán Benjamín Gutiérrez, el 11 y el 23 de mayo, respectivamente, se trasformaron en desafiantes manifestaciones de protesta por la ocupación extranjera: miles de ciudadanos siguieron los cortejos fúnebres por las principales calles de la ciudad. (Andrea Martínez, La intervención norteamericana a Veracruz, 1914, SEP, México, 1982.) Bajo la autoridad militar yanqui, el pueblo expresaba de manera clara su conciencia nacional, refutando con los hechos la falsedad de las apreciaciones de Jack London, quien en mayo de 1914 escribió con entusiasmo en Collier’s:Verdaderamente, los veracruzanos recordarán largamente haber sido conquistados por los americanos (sic) y rogarán por el día bendito en que los americanos (sic) los conquisten otra vez. A ellos no les importaría ser conquistados para siempre (Collier’s, volumen 53, núm. 11, mayo 30, 1914).
Seis largos meses duró la ocupación del puerto. Por fin, el 24 de noviembre de 1914 las tropas constitucionalistas entran a Veracruz, mientras simultáneamente los invasores yanquis se embarcaban en el muelle. Así terminaba una más de las intervenciones de Estados Unidos en nuestro país; no sería la última.


viernes, 3 de mayo de 2013

La Invasión Norteamericana, según la SEDENA

La Invasión Norteamericana
La Invasión Norteamericana tiene sus antecedentes en las políticas expansionistas de Estados Unidos que desde 1809 se venían observando: la compra de la Louisiana en 1803, la firma del Tratado Adams-Onís de 1819, con el que España cedió la península de la Florida. 

Cuando México logró su independencia, Estados Unidos envió a Joel Robert Poinsett como representante para firmar un tratado de límites en el que Estados Unidos intenta infructuosamente anexarse la provincia mexicana de Texas. Posteriormente se inicia un proceso de ocupación pacífica en la que miles de emigrantes norteamericanos, agricultores y aventureros, se van estableciendo con o sin permiso de las autoridades mexicanas en esa región; desde 1823, con el permiso del gobierno mexicano, Stephen Austin comenzó a llevar emigrantes anglosajones a Texas. El 25 de agosto de 1829 Poinsett ofreció cinco millones de dólares por el territorio de Texas.

Para 1834 la afluencia de aventureros-mercenarios se hizo todavía más notoria, como es el caso de los firmantes de la declaración de independencia de Texas, B. T. Archer y P. B. Dexter, quienes eran buscados por fraude. El 1 de marzo de 1836 Texas proclamó su independencia de México y nombró presidente a David G. Burnett y vicepresidente a Lorenzo de Zavala. 

Después de la firma del Tratado de Velasco (1836) el gobierno norteamericano, que había apoyado militar y económicamente a los separatistas, se apresuró a reconocer la independencia de Texas. 

Durante cerca de diez años el gobierno mexicano no intentó recuperar la provincia rebelde pero no reconoció su independencia. En marzo de 1845 la República de Texas se anexó a Estados Unidos; la frontera sur reconocida en esta anexión fue el Río Nueces.

La anexión provocó que crecieran las tensiones que se agravaron cuando en 1845, el gobierno norteamericano ofreció pagar la supuesta deuda mexicana a colonos estadounidenses si México permitía que EE. UU. Comprara los territorios de la Alta California y Nuevo México. 

El Presidente Norteamericano James K. Polk también ordenó al general Zacarias Taylor llevar un ejército a la frontera de Texas y México, el que se estableció en Corpus Christi en agosto de 1845. A principios de 1846 Taylor recibió órdenes de marchar con su ejército al sur, hasta el Rio Bravo. En marzo de 1846 tomó el camino de Matamoros en donde el 25 de abril de 1846, la caballería mexicana al mando del general Anastasio Torrejón derroto una fuerza norteamericana al mando del capitán Thorton.

Este motivo fue una buena excusa para que el presidente Polk pidiera la declaración de guerra al Congreso. "Sangre norteamericana había sido derramada en territorio norteamericano". El Congreso norteamericano le declaró la guerra a México el 13 de mayo de 1846 como consecuencia de los "actos agresivos" de México. 

La distribución de las fuerzas Norteaméricas fueron Taylor por el noreste; Kearney ocupó Nuevo México y California. Scott inició una penetración cuya base fue el puerto de Veracruz y por el lado del Océano Pacifico el Comodoro John D. Sloat que con anterioridad ya había tomado posiciones. 

Sucesivas batallas fueron ganadas por los invasores que avanzaron triunfantes en las batallas de Palo Alto y la Resaca de Guerrero o de la Palma, Monterrey, Saltillo y en febrero de 1847 sobrevino la célebre batalla de la Angostura con la cual el ejército mexicano logró frenar el avance de Taylor, pero no fue suficiente, pues los norteamericanos avanzaron hasta la ciudad de México, continuando con sus triunfos en San Ángel, Churubusco, Padierna, Molino del Rey y Chapultepec, Los norteamericanos tomaron la ciudad de México el 14 de septiembre y el gobierno mexicano se estableció en la ciudad de Querétaro. 

De esta manera, se obtuvo la conquista de la ciudad de México. Tras el éxito de su invasión, Estados Unidos aprovechó los momentos que vivía la República Mexicana cuando sus ciudadanos no lograban un acuerdo de autogobierno, sin embargo, en los combates que se desarrollaron sobresalieron varios héroes dignos de mencionarse como los generales Nicolás Bravo y Antonio León, Coronel Lucas Balderas, Teniente Coronel Felipe Santiago Xicotencatl, Capitán Margarito Zuazo, los alumnos del Colegio Militar “Niños Héroes” y no podemos excluir la heroicidad de los soldados irlandeses que formaron el Batallón de San Patricio, entre otros.

Con la firma del  “Tratado de Guadalupe Hidalgo” en el mes de febrero de 1848, México perdió más de la mitad de su territorio y se inició el retiro de las tropas invasoras. El 15 de junio de 1848 terminó finalmente esta ocupación.


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