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miércoles, 23 de octubre de 2013

Para evitar exponerlo a críticas, cancelan gira de Peña por la Montaña de Guerrero


Indígenas tlapanecos de la comunidad de La Lucerna, municipio de Malinaltepec, sobreviven en el bosque. Foto: Ezequiel Flores
Indígenas tlapanecos de la comunidad de La Lucerna, municipio de Malinaltepec, sobreviven en el bosque.
Foto: Ezequiel Flores
TLAPA DE COMONFORT, Gro. (proceso.com.mx).- La gira del presidente Enrique Peña Nieto por la región de la Montaña, programada para este jueves, fue cancelada de última hora ante la falta de condiciones “políticas y sociales” en esta zona considerada como la de mayor rezago, pobreza y marginación en el país.
Por ello, autoridades federales y estatales optaron por un escenario a modo y trasladaron el recorrido a la región de la Costa Chica, donde el mandatario visitará las cabeceras municipales de Cuajinicuilapa y Ometepec, la tierra natal del gobernador Ángel Aguirre Rivero.
Algunos alcaldes de la Montaña denunciaron que los delegados federales politizan los apoyos destinados, principalmente, a la zona indígena donde realizan “labor política a favor del PRI” en un lugar donde el PRD tiene presencia en la mayoría de los 19 municipios que conforman la región, informaron fuentes que pidieron el anonimato.
Lo anterior durante una reunión privada realizada la noche del martes 22, en la sede de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) en Tlapa, que encabezó el subsecretario de Desarrollo Social, Javier Guerrero y Ernesto Aguirre, el sobrino y jefe de asesores del mandatario estatal.
A este encuentro acudieron los delegados de Sedatu, Héctor Vicario; el de la CDI, Marcelo Tecolapa Tixteco y Rafael Navarrete, de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Previo a este encuentro donde se analizó la posibilidad de que Peña Nieto visitara las cabeceras de Cochoapa El Grande y Tlapa de Comonfort, surgieron fuertes reclamos en contra de representantes del gobierno federal. En Chilpancingo fue destituida de manera abrupta la delegada de Sedesol en la entidad, Laura Ocampo Gutiérrez, una morelense identificada con el grupo del diputado priista Manlio Fabio Beltrones.
Enseguida, Ocampo Gutiérrez fue sustituida por José Manuel Armenta Tello, quien fungía como subdelegado en la misma dependencia federal, un efímero diputado local priista –por tres meses– que de 2000 a 2005 se desempeñó como secretario particular del exgobernador y actual senador priista René Juárez Cisneros, vinculado al grupo de Carlos Rojas.
El nuevo delegado de la Sedesol es hijo de José Manuel Armenta Villegas, quien el 31 de agosto de 2000 fue ejecutado junto a su chofer en el estado de Puebla cuando se desempeñaba como contralor interno de la administración renejuarista.
El apresurado enroque en la delegación estatal de la Sedesol no frenó la ola de críticas de alcaldes perredistas en contra de los delegados federales, quienes fueron acusados de canalizar apoyos a las comunidades a través de líderes priistas en lugar de coordinarse con autoridades locales.
Este hecho, aunado a la significativa presencia del magisterio disidente en la región de la Montaña, obligaron a las autoridades estatales y federales a suspender la visita de Peña Nieto contemplada para mañana, por considerar que exponen al presidente a las críticas por el presunto uso faccioso de la ayuda gubernamental, indicaron las fuentes consultadas.
La decisión de trasladar el recorrido presidencial a la región de la Costa Chica se acordó esta mañana, luego de un segundo encuentro con los alcaldes de la Montaña donde decidieron seguir con el envío de ayuda a damnificados (despensas), así como la reconstrucción de caminos y el restablecimiento de energía eléctrica, explicaron alcaldes y funcionarios consultados al respecto.
Cerca del mediodía, el subdelegado de Sedesol, Javier Guerrero, el sobrino del gobernador Aguirre y la titular de la CDI, Nubia Mayorga, se trasladaron a la cabecera municipal de Ometepec a bordo de un helicóptero para montar el escenario a modo para el presidente Peña.

lunes, 30 de septiembre de 2013

En La Montaña: cuando los sueños se quiebran

Aspecto de la destrucción en Tlacoapa, en la Montaña de Guerrero. Foto: Tomada de Facebook.

Desde el domingo 22, decenas de localidades indígenas de La Montaña y Costa Chica decidieron formar un Consejo de Comunidades Damnificadas y de inmediato se lanzaron contra el gobierno, por su “ineptitud y simulación”, según le dijeron a la titular de la Sedesol, Rosario Robles. Le pidieron atender los destrozos que, afirman, hicieron retroceder a los lugareños a la década de los setenta, cuando por la falta de caminos debían hacer grandes recorridos para adquirir sus víveres. “Se quebraron los sueños de los pueblos indígenas”, dice el antropólogo Abel Barrera Hernández.


TLAPA DE COMONFORT, GRO.- Dos semanas después del paso de la tormenta Manuel, los indígenas de la región de La Montaña sobreviven en condiciones insalubres, sin agua potable. Además comienzan a brotar enfermedades y los víveres son cada vez más escasos, pues sus campos de cultivo fueron arrasados.
Los caminos siguen destrozados; ello los obliga, dicen, a pernoctar en el monte y en poblados incomunicados. Tampoco tienen energía eléctrica. No obstante los hijos del fuego (mee pha) y de la lluvia (naa’savi) no dejan de ofrendar a sus dioses en este mes que, paradójicamente, representa el triunfo de la abundancia sobre El Mayantli, el hambre.
Para tlapanecos, mixtecos y nahuas la devastación representa un castigo, pues consideran que “la señora lluvia” se enojó. Si no le hacen su ofrenda, comentan, la muerte llegará para todos.
En contraste con la actitud asumida por los indígenas frente al desastre, la ayuda gubernamental fluye lentamente y los costos de insumos y transporte público se han incrementado en exceso, como en otras zonas de la entidad, ante la complacencia de las autoridades.
En un recorrido por comunidades de Tlacoapa y Malinaltepec, Proceso constató que en medio de la tempestad la vida se regenera de manera natural en La Montaña, donde las quejas son inútiles. Se trata de avanzar.
En la localidad de Totomixtlahuaca, municipio de Tlacoapa, Diasela Faustino Díaz, de 15 años, dio a luz a un niño la noche del miércoles 25 en una precaria casa de adobe y piso de tierra en las inmediaciones del punto conocido como Piedra Mula.
La joven fue asistida por su suegra, Eleuteria Velázquez, una de las parteras más reconocidas del lugar, donde los alumbramientos son a la manera tradicional: las mujeres permanecen de pie y se sostienen con las manos de una cuerda fijada en una viga para hacer esfuerzo; terminan hincadas y el bebé es recibido prácticamente en el piso.
Es el tercer nacimiento en esta comunidad de poco más de 2 mil habitantes después de la tormenta Manuel, cuando el río Tamiaco devoró la cuarta parte del pueblo.
La corriente arrasó cultivos y 41 viviendas en la calle Cuauhtémoc, un tramo de aproximadamente 250 metros que desapareció dejando un impresionante acantilado de 50 metros sobre el cauce del río.
Al menos 80 inmuebles más se derrumbaron. Hoy 300 personas están a la intemperie. El meteoro provocó un daño irreversible en la zona, pues el cerro donde está asentado el pueblo se sigue desgajando, informó el comisario municipal Justo Peralta Soriano.
Cuando la carretera Tlapa-Marquelia se encuentra en medianas condiciones se necesitan tres horas para llegar de Tlapa al ancestral poblado de Totomixtlahuaca; ahora la distancia se cubre en siete horas de caminata.
En ese lugar, parcialmente incomunicado vía terrestre y donde no se ha restablecido el suministro eléctrico, los jóvenes tienen acceso a internet satelital gracias a un singular centro de cómputo alimentado con generadores de gasolina. El espacio, una pequeña vivienda de adobe y techo de teja, es administrado por el campesino Noé Galindo; desde ahí se informó a través de las redes sociales sobre los estragos provocados por Manuel el fin de semana antepasado.
Las impactantes imágenes de un río arrasando medio pueblo en la región de La Montaña se publicaron la noche del domingo 15 en las cuentas personales de Facebook del estudiante de bachillerato Vicente Rosas y de los jóvenes campesinos Aristeo Ramón y Arquímedes Díaz, todos originarios de Totomixtlahuaca.
De inmediato las fotos se difundieron masivamente en redes sociales y medios de comunicación, sin dar el crédito a los jóvenes que tomaron las gráficas en el momento de la tragedia.
Así se pudo conocer la dramática situación en Totomixtlahuaca y la cabecera municipal de Tlacoapa, donde la corriente del río partió ambos poblados, arremetió contra las viviendas, dejó cientos de damnificados y destruyó el hospital general.
Solidaridad civil

Los guerrerenses radicados fuera de la entidad y quienes migraron al extranjero comenzaron a enviar dinero para comprar víveres y procurar que lleguen a las zonas devastadas de Tlacoapa. Hasta ahora se ha trasladado media tonelada de alimentos y medicamentos en aeronaves de la Marina, indica Peralta.
No obstante, al menos dos toneladas más de víveres acopiados por estudiantes originarios de Totomixtlahuaca siguen en Chilpancingo y Tlapa, en espera de que las autoridades aprueben su traslado aéreo, trámite burocrático demorado ya ocho días, reprochó el comisario.
La insistente exigencia de ayuda de la presidenta del DIF de Tlacoapa, Asunción Galindo Candia, para atender la contingencia sanitaria y el desabasto de víveres ante la incomunicación, hizo que las autoridades enviaran una brigada médica y despensas vía área, una semana después de la tormenta.
En Totomixtlahuaca –donde el clima es semicálido– el consumo de agua contaminada y las persistentes lluvias están provocando enfermedades gastrointestinales y respiratorias entre quienes perdieron su casa y viven a la intemperie.
Según el médico Manuel Ortiz Hernández, la población más afectada es la infantil y urgió el envío de agua potable y medicamentos como ambroxol para controlar la situación.
Ortiz se quejó también porque, dice, sólo trabaja con el cuadro básico de medicamentos y tiene equipo e instrumental para atender las emergencias. Las enfermedades se agudizaron entre las familias que sobreviven en el monte y en albergues habilitados en planteles escolares de Totomixtlahuaca.
“Si el río no nos llevó, ahora las enfermedades nos van a matar”, sostiene Rocío Galindo Juárez, mientras amamanta al más pequeño de sus ocho hijos en una escuela donde están hacinadas 130 personas, en su mayoría menores.
En condiciones similares se encuentran más de 3 mil indígenas tlapanecos de seis comunidades del municipio de Malinaltepec, quienes desde el sábado 14 decidieron abandonar sus pueblos porque sus viviendas, caminos y cultivos fueron afectados por los derrumbes y deslaves. Están refugiados en los cerros donde sobreviven en precarios campamentos.
El éxodo se registró en Tepeyac, Filo de Acatepec, Unión de las Peras, Lucerna, Moyotepec y El Tejocote, al suroeste de Tlapa de Comonfort sobre la carretera Tlapa-Marquelia, donde las autoridades municipales reportaron al menos 22 muertos.
En esta franja de La Montaña guerrerense la temperatura ronda los 10 grados durante el día y cae abruptamente en la noche. Al amanecer el frío come los huesos. Esta situación ha provocado brotes de fiebre y diarrea, principalmente entre los menores quienes, pese a la tragedia, aún ríen y juegan.
Las autoridades comunitarias de La Lucerna, Moyotepec y San Juan de las Nieves se niegan a ser trasladados a los albergues de Tlapa y demandan la reubicación de sus pueblos en sitios seguros de la misma zona; también reprochan la tardía reacción del gobierno e insisten: lo más apremiante es la rehabilitación de caminos y un lugar seguro para vivir.

Carretera Tlapa-Marquelia

Para mitigar el desastre y el olvido institucional, los pobladores limpian caminos secundarios a pico y pala en espera de que las autoridades reconstruyan las carreteras federales Tlapa-Marquelia y Tlapa-Metlatónoc para comunicar siete de los 19 municipios de la franja más pobre y marginada del país afectados por Manuel.
Si se rehabilitan esas vías se agilizará el transporte de alimentos, medicamentos y combustible a las zonas de difícil acceso, consideran las autoridades de 47 localidades indígenas de siete municipios de La Montaña y Costa Chica, que el domingo 22 formaron el Consejo de Comunidades Damnificadas.
El consejo denunció que los estragos de la tormenta evidenciaron la “ineptitud y la simulación” gubernamentales, pues no han revertido los efectos de la tragedia y ni siquiera han visitado los pueblos damnificados.
Las autoridades se han limitado a llevar algunas despensas e intentan utilizar la desgracia para lucrar políticamente, según el consejo. El lunes 23, los mismos representantes comunales –en un encuentro coordinado por el Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan– criticaron a la titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), Rosario Robles Berlanga, por la tardía reacción gubernamental para atender las zonas devastadas de La Montaña.
Ese día la antropóloga Edith Herrera Martínez, originaria de Zitlaltepec, Me­tlatónoc, la zona más pobre del país, reprochó a la funcionaria: “En la Cruzada contra el Hambre estaban todos los militares metidos en las comunidades; pero cuando llegó el desastre no había alguna autoridad”.
Herrera calificó de indignante la actitud de los funcionarios, más preocupados por evacuar vía aérea a los turistas varados en Acapulco que por atender a los indígenas, uno de los sectores más desprotegidos de las zonas vulnerables.
Mientras el gobierno rescataba a los turistas, dijo, en La Montaña siguen atrapados en los pueblos incomunicados. Ante la falta de ayuda oficial, reiteró, los damnificados han debido caminar días para conseguir víveres y buscar refugio en los cerros.
Robles, acompañada por la directora de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Nuvia Mayorga, fue recibida con pancartas, mantas y discursos donde los montañeros sintetizaron la indignación por la falta de ayuda gubernamental.
Los mensajes eran elocuentes: “No necesitamos bendiciones, necesitamos apoyos”, “Exigimos al gobierno que apoye a la región de La Montaña, no sólo Acapulco, sino todo el estado de Guerrero”, “A los turistas los evacuan en aviones y a los pueblos originarios, no”, “Montaña Alta destrozada, pueblos enteros sepultados”.
Al percatarse de la protesta, la titular de la Sedesol se molestó y pidió al director de Tlachinollan, Abel Barrera, que el encuentro fuera privado y no se permitiera a los reporteros cubrirlo. Su solicitud no prosperó. Los lugareños y las autoridades comunitarias soltaron un “alud” de reclamos contra el gobierno federal y demandaron un diálogo directo. Robles pidió al subsecretario Javier Guerrero García darle seguimiento al planteamiento.
El Consejo Comunitario también solicitó el abastecimiento urgente de alimentos y medicinas a los pueblos incomunicados y a los campamentos de desplazados, e insistió en que se rehabiliten los tramos carreteros, las viviendas y redes de agua potable afectadas.

Dictamen de Tlachinollan

El Centro Tlachinollan presentó un muestreo preliminar de las afectaciones documentadas en 55 comunidades de los municipios de Atlamajalcingo del Monte, Cochoapa el Grande, Copanatoyac, Malinaltepec, Metlatónoc, San Luis Acatlán, Tlacoapa y Tlapa.
Según el informe, en esa franja hubo al menos 18 muertos y 45 lesionados; alrededor de 3 mil 400 viviendas presentan cuarteaduras por las inundaciones y deslaves y 5 mil 303 parcelas de maíz, platanar y cafetales fueron destruidas.
Todas las comunidades reportaron afectaciones en tramos carreteros, en la red de agua potable y energía eléctrica, añade el documento elaborado a partir de los reportes proporcionados por las autoridades comunitarias. Hasta el viernes 27 se desconocía la situación de las comunidades ubicadas en las zonas más alejadas de los municipios de Acatepec, Cochoapa El Grande y Metlatónoc.
Para el antropólogo Abel Barrera, los destrozos en las carreteras federales Tlapa-Marquelia y Tlapa-Metlatónoc no sólo evidencian la corrupción de las autoridades en el diseño de las obras, sino que también han obligado a los indígenas a realizar largas caminatas –como hace cuatro décadas– para comunicarse y trasladar sus víveres.
“Ahora resulta que se quebraron los sueños de los pueblos indígenas que desde los setenta impulsaron la creación de una vía para enlazar Savenasha y Totonasha; es decir, la región fría de La Montaña con la calidez de la Costa Chica”, dice.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Huracanes: el costo de la negligencia oficial


Estragos de la tormenta "Manuel" en Acapulco, Guerrero. Foto: Xinhua / Pedro Mera
Estragos de la tormenta "Manuel" en Acapulco, Guerrero.
Foto: Xinhua / Pedro Mera
MÉXICO, D.F. (apro).- Los huracanes Ingrid y Manuel no sólo trajeron la muerte, también un duro golpe a la economía nacional, que buena parte nos podríamos haber ahorrado.
El quebranto para el país fue de 75 mil millones de pesos, según dijo ayer la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIA). Esta cantidad implica desde carreteras dañadas, puertos, edificios y automóviles hasta casas de lámina y micronegocios.
¿Quién pagará por ello? Sólo 20% de las propiedades afectadas tenía seguro. Sin embargo, el 80% restante corre a cargo del gobierno o de los afectados.
El caso más triste, por supuesto, será aquel en el que a los propios damnificados les toque pagar. Tres veces serán víctimas de su pobreza: por sólo poder vivir en zonas peligrosas, por perder sus propiedades y por tener que poner dinero para recuperarlas (dinero, claro, que nunca han tenido). Esto significará una debacle para regiones enteras, que retrocederán años en su nivel de bienestar. No es una proyección. Ya pasó con los huracanes Paulina (1997) y Wilma (2005): aún hay destrozos y comunidades enteras que migraron.
Todo parece indicar que éste será el caso de la Costa y, sobre todo, de la Sierra de Guerrero. Como se sabe, ese estado es el más pobre del país en muchos aspectos. Ahí están los municipios más depauperados de Latinoamérica, por ejemplo, que ya desde antes tenían un nivel de desarrollo similar al del África subsahariana, según la ONU.
Para paliar esta situación se requieren, entonces, recursos del gobierno federal. Provendrán tanto del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), del Fondo de Pavimentación y del flamante Plan de Reconstrucción Nacional. Sin embargo, el modo en que está proyectado este gasto implica tantas repercusiones negativas que el saldo final difícilmente será positivo, tanto en términos personales y locales como nacionales.
El Fonden, explicó la Secretaría de Hacienda, está conformado por 12 mil 507.9 millones de pesos. Siete mil millones de pesos vienen del propio fondo y otros 5 mil millones del Seguro de Riesgos Catastróficos.
El problema es que, amén de ser pocos recursos (comparados con el total de 75 mil millones), buena parte se destinará a solventar daños en infraestructura y no a las necesidades inmediatas y familiares de los afectados:
Ocurre que el gobierno federal no tenía aseguradas sus carreteras. “La parte de infraestructura carretera que le corresponde a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es la que no está asegurada, porque la SCT no ha contratado desde la administración pasada este seguro”, dijo la AMIS. Hace años se aseguraban, pero “buscaron una racionalización presupuestal que nosotros consideramos que es una racionalización mal entendida, porque al transferirse esos riesgos a una aseguradora pues no pasa lo de ahora, que se lleva una parte muy importante de los recursos del Fonden”.
Así que la Federación deberá correr con la carísima reconstrucción de 57 carreteras libres: 40% del total que hay en el país, que es 141.
Hagamos sumas y restas: las aseguradoras valuaron en 75 mil millones de pesos los daños. Ellas pagarán 15 mil millones (20%) y el Fonden pondrá 12 mil 500. Así que aún faltan 47 mil 500 millones de pesos. No hay que perder de vista que en caso de llegar a esta cantidad sólo se habría alcanzado el estado previo al de las lluvias, sin ninguna mejora.
Para cubrir este faltante, el presidente Enrique Peña Nieto propuso el jueves su Plan de Reconstrucción Nacional. Incluye al Fonden y al Fondo de Pavimentación (5 mil millones). Además, pedirá recursos al Congreso.
El Plan tiene cuatro grandes problemas. El primero es que se distraerán partidas presupuestales por el “bomberazo”.
Esto es grave porque significa que fue totalmente rebasado el Fonden y porque otras áreas serán descobijadas (aún no se sabe cuáles).
El segundo, como consecuencia, es que se ignora con cuánto dinero se contará y eso atranca cualquier planeación.
El tercero es que, de nuevo, una parte va a infraestructura. ¿O sea que ni todo el Fonden alcanzará para reconstruir? En efecto, para hacernos una idea basta recordar que, en 2010, el gobierno federal invirtió en vías de comunicación terrestres —en todo el país— 50 mil millones de pesos.
El último es el de la instrumentación. El gobierno federal quiere pasar “casa por casa” y evitar intermediarios. Nunca lo ha logrado; ni siquiera fue capaz de difundir efectivamente la alerta. ¿Cuánto tardará en hacerlo, cómo? El plan suena a populismo y a improvisación.
Este es un asunto central: lo que el gobierno no sabe pero debe hacer. De hecho, el periodista Andrés Juárez, en emeequis (m-x.com.mx/2013-09-19/10-razones-por-las-que-el-desastre-no-es-natural-por-andres-juarez/), documentó diez razones por las que el desastre no puede considerarse natural: la evacuación defectuosa, la deforestación (permitida de facto), el nulo desazolve de vías fluviales, la descoordinación entre autoridades, la urbanización a la buena de dios, la marginación (del deslave en La Pintada, con 68 muertos y desaparecidos, el país tardó en enterarse tres días), la vulnerabilidad al cambio climático, la corrupción y la nula prevención. Se pueden agregar los subejercicios (proceso.com.mx/?p=351766) y el olvido de las lecciones dejadas por otros huracanes.
Si se trata de un plan de reconstrucción estaría bien comenzar arreglando la base podrida. En la propuesta de Peña Nieto no están las propuestas contra esos problemas estructurales. Pagarán los afectados, pagarán todos los mexicanos.

Ángel Aguirre: las bajezas


Chilpancingo. El convivio del viernes 13. Foto: Comunicación Social de Guerrero
Chilpancingo. El convivio del viernes 13.
Foto: Comunicación Social de Guerrero
MÉXICO, D.F. (apro).- El gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, se pinta solo. Versado en el folclor, del que la televisión ha hecho mofa, es también experto en el uso de los recursos públicos para premiar a sus aduladores o castigar a quienes lo critican. Al menos así lo exhibe su discurso.
En eso comparte el gen antidemocrático de los gobernantes de México. Da lo mismo el membrete: PAN, PRI, PRD o los oportunistas llamados partidos bisagra, como el Verde Ecologista y el que fundó la expoderosa Elba Esther Gordillo, Nueva Alianza (Panal).
Además del desvío, el uso de los recursos como si fueran suyos es algo que los ha caracterizado. Lo mismo para la promoción de su imagen que para comprar el silencio de la prensa.
No hay alternancia que valga. Es un signo más del fracaso de la larga y millonaria desestructuración del régimen autoritario con el que gobernó el PRI prácticamente todo el siglo pasado, pero que no se ha traducido en una auténtica democracia más allá de las formalidades.
Entre los expresidentes José López Portillo –ya fallecido–, Vicente Fox y Felipe Calderón, en eso, no hay ninguna diferencia. A ellos se acaba de sumar públicamente Ángel Aguirre. Los tres “grandes” partidos están bien representados en la utilización patrimonialista del erario para castigar a sus críticos, en particular a la revista Proceso.
En 1982, López Portillo acuñó la frase que pasó a la historia de las relaciones entre la prensa y el poder en México: “No pago para que me peguen”. Y ordenó un boicot publicitario a la revista que exponía la decadencia de su gobierno. Quiso repetir el castigo de su antecesor, Luis Echeverría Álvarez, al periódico Excélsior cuando lo dirigía Julio Scherer García. En esa ocasión, la orden presidencial incluyó al sector privado.
Ya en el fracasado “gobierno del cambio”, el de la alternancia partidista, el primer presidente de la República del PAN, Vicente Fox, repitió la fórmula antidemocrática en represalia a las publicaciones de la revista sobre la actuación de su esposa y su familia política. Fue incluso más allá al enderezar un juicio civil que después de siete años favoreció al semanario.
Su sucesor, redujo hasta la nada la publicidad oficial en la revista, a la que en reuniones privadas con periodistas llegó a calificar de golpista. Según él, la persistente crítica de la revista a la manera en que se hizo del poder equivalía al movimiento organizado por Echeverría al interior del periódico Excélsior para sacar a Scherer del periódico, en 1976.
Pero Calderón fue más allá de la exclusión publicitaria. El seguimiento periodístico a las consecuencias de su política pública de la violencia aumentó la molestia y en sendas ocasiones, la desaparecida secretaría de Seguridad Pública y la secretaría de la Defensa Nacional vincularon a la revista con grupos de delincuencia organizada, con el riesgo que ello representó para todo los trabajadores de la revista.
En ese propósito tuvo un gran aliado, Televisa, que vinculó al entonces reportero del semanario, Ricardo Ravelo, con el cártel de los hermanos Beltrán Leyva a partir de los dichos de un narcotraficante arrepentido.
A ellos se sumó ahora Ángel Aguirre, quien por segunda vez gobierna en Guerrero, pero ahora al amparo del PRD luego de haber sido gobernador interino por el PRI, entre 1996 y 1999.
Molesto por el texto publicado esta semana en Proceso por la periodista Gloria Leticia Díaz, sobre sus actividades sociales en momentos en que comenzaba la tragedia humanitaria en su estado por el paso del huracán Manuel, tituladoLlovía y llovía y el gobernador bebía y bebía, el gobernante no pudo contenerse.
En declaraciones a dos periodistas de Radio Fórmula que le preguntaron sobre una supuesta campaña en su contra por parte de la revista y del periódico Reforma, Aguirre comenzó por la descalificación y siguió con la aplicación del principio “yo no pago para que me peguen”.
“Usted sabe que algunos medios actúan luego por términos económicos y publicitarios, no obstante que a la revista Proceso se le otorga, tengo entendido, una plana cada semana… Se trata de una bajeza…”.
Nada más antidemocrático que utilizar la propaganda gubernamental como una forma de control. El gobierno federal y los gobernadores que se han vuelto expertos en silenciar no sólo a la prensa en sus estados, sino a la del Distrito Federal, son un vivo ejemplo de los obstáculos a la democracia en México.
jcarrasco@proceso.com.mx

Nuevos estragos en Acapulco, Chilpancingo y Tixtla

El puente que comunica Coyuca de Benítez con poblaciones de la Costa Grande guerrerense fue cerrado nuevamente al paso de personas por la crecida del río debido a las nuevas lluvias. Pese a las advertencias, habitantes de la zona se arriesgaron a cruzar su cauce Foto Javier Verdín/ La Jornada Guerrero
Sinaloa, Guerrero y Coli


Media Tixtla sigue inundada; recibe víveres de Tecozajca
Se avería una bomba que enviaba las aguas negras a un sumidero
Sergio Ocampo Arista
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 27 de septiembre de 2013, p. 7
Tixtla, Gro., 26 de septiembre.
En Guerrero no deja de llover. La desesperanza se instaló otra vez entre más de 11 mil damnificados luego de que las precipitaciones pluviales provocaron que aumentara el nivel de la Laguna Negra, que mantiene anegada prácticamente la mitad de la histórica ciudad de Tixtla. Por si fuera poco, en el medio ambiente prevalece el hedor de cientos de animales muertos y las descargas de aguas negras.
Hoy se informó a los tixtlecos que el presidente Enrique Peña Nieto podría visitar Tixtla este viernes, lo cual propició puntos de vista encontrados. Un comerciante dijo: ojalá el señor Presidente nos traiga buenas noticias, porque ya nos estamos desesperando; una ama de casa sugirió: si viene el Presidente tenemos que protestar, no es justo que nos tengan tan abandonados.
Como remate a la desgracia, se averió una bomba que enviaba agua estancada a un sumidero, así como una sección de la tubería de la planta tratadora de aguas a la que se planeaba enviar parte del líquido contaminado.
Por la mañana, funcionarios estatales y municipales, encabezados por el ex secretario de Gobierno Humberto Salgado y el alcalde de Tixtla, Gustavo Alcaraz, se reunieron para preparar la visita de Peña Nieto.
En tanto, pobladores de la comunidad nahua Tecozajca, municipio de Ahuacotzingo, en la Montaña baja, viajaron más de 100 kilómetros junto al comisario Aqueo Meza para entregar víveres a ciudadanos de Tixtla.
Desalojan a 36 familias en Chilpancingo
Por la mañana, 36 de las 200 familias de la unidad habitacional Villas del Parador, en el sur de Chilpancingo, fueron desalojadas de sus viviendas luego que la Subsecretaría de Protección Civil advirtió que el cerro aledaño podría deslavarse y causar daños graves.
El Centro Nacional de Prevención de Desastres recomendó el desalojo. Las casas, con valor de 800 mil pesos cada una, fueron construidas por gestiones realizadas por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
El líder de la sección 14 del SNTE, Hilario Ruiz Estrada, visitó a los afectados y anunció que junto con el ayuntamiento se dará apoyo a las familias desalojadas para que renten un lugar donde vivir mientras les permiten regresar a sus hogares.
En tanto, decenas de damnificados de colonias de Chilpancingo por el desbordamiento del río Huacapa acudieron al ayuntamiento para verificar si estaban incluidos en las listas de beneficiarios que la Secretaría de Desarrollo Social colocó en la puerta principal del palacio municipal.
Por otra parte, el médico Misael Mesino Valle informó que tres mujeres de 16, 24 y 27 años, originarias de San Vicente, ubicado en la sierra de Chilpancingo, que están alojadas en el albergue de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), dieron a luz esta semana en el Hospital General Raymundo Abarca Alarcón.
Mesino Valle lamentó las condiciones en que viven las 370 personas refugiadas en la UAG, entre ellas 153 niños. Comentó que “los días 15, 16 y 17 (de septiembre) cuando más recio pegó la tormenta (Manuel)”, se recibieron en ese nosocomio hasta 200 pacientes;después las consultas disminuyeron y ahora reciben unos 70 al día.

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