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martes, 5 de noviembre de 2019

Amenaza golpista / Víctor Flores Olea

Ultraderechismo uniformado : General Gaytán Ochoa, 
Víctor Flores Olea
Ciudad de México. Parecer que entramos a un terreno sumamente grave. En todo caso no habitual en el lenguaje político en México; en La Jornada del último sábado se describe el hecho con las siguientes palabras: “El 22 de octubre, durante un desayuno con altos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, y en presencia del general secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, el divisionario Carlos Demetrio Gaytán Ochoa cuestionó las “decisiones estratégicas” del comandante supremo de las fuerzas armadas, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador y atribuyó a la jerarquía castrense “la muy alta responsabilidad de mantener cohesionado al país, coadyuvar a su pacificación a la brevedad posible y de hacerlo todo con el menor costo social y la mayor eficacia”.
Ante medio millar de generales de división, de brigada, brigadieres y de otros militares en funciones y en situación de retiro, reunidos en el salón República del Estadio de la Unidad Habitacional Militar de Lomas de Sotelo, en la Ciudad de México, Gaytán Ochoa utilizó un lenguaje genérico y, sin mencionar ningún hecho concreto y asumiendo que todos los presentes compartían sus preocupaciones, dijo: “Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”.
A continuación, con una narrativa que escapa al principio de neutralidad política y a la disciplina jerárquica aconsejable a un profesional de la violencia −en tanto integrante de uno de los órganos coercitivos por excelencia del Estado: el Ejército y la Fuerza Aérea−, Gaytán Ochoa añadió que “en la actualidad vivimos en una sociedad polarizada políticamente, porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento”.
Sin mencionar en ningún momento por su nombre al presidente López Obrador, ni tampoco su condición de mando supremo de las fuerzas armadas, adujo que pese a la legalidad y legitimidad de su investidura como titular del Ejecutivo, “los frágiles mecanismos de contrapeso existentes” le han permitido (a AMLO) un “fortalecimiento” que viene propiciando “decisiones estratégicas” que “no han convencido a todos, para decirlo con suavidad”. Agregó que esas decisiones del jefe del Ejecutivo “nos inquietan”, “nos ofenden”, pero sobre todo “nos preocupan”, toda vez que (los militares) “fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”.
Si bien dijo a sus compañeros de armas que había tratado de “cuidar” sus palabras y mantenerse dentro de la “disciplina” a la que como militar está obligado, abogó por soluciones “drásticas” ante un entorno histórico que “lo que requiere a gritos es pacificar, educar y mantener sano a México”. Dado que Gaytán Ochoa forma parte de una institución castrense donde la formación modela para jerarquizar, homogeneizar y uniformizar; para exterminar al enemigo; para separar a sus miembros de la sociedad civil y convertirlos en engranajes de una maquinaria corporativa regida por una cadena de mando donde el objetivo primero es la obediencia sin cuestionamiento al superior; donde el superior siempre tiene la razón, nunca se equivoca, y si se equivoca vuelve a mandar (es una obediencia a la autoridad, no a la ley de la res publica), queda claro qué entiende el mílite por “pacificar”, “educar” y mantener “sano” (sic) a México.
Palabras extraordinarias e inesperadas de un alto jefe del ejército mexicano que invoca la necesidad de un golpe de Estado para corregir las ¨fallas” del gobierno de López Obrador, con el que no estaría de acuerdo un número indeterminado de miembros del ejército en sus mandos superiores. En cualquier lugar del mundo esta grave indisciplina sería merecedora del más alto castigo posible para la jerarquía castrense. Pero en México ¿qué ocurrirá?.
Un buen numero de políticos relevantes -Monreal, Mancera, Mario Delgado, por ejemplo- expresaron su firme repudió a las palabras del general Gaytán Ochoa y coincidieron en su gran mayoría en afirmar que está totalmente fuera de foco invocar en México un golpe de Estado, y recordaron que el ejército mexicano ha sido siempre leal y atento a los valores del Estado de Derecho. Por eso rechazaron indignados las amenazas surgidas de las altas esferas del ejército mexicano.
Por su lado, Andrés Manuel López Obrador dijo en sus redes sociales que “La transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país”. Aquí -aseveró el mandatario- “no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren”.
Desde su jardín, donde pasa este fin de semana, el Presidente difundió también una fotografía en la que se ve su mano tomando una flor de bugambilia. Anexo a la imagen, colocó el siguiente mensaje: “¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y lo respaldara. Ahora es distinto. Aunque son otras realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país”. Por cierto -afirmó también- a esos diseñadores del golpismo les recomiendo leer la fábula de Esopo “Las ranas que pedían un rey”.

jueves, 23 de octubre de 2008

Ya somos muchos los que estamos hartos :

Y ahora… Jalisco


El narcotráfico y sus daños colaterales ya forman parte de nuestros usos y costumbres, por no decir que forman parte activa e irreductible de nuestra historia.

Dos granadas de mano, de esas de las que nadie sabe cómo y de dónde llegan al país, explotaron hace unas noches frente a las oficinas principales de la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco, dejando por lo menos a cinco personas gravemente heridas, entre ellas a un menor de edad.
Como noticia, pareciera que ya no alcanza ni para un párrafo en la página 40 de los diarios, ni mucho menos un seguimiento serio en las primeras planas. Sin embargo, como suceso que se ha vuelto cotidiano, junto con la bárbara cadena de asesinatos, decapitaciones y otras patologías de nuestra época, viene a significar un ingrediente más al grave riesgo de la costumbre, es decir, de acostumbrarnos como sociedad a ver todos los días la fuerza de la delincuencia y la debilidad gubernamental para combatirla.
Nadie pone en duda el peligro que enfrenta el país ante el embate incontenible del narcotráfico, pero tal pareciera que ya lo adoptamos como parte, incluso, de nuestro folklore nacional y, junto con ello nuestra capacidad de asombro disminuye en proporción directa a nuestra confianza en el gobierno.
En pocas palabras, el narcotráfico y sus daños colaterales ya forman parte de nuestros usos y costumbres, por no decir que forman parte activa e irreductible de nuestra historia.
Cuando Felipe Calderón se puso serio y lanzó un “¡ya basta!” ante la ola de violencia que ahoga al país, vino de inmediato a la memoria el “¡ya basta!” de Ernesto Zedilllo aquel diciembre de 1997, cuando invitó a la sociedad a emprender una “cruzada nacional contra el crimen y la violencia”.
Acto seguido en nuestro folklore nacional, Zedillo, que hoy ve desde su mullida silla en la banca internacional como nos revolcamos en el caos, anunció severas reformas constitucionales para atacar la delincuencia organizada. Y su locuacidad fue más allá:
“Aprendamos a no tener ninguna tolerancia con quienes obstruyen el avance de nuestro desarrollo violando la ley, robando, secuestrando, matando.
Y por qué no: también creó el Sistema Nacional de Seguridad Pública.
En fin, como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol. El “¡ya basta!” de Calderón no ha espantado a nadie y le siguen soltando granadas por todos lados; lo que Zedillo llamó “cruzada nacional contra el crimen y la violencia”, Calderón lo llama “Acuerdo Nacional para la Seguridad y la Justicia”; lo que Zedillo llamó “Sistema Nacional de Seguridad Pública”, Calderón lo llama “Ley General de Seguridad Pública Nacional”.
Cuestión de cambiar una o dos palabras, pero el caso es que ni Zedillo, ni mucho menos Fox, y ahora camina por el mismo filo Felipe Calderón, han podido darle a los mexicanos un país seguro.
Hoy más que nunca, aunque resulte ocioso y reiterativo, México vive una auténtica crisis de seguridad pública, un problema que se extiende como el cáncer por todo el territorio nacional sin que nadie atine a detenerlo.
Ya se vive igual en el campo que en las ciudades y afecta gravemente todos los campos de la vida pública y privada, lo cual, una vez más, pone en riesgo la soberanía e integridad de México. Y es que para muchos en las altas esferas políticas y empresariales, “el país no les es prioritario, únicamente su enriquecimiento a costa de vender a la nación”, como me lo dijo un general retirado de cuyos análisis se ha dado cabal cita en entregas anteriores.
Ahora le tocó a Jalisco el granadazo. La muerte, a un jefe policiaco de Lagos de Moreno, también en Jalisco y así hasta llegar el lunes pasado a superar la cifra de muertos en Irak, por ejemplo. Pero a nadie extraña ni a nadie conmueve. Son nuestros nuevos usos y costumbres. Pero cuidado, los delincuentes también se cansan de espantar con el petate o de ajustar cuentas de poca monta. Pueden subir la mira en cualquier momento.
Ahora que hay otros que también se cansan. Llega a Fuerzas Armadas la siguiente misiva, de la cual reproduzco una parte, firmada por Federico Carballo Jiménez:
“Para Fox y Calderón las fuerzas armadas han sido un juguete, nunca le han dado el valor que verdaderamente tienen. Al inicio de nuestros estudios en el glorioso Colegio Militar, casi niños, juramos Bandera. En tal juramento manifestamos con toda nuestra integridad defender la soberanía e integridad de México. Pero eso no lo valoran los civiles, sean del gabinete del presidente o del Congreso de la Unión”.
Y luego va directo a la yugular: “Nosotros no fuimos educados ni entrenados para andar de policías callejeros, a eso han denigrado al Ejército y por supuesto a la Marina”.

Fecha: 2008-10-23 10:47:43

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