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lunes, 5 de agosto de 2019

"Si AMLO fracasa, AL quedará en la oscuridad": De Sousa

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Ciudad de México. Como banderillas de fuego, Boaventura de Sousa Santos, doctor en sociología por la Universidad Yale, pone en lo más alto de la política regional la enormeresponsabilidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con América Latina porque advierte: Si México se va, si el proyecto de López Obrador fracasa, realmente estaremos en la oscuridad total sin proyecto político y, ¿qué nos queda en el continente?
El portugués De Sousa Santos se niega a ver morir –democráticamente– a la democracia, y ve en México la posibilidad de dar un vuelco a la historia que ha marcado a los gobiernos de izquierda en América Latina.
–Pero, ¿deben dejar las izquierdas gobernar a la izquierda? Hay datos que nos hablan de las izquierdas enemigas de los gobiernos de izquierda.
–Pienso que realmente las izquierdas deberían ser cuidadosas en este momento, y deberían, pacíficamente organizar la calle, a las organizaciones sociales, luchar en tribunales como lo hacen organizaciones indígenas, usar todos los medios institucionales posibles para presionar al gobierno desde abajo, pero han tenido una posición totalmente brutal, han entrado en cierta lógica de izquierda radical, y los atacan como si fueran de derecha, pero es un error total a mi juicio.
–¿Cómo explica que se den gobiernos como el de López Obrador?
–Andrés Manuel López Obrador tiene un capital simbólico importante. Primero, llega a la Presidencia después de que le robaron una elección, y finalmente la gente logró elegir a quien quería. Segundo, porque es un señor que no es corrupto, al contrario, y es un genio de la política simbólica, no estoy hablando de la política económica, sino de la política simbólica, por eso firmó ante un notario que no se reelegiría, eso es un dato genial. Mire lo que hizo Hugo Chávez al intentar permanecer indefinidamente.
López Obrador recibirá presiones brutales desde la derecha, por lo que debe tomar experiencia de gobiernos como el de Brasil, Argentina o Ecuador que cedieron a esas presiones y aceptaron la construcción de los megaproyectos, entre otras condiciones del neoliberalismo.
–¿Qué pasó con la democracia? En 1998 escribe Reinventar la democracia, y en 2004, Democratizar la democracia, pero la democracia se convierte, casi en todos lados en cómplice de la corrupción, en la distorsión de las esperanzas de mucha gente.
–Sí, pasó todavía lo peor, porque no solamente no se ha reinventado, sino que está muriendo democráticamente porque en su nombre se están eligiendo a neofascistas antidemócratas, como en Brasil, como a Trump en Estados Unidos, como lo que sucede en Italia, Hungría y Polonia, son gente de derecha, de extrema derecha que realmente no entiende que no les gusta la democracia, pero que son elegidos democráticamente.
Tiene razón. Llama la atención que realmente la democracia liberal no tienen condiciones para resistir la dureza del capitalismo. Después de la caída del muro de Berlín, el capitalismo deja de tener enemigos, así que como ya se ha escrito, el capitalismo tiene que tener miedo de sí mismo, no de sus enemigos, porque cuando no los tiene se hace salvaje, es suicida, sus ganancias lo vuelven autodestructivo. Se pretendió que fuera la democracia la que regulara al capitalismo, pero es el capitalismo el que va a regular la democracia. O sea, existe la democracia mientras le es funcional, mientras es buena para el capitalismo, si no lo es, la democracia no funciona, y si funciona es como la forma más legítima de reproducirlo.
El único capitalismo exportable es el de Estados Unidos, de matriz neoliberal, que empieza a ser reproducido por el Fondo Monetario Internacional, por el Banco Mundial, por las agencias multilaterales. Merrill Lynch (la calificadora) publicó un informe hace mucho tiempo diciendo que las dos áreas más rentables para el capitalismo en el futuro eran la educación universitaria y la salud, y en ese momento empieza el movimiento de privatización en todo el mundo.
–¿Y la honestidad alcanza para reinventar la democracia?
–No basta la honestidad, tiene que haber un proyecto político. A mi juicio la honestidad es una virtud, y no puede ser la única. Ser honesto sí, pero también ser solidario. Pienso en la honestidad politizada. Se puede ser honesto, pero muy insensible con las injusticias que el capitalismo, el socialismo, el patriarcado, la homofobia están produciendo en nuestras sociedades. La democracia, para salvarse tiene que ir a la calle en las próximas décadas. La democracia actual es buena, pero es poca, y como poca no resiste.
La fuerza de los indígenas
De Sousa Santos hace una pausa, toma una trago de café, advierte que se tiene que construir un pacto político nuevo, un nuevo contrato social que debe incluir lo que enseña la naturaleza, y sostiene: tenemos la obligación de defenderla (a la naturaleza). Y luego, en su reflexión explica que hoy en México se vive un momento de transición, y no podemos exigir a nadie, a un gobernante, que cambie totalmente todo de un día para otro. Tienes que pasar de un modelo monocultural de proteger solamente la economía capitalista que es lo que hace México, a proteger la economía cooperativa, la economía campesina, la economía familiar, la indígena. 70 por ciento de nuestros productos alimentarios viene de ellos, pero no son protegidos efectivamente.
De Sousa es de hablar rápido, pero certero, nos recuerda con cierta nostalgia lo qué pasó con los gobiernos de izquierda en Brasil, en Ecuador y en Argentina, y recomienda a AMLO, como él lo llama, que mire en esos ejemplos y que no vaya a cometer los mismos errores.
Levanta voces de alarma, dice que ya está probado que es tanta la venganza de la derecha al volver al poder que devasta a los países, y regresa sobre los nombres de las entidades donde asegura, se entronizó el fascismo, por eso recomienda a las izquierdas ser cuidadosas en sus críticas, porque se convierten en enemigas del proyecto que pretendían, o se laxan y olvidan la defensa de los gobiernos que pretendían.
Las amenazas regionales
Anuncia que asistimos a un cambio en el imperio. Primero, asegura, se trata de una gran inversión en el sistema judicial latinoamericano, sobre todo en Colombia y Brasil para crear un sistema inquisitorial y sostiene que ya no se necesita a las fuerzas militares para mantener la hegemonía del imperio, ahora se trata de un conjunto de fuerzas financieras muy bien organizadas, un proyecto que se inició en el año 2000. Se trata, de hacer que el Poder Judicial sea muy conservador, cómplice de la iniciativa privada, de entrenar y formar a los magistrados en agencias de inteligencia como la CIA. Sin que nadie se dé cuenta, aparentemente, de lo que está pasando.
Y un segundo elemento que va a ser muy importante son las iglesias evangélicas, pentecostales, sobre todo con una influencia mayúscula, con la inversión pública de los estadunidenses y financiamiento de la sociedad civil, o sea, lo que decíamos antes que era la CIA, los militares, ahora es otra cosa, agencias con nombres bonitos para promover la democracia, como las iglesias, y sin olvidar a los medios que están dentro de una estrategia muy bien identificada en un plan que se llama Atlas para intervenir, para lograr cambios de régimen sin necesidad de dictaduras militares porque tras la caída del muro de Berlín las dictaduras no tenían legitimidad. Se requería empobrecer, domesticar aún más.
Explica que si vuelve la derecha, lo hará con la idea de la venganza total, con resentimiento, porque las élites aquí no sólo son capitalistas sino también colonialistas. Van a intentar destruir y producir un efecto que se llama gas paralizante; es decir, los movimientos sociales se quedan paralizados. Son muchas las formas de la venganza de la derecha en caso de volver al poder.
Al doctor por la Universidad Yale, que nuestro país reconoció con el Premio México de Ciencia y Tecnología en 2010, se le pregunta: ¿qué futuro hay para la democracia?, y reflexiona:
“Obviamente tiene qué haber un futuro, pero no esta democracia, pensemos en una democracia reinventada, radicalizada, y realmente con muchas cosas que hemos perdido.
Hay muchas formas de liberación, y ustedes aquí tienen una riqueza muy interesante que han desperdiciado durante mucho tiempo: los pueblos indígenas.
De Sousa Santos partió de México con esa labor que inició hace mucho tiempo, y en la que no cede: reinventar la democracia antes de que muera, democráticamente.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Las autocríticas de la izquierda latinoamericana

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Emir Sader
...la autocrítica no es una noria
Mario Benedetti
T
iempos de crisis, tiempos de balances, de autocríticas, de búsqueda de nuevos horizontes. Después de tantos años de éxito del modelo de desarrollo económico con distribución de renta, cuando surgen problemas, graves algunos, con sustitución de gobiernos en Argentina y Brasil, se oye el coro de: ¡balance autocrítico!
A veces da la impresión que el modelo no fue un éxito durante más de una década, antes de entrar en crisis. Que Argentina no fue rescatada de la peor crisis de su historia. Que Brasil no dejó, por primera vez en su historia, el mapa del hambre. Como si se tratara de hacer un balance de un gran error, de un malentendido, de un fracaso. Se unen la derecha y sectores de la ultraizquierda para intentar pasar la versión de que nada de fundamental ha pasado en esos países en este siglo. De que todo es una ilusión pasajera, de que la vida de millones de personas no ha mejorado mucho durante más de una década.
De hecho, quien en la izquierda más se ha equivocado y no ha hecho autocrítica hasta ahora han sido las ultraizquierdas. Esas corrientes han afirmado, allá en los comienzos de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que serían una continuación de los gobiernos neoliberales, que habían traicionado a la izquierda, que fracasarían, serían desenmascarados por los pueblos y sustituidos, seguramente, por corrientes de ultraizquierda. Con variantes en cada país, esas posiciones valían para Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, el Frente Amplio de Uruguay, Evo Morales, Rafael Correa.
Pero la realidad quiso otra cosa. Las previsiones macabras no se han realizado, el pueblo ha reconocido las medidas de esos gobiernos, les ha elegido y relegido, consagrándolos como los más grandes líderes populares de la izquierda en este siglo.
El balance de la izquierda que ha comandado esos procesos parte de los avances logrados, de los problemas no resueltos por esos gobiernos, hace autocrítica de los errores cometidos, en la perspectiva retomada del modelo de desarrollo económico con distribución, a partir de las experiencias acumuladas, en las nuevas condiciones nacionales e internacionales. Es, asimismo, un balance concreto, porque son fuerzas que tienen capacidad de pasar de la crítica y la autocrítica a la acción concreta, en lugar de quedar, de forma narcisista, mirándose al espejo.
Dos elementos estructurales no fueron superados por esos gobiernos, afectando directamente su desempeño: el primero, la hegemonía del capital financiero, que canaliza hacia actividades especulativas gran cantidad de recursos que podrían estar dirigidos a actividades productivas, con generación de bienes y de empleos. Es un fenómeno general del capitalismo en su era neoliberal, pero que, en caso de que se aprovecharan los procesos de integración, en particular en el Mercosur, donde hubo más homogeneidad, se hubiera podido formular y poner en práctica un modelo de desarrollo productivo que neutralizara y superara los efectos de la especulación financiera.
El otro factor estructural de desestabilización de los gobiernos progresistas es el monopolio privado de los medios, que influye directamente en la formación de la opinión pública. En todos los países con gobiernos progresistas ese es un factor decisivo en la disputa político-ideológica.
El libro Las vías abiertas de América Latina, recién publicado en Argentina por la editorial Octubre –que tendrá pronto ediciones en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil– reúne balances de los seis países latinoamericanos que han avanzado en la superación del modelo neoliberal, con una análisis general de Álvaro García Linera. El libro contiene balances desde dentro de esos mismos procesos, apuntando hacia sus éxitos y sus errores, que es la única forma de aprender de lo vivido. Son vías abiertas y no fin de ciclo, porque frente a los intentos de la derecha de retomar su viejo modelo neoliberal, el camino de la izquierda latinoamericana es el de profundizar las vías de ruptura de ese modelo, como ha comenzado a hacer en esos países, en el momento más virtuoso de la historia del continente.

sábado, 4 de junio de 2016

En Brasil se disputa el futuro de América Latina

Emir Sader
C
on el gobierno de Mauricio Macri se ha roto el eje de los procesos de integración en América Latina, constituido por la alianza entre Brasil y Argentina, que distanciaba al continente de la influencia de Estados Unidos. Con el riesgo de que Brasil también se sume a la tendencia asumida por el gobierno argentino se revertiría esa influencia haciendo que el continente pasara a sumarse al predominio mundial del neoliberalismo, que afecta particularmente a Europa, de forma devastadora, entre otras regiones del mundo.
El gobierno de Macri camina para volverse la referencia central del neoliberalismo en América Latina. El gobierno mexicano de Enrique Peña Nieto, candidato anterior a servir como modelo de esas políticas en el continente, ha fracasado tempranamente. El estilo empresarial de Sebastián Piñera también ha fracasado en Chile. Álvaro Uribe también se ha desgastado como referencia de la política estadunidense en el continente.
La inesperada victoria de Macri fue velozmente saludada por Washington como superación del estilo de confrontación de Cristina Kirchner y recibió rápidamente una visita de Obama, quien no se ha cansado de elogiar la política económica de Macri.
La eventual destitución de Dilma Rousseff y el final de la experiencia de gobierno del PT en Brasil aparece, para la derecha latinoamericana, como lo que sería un viraje histórico. La similitud de las políticas del presidente interino de Brasil con las de Argentina representaría un retorno a lo que esos dos países y prácticamente la totalidad del continente a vivido en los años 90, con resultados económicos y sociales desastrosos para todos los países que las han aplicado.
El desenlace de la disputa todavía vigente en Brasil será decisivo para el futuro de toda la región. Si Brasil se suma efectivamente a la corriente hoy representada por Argentina –en la cual están México y Perú, entre otros países–, el continente pasaría a asumir al neoliberalismo como su corriente predominante. Independientemente de lo que ocurra en Venezuela, Ecuador y Bolivia tendrán dificultades para sobrevivir, mientras el Mercosur, así como la Unasur y la Celac bajarán su perfil y la OEA volverá a recuperar protagonismo en el continente.
Si, al contrario, el interinato de Michel Temer no tiene continuidad y Rousseff vuelve a la presidencia o, por alguna otra vía, se convoca a nuevas elecciones y la continuidad de los gobiernos progresistas es garantizada, Argentina tendrá en Brasil un contrapunto fuerte en la región. El mismo Macri ya ha demostrado que buscaría convivencia amistosa con un gobierno con esos rasgos y las demás administraciones de la región podrían contar con Brasil como aliado.
Son dos destinos muy diferentes, hasta contrapuestos. El continente podría seguir exhibiendo gobiernos en la contramano del neoliberalismo, que devasta gran parte del mundo, en un caso. O se sumaría dócilmente y sin protagonismo internacional alguno, como ocurría en la década de 1990.
Por todo ello los ojos del continente –así como los de EU– se vuelven hacia Brasil, escenario de una dura disputa entre el retorno a políticas centradas en el mercado o de una retomada continuidad y profundización de las políticas de afirmación de los derechos de todos, con desarrollo económico y distribución de la renta. Latinoamérica concluirá así este año crucial con fisonomía distinta de la que tenía al comenzar 2016: la cara del retroceso neoliberal o la de la disputa de dos modelos contradictorios, con Argentina y Brasil representando esas alternativas.

sábado, 20 de febrero de 2016

La izquierda y la nación: ambigüedades no resueltas

Immanuel Wallerstein
E
l término nación ha tenido muchos y muy diferentes significados a lo largo de los siglos. Pero en los días que corren, y más o menos desde la Revolución Francesa, el término se ha vinculado al Estado, como enEstado-nación. Según este uso,nación se refiere a aquellos que por derecho son miembros de la comunidad localizada dentro de un Estado.
Si quienes forman una nación dan pie a la creación de un Estado, o si es el Estado el que crea la categoría de la nación y por tanto los derechos que operan dentro del Estado, es un debate que lleva mucho tiempo vigente. En mi caso, pienso que los Estados crean las naciones y no al revés.
Sin embargo, el punto es por qué crean naciones los Estados, y cuál debería ser la actitud de la izquierdaante el concepto de la nación. Para algunos de izquierda, el concepto de nación es el gran ecualizador. Es la afirmación de que todos (o casi todos) tienen el derecho a una plena e igualitaria participación en la toma de decisiones del Estado, en oposición a que solamente una minoría (por ejemplo la aristocracia) tenga derechos a una plena participación. Hoy, a esta visión de la nación la llamamosjacobina.
El jacobinismo da pie a la categoría de ciudadano. Las personas son ciudadanas por derecho de nacimiento y no por algún origen étnicoparticular o por una religión particular o cualquier otra característica que se les atribuyan otros, o sea atribuyan ellas mismas. Los ciudadanos tienen los votos (desde cierta edad). Cada ciudadano tiene un voto. Todos los ciudadanos son por tanto iguales ante la ley.
Según esta percepción de la ciudadanía, es crucial considerar a todos los ciudadanos como individuos. Es crucial suprimir la idea de que hay grupos que podrían ser intermediarios entre el individuo y el Estado. De hecho, como lo podría sugerir una visión más rígida de la nación, es ilegítimo que esos otros grupos existan: todos los ciudadanos deben utilizar el lenguaje de la nación y ningún otro; ningún grupo político puede tener sus propias instituciones; no pueden ejercerse otras costumbres que las de la nación.
En la práctica, por supuesto, la gente es parte de muchos, muchos grupos que constantemente reivindican sus demandas de participación y lealtad por parte de sus miembros. También, en la práctica, y a veces a guisa de tratamiento igual para todos los ciudadanos, hay innumerables modos en que los derechos iguales para todos los ciudadanos pueden acotarse.
La idea de una ciudadanía puede llegar a definirse primordialmente como el sufragio. Y existen múltiples limitaciones al acceso al sufragio. La más obvia y numéricamente importante es el sexo. El sufragio, por ley, era sólo para los hombres. Con frecuencia se han puesto límites por ingreso, poniendo el requisito de un ingreso mínimo para votar. También se ha limitado el sufragio por raza y religión o debido al número de generaciones de ancestros que han residido en un Estado. El resultado neto, es que eso que fue concebido originalmente como el gran ecualizador de hecho no abrazó a todos; ni siquiera a la mayoría de las personas. Con frecuencia abrazó a un grupo bastante reducido.
Para los jacobinos que se piensan a sí mismos como la izquierda, la solución fue luchar en pro de la expansión del sufragio. Y con el tiempo, este esfuerzo rindió frutos. El sufragio sí se ha expandido a más y más personas. No obstante, de algún modo, esto no logró el objetivo de hacer que todos los ciudadanos, todos los miembros de la nación, gozaran de un acceso igual a los supuestos beneficios de la ciudadanía –educación, servicios de salud, empleo.
Debido a esta realidad de continuas desigualdades, surgió una visióncontra-jacobina de la izquierda. Esta visión contra-jacobina no vio a la nación como la gran ecualizadora, sino como la gran hipnotizadora. La solución no era luchar por suprimir a los otros grupos, sino alentar a todos los grupos a reivindicar su valía como modos de vida y modos de una conciencia propia. Las feministas insistieron en que no se trataba solamente de que las mujeres obtuvieran el sufragio, sino de que las mujeres lograran el derecho a tener sus propias organizaciones y su propia conciencia. De igual modo se pronunciaron las comunidades de grupos étnicos o raciales, las llamadas minorías.
El resultado ha venido a ser que la izquierda no tiene una única visión de la nación. ¡Muy por el contrario! La izquierda está desgarrada entre visiones profundamente confrontadas de la nación. En la actualidad esto ocurre de muchos modos. Uno de ellos es el carácter explosivo de las demandas relacionadas con el género, la construcción social de lo que alguna vez se pensó que eran fenómenos genéticos. Pero una vez involucrados en la construcción social, no existen límites obvios a los derechos de las subcategorías, previamente definidas o en proceso de tener existencia social.
Si el género está estallando, también lo es la indigenidad. Lo indígena es también una construcción social. Se refiere a los derechos de aquellos que vivieron en ciertas áreas físicas con anterioridad a otros (losmigrantes). Si lo empujamos lo suficiente, cada persona individual es un migrante. Si lo discutimos razonablemente, hay en la actualidad grupos sociales importantes que saben que viven en grupos significativamente diferentes de aquellos que ejercen el poder en el Estado, y por tanto buscan mantener a sus comunidades con sus actuales modos importantes de vida en vez de perder los derechos que les brindan sus fronteras debido a que la nación reivindica los derechos de una nación.
Una última ambigüedad. ¿Es de izquierda ser internacionalista o mundialista, o es de izquierda ser nacionalista contra la intrusión de las poderosas fuerzas del mundo? ¿Es conciencia de clase oponerse al nacionalismo o respaldar la resistencia nacional contra el imperialismo?
Uno podría salirse de este debate por la vía fácil sugiriendo que la respuesta varía de lugar en lugar, de momento a momento, de situación a situación. Pero éste es precisamente el problema. A la izquierda global le resulta muy difícil confrontar estos puntos directamente y arribar a una actitud razonada y políticamente significativa hacia el concepto de la nación. Dado que en la actualidad se supone que el nacionalismo es el compromiso emocional más fuerte de los pueblos del mundo, el que la izquierda global no pueda entrar en un debate interno colectivo de un modo solidario, le resta capacidad para ser un actor principal en la escena mundial.
La Revolución Francesa nos legó un concepto que se suponía iba a ser el gran ecualizador. ¿Acaso nos legó una píldora venenosa que podría destruir a la izquierda global y por tanto al gran ecualizador? Es muy urgente una reunificación intelectual, política y moral de la izquierda global. Requerirá un mucho mayor sentido del dar y recibir de lo que han estado mostrando los actores principales. Hasta ahora no hay una alternativa seria.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

jueves, 21 de enero de 2016

¿La izquierda latinoamericana ha fracasado? .- Emir Sader


A
l comienzo del periodo neoliberal, las adhesiones al nuevo modelo fueron muy amplias y rápidas. Empezando con la dictadura de Pinochet en Chile, el nuevo modelo fue incorporando a nacionalismos, como el del PRI en México y el peronismo de Menem en Argentina, a partidos socialdemócratas como en Chile, Venezuela y Brasil. Fue un comienzo avasallador, del que parecía que ninguna corriente podría escapar. El Consenso de Washington y el pensamiento único han buscado consolidar teóricamente la conversión de casi todas las fuerzas políticas a ese modelo.
Sin embargo, el auge neoliberal fue corto. Rápidamente las tres economías más grandes del continente –la mexicana en 1994, la brasileña en 1999, la argentina en 2001/2002– han tenido crisis fulminantes, que han roto con la euforia del éxito del modelo. Sus principales próceres han sido derrotados, algunos de ellos fueron a la cárcel –Fujimori, Carlos Andrés Pérez– o han quedado marcados para siempre por la experiencia negativa de sus gobiernos –como Cardoso y Menem, entre otros. Las economías no han vuelto a crecer, la concentración de renta ha aumentado, así como las deudas públicas. El modelo neoliberal –el gran proyecto de reconversión modernizadora de la derecha– ha fracasado en toda la línea. Fueron derrotados sucesivamente en varios países y en otros se han sucedido gobiernos de derecha, sin mayor éxito.
La izquierda ha resistido como pudo en los años 90, aislada, hasta que ha retomado iniciativa con las elecciones de Hugo Chávez en Venezuela, en 1998; de Lula en Brasil, en 2002; de Néstor Kirchner en Argentina, en 2003; de Tabaré Vázquez en Uruguay, en 2004; de Evo Morales en Bolivia, en 2005; de Rafael Correa en Ecuador, en 2006. Se han abierto procesos de lucha contra la pobreza y la miseria en el continente más desigual del mundo, aun con esos gobiernos recibiendo herencias muy duras, como recesiones prolongadas, sociedades más desiguales, estados más debilitados.
Desde entonces, esos países han pasado por momentos de gran crecimiento económico, estabilidad política y disminución de la pobreza y la miseria de sus historias, aun en el contexto internacional de recesión y de aumento de las desigualdades. Fue por lo menos una década en cada una esas naciones con un esquema virtuoso de crecimiento y distribución de renta. En ese proceso han surgido líderes como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros.
Mientras tanto, la derecha ha jugado sus fichas en países como México y Perú, con inmensos fracasos. Aun cuando la economía crecía en esas naciones, los índices sociales no han mejorado. Los gobernantes se han sucedido, uno después del otro, desprestigiados y derrotados políticamente. Respecto a la ultraizquierda, ha permanecido con sus posturas de críticas teóricas, pero en ningún país ha construido alternativas, que siempre están protagonizadas por la derecha. Ningún liderazgo importante ha surgido ni en la derecha ni en la ultra izquierda.
Desprestigiados y derrotados políticamente.
Después de resistir la más grande crisis del capitalismo internacional desde 1929, aun los países posneoliberales sufren las consecuencias de la profunda y prolongada recesión internacional. Sumado a errores de política interna, se producen crisis en algunas de esas naciones, con derrotas electorales en Argentina y Venezuela, desgaste de gobiernos en Brasil y Ecuador
Sin embargo, aun si no lograran recuperarse en esos países, se puede decir que hubo un fracaso de la izquierda latinoamericana. Se puede hablar de fracaso en países como México y Perú, donde el desgaste político y social de los gobiernos hasta ahora no pudo ser aprovechado por la izquierda para eligir gobieros y construir alternativas al neoliberalismo.
En los países en que pasó a gobernar, la izquierda ha puesto en práctica un modelo victorioso de desarrollo ecónomico con distribución de renta, aun en la contramano de las tendencias internacionales. Es la única región del mundo que logró elegir gobiernos antineoliberales y empezar a poner en práctica procesos de ruptura con el neoliberalismo. Las inmensas transformaciones sociales positivas en esas sociedades permanecen y son una marca incuestionable del éxito de esos gobiernos.
Los mandatarios de izquierda han logrado fortalecer procesos de integración regional por toda América Latina y el Caribe, por primer vez en su historia, procesos relativamente autónomos respecto de Estados Unidos. De forma que esos gobiernos aparecen como eje de la izquierda mundial en el siglo XXI, referencia incluso para fuerzas de la nueva izquierda europea, como Syriza y Podemos.
Aun en la crisis actual de algunos de esos países, las fuerzas que están calificadas para superar la crisis de forma progresista son las de la izquierda latinoamericana del siglo XXI. La derecha se propone restauraciones conservadoras y represivas –el gobierno de Mauricio Macri en Argentina es un ejemplo claro– y la ultraizquierda, un sector sin ningún peso político. El futuro de América Latina en el nuevo siglo depende de la disputa entre gobiernos posneoliberales y proyectos de restauración neoliberal.

martes, 10 de noviembre de 2015

La crisis del pensamiento crítico latinoamericano .- Emir Sader


E
n el momento de auge de los enfrentamientos políticos y de las grandes luchas de ideas en América Latina se siente con más fuerza la relativa ausencia de la intelectualidad crítica. En el momento en que los gobiernos progresistas sufren las más duras ofensivas de la derecha, que busca imponer procesos de restauración conservadora valiéndose del monopolio de los medios de comunicación, el pensamiento crítico latinoamericano podría tener un rol importante, pero su ausencia relativa es otro factor que afecta la fuerza del campo de la izquierda.
La derecha se vale de ese monopolio y de sus pop stars. Vargas Llosa y Fernando Henrique Cardoso vuelven con fuerza al campo para apoyar a Mauricio Macri, a la derecha venezolana y atacar a los gobiernos de Brasil, Ecuador y Bolivia. No les faltan espacios, aunque les falten ideas.
Al pensamiento crítico no carece de ideas, tiene que pelear por espacios, pero le falta mayor participación; se necesitan entidades que convoquen a la intelectualidad crítica a que participe activamente en el enfrentamiento de los problemas teóricos y políticos con que se enfrentan los procesos progresistas en America Latina.
A la pobreza de las propuestas de retorno a la centralidad del mercado, del Estado mínimo, de las políticas de retorno a la subordinación a EU, a la apología de las empresas privadas, queda un amplio marco de argumentos y de propuestas a ser asumidos por la intelectualidad de izquierda. Para desenmascarar las nuevas fisonomías que asume la derecha, para valorar los avances de la década y media de gobiernos posneoliberales, de promover el rol de esos gobiernos latinoamericanos, en la contracorriente de la onda neoliberal que sigue barriendo el mundo y los derechos de los más vulnerables.
Esos gobiernos han hecho la crítica, en la práctica, de los dogmas del pensamiento único, de quecualquier gobierno serio debiera centrarse en los ajustes fiscales. De que no era posible crecer distribuyendo renta. De que las políticas sociales sólo podrían existir como subproducto del crecimiento económico. Que el di­namismo depende de más mercado y menos Estado. Que no hay camino en el mundo que no sea el de la subordinación a los países del centro del capitalismo. Que el sur es el retraso.
En fin, todo lo que los gobiernos progresistas han desmentido rotundamente son argumentos fuertes para que el pensamiento crítico se apoye en ellos y encare las dificultades presentes en la perspectiva de la profundización de esos procesos y no de su abandono. Esto lo hacen los –de derecha y de ultraizquierda– que se refugian en el triste consuelo para ellos de un supuesto agotamiento del ciclo progresista. A ambas fuerzas les sobran motivaciones, derrotadas que han sido, por década y media. Pero les faltan razones; no pueden proyectar un futuro para el continente, que no sea la reiteración del pasado desastroso y superado o el discurso sin práctica.
Es momento de que el pensamiento crítico deje a un lado las prácticas burocráticas que neutralizan el potencial crítico del pensamiento latinoamericano, que demeritan las entidades tradicionales, y vuelvan a protagonizar, en primera línea, la lucha antineoliberal. Que vuelvan, sin miedo, a proponer ideas audaces, nuevas, emancipatorias, que vuelvan a engarzar la intelectualidad critica con las nuevas generaciones, huérfanas de futuro.
La burocratización es un enfermedad fatal para el pensamiento crítico, sea de las estructuras académicas, sea de las prácticas institucionales en otras instancias. ¿Hasta cuándo la intelectualidad crítica dejará que los intelectuales mediáticos de la derecha ocupen prácticamente solos los espacios de los debates de ideas, que formen nuevas generaciones en los valores del egoísmo, de los prejuicios, del consumismo?
La burocratización conduce a la despolitización, que es el mejor servicio que se puede prestar a la derecha, sustrayendo espacios críticos a la lucha de ideas para volcarlos simplemente a la manutención de cargos y de sueldos. Son burócratas que, aunque nominalmente pretenden pertenecer al campo de la izquierda, lo que hacen es desmoralizar a la izquierda, con el uso abusivo de las palabras sin práctica o con una práctica sin ideales ni proyección política concreta.
Fue una tragedia para la izquierda la separación entre una práctica sin teoría –que a menudo se pierde en los meandros de la institucionalidad vigente– y una teoría sin trascendencia concreta, que se pierde en sí misma.
Hoy es indispensable rescatar la articulación entre pensamiento crítico y lucha de superación del neoliberalismo, entre teoría y práctica, entre intelectualidad y compromiso político concreto. Si los viejos caminos se han desviado de esas vías, otros tienen que ser abiertos; los espacios públicos conquistados están ahí para ser ocupados.
Los caminos que encontramos hechos / son desechos de viejos destinos. / No crucemos por esos caminos / Porque sólo son caminos muertos, como canta Pablo Milanés.
Seamos fieles a los precursores del pensamiento crítico latinoamericano, pero sobre todo, fieles a los nuevos destinos que apenas hemos empezado a construir.
El que pierde la batalla de las ideas está predestinado a la derrota política. No merecemos perder una ni la otra.

martes, 11 de marzo de 2014

La izquierda, encabezada por Bachelet, vuelve al poder en Chile

El empresario derechista Sebastián Piñera le entrega hoy el mando de Chile a la socialista Michelle Bachelet, reviviendo una ceremonia de hace cuatro años, cuando ésta última le entregó la banda presidencial.
bachelet
La cena con Sebastián Piñera se realizó anoche en el patio de los Naranjos del histórico Palacio de la Moneda.


La líder socialista Michelle Bachelet asume este martes la Presidencia de Chile para los próximos cuatro años, en su retorno al poder después de un primer período (2006-2010), prometiendo liderar profundas reformas educativas, económicas y políticas.
Bachelet, de 62 años, será investida en una solemne ceremonia en la sede del Congreso en el puerto de Valparaíso (120 km al oeste de Santiago) al mediodía, en presencia de numerosos mandatarios de América Latina.
La presidente argentina, Cristina Kirchner; la mandataria brasileña, Dilma Rousseff; el boliviano Evo Morales, el peruano Ollanta Humala y los presidentes de Uruguay, José Mujica, de Paraguay, Horacio Cartes; de México, Enrique Peña Nieto; de Ecuador, Rafael Correa; de Colombia, Juan Manuel Santos, entre otros, acompañarán a Bachelet en su asunción.
Estados Unidos estará representado por su vicepresidente, Joe Biden, mientras que por España lo hará el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón.
El lunes por la noche, los presidentes de distintos países saludaron al presidente saliente, Sebastián Piñera, con quien cenaron. 
La coalición centro-derechista Alianza por Chile, que concluye hoy un gobierno de cuatro años, regresará a la oposición con un complejo escenario político, ya que seráminoría en ambas cámaras del Congreso.
Los representantes de la Alianza serán minoría tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, en la nueva legislatura.
(Agencias
)

domingo, 19 de mayo de 2013

Entrevista/ Luiz Inacio Lula da Silva, ex presidente



Lo necesario, lo posible y lo imposible
Un diálogo con quien se ha transformado en uno de los principales protagonistas de la política mundial contemporánea. Luiz Inacio Lula da Silva es un ser práctico, intuitivo, que busca la resolución concreta de los problemas. Fue en buena medida gracias a esa capacidad, que se desarrolló en Brasil un complejo proceso de articulación política que tornó posible la prioridad de lo social y la promoción de políticas igualitarias, la soberanía externa y la recuperación del papel activo del Estado en la construcción de los derechos ciudadanos. Estas y otras cuestiones son abordadas en esta entrevista realizada en San Pablo en el instituto que lleva su nombre y desde el cual el ex presidente brasileño desarrolla diversos proyectos sociales, culturales y académicos en América Latina y África.
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En 10 años del PT recuperamos el amor propio, asegura el ex presidenteFoto María Meléndrez Parada
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En 2011, en el Palacio de Minería, recibió de manos de Cuauhtémoc Cárdenas la medalla de la Fundación Amalia SolórzanoFoto José Antonio López
Emir Sader y Pablo Gentili*
 
Periódico La Jornada
Domingo 19 de mayo de 2013, p. 2
¿Cuál es su balance de los 10 años de gobierno del Partido de los Trabajadores?
–Creo que los pasados 10 años forman parte del mejor periodo que vivió Brasil en muchas décadas. Si analizamos las carencias que todavía existen, podemos reconocer que aún queda mucho por hacer para garantizarle a nuestro pueblo la conquista plena de ciudadanía. Pero, si analizamos lo que hicimos, observaremos que otros países no consiguieron, en 30 años, hacer lo que nosotros conseguimos en una década. Quebramos tabúes y prejuicios establecidos. Algunas verdades se esfumaron.
Primero, probamos que era plenamente posible crecer distribuyendo riqueza, que no era necesario esperar el crecimiento para distribuir. Segundo, que era posible aumentar los salarios sin inflación. Durante los pasados 10 años, los trabajadores tuvieron un aumento real en sus ingresos, el salario mínimo creció casi 74 por ciento y la inflación estuvo controlada. Tercero, durante esa década aumentamos nuestro comercio exterior y aumentamos nuestro mercado interno sin que eso entrase en conflicto. Decían antes que no era posible que crecieran al mismo tiempo el mercado externo y el mercado interno.
Esos fueron algunos tabúes que nosotros rompimos. Y, al mismo tiempo, hicimos una cosa que yo considero en extremo importante: probamos que poco dinero en mano de muchos es distribución de la riqueza y que mucho dinero en mano de pocos es la puerta para todo tipo de injusticias.
–¿La ruptura de esos tabúes fue percibida por la sociedad?
–Creo que mucha gente de clase media y rica terminó entendiéndolo. Quienes ironizaban el Programa Beca Familia, el aumento del crédito para la agricultura familiar, el programa Luz para Todos y otras políticas sociales que desarrollamos; aquellos que los despreciaban diciendo que era limosna, que era mero asistencialismo, percibieron que fueron esos millones de personas, cada una con un poquito de dinero en la mano, las que comenzaron a dar estabilidad a la economía brasileña, haciendo que creciese, generase empleo y más riqueza. Es una lógica que todo el mundo debería conocer.
¿Qué país del mundo va a crecer si su pueblo no tiene poder de compra? Desde el punto de vista económico, creo que nosotros marcamos una nueva trayectoria en la vida brasileña.
–¿Cuál es el gran legado de estos 10 años de gobierno?
–En estos diez años recuperamos el orgullo personal, el orgullo propio, la autoestima. Conquistamos cosas que antes parecían imposibles. Pasamos a ser más respetados en el mundo: las personas miran hoy a Brasil y no ven sólo chicos de la calle, Pelé o el carnaval. Las personas saben que este país tiene gobierno, que este país tiene política, que este país pasó a ser tratado como referencia para muchas cosas que fueron decisivas en el mundo.
Llegaremos al 2016 como la quinta economía del mundo. Pero lo más importante es tener en claro que el mayor objetivo de Brasil no es ser la quinta o la cuarta economía mundial. Es importante mejorar día a día la calidad de vida del pueblo brasileño, sea desde el punto de vista del salario, de la vivienda, del saneamiento básico, de la educación.
No somos más tratados como ciudadanos de segunda clase. Recuperamos el placer, el gusto de ser brasileños, el gusto de amar a nuestro país.
–¿Qué es lo que le produce más orgullo de todo lo que hizo en su gobierno?
–Siento mucho orgullo –en este caso es un orgullo muy personal, hasta un poco de vanidad– por pasar a la historia como el único presidente sin diploma universitario, pero que creó más universidades en este país. Creamos 14 universidades nacionales nuevas, 126 nuevos campus y 214 escuelas técnicas superiores. Esto entre 2003 y 2010.
Ayer recibí una carta de un señor que agradece la formación de su hijo en biomedicina. Es un chofer de ómnibus y también está estudiando derecho. Los dos gracias al Programa Universidad para Todos (Prouni). Pienso que esas cosas pasaron porque, en su sabiduría, el pueblo consiguió, después de tanto tiempo, de tantos prejuicios, probar a uno de ellos para gobernar este país.
Creo que pudimos concretar aquellas tres promesas de mi discurso de asunción: primero voy a hacer lo necesario, después voy a hacer lo posible y, cuando menos lo imagine, estaré haciendo lo imposible. La cosa sagrada es no tener miedo de conversar con el pueblo. Cuando tienes 92 por ciento de aprobación en las encuestas de opinión pública, quizás no necesitas conversar con el pueblo. Necesitas conversar con el pueblo cuando las papas queman, cuando estás siendo acusado, acorralado. Lo necesitas porque cuando conversas con el pueblo, y los haces mirando las personas a los ojos, ellas saben distinguir qué es mentira y qué es verdad. Y quién está de qué lado en toda esta historia.
–¿La reacción de la oposición y de ciertos sectores de la prensa a los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) no son desproporcionados frente a los resultados presentados?
–En 1979, yo era posiblemente la única unanimidad nacional del movimiento sindical, cuando surgió la bandera de la lucha por la libertad de organización política. Recuerdo que, por primera vez en una elección en São Bernardo do Campo1, hablé de la necesidad de creación del Partido de los Trabajadores. Cuando finalmente lo fundamos, dijeron que no sería posible tener un partido con las características del PT, creado y dirigido por trabajadores. Después dijeron que no pasaríamos de una cosa pequeñita, linda y radical. Y nosotros no nacimos para ser bonitos, ni radicales. Nacimos para tomar el poder.
–Pero también el PT nació para ser radical…
–El PT era muy rígido, y fue esa rigidez lo que le permitió llegar donde llegó. Sólo que, cuando un partido crece mucho, entra gente de todas las especies. O sea, cuando uno define que va a crear un partido democrático, de masas, puede entrar un cordero y puede entrar un jaguar, pero el partido llega al poder.
Nuestra llegada al poder no fue vista por la oposición como una alternancia beneficiosa para la democracia. Ellos no lo vieron así. Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado. Lo cierto es que entramos a la fiesta. Y lo peor para ellos: gobernamos bien.
Así fue que intentaron usar elepisodio del mensalão para acabar con el PT y, obviamente, terminar con mi gobierno. En esa época, había gente que decía: El PT murió, el PT acabó. Pasaron seis años y quienes acabaron fueron muchos de los partidos de oposición. El DEM2 ni sé si existe más, pero creo que no. El PSDB3 está intentando resucitar al joven Fernando Henrique Cardoso, porque no creó liderazgos, no promovió nuevos cuadros. Esto debe aumentar el resentimiento que ellos tienen contra nosotros.
Sin embargo, las elites nunca ganaron tanto dinero como ganaron en mi gobierno. Ni las emisoras de televisión, que estaban casi todas quebradas; los periódicos, que también estaban casi todos quebrados cuando asumí el gobierno. Las empresas y los bancos nunca ganaron tanto, pero los trabajadores también ganaron. El trabajador sólo puede ganar si a la empresa le va bien. No conozco, en la historia de la humanidad, un momento en que a una empresa le vaya mal y sus trabajadores consigan conquistar alguna otra cosa que no sea el desempleo.
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Lula durante la visita a México en septiembre de 2012Foto Roberto García Ortiz
–¿Por qué esto no se traduce en un relato favorable de los gobiernos de Lula y Dilma por parte de la prensa brasileña?
–Este país está andando bien, pero es verdad que no se ve eso en la prensa brasilera. Es increíble. Una vez Mario Soares vino a Brasil a hacerme una entrevista4. Cuando llegó aquí traía Le Monde, Der Spiegel, Financial Times y muchas otras revistas y periódicos internacionales. Me dijo: Lula, estoy enloquecido. Vengo de un continente en que todos hablan bien de Brasil. Pero, cuando llego aquí, leo la prensa brasileña y ella dice que nada anda bien en este país.
Una parte de la prensa nacional parece querer sustituir a los partidos políticos. O sea, el debate que debería hacerse en el parlamento, entre los partidos, y por la sociedad está siendo monopolizado por la prensa. Está siendo realizado solamente por algunas redacciones y, dentro de ellas, por algunos pocos columnistas que intentan fingir que no son políticos, que son imparciales. Creo que eso es malo, muy malo.
Intentar negar la política es un desastre, y ese es un error que puede ser cometido tanto por la derecha como por la izquierda. Intentar negar la política no sirvió en ningún lugar del mundo. Lo que vino después fue peor. Feliz la nación que tiene como interlocutores instituciones fuertes, sean ellas partidos, sindicatos, iglesias o movimientos sociales. Cuanto más fuertes son las instituciones y los movimientos sociales, más fuerte es la democracia y mejor estará garantizada. Y es esto lo que los sectores conservadores no comprenden.
–Brasil cambió en estos diez años y cambió para mejor. ¿Y usted, en qué cambió?
–Una de las cosas buenas de la vejez es sacar provecho de lo que la vida te enseña. Creo que la vida me enseñó mucho. Fundar un partido en las condiciones en las que lo hicimos fue muy difícil. Ahora que es un partido grande, todo es más fácil, pero yo viajaba de norte a sur de Brasil para hacer asambleas con tres o cuatro personas. Salía de San Pablo para Acre, en el extremo Norte, para hacer una reunión con diez personas, para convencer a Chico Mendes que entrara en el PT. Era muy difícil hacer caravanas, viajar para el noreste, tomar un ómnibus, estar una semana caminando, haciendo reuniones al mediodía, con un sol desgraciado, explicando lo que era el PT para que las personas se quisieran afiliar.
Yo cambié. Cambié porque aprendí mucho, pero continúo con los mismos ideales. Creo que sólo tiene sentido gobernar si uno consigue hacer que las personas más pobres tengan más oportunidades. Las personas necesitan solamente de oportunidades. Teniendo oportunidad, todo el mundo puede ser igual. Las personas sólo necesitan una chance. Creo que empezamos a hacer esto en mi gobierno. Pero el trabajo no está terminado. Uno no cambia generaciones de equívocos en apenas unos años. Necesita de tiempo para poder hacerlo. Creo que el camino que elegimos es el correcto.
–¿Y el PT, cambió?
–Existen dos Partidos de los Trabajadores. Uno es el PT del Congreso, de los parlamentarios, el PT de los dirigentes. Otra cosa es el PT de la base. Yo diría que 90 por ciento de la base del PT continúa igual a lo que era en 1980. Continúa queriendo un partido que no haga alianzas políticas, pero al mismo tiempo sabe que, para ganar, tiene que hacer acuerdos. Es una base muy exigente, muy solidaria y todavía desconocida por parte de la elite brasileña que conoce el PT superficialmente. El PT es muy fuerte en los movimientos sociales y en el interior del país. Esa fortaleza no siempre se expresa en la cantidad de votos.
Pero también está el PT electoralista. En Brasil, o hacemos una reforma política o la política va a tornarse más pervertida de lo que ya fue en cualquier otro momento. Es necesario que las personas entiendan que no solamente deberíamos tener financiamiento público de la campaña, como también debería ser un delito el uso de dinero privado. Que es necesario hacer el voto por lista, para que la pelea se dé internamente en los partidos. Podríamos tener un modelo mixto (un voto puede ser para la lista, el otro para el candidato). Lo que no se puede es continuar como está actualmente. El PT necesita reaccionar e intentar poner la reforma política en la agenda pública.
Algunas veces tengo la impresión de que los partidos políticos son un negocio, cuando, en rigor, deberían ser una institución extremadamente importante para la sociedad. La sociedad tendría que creer en los partidos y participar en ellos.
–¿Entonces el PT, no necesariamente cambió para mejor?
–Creo que el PT cambió porque aprendió la convivencia democrática de la diversidad; pero también creo que, en muchos momentos cometió los mismos desvíos que criticaba en los otros partidos políticos. Ese es el juego electoral que está colocado: si el político no tiene dinero, no puede ser candidato, no tiene cómo ser elegido. Si no tiene dinero para pagar la televisión, no hace campaña.
El PT tiene que aprender que, cuanto más fuerte se vuelve, más serio y riguroso tiene que ser. El PT necesita volver a creer en los valores que creíamos y que fueron banalizados por la disputa electoral. Yo, sinceramente, creo que este es el tipo de legado que tenemos que dejarle a nuestros hijos, a nuestros nietos. Probar que es posible hacer política con seriedad. Uno puede hacer el juego político, puede hacer alianzas, puede hacer coaliciones, pero no necesita establecer una relación promiscua con nadie para hacer política. Creo que el PT necesita volver urgentemente a tener esto como un horizonte propio, como un ejercicio práctico de la democracia.
–¿Qué lamenta de esta última década?
–Si hay un ciudadano que no puede reclamar por los pasados 10 años, soy yo.
1. Municipio del estado de San Pablo.
2. Demócratas, partido brasileño de derechas cuyo origen y algunos de sus dirigentes se remontan a la dictadura militar iniciada en 1964.
3. Partido da Social Democracia Brasileira, al que pertenece Fernando Henrique Cardoso.
4. Entrevista exclusiva concedida por el entonces presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, al ex presidente de Portugal, Mario Soares, para la radio y la tv de Portugal–RTP, 20/02/2008.
*Emir Sader es un sociólogo brasileño. Ex secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). Su último libro esLula e Dilma. Dez ano de movernos pós-neoliberais no Brasil (Flacso / Boitempo). Pablo Gentili es un sociólogo argentino. Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

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