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sábado, 31 de diciembre de 2016

La reputación perredista, demolida en el Ajusco

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Después de varios meses de gestiones administrativas, la delegación Tlalpan, encabezada por Claudia Sheinbaum, del Movimiento de Regeneración Nacional, decidió demoler dos de las tres cabañas construidas por Carlos Hernández Mirón y Eloy Fuentes Ortega, exfuncionarios de la demarcación, en el paraje La Rufina, zona del Ajusco. Ninguno de los dos comprobó ser el auténtico propietario, mientras que el tercero, Higinio Chávez, aún conserva su finca mediante argucias administrativas. El operativo del martes 6 se realizó semanas después de que Proceso documentó las tropelías de Chávez, quien estuvo al frente de la demarcación en el trienio 2009-2012.
El martes 6, alrededor de 200 trabajadores de la delegación Tlalpan acudieron al paraje conocido como La Rufina –de casi 15 mil metros cuadrados, en el bosque del Ajusco– y derribaron dos de las tres fincas campestres construidas por exfuncionarios de la demarcación en ese lugar, considerado uno de los principales pulmones de la Ciudad de México.
Acompañados por uniformados de la delegación y dos trascabos vaciaron una de las dos viviendas –la de Eloy Fuentes Ortega; la otra, perteneciente al diputado perredista Carlos Hernández Mirón, estaba semivacía– y procedieron a derruirlas.
Higinio Chávez García, quien fue jefe delegacional de 2009 a 2012 y es el presunto propietario de la tercera cabaña, estuvo ese día en el lugar y grabó con su celular todas las maniobras. Más tarde dijo a los reporteros que los dos inmuebles derruidos pertenecían a sus excolaboradores Hernández Mirón y Fuentes Ortega, a quienes él mismo se las vendió. Y declaró que la tercera vivienda edificada en la zona no es suya.
Eluin Fuentes Monzón, hijo de Fuentes Ortega, intentó infructuosamente frenar la demolición. Se subió a uno de los trascabos y le exigió al operador mostrarle la orden correspondiente. “Esto es un atropello”, vociferó.
Los uniformados presentes en el operativo lo bajaron de la máquina. Antes de retirarse, Fuentes Monzón responsabilizó a este semanario de la destrucción de las cabañas por informar en julio pasado sobre las suntuosas fincas campestres construidas a la altura del kilómetro 14 de la carretera Picacho-Ajusco, en suelo de conservación del Ajusco (Proceso 2072).
“Todo es culpa de la revista Proceso por publicar la información”, acusó.
El contrato privado
de Fuentes Ortega
Aun cuando ninguno de los usufructuarios de los tres predios ubicados en La Rufina tiene títulos de propiedad ni licencias de construcción, las autoridades delegacionales sólo pudieron derruir dos cabañas: la de Hernández Mirón –quien fue director general de Desarrollo Social en Tlalpan entre 2009-2012, precisamente cuando Chávez García era el titular de la demarcación; hoy es diputado federal por el PRD– y la de Fuentes Ortega, director general de Servicios Urbanos en el mismo trienio.
Ninguno de los dos afectados acreditó en tiempo y forma interés jurídico alguno sobre la propiedad usufructuada; tampoco promovieron ningún juicio de nulidad o de amparo durante todo el proceso de desahogo del procedimiento administrativo.
Ortega Fuentes intentó hacerlo en un primer momento. No tuvo éxito. Según la resolución administrativa emitida en noviembre último por la Dirección General Jurídica y de Gobierno de la delegación Tlalpan, el 24 de agosto el exfuncionario presentó un contrato privado de compraventa con el que pretendió acreditar la propiedad del predio de mil 864 metros cuadrados donde construyó su cabaña y un salón de fiestas.
El contrató con reserva de dominio fue suscrito el 17 de enero de 2008, un año antes de asumir la dirección general de Servicios Urbanos de la demarcación. Como parte vendedora del predio aparece el nombre de Chávez García, quien en 2009 asumió la jefatura delegacional.
En las cláusulas del contrato, Fuentes Ortega se comprometió a pagarle a Chávez García 700 mil pesos por el terreno en varias exhibiciones: 400 mil de enganche y el resto a plazos, según la copia del documento consultado por Proceso.
Asimismo, el vendedor consignó que el predio en cuestión fue adquirido a través de un contrato privado de cesión de derechos celebrado con Roberto Esquivel Romero el 25 de enero de 2005.
Sin embargo, el jurídico de la delegación rebotó la documental de Fuentes Ortega con el argumento de que presentaba algunas inconsistencias, mismas que debían subsanarse en los siguientes cinco días hábiles. El 9 de septiembre Fuentes Ortega presentó de nueva cuenta el escrito, pero no acreditó interés jurídico sobre la propiedad usufructuada, por lo que el jurídico delegacional dio por concluido el procedimiento administrativo el 15 de noviembre con la orden expresa de demoler la finca.
La finca de Hernández Mirón
El caso de Hernández Mirón fue distinto. El diputado federal perredista asumió una actitud pasiva de principio a fin al no mover un dedo para frenar la acción de la autoridad.
En declaraciones a la prensa, posteriores a la demolición, el legislador perredista insistió en que la cabaña derruida no era de su propiedad, pese a que su “padre político” –Chávez García–, lo desdijo al declarar públicamente que él mismo le vendió el predio de 2 mil metros cuadrados.
En ambos casos, la decisión de demoler estuvo sustentada en buena medida en los dictámenes ambientales que la delegación comandada por la delegada Sheinbaum, de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), realizó previamente, como parte del procedimiento administrativo.
Según los estudios, el polígono de los tres predios se encuentra dentro de una zona prolija en vegetación ordinaria que, por su estructura y función, favorecen la recarga del acuífero y la conservación de la biodiversidad, por lo que “está estrictamente prohibido el desmonte y la caza, y, por ende, el uso de suelo habitacional”.
Elaborados por un equipo de trabajo encabezado por la titular de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, Columba Jazmín López Gutiérrez, y por peritos de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México, los dictámenes destacan que las construcciones en el polígono de referencia ocasionaron la remoción de una buena parte de la vegetación nativa y propiciaron la propagación de flora exótica. El impacto ambiental que esto produce, consigna uno de los reportes, es la pérdida de la capacidad de infiltración fluvial y la de almacenamiento de carbono orgánico.
Con imágenes satelitales de Google Earth, entre otras periciales, los expertos corroboraron también que los tres predios ocupados formaban parte del bosque templado del Ajusco, que se derribaron árboles maduros y que, en síntesis, se modificaron los patrones ecológicos y evolutivos de la biodiversidad de ese pulmón de la Ciudad de México.
“La única forma de resarcir los daños es realizando los trabajos necesarios para que los predios vuelvan a su estado natural, es decir, mediante la demolición de las construcciones”, concluyeron los expertos.
Argucias del exdelegado
De los tres inmuebles, el único que no pudo ser tocado fue el de Chávez García, pues durante su gestión como delegado se borraron las evidencias de las irregularidades cometidas y se terminaron de construir las tres cabañas.
La suya es la más grande y suntuosa: ocupa una superficie de 9 mil 100 metros cuadrados, de los cuales 810.74 se encuentran construidos (Proceso 2072).
Chávez García, diputado del PRD con licencia, logró frenar provisionalmente la orden de demolición emitida por la Dirección General Jurídica y de Gobierno de la delegación Tlalpan al conseguir, el pasado 16 de noviembre, una suspensión definitiva de amparo que promovió ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de esta capital, así como la protección provisional de la justicia federal.
Amparado en un contrato de derechos posesorios que presuntamente le cedió un comunero de San Miguel Ajusco, de nombre Guillermo Vega Camacho, el 10 de marzo de 1999, Chávez García comenzó a litigar el asunto casi un mes después de que las autoridades delegacionales arrancaron el procedimiento administrativo en su contra –el 11 de agosto último–, con una visita de verificación al predio.
El 25 de agosto Susana García Cárdenas, esposa de Chávez García, acudió a la delegación a presentar un escrito de observaciones. Cuatro días más tarde, el Jurídico de la demarcación emitió un acuerdo de prevención para que la supuesta propietaria acreditara el interés jurídico y aportara pruebas de la legítima propiedad del predio.
Un par de días después, una vez notificada, García Cárdenas promovió un juicio de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso, mismo que fue admitido por la Primera Sala, ponencia dos.
Antes de que el Contencioso resolviera el asunto, el área jurídica de la delegación siguió adelante con el procedimiento y el 30 de septiembre ordenó la clausura del predio, previa notificación a los usufructuarios y su publicación en estrados.
El caso se atoró ahí porque el 27 de octubre la Primera Sala de lo Contencioso reconoció la validez de los actos impugnados por la quejosa en el juicio de nulidad I-78802/2016 de fecha 11 de octubre.
No conforme con ello, la defensa legal de Chávez García buscó la protección de la justicia federal con la promoción de un amparo ante un Juzgado de Distrito para evitar la demolición de la finca y el cobro de la sanción pecuniaria impuesta por la autoridad delegacional. El 16 de noviembre el juzgado le otorgó la suspensión definitiva en el juicio de amparo 1647/2016.
Un día después, Chávez García obtuvo otro triunfo en la batalla legal que libra con la delegación Tlalpan al ganar otro juicio de nulidad III/96008/2016 en el Tribunal de lo Contencioso: la resolución impide de momento a la autoridad ejecutar la demolición de la cabaña y cobrar la multa administrativa correspondiente, cuyo monto asciende a 5% del valor de la construcción.
El rancho Los Frutales
De acuerdo con un avalúo realizado por la esposa del exdelegado el 21 de agosto de 2015, un mes antes de que Claudia Sheinbaum asumiera las riendas de la delegación, la finca se cotizaba en 16 millones 200 mil pesos.
Bautizada por sus propios dueños como rancho Los Frutales, el inmueble, ubicado en los límites de los pueblos de Santo Tomás y San Miguel Ajusco, tiene estacionamiento para seis automóviles, vivienda para conserje, horno para barbacoa, terraza-bar, casa de muñecas, salón de fiestas con dos baños y medio, gallineros, baños exteriores y amplios jardines.
Construida con tabique rojo recocido y coronada con acabados de madera, la cabaña principal cuenta con sótano y dos niveles. En la planta baja hay dos terrazas –una de ellas con jardín–, cocina, antecomedor, comedor, oratorio, estancia doble, bar, baño, recámara en tapanco, acceso principal y chimenea; la de la parte alta tiene tres recámaras con clósets; todas tienen baño, y una cuenta con un baño extra para los invitados.
Los pisos son de loseta cerámica y de cantera en el exterior, y en el interior predomina la duela de madera natural.
Chávez García no escatimó en gastos. En el jardín mandó instalar un temascal y un spa con vestidor y regaderas, así como un cuarto de masajes. También construyó un estanque artificial rodeado de árboles frutales, cinco caballerizas, un picadero y una palapa de descanso, desde donde se puede apreciar la inmensidad del bosque del Ajusco, al que le quitó un pedacito.
Aunque hasta ahora la batalla legal se ha inclinado a favor del exjefe delegacional, la delegación todavía tiene un as bajo la manga para lograr su cometido de recuperar los casi 15 mil metros cuadrados escamoteados al bosque del Ajusco.
Se trata de una denuncia penal por la presunta comisión de delitos ambientales interpuesta contra Chávez García, Hernández Mirón y Fuentes Ortega.
La querella fue presentada por la representante legal de la delegación, Valeria Magdalena de la Rosa Tapia, el pasado 5 de septiembre en la agencia investigadora del Ministerio Público “B” de la Fiscalía Desconcentrada en Investigación en Delitos Ambientales y en Materia de Protección Urbana, misma que quedó radicada en la carpeta de investigación CI-FEDAPUR/A/UI-3 C/D/00124/08-2016.
No sería la primera querella contra el exdelegado. Detrás de la posesión de al menos uno de los dos predios que vendió a sus allegados hay una historia:
En 2007, Juan Antonio Urías Sandoval lo denunció por despojo. Según la indagatoria iniciada en aquel entonces –FTL/TLP/72/00446/07-5–, Chávez García le quitó a la fuerza un predio de 2 mil metros cuadrados en el paraje La Rufina, luego de que se negó a vendérselo.
Precedido de la amenaza de quitarle la propiedad “a como diera lugar”, el 5 de mayo de ese año Villegas Fabián encontró invadido el terreno por huestes del entonces diputado federal. En su declaración ministerial quedó asentado que Chávez García “me dijo que tenía fuero, que no se podía proceder en su contra y que, como ya había visto, podía controlar al fiscal, al Ministerio Público, al jefe delegacional y a la PGJ”.
No pasó nada.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sheinbaum asesta golpe al PRD

La delegada de Morena declara la guerra a sus antecesores perredistas, al demoler dos casas construidas en zona prohibida por exfuncionarios, y tener en la lista otra del exdelegado en Tlalpan, Higinio Chávez


La jefa delegacional de Tlalpan, Claudia Sheinbaum Pardo, tiene en la mira asestar un golpe a la corrupción de exfuncionarios perredistas que aprovecharon sus cargos para construir tres enormes casas en terrenos de conservación ecológica, en la zona boscosa de esa demarcación. 

Poco antes del mediodía, autoridades delegacionales arribaron al paraje conocido como La Rufina para acatar la resolución de un juez, que ordenó la demolición de dos de las tres propiedades en conflicto, luego de acreditarse el daño ambiental causado al terreno, en el que está prohibida la edificación de inmuebles.

Las autoridades demolieron ayer dos casas. Una es propiedad de quien fuera director de Servicios Urbanos de Tlalpan, Eloy Fuentes; y la segunda, presuntamente del diputado federal por el Distrito 14, Carlos Hernández Mirón.

Mientras que la tercera propiedad señalada como irregular es del exdelegado perredista, Higinio Chávez; está por resolverse la orden de demolición ya que su esposa tramitó un amparo.

Chávez gobernó esa demarcación del 2009 al 2012; se convirtió en diputado local durante esta legislatura, pero en marzo de este año cedió su curul en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México a su hijo, Luis Alberto Chávez García, quien actualmente se desempeña en el cargo.

Construyen con agravante

Para llegar a dichos inmuebles hay que avanzar por la carretera Picacho-Ajusco e ingresar al paraje por una pequeña brecha de terracería que conecta a ese lugar.

Fernando Hernández Palacio, director general Jurídico y de Gobierno de Tlalpan, encabezó el operativo y explicó en entrevista que los exfuncionarios violaron la Ley de uso de suelo aprovechándose de sus cargos y apostando a la impunidad.

“Es el resultado de una resolución que se origina con un proceso de verificación, la Delegación acuerda la demolición porque estas construcciones están en suelo de conservación ecológica, con una agravante: las personas que construyeron sabían que no podían construir porque eran funcionarios públicos; uno era delegado, los otros dos eran directores generales en la Delegación 
Tlalpan”, detalló.

“Ellos sabían que no podían construir aquí, pero pensaron que por sus cargos no iba a pasarles nada y que tendrían impunidad para hacer lo que se les antojara. 

“Nosotros tenemos la obligación de hacer guardar las leyes (…) por eso es que estamos procediendo a derribarlas”, acotó el responsable del área Jurídica en la demarcación que ahora gobierna Morena.

Los asiste el derecho

Cuando se realizaban las maniobras de demolición y las máquinas comenzaron a derribar el primero de los inmuebles, llegó hasta el lugar el exdelegado Higinio Chávez.

Hernández Palacio no descartó que en los próximos meses la Delegación Tlalpan destruya también la enorme casa de Chávez, al comprobarse que viola la ley.

“Como Higinio tiene un amparo, un juez de distrito le concedió una suspensión temporal, estamos litigando el asunto, creemos que le vamos a ganar y cuando tengamos la sentencia a nuestro favor procederemos a la demolición”.

lunes, 3 de octubre de 2016

Demolerán finca ilegal de exfuncionario perredista en El Ajusco

Mansión de Chávez. Abuso de poder. Foto: Benjamín Flores
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En los próximos días, autoridades de la delegación Tlalpan demolerán la primera de las tres fincas campestres que exfuncionarios perredistas construyeron ilegalmente dentro del paraje La Rufina, en la zona de El Ajusco.
Dicho sitio es considerado por la normatividad ambiental y de desarrollo urbano vigentes como área natural protegida, primordial para la preservación del ecosistema de la urbe, por lo que está prohibido la construcción de viviendas de uso habitacional.
Se trata de la finca que, a decir de los propios comuneros del pueblo de Santo Tomás Ajusco, donde se encuentra el paraje La Rufina, pertenece al exdirector general de Desarrollo Social y actual diputado local Carlos Hernández Mirón, quien inexplicablemente dejó agotar los tiempos legales para intentar frenar la acción del gobierno delegacional que encabeza la morenista Claudia Sheinbaum.
En su resolución sobre el primero de los tres expedientes abiertos a raíz de que el semanario Proceso dio a conocer el asunto en su edición del 17 de julio pasado (número 2072), el director general Jurídico y de Gobierno de Tlalpan, Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón ordenó la demolición “total” de la construcción, determinó aplicar una multa al propietario del 5% del valor de la construcción, y decretó la clausurara “total” de la superficie ocupada por el inmueble en cuestión.

Lo anterior por no acreditar la posesión del predio y carecer de la licencia de construcción especial, así como por violentar la ley ambiental al remover la cubierta vegetal para construir vivienda habitacional en suelo de conservación, entre otras disposiciones legales.
El pasado 8 de agosto la delegación Tlalpan inició el procedimiento administrativo relacionado con la finca propiedad de Eloy Fuentes Ortega, exdirector general de Servicios Urbano y operador financiero del extitular de la demarcación, el también perredista Higinio Chávez García.
A diferencia de su compañero y vecino Hernández Mirón, que no reconoció como suya la finca, Fuentes Ortega si compareció a la garantía de audiencia ante la autoridad delegacional. En la diligencia, el exfuncionario confesó que el predio se lo compró a su expatrón, el exdelegado Higinio Chávez, y como prueba de ello exhibió un contrato de compraventa privado.
En dicho documento se acredita la venta del predio de mil 864 metros cuadrados por la cantidad de 700 mil pesos.
Igual que en el anterior caso, Fuentes Ortega no acreditó la legitima propiedad, tampoco presentó la licencia especial para construir en suelo de conservación y menos aún no logró probar que tiene interés jurídico sobre la propiedad.
Por tal motivo, la autoridad delegacional está en espera de que venza el plazo legal para emitir cerrar el procedimiento administrativo correspondiente con la orden de demoler la finca y recuperar el terreno.
El tercer procedimiento iniciado por la delegación Tlalpan corresponde a la residencia campestre del exdelegado y actual diputado local con licencia, Higinio Chávez García, aunque su esposa Susana García Cárdenas se acreditó como dueña de la misma en la audiencia de garantía.
Según la mujer, el terreno de 9 mil 069 metros cuadrados se lo compró el 10 de marzo de 1999 a Guillermo Vega Camacho por la cantidad de 475 mil pesos. En este caso en particular, se trató de una cesión de derechos posesorios.
Aun así, las autoridades delegacionales prosiguieron con el procedimiento, pero la defensa legal de García Cárdenas interpuso un juicio de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de esta capital el pasado 2 de septiembre con el argumento de que se están violando sus garantías.
Curiosamente, los defensores que asisten a la esposa de Higinio Chávez operan en el módulo delegacional de su hijo y actual diputado local suplente Luis Alberto Chávez García. Se trata de los litigantes Alfredo Yudico Romo, María de los Ángeles Hernández Martínez y Jorge Ambrosio Rocha.
Este caso en particular podría alargarse por las medios de defensa que presente la parte afectada.
La finca de Higinio Chávez es la más ostentosa de las tres. Bautizada por sus propios dueños como Rancho Los Frutales, la casa campestre tiene un estacionamiento para seis automóviles, vivienda para conserje, horno para barbacoa, terraza-bar, casa de muñecas, salón de fiestas con dos y medio baños, gallineros, baños exteriores y amplios jardines.
Construida con ladrillo rojo recocido y acabado de madera, la cabaña principal tiene sótano y dos niveles. En la planta alta hay dos terrazas –una de ellas con jardín—cocina, antecomedor, comedor, oratorio, estancia doble, bar, recámara en tapanco, acceso principal y chimenea; la de la parte alta tiene tres recámaras con clósets; todas tienen baño, y una cuenta con un sanitario adicional para los invitados.
Los pisos son de loseta cerámica y de cantera en el exterior, mientras que en el interior predomina la duela de madera natural.
Chávez no escatimó en gastos. En el jardín mandó instalar un temazcal y un spa con vestidor y regaderas, así como un cuarto de masajes.
También construyó un estanque artificial rodeado de árboles frutales, cinco caballerizas, un picadero y una palapa de descanso, desde donde se puede apreciar la inmensidad del bosque del Ajusco.

domingo, 17 de julio de 2016

Impunidad en el Ajusco Casas de perredistas, en un área natural protegida


RAÚL MONGE
Desde 2007, Higinio Chávez García, entonces diputado federal por el PRD, fue denunciado por despojo de un predio de 2 mil metros cuadrados en el paraje La Rufina, en el Ajusco. La denuncia quedó asentada pero no prosperó. Y en 2009, cuando Chávez llegó como titular a la demarcación, el expediente simplemente desapareció. Él siguió acumulando terrenos hasta poseer una hectárea. Ahí construyó una lujosa finca e incluso vendió o donó una porción a dos de sus colaboradores para que hicieran lo propio… La vieja idea de construir ahí un parque ecoturístico fue una simple quimera.
En los albores del sexenio de Marcelo Ebrard (2006-2012) en el gobierno de la Ciudad de México, el entonces diputado federal perredista Higinio Chávez García convenció al jefe delegacional de Tlalpan y actual oficial mayor de la Asamblea Legislativa, Guillermo Sánchez Torres, de establecer un parque ecoturístico en La Rufina.
Ese paraje es una privilegiada área natural protegida del Ajusco, primordial para la preservación del ecosistema de la megaurbe, y se encuentra a la altura del kilómetro 14 de la carretera Picacho-Ajusco, dentro de la comunidad de Santo Tomás Ajusco.
Como representante popular de los pueblos de esa zona rural del sur de la capital del país, Chávez García gestionó y logró incluso juntar una bolsa con recursos federales y locales para echar a andar dicho proyecto de turismo alternativo que, según pregonó en aquel tiempo, sería administrado por los propios comuneros del pueblo, bajo la tutela de la autoridad delegacional.
El asunto quedó amarrado. Sin embargo, el arranque de las obras del ecoparque coincidió con la presentación de una denuncia en la Procuraduría General de Justicia capitalina contra Chávez García, diputado local con licencia, por los presuntos delitos de despojo y tala.
En la querella presentada a principios de mayo de 2007, registrada con el número FTL/TLP/T2/00446/07-5 en la Agencia 2 de Tlalpan, a cargo entonces del fiscal Juan Antonio Urías Sandoval, el denunciante, Enrique Villegas Fabián, acusó a Chávez García de haberlo despojado por la fuerza de un predio de 2 mil metros cuadrados, justo en el paraje La Rufina, que, dijo, había adquirido cuatro años atrás, en 2003.
Además, refirió que a principios de 2007 el entonces diputado federal intentó primero comprarle el terreno. “Me negué. Le dije que era el patrimonio de mis hijos”.
Al no lograr su propósito, expuso Villegas en su denuncia, Chávez le advirtió que se atuviera a las consecuencias, pues buscaría la forma de apropiarse del predio “a como diera lugar”.
Y así lo hizo. El 5 de mayo de ese año Villegas Fabián encontró invadido el terreno por huestes del legislador perredista que actualmente forma parte de la corriente Vanguardia Progresista, la tribu que dirige Héctor Serrano, secretario de Movilidad y operador político del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera.
“Las personas que lo invadieron iban armadas y me dijeron que no siguiera chingando porque me iban a romper la madre”, detalló Villegas en su declaración ministerial y en un escrito dirigido al entonces presidente Felipe Calderón.
No conforme con ello, relató el agraviado, el legislador le aconsejó que ya no hiciera más escándalo, que mejor le cediera el terreno y dejara las cosas en paz. “Me dijo que tenía fuero, que no se podía proceder en su contra y que, como ya había visto, podía controlar al fiscal, al Ministerio Público, al jefe delegacional y a la PGJ”, subrayó Villegas.
Una denuncia extraviada
Pese a los agravios, la denuncia penal nunca siguió la ruta jurídica formal y se perdió en el laberinto burocrático del sistema de justicia penal.
Así, amparado en su fuero y en contubernio con las autoridades delegacionales, Chávez se quedó con el predio ubicado en el paraje La Rufina, ubicado en una zona pródiga en vegetación natural.
En los meses subsecuentes –y de manera subrepticia–, el legislador perredista, quien el pasado 15 de marzo solicitó licencia para separarse del cargo en la Asamblea Legislativa y su lugar fue ocupado por su suplente, su hijo Luis Alberto Chávez García, logró incrementar la superficie del predio de 2 mil metros cuadrados a poco más de una hectárea, todo dentro de una zona natural protegida.
Antes de dejar su curul en la Cámara de Diputados para ir en busca de la candidatura a la delegación Tlalpan en 2009, y en flagrante violación a la normatividad ambiental, Chávez comenzó a desmontar progresivamente el terreno y a colocar los cimientos de su finca campestre.
La tala, la extracción de la cubierta vegetal y las obras de construcción no pasaron inadvertidas para algunos pobladores inconformes. De inmediato informaron a las autoridades delegacionales, en particular a la dirección de Ecología.
Personal que trabajó en esa dependencia en aquel tiempo y que se reserva su identidad por temor a represalias de Chávez y sus huestes, cuenta al reportero que, a partir de la denuncia, se inició un procedimiento administrativo en el que salió a relucir por vez primera el nombre de Chávez como “propietario” del terreno.
Pese a los recursos legales interpuestos por el legislador perredista con licencia a través de su abogado, Armando Estrada Carbajal, para frenar el procedimiento, la autoridad ambiental encontró elementos suficientes para clausurar y proceder a la demolición de las obras en el predio que para entonces llevaban cerca de 50% de avance.
Pero la orden de demolición nunca se concretó. En vísperas de los comicios intermedios de 2009, en los que se renovaron las 16 jefaturas delegacionales de la capital, Chávez logró detener de manera provisional el dictamen de la autoridad al promover un recurso de inconformidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de la Ciudad de México.
El triunfo de Chávez en las elecciones de ese año le dio un giro distinto al caso. Exempleados de la desaparecida dirección de Ecología cuentan que cuando él comenzó a despachar en la demarcación, el expediente del predio La Rufina desapareció.
En la entonces dirección general Jurídica y de Gobierno –el segundo cargo en importancia en las demarcaciones territoriales–, recuerdan, Chávez acomodó a Estrada Carbajal, el abogado que llevó el litigio; además, disolvió la dirección de Ecología y transfirió las funciones de ésta al área jurídica.
En el gabinete higinista también encontraron espacio otros dos colaboradores: Eloy Fuentes Ortega y Carlos Hernández Mirón, quienes construyeron de manera indebida cabañas de descanso en el paraje La Rufina en predios que el propio Chávez les vendió o cedió. Ese punto, dicen los entrevistados, no lo tienen claro los trabajadores de la delegación.
Fuentes Ortega, aseguran los exempleados, fungió como director general de Servicios Urbanos, aunque en realidad ha sido el operador financiero de Chávez, mientras que Hernández Mirón, antiguo director general de Desarrollo Social en Tlalpan, es considerado hijo político de Chávez. Actualmente, Hernández ocupa una curul en la Asamblea Legislativa por segunda ocasión.
Las fincas
Desaparecidas las evidencias que pudieran comprometerlo, Higinio Chávez dedicó parte de su tiempo como jefe delegacional a terminar la construcción de su casa campestre.
El 21 de agosto de 2015 –mes y medio antes de que su sucesora en la delegación Tlalpan, la también perredista Maricela Contreras Julián, entregara las riendas de la delegación a Claudia Sheinbaum, de Morena–, Chávez mandó valuar su finca, que hoy se cotiza en 16 millones 200 mil pesos, según el valor del mercado.
Según el documento, copia del cual tiene Proceso, la esposa de Chávez, Susana García Cárdenas, es propietaria del predio de 9 mil 100 metros cuadrados, de los cuales sólo 810.74 metros se encuentran construidos.
Bautizada por sus propios dueños como Rancho Los Frutales, la finca tiene un estacionamiento para seis automóviles, vivienda para conserje, horno para barbacoa, terraza-bar, casa de muñecas, salón de fiestas con dos y medio baños, gallineros, baños exteriores y amplios jardines.
Construida con ladrillo rojo recocido y acabados de madera, la cabaña principal tiene sótano y dos niveles. En la planta baja hay dos terrazas –una de ellas con jardín–, cocina, antecomedor, comedor, oratorio, estancia doble, bar, baño, recámara en tapanco, acceso principal y chimenea; la de la parte alta tiene tres recámaras con clósets; todas tienen baño, y una cuenta con un baño más para los invitados.
Los pisos son de loseta cerámica y de cantera en el exterior, mientras que en el interior predomina la duela de madera natural.
Chávez no escatimó en gastos. En el jardín mandó instalar un temazcal y un spa con vestidor y regaderas, así como un cuarto de masajes.
También construyó un estanque artificial rodeado de árboles frutales, cinco caballerizas, un picadero y una palapa de descanso, desde donde se puede apreciar la inmensidad del bosque del Ajusco.
Como el Programa General de Ordenamiento Ecológico prohíbe el uso de suelo habitacional en la zona, la finca campestre del exfuncionario perredista carece de los servicios de agua, luz y drenaje.
Sin embargo, el propietario resolvió esos inconvenientes. Para allegarse agua, se conectó a una toma clandestina, oculta sobre la carretera Picacho-Ajusco, a la altura del kilómetro 18.8. El líquido proviene de un manantial natural.
Ante la falta de drenaje, construyó fosas sépticas, y para iluminar el inmueble instaló plantas de luz de diésel y gas.
En contraste, las fincas campestres de Fuentes Ortega y Hernández Mirón son modestas. Con excepción de la casa de Hernández Mirón, las otras dos edificaciones cuentan con vigilancia permanente, incluidos dos mastines que impiden que alguien se acerque a la malla ciclónica que las circunda.
El acceso más fácil a las tres fincas construidas por los exfuncionarios de la delegación Tlalpan en un área de conservación ecológica del Ajusco es por la carretera Picacho-Ajusco. A la altura del kilómetro 14 se encuentra una desviación que conduce directamente hacia el paraje La Rufina, perteneciente a la comunidad de Santo Tomás Ajusco.
Unos 200 metros adelante hay una brecha por donde sólo puede circular un vehículo. En la entrada, una parte del paraje está ocupado por un complejo deportivo de la Universidad Marista. Las instalaciones cuentan con dos canchas de futbol empastadas y un área de vestidores. En el portón, un letrero advierte que se trata de una propiedad privada.
Enfrente, del lado derecho, se observan los remanentes del fallido proyecto ecoturístico impulsado por el exdiputado y exdelegado tlalpense Higinio Chávez. Metros adelante, se encuentran seis viviendas de cartón y lámina ocupadas por presuntas familias de comuneros del pueblo de Santo Tomás Ajusco.
Pero basta adentrarse aproximadamente dos kilómetros por el accidentado camino para llegar a las suntuosas fincas de Chávez, Fuentes Ortega y Hernández Mirón, que rompen con la armonía de ese sitio, pródigo en vegetación y fundamental para la preservación del ecosistema de la capital del país.
Además, la normatividad ambiental vigente prohíbe el uso habitacional en suelo de conservación, salvo en los cascos urbanos de las poblaciones rurales. En la delegación Tlalpan, 83.5% del territorio (25 mil 426 hectáreas) corresponde a suelo de conservación, y el restante 16.5% (5 mil 23 hectáreas), a suelo urbano.

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