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jueves, 13 de octubre de 2016

Van a maicear a impulsores de la ley 3 de 3: López Obrador

De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Jueves 13 de octubre de 2016, p. 18
Andrés Manuel López Obrador advirtió ayer que quienes propusieron la ley 3 de 3 formarán parte del instituto nacional anticorrupción.
“Pura simulación, puro engaño… Ahora serán funcionarios de este instituto, que tiene calculado un presupuesto para el próximo año de 150 millones de pesos. O sea que van a maicear bien a los funcionarios del instituto anticorrupción”, señaló en un video en Facebook.
Afirmó que esa instancia es como un hijito del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), que tiene un presupuesto de mil millones de pesos; ganan muy bien los de este instituto, señaló.
Indicó que siguiendo con ese ejemplo, va ahora lo del instituto anticorrupción. Pura simulación, puro engaño, porque este es un régimen cuya naturaleza es la corrupción; es un gobierno corrupto y los jefes de la mafia del poder, los del PRIAN y sus acólitos, desde luego en medios de comunicación, en la academia, tratan de engañar, de simular que se van a combatir las corruptelas.
López Obrador insistió que el principal problema de México es ese flagelo, que no se va a poder remediar si no hay un cambio de régimen.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Austera honestidad .- Luis Linares Zapata


L
a austeridad, como conducta pública, provoca reacciones de distinto calibre e intensidad en ambientes normalmente afectados por prácticas contrarias. Mientras mayor la discrepancia, las reacciones subirán de intensidad hasta llegar al desatino, el desprecio, la ira o, incluso, la violencia. La austeridad es una rara avis que no suele congraciarse con las ambiciones desatadas y la lucha por la predominancia a cualquier precio:haiga sido como haiga sido, reverbera por ahí. Así como el poderoso tiende a rodearse de signos, instrumentos, rituales y símbolos que agranden su esfera de influencia, el austero choca, casi por necesidad, con tal parafernalia. Otros valores deben entonces acompasar a la austeridad para darle sentido, contenido y, sobre todo, ejemplaridad. La honestidad es uno de esos distintivos que se tornan necesarios, indispensables, podría decirse. Si, además de sujetar la conducta individual a patrones austeros, se acompaña con otros baluartes y principios, se obtienen ante los demás aires, rasgos dignos de atenta escucha, seguimiento o respeto.
Para aquellos regidos sólo por las apariencias y la ostentación, el austero se torna inaceptable, molesto, condenable al destierro. Si a esa formalidad del deber ser se le suman rasgos de frivolidad, derroche o lujos presumibles, entonces el austero se trasmuta en una suerte de ser despreciable, digno de persecución y escarnio. Mucho de lo que hoy acontece en el ámbito público tiene relación con lo dicho con anterioridad.
La declaración de 3 de 3 que presentó Andrés Manuel López Obrador se volvió, tan pronto como se hizo de conocimiento general, en punto nodal de rechazo y ataque por parte de los paladines, representativos y difusores del oficialismo predominante. Las reacciones al desplante del tabasqueño han sido sonoras, parecidas o, mejor dicho, idénticas en su irritación. Se le niega veracidad a su declaratoria con el sencillo argumento de así parecer a sus ajenos y chispeantes ojos. Lo que afirma no poseer, sostienen, es simplemente increíble; algo oculta, sospechan de inmediato y al unísono. Los 50 mil pesos que dice ganar mensualmente no le alcanzan a una persona como él, concluyen. Es, siempre ha sido López Obrador –adjuntan como argumento de peso final–, opaco en su quehacer, decir y pensar. Nadie sabe de dónde, en todo caso, provienen esos dineros que afirma recibir. Bien saben tales críticos que las fuentes suelen ser variadas y legales, pero dejar la sospecha hace su trabajo de zapa. Para un hombre que ha ocupado posiciones políticas o burocráticas de importancia, su capital y modo de vida no concuerdan, alegan, con su ingreso declarado. Menos todavía si, ahora, declara no poseer bienes. Le reclaman que lo que una vez tuvo (casa, terreno, departamento) lo haya donado a sus familiares: ¿acaso es Jesucristo?, llegan a preguntarse alarmados.
Algunos otros, menos evidentes en su crítica y ninguneo, cuestionan que cuando fue funcionario no creó instituciones que propiciaran la honestidad en el servicio público. Un asunto ciertamente debatible si el pasado se enfoca con criterios actuales o con exigencias colectivas hoy vigentes. Es sin duda válido argumentar que, en general, no es suficiente la honestidad en la cúpula para que el ejemplo se trasmine hacia abajo y se haga conducta general. Pero, en efecto, la austeridad honesta del líder busca la manera de asentarse en otros ámbitos, cercanos algunos, lejanos otros más. Hay, en la actualidad, que acompasar la rectitud de las acciones personales con ordenamientos, con creación de instituciones que puedan perdurar y ser eficaces. Bien se sabe que lo usual, por conocida práctica, es proceder a legislar con la mira puesta en hacer la ley y, al mismo tenor, hacer la trampa. Se prolonga así la impunidad como cemento de las abundantes complicidades que plagan el sistema mexicano.
Echar una ojeada a las propiedades presidenciales en México da una clara muestra de por qué López Obrador es tan irritante al oficialismo. Recordemos las casas de algunos de ellos. Las de Miguel Alemán, las de Carlos Salinas, las de Vicente Fox, Ernesto Zedillo o José López Portillo, Felipe Calderón y Luis Echeverría. Cualquiera de ellas cuadruplica o centuplica a todas las propiedades juntas que López Obrador había declarado como suyas. Heredarlas a sus hijos es, además, un acto reconocible, de ninguna forma criticable.
Tuve a bien recorrer, junto con Andrés Manuel, buena parte de los municipios de esta República. Puedo dar testimonio de su modo de vida, tanto personal como la que despliega al ser líder de un movimiento ahora partido político (Morena). No sólo es la austeridad su distintivo básico, estricto y sin presunciones. Su espartana honestidad, que no se agota en lo económico, sino que rebasa tan básico criterio para instalarse en la correspondencia de lo dicho con sus hechos o en el reconocimiento, sin paliativos, del mérito ajeno. Ver, sin tapujos que valgan, las carencias, miserias, incapacidades a las que se sujeta abusivamente a gran parte de los mexicanos, es parte consustancial de su honestidad. Decirlo sin velos y suavidades sin duda le acarrea reclamos, odios y enemigos al por mayor, pero, al mismo tiempo, sus ecos se escuchan, con claridad, por incontables lugares que pocos sospechan. López Obrador es un destructor de mitos anquilosados por el formalismo vigente. Descobijar a mustios, cínicos y mafiosos se vuelve obligado, patriótico, se podría decir con justicia. Por eso es tan peligroso para la continuidad de un tinglado plagado de complicidades.

martes, 17 de mayo de 2016

Buscando “3 de 3” pies al gato, artículo de @Irma_Sandoval

Lo que realmente necesitamos en México es un cuarto poder ciudadano constitucionalizado, que funcione a la manera de como se ha venido haciendo en los países del Cono Sur, sostiene la autora. La iniciativa “3 de 3” se parece al Teletón. Utiliza una causa perfectamente legítima, la atención a los discapacitados o el combate a la corrupción, para fines políticos y empresariales. En lugar de atacar de raíz los problemas estructurales que están destruyendo la nación, este tipo de iniciativas son salidas falsas que ofrece a los ciudadanos el desahogo o de donar unos pesos o de firmar una hoja, sin realmente permitir que la sociedad se movilice a favor de un cambio de fondo en la política nacional. No nos hagamos tontos, quien realmente está frenando la aprobación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y la tan traída y llevada “Ley 3 de 3” no es ni el Senado de la Republica, ni los partidos, sino el verdadero dueño del negocio de la política: Televisa y sus aliados estratégicos. El Senado ha frenado la aprobación del SNA porque los mismos patrocinadores de la iniciativa “ciudadana”así se lo han ordenado. A Televisa, al Consejo Coordinador Empresarial (CCE), al Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN) y a sus organizaciones no-gubernamentales aliadas, como el IMCO, no les conviene que se apruebe un Sistema Anticorrupción verdaderamente robusto. Para ellos la corrupción debe ser reducida, ubicada y concentrada exclusivamente dentro de las instituciones públicas y gubernamentales. Jamás reconocerán al sector privado como la fuente primigenia de la corrupción, ni siquiera se muestran dispuestos a señalar la activa complicidad y fomento de las elites empresariales y el sector privado en el saqueo del presupuesto público. El mismo asesor jurídico de Televisa, Javier Tejado Dondé, ha argumentado de forma cínica que es “un sinsentido” que “todas las empresas del sector de comunicaciones estén sujetas a la ley 3 de 3” tan sólo por el simple hecho de recibir “ingresos del gobierno por alguna venta”. El vocero de la televisora se dice traicionado ya que reconoce que si bien “el motor” para conseguir las firmas que respaldan esa iniciativa fueron las empresas afiliadas de forma corporativa al CCE y el CMHN, hoy “el empresariado acabó siendo víctima de su propia iniciativa”. Para los oligarcas de este país, la corrupción es, y sólo puede ser, un fenómeno que emerge de las instituciones públicas. Tal posición es hoy insostenible después de los escándalos que involucran tanto al Grupo HIGA como a Televisa en ominosos episodios de lavado de dinero y transferencia multimillonarias de fondos a paraísos fiscales. También habría que recordarle a Tejado Dondé que Televisa no sólo realiza “alguna venta” al gobierno sino que cada año vende miles de millones de pesos en publicidad. La organización Fundar lo sabe, ellos han documentado que Enrique Peña Nieto gastó más de 14 mil millones de pesos en publicidad solamente durante los primeros dos años de su gobierno, y para el gasto de estos millones Televisa ha sido contratista favorito. Mientras que con gran histrionismo los voceros de la iniciativa “3 de 3” vociferan indignados desde las pantallas de Televisa, contra el inmovilismo de los políticos; nunca se atreven a exigir su “3 de 3” a ningún funcionario corporativo de los medios de comunicación o inversionista de Asociaciones Público Privadas, ni siquiera se atreven ellos mismos a predicar con el ejemplo. Se trata de un espectáculo mediático diseñado para distraer la atención de los verdaderos enemigos de la rendición de cuentas y de paso desprestigiar la vía de la acción social y política de izquierda para la resolución de nuestros problemas que ha planteado el nuevo partido Morena. La simulación gubernamental y de algunos sectores de la autodenominada “sociedad civil” quedó particularmente exhibida en la reciente cumbre de combate a la corrupción celebrada en Londres. Tanto Virgilio Andrade como Juan Pardinas se paseaban con donaire entre los miembros elite de la corruptología internacional presumiendo sus grandes logros e iniciativas, mientras en México nos hundimos cada día más bajo una montaña de mentiras y simulaciones. El verdadero propósito de la “Ley 3 de 3” que no es en realidad ni una ley, ni realmente busca combatir la corrupción, no es entonces aprobar un nuevo marco jurídico de vanguardia, sino hay que decirlo sin ambages, la acción política y electoral. Las más de 600,000 mil firmas y datos personales supuestamente reunidos por los organizadores constituyen una formidable plataforma de despegue para el lanzamiento de un candidato “independiente” apoyado por la oligarquía en 2018. Este nuevo partido ya incluso cuenta con numerosos pre-candidatos. Jaime Rodríguez, Pedro Ferriz de Con, Jorge Castañeda y Denise Dresser, todos han anunciado sus intenciones de competir por la Presidencia de la República. Es también importante señalar que en el fondo la llamada “ley 3 de 3” está destinada al fracaso. Primero porque se trata de un desarticulado conjunto de planteamientos que no toca ni con el pétalo de una rosa a los poderes fácticos y las redes de testaferros y lavadores de dinero que están desmantelando la nación. Segundo porque la iniciativa no sale de la óptica tecnocrática que ya ha demostrado ser tan poco útil para el combate de la corrupción. Su gran propuesta es el establecimiento de un “CONEVAL” de la Corrupción, que a la manera de Perogrullo “rediseñe el derecho penal y administrativo por completo”. Tercero porque como el propio Dr. Mauricio Merino lo ha reconocido en la televisión, la “ley 3 de 3” no sería sino una simple “marca”, “una estrategia de comunicación” orientada a aprovechar la indignación y el hartazgo social de la corrupción. Así la pregunta central es: por qué le buscamos “tres de tres” pies al gato si lo que hace falta para andar en la lucha contra la corrupción son 4. Lo que realmente necesitamos en México es un cuarto poder ciudadano constitucionalizado, que a la manera de como se ha venido haciendo en los países del Cono Sur, destacadamente en Bolivia, Uruguay y Ecuador, se establecen Consejos Cívicos y autónomos que sin interferencia de los otros poderes y sobre todo de los nuevos poderes fácticos y oligárquicos tomen en sus manos la verdadera lucha para acabar con la corrupción. Irma Eréndira Sandoval Ballesteroses investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales IISUNAM. Directora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Transparencia y la Corrupción de la UNAM. Ha sido profesora invitada en la Universidad de Harvard, American University y la Sorbona de París. irma.erendira@gmail.com Blog: irmaerendira@blogspot.com

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