lunes, 21 de marzo de 2016

La jerarquía católica da la espalda al Papa Francisco

PROCESO 2055

Aliada con el poder desde hace décadas, la cúpula eclesiástica mexicana está por renovar su dirigencia. Pero los analistas no atisban cambio alguno, pues se prevé la reelección de los mismos jefes del CEM, más preocupados por lograr reformas que les permitan a los clérigos ocupar cargos de elección popular, manejar medios de comunicación o dar educación religiosa en escuelas públicas. A esa casta se refirió el Papa Francisco en su reciente visita a México, cuando la tildó de estar ligada a los “carros y caballos de los faraones actuales”. Sin embargo, el regaño de Bergoglio parece haber caído en oídos sordos, en los de los sacerdotes que eligieron la opción preferencial por los ricos.
En breve la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) renovará su dirigencia, en un proceso del cual no se espera ningún cambio sustantivo en la alianza entre la jerarquía católica y el gobierno mexicano; alianza severamente censurada por el Papa Francisco hace casi dos meses, cuando les dijo a los obispos mexicanos que viven como “príncipes”, ligados a los “carros y caballos de los faraones actuales” y sumergidos en luchas internas de poder.
Tampoco se esperan cambios en la línea conservadora de la CEM, más preocupada por temas de moral sexual, o por conseguir prebendas y privilegios para beneficio propio, que por ajustarse realmente a los lineamientos de apoyo a los pobres, dictados por el pontífice jesuita.
Además, la elección se dará en medio de una ostensible rebeldía contra el Papa protagonizada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, máximo representante de la llamada “opción preferencial por los ricos” y considerado el principal jerarca aliado a la clase político-empresarial del país.
El investigador Rodolfo Soriano Núñez, uno de los más acuciosos analistas del episcopado mexicano, asegura: “No existe la mínima empatía entre la línea pastoral del Papa Francisco y lo que están haciendo los obispos mexicanos en sus diócesis. Y no creo que, a raíz de sus próximas elecciones, el episcopado se ponga en sintonía con Bergoglio. No. Seguirán por caminos distintos”.
–¿A qué atribuye esa discordancia?
–Básicamente a que los obispos mexicanos se convirtieron en socios del Estado. Ese es su problema principal. Están más preocupados en quedar bien con el gobierno federal, o con los gobernadores y alcaldes de sus respectivas entidades, que en implementar programas pastorales acordes con la línea de Bergoglio a favor de los marginados.
“¡Claro! hay obispos que son casos de excepción, como el de Saltillo, Raúl Vera, o como algunos de Guerrero y Tamaulipas que están afrontando el horror de la violencia comprometiéndose con las víctimas. Pero son muy pocos y además están marginados por el resto del episcopado.”
Con un doctorado en la Universidad de Fordham, de Nueva York, y autor de las investigaciones Edad, generación y acción pública del episcopado mexicano; En el nombre de Dios. Religión y democracia en México; Una mirada a la Iglesia en México; y Religión y democracia en América Latina, Soriano ve muy difícil que el Papa pueda influir en las elecciones de la CEM para intentar cambiar las cosas.
“No tiene margen de maniobra simplemente porque no tiene interlocutores que se sientan identificados con su línea pastoral. Carece de apoyos internos. Quien más representa el modelo de Bergoglio es el obispo Raúl Vera. Pero es obvio que éste no tiene ninguna posibilidad de ser electo a un cargo directivo dentro del episcopado por el mismo rechazo de sus compañeros obispos. Así de sencillo”, dice.
En su próxima asamblea plenaria –programada del 4 al 8 de abril–, los más de 100 obispos elegirán nuevo presidente, vicepresidente y secretario general de la CEM, entre otros directivos de este máximo órgano de la Iglesia mexicana, que se renueva cada tres años.
Y ya que tienen derecho a la reelección, se prevé que podrán repetir trienio el arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, como presidente; el obispo de Zamora, Javier Navarro, como vicepresidente; y el obispo auxiliar de Puebla, Eugenio Lira Rugarcía, como secretario general.
Soriano comenta: “Estos tres principales directivos del episcopado quizá repitan en el cargo. Pero son demasiado grises, no han dejado ninguna huella. Por ejemplo, el cardenal Robles llegó a la presidencia del episcopado básicamente porque fue obispo de Toluca en tiempos del gobernador Arturo Montiel, y ahí trabó nexos con Enrique Peña Nieto y el Grupo ­Atlacomulco. No le veo mayores méritos. Y no ha hecho nada importante al frente del episcopado”.
Ninguna empatía
–¿No hay manera de que el episcopado mexicano decida ponerse en sintonía con el Papa Francisco?
–En noviembre pasado el episcopado de Estados Unidos realizó una asamblea plenaria. Y ahí el arzobispo de Chicago, monseñor Blase Cupich, pidió a sus compañeros obispos darle prioridad al modelo pastoral del Papa Francisco, expresado sobre todo en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium y en su encíclica Laudato si. La propuesta de Cupich se sometió a votación… pero perdió.
“Allá por lo menos hubo un obispo que se atrevió a hacer tal propuesta, y también la disposición del episcopado estadunidense de someterla a votación. Yo me pregunto: ¿el episcopado mexicano podrá hacer algo semejante? ¿En su asamblea de abril surgirá una propuesta similar? No lo sabemos. Pero creo que los obispos mexicanos rechazarían tajantemente aplicar el modelo pastoral de Francisco”.
La mayoría de los actuales obispos mexicanos fueron nombrados durante el largo pontificado conservador de Juan Pablo II que duró 27 años (1978-2005). Éste tuvo como principal operador en México al nuncio apostólico Jerónimo Prigione, quien controló el nombramiento de obispos e impulsó las alianzas políticas entre el episcopado y el Estado mexicano.
Soriano sostiene que la resistencia al cambio de la CEM se debe principalmente a estos hechos.
Y agrega: “Incluso ya hay obispos que son discípulos de los obispos promocionados por Prigione. Son una nueva generación; la de los nietos de Prigione que actualmente ocupan diócesis más o menos pequeñas e intentan dar el salto a arquidiócesis importantes”.
Así se fue conformando un episcopado aliado a los gobiernos en turno, más preocupado por los temas de moral sexual –aborto, métodos anticonceptivos, matrimonios homosexuales– que por los temas sociales a los que el actual pontífice les da prioridad.
Además, la CEM –después de haber conseguido reconocimiento jurídico para la Iglesia y la reanudación de relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari– ahora está pidiendo cambios constitucionales que le permitan a los clérigos acceder a cargos de elección popular, poseer medios de comunicación, dar instrucción religiosa en las escuelas públicas, tener un obispado castrense y apoyo financiero gubernamental (Proceso, edición especial número 52).
Para Soriano, estas peticiones no son más que “una búsqueda de privilegios del episcopado mexicano para beneficio propio. Es la llamada postura ‘autorreferencial’ de la Iglesia que tanto crítica el Papa, por eso les está pidiendo a los obispos olvidarse de sí mismos y atender a los marginados en las periferias”.
Bergoglio conoce muy bien todas estas características y pretensiones de la CEM puesto que es latinoamericano. Además coordinó la redacción del documento de la reunión de Aparecida, de 2007, que congregó a los obispos de América Latina. Y siempre ha sido muy cercano al Consejo Episcopal Latinoamericano.
Sobre el punto, comenta: “Durante años, Bergoglio ha tenido contacto directo con obispos mexicanos, los conoce muy bien y sabe de qué pie cojean. Y ya como Papa está muy al tanto de sus confrontaciones, quejas y berrinches. De ahí que, durante su pasada visita a México, los haya regañado públicamente”.
En efecto, durante el encuentro que sostuvo con los obispos mexicanos, el pasado 13 de febrero en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, Bergoglio les dijo sobre sus pugnas internas: “Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decir cosas, se las digan como hombres, en la cara, y como hombres de Dios, que van a rezar y discernir juntos, y si se pasaron de la raya después se van a pedir perdón, pero mantengan la unidad episcopal”.
También les pidió “no perder tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubes de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias”.
Los exhortó a superar “la tentación de la distancia y del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del comportamiento triunfal y de la autorreferencialidad”, recordándoles que la Iglesia no necesita “príncipes”, sino “una comunidad de testigos del Señor”.
Y agregó: “No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la ‘columna de fuego’ que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor”.
Al día siguiente –el día 14–, Bergoglio visitó el seminario de Ecatepec y convivió con sus seminaristas.
Hubo un momento en el que fue al libro de honor de esa casa de estudios y, de puño y letra, les escribió un mensaje a los seminaristas pidiéndoles que no se conviertan en “clérigos de Estado”.
Les escribió textualmente: “Que todos los que en esta casa se preparan al presbiterado tengan presente siempre a Jesucristo, el Señor, y a su Madre Santísima. Que ellos los preparen para ser pastores del pueblo fiel en Dios y no ‘clérigos de Estado’. Francisco”.
Respuesta airada
Los obispos mexicanos soportaron calladamente las duras reprimendas papales. El único que protestó fue el cardenal Norberto Rivera Carrera, al sostener que Bergoglio golpeó injustamente al episcopado mexicano porque alguien –una “mano de la discordia”– lo “mal aconsejó”.
El pasado domingo 6 el semanario de su arquidiócesis, Desde la fe, publicó un editorial donde elogia el desempeño del episcopado porque contribuye a que 81% de la población mexicana profese la fe católica, combate eficazmente a las iglesias protestantes de tintes carismáticos y es cercano al “pueblo sometido por la cultura de la muerte y el descarte”.
Titulado Un episcopado a la altura, el editorial refuta al Papa señalando que, muy al contrario, “los obispos mexicanos han venido acompañando al pueblo sufriente y apaleado, haciendo una vida de entrega al prójimo y no de ‘príncipes’ sin contacto con el rebaño”.
Desde la fe se pregunta: “¿Tiene el Papa alguna razón para regañar a los obispos mexicanos?”. Y responde señalando que “existe la mano de la discordia” que “mal aconsejó al Papa” para que los golpeara injustamente. Pero no dice quién o quiénes fueron estos malos consejeros.
Esta sorpresiva postura del cardenal Rivera –a través de su semanario– causó revuelo incluso en la prensa italiana y del Vaticano, pues tuvo el atrevimiento de criticar el discurso del Papa y además de lanzar ataques embozados contra quienes supuestamente lo mal aconsejaron.
Aquí en México, en su artículo La arquidiócesis de México refuta a Francisco, publicado el miércoles 9 en el diario La Jornada, el analista Bernardo Barranco aseguró: “Para muchos obispos el severo mensaje del Papa tenía dedicatoria a Norberto Rivera y su debilitado grupo”. Y señala que quien “mal aconsejó” al Papa –según Desde la fe– “no puede ser otro que el nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, apoyado por Eugenio Lira Rugarcía, secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quienes fueron los actores claves que condujeron la organización de la visita de Francisco a México”.
Comenta Soriano: “El cardenal Rivera es quien mejor representa a la generación de obispos conservadores promovidos por Prigione y aliados al poder. Y en los últimos meses su semanario Desde la fe está ­desatado; rompió con todas las formas tradicionales de la prensa eclesiástica al lanzar ataques aquí y allá, creo que con la intención de influir en la designación del nuevo arzobispo de México, ya que Rivera está por jubilarse”.
El pasado 31 de enero, días antes de que llegara el Papa, Desde la fe escribió un editorial en el que calificó a Michoacán como un estado “violento y sometido por el crimen y la anarquía”. Esto molestó muchísimo al cardenal Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, quien aseguró que el semanario del cardenal Rivera es “sensacionalista” y “amarillista”. Y agregó despectivo: “Desde la fe no es un órgano de la Iglesia nacional, es una revista local del DF”. Este pleito cupular entre dos cardenales fue el preámbulo a la pasada visita papal (Proceso 2050).
Mientras que el investigador Elio Masferrer Kan ha venido insistiendo en que el rijoso cardenal “es en México el más destacado representante de la llamada teología de la prosperidad, u opción preferencial por los ricos, muy impulsada por los Legionarios de Cristo”.
En efecto, son de sobra conocidos los vínculos del cardenal Rivera con los poderosos “faraones” actuales. Convive con ellos en actos públicos y privados y se apoyan con favores mutuos. Todavía el pasado sábado 12 asistió a la fiesta de cumpleaños del panista Diego Fernández de Cevallos, celebrada en la exhacienda La Barranca. Ahí el cardenal convivió con sus amigos los empresarios Carlos Slim y Olegario Vázquez Raña, con los expresidentes Carlos Salinas y Felipe Calderón, y otros empresarios y políticos.
Así, en medio de pugnas internas, de distanciamiento y de actos de rebeldía hacia el Papa, se realizarán las próximas elecciones de la CEM, en las que votarán alrededor de 120 obispos en funciones, tanto titulares como auxiliares, quienes elegirán a sus tres directivos principales y también a algunos encargados de las ocho comisiones del episcopado:
Comisión para la Pastoral Social; Comisión para la Pastoral Profética; Comisión para la Pastoral Litúrgica; Comisión para Vocaciones y Ministerios; Comisión para la Familia, Juventud y Laicos; Comisión para el Diálogo Interreligioso y Comunión; Comisión para la Pastoral de la Comunicación, y Comisión para la Solidaridad Intraeclesial.
Algunos esperan a que Francisco pueda cambiar el rumbo de la CEM mediante el nombramiento de nuevos obispos que sean afines a su línea pastoral, pues algunos de los actuales ya cumplieron o están a punto de cumplir 75 años, edad de jubilarse: como los cardenales Suárez Inda y Rivera Carrera; Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas; Felipe Salazar, de San Juan de Los Lagos; José Ulises Macías, de Hermosillo; Rafael Romo, de Tijuana; o José Luis Chávez Botello, de Oaxaca.
Sin embargo, Francisco está por cumplir 80 años, por lo que se espera que su pontificado será muy corto y, por lo tanto, ya no tenga tiempo de darle un viraje al episcopado mexicano.

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