viernes, 11 de mayo de 2012

Héctor Aguilar Camín: el coyote que cobraba de Salinas de Gortari

Tras atacar al periodista Jenaro Villamil en el noticiario de Carmen Aristegui, este jueves 10 de mayo del 2012, Héctor Aguilar Camín, intelectual orgánico de Televisa y el régimen neoliberal, se ha convertido en TT de Twitter. Momento de recordar quien es y de donde viene este intelectual que pasó de periodista crítico a coyote de salinismo.

H. Aguilar Camín: inquisidor sin memoria (Foto: reduaeh.mx)

Fue en el 2001 que Miguel Badillo publicó en El Universal un excepcional reportaje sobre este encumbrado escritor que un día fue periodista y de izquierdas. El hombre que a partir de 1989 convirtió a la revista Nexos y sus empresas asociadas en una palanca de apoyo al neoliberalismo salinistas contra sus viejos aliados y compañeros. Apoyo que Héctor Aguilar Camín cobró directamente al huésped de Los Pinos.



“Favoreció Salinas a Aguilar Camín” documentó los beneficios económicos generados por la relación de amistwd entre Carlos Salinas de Gortari y Héctor Aguilar Camín. Un reportaje con tantas pruebas que resultó demoledor para la alicaída honorabilidad de un intelectual que pasó a ser vocero del poder. Hasta el día de hoy. Gracias a lo cual Los Pinos sacaba del erario público para mantenerlo. Así decía el artículo:

“Una serie de cheques por una suma total de 3 mil 424 millones, 450 mil 200 pesos de la era Salinas (poco más de 3 millones 424 mil pesos de hoy) con las facturas y recibos correspondientes, cartas y recados por escrito documentan un aspecto de los estrechos vínculos entre el ex presidente Carlos Salinas y el doctor Héctor Aguilar Camín, que llegó a ser considerado uno de los intelectuales más cercanos al controvertido mandatario.”

Como contaba Miguel Badillo, hoy director de Contralinea, Aguilar Camín tenía derecho de picaporte en Los Pinos y podía tratar al todopoderosos  Salinas de Gortari como un amigo a quien recordarle los asuntos pendientes:

El 3 de septiembre de 1993, en una tarjeta, Aguilar Camín se dirige a Salinas con un familiar y sencillo “Presidente”, y le expone sus apuros: “Sé que no hemos terminado, pero nuestras finanzas, por la misma demora, andan mal. Si pudieras anticiparnos el saldo de la investigación, será una gran ayuda (solidaria)”. Agrega de su puño y letra: “Un abrazo”. El 20 de septiembre ya está listo el cheque que solicitaba Aguilar Camín por 542 mil 180 nuevos pesos con 45 centavos de aquellos.”


El camino al servilismo, el coyotaje y la indignidad: Aguilar Camín & Nexos.


En un brillante texto, un intelectual de la derecha mexicana, César Cansino, nada sospechoso de resentimiento social, describe, a través de la historia de Nexos, la degeneración de este pope del poder que es Héctor Aguilar Camín.

Otros tiempos: La redacción de Nexos en la década de 1980 (Foto: historico.nexos.com.mx)
El mismo hombre que hoy pretende acallar a Jenaro Villamil y a cualquiera que recuerde su trayectoria..y sus negocios bajo el agua:


La revista Nexos apareció en 1978 bajo los impulsos del historiador Enrique Florescano, a los que se sumaron después otros intelectuales como Carlos Pereyra y Héctor Aguilar Camín. En esos años, la ideología marxista o de izquierda predominaba en los ámbitos académicos y culturales, y Nexos no fue la excepción. Desde la Academia, el filósofo marxista Pereyra había aglutinado a un grupo de discípulos jóvenes y entusiastas que hicieron sus pininos en la revista. Sin embargo, conforme la influencia de Nexos crecía sus integrantes vieron la posibilidad de convertirse en un grupo intelectual con proyección política. En esa perspectiva, la crítica independiente al autoritarismo del viejo régimen cultivada durante sus primeros años de existencia, fue desdibujándose paulatinamente hasta convertir a Nexos, a fines de los ochenta, en un híbrido donde al tiempo que se elogiaba al presidente Salinas de Gortari se empleaba un tono pseudocrítico en los artículos. De hecho, una vez fallecido Pereyra en 1989, quien fue el reservorio moral e ideológico del proyecto, la revista fue dominada por Aguilar Camín, quien no dudó en convertirla en un apéndice del gobierno de Salinas de Gortari a cambio de grandes apoyos y prebendas oficiales. Son éstos los años en que Nexos dio el salto de calidad que le faltaba para posicionarse en el mercado, aunque el costo fue sacrificar su independencia y credibilidad.
Obviamente, Nexos trató de ocultar o matizar a toda costa su fructífero maridaje con Salinas de Gortari por dos vías: hacia dentro del grupo, haciendo creer a sus miembros que este acercamiento con el gobierno era tan sólo estratégico para poder apuntalar al colectivo y proyectarlo en el futuro a posiciones de poder que le permitieran llevar adelante sus genuinas convicciones políticas o ideológicas; y hacia fuera, manteniendo un tono lo suficientemente crítico como para tratar de despistar a los lectores que trabajosamente había conquistado hasta entonces. Huelga decir que ambas tentativas fracasaron. Por una parte, la idea de contribuir a la “transformación” del país desde dentro, o sea colaborando con el régimen, muy pronto se derrumbó, no sólo porque el de Salinas de Gortari fue el gobierno más antidemocrático de todos, sino porque al final del sexenio la prensa filtró la información de los millonarios pagos que recibió Aguilar Camín por los favores prestados al presidente. Por la otra, muchos lectores le dieron la espalda a la revista a la luz de los escándalos referidos. En esta historia, los intelectuales de Nexos estaban tan enlodados que limpiar su imagen resultaba inútil. Por eso, prefirieron jugar a la desmemoria, sin necesidad de romper el vínculo con las autoridades que tan buenos dividendos económicos les había permitido. Asimismo, para neutralizar en parte el descrédito, la revista le dio más juego a las generaciones emergentes bajo la premisa de que había llegado la hora de un recambio generacional. Así, a fines de los noventa, a los nombres de José Woldenberg, Trejo Delarbre, Rolando Cordera, Luis Salazar, se sumaron los de Ricardo Becerra, Jorge Javier Romero, José Antonio Aguilar, entre otros, para oxigenar la revista. Pero esto ha sido sólo aparente, pues Aguilar Camín nunca ha perdido el control de la misma, al grado que hoy ocupa nuevamente la dirección. Huelga decir que gracias a Nexos, Aguilar Camín se ha convertido en un auténtico mandarín de la cultura, un cacique cultural antediluviano, oportunista y cínico, que detenta un enorme poder e influencia en el medio, pese a la consabida mediocridad de su obra intelectual. Si en los ochenta y noventa, Aguilar Camín se equivocó al creer que podía cruzar el pantano sin ensuciarse las alas, supo después regresar por sus fueros. Para ello, amplió el consejo editorial, lo hizo más plural, y por esa vía renovó su sequito de incondicionales y arrastrados, al tiempo que lograba para sí su condición de intocable, según las viejas reglas serviles del elogio a cambio de promoción y proyección.

Así son los inquisidores desmemoriados como Aguilar Camín. No se acuerdan que ya nadie los cree porqué hace demasiado tiempo que solo trabajan para el poder.

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