viernes, 16 de julio de 2010

Demasiado cariño para los cuates

México SA


México, último en competitividad

Haití, solidaridad de saliva

Carlos Fernández-Vega
Inspirado, el inquilino de Los Pinos dijo de su reciclado amigo Gerardo Ruiz Mateos que durante su estancia en la Secretaría de Economía logró hacer de la competitividad el eje de desarrollo de la economía mexicana, así como hacer del gobierno un aliado de las empresas y no un obstáculo para su crecimiento. Agradezco su invaluable labor al frente de esa dependencia. Jugó un papel fundamental en el impulso de reformas clave para hacer de la innovación el motor de la productividad, y para hacer de la competencia la palanca de la inversión y la generación de empleos”.

Eso dijo el pasado miércoles por la tarde, al dar a conocer el nombre del tercer secretario de Economía en poco más de tres años de estancia en la residencia oficial (primero fue Ernesto Sojo, el fiel escudero de Vicente Fox, ahora cómodamente instalado en el Inegi; el segundo su querido amigo reciclado, que regresa a la oficina de la Presidencia de la República, y ahora Bruno Ferrari, el tercero, quien en su primera declaración en el puesto se anota un 10: “un buen gobierno es el que no estorba”).

Demasiado cariño debe tenerle el inquilino de Los Pinos a Ruiz Mateos para subrayar éxitos inexistentes, goles virtuales, pues es el único que dice ver triunfos donde prácticamente todos registran rotundos fracasos o, según los más benevolentes, un peligroso estancamiento que en nada contribuye a sacar del hoyo a la de por sí paralizada economía nacional. Es de suponer que si en los hechos Gerardo Ruiz Mateos hubiera ganado las medallas descritas en el panegírico del miércoles por la tarde, Felipe Calderón no lo habría quitado del puesto, pero todo indica que lo quita para que no siga haciendo daño cuando menos en la Secretaría de Economía.

Por ejemplo, el hombre del homenaje ocupó poco menos de dos años (6 de agosto de 2008 al 14 de julio de 2010) el sillón principal de la citada dependencia. Cuando llegó al puesto, México se ubicaba en el escalón número 52 a nivel internacional en lo que a competitividad se refiere; ahora que se le recicla a la oficina de la Presidencia de la República, nuestro país ocupa el escalón número 60, de acuerdo con los indicadores del Foro Económico Mundial, mientras en la comunidad de naciones integrantes de la OCDE ocupa el último escalón, de tal suerte que la azucarada frase que el inquilino de Los Pinos le dedicó (“logró hacer de la competitividad el eje de desarrollo de la economía mexicana”) es fácilmente desechable si se contrasta con la realidad.

Precisamente la OCDE no ha quitado el dedo del renglón: México ocupa la última posición en competitividad entre los 30 países que la integran, y registra deficiencias y carencias en una amplia gama de indicadores que lo mantiene en el éter. El país “no sólo ha perdido competitividad, sino que su productividad se ha estancado”, lo que ha provocado un descenso acelerado en el ranking internacional en materia de competitividad.

En su panegírico del pasado miércoles, Felipe Calderón también aseguró que su amigo “jugó un papel fundamental en el impulso de reformas clave para hacer de la innovación el motor de la productividad, y para hacer de la competencia la palanca de la inversión y la generación de empleos”. Ya se vio el resultado en competitividad. Algo similar sucede en el tema de las “reformas clave”: Ruiz Mateos no aterrizó ninguna de ellas, algo que por lo demás es tema (léase queja) obligado en toda reunión empresarial, es decir, justamente por falta de esas “reformas clave” la economía se mantiene en la lona y cada día más dependiente de lo que suceda en el vecino del norte. De su “papel fundamental” en la generación de empleo, pues suficiente resulta constatar cuál es el balance en este renglón. Entonces, más fácil y convincente hubiera sido si el inquilino de Los Pinos abiertamente reconoce las carencias de su querido amigo y que, por lo mismo, decidió llevarlo de nueva cuenta a la residencia oficial, para protegerlo y apapacharlo.
Una de las perlas más bonitas de Gerardo Ruiz Mateos durante su paso por la Secretaría de Economía fue la que regaló a los diputados el primer día de octubre de 2008, justo una semana antes del reconocimiento oficial de la crisis y de la estrepitosa devaluación del peso mexicano frente al dólar: “el gobierno de Felipe Calderón no considera aplicar una estrategia para evitar un impacto de la crisis financiera de Estados Unidos en México, porque tomar medidas extraordinarias sería anticiparnos a algo que todavía no pasa. Si se toman medidas será hasta ver cuál es el impacto del sistema financiero americano (sic) a los bolsillos de los mexicanos… en Wall Street los analistas con los que platicamos (él y el inquilino de Los Pinos) en Nueva York no dejaron de admirar la estabilidad mexicana. Y dijeron: ‘ojalá y nosotros hubiéramos hecho lo mismo’… no vemos por ningún lado un problema de un colapso mundial…”.

Ese es el alcance real del personaje reciclado. Entonces, si algo positivo para el país tuvo la medida anunciada por Felipe Calderón el pasado miércoles fue, precisamente, retirar a su amigo de un área estratégica para el país, no así la decisión de sustituirlo con el inefable Bruno Ferrari, el nuevo integrante del gabinetazo, “con una trayectoria desarrollada sobre todo en el sector privado, ligado a grupos conservadores, abogado con estudios en ciencias del matrimonio y la familia” (La Jornada, Claudia Herrera), a quien antes el inquilino de Los Pinos le confió ese paquidermo llamado Proméxico que gasta a manos llenas y registra nulos resultados. Más práctico sería que lo mandaran de asesor a Norberto Rivera.

Las rebanadas del pastel

El pasado 12 de enero la comunidad internacional se conmocionó por el suceso y volcó su ayuda a los millones de damnificados por el devastador terremoto en Haití. Por esos días los gobiernos de prácticamente todos los países del mundo ofrecieron discursos, organizaron conferencias y, como es costumbre, prometieron y prometieron. En conjunto, esos gobiernos ofrecieron 5 mil 300 millones de dólares para la reconstrucción de la parte oeste de La Española. Seis meses después, al 12 de julio de 2010, de ese monto sólo han aportado 98 millones, menos del 2 por ciento del total comprometido, que es lo que hasta el momento ha recibido el Fondo para la Reconstrucción de Haití, instituido en el Banco Mundial. Y de esa cantidad, más de la mitad corresponde a la aportación de un solo país: Brasil. De ese tamaño es la solidaridad de saliva.

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