viernes, 13 de marzo de 2009

La columna de Julio Hernández

Astillero
Felipe y el compló

Sin nadie y contra todos

Corrección y disculpas

Julio Hernández López

Como sucedía con los priístas al final de sexenio, cuando la declinación de su control político los llevaba a arremeter en redondo y a fluctuar entre el desaliento y el coraje, Felipe Calderón parece estar decidido a pelearse con todos –incluso con sus aliados originales, como fueron la elite empresarial mexicana y los segmentos poderosos de Estados Unidos– y a aislarse políticamente, porque sólo entre su bando palaciego parece sentirse bien y considerarse comprendido.

Una demostración terrible de esa fabricación de paraísos artificiales se dio a raíz de la muerte de Juan Camilo Mouriño, cuando el compañero político sobreviviente habilitó homenajes e inventó virtudes del caído que a unos meses de distancia se han disuelto en razón de su insustancialidad de origen. De ese momento de quiebre emocional a la fecha, Calderón sólo ha sumado tropiezos y, carente del referente personal que le daba fuerza y guía, se ha ido enredando con la mayoría de los casos políticos importantes que ha tocado –más allá de las dificultades económicas globales–, generando preguntas y angustia incluso entre quienes al instalarlo en el poder a cualquier costo ahora han visto dañados sus intereses de manera que les parece increíble, a veces por razones que les parecen más atendibles en ámbitos de sicología que de política, entre revanchismos, nocturnidades húmedas, cuatachismos de absoluta intimidad personal y desplantes de autoritarismo acomplejado.

Así, ayer se manifestó retador, impaciente y acusatorio de Estados Unidos el mismo hombre que ese país impulsó en 2006 por sobre todas las cosas para evitar que al sur de su frontera se instalara un populista que sumara a México al amplio grupo de gobernantes latinoamericanos que con sus matices pueden ser llamados de izquierda. Alejándose del discurso que llevaba preparado para leer ante empresarios gringos, golpeando con el dedo el atril y manteniendo voz y gesto agrios, molestos, en los pasajes oratorios centrales, Calderón pareció una caricatura de Luis Echeverría, hablando de campañas orquestadas desde Estados Unidos contra él y su persona (ironías de la historia: ¿Felipe acabará acogiéndose a la doctrina lopezobradorista del compló?), convocando a sus críticos de Washington a visitar cualquier lugar del país (yo los llevo) para demostrar que en todos lados hay gobierno (visitas calderónicas, es obvio, entre miles de soldados y policías, con helicópteros artillados, francotiradores y vehículos blindados, para demostrar que se puede pasear con normalidad por cualquier punto de Ciudad Juárez, Tijuana, Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo, Durango, Torreón, Gómez Palacio, Cancún ¡uf: tan larga es la lista!), retando a los analistas extranjeros a que vengan a México pero no de vacaciones (como si esa realidad mexicana no fuese alcanzable incluso sin presencia física, simplemente leyendo y estudiando publicaciones, blogs y material en Internet: ¡cuán tecnológicamente anticuados parecen los ocupantes virtuales del poder presidencial mexicano!) y echándole la bronca al imperio vecino que tan tranquilo desea seguir consumiendo droga en abundancia y vendiendo armas a destajo (el mismo imperio criticado al que, al mismo tiempo, el felipismo extiende la mano mendicante que desea una ayudita meridense por el amor de God).
Felipe descompuesto, descuadrado, soltando insinuaciones (... por eso hay una lucha por los territorios, como ocurre entre muchas empresas de gas o de... y ya no digo nombres porque se ofenden mis amigos empresarios), mostrando despecho con ribetes de amenaza judicial porque a pesar de su reunión reciente con editores de Forbes esta revista se dedica a atacar, a mentir sobre la situación de México; a exaltar a los criminales, en lo que en México lo consideramos incluso un delito, que es apología del delito y exigiendo al gobierno gringo que le entre a una guerra contra el narcotráfico que Washington no declaró pero ante la cual el licenciado F.C. exige corresponsabilidad, pues el problema del narcotráfico está carcomiendo, particularmente, a la sociedad consumidora, que es la de Estados Unidos. Calderón hirviente que en su exaltación dice que el del narco es un problema que está corrompiendo estructuras de corrupción y que le sigue dando llegues discursivos al foxismo al que no toca judicialmente, pues, aseguró ayer, por primera vez el gobierno está limpiando la casa de arriba hasta abajo (con Chente, ha de entenderse, el erario fue limpiado de las arcas de abajo hacia las alturas familiares).

El gobierno gringo sigue, mientras tanto, deshojando la margarita para decidir si nada más envía tropas a la frontera con México o insiste en el planteamiento que ya hizo a los mandos militares y marinos de acá para que acepten ayuda castrense directa. A los apasionados reproches felipenses, un vocero del Departamento de Estado respondió para negar que sean ciertas las consideraciones del mexicano, en tanto Hillary Clinton organiza una reunión de expertos para analizar el caso México y decidir si se da una tutorial vuelta a la tierra descompuesta por un Felipe de Jesús.

Astillas

Como saben los lectores frecuentes de Astillero, aquí no se rehúye la aceptación de errores. Un colega que siempre había sido confiable reportó la noche del miércoles, al cierre de la columna, la versión de que cinco campesinos habían sido asesinados por soldados en Guanajuato, dos de ellos con tiro de gracia, lo que se publicó en dos líneas finales de las Astillas. La acusación es falsa. No hay ninguna prueba al respecto y así se reconoce aquí sin atenuantes. El error es de este tecleador, enteramente suyo, y por ello ofrece, apenado, disculpas a los lectores y a las fuerzas armadas (en lo esencial, este mensaje de corrección y disculpas también fue colocado ayer en los primeros comentarios que en la página de Internet de La Jornada se hacen a esta columna)... Y, mientras el cavernal Juan Sandoval ordena en Guadalajara el desalojo de un colegio que funcionaba en terrenos de la Iglesia católica, con guardias de seguridad golpeadores, y toda la cristiana cosa, ¡feliz fin de semana!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

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