martes, 13 de enero de 2009

Rescatando al soldado Bush

Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com

Antes de abandonar la presidencia de Estados Unidos, George Bush II estuvo de visita el domingo 14 de diciembre en el país que invadió y destruyó: Irak, donde miles de norteamericanos y un millón de iraquíes han sido masacrados. No bien hubo pisado Bagdad, el presidente-emperador ofreció una conferencia de prensa, pero ésta fue interrumpida por uno de los concurrentes al hacerse escuchar con fuertes voces: ¡aquí va un regalo de parte del pueblo iraquí; toma tu beso de despedida, perro! Los dos zapatos del hombre pasaron rasando las orejas de Bush mientras el primer ministro de Irak, Nouri Kamal Al-Maliki, se aprestaba a proteger el rostro del “gringo” con sus manos. ¡Esto es de parte de las viudas, de los huérfanos y de todos los que han muerto en Irak!, volvió a escucharse un grito árabe. Mal recobrados de su desconcierto, los guardias de Bush se echaron sobre Muntazer Al-Zaidi, de 29 años, iraquí y quien se desempeña como reportero del canal de televisión por satélite Al-Bagdadiya.

Hasta aquí los hechos. Lo que sigue son las interpretaciones de los hechos.

El director de Milenio Diario, Carlos Marín, es autor de una columna, El asalto a la razón, en la que repasó el incidente de Bagdad el martes 16 (“Secuela de los zapatazos”), el jueves 18 (“Espadazo al zapatocaso”) y el viernes 19 (“Las quebradas de Al-Zaidi”). La perezosa columna de Marín rara vez se extiende más allá de dos o tres breves párrafos, pero los días 18 y 19 fueron especialmente relajados para el columnista, pues limitó su trabajo a copiar un artículo del periódico español El Mundo (“Periodismo descalzo”, miércoles 17) firmado por Arcadi Espada. Las frases de Espada seleccionadas por Marín dicen —después de calificar como “mamarrachada” la acción de Al-Zaidi—: “[...] yo no habría salido de la cárcel de haberme comportado con el mismo lujo desinhibido que mi colega [Al-Zaidi]. No me faltaron (ni me faltan) ganas. Pero, obviamente, el periodista que en una rueda de prensa se instala ante mentirosos, corruptos o asesinos no debe quitarse los zapatos [...]. Muntazer Al-Zaidi no hizo otra cosa que quebrar un sagrado principio de su oficio: la imposibilidad de convertirse en noticia”.

¿Y quién será este espadachín del periodismo —se pregunta el lector mexicano—, quién será este caballero Espada que diagnostica de “mamarracho” a un iraquí exasperado y descalzo? ¿Dónde siguió las lecciones de ética que en buena hora viene sentenciosamente a darnos?

El académico y el fotógrafo

El periódico Excélsior, que publicó el 1 de diciembre una entrevista con él en el suplemento Código topo, presenta a Arcadi Espada Enériz (Barcelona, 1957) como un “académico y periodista que acostumbra a reflexionar del tema [sic] [del terrorismo] con tono sentencioso, crítico y sólido [sic]. El estudioso de la comunicación y profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, aunque muchas veces polémico (como cuando publicó críticas a una fotografía realizada por el premio Pulitzer Javier Bauluz) ha sido colaborador de diarios como La Vanguardia, Diario de Barcelona, El País y, actualmente, El Mundo”. Marín agrega en Milenio que el blog* de Espada es “muy respetado y popular en España”.

En tanto que generalizaciones cuya finalidad es introducir aceleradamente a la clientela mexicana en el universo de Espada (un universo reducido, ya lo veremos), podemos dar por válidos los enunciados de Milenio y Excélsior que acabamos de citar. Pero el lector inquisitivo nos obliga a ser más precisos; nos obliga a contestarle, por ejemplo, ¿qué críticas hizo Arcadi a Javier Bauluz y por qué Excélsior las relaciona con un supuesto carácter “polémico” de Espada?

Bauluz había recibido en 2001 el premio Godó de fotoperiodismo, por la captura de la imagen de un hombre y una mujer que se asolean en una playa de Cádiz frente a un inmigrante muerto. La imagen fue publicada en el suplemento El Magazine, del diario catalán La Vanguardia, y en la portada del New York Times. Arcadi, en su libro Diarios, premio Espasa de ensayo 2002, reprodujo la foto sin permiso de Bauluz y se refiere burlonamente a él como “demiurgo imprescindible” y “hombre bondadoso dedicado profesionalmente a los destruidos”, además de hablar de la “docilidad que hace grandes a los tipos como Bauluz, capaces de cazar como si fueran conejos a dos desapercibidos bañistas que puede que estén rezando en silencio ante el cadáver de un inmigrante [...]; por fortuna, el cadáver no era de un pobre blanco: ni Bauluz habría sacado tanto provecho”. Espada acusó a Bauluz de excluir de su fotografía deliberadamente al personal del Estado encargado de recoger el cuerpo, así como de inducir la ilusión de proximidad entre la pareja y el cadáver.

Excélsior dice que el “académico y periodista” es “polémico”; no lleguemos a tanto: Arcadi, simplemente, es mentiroso. Como nunca proveyera pruebas de sus acusaciones en contra del fotógrafo, el Consell de la Informació de Catalunya resolvió en mayo de 2003 que las declaraciones del académico sobre Bauluz son “falsas, injustas y fuera de toda razón” y vulneran el código deontológico de la profesión periodística de Cataluña. Espada, todavía hoy, recuerda a veces en sus artículos el conflicto con Bauluz y sigue rumiando su ira y su desvergüenza.

Pero además está el señalamiento hecho a Muntazer Al-Zaidi por haber quebrantado el “sagrado principio” del periodismo que es “la imposibilidad de convertirse en noticia [...] construyéndola él mismo con su propia acción calculada. Despreciando el fact (hecho) y abrazando su corrupción, el factoide: un hecho que sólo existe si se exhibe”. Pues bien: no otra cosa hizo en Girona el “académico y periodista” (y político) Espada el 5 de junio de 2006, cuando al frente de la asociación Ciutadans de Catalunya actuó con provocaciones en contra del movimiento independentista catalán. Espada, otros Ciutadans así como sus rivales independentistas sufrieron agresiones físicas y verbales, pero la prensa española recogió sólo las quejas de los Ciutadans y nadie las de los Maulets (la juventud independentista catalana).

El asalto a la razón

Desinformado por las “versiones oficiales”, Carlos Marín desinforma a sus lectores. En su columna del viernes 19 dice: “tres días después de su temerario lanzamiento [Al-Zaidi] escribió al primer ministro de su país reconociendo: «es ahora demasiado tarde para lamentar la enorme y fea acción que perpetré», pero «le pido su perdón...»”. Sin embargo un hermano de Muntazer, Uday, entrevistado por Al-Bagdadiya, desmintió a las presidencias norteamericana e iraquí —en cuyos “partes” fundamenta Marín sus artículos—: “mi hermano acaba de decirme que nunca mandó excusas al gobierno”. Muntazer, asegura Uday, no se arrepiente de lo que hizo.

Se quejan Marín y Espada de que en “la habitual orgía hipócrita” no se diga nada (!) “como es natural” (?) sobre el uso alevoso que le habría dado el iraquí a su oficio: “Muntazer Al-Zaidi le tiró sus zapatos a Bush porque llegó a colocarse a pocos metros de él, y el acceso a esa distancia, tan confianzuda y campechana, se lo dio su oficio de periodista”. Pero ¿quién si no un periodista tiene en Irak la posibilidad de lanzar a la cara del emperador esas verdades puntiagudas que no quisiera saber? ¿No se han dado cuenta el español y el mexicano de la grave crisis humana por la que, como por una herida, sangra nuestro planeta; crisis social mundial de la que George Bush II es el culpable más notorio?

En una situación de enfermedad y veneno, de honda agonía como la que atravesamos, ¿no se ha alargado demasiado la hora de mantener nuestro “guardar las formas”? ¿Seguiremos perpetuando el divorcio entre el periodista y el ciudadano? ¿En qué momento se castró a los periodistas para que no reconocieran el derecho a la rebelión, un derecho que se gana más allá de la cortedad de la ley?

George Bush, que debería responder a un tribunal por sus crímenes contra la humanidad, pasará en libertad el resto de sus años, gozoso de salud, henchido de riquezas. El joven periodista que expresó, no digamos la indignación propia de un ser humano reflexivo, sino la ineludible cólera de una criatura viviente, el joven periodista está en la cárcel, culpable del delito de arrojar un zapato.

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