sábado, 19 de septiembre de 2015

Las 10 preguntas incomodas que tendrían que responder Peña Nieto y La G...

Ruvalcaba se lava las manos del ataque a medios digitales

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Delincuente con fuero
Por Luis A. Méndez Pérez
Adrián Ruvalcaba, actual diputado de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) reconoció su participación en “algunas” de las conversaciones con Juan Carlos Zaragoza Ríos quien hoy es acusado de ataques a medios de comunicación como Sin EmbargoAristegui Noticias.
Al ser cuestionado sobre si participó o no en dichas conversaciones Ruvalcaba señaló:
“En algunas de ellas, de las conversaciones sin duda, donde se me pregunta si se pretende darle difusión a los videos en contra del candidato del PRD donde había golpeados por parte del PRD en contra de los muchachos del PRI. Sí le dimos difusión a esa información, por supuesto en ninguna de esas conversaciones se observa que había algún señalamiento en contra de algún medio de comunicación”.
Quien acaba de asumir como diputado local en ALDF, por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) señaló que sí habló con el acusado pero negó un ataque a los medios e informó que tiene un documento donde la Fiscalía (no especificó cuál) niega que exista alguna indagatoria en su contra.
Al preguntársele que de ser encontrado culpable por el ataque a los medios, dijo, que sería imposible pues en las conversaciones no se registra ningún ataque a los medios de comunicación.
Sin embargo, reconoció que sí contrataron los servicios de una empresa en manejo de redes pero afirmó no recordar en el momento el dato de la misma.
“Acepto que en redes sociales yo recibí acusaciones y señalamientos y nosotros contratamos una empresa que pudiera darle atención a estos temas, desconozco si era trabajador de Televisa. Desconozco (el nombre de la empresa) no tengo el dato en este momento para podérselos proporcionar”, concluyó Ruvalcaba.
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Investigaciones para encubrir .- JESÚS CANTÚ

Investigar y encubrir. Cartón: Rocha
Investigar y encubrir. Cartón: Rocha

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La característica distintiva de la Procuraduría General de la República en este sexenio es la elaboración de investigaciones que inculpen y exculpen de acuerdo con su conveniencia. Esa justamente ha sido la tónica en todas las ejecuciones extrajudiciales disfrazadas de enfrentamientos en casi todos los casos –Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán, entre los más relevantes–, y son los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil los que han aportado elementos incontrovertibles que los obligan a revisar su “verdad jurídica”.
El caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa tuvo características peculiares, distintas a los otros tres casos citados, porque lo primero que se conoció fue la agresión contra el autobús en el que viajaba el equipo de futbol Los Avispones; luego, la denuncia de la desaparición de los estudiantes, que se pretendió desacreditar de inmediato porque aparecieron algunos de los presuntamente desaparecidos; y finalmente construyeron la versión que les permitiera liberar de cualquier responsabilidad a la Policía Federal y al Ejército, así como decretar la culpabilidad del alcalde de Iguala y su señora, lo mismo que de las policías municipales de Iguala y Cocula.
Para sustentar dicha versión tuvieron que inventar (como hoy queda ya demostrado en el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes –GIEI– de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) que el Ejército y la Policía Federal fueron totalmente ajenos a los hechos, que ni siquiera supieron de los mismos en el momento en que estaban ocurriendo; y, desde luego, lo más inverosímil, que los cuerpos de los 43 normalistas habían sido cremados en una pira en el basurero de Cocula.
Dicha especie era el fundamento para que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara sus 10 medidas contra la inseguridad, en las que incluyó la ­desaparición de las policías municipales y el establecimiento del mando único estatal; pero también para salvaguardar la imagen de las Fuerzas Armadas y la Policía Federal y evitar que la desaparición afectara al presidente, al gobierno federal y al mismo PRI que, cobijado por la “verdad histórica”, logró recuperar el gobierno de Guerrero.
En este caso, el escándalo nacional e internacional era tal que el gobierno tuvo que convocar al GIEI, pensando que la PGR había elaborado una versión sustentable e integrado un expediente presentable; pero el GIEI echó por tierra la versión y despedazó la averiguación previa. Dos de los tres principales señalamientos ya habían sido ventilados en los medios de comunicación masiva con elementos muy sólidos: el conocimiento en tiempo real de los acontecimientos por parte del Ejército y la Policía Federal (Proceso 1978, 1989, 1990, 1992, 2015 y 2027); la imposibilidad de que los cuerpos hubiesen sido incinerados en el basurero (Proceso 1985 y 1990); y la existencia de un quinto autobús, que eventualmente transportaba droga y que los estudiantes secuestraron sin saberlo, hecho que despertó la reacción de la delincuencia organizada –el único aspecto que no había sido analizado profundamente.
En el caso Tlatlaya la PGR tuvo que modificar su versión inicial y aceptar que los presuntos delincuentes sí fueron ejecutados; pero todavía hoy se empeñan en exculpar a los mandos superiores, a pesar del devastador informe del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, en relación con que la instrucción de ejecutar a los presuntos delincuentes viene de la cúspide de la cadena de mando, es decir, desde el mismo secretario de la Defensa Nacional. Si hoy una comisión de expertos revisara dicho expediente y pudiera emprender pesquisas como las efectuadas por la GIEI en el caso Ayotzinapa, seguramente también destrozaría dicho expediente. En el caso de las matanzas de Apatzingán y Tanhuato, Michoacán, el asunto es todavía peor, pues ni siquiera han aceptado que no fueron enfrentamientos, sino ejecución extrajudicial de víctimas desarmadas.
La gran diferencia en estos cuatro casos es que únicamente en el de Ayotzinapa, por la presión pública nacional e internacional, el gobierno tuvo que abrirse a un escrutinio externo, y éste confirmó lo que ya había sido denunciado por expertos y los medios nacionales; pero en los cuatro, la supuesta verdad jurídica de la PGR es insostenible.
En estos momentos las únicas consecuencias de dicho informe son sobre la opinión pública, y obligaron de inmediato a Peña Nieto a ordenar atender el informe; sin embargo, las autoridades responsables de las investigaciones de inmediato respaldaron su versión. Primero fue Felipe de Jesús Muñoz, titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de la Delincuencia Organizada, quien el mismo lunes por la mañana afirmó en una entrevista en Radio Fórmula que los cuerpos sí fueron cremados en el basurero; y, posteriormente, el miércoles 9 de septiembre, altos mandos de la Comisión Nacional de Seguridad consultados por Reforma señalaron que “la Policía Federal no tiene acreditada la intercepción por parte de elementos de dicha corporación” del quinto autobús, según publicó el diario en su edición del jueves 10 de septiembre.
Así que todo indica que, a pesar de la existencia de un informe pormenorizado de un grupo de expertos internacionales, la PGR y las distintas corporaciones de seguridad involucradas sostendrán su versión por inverosímil que resulte.
No obstante, las consecuencias internacionales para el Estado mexicano serán funestas, tanto por el impacto en la opinión pública y sus efectos devastadores en el ámbito económico –lo han venido expresando con toda claridad diversos analistas– como en las cortes internacionales, pues es un hecho que si no hay una modificación radical de la “verdad oficial” el asunto terminará en los tribunales internacionales (Corte Interamericana de Derechos Humanos y Corte Internacional de Justicia de La Haya), los que sí tomarán muy en cuenta el informe del GIEI.
El informe de este grupo de expertos internacionales no tendrá hoy en México el impacto que tuvo en Guatemala la actuación de la Comisión Internacional contra la Impunidad, porque sus atribuciones son muy diferentes (en el país centroamericano la Comisión puede querellarse directamente ante las instancias del Poder Judicial, y aquí el GIEI simplemente emite una opinión sin ninguna consecuencia jurídica inmediata); pero en el mediano y largo plazos las repercusiones para México pueden ser muy graves, por el empecinamiento y el cinismo del presidente y su gabinete de integrar investigaciones amañadas pese a las contundentes evidencias que las desmienten.

Lo insostenible, 30 años después .- Kabeza

Dos veces única .- Elena Poniatowska


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Elena Poniatowska, Premio Cervantes de Literatura 2013Foto Michel Amado/ Grupo Planeta
G
uadalupe viene hacia él, sus labios de gajos rojos se caen de tan llenos, sus manos sobre su vientre se abren y Diego la abarca entera, alta como él, voraz como él.
–¿A poco toda esa fruta es suya?
Sí, toda la fruta es de Diego Rivera, la luz en los melones y las naranjas es de Diego Rivera, el suave vello que cubre los duraznos y la piel de las uvas es de Diego Rivera.
Desde ese día Lupe se come al pintor a quien saca de una batea rebosante de mangos, sandías, plátanos y piñas. Después de hincarle los dientes y tragárselo, chupa la miel en sus largos dedos y se limpia la boca con la mano, una boca olmeca grande, fuerte, demandante.
–Ya no dejé nada.
–Nada –constata el pintor.
Julio Torri, atónito tras sus anteojos redondos, le explica a Diego:
–Me pidió que la trajera: Llévame a conocerlo porque me voy a casar con él. No imaginé que te devoraría tan pronto.
Al ver a Diego sonreír, Lupe estira la mano hacia un plátano y lo pela, luego destripa una guanábana toda perfume:
–¿Han oído a las guanábanas caer sobre la tierra? –pregunta–. Caen muy bonito.
Y ella, ¿caerá bonito?
Comerse una fruta a mordiscos, el jugo escurriendo por la comisura de los labios, es algo que Diego no ha visto antes. Mira los ojos verdes de sulfato de cobre, ¿o serán azules?, el cuello largo, el pecho plano de Lupe. La miel resbala hasta llegar al cuenco del vientre, resbala sobre los muslos, las largas piernas. Cuando de un tronido la mujer revienta una manzana, Diego escucha el ruido en su corazón. También en sus entrañas. Va a relinchar, pero no es el relincho lo que lo parte como un rayo, sino la mano que se alarga. Esa mano es una garra y una flor de manita a la vez, un sarmiento, una raíz, una pata de gallo con espolones, un tronco de vid, una antiquísima concha de mar, una rama de marihuana, un flamboyán.
Cuando ya no queda sino una semilla en el frutero, Lupe, como animal agradecido, le enseña a Diego sus encías rosas:
–Me comería otra batea…
–Si quieres vamos por otra.
Julio Torri –pequeño entre los dos gigantes– limpia sus anteojos:
–Bueno, Lupe, tú querías conocerlo, ya te lo presenté –se despide.
Diego toma una cazuela de barro:Vamos a llenarla en la Merced.
Descienden del piso alto del estudio en el ruinoso edificio del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, antiguo colegio de San Gregorio, al lado del Anfiteatro Bolívar, y caminan hombro con hombro, fruta con fruta. Diego avanza lento, pesado, plácido, sin apuro ni prisa, asentándose sobre la tierra con la gravedad de un paquidermo.
A su paso salen las lechugas esponjadas y cubiertas de gotas de agua, las coles, los rábanos, el amarillo pálido de las guayabas, el anaranjado de las mandarinas, los betabeles abiertos que oscilan entre el morado y el azul violeta, el verde tierno de la alfalfa que sirve de alfombra a todas las verduras, el verde profundo de los pepinos, esmeralda, amarillo limón, el índigo ultramar y rojo sangre de las fresas más maduras, el azul añil del papel de China que envuelve las peras que vienen de Oregon y por eso cuestan más. Lupe toma una chirimoya, la aprieta y la hace estallar, su pulpa al aire, y frente a la vendedora de jícamas pide sal:
Pa mi jícama con limón, seguro aquí tienen un salero –le asegura a Diego.
Y tienen.
–Jícamas, zanahorias y fresas, esa es mi dieta –informa Diego y abarca el mercado entero con el brazo extendido–: Toda esta gente es mía, mira a esta marchanta con los ojos color de uva, toda, todita va a ir a dar a mi mural.
Lupe camina a zancadas y Diego observa sus piernas largas, sus pies grandes.
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Portada del libro más reciente de la colaboradora de La Jornada
Saciada, la fiera mira con gratitud al hombrón a su lado.
–¿Sabes?, en Guadalajara mi madre me enviaba a comprar el pan de la merienda y yo, ya desde entonces, tenía hambre. Pagaba en el mostrador de zinc y de regreso abría la bolsa, sacaba una concha y la lamía hasta dejarla sin azúcar. De tanta hambre no me importaba que me vieran.
Para sus hermanas Justina, Victoria, María, Carmen, Mariana e Isabel, Lupe es un fenómeno, demasiado alta y demasiado morena.Qué prieta salió Lupe, ¿verdad? Nosotros somos descendientes de españoles; a ella la sacaron de la carbonería. Para Lupe, sus hermanas son unas gorditas sin chiste que no saben salir a la calle a jugar canicas, no se ensucian ni rompen su vestido, no saltan la cuerda ni pelean con los chamacos, no suben a los árboles, no roban las ramas floreadas en el Jardín de Escobedo. Claro que a ellas tampoco su madre, Isabel Preciado, les da sus cuerazos con el chicote de amansar a los caballos.
Lupe hace tronar sus recuerdos como antes tronó la manzana.
Mire nomás a la flaca, anda chiroteando en la banqueta. ¿Qué es eso de chirotear? ¿No has visto sus patotas? Ni zapatos puede comprarle mi papá de tan grandes sus pies. Por eso hereda los de Celso¿Cuándo se le va a quitar lo prieta y lo mechuda?
–¿Sabes, Diego?, tampoco mi madre me quería, le chocaba todo lo que yo hacía, cómo hablaba, cómo caminaba. Lupe, vete al mercado y traes el cambio. Ir al mercado, aunque fuera por cuatro jitomates, era una fiesta. Hoy, para mí, tú eres cuatro jitomates.
Diego jamás ha visto una boca igual y se concentra en sus labios.
–Marchantita, estos dominicos son más sabrosos que los plátanos grandes…
Lupe se los traga de una mordida. Diego, fascinado, ve cómo sus manos tapan su boca. Es un animal prehistórico.
–No tengo llenadera, si seguimos aquí voy a acabarme el mercado.
¡Qué manos las de Lupe! A su lado, las de Diego no existen; las de ella son cinco veces más grandes, las uñas cortas, duras, eternas como conchas de mar. Son garras de águila, podrían alzarlo en el aire, a él, tan gigantón. De colgarse de esas manos, ¿lo ahorcarían? Lupe las sacude para limpiarlas, los dedos interminables bailan desguanzados, los huesos expuestos, nudillos y coyunturas saltonas a lo José Guadalupe Posada.
Diego al principio le parece un monstruo horrendo y fachoso; ahora le cae en gracia, y a los pocos días le divierten su panzota, sus calcetines caídos, sus zapatos sin bolear, sus pantalones rabones, su sombrero aguado y su bastón de Apizaco. Carajo, él es Diego Rivera y puede hacer lo que se le dé la gana, vestirse como se le dé la gana. Rivera usa ropa que venden en la acera por montones y compra sus camisas a los soldados en la Lagunilla.
–A él esas fachas le quedan bien y a ti tu trajecito y tu corbatita –le asegura Lupe más tarde a Julio Torri, cuyos anteojos siempre están empañados–. Finalmente, Diego es el rey de México.
–Será el tlatoani.
La escritora Elena Poniatowska vuelve a convertir en novela una sólida investigación, esta vez en torno a la vida de Lupe Marín, esposa del pintor Diego Rivera, y luego mujer del poeta Jorge Cuesta. Lupe es tierra vasta y fértil, a veces árida, otras tormentosa y despiadada, pero jamás plana. Conocerla es descubrir un aspecto recóndito de ese terrible rompecabezas que es México, dice la autora. Con autorización de la editorial Planeta, que publica Dos veces única en su sello Seix Barral, presentamos a los lectores de La Jornada el primer capítulo del trabajo más reciente de nuestra colaboradora, Premio Cervantes de Literatura 2013.


Arrecia el repudio contra Arturo Escobar, subsecretario en Gobernación

Diputados y senadores de PAN, PRD y Morena, incluidos coordinadores y viceoordinadores de bancadas, coincidieron en que el polítivo verde debe ser removido.

Arrecia el repudio contra Arturo Escobar, subsecretario en Gobernación

El repudio a Arturo Escobar, recién nombrado en la Segob, arreció este viernes, cuando legisladores de tres partidos se sumaron a la petición de que lo remuevan.
Diputados y senadores de PAN, PRD y Morena, incluidos coordinadores y viceoordinadores de bancadas, coincidieron en que el gobierno federal debe escuchar lo que le dicen las organizaciones sociales y remover a Arturo Escobar de la Subsecretaría de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, informó en su portal el diario Reforma.
“El secretario (Miguel Ángel Osorio Chong) debe ser sensible y valorar la expresión popular para ratificar o no al prospecto de funcionario”, manifestó el coordinador del PAN en el Senado, Fernando Herrera.
Esto después de que 85 organizaciones civiles y un centenar de ciudadanos que impulsaron el Programa Nacional de Prevención del Delito exigieron revocar el nombramiento de Escobar, e incluso once de ellas rompieron el diálogo con el político del PVEM.
El líder de los perredistas en el Senado, Miguel Barbosa, aseguró que el Secretario de Gobernación debió haber actuado con mayor sensibilidad, ya que cualquier decisión que tome a estas alturas terminará por afectar a la sociedad o al propio Escobar.
“Debió haber colocado en esa posición a alguien que tuviera cercanía con la sociedad civil y no poner a un personaje político tan complicado, porque ahora está en un escenario en el que va a quedar afectada cualquiera de las partes”, señaló.
El presidente de la Cámara de Diputados, el perredista Jesús Zambrano, consideró que fue equivocado el nombramiento de Escobar, pues había el conocimiento público de los antecedentes de su actuación como dirigente del Verde Ecologista.
El vicecoordinador de los diputados del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, aseveró que Gobernación no puede mantener en el cargo a alguien que no es interlocutor con la sociedad civil.
Rocío Nahle, coordinadora de Morena en la Cámara de Diputados, afirmó que Escobar no tiene el perfil necesario para ocupar el cargo en la subsecretaría de Prevención del Delito porque, afirmó, su manera de comportarse no es de sensibilidad, sino, incluso, prepotente.
“Este político, este funcionario es una persona que a lo largo de su caminar ha mostrado una intolerancia, una insensibilidad a puntos medulares en derechos humanos y es un desatino más de Peña Nieto, al colocar a una persona con estas características en la subsecretaría para atender programas de prevención del delito”, dijo.
Jorge López Martín, vicecoordinador de la fracción del PAN en San Lázaro, apuntó que el posicionamiento de las organizaciones civiles refleja que existe en México una sociedad sensible a la que el Gobierno debe escuchar.
“Hay que hacer un llamado al gobierno federal para que escuche a la sociedad. Hoy México tiene muchos problemas y lo peor que puede haber es una separación de grupos de la sociedad civil tan importantes del gobierno federal. La exigencia es buscar puentes de acercamiento para escuchar a quienes hacen esta legítima demanda porque lo que les sobra son, precisamente, argumentos”, indicó.
Xavier Nava, vocero del grupo parlamentario del PRD, aseguró que las posiciones que ha tenido Arturo Escobar en el pasado son las que llevan a las organizaciones civiles a censurar la llegada del político el Partido Verde.
(Con información de Reforma).

Devastación-Helguera

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