domingo, 12 de febrero de 2012

Calderón, tal cual es…

 
En su nuevo libro, Julio Scherer García utiliza las herramientas esenciales del periodismo –testimonios, entrevistas, documentos– para explorar el comportamiento público y la personalidad de Felipe Calderón. Con base fundamental en una serie de esclarecedoras conversaciones con el exdirigente panista Manuel Espino, la investigación periodística del fundador de Proceso aporta elementos clave para entender los rasgos sobresalientes del hombre que carga sobre sus espaldas una guerra de más de cinco años y más de 50,000 muertos: autoritario, ingrato, aficionado a la bebida, intolerante… Adelantamos fragmentos representativos de Calderón de cuerpo entero, el libro que en días próximos pondrá en circulación el sello Grijalbo de Random House Mondadori.
En la batalla electoral de 2006, los negocios al amparo del poder, los pactos ominosos, la alteración y la falsificación de documentos, las intercepciones telefónicas, las calumnias, la difamación, las reuniones semisecretas, las secretas, y los golpes bajos de la grilla, fueron temas que ocuparon hasta los segundos de los medios electrónicos y los espacios arrinconados de las publicaciones impresas.
En los tiempos que corren se ha vuelto aún más apremiante ir al fondo de la personalidad de los hombres y las mujeres del poder. Vicente Fox fue desquiciante por su ignorancia y su afán aberrante por adornar a su esposa con los atributos que podrían llevarla a la Presidencia de la República. El país está hoy en juego y los imperativos por la verdad cobran el dramático acento de un desolador clamor.
Por estas razones no me sorprendió, pero me atrajo sobremanera, que un día llegara a mi casa, silencioso, un documento insólito. Se trataba, en primer lugar, del comprobante de una transferencia realizada a través de Banorte, por el concepto de “pago de factura”, al beneficiario Hildebrando, S.A. de C.V. La fecha: 28 de abril de 2006.
En otra hoja destaca, en letras de buen tamaño, el nombre Hildebrando, sin apellido. Se trata de una factura expedida por la compañía de Hildebrando Zavala, cuñado del licenciado Felipe Calderón Hinojosa. En aquella época trabajaba al frente de una empresa de informática.
A la derecha del llamativo nombre y en caracteres pequeños consta la dirección de la empresa Hildebrando, S. A. de C. V., sus teléfonos y asuntos menores. En cuanto al uso que debiera darse al dinero, el concepto que anota el documento es categórico y, en su brevedad, demoledor: “Captura de datos de simpatizantes de candidatos de Acción Nacional”.
Por último, la factura está marcada con fecha del 19 de abril de 2006, el número 022778, y señala un importe por 10 millones 434 mil pesos.
Las sumas de rigor se consignan en el documento:
Subtotal:   10 434 000
IVA:           1 565 100
Total:         11 999 100
La tercera página del documento muestra el logotipo del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN en lugar preferente. La fecha: 26 de abril de 2006. Se trata de un oficio de la Dirección de Administración y Finanzas de Acción Nacional, donde se suscribe al ingeniero Jorge Arturo Manzanera Quintana como solicitante de un cheque por la cantidad de 11 millones 999 mil 100 pesos, que se extendería a favor de Hildebrando, S.A, de C.V., por el concepto de “captura de datos”. Además, se especifica el número de la propia factura que habría emitido Hildebrando (022751), y en una línea se indica: “Con cargo a: DÍA ‘D’.” Al lado de la firma del ingeniero Manzanera, se advierte el nombre de Arturo García Portillo como el responsable de la autorización.
En la actualidad, el ingeniero Manzanera –quien fuera secretario de elecciones cuando Calderón fungió como presidente de su partido– conserva su calidad de consejero nacional del PAN.
***
Decidí buscar a Manuel Espino, en aquel entonces presidente de Acción Nacional. Concertamos una cita en un café de escasa concurrencia. Vi sus ojos, siempre hay que mirar los ojos de los desconocidos, y empezamos a conocernos.
Le hablé sobre los documentos en términos vagos, y en términos evasivos escuché explicaciones que no me llevaban a ningún lado. No obstante, Espino era la única persona a la que podía acudir con el propósito de conocer la naturaleza y el valor de los papeles que habían caído en mis manos. Eje de la campaña electoral que tuvo a Felipe Calderón Hinojosa como candidato, no habría secreto mayor que pudiera escapar a su conocimiento.
Nos reunimos una segunda, una tercera, una cuarta, una quinta vez. Un día, de manera natural, Calderón fue el tema único. Espino me contó historias que lo llevaron a decir que el presidente se había convertido en un ser “inescrupuloso y perverso”. Por mi parte, no alteré mi manera de pensar: en este sombrío 2012 Calderón pagará por los inocentes y desaparecidos de la guerra que inició un desventurado día de enero de 2007.
Sentí que avanzaba en la confianza de Espino. Su lenguaje ganaba en claridad y contundencia. Habló acerca de sus sentimientos y convicciones. Había participado en una gigantesca operación para que Calderón ganara las elecciones. Tuvo la certeza de que así cumplía con su deber como militante del partido al que había entregado su vida. Acción Nacional era su casa, su pertenencia, un hogar. Además, consideraba que habría sido impensable otro presidente que no fuera Felipe Calderón Hinojosa. Como quisiera juzgársele, era hombre de doctrina, la misma de la inmensa mayoría de los mexicanos.
El tiempo, sin embargo, no creó alianza alguna con Espino. Al contrario, Calderón se construía con lo peor de sí mismo: “Mentía, manipulaba, traicionaba. En todos sentidos, empobrecía a la República”.
–Sí, don Julio –dijo Espino después de un largo silencio que me produjo expectación–, los documentos son auténticos.
***

A mis ojos, el asunto crecía. Andrés Manuel López Obrador había formulado una denuncia contra Hildebrando Zavala.
El 6 de septiembre de 2006, Proceso publicó:
Diego Hildebrando Zavala, cuñado de Felipe Calderón y socio con 18 por ciento de las acciones de la empresa de software Hildebrando, S. A. de C. V., anunció anoche que hoy demandarán por lo civil a Andrés Manuel López Obrador.
La denuncia será presentada, argumentó Zavala, por el descrédito que el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos le ocasionó merced a la acusación que éste hizo durante el debate televisado del martes. López Obrador sostuvo ese día que, como secretario de Energía, Felipe Calderón benefició a su cuñado con contratos por dos mil quinientos millones de pesos.
“Su dicho me ha dañado a mí, a mi familia, a mi empresa, las relaciones con clientes y con socios –aseguró Zavala–. A la fecha, el señor López Obrador no ha demostrado su dicho ni se ha disculpado. Por eso la demanda será por daño moral.”

La indignidad


Rolando Cordera Campos
El empleo está en las calles y es cada vez más precario. (En 2011), la economía informal generó cuatro veces más puestos de trabajo que el sector formal, marca que dejó de ser coyuntural para convertirse en tendencia”. Así inicia Roberto González Amador su detallado reporte sobre la información reciente del Inegi sobre el empleo y los salarios.

Estos últimos, nos cuenta, se comportaron así: “35.61 por ciento del total de los trabajadores remunerados tienen un ingreso no mayor a dos salarios mínimos; 25.65 por ciento de la población ocupada percibe de dos a tres salarios mínimos; 18.8 por ciento devenga de tres a cinco salarios mínimos, y otro nueve por ciento cobra por su trabajo más de cinco salarios mínimos, mientras que el restante 10.9 por ciento tiene un ingreso no especificado” (La Jornada, 26/2/12, p. 26).

Nunca había este país tratado tan mal a tantos, podríamos concluir nosotros. Con una fuerza de trabajo grande y todavía en expansión, urbana y en su mayoría joven y joven adulta, México debería crecer y multiplicarse, pero no con cargo al embarazo de las adolescentes, que aumenta con las horas y la mojigatería oficial, sino basado en los ingresos, las capacidades y destrezas de sus trabajadores. Pero no ocurre así, y el gobierno y sus vicepresidencias hacendarias y laborales se aferran a una visión que se ha vuelto ficción distópica.

La reivindicación del trabajo como actividad humana y fuente de derechos fundamentales estuvo en el origen de las transformaciones sociales y políticas que permitieron imaginar que la democracia y el capitalismo podían convivir y hasta reforzarse mutuamente, aunque no sin dificultades. Nosotros nos incorporamos tarde, pero con expectativas de pasos firmes en la justicia social basada en el trabajo como lo consagrara la Constitución de 1917 y que ahora se quiere cambiar, por aquello de la competitividad tan ansiada. Sólo esperemos que no sea al estilo pendenciero y traidor de Rajoy y compañía.

Las cifras y sus tendencias merecen un tratamiento mayor y mejor, pero con sus magnitudes gruesas y las que nos ofreció un día antes el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval), tenemos para trazar un cuadro inicial aproximado de cómo vivimos los mexicanos la globalidad y sus crisis: avasallados por la penuria material, la precariedad laboral y el achatamiento de las expectativas, entramos a la modernidad prometida por los traumáticos cambios de fin de siglo en medio de una inseguridad personal y social que no mengua sino que se vuelve “nacional”, según el general secretario. Frente a este paisaje lúgubre, resulta difícil imaginar que la democracia por todos tan querida pueda ofrecer una esperanza creíble de que la economía abierta a la que se le asocia pueda ofrecer los beneficios materiales suficientes para que las mayorías apuesten por su sostenimiento. La siempre azarosa relación entre economía (capitalista) y política (democrática) se vuelve peligrosa.
El mapa de la informalidad puede ser mayor, como lo advirtiera el doctor Ciro Murayama el jueves pasado en El Universal. Según sus estimaciones y las hechas con anterioridad por la investigadora Norma Samaniego con base en la metodología adoptada por la OIT, “el empleo informal alcanzó en 2010 a 26 millones de personas, 59 por ciento de la población ocupada”. Una dimensión mayor, pero nada desconocida de la vida en México en tiempos de crisis global (“Informalidad laboral: la dimensión real”, El Universal, 9/2/12, A13).

La verdad pura y dura es que, como ha insistido la propia Norma Samaniego, la erupción de 2009 fue como llover sobre mojado. Las tendencias al desempleo y al mal empleo, alojado tanto en la formalidad como en la informalidad, se instalaron en México desde principios del siglo, al calor de la recesión con que la economía estadunidense cerró el milenio. Entonces, nuestra recuperación fue tardía e insuficiente, lo que agudizó esta proclividad al empleo “indigno” que ha querido justificarse como el precio a pagar para ser competitivos.

El hecho de que los salarios manufactureros en China, Brasil o Costa Rica crezcan más que en México debía ser un claro mentís a tanta superchería sobre la competitividad. Pero vaya usted a saber qué le confío el Señor al secretario de Economía en su última conferencia celestial. Para este experto en comunicación divina, no hay hoy otra cosa que el mercado ampliado del Pacífico, que lo tiene viajando como trompo por todas las capitales del mundo asiático.

Sin empleo y salarios no hay mercado interno boyante ni estímulos adecuados a la inversión privada, salvo cuando ésta se dedica a vender afuera. La recuperación estadunidense puede afirmarse, pero será con lentitud y en medio de una incertidumbre galopante. Lo que urge, así, es recuperarnos con base en nuestras propias fuerzas, con inversión pública y cooperación económica y social renovada, poniendo por delante lo que nos es más preciado, que es el trabajo.

Por lo pronto, sin embargo, lo que se ha impuesto es una indignidad laboral que, agresiva, se desparrama y contamina a la economía, las familias, las regiones y las clases sociales, “cómodas” o no. Una humillación que emana del manantial donde supuestamente radica la fuente moderna del respeto que el hombre y la mujer sienten por ellos mismos y los demás.

Mal tratado en sus reflejos vitales y fundamentales, el pueblo mexicano no puede sino repetir y repetirse que tiene hambre de pan y sed de justicia. Como si se tratara del principio de la historia. Y de eso va o debe tratarse nuestra gran decisión de julio, que empieza ahora.

Tiempos modernos



Yes we can



La contienda interna del PAN


Arnaldo Córdova
Muchos se han sorprendido del resultado que tuvo la lucha por la candidatura presidencial del PAN entre Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel. Objetivamente, se trató de un final que muy pocos, fuera de los partidarios de Vázquez Mota, se esperaban y, menos, del modo apabullante en que se dio su triunfo. Sin embargo, se trató sólo de una apariencia, pues es verdad que la dirigencia panista se encontraba en una situación tan extremadamente delicada, dada la reiterada y dominante ventaja que ella mostraba siempre en las encuestas y pese al favoritismo exacerbado que Calderón exhibía por su ex secretario de Hacienda, como para lanzarse a la aventura de descalificarla y negarle el triunfo.

De hecho, eso último fue lo que todo mundo vislumbraba. Como la puja quedaba circunscrita a los miembros y adherentes del blanquiazul, era fácil imaginar que, desde el poder y, en especial, desde Los Pinos, se echaría mano de todos los recursos para hacer triunfar a Cordero. Algo debió ocurrir en alguna etapa del proceso que hizo imposible esa posibilidad, si bien no del todo, pues la votación obtenida por el llamado delfín fue, de verdad, totalmente extraña a las tendencias que las encuestas revelaban. Del mismo modo en que lo fue, al revés, la que obtuvo Creel, que siempre estuvo por encima de Cordero.

Ciertamente, alguien o algo debió haberle roto a Calderón su frente interno en el gobierno y en el partido, de modo de impedir una cargada en apoyo de su favorito. Muy pronto, la dirigencia panista comenzó a dividirse entre partidarios de Cordero y de Vázquez Mota y, lo más notorio, los mismos exponentes del gobierno y hasta del círculo más íntimo de Calderón comenzaron a dividirse en sus preferencias sin que nadie pudiera evitarlo o se atreviese a parar la diáspora. Cuando Roberto Gil, tan allegado al ocupante de Los Pinos, anunció que se decidía por Vázquez Mota la suerte pareció echada. Por lo visto, había ya vía libre para que todos se expresaran como lo decidieran en lo particular, sin presiones.

Todo ello pudo haber salvado al PAN y a su gobierno de una tormenta interna que nadie puede imaginar en qué habría acabado. Calderón, simplemente, no pudo hacer nada para parar a la precandidata o, tal vez, no lo quiso, lo que avalaría la idea muy generalizada de que su intención era, desde luego, sacar adelante a Cordero, pero, ante todo, parar a Creel, su antiguo contendiente, gran contradictor dentro del panismo y, lo más importante, un claro prospecto de Vicente Fox al que no se le iba a permitir meter las manos en el proceso.

Muchos han disertado sobre la naturaleza “consustancialmente democrática” del PAN que, al parecer, acabó imponiéndose al autoritarismo calderonista. El desmentido a tal hipótesis tradicionalista lo dan los mismos hechos de la lucha interna. Nunca, antes de llegar a ser un “partido gobernante” (como lo definió Luis H. Álvarez a principios de los noventa), se había visto que los panistas, para dirimir sus conflictos internos, recurrieran a las prácticas sucias, desleales y prepotentes de sus adversarios priístas (manipulación de votantes, acarreos, corruptelas electorales a más no poder y uso abusivo de los recursos del poder público y de los poderosos que sumaban a sus filas).

Después de su ascenso sostenido desde mediados de los años ochenta, los panistas fueron aprendiendo las malas artes de sus antiguos enemigos y aplicándolas, primero, con cierto disimulo y hasta con vergüenza democrática, y después, plenamente y sin ningún rubor, cuando se acostumbraron al poder, con todos los recursos que podían tener a la mano, por más sucios que antes les parecieran. Eso se pudo ver en la contienda interna para elegir candidato a los comicios presidenciales de 2006, cuando Calderón apabulló a Creel con sus marrullerías y sus truculencias. Tal parece que Creel no aprendió para nada la lección.
En esta contienda todo mundo ha podido testimoniar la ferocidad de que los panistas han hecho gala en su lucha por el poder. Vázquez Mota no se limitó a ofrecer su condición de mujer como la novedad política que podría revitalizar las aspiraciones panistas a seguir siendo un partido gobernante. Desde luego que hizo uso de esa carta todas las veces que pudo, pero su batalla fue de lo más rudo y sin miramientos. Con tal de lograr su preeminencia en las encuestas (que, después de todo, sólo iban a servir como un referente para los electores panistas) ella también abusó de todos los instrumentos que el mismo poder puso de su lado, a veces, en contra de su mismo jefe.

Más sorprendentes todavía que los mismos resultados de la elección interna y no obstante lo sanguinario de la pugna, fueron ciertos comentarios de un arrobamiento desembozado por la “proeza” de la precandidata panista. Resulta increíble que alguien crea que su triunfo no se lo debe ni a los gobernadores, ni a la mayoría de los secretarios, ni a la casa presidencial y todavía piense que su mejor cualidad es su talante tolerante, incluyente, conciliador y con capacidad de convocatoria (María Amparo Casar, en Reforma, 07.02.2012). Por el tipo de asesores que ha conjuntado, se puede saber de la calidad democrática de su desempeño. Bastará recordar a ese innombrable que se llama Solá.

Los precandidatos derrotados han hecho lujo de contrición en su debacle. Es probable que Creel todavía no pueda entender cómo fue que sacó en la contienda un miserable seis por ciento de la votación interna. Él, que sólo pedía que le pusieran el suelo parejo, de seguro ahora no podrá ni distinguir lo que es parejo de lo que es chipotudo. Cuando en el PRI se dan estos casos y alguien sale derrotado, lo primero que busca, como suele decirse, es vender cara su derrota. Eso sucede, evidentemente, porque se trata de personajes que siempre tienen una fuerza de regular tamaño detrás de ellos. Cordero, al parecer, anda buscando un lugarcito nadie sabe en dónde. En todo caso, no parece justificar que haya obtenido nada menos que un 38 por ciento de la votación, cosa que, ésa sí, nadie se esperaba, menos él, por supuesto.

El problema no son los precandidatos, sino los grupos panistas que fueron protagonistas en la misma contienda, muchos de los cuales deben estar resumando rencor y deseos de venganza. Ésos son los que, sin duda alguna, van a vender cara su derrota. Calderón, por lo pronto, está en un brete. Por un rato, al menos, todos han puesto a dormir sus anuncios triunfalistas (si es que alguien creyó en ellos) para recalcar el hecho, que no necesita demostración, de que él es el verdadero perdedor y, lo que es lo peor, derrotado por sus propios correligionarios. Puede ser, claro está, una exageración, pero esa es la percepción generalizada.

Vázquez Mota, en el paroxismo del entusiasmo por la victoria, de inmediato se propuso enfrentar a sus adversarios y lo hizo del modo más ingenuo y prepotente, calificando a Peña Nieto como su enemigo a vencer e ignorando al ya seguro candidato de las izquierdas, dando a entender que éste no es para ella un contendiente de cuidado, lo que a López Obrador no le hizo ni cosquillas. Todos saben que del plato a la boca se cae la sopa: a esta señora no sólo se le puede caer, sino que la puede quemar.

La vivencia de una revolución silenciosa

El despertar


José Agustín Ortiz Pinchetti
Hace unos días me entrevistaron desde una estación radiofónica que opera en Los Ángeles sobre AMLO. Les interesó mi referencia a una revolución cultural silenciosa en México. Me queda claro que empezamos a despertar cuando el régimen priísta no fue capaz de mantener el crecimiento económico. Resistieron con trampas y fraudes, pero se inició la transición a la democracia. Proceso lento e inacabado, pero no pueden negarse los cambios profundos en la cultura política. Tarde o temprano el impulso de un pueblo más exigente va a imponerse.

¿Qué factores están provocando el fenómeno? El más poderoso es el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría, acompañado por la corrupción y el desprestigio de los gobiernos. El cambio es respuesta a una incitación: los sufrimientos y frustraciones de las últimas tres décadas. Pero no sólo es una reacción, la gente está más informada. Cierto, la televisión intenta controlar la opinión, pero las redes informales, muchas estaciones de radio y periódicos están abriendo espacios. La sociedad se ha vuelto laica, desobediente y retobona. Como sea, existen partidos políticos, debates, candidaturas. Todo el mundo habla de política. El IFE puede ser imperfecto, pero hay un árbitro a quién reclamarle; cada día son más los inconformes. Y tenemos también la influencia exterior. A partir de 1989 han caído todas las dictaduras y han sido sustituidas por regímenes democráticos. A veces el tránsito ha sido cruento, a veces suave, pero la democracia es ya un paradigma mundial.
La revolución silenciosa no ha despertado mucho interés en la academia; en cambio, los grandes jerarcas de la política la observan, vigilan y espían.

Mi propia fuente de información sobre estos cambios profundos es el Morena. Cada vez que me acerco a los grupos que están creciendo constato en qué consiste el fenómeno. Me asombra cómo los grupos populares que se adhieren son cada vez más entusiastas y puntuales. En las reuniones, la gente está alerta. Opina con gran libertad y claridad política. Entiende todos los mecanismos de control y los impugna. Sus acciones son cada vez más efectivas. Por lo menos para ellos, la pesada costra que sometía a la población se está resquebrajando.

Cuando converso con mis amigos en la capital sobre estas experiencias me oyen incrédulos. Creen que toda esta estructura se va a desplomar cuando el PRI reparta regalos y/o cuando el PAN amenace con quitarles los subsidios que otorga a la gente pobre. Lo que pasa en el fondo es que mis amigos no tienen fe en la gente común. Para mí, la verdadera esperanza no está en la clase política y sus amarres, sino en el despertar multitudinario de la gente común y corriente, que tendrá su prueba de fuego en la próxima elección presidencial.

Bátiz y Mondragón estarían en el gabinete de seguridad de López Obrador

El aspirante presidencial del Movimiento Progresista, en las zonas más violentas de NL
 
La inseguridad es un asunto del mal gobierno, sostiene
Hospitalizan a Muñoz Ledo
Foto
Andrés Manuel López Obrador habló en Nuevo León de la política social como estrategia para revertir la violenciaFoto Carlos Ramos Mamahua
 
Alonso Urrutia y David Carrizales
Enviado y corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 12 de febrero de 2012, p. 7
Sabinas Hidalgo, NL., 11 de febrero. En esta zona gravemente afectada por el crimen organizado, el precandidato presidencial del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, hizo dos nuevos anuncios de sus colaboradores, quienes se encargarían de serenar al país y enfrentar la secuela de los 50 mil muertos que heredara el gobierno actual. Bernardo Bátiz sería procurador general de la República, pues es un hombre incorruptible, y Manuel Mondragón y Kalb, el próximo secretario de Seguridad Pública.
Al comenzar una gira de dos días, López Obrador eligió esta entidad para hacer los anuncios de dos personas que serían clave en su gabinete, pues asumirían plenamente las tareas de seguridad bajo su proyecto de retirar al Ejército de las calles en seis meses. Mondragón tendría la tarea de conformar la nueva policía nacional federal, más profesionalizada y capacitada pero también con el valor de la honestidad como base.
Mondragón se desempeña actualmente como titular de Seguridad Pública del gobierno capitalino y ha logrado, según dijo, buenos resultados. Ahora se crearía una buena policía nacional federal que nos permita enfrentar el flagelo de la violencia, el crimen organizado y que al mismo tiempo vaya sustituyendo al Ejército.
En su visita a esta entidad, el precandidato presidencial aprovechó para denunciar al que hace seis años era gobernador priísta, Natividad González Parás: “Ese le ayudó en el fraude al PAN, siendo del PRI, ayudó en el fraude a Calderón. Tengo pruebas de lo que estoy diciendo, porque aquí en Nuevo León nos robaron, aquí y en Guanajuato, y aquí todo el operativo de fraude en 2006 estuvo a su cargo y él fue quien impuso al que está ahora (como gobernador), ya ven cómo los imponen ahora: los visten bien, los peinan, los engominan y con la tv los proyectan y allí están las consecuencias”.
En entrevista sobre la postura del aspirante presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, quien consideró que al difundirse expedientes sobre las indagatorias de ex gobernadores priístas se emprendía una campaña contra su partido, insistió en que para la justicia no hay tiempos electorales.
–¿Está defendiendo lo indefendible?
–Él tiene derecho a defender a sus amigos del PRI, pero si hay elementos que señalan a los priístas, panistas o perredistas, sea quien sea, se tiene que aplicar la ley y se debe terminar la corrupción, porque si no, no vamos a salir adelante.
Comida y cena con empresarios
En esta región, López Obrador dijo –en una comida con pequeños empresarios– que la inseguridad no es asunto del destino ni una fatalidad, es un asunto del mal gobierno. Insistió en que se retirará el Ejército, pero hacerlo de inmediato sería dejar en la indefensión a la población.
Por la noche López Obrador continuó sus acercamientos con el sector empresarial y sostuvo una cena privada con Javier Garza Calderón, del grupo Domos, entre otros. Ante ellos, explicó su propuesta de cambio verdadero y la república amorosa.
Antes, recorrió algunos de los municipios más agobiados por la inseguridad, Sabinas, Linares, entre otros, donde hay constantes enfrentamientos y ejecuciones por las disputas entre bandas del crimen organizado y la acción de fuerzas federales. Desde que se recrudeció la violencia del narcotráfico, Nuevo León vivió en 2011 el año más violento, cuando se contabilizaron 2 mil 3 homicidios dolosos, mil 825 de ellos relacionados con grupos delictivos.
En Sabinas Hidalgo, de seis ejecuciones en 2010 subió a 22 en 2011; en Linares, se pasó de cuatro a 24; mientras en Montemorelos en 2010 hubo 19 y en 2011 se contabilizaron 59 crímenes. En Cadereyta se reportaron 24 en 2010; 119, en 2011, y 11 en enero del presente año.
Esa fue la ruta que hoy recorrió López Obrador y efectuó mítines concurridos.
Ante habitantes de esos municipios, el precandidato habló de la importancia de la política social para revertir la violencia. Entre los asistentes, las historias de pobreza muestran diversas caras. Josefina, una abuela dedicada a la venta de tamales para paliar los efectos devastadores de la sequía en el campo inutilizado por la sequía y el abandono oficial, sostuvo que los apoyos al sector no han pasado de lo que anuncian en televisión, la cosecha de su marido ya se perdió.
A sus 80 años, José vino por segunda vez a escuchar a López Obrador para ver si las cosas cambian, aunque sea ya en el ocaso de su vida. Jubilado, vive con los mil 600 pesos que le tocan de la pensión pues acá no ha llegado aún el programa 70 y Más del gobierno federal. En tanto, el precandidato cuestionaba el dispendio gubernamental.
Mientras estaba en el mitin de Linares, Porfirio Muñoz Ledo se retiró al sentir un dolor originado por una hernia. Fue atendido en el hospital San José de Monterrey, donde lo reportaron estable pero se quedó en observación.
Este domingo a mediodía, López Obrador estará en uno de los municipios más ricos del país, San Pedro Garza García.

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