domingo, 30 de octubre de 2011

Los empeños de Peña

Rolando Cordera Campos
En el contexto de unas reuniones organizadas por la Fundación Colosio del PRI, el ex gobernador Enrique Peña Nieto decidió soltarse el pelo y abrir su juego en asuntos cruciales de la economía y la política mexicanas. Espoleado tal vez por el exitoso desempeño de Andrés Manuel López Obrador en Monterrey, Washington y Madrid, Peña dejó su estrategia del prudente y vago silencio y propuso abrir la industria petrolera a la inversión privada, redefinir el sistema electoral reduciendo el número de plurinominales y, por esa vía y otras astucias reformistas de la legislación respectiva, asegurar unas mayorías sin necesidad de ganarlas en las urnas.

El aspirante mexiquense no dijo cómo imagina la traída y llevada apertura de la industria estatal, creada a partir de la expropiación petrolera hecha por el presidente Cárdenas. Luego de una cátedra sobre el peso nefasto que según él tiene la ideología, llamó a liberarnos de telarañas nacionalistas y afrontar los hechos como son, realistamente, para ser modernos y estar a la altura de lo que el resto del mundo hace en esta y otras materias. Y en lo tocante a las ansiadas mayorías, luego de recular en su proposición original de la mal llamada cláusula de gobernabilidad, insistió en la que al parecer será su consigna maestra: sólo así, con mayorías seguras, podrá México contar con un Estado eficaz, que es lo que le hace falta para abandonar el marasmo que lo caracteriza.

En el futuro sabremos lo que el aspirante, respetuoso de la legislación electoral que según él le impide ir a los cómos, entiende por apertura de Pemex. Si ello quiere decir concurrencia en todos los planos de la actividad, asociaciones público-privadas a todo lo largo de la cadena productiva o la conversión del organismo paraestatal en una empresa capaz de flotar acciones y hacerle el día al entusiasta privatizador energético que hoy oficia como presidente de la Bolsa Mexicana de Valores. Lo que parece estar lejos del razonamiento de Peña, es la realidad y las perspectivas de la industria misma, aquejada de reumatismo y falta de reflejos después de décadas de extravíos en su dirección y, sobre todo, de renuncia a invertir en lo que conforma el corazón de su actividad: la exploración sistemática y la explotación sostenida de los frutos de la primera.

No sabemos si esta inopinada toma de partido de Peña Nieto constituye un hilo conductor de su estrategia económica, hasta ahora celosamente guardada en los closets de su cuartel general. De ser este el caso, sus sesudos asesores tendrán que arriesgar algo más que la elemental ingeniería financiera que le permitió al gobierno mexiquense aliviar el peso de sus deudas. Sin Pemex y su permanente auxilio a las finanzas públicas, que llega a representar 40 por ciento del gasto, el país no sólo se mantendría estancado como en lo fundamental ha estado en estos 11 años de alternancia sin alternativas, sino que entraría en un franco retroceso al verse obligado a convertir la austeridad fiscal en abierta contracción del gasto y la inversión pública, con la consiguiente retracción de los servicios del Estado y la todavía mayor erosión de la infraestructura física y humana con que a pesar de todo cuenta México.

Sin un Pemex conducido por el Estado, la eficacia prometida y buscada por Peña no tendría futuro. La reforma fiscal puede proponerse una y otra vez como indispensable y formar parte de la jaculatoria de las reformas que tanto necesitamos, pero aún si ocurriese el milagro de la multiplicación inmediata de los panes del fisco, es claro que sin el aporte fundamental proveniente de la renta petrolera el Estado se paralizaría y su proverbial ineficacia se convertiría en costumbre patria. Sin salida alguna.
Los escarceos del (pre) candidato priísta con el petróleo y la representación política formal, parecen más bien dirigirse a la conformación de una alianza política y social definida por el peligroso juego del amigo y el enemigo. De este lado, podría decirnos, quienes quieren la modernización que no puede sino provenir de la competencia que es propia de la empresa privada; del otro, los necios sometidos a la ideología que tanto ha trabado el progreso económico y la modernidad social.

No es así y nunca lo ha. La astucia del estado mayor mexiquense tendrá que afilarse y complicarse la vida, si en efecto quiere salir al paso de un reclamo multitudinario que, por más que les pese, hoy encabezan López Obrador y su movimiento.

Pemex puede y debe convertirse en una gran empresa del Estado para ser el eje de una industrialización que esté a la altura del reto global que al calor de la crisis se reconforma. Como demandante de múltiples bienes y servicios y como sostén de una industria energética nacional digna de tal nombre, puede constituir la gran palanca de la reconfiguración del sector privado cuyo concurso es crucial para restructurar la economía mixta y empezar a trazar un nuevo curso al crecimiento y el desarrollo de México. Nada de esto implica una privatización ni acudir a la inversión privada en el desempeño de sus tareas sustanciales de exploración, explotación y transformación del petróleo.

Es desde esta perspectiva, atada al futuro posible y deseable del país, y no a un pasado imaginado por asesores áulicos pero no por ello menos ignorantes de la historia nacional, que emerge la necesidad de un Estado dotado de auténticas capacidades de conducción e intervención para darle a la eficacia un contenido terrenal. Donde le fallan los silogismos al (pre) candidato es precisamente en este terreno.

No habrá eficacia del Estado sin un fisco que la sostenga, por su pujanza, flexibilidad y dinamismo. Esta es la verdadera hora del mundo que irrumpe: Estados fuertes y dispuestos a impulsar pero también a subsanar y llenar los enormes huecos dejados por un mercado enloquecido sometido a la especulación planetaria, que no deja campo para la inversión productiva y la innovación empresarial. Difícil de imaginar el despeje de esta ecuación, sin una efectiva participación popular articulada a la movilización y el reclamo, pero con cauces amplios en una política democrática que exige no menos sino más representación genuina.

Lo que surge, es una pluralidad que no va a reducirse sino a crecer y diversificarse a medida que la disputa política avance y, a pesar de su minusvalía, se dejen ver los grandes problemas agravados por más de una década de inepcia cupular y complicidad política.

El rechazo a esa ineptitud y al regodeo cómplice con el estancamiento estabilizador impuesto como forma de vida inercial por Hacienda, es lo que puede despertar sentimientos y voluntades para hacer del Estado el gran matraz de una renovación económica que para serlo tiene que ser también política. Los planes esbozados por el licenciado Peña Nieto van en sentido contrario de esta ruta. Así planteados, van en contra de una economía realmente moderna y de una democracia que dé seguridad y garantice el disfrute de los derechos sociales.

La democracia que prometen los malabaristas del cambio priísta no sólo carece de adjetivos: deja al Estado sin objetivos y lo despoja de cualquier eficacia.

El drama del PRD. Arnaldo Córdova

Antonio Gramsci, el gran revolucionario italiano, apuntaba que un partido político debe ser un intelectual colectivo, con una visión de la sociedad que es y tiene que ser fruto del estudio y del análisis profundo y pormenorizado de la misma. No se trataba de un ente abstracto o figurado, sino del concepto que debe definir la organización partidista como elaboradora de conceptos que sean el resultado de la discusión de todos sus miembros y del acuerdo de los mismos, para empezar, en el conocimiento que entre todos deben producir. El partido no es sólo un órgano para la acción, sino, en primer lugar, para el conocimiento del entorno en el que debe actuar.

Si vemos lo que es hoy el PRD (en realidad siempre lo ha sido), sumido en una profunda miseria intelectual, por falta de cuadros que lo cultiven y lo desarrollen como una organización del talento y del conocimiento, lo que encontramos es la corrupción que el dinero público ha llevado a sus entrañas y la conversión de sus dirigentes en auténticos cazadores de fortuna, logreros y corrompidos que han hecho su modo de vida ocupando toda clase de puestos burocráticos o de elección, activistas ignorantes y pragmáticos que, por ejemplo, cuando llegan a ser diputados o senadores, no pueden hacer otra cosa que calentar la curul. Su tarea más frecuente es la de bloquear o anular a otros cuadros mejor preparados.

El partido gramsciano es también una organización colectiva que busca su perfeccionamiento a través del análisis y el debate. Desde luego, se trata de un partido democrático que permite la circulación de ideas y también de los oficios y los quehaceres; todo ello debe traducirse en un recambio oportuno de sus cuadros dirigentes o su sustitución cuando cometen faltas graves contra la legalidad y la vida interna del partido o, incluso, cuando se destacan nuevos cuadros. Se trata, también, por supuesto, de un partido de izquierda cuya existencia está cifrada en el debate y la discusión. Sólo así puede concebirse la vida interna y el desarrollo institucional de un partido.

El PRD es un partido que no sabe discutir, en gran medida, por una enorme ignorancia de sus cuadros, casi todos ellos activistas que sólo son duchos en la grilla y la cosecha de prebendas, pero carentes de ideas y de cultura. Y no estoy pensando en un partido ideal. A pesar de todos sus defectos, ese era el credo de los antiguos partidos de izquierda y, sobre todo, comunistas. Eran partidos de cuadros. El PRD es un partido de masas, pero con una dirección sumamente burocratizada y oportunista.

Es verdad que ningún partido puede ser en realidad democrático, como lo demostró Robert Michels, uno de los pioneros en el estudio de los partidos políticos, porque en ellos siempre se encumbran oligarquías partidistas que muchas veces es imposible cambiar o derrocar. Gramsci lo sabía y de seguro había observado lo mismo en los partidos comunistas de su época. Pero él postulaba un nuevo tipo de partido en el que, precisamente, el debate y la participación activa de sus militantes pusieran al descubierto y pudieran conjurar cualquier intento de oligarquía partidista.

El PRD ha sido un partido oligárquico desde su fundación. Los cardenistas, acostumbrados al tipo de liderazgo que conocieron en el PRI y, siendo mayoría en la nueva organización, impusieron ese tipo de liderazgo, el cual ha acabado por degenerar en dirigencias corruptas y entreguistas que buscan la liquidación del partido (como solía decirse en lenguaje leninista), entregándolo a la derecha más reaccionaria y pasando sobre toda clase de principios que el PRD haya podido enarbolar.

La esencia de un verdadero partido consiste en el debate hacia adentro y hacia afuera, no la componenda de intereses mezquinos. A través del debate se traza la línea política del partido y su táctica en el campo de la lucha política. El debate ayuda a mantener la identidad política del partido; la componenda y el oportunismo aniquilan toda formación partidista, al grado de que ve como muy natural aliarse con los peores enemigos. Resulta ridículo y grotesco, como hacen los chuchos, alegar que eso es hacer política “moderna” y superar el primitivismo de la izquierda. Aliarse con el PAN es ir al extremo del espectro político y entregarse sin ninguna ventaja a la extrema derecha.
Un partido es un ente colectivo que envuelve intereses superiores a sí mismo. Los intereses partidistas son, por su naturaleza, intereses parciales que no alcanzan para dar su verdadera identidad. Los verdaderos intereses de un partido democrático y de izquierda son los que identifica, siempre desde su particular punto de vista, como los intereses de la nación; puede estar equivocado, pero en todo caso es algo que lo debe caracterizar: su identidad con la nación, con la sociedad. Se trata de su respuesta particular a los grandes problemas nacionales. Un partido sin una visión fundada y legitimada de los intereses nacionales, es una pandilla de vividores sin más intereses que sus muy particulares, tal y como ocurre hoy en el PRD.

Un partido forma sus direcciones a través de una selección rigurosa de sus capacidades y talentos y, aunque la lucha interna, característica de todo verdadero partido, puede adolecer de una cierta ferocidad, siempre versa sobre lo más adecuado para la solución de todos los problemas, propios y de la nación. Jamás premia la corrupción ni la ineptitud, a riesgo siempre de sufrir derrotas y descalabros sin fin. Cada elección de dirigentes y de candidatos debe estar precedida de un amplio debate sobre la calidad moral y política de quienes aspiran a esos puestos. En ello no pueden permitirse sorpresas ni prácticas corruptas.

En el PRD no hay nada de eso. Anclado en la existencia de tribus y sectas cuyos intereses definen los del partido, sus debates son únicamente para fijar las cuotas que a cada grupo corresponden en los puestos o, como los animales, los mojones de sus territorios. El espectáculo que ha dado hace unos días lo descubre una vez más como una masa informe de gandallas de la peor ralea a los que la idea misma del partido les es totalmente extraña, ya no digamos los pálidos principios inscritos en sus documentos básicos de los que ninguno se acuerda, como no sea para reivindicar sus cuotas de poder y los centavos que les tocan.

Un partido que tiene como uno de sus principales campos de acción la lucha parlamentaria, busca siempre llevar sus mejores cuadros intelectuales y políticos a los órganos legislativos. En un partido enrevesado como lo es el PRD, eso es una vana ilusión. Se ha podido ver a la luz del sol en días recientes. Las dentelladas y los gruñidos son por los huesos. En ningún caso se ha visto que alguien quiera poner un poco de orden en ese panorama desolador que ofrecen las corrientes en contienda. La mayoría de los cuadros perredistas son viejos activistas que no tienen idea de lo que debe ser el partido ni mucho menos del papel que debe desempeñar en el Legislativo.

Un verdadero partido se define por su responsabilidad frente a la sociedad. Un partido así se postula como servidor de esa sociedad; existe para ser instrumento de las aspiraciones sociales y su prestigio en el seno de la misma debe depender del modo en que se ligue a ella y participe activamente en la solución de sus problemas. El PRD existe para sí mismo, lo que quiere decir para satisfacer las ambiciones de sus dirigentes. La sociedad viene a ser sólo la arena en que los perredistas se destrozan por sus mezquindades. Eso es el PRD.

Nuevos líderes para una nueva política

El despertar

José Agustín Ortiz Pinchetti
Nadie se llame a engaño. Al fin sabemos la propuesta de Peña Nieto, candidato virtual del PRI: la restauración del viejo régimen. El PAN propone continuar en la misma trayectoria trágica. Calderón intentará desfondar al PRI revelando verdades atroces sabidas por todo el mundo. Latrocinios, crímenes, abusos, desvíos. La única esperanza de cambio y modernización está representada hasta hoy por AMLO y su movimiento. Pero hay que decirlo con toda claridad: aunque López Obrador es un líder excepcional, se requieren muchos otros. El país tiene hambre de nuevos líderes más allá de las ideologías y los programas.

¿Dónde buscarlos? No sé si debamos poner un anuncio en el periódico que diga: Se buscan ciudadanos con madera de líderes. Con sana estructura interior pero eficaces para la operación política. Que busquen el poder para servir y no para servirse. Con vocación vivida como misión: rescatar a México. Patriotismo no como retorica, sino razón de vida. Como vida personal bien organizada que corresponda a una vida pública intachable. Que no roben, que no mientan, que no traicionen, aunque la mentira, el robo y la traición sean la moneda corriente en nuestra clase política actual, con imaginación que se atreva a visualizar a un México próspero y justo, donde se vuelva a crecer y que por primera vez en siglos se empiece a repartir. Donde las instituciones tengan fachadas que coincidan con sus interiores.
Líderes rectos, pero inefectivos, favor de abstenerse. Necesitamos personas capaces de transformar la realidad, dotados de un sano pragmatismo; aquellos que se adelantan a los acontecimientos, que responden a tiempo a las incitaciones y que incluso provocan los retos para estimularse. Requerimos a quien sepa lo que busca y que no se enrede en el chismorreo y la grilla. No sólo enérgicos, sino entusiastas, que puedan concentrar esas virtudes y la realización de las cosas. Puntuales, responsables y cumplidores.

Requerimos gente confiable que sepa tratar a la gente. Que crea en ella, que no se crea más lista que los demás. Que no cante mañanas, que no simule. Que para convencer a alguien primero lo escuche, comprenda lo que quiere y esté abierta a dejarse convencer. Pero que también sea capaz de hacerse comprender. Gente que no quiera ventajas ocultas, que no haga compromisos para incumplirlos, que vaya por beneficios para todos los involucrados en un acuerdo. Que sepa trabajar en equipo, que no se sienta amenazada porque otros sean mejores. Que entienda que el todo es mayor que las partes. Que es mucho mayor y mejor lo que se obtiene en grupo que la suma de lo que puede hacer cada uno por separado.

Bueno, me voy a una tienda de antigüedades en Peralvillo a conseguir una lámpara de Diógenes para buscar con ella a los líderes que el país necesita.

La deuda pública aumenta mil 667 millones de pesos ¡ diarios !

El saldo llegó a la cifra histórica de 5 billones 173 mil 894.3 millones de pesos
Los compromisos del aparato público son equivalentes a 35.8% del PIB, según Hacienda
Las obligaciones crecieron 13% entre el tercer trimestre de 2010 y el mismo periodo de 2011
Foto
Israel Rodríguez J.
 
Periódico La Jornada
Domingo 30 de octubre de 2011, p. 24
La deuda total del sector público creció 608 mil 568.2 millones de pesos en los últimos 12 meses, lo que representó un ritmo de endeudamiento de mil 667 millones de pesos diarios, reveló la Secretaría de Hacienda.
Así, al cierre de septiembre el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público, que es el componente más amplio de los compromisos totales, ascendió a un nuevo máximo de 5 billones 173 mil 894.3 millones de pesos, lo que significó un crecimiento de 13 por ciento entre el tercer trimestre de 2010 y el mismo periodo de este año.
El saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público, que incluye la deuda neta del sector público presupuestario, las obligaciones netas del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (Ipab), pasivos del Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin), los asociados a los proyectos de inversión pública financiada por el sector privado (Pidiregas), los correspondientes a los programas de apoyo a deudores, así como la pérdida esperada de la banca de desarrollo y los fondos de fomento, fueron equivalentes a 35.8 por ciento del producto interno bruto (PIB), un crecimiento de 0.8 punto porcentual respecto del mismo periodo del año pasado.
Los informes sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública al tercer trimestre de 2011, detallan que el monto de la deuda neta del sector público federal, que incluye los compromisos totales del gobierno, los de los organismos y empresas controladas como Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la de la banca de desarrollo, se ubicó en 4 billones 597 mil 526 millones de pesos, lo que representó 31.8 por ciento del PIB, nivel superior en 1.1 puntos porcentuales respecto del observado al cierre del tercer trimestre de 2010 (30.7), cuando se fijó en 4 billones 2 mil 730 millones de pesos.
En el lapso enero-septiembre de 2011 el gobierno realizó pagos por intereses y comisiones asociados a la deuda del gobierno federal por 131 mil 344 millones de pesos.
Por su parte, la deuda interna que agrupa todas las colocaciones de instrumentos gubernamentales emitidos en el llamado mercado de dinero, como Cetes, Bondes, Bonos Ipab, entre otros, se situó en 3 billones 99 mil 146 millones de pesos, monto que representa 21.4 por ciento del PIB, cifra superior en 0.4 puntos porcentuales respecto de la observada a septiembre del año pasado cuando se ubicó en 2 billones 754 mil 410 millones de pesos.
En los pasados 12 meses el saldo de la deuda interna del sector público federal se incrementó en 344 mil 736 millones de pesos, es decir, un crecimiento en ese periodo de 12.5 por ciento.
Con base en el saldo contractual de la deuda interna registrado al 30 de septiembre de 2011, se tiene previsto que las amortizaciones del sector público federal alcancen durante el cuarto trimestre del año un monto de 384 mil 119 millones de pesos. De este monto 94.7 por ciento será destinado para cubrir las amortizaciones de colocaciones de bonos gubernamentales en los mercados financieros nacionales.
En tanto, el saldo de la deuda externa neta del sector público federal aumentó 11 mil 781 millones de dólares en términos anualizados, que significó un crecimiento de 11.8 por ciento para ubicarse en 111 mil 638 millones de dólares (equivalentes a un billón 498 mil 380 millones de pesos), monto superior a los 99 mil 857 millones de dólares registrados al cierre de septiembre del año pasado.
Como porcentaje del PIB este saldo representó 10.4 por ciento, proporción superior en 0.8 puntos porcentuales a lo observado en septiembre de 2010.
Solamente en el periodo enero- septiembre el gobierno federal realizó erogaciones por concepto de intereses, comisiones y gastos asociados a la deuda pública externa por un monto de 4 mil 298.7 millones de dólares.
La evolución de la deuda pública externa fue resultado de un incremento en el saldo de la deuda externa bruta de 3 mil 41 millones de dólares, producto de un endeudamiento externo neto de 2 mil 605 millones de dólares, y ajustes contables a la alza por 435.7 millones de dólares, que reflejan principalmente la variación del dólar respecto de otras monedas en que se encuentra contratada la deuda.
Adicionalmente, los activos internacionales del sector público federal asociados a la deuda externa presentaron una variación negativa de 3 mil 918 millones de dólares.
Con base en el saldo contractual de la deuda externa registrado al 30 de septiembre de 2011, se tiene previsto que las amortizaciones del sector público federal alcancen durante el cuarto trimestre del año un monto de mil 662.6 millones de dólares.

Calderón reconoce a México como la nación más violenta del mundo

SDPnoticias

2011-10-29 18:10:00

Asunción.- En el marco de la XXI Cumbre Iberoamericana la necesidad de que América Latina, Felipe Calderón aseguró que debemos asumir que existe un problema de violencia.



En la sesión plenaria Calderón señaló que tras el reporte de Naciones Unidas divulgado esta semana en la que se indicó que somos la región más violenta del mundo.



"Y sí, tenemos un problema que tenemos que asumir ya pronto, desde todas las perspectivas posibles que es la criminalidad. El desafío que el crimen organizado presenta a la institucionalidad formal del Estado y, obviamente, su vinculación o no con el narcotráfico".




Llamó a construir institucionalidad, que es la clave para superar la criminalidad en América Latina, que según el reporte de la ONU "somos la región más violenta del mundo".



Agregó que la criminalidad y el crimen organizado constituyen un desafío frente al cual los países del área deben construir 'institucionalidad, mejores gobiernos, mejores cuerpos policiacos, mejores jueces, mejores Ministerios Públicos, confiables, eficaces'.


El líder del ejecutivo sostuvo que construir institucionalidad también implica una 'mayor y mejor democracia' porque nuestros pueblos han padecido autoritarismos de todos tipos y la única manera de evitar su regreso es fortaleciendo las instituciones.

El enigma de Beltrones. Jesusa Cervantes


El coordinador del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones. Foto: Miguel Dimayuga
El coordinador del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones.
Foto: Miguel Dimayuga

 
MÉXICO, D.F. (apro).- Hacia dónde va Manlio Fabio Beltrones Rivera? ¿Es real su búsqueda por la candidatura presidencial del PRI? ¿Está presionando con su presencia para sólo negociar una buena posición en caso de que gane el PRI en el 2012 o será el verdadero poder tras el poder los próximos seis años; o será quien, finalmente, ejerza la presidencia con inteligencia y sin ocurrencias? ¿Se prestaría a hacerle el juego a Enrique Peña Nieto únicamente para que éste pueda hacer precampaña?
Preguntas como las anteriores se han vuelto frecuentes entre la militancia priista… y más allá.
Cierto es que Enrique Peña Nieto tiene la presencia en medios y la juventud que Beltrones carece. Sin embargo, los verdaderos líderes del PRI y aún la propia militancia sabe que en estos momentos, ante el aumento de la violencia, la mayor presencia de grupos del crimen organizado, el fracaso de la economía mexicana y el desastre en materia laboral que se vive, no es precisamente una cara bonita lo que se necesita para gobernar el país.
Más de un político opositor a él y entre sus propios correligionarios, a Beltrones le reconocen habilidad para negociar y capacidad para operar; han llegado ha decir que es “un hombre de Estado”. Lo cierto es que se trata de un político que a lo largo de los años ha logrado establecer puentes políticos con Estados Unidos, el empresariado mexicano, las fuerzas armadas, la Iglesia y hasta con la oposición.
Pero también se le ha señalado como un hombre siniestro que ha podido establecer ligas con seres oscuros y míticos, como el narcotraficante Amado Carrillo, El señor de los cielos.
Este aspecto, su presunto nexo con un ala del crimen organizado, ya forma parte de las historias que se han formado en torno a su figura, así como aquello de que se trata de uno de los políticos más informados del país. Su historia negra corre de la mano de su exjefe y mentor, Fernando Gutiérrez Barrios, pero también de su mano corren las habilidades y estrategias aprendidas.
Se dice de él que no puede poner un paso en Estados Unidos por el supuesto vínculo con el crimen organizado; pero lo cierto es que sus viajes a ese país y búsqueda de políticos estadunidenses han sido constantes. Él mismo se ha encargado de tratar de borrar la imagen de ser siniestro ligado a dudosos grupos de poder.
Del lado de Enrique Peña Nieto, el joven político mexiquense, poca gente lo ve como un hombre de poder. Políticos de todos los partidos lo tachan de ser un hombre del “viejo régimen”, de ser el mejor representante de la parte dinosáurica y caduca del PRI. Pero también se le ve como el priista que puede recuperar la Presidencia de la República para su partido. Incluso, militantes priistas lo ovacionan cuando aparece, como si en él vieran al salvador. Otros muchos recuerdan que en su gestión como gobernador del Estado de México, los cárteles de Los Zetas y de los Beltrán Leyva encontraron un buen escondite y área de operación en territorio mexiquense.
En esta guerra por la Presidencia, ningún candidato ni precandidato quedará exento de que se le ligue con el crimen organizado, pero probarlo será poco menos que imposible.
De ambas figuras se dice mucho pero lo más recurrente es que como candidato Peña sería excelente; pero pésimo Presidente de la República; mientras que de Beltrones la opinión es en contrario: excelente presidente pero un pésimo candidato. Una decisión y análisis de los priistas no debiera ceñirse a ese tipo de comentarios, sino a los alcances políticos de ambos y qué tanto podrían hacer para pacificar este país, en caso de que gane el PRI.
Lo cierto es que uno y otro son parte de un organismo político que durante décadas demostró todo el abuso que puede ejercerse sobre un pueblo, y aunque no es exclusivo del PRI, sino de quien ejerce el poder, este punto le resta presencia a ambos y abona a la suspicacia de quienes tienen memoria.
Ambos precandidatos han tratado de mantenerse en los medios de comunicación; así, mientras Peña Nieto se reúne con el expresidente de Ignacio Lula Da Silva, el sonorense Beltrones anda de gira por Chiapas, por Yucatán… aprovechando los informes de sus compañeros senadores para dejarse ve entre la gente.
Sus giras han provocado dudas entre quienes aseguraban que sólo estaba de comparsa de Peña Nieto. Y es que, por ejemplo, Beltrones fue invitado por la senadora Maria Elena Orantes, de Chiapas, a su informe para que se placeara entre la gente, y no hay que olvidar que Orantes fue una cercana colaboradora de Elba Esther Gordillo. Es decir, pareciera que Beltrones sí esta jugándosela en serio y trata de buscar cada día más aliados a su proyecto.
Otro punto que llama la atención es su disposición a establecer alianzas “con los maestros” y ha dicho que su partido no puede ir sin el apoyo de los maestros.
¿Y su pleito con Elba Esther Gordillo, la maestra? Pues nada, que ya es cosa del pasado. Desde diciembre del año pasado ambos políticos limaron asperezas, tuvieron acercamientos y parece que hoy, uno y otro, se pueden sentar para formar futuras alianzas.
Peña Nieto ha dicho desde un principio que buscará el apoyo de “la maestra”, así es que no es de extrañar que Gordillo coquetee con ambos. Finalmente, cualesquiera que sea el candidato la va a arropar a cambio de toda su estructura electoral que tiene dentro del magisterio.
El enfrentamiento entre los equipos de ambos precandidatos ha sido evidente, pues mientras Beltrones propone algo en el Senado y es respaldado por sus compañeros de partido, en la Cámara de Diputados, los simpatizantes de Peña lo frenan e imponen con su mayoría los dichos del mexiquense. Un ejemplo claro fue la reelección de diputados federales que impulsó Beltrones: una vez aprobada en el Senado, fue vetada por los diputados “peñistas” el mismo día.
Mientras los equipos y seguidores de uno y otro se enfrentan, los precandidatos se reúnen, cenan, se ponen de acuerdo para ciertos tema y hacen pactos de no agresión en sus presentaciones públicas.
La pregunta sigue siendo si entre ellos ya existe algún acuerdo, de ser así él único que tiene algo que perder es Beltrones, pues echaría por la borda todos los puntos que ha logrado a su favor en estos cinco años como senador.
Para Beltrones esta es su oportunidad para ser presidente de la República, en cambio, Peña Nieto puede tener otros momentos, por ello, de haber un acuerdo y ser todo una farsa el único y gran perdedor sería Beltrones Rivera.
Para saber si esto es una farsa o no, quedan un par de semanas. Las verdaderas intenciones del sonorense se sabrán al tiempo.
Comentarios mjcervantes@proceso.com.mx

Gasolinazo. Omar



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