Una vez concluidos los cómputos delegacional y distritales correspondientes a Benito Juárez, que corroboraron su victoria, Mario Palacios recibirá esta tarde su constancia de mayoría, lo que lo convierte en jefe delegacional electo, en tanto Fernando Rodríguez Doval y Federico Manzo obtendrán la que los acredita como diputados locales electos por los distritos 20 y 17, respectivamente.
Palacios y Manzo acudirán a la oficina delegacional del Instituto Electoral del Distrito Federal, ubicada en la colonia Portales, a las 19 horas. Ahí les será entregada a cada uno de ellos la constancia correspondiente, luego de su holgado triunfo en las elecciones del pasado domingo 5 de julio.
Por su parte, Fernando Rodríguez Doval, diputado electo por el 20 distrito local –que abarca parte de la delegación Benito Juárez y parte de Álvaro Obregón—recibirá su respectivo documento de manos de la autoridad electoral en las instalaciones del IEDF en Barranca del Muerto No. 550 en la colonia Alpes, Del. Álvaro Obregón, a las 18:45 horas.
domingo, 19 de julio de 2009
Benito Juárez, sublíder en incidencia delictiva; la Del Valle es la tercera colonia más peligrosa del DF
17 de julio. Según datos oficiales, Benito Juárez ocupa el segundo lugar en tasa delictiva entre las 16 delegaciones del distrito federal, con un promedio de 156 averiguaciones previas por cada 10,000 habitantes en el periodo enero a mayo de 2009. Entre las colonias más peligrosas de la capital, la Del Valle ocupa el número tres y Narvarte el cinco.
En el mencionado periodo, informa el periódico El Economista, la tasa delictiva promedio del DF fue de 68.38 averiguaciones previas por cada 10,000 habitantes; sin embargo, en ocho delegaciones esta cifra fue superada en 300 por ciento. En la delegación Cuauhtémoc la tasa delictiva se triplicó, para situarse en 227.3; seguida de Benito Juárez (156); Miguel Hidalgo (142.1); Venustiano Carranza (110.9) y en Azcapotzalco (95.6). En tanto, en demarcaciones como Tláhuac, Milpa Alta y Magdalena Contreras, la tasa delictiva está por debajo del promedio.
Durante los primeros cinco meses del año se registraron diariamente en promedio 629.2 delitos en las 16 delegaciones. En total la Procuraduría capitalina inició 75,507 averiguaciones previas, número mayor con respecto al mismo periodo del 2008, donde se registraron 69,623 averiguaciones. En este mismo periodo, encabeza la lista el robo de vehículo (11,199 averiguaciones) seguido del asalto a transeúnte en vía pública (5,993), a repartidores (2,117), a negocios con violencia (1,954) y a microbús (930).
Las colonias más peligrosas de la capital del país son Centro, Doctores, Del Valle, Roma, Narvarte, Agrícola Oriental y Aragón, por mencionar algunas.
En el mencionado periodo, informa el periódico El Economista, la tasa delictiva promedio del DF fue de 68.38 averiguaciones previas por cada 10,000 habitantes; sin embargo, en ocho delegaciones esta cifra fue superada en 300 por ciento. En la delegación Cuauhtémoc la tasa delictiva se triplicó, para situarse en 227.3; seguida de Benito Juárez (156); Miguel Hidalgo (142.1); Venustiano Carranza (110.9) y en Azcapotzalco (95.6). En tanto, en demarcaciones como Tláhuac, Milpa Alta y Magdalena Contreras, la tasa delictiva está por debajo del promedio.
Durante los primeros cinco meses del año se registraron diariamente en promedio 629.2 delitos en las 16 delegaciones. En total la Procuraduría capitalina inició 75,507 averiguaciones previas, número mayor con respecto al mismo periodo del 2008, donde se registraron 69,623 averiguaciones. En este mismo periodo, encabeza la lista el robo de vehículo (11,199 averiguaciones) seguido del asalto a transeúnte en vía pública (5,993), a repartidores (2,117), a negocios con violencia (1,954) y a microbús (930).
Las colonias más peligrosas de la capital del país son Centro, Doctores, Del Valle, Roma, Narvarte, Agrícola Oriental y Aragón, por mencionar algunas.
Los chuchos harán su fracción azul en la Asamblea :
Critica Oropeza intención de NI de separarse como fracción en la ALDF
Ángel Bolaños Sánchez
El secretario general del PRD-DF, Manuel Oropeza, consideró “incongruente” que los diputados electos de Nueva Izquierda (NI) se desvinculen de la fracción del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la próxima legislatura de la Asamblea Legislativa cuando están planteando a nivel nacional como uno de los acuerdos para mantener la unidad no fracturar al grupo parlamentario en la Cámara de Diputados.
Para Martí Batres, de la corriente de Izquierda Social (IS) –cuyos diputados locales electos harán un pronunciamiento al respecto hoy–, la elección hizo patente la necesidad de mantener a la izquierda unida, no sólo al interior del PRD, sino con las otras fuerzas políticas que formaron el Frente Amplio Progresista (FAP): Partido del Trabajo (PT) y Convergencia.
Lo anterior, ante los rumores de un deslinde del partido por parte de los siete integrantes de NI para crear una coalición socialdemócrata con el diputado del PSD.
“Por estatuto, la dirección estatal del partido tiene que convocar a la instalación del grupo parlamentario y elegir la mesa directiva. Ya será decisión de ellos si se mantienen o no en el grupo, lo mínimo es establecer una dinámica en la Asamblea para procesar los acuerdos, como lo plantean para la Cámara”, señaló Oropeza.
En este contexto, Oropeza informó que hoy la corriente de Izquierda Democrática Nacional (IDN), se reunirá para definir su propuesta para presidir la Comisión de Gobierno en la ALDF, aunque evitó citar nombres, los candidatos con más apoyo dentro de dicha expresión son el ex jefe delegacional de Álvaro Obregón, Leonel Luna, y el ex diputado federal Alejandro Sánchez Camacho.
Ángel Bolaños Sánchez
El secretario general del PRD-DF, Manuel Oropeza, consideró “incongruente” que los diputados electos de Nueva Izquierda (NI) se desvinculen de la fracción del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la próxima legislatura de la Asamblea Legislativa cuando están planteando a nivel nacional como uno de los acuerdos para mantener la unidad no fracturar al grupo parlamentario en la Cámara de Diputados.
Para Martí Batres, de la corriente de Izquierda Social (IS) –cuyos diputados locales electos harán un pronunciamiento al respecto hoy–, la elección hizo patente la necesidad de mantener a la izquierda unida, no sólo al interior del PRD, sino con las otras fuerzas políticas que formaron el Frente Amplio Progresista (FAP): Partido del Trabajo (PT) y Convergencia.
Lo anterior, ante los rumores de un deslinde del partido por parte de los siete integrantes de NI para crear una coalición socialdemócrata con el diputado del PSD.
“Por estatuto, la dirección estatal del partido tiene que convocar a la instalación del grupo parlamentario y elegir la mesa directiva. Ya será decisión de ellos si se mantienen o no en el grupo, lo mínimo es establecer una dinámica en la Asamblea para procesar los acuerdos, como lo plantean para la Cámara”, señaló Oropeza.
En este contexto, Oropeza informó que hoy la corriente de Izquierda Democrática Nacional (IDN), se reunirá para definir su propuesta para presidir la Comisión de Gobierno en la ALDF, aunque evitó citar nombres, los candidatos con más apoyo dentro de dicha expresión son el ex jefe delegacional de Álvaro Obregón, Leonel Luna, y el ex diputado federal Alejandro Sánchez Camacho.
La izquierda en las elecciones
Arnaldo Córdova
Para mí la izquierda partidista está representada sólo por el PRD, el PT y Convergencia. El PSD es sólo un grupúsculo que en muchos lugares sólo sirvió de alcahuete de partidos derechistas, como el PAN en Iztapalapa o el PRI en algún estado. ¿Cómo le fue a esa izquierda en las pasadas elecciones? Hay mucho que distinguir. Ante todo, el conflicto interno del PRD y sus resultados en la justa electoral. El papel que asumió el movimiento cívico lopezobradorista. La intervención ilegal de ciertas instituciones en el desarrollo de la elección, en particular el TEPJF. La necesidad para la misma izquierda de poner a salvo el registro de dos partidos integrantes del frente de izquierda, PT y Convergencia.
Por lo que ha podido verse, la dirección nacional del PRD, encabezada por Jesús Ortega, le apostó todo a diferenciarse ante las demás fuerzas políticas del movimiento cívico y de su líder. Lo que esperaba es fácil de verse: que electores que dan a la izquierda su voto con reservas la favorecieran en ese enfrentamiento; que las otras fuerzas políticas la avalaran por su lucha “civilizada”, según esa misma dirección lo postuló; que los grupos locales y regionales del PRD, aun siendo seguidores de López Obrador, se vieran tentados por ventajas electoreras que ella les ofrecía; que su confiabilidad en la negociación con el gobierno y los otros dos grandes partidos fuera obsequiada con acuerdos y fallos que le favorecieran, como ocurrió en Iztapalapa; que los medios de comunicación la distinguieran como izquierda “institucional”, como ella también se pregonaba, y otras más por el estilo.
Nadie entendió el propósito ni el verdadero destinatario de la campaña de medios de Ortega. Sus espots con una niña resultaron ridículos e infames desde el punto de vista de su poder de convicción. La propaganda electoral del PRD fue escasa y sin objetivos claros y se redujo a impresos expuestos en la vía pública. Los candidatos no dieron debates, acaso porque nadie los invitaba, y fue absurdo que el dirigente nacional de ese partido buscara reflectores donde no se los iban a dar, la confrontación entre panistas y priístas. Todo lo que pudo obtener el PRD se debió al activismo de sus bases y, muy señaladamente, al activismo de los partidarios del movimiento cívico.
Ya veremos con cuantos puestos de elección popular contarán los chuchos. Está claro, sin embargo, que el escenario será mucho muy diferente del de 2006. Entonces, López Obrador dejó el partido y su lucha electoral a los grupos tribales del PRD. Muchos condenamos esa displicencia del candidato presidencial, porque a ojos vistas estaba generando un conflicto que ahora estalló y le estalló a él mismo. Nunca fueron tan favorecidos los chuchos como entonces. Fue su gran momento. Acapararon los puestos de elección popular y la misma dirección del partido. En el PRD hay feudos, como en los demás partidos. El DF fue feudo de los chuchos; Guerrero, de un par de grupos diferentes; Zacatecas, de otros dos; el estado de México, de una coalición regional hoy perdedora; Chiapas, de los chuchos, aliados con Sabines; Michoacán, de los cardenistas. En 2006 todos se sometieron a la corriente de Ortega; ahora cada uno va a buscar su propio lugar de provecho.
Los chuchos, en esta ocasión, han sido muy maltratados por anteriores aliados; pero con ninguno de ellos se confrontaron. Fue un error garrafal de ellos hacerlo con el poderoso movimiento cívico de López Obrador y, además, eligieron muy mal el lugar, el DF, en donde su hegemonía era hasta hace poco total. Su insaciable sed de poder, que en la mayoría de los casos es sólo centavismo, avasalló y apabulló a los diferentes grupos y corrientes del partido en la capital. A un cierto punto, éstos decidieron unirse y defender sus propios intereses. Surgió así Izquierda Unida, un mosaico indescifrable que cada vez adquiere mayor cohesión. Reivindicaron su participación en el movimiento cívico y dieron la batalla.
Hasta que tuvimos que dar nuestra lucha por el petróleo, López Obrador fue muy reticente a inmiscuirse en la vida del partido. La actitud claudicante de la dirigencia nacional del PRD lo decidió a apoyar a Izquierda Unida. Esta coalición le ganó a la mafia de Arce y Círigo la dirección capitalina del PRD y también la elección de candidatos para las elecciones de 2009. El feudo chuchista se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos. Arce y Círigo no se resignaron. Derrocharon dinero y recursos de todo tipo, hasta violentos, y todavía no se sabe cómo lograron que el TEPJF provocara el incidente que ya traté en otra entrega. Rafael Acosta, candidato del PT apoyado por López Obrador, aceptó que su candidatura fuera el conducto para la rebelión cívica que López Obrador propuso en contra de la imposición del TEPJF. Y triunfó.
Iztapalapa tiene un triple valor simbólico: para la ciudadanía, para el movimiento cívico y para el PRD. Los ciudadanos en esa delegación dieron muestra de que saben usar de los medios que la ley les pone a mano para imponer la justicia electoral. El movimiento cívico sabe ya que es y puede ser muy efectivo para revertir tendencias corruptas y traidoras de los partidos políticos amamantados por el poder. Los perredistas saben ahora que no están solos ni a merced de sus dirigentes mafiosos, corrompidos y corruptores; ahora han podido ver que ese gran movimiento cívico no se desentiende de ellos cuando se busca avasallarlos y degradarlos. Ese movimiento está presente en el PRD y representa la única esperanza de su rencauzamiento y su refundación.
Salvar el registro del PT y de Convergencia no era sólo un interés parcial de sus dirigentes, sino del mismo movimiento cívico que nació sobre los hombros de la coalición del Frente Amplio Progresista. El movimiento cívico no podía permitir que esos partidos, que permanecieron fieles a su líder y que fueron adversados por los dirigentes del PRD (Carlos Navarrete propuso que se disolvieran en el PRD), perdieran su registro y desaparecieran. En el caso de Iztapalapa, el PT ayudó a revertir en los hechos el arbitrario fallo del TEPJF. Esos partidos sieguen siendo puntales del movimiento y en el PRD hay todavía cuentas pendientes por saldar. Los chuchos, con las elecciones, perdieron también su corrupto dominio del partido.
Si se dice que el PRD fue un perdedor, se estará en lo justo. Pero los verdaderos perredistas y el movimiento cívico salieron triunfantes. Los primeros porque se reposicionaron para rescatar y refundar a su partido; el segundo, porque mostró que no es ajeno a la política de partidos y que tiene con qué dar la lucha. Los perdedores son los chuchos junto con Calderón.
Para mí la izquierda partidista está representada sólo por el PRD, el PT y Convergencia. El PSD es sólo un grupúsculo que en muchos lugares sólo sirvió de alcahuete de partidos derechistas, como el PAN en Iztapalapa o el PRI en algún estado. ¿Cómo le fue a esa izquierda en las pasadas elecciones? Hay mucho que distinguir. Ante todo, el conflicto interno del PRD y sus resultados en la justa electoral. El papel que asumió el movimiento cívico lopezobradorista. La intervención ilegal de ciertas instituciones en el desarrollo de la elección, en particular el TEPJF. La necesidad para la misma izquierda de poner a salvo el registro de dos partidos integrantes del frente de izquierda, PT y Convergencia.
Por lo que ha podido verse, la dirección nacional del PRD, encabezada por Jesús Ortega, le apostó todo a diferenciarse ante las demás fuerzas políticas del movimiento cívico y de su líder. Lo que esperaba es fácil de verse: que electores que dan a la izquierda su voto con reservas la favorecieran en ese enfrentamiento; que las otras fuerzas políticas la avalaran por su lucha “civilizada”, según esa misma dirección lo postuló; que los grupos locales y regionales del PRD, aun siendo seguidores de López Obrador, se vieran tentados por ventajas electoreras que ella les ofrecía; que su confiabilidad en la negociación con el gobierno y los otros dos grandes partidos fuera obsequiada con acuerdos y fallos que le favorecieran, como ocurrió en Iztapalapa; que los medios de comunicación la distinguieran como izquierda “institucional”, como ella también se pregonaba, y otras más por el estilo.
Nadie entendió el propósito ni el verdadero destinatario de la campaña de medios de Ortega. Sus espots con una niña resultaron ridículos e infames desde el punto de vista de su poder de convicción. La propaganda electoral del PRD fue escasa y sin objetivos claros y se redujo a impresos expuestos en la vía pública. Los candidatos no dieron debates, acaso porque nadie los invitaba, y fue absurdo que el dirigente nacional de ese partido buscara reflectores donde no se los iban a dar, la confrontación entre panistas y priístas. Todo lo que pudo obtener el PRD se debió al activismo de sus bases y, muy señaladamente, al activismo de los partidarios del movimiento cívico.
Ya veremos con cuantos puestos de elección popular contarán los chuchos. Está claro, sin embargo, que el escenario será mucho muy diferente del de 2006. Entonces, López Obrador dejó el partido y su lucha electoral a los grupos tribales del PRD. Muchos condenamos esa displicencia del candidato presidencial, porque a ojos vistas estaba generando un conflicto que ahora estalló y le estalló a él mismo. Nunca fueron tan favorecidos los chuchos como entonces. Fue su gran momento. Acapararon los puestos de elección popular y la misma dirección del partido. En el PRD hay feudos, como en los demás partidos. El DF fue feudo de los chuchos; Guerrero, de un par de grupos diferentes; Zacatecas, de otros dos; el estado de México, de una coalición regional hoy perdedora; Chiapas, de los chuchos, aliados con Sabines; Michoacán, de los cardenistas. En 2006 todos se sometieron a la corriente de Ortega; ahora cada uno va a buscar su propio lugar de provecho.
Los chuchos, en esta ocasión, han sido muy maltratados por anteriores aliados; pero con ninguno de ellos se confrontaron. Fue un error garrafal de ellos hacerlo con el poderoso movimiento cívico de López Obrador y, además, eligieron muy mal el lugar, el DF, en donde su hegemonía era hasta hace poco total. Su insaciable sed de poder, que en la mayoría de los casos es sólo centavismo, avasalló y apabulló a los diferentes grupos y corrientes del partido en la capital. A un cierto punto, éstos decidieron unirse y defender sus propios intereses. Surgió así Izquierda Unida, un mosaico indescifrable que cada vez adquiere mayor cohesión. Reivindicaron su participación en el movimiento cívico y dieron la batalla.
Hasta que tuvimos que dar nuestra lucha por el petróleo, López Obrador fue muy reticente a inmiscuirse en la vida del partido. La actitud claudicante de la dirigencia nacional del PRD lo decidió a apoyar a Izquierda Unida. Esta coalición le ganó a la mafia de Arce y Círigo la dirección capitalina del PRD y también la elección de candidatos para las elecciones de 2009. El feudo chuchista se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos. Arce y Círigo no se resignaron. Derrocharon dinero y recursos de todo tipo, hasta violentos, y todavía no se sabe cómo lograron que el TEPJF provocara el incidente que ya traté en otra entrega. Rafael Acosta, candidato del PT apoyado por López Obrador, aceptó que su candidatura fuera el conducto para la rebelión cívica que López Obrador propuso en contra de la imposición del TEPJF. Y triunfó.
Iztapalapa tiene un triple valor simbólico: para la ciudadanía, para el movimiento cívico y para el PRD. Los ciudadanos en esa delegación dieron muestra de que saben usar de los medios que la ley les pone a mano para imponer la justicia electoral. El movimiento cívico sabe ya que es y puede ser muy efectivo para revertir tendencias corruptas y traidoras de los partidos políticos amamantados por el poder. Los perredistas saben ahora que no están solos ni a merced de sus dirigentes mafiosos, corrompidos y corruptores; ahora han podido ver que ese gran movimiento cívico no se desentiende de ellos cuando se busca avasallarlos y degradarlos. Ese movimiento está presente en el PRD y representa la única esperanza de su rencauzamiento y su refundación.
Salvar el registro del PT y de Convergencia no era sólo un interés parcial de sus dirigentes, sino del mismo movimiento cívico que nació sobre los hombros de la coalición del Frente Amplio Progresista. El movimiento cívico no podía permitir que esos partidos, que permanecieron fieles a su líder y que fueron adversados por los dirigentes del PRD (Carlos Navarrete propuso que se disolvieran en el PRD), perdieran su registro y desaparecieran. En el caso de Iztapalapa, el PT ayudó a revertir en los hechos el arbitrario fallo del TEPJF. Esos partidos sieguen siendo puntales del movimiento y en el PRD hay todavía cuentas pendientes por saldar. Los chuchos, con las elecciones, perdieron también su corrupto dominio del partido.
Si se dice que el PRD fue un perdedor, se estará en lo justo. Pero los verdaderos perredistas y el movimiento cívico salieron triunfantes. Los primeros porque se reposicionaron para rescatar y refundar a su partido; el segundo, porque mostró que no es ajeno a la política de partidos y que tiene con qué dar la lucha. Los perdedores son los chuchos junto con Calderón.
Elecciones: Derrota del PAN y de Fecal
Edgar González Ruiz
Luego del triunfo de Obama en EU y de la izquierda en El Salvador, la derrota del PAN en las elecciones del 5 de julio viene a confirmar la debacle política de la derecha religiosa en el Continente.
Sin embargo, en los comicios del pasado domingo, quien verdaderamente prevaleció fue la expresión del descontento ciudadano con el actual gobierno ilegítimo, que hizo perder al PAN incluso bastiones de ese partido, como Guadalajara y Zapopan.
Al alto abstencionismo de la jornada hay que sumar los votos intencionalmente anulados, luego de intensas campañas, inocentes o malintencionadas, para anular el sufragio.
A fin de cuentas, esas campañas tendían a beneficiar al PAN y al gobierno de Fecal, al igualar como indeseables a todos los políticos, a los derechistas del PAN, a yunquistas como César Nava, por ejemplo, con otros candidatos que no tienen los mismos orígenes ultraderechistas que él y muchos otros panistas, ni sus mismos compromisos con la clase empresarial.
Por su carácter plutocrático, traducido en políticas neoliberales, y por sus raíces confesionales, el PAN representa, como ya por experiencia sabe el pueblo de México, la peor opción entre los partidos existentes.
Una derrota del PAN será siempre un triunfo del pueblo de México y del estado laico; pero en la actualidad un triunfo de alguno de los otros partidos, que suelen estar controlados por políticos oportunistas (el término puede ser un pleonasmo, pero de todos modos, un político puede ser peor que otro por su ideología, y sus intereses), no es garantía suficiente de un avance social e ideológico.
Es claro que una gran parte de la población, como se reflejó en las votaciones, anhela un pasado que era mucho mejor que la realidad que se vive bajo Fecal. En los gobiernos priístas, hasta los años 80, antes de De la Madrid y de Salinas, había cierto apoyo, no ciertamente el óptimo, pero sí real, a los sectores populares, mediante instituciones como Seguro Social y como la educación pública.
A diferencia del PAN, el PRI tuvo su origen en el triunfo de la Revolución Mexicana, en la derrota de las huestes cristeras y fascistas, y en el rspeto, así sea relativo, que se tuvo al estado laico en esas épocas ya lejanas.
No eran gobiernos abiertamente confesionales, plutocráticos y militaristas, como ha sido el de Fecal. Sin embargo, la clase política priistas ha ido cambiando; con tal de conservar sus beneficos, se fue empanizando, al grado de apoyar, como se ha visto en los últimos meses, a la jerarquía católica, implantando en varias entidades, leyes para encarcelar a las mujeres que aborten.
Si bien no hay partido peor que el PAN, actualmente no se puede esperar mucho del PRI, dados los hechos, en lo que concierne a la defensa del estado laico y del bienestar popular, pero la posible salida del PAN del poder, en 2012, será una ganancia para todos, excepto para los pocos que se han beneficiado con ese partido: empresarios voraces y abusivos; jerarcas católicos, grupos ultraderechistas y políticos de ese partido, al igual que políticos convenencieros, que han vendido su apoyo al PAN.
Entre ellos se cuentan los "chuchos", principales responsables del debilitamiento del PRD, y enemigos de la corriente popular encabezada por AMLO, expresión que pese a tener en contra prácticamente a todos los sectores del poder económico, incluyendo a las cadenas televisivas, logró un simbólico triunfo en la delegación de Iztapalapa.
Aunque la derrota panista culminó en la renuncia del dirigente nacional de ese partido, Germán Martínez, luego del consabido berrinche de Fecal, las elecciones mostraron que este último, mandatario ilegítimo, nacido del fraude y de la guerra sucia, no es popular, ni tiene credibilidad, a pesar de que sus aliados de Televisa y del Episcopado, al igual que supuestas encuestas, se empeñen en afirmar lo contrario.
Dóciles a la egolatría de Fecal, los panistas encabezados por Martínez, siguieron en su propaganda la consigna de que votar por el PAN era "apoyar al presidente", además de que se dedicaron a atacar al PRI. Los resultados están a la vista: el PRI ganó las elecciones, y el pueblo, pese a Televisa, no le cree a Fecal, ni ha caído en la infantil mentira de que la prioridad social debe ser respaldar una ficticia "lucha contra el narco".
Lo que hay en realidad, es una lucha de clases, donde la derecha contará con el poder económico, militar y mediático, pero el pueblo la rechaza en forma abrumadora si tiene la mínima oportunidad de participación, así sea en comicios, cuyos resultados no siempre se respetan, como ocurrió en 2006.
En suma, Televisa y demás medios que apoyan a Fecal, no son tan poderosos como para hacer que la gente confié en el PAN, pero su labor sistemática y criminal, de apoyar al gobierno ilegítimo y atacar cotidianamente a AMLO, durante varios años, ha producido que mucha gente desista de participar en política.
Precisamente eso era lo que el PAN quería en el 2006; que la gente no protestara contra el fraude, que no defendiera sus propios intereses y sus votos, que no se metiera en política.
Paradójicamente, a tres años de esa maniobra mediática, el resultado le ha sido adverso al PAN, frente a su enemigo histórico, el PRI, que en 2006 fue su aliado en el fraude y que ahora, con más fuerza social que la derecha, y manejando la ilusión de la vuelta a un pasado que fue mejor para el pueblo de México, logra imponerse en las urnas, con el apoyo de los pocos ciudadanos que votaron.
El fraude del 2006 fue una derrota del pueblo de México y de la pretendida democracia; la derrota del PAN en 2009 ha sido, a fin de cuentas, un triunfo de México, pero el triunfo del PRI beneficiará, directamente, ante todo a los políticos profesionales vinculados a ese partido, que cuidan promordialmente su acceso a la riqueza y al poder.
La plutocracia y el clero han tratado de garantizar que los priístas cuidarán sus intereses, pero el PRI no es su partido, como lo es el PAN.
Ante esa situación, en 2012 se presentan escenarios no tan remotos, como el de un posible golpe militar al estilo de Honduras, donde la ultraderecha se mantuvo en el poder pese a no contar con reconocimiento internacional, ni con otro apoyo que el del ejército, el episcopado y empresarios conservadores. Así podría mantenerse el PAN en el poder, incluso si perdiera en ese año los comicios presidenciales.
Luego del triunfo de Obama en EU y de la izquierda en El Salvador, la derrota del PAN en las elecciones del 5 de julio viene a confirmar la debacle política de la derecha religiosa en el Continente.
Sin embargo, en los comicios del pasado domingo, quien verdaderamente prevaleció fue la expresión del descontento ciudadano con el actual gobierno ilegítimo, que hizo perder al PAN incluso bastiones de ese partido, como Guadalajara y Zapopan.
Al alto abstencionismo de la jornada hay que sumar los votos intencionalmente anulados, luego de intensas campañas, inocentes o malintencionadas, para anular el sufragio.
A fin de cuentas, esas campañas tendían a beneficiar al PAN y al gobierno de Fecal, al igualar como indeseables a todos los políticos, a los derechistas del PAN, a yunquistas como César Nava, por ejemplo, con otros candidatos que no tienen los mismos orígenes ultraderechistas que él y muchos otros panistas, ni sus mismos compromisos con la clase empresarial.
Por su carácter plutocrático, traducido en políticas neoliberales, y por sus raíces confesionales, el PAN representa, como ya por experiencia sabe el pueblo de México, la peor opción entre los partidos existentes.
Una derrota del PAN será siempre un triunfo del pueblo de México y del estado laico; pero en la actualidad un triunfo de alguno de los otros partidos, que suelen estar controlados por políticos oportunistas (el término puede ser un pleonasmo, pero de todos modos, un político puede ser peor que otro por su ideología, y sus intereses), no es garantía suficiente de un avance social e ideológico.
Es claro que una gran parte de la población, como se reflejó en las votaciones, anhela un pasado que era mucho mejor que la realidad que se vive bajo Fecal. En los gobiernos priístas, hasta los años 80, antes de De la Madrid y de Salinas, había cierto apoyo, no ciertamente el óptimo, pero sí real, a los sectores populares, mediante instituciones como Seguro Social y como la educación pública.
A diferencia del PAN, el PRI tuvo su origen en el triunfo de la Revolución Mexicana, en la derrota de las huestes cristeras y fascistas, y en el rspeto, así sea relativo, que se tuvo al estado laico en esas épocas ya lejanas.
No eran gobiernos abiertamente confesionales, plutocráticos y militaristas, como ha sido el de Fecal. Sin embargo, la clase política priistas ha ido cambiando; con tal de conservar sus beneficos, se fue empanizando, al grado de apoyar, como se ha visto en los últimos meses, a la jerarquía católica, implantando en varias entidades, leyes para encarcelar a las mujeres que aborten.
Si bien no hay partido peor que el PAN, actualmente no se puede esperar mucho del PRI, dados los hechos, en lo que concierne a la defensa del estado laico y del bienestar popular, pero la posible salida del PAN del poder, en 2012, será una ganancia para todos, excepto para los pocos que se han beneficiado con ese partido: empresarios voraces y abusivos; jerarcas católicos, grupos ultraderechistas y políticos de ese partido, al igual que políticos convenencieros, que han vendido su apoyo al PAN.
Entre ellos se cuentan los "chuchos", principales responsables del debilitamiento del PRD, y enemigos de la corriente popular encabezada por AMLO, expresión que pese a tener en contra prácticamente a todos los sectores del poder económico, incluyendo a las cadenas televisivas, logró un simbólico triunfo en la delegación de Iztapalapa.
Aunque la derrota panista culminó en la renuncia del dirigente nacional de ese partido, Germán Martínez, luego del consabido berrinche de Fecal, las elecciones mostraron que este último, mandatario ilegítimo, nacido del fraude y de la guerra sucia, no es popular, ni tiene credibilidad, a pesar de que sus aliados de Televisa y del Episcopado, al igual que supuestas encuestas, se empeñen en afirmar lo contrario.
Dóciles a la egolatría de Fecal, los panistas encabezados por Martínez, siguieron en su propaganda la consigna de que votar por el PAN era "apoyar al presidente", además de que se dedicaron a atacar al PRI. Los resultados están a la vista: el PRI ganó las elecciones, y el pueblo, pese a Televisa, no le cree a Fecal, ni ha caído en la infantil mentira de que la prioridad social debe ser respaldar una ficticia "lucha contra el narco".
Lo que hay en realidad, es una lucha de clases, donde la derecha contará con el poder económico, militar y mediático, pero el pueblo la rechaza en forma abrumadora si tiene la mínima oportunidad de participación, así sea en comicios, cuyos resultados no siempre se respetan, como ocurrió en 2006.
En suma, Televisa y demás medios que apoyan a Fecal, no son tan poderosos como para hacer que la gente confié en el PAN, pero su labor sistemática y criminal, de apoyar al gobierno ilegítimo y atacar cotidianamente a AMLO, durante varios años, ha producido que mucha gente desista de participar en política.
Precisamente eso era lo que el PAN quería en el 2006; que la gente no protestara contra el fraude, que no defendiera sus propios intereses y sus votos, que no se metiera en política.
Paradójicamente, a tres años de esa maniobra mediática, el resultado le ha sido adverso al PAN, frente a su enemigo histórico, el PRI, que en 2006 fue su aliado en el fraude y que ahora, con más fuerza social que la derecha, y manejando la ilusión de la vuelta a un pasado que fue mejor para el pueblo de México, logra imponerse en las urnas, con el apoyo de los pocos ciudadanos que votaron.
El fraude del 2006 fue una derrota del pueblo de México y de la pretendida democracia; la derrota del PAN en 2009 ha sido, a fin de cuentas, un triunfo de México, pero el triunfo del PRI beneficiará, directamente, ante todo a los políticos profesionales vinculados a ese partido, que cuidan promordialmente su acceso a la riqueza y al poder.
La plutocracia y el clero han tratado de garantizar que los priístas cuidarán sus intereses, pero el PRI no es su partido, como lo es el PAN.
Ante esa situación, en 2012 se presentan escenarios no tan remotos, como el de un posible golpe militar al estilo de Honduras, donde la ultraderecha se mantuvo en el poder pese a no contar con reconocimiento internacional, ni con otro apoyo que el del ejército, el episcopado y empresarios conservadores. Así podría mantenerse el PAN en el poder, incluso si perdiera en ese año los comicios presidenciales.
Con Su Caso Martí, la SSP Federal Quiere Limpiar a los Suyos

Cuando la Procuraduría del DF resolvió el caso del secuestro de Alejandro Martí (cuyo padre reclamó la ineficacia oficial con un "si no pueden, renuncien"), empezó a jalar los hilos de complicidades que llegaban prácticamente hasta el mismo secretario de Seguridad Pública federal, de inmediato encubierto por Felipe Calderón. Hoy esa SSP federal presenta otros "culpables" del mismo secuestro y muerte del joven Martí, descubiertos sólo por "la confesión" de dos responsables, sin otro elemento que los corrobore, como los presentó la Procu del DF. ¿Dos bandas secuestraron y mataron a la misma persona, sin tener conexión entre sí? Una de las dos autoridades, federa y local, miente. De inmediato los "vigilantes ciudadanos" pagados por Calderón reclamaron explicaciones a la Procu del DF, no así a la SSP federal, que no exhibió --a diferencia de la autoridad capitalina-- más que la confesión de dos personas, lograda por los medios técnicos característicos de la policía mexicana (grabación televisada de la confesión, como prueba irrefutable). ¿No será que con esta investigación la SSP federal quiere rescatar a la "gente de confianza" de su titular (acusados por la Procuraduría capitalina con elementos de prueba), y de paso acreditarle por lo menos un "triunfo" al muy devaluado Calderón, reincorporando cómplices valiosos a sus funciones delictivas? Lo peor de todo es que esa SSP federal admite haber seguido a esta banda ¡¡desde 2005!!, tiempo en el que la dejó cometer fechorías sin detenerla y sólo ahora decidió hacerlo. ¿Eso cómo se llama: ineficacia o complicidad?
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