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viernes, 5 de mayo de 2017

El cura, el obispo, el Gobernador: víctimas de abuso sexual hablan de red de protección en Coahuila

El ex seminarista Ignacio Martínez Pacheco y el aún seminarista Roberto Javier Calzada Tamez ofrecieron a SinEmbargo su testimonio de acoso y abuso sexual por parte del sacerdote Juan Manuel Riojas, alias el padre Meño, y el calvario judicial que ha significado denunciar penalmente al cura pederasta y a su Obispo encubridor en Coahuila: Alonso Gerardo Garza Treviño.

Los jóvenes afirman que sus demandas ante el Ministerio Público y la Procuraduría local no han tenido eco, debido también a la protección directa que el sacerdote pederasta goza del priista Rubén Moreira Valdez, Gobernador de esa entidad.

En primer plano, el sacerdote Juan Manuel Riojas, acusado de abuso sexual de menores y prófugo de la justicia. Foto: Facebook

Ciudad de México, 5 de mayo (SinEmbargo).– Afrontando el escarnio social propagado por su propia Iglesia en Piedras Negras, Coahuila, víctimas del sacerdote Juan Manuel Riojas, alias el padre Meño, prófugo de la justicia, denuncian la protección que el depredador sexual recibe, dicen, del Gobernador Rubén Moreira Valdez y del Obispo regiomontano Alonso Gerardo Garza Treviño.
El ex seminarista Ignacio Martínez Pacheco y el aún seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, entrevistados por SinEmbargo, ofrecen su testimonio de acoso y abuso sexual y el calvario judicial que ha significado denunciar penalmente al cura pederasta y a su obispo encubridor, ambas acciones sin ninguna consecuencia, debido a la protección directa que goza el sacerdote, dicen, del Gobernador Rubén Moreira.
Este diario digital tuvo acceso al expediente judicial de este primer caso en México, que incluye una denuncia contra el Obispo y otras autoridades eclesiásticas como el Nuncio Apostólico, Franco Coppola, por conspiración a la pederastia clerical.
Con una orden de aprehensión y un amparo, el sacerdote pederasta recibe el apoyo de la Arquidiócesis y cuenta con tres abogados, uno de ellos, Santos Vázquez Estrada, ex delegado de la Procuraduría General de Justicia en las regiones Centro y Norte Uno de Coahuila, quien ya interpuso en el Juzgado Tercero de Distrito una solicitud de protección bajo el expediente 256/2017 contra el juez de primera instancia en materia penal del Sistema Acusatorio y Oral del Distrito Judicial de Río Grande.
“El padre Meño está siendo protegido por el Gobernador Rubén Moreira”, dice Ignacio Martínez Pacheco quien tuvo la oportunidad de entrevistarse con el Ejecutivo estatal. “Me prometió que lo detendrían y todo fue una mentira. Al contrario, él y las autoridades judiciales, junto al Obispo Garza Treviño se han dedicado a esconderlo”, asegura.
Peor aún, Roberto Javier Calzada Tamez, de 18 años, tiene la certeza de que la protección viene de la propia institución vaticana, ya que el nuncio apostólico Franco Coppola, le mintió en una carta que le envío y cuya copia esta en poder de SinEmbargo.
El ex seminarista Ignacio Martínez Pacheco en su protesta contra el padre Meño y el Obispo Alonso Gerardo Garza Treviño Foto: Sanjuana Martínez
ASALTOS SEXUALES
La historia depredador del padre Meño inicia por lo menos hace 15 años. Su método consistía en elegir a sus víctimas por las noches. Hacía rondines en los dormitorios de los seminaristas entre 14 y 16 años. Luego buscaba encuentros en su dormitorio aparentemente casuales para atacar a los menores de edad.
Empezó trabajando en el Seminario Auxiliar del Sagrado Corazón de Jesús, conocido también como Seminario Menor Diocesano de Piedras Negras, donde ocupó varios puestos y fue ascendido a Rector.
Ignacio Martínez Pacheco tenía 15 años cuando ingresó al Seminario Menor Diocesano de Piedras Negras. Quería ser sacerdote, pero nunca imaginó que en un seminario se pudiera vivir la experiencia más terrible.
“El primer encuentro en el que me sentí abusado sexual fue en el año 2002, en el mes de mayo. El padre llegó de noche hasta el dormitorio donde me encontraba… era verano, él traía short y nosotros dormíamos en un cuarto largo con literas a ambos lados. Eran como las doce de la noche y me despertó invitándome a salir a caminar”.
A Ignacio le produce mucha inquietud recordar los hechos: “Fue entonces que el padre Meño me empezó a preguntar cosas sexuales. Íbamos hablando de sexo, de la masturbación, me preguntaba como me satisfacía yo en ese lugar. Me llevaba del hombro y me lo acariciaba creo que el padre se excitaba con eso, dimos como tres vueltas en el camino y luego nos sentamos en la barda que divide la acequia. Él jugueteó como con golpes hasta que me jaló del cuello con su mano formándome para que bajara a su pene. Cuando me acerqué me di cuenta que tenía el pene erecto. Me presionaba a su área genital, luego el padre se sacó el pene por el short, me bajo la cabeza con su mano y me introdujo el pene en la boca. Duró unos dos o tres minutos”.
Ignacio cuenta que no sabía que hacer, estaba totalmente desconcertado. El sacerdote sin mirarlo a los ojos le dijo: “Vete a dormir. Esto queda entre tú y yo”.
El acoso sexual del padre Meño se incrementó a pesar de que el menor intentaba no estar cerca de él. Ignacio recuerda que en octubre de 2002 el sacerdote lo agredió nuevamente.
“Toqué a la puerta de su oficina, ubicada a un lado del cuarto de recreación. El padre Meño salió en una bata verde de baño diciéndome que se iba a bañar. Y me invitó a pasar y a sentarme en su cama. Y allí el padre se descubre la bata. No traía ropa interior y se sentó en la cama fue entonces que me jaló del brazo y me aceró a su área genital para introducirme su pene en mi boca. Luego eyaculó dentro de mi boca. Luego se cubrió con su bata y me dijo que me fuera”.
El padre Meño y los aspirantes a sacerdotes en el Seminario Diocesano de Piedras Negras. Foto: Facebook
Ignacio dice que él pensó que ese tipo de actos sexuales eran “normales” porque así se lo hizo creer el padre Meño y además porque fue testigo de las relaciones sexuales que sostenía el coadjutor Gerardo García Cabrera “Gerry” [actualmente sacerdote] y el seminarista Néstor. Cuando los descubrió haciendo el acto sexual se lo notificó al padre Meño, pero este le dijo simplemente que anotara en una libreta todo lo que veía: “Al ver eso, me hice a la idea de que esos actos, eran normales”.
Fue entonces cuando Ignacio denunció todo ante el Obispo de Piedras Negras, Alonso Gerardo Garza Treviño. “No digas nada a tus padres”, le dijo Garza Treviño, y añadió: “Tampoco hables con la prensa. Nosotros vamos a solucionar esto”.
En lugar de actuar contra el sacerdote denunciado, el Obispo decidió expulsar del seminario a Ignacio: “Me inventaron cosas para sacarme. Me deprimí e ingresé a la Congregación Orden del Carmelo Descalzo en Salvatierra, Guanajuato”.
Regresó a Piedras Negras en 2004 y entonces supo que al cura pederasta lo habían ascendido de puesto. A partir de entonces, decidió buscar la forma de conocer más sobre los abusos sexuales del clero de Coahuila, una parte bajo las órdenes del Obispo Raúl Vera López y el resto bajo el mando del obispo Garza Treviño.
“A partir de ese año he tenido contacto sexual con aproximadamente siete sacerdotes de Saltillo y de Piedras Negras: con los curas Alejandro Hernández, vicario de la parroquia Cristo del Buen Pastos en Acuña; con el padre Eduardo Javier Hernández Velez, quien ahora se encuentra en “rehabilitación” en Saltillo, en la casa de la comunidad del Tunaje; con ellos y otros he tenido relaciones con el propósito de desenmascararlos respecto al Obispo encubridor y cómplice de curas pederasta, Alonso Gerardo Garza Treviño”.
Ignacio iba recabando información para consumo personal, pero cuando salió a la luz pública la denuncia del seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, quien fue violado por el padre Meño, y el Obispo Garza Treviño declaró que no sabía nada sobre el carácter delictivo del sacerdote, decidió salir a dar la cara apoyar a las otras víctimas.
“El Rector del seminario menor representa los ojos y oídos del Obispo y el hecho de que el padre Meño fuera nombrado Rector por el Obispo me pareció una burla para todos los que sufrimos de sus abusos”.
Ahora, Ignacio y Roberto Javier luchan juntos para exigir justicia. Ambos decidieron denunciar al sacerdote pederasta Juan Manuel Riojas y por primera vez en la historia judicial de México, al Obispo encubridor, protector y cómplice.
El sacerdote acusado de pederastia, y otra de sus víctimas en el Seminario Auxiliar del Sagrado Corazón de Jesús. Foto: Especial
ESTRATEGIA PROTECTORA
A los 15 años, Roberto Javier Calzada Tamez sintió la llamada de la vocación sacerdotal e ingresó al seminario. Estaba ilusionado por convertirse en sacerdote. Pero el acoso y abuso sexual, le cambiaron la vida.
“Esto queda entre tú y yo”, le dijo el Rector del seminario, Juan Manuel Riojas, padre Meño, luego de violarlo, aprovechando que estaba dormido. Tenía 15 años y todas las ilusiones centradas en ofrecerle su vida y obra a Dios, pero el mundo se le vino abajo.
Siguiendo con el curso introductorio, los seminaristas de Piedras Negras son enviados al Seminario de Monterrey. Fue allí, donde fue cuestionado sobre su vocación sacerdotal y los principales problemas que había enfrentado y el 12 de diciembre de 2016, decidió contarle todo a sus directores espirituales que finalmente le animaron a interponer una denuncia.
“Tenía mucho miedo y vergüenza, pero empecé a escribir todo”, dice al señalar que decidió enviarle una carta contándole todo al Obispo Garza Treviño, animado por el sacerdote Anuar Tofic Canavati González, coordinador del curso introductor, por el padre Juan Carlos Arq Guzmán, Rector del Seminario de Monterrey y el canciller Pedro Pablo González Sias.
Con fecha 17 de diciembre del año pasado le escribió una carta al Obispo Garza Treviño donde le narraba los abusos que había sufrido, solicitándole que diera aviso a las autoridades religiosas correspondientes en la Santa Sede y a la autoridad civil, ya que era su obligación como Obispo de la Diócesis de Piedras Negras.
Los integrantes del Seminario de Monterrey le solicitaban que actuara de manera apropiada cumpliendo con el artículo 12 Bis de la Ley de Asociaciones Religiosas de México y a la legislación canónica sobre las normas de los delitos reservados a la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano.
El 20 de diciembre del año pasado, el Obispo Garza Treviño citó al seminarista en la parroquia de San Pedro Apóstol ubicada en el centro de Allende, Nuevo León. Lo primero que le pidió fue que jurara ante Dios que todo lo que contaba del padre Meño era verdad.
“Mira, no todo gira en torno a esto que te ocurrió, el padre Meño tiene un 99 por ciento que es bueno y un uno por ciento que es malo, y ese uno por ciento es esto”, le dijo con una leve sonrisa.
Luego le ordenó: “Olvida esto, si sigues pensando en lo que te sucedió te va a hacer más daño. Déjalo todo en mis manos”. Posteriormente le hizo una advertencia: “No le cuentes todo a tus papás. Diles lo que te pasó de una manera parcial y atenuada”.
El Obispo le prometió al seminarista que el sacerdote pederasta no se acercaría más a él ni a su familia, y le dijo que el padre Meño recibiría ayuda psicológica para salir de “esta situación”.
El seminarista solicitó que fuera denunciado y el Obispo prometió que sería denunciado ante las autoridades eclesiásticas y civiles y que finalmente sería removido no sólo del seminario, sino de Piedras Negras. Las promesas no fueron cumplidas.
“El Obispo se reunió con el padre Meño y me dijo que se sentía arrepentido, que se portó como un hombrecito porque aceptó todo y que buscaba mi perdón”.
Roberto Javier Calzada Tamez, otra víctima del padre Meño. Foto: Especial
Posteriormente, el Obispo se reunió con los papás de Roberto Javier.
“Mi mamá le dijo que iba a ir a los medios de comunicación porque él no estaba cumpliendo su palabra. Luego me dijeron que el Obispo les había ofrecido dinero. Ellos se negaron y el Obispo prometió cambiar al padre Meño el 19 de febrero”, algo que tampoco cumplió.
Roberto Javier esperó tres meses el cumplimiento de las promesas del Obispo. El 3 de marzo, volvió a Piedras Negras y fue llamado por Garza Treviño para solicitarle que firmara una carta en primera persona donde lo exculpaba de todo:
“Expreso que no es mi voluntad que el señor obispo Alonso Gerardo Garza Treviño sea acusado de no actuar en el orden civil en lo referente al caso de mi persona. Lo exculpo totalmente de que no proceda él ante la autoridad civil, pues sé que él nunca aceptaría complicidad en una situación así”, decía el texto que se negó a firmar.
El seminarista descubrió entonces que en lugar de denunciar al padre Meño, el Obispo Garza Trevió sólo lo cambió de lugar y lo transfirió al Santuario de Guadalupe, donde lo convirtió en vicario y en director de las casas del Migrante a cargo de la diócesis de Piedras Negras: “El Obispo había enviado su propio testimonio al nuncio donde refería que el Padre Meño podía salir de la situación con ayuda psicológica; es decir, que la intención del Obispo era brindarle un acompañamiento psicológico y después dejarlo uno o dos años en el Santuario de Guadalupe como vicario y luego le volvería a dar un cargo importante en la diócesis”.
Consternado por la traición del Obispo, Roberto Javier descubrió que también su director espiritual del seminario, el sacerdote Jesús Gerardo Martínez Compeán, que supo desde el principio los abusos sexuales a los que fue sometido por el rector del seminario, jugó el papel de informante para el Obispo encubridor y cómplice.
Al seminarista no le quedó más que dar la cara, salir a la luz pública a denunciar los hechos, para exigir justicia y reparación. Fue entonces cuando decidió escribirle al Nuncio Apostólico en México, Franco Coppola, para relatarle lo sucedido.
El Nuncio le contestó con evasivas. El representante del Papa Francisco, le aseguró que el Obispo Garza Treviño, supuestamente redujo al estado laical al sacerdote denunciado desde hace 14 años por abusar de seminaristas, algo que es totalmente falso:
“Hay una contradicción, el padre Meño siguió siendo sacerdote; de hecho, el Obispo sólo lo cambió del seminario donde era Rector y lo dejó en funciones de vicario en el santuario de Guadalupe y de encargado de la pastoral social de los peregrinos. Meño seguía y seguramente sigue oficiando misas y sacramentos”, dice el seminarista.
El Nuncio Coppola le explica al seminarista que el Obispo encubridor Garza Treviño ha remitido la denuncia contra el sacerdote pederasta a la Santa Sede, la cual, según informa, está siendo considerada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución encargada de tratar “dolorosos casos”.
“Pido de corazón al Señor te ayude a seguir confiando plenamente en él, te conceda paz y serenidad, y nos permita a todos hacer vida, en todo momento, aquella caridad que tiene como fundamento y presupuesto una verdadera justicia”, le escribe.
Roberto Javier se sintió doblemente traicionado. Por lo tanto, el pasado 24 de abril acudió ante María Luisa Guerra Rosales, agente del Ministerio Público de la Unidad de Investigación de Piedras Negras, para denunciar al Obispo Alonso Gerardo Garza Treviño por encubrimiento y complicidad en los delitos sexuales cometidos por el sacerdote Juan Manuel Riojas, alias el padre Meño.
Sin embargo, el seminarista vive horas de angustia por la manipulación que está sufriendo por parte de algunos de sus preparadores espirituales, sacerdotes del seminario de Monterrey que antes lo apoyaban, y que ahora le recomiendan dejar a un lado la denuncia por encubrimiento contra el obispo regiomontano Garza Treviño.
HERIDA EN EL ALMA
Roberto Javier vive actualmente momentos intensos de depresión. A pesar de haber recibido una incipiente ayuda psicológica, a sus 18 años padece la angustia y el sufrimiento provocado por el abuso sexual.
Recuerda que en mayo del 2015, luego de jugar a la guerra de almohadas con sus compañeros, el seminarista Diego Ríos le ordenó llevar el celular al Rector Riojas. Lo buscó en su oficina y al no encontrarlo fue a su habitación.
“Acércate”, le dijo indicándole que se sentara en su cama donde estaba acostado: “El padre Meño me tomó con fuerza con sus manos, se bajo el short y ya tenía el pene erecto. Luego me introdujo su pene en mi boca. Duró como 15 segundos y eyaculó en mi boca”.
“Vete, esto queda entre tú y yo”, le dijo al terminar, y le pidió que saliera de su habitación. El menor salió llorando e intentando escupir y limpiándose la boca. A partir de ese momento, Roberto Javier empezó a sufrir una especie de acoso sexual por parte del padre Meño.
Luego en el verano de 2015 llegó el momento de las misiones y él y otro seminarista fueron hospedados en el mismo seminario. Sólo a su compañero le dieron una llave de su cuarto: “A mí no me dio la llave de mi cuarto, por lo que siempre estaba abierto. Siempre volvíamos como a las 11 de la noche. Todos las noches llegaba para preguntarme como me había ido. Una de las noches cerré con picaporte y el padre Meño tocó a la puerta, pero no le abrí. Para mi sorpresa, fue el propio sacerdote quien abrió mi puerta con la llave que nunca me dio. Me dijo que me acostara con él en la cama. Yo no obedecí, sólo me senté. Luego me empezó a picar las costillas para hacerme cosquillas y me agarró de las mano. Pero yo de manera cortante le dije que estaba cansado y que se retirara. Luego con muecas de enojo se fue”.
El Rector Riojas insistía. Una noche de julio de 2015 el sacerdote le llamó por teléfono y le solicitó una jarra de agua: “Era de noche, le llevo la jarra. Y el padre me invitó a ver una película. Me quedé dormido en la silla de su escritorio porque estaba cansado por las actividades que había tenido durante el día. Cuando me despierto ya estaba sin ropa recostado boca abajo. Sentí el peso del padre y su pene introducido en mi ano. Cuando sentí ese dolor, gire viéndolo para intentar que parara y lo vi totalmente desnudo, pero me agarraba de la cabeza y luego levantó su cuerpo hacia mi cara”.
Roberto Javier forcejeó y pudo entonces zafarse. Salió corriendo llorando. Al día siguiente lo mandó llamar y le dijo: “Acuérdate de que esto queda entre tú y yo. Sabes que hay mucha confianza. Ya sabes que yo te aprecio mucho”.
Roberto Javier no sabía qué hacer y en septiembre le comentó lo sucedido a su director espiritual del seminario, el sacerdote Jesús Compeán, quien empezaba a notar su alejamiento del padre Meño: “Yo intentaba no tener contacto con él, pero era imposible porque era el Rector”.
El director espiritual del seminario le recomendó callar: “Es mejor que todo quede aquí”, le dijo, a lo cual accedió. “Yo no quería terminar corrido del seminario, quería continuar con mi vocación”, dice.
Luego de la denuncia penal interpuesta por Roberto Javier el pasado mes de marzo, el Obispo de Piedras Negras ha emitido varios comunicados y  ha contratado un importante despacho de abogados dirigido por Heriberto Guevara.
Las manifestaciones de algunos fieles de Piedras Negras afuera de la catedral no se han hecho esperar. Acusan a Garza Treviño de encubridor particularmente porque se ha referido públicamente a los abusos sexuales cometidos por el padre Meño, como una “conducta inadecuada”, sin considerarlos delitos.
Las víctimas han recibido el rechazo de los católicos más fundamentalistas y seguidores del Obispo. Una buena parte de estudiantes han abandonado el seminario, entre ellos, el sobrino del sacerdote Juan Manuel Riojas y solo quedan 14 seminaristas.
Tanto Roberto Javier como Ignacio están seguros que hay más víctimas del padre Meño que por miedo no han dado la cara: “Yo siempre notaba que el padre se portaba bien extraño con algunos compañeros, sobre todo cuando notaba el acercamiento a un seminarista mayor que yo. Él se salió del seminario al año siguiente”, dice Roberto Javier.“Lo peor de todo es que el Obispo sabía desde hace 15 o 17 años que el padre Meño abusaba de los seminaristas y lo dejó allí, e incluso lo ascendió haciéndolo Rector”, añade.
Confiesa que ha tenido momentos difíciles, pero su fe sigue firme: “Yo nunca pensé que me fuera a pasar esto en un seminario. Batallé mucho para entrar porque mi familia no es mucho de ir a la iglesia y para mí fue muy difícil convencerlos que me dejaran ir. Luego de lo que me hizo el padre Meño no sabía qué hacer, simplemente pensaba que necesitaba pasar un tiempo y luego lo confrontaría”.
IIMPUNIDAD, PROTECCIÓN Y COMPLICIDAD
A pesar de las cuatro denuncias interpuestas –dos contra el sacerdote pederasta y las otras dos contra el Obispo por encubrimiento y complicidad a la pederastia clerical– ambos seminaristas están seguros que el padre Meño esta siendo escondido por la propia Iglesia e incluso por las autoridades civiles.
Mientras a Roberto Javier los ministeriales lo despiertan en la madrugada para llevarlo a ratificar sus denuncias, el Obispo sólo ha ido en una ocasión y estuvo en la tarde durante hora y media: “Me tienen horas en la Procuraduría y me hacen preguntas extrañas, como el color de pantalón que usaba o que tenía de cosas personales cuando sucedieron los hechos. Uno de esos días nos llamaron a las nueve de la noche y salimos a las dos de la mañana. Al día siguiente vinieron por mi a las dos de la mañana y salí a las cinco y media de la mañana”.
Ambos jóvenes denunciantes han batallado para encontrar un abogado que los represente. La mayoría se ha negado y el que tenía Roberto Javier finalmente fue convencido por las autoridades eclesiásticas para que desistiera en la representación del seminarista.
“Es obvio que el padre Meño está protegido por todos. Si no fuera sacerdote ya lo hubieran encontrado y ya estaría detenido. El Obispo tiene dinero para comprar a todos y silenciar esto”.
Hace unos días, Ignacio decidió protestar afuera de la catedral de Monterrey y solicitó entrevistarse con el Arzobispo Rogelio Cabrera López o al vicario Francisco Gómez Hinojosa, pero fue recibido por el canciller Pedro García.
Ignacio Martínez, afuera de la Catedral de Monterrey. Foto: Sanjuana Martínez
“Le dije que el Obispo Garza Treviño tenía conocimiento de la pederastia del padre Meño y querías minimizar las denuncias y entonces el canciller me dice que ellos no tenían jurisdicción. Ni el Nuncio Apostólico tiene autoridad sobre los obispos para decidir que van a hacer su ministerio. En definitiva, se lavó las manos”.
Ignacio, atribuye la protección y complicidad del Obispo Garza Treviño al padre Meño por lo que dice saber: “El Obispo lo protege porque tiene que ver con sus propios gustos, porque el Obispo también es gay y tiene una pareja en Eagle Paz e incluso los sacerdotes le dicen “mamá” al Obispo. Otros sacerdotes me han dicho que el Obispo también acosa y abusa sexualmente”.
El ex seminarista se entrevistó con el Gobernador Rubén Moreira Valdez, quien acudió a Piedras Negras.
“Me dijo que ya estaba enterado del caso y que iban a hacer justicia, cosa que no ha cumplido. El Gobernador también está protegiendo al padre Meño porque tiene una amistad con el Obispo Garza Treviño por eso lo tienen escondido”, afirma.
Sin rencor ni sentimiento de venganza, Ignacio dice que seguirá luchando hasta ver al sacerdote encarcelado: “Cuando lo tenga enfrente le diré que es un gay de closet, un abusador, un depredador y una persona que se esconde en una sotana. Espero que pronto esté tras las rejas porque nosotros hemos sido prisioneros de sus abusos”.
Y piensa también en ese niño de 15 años que fue abusado: “A ese niño lee daría ese abrazo que nadie le dio, ni su mamá ni su papá. Y le diría que sea feliz, que estamos intentando hacer justicia”.

jueves, 11 de febrero de 2016

EL PARAÍSO DE LOS PEDERASTAS: DE MACIEL A NUESTROS DÍAS

Distintos testimonios y documentos acusan que las violaciones sexuales de menores por parte de sacerdotes habrían iniciado hace décadas, pero siempre existe una especie de protección por parte de la alta jerarquía católica y de las autoridades civiles encargadas de investigar.

El padre Marcial Maciel, fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo. Foto: Cuartoscuro.
El padre Marcial Maciel Degollado, fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo. Foto: Cuartoscuro.
Ciudad de México, 10 de febrero (SinEmbargo).– En marzo de 2015 el Papa Francisco dijo en entrevista con Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en el Vaticano, que el fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, era un “gran enfermo” y que “sería raro” que no tuviera  un “padrinito”, por ahí, que encubrió las acusaciones en su contra por casos de abuso sexual cometidos contra de cientos de niños.
“Uno puede presumir que sí (hubo encubrimiento), aunque siempre en justicia hay que presumir la inocencia, pero sería raro que no tuviera algún padrinito por ahí, medio engañado, medio que, que sospechaba y no supiera”, le dijo.
Marcial Maciel Degollado fue un “depredador sexual”, aseguran sus víctimas. En noviembre de 1997 ocho ex Legionarios de Cristo publicaron una carta dirigida al entonces Papa Juan Pablo II, luego de que ese mismo años hicieron público a través del diario Hartford Courant de Connecticut, Estados Unidos, el abuso sexual que sufrieron.
Motivados porque era muy cercano a Juan Pablo ll, quien el 5 de diciembre de 1994 le envió una carta de felicitación, publicada en los diarios más importantes de la Ciudad de México, en donde lo reconoció como “guía eficaz de la juventud” y como quien “ha querido poner a Cristo […] como criterio, centro y modelo de toda su vida y labor sacerdotal…”, las víctimas del Presbítero decidieron hablar.
“Quienes ahora Os escribimos somos varios hombres cristianos, doblemente víctimas en dos claras épocas de nuestra vida: primero durante nuestra adolescencia y juventud y, luego, en nuestra madurez, por parte de un sacerdote y religioso muy allegado a Vos, que repetidamente abusó, antaño, sexualmente y de otras maneras de nosotros, indefensos, lejos de nuestros padres o tutores, en países diversos y lejanos del nuestro […] Somos un pequeño grupo de ex miembros de la Legión de Cristo los que, con pleno derecho, y ahora aún más en legítima defensa, nos decidimos a declarar la terrible y dolorosa verdad del oscuro mal oculto, casi desde la fundación de su institución, durante más de cuatro décadas”, dice la misiva.
Hoy, a unos días de que llegue a México el Papa Francisco, el ex Legionario de Cristo y víctima de abuso sexual de Marcial Maciel, José Barba Martín, sigue esperando justicia.
En 2002, recuerda en entrevista con SinEmbargo, no había ni siquiera un acuse de recibo de los 212 documentos entregados a la Santa Sede por las víctimas.
“EL FENÓMENO MACIEL”
José Antonio Pérez Olvera y José Barba, ex legionaros de Cristo en México y el chileno Juan Carlos Cruz, victima de pederastia, persentaron en 2015 las cartas abiertas de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes en Latinoamérica que le enviaron al Papa Francisco. Foto: Cuartoscuro
José Antonio Pérez Olvera y José Barba, ex legionaros de Cristo en México y el chileno Juan Carlos Cruz, victima de pederastia, persentaron en 2015 las cartas abiertas de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes en Latinoamérica que le enviaron al Papa Francisco. Foto: Cuartoscuro
Dos décadas después de la denuncia, con Marcial Maciel ya muerto, surgen más acusaciones en contra de sacerdotes católicos en México por abusos sexuales en contra de niños, ante la resistencia de la Iglesia a entregar a la justicia civil a los presuntos responsables.
“Yo le diría al Papa: usted habla de un hombre enfermo, que tenía un ‘padrinito’, pero ¿por qué Marcial Maciel durante 70 años, pudo estar dirigiendo una congregación, siendo un hombre enfermo, teniendo ustedes por los menos esos 212 documentos que hemos publicado?, ¿por qué teniendo esa información y quejas permitieron que ese hombre, que usted llama enfermo, estuviera al frente de la nave llamada Legión de Cristo”, cuestiona.
Barba Martín sigue: “¿Por qué si tenía un padrinito, usted no ha investigado al padrinito, nos dice quién fue y qué justicia se está haciendo con respecto a ese gravísimo encubridor?”.
El ex Legionario de Cristo asegura que distintas instancias del Vaticano cubrieron a Maciel Degollado.
“El fenómeno Marcial Maciel se convierte en una horrenda anécdota dentro de un contexto llamado Legión de Cristo. Tuvo sus cómplices, sus encubridores”, dice.
El Vaticano simplemente ha tratado a la pederastia como un pecado y no como un delito. El pecado, explica, se queda al interior de la religión tras el arrepentimiento y el perdón.
“El pecado, no solamente es pecado, sino que es delito y existen las leyes. El sacerdote pederasta va, se confiesa y se puede ir. Pero la parte del delito, es decir, ve y cumple con la Ley, declara que has faltado, eso no lo van hacer, en el momento que lo hagan, pierden supremacía”, dice.
Marcial Maciel murió en 2008, es decir 11 años después de que las enviaran cartas a cada uno de los obispos mexicanos que tenían una responsabilidad, incluyendo a Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, pero el Papa no fue informado hasta la publicación de las cartas en medios de comunicación.
“En 2002 yo mismo llevé una carta al Vaticano traducida en Polaco que fue entregada al secretario del Papa, pero nunca llegó a sus manos”, expone.
Barba afirma que Marcial Maciel violó niños desde los años 40 y luego de que la  denuncia se hiciera pública, la Santa Sede no cesó el ministerio del sacerdote, ni limitaron sus actividades “sistemáticamente” dice el documento “Pederastia Clerical en México y en Otros Países” elaborado por más de 50 organizaciones civiles para el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Para 1976, señaló, se hablaba de unos 20 niños que fueron abusados por Maciel y que se convirtieron en violadores con los años.
Sin embargo, el Papa Juan Pablo II promovió el fundador de los Legionarios de Cristo. El documento de las organizaciones civiles indica que: “Permitió que continuara cometiendo delitos impunemente en contra de niños durante muchos años. Nunca fue denunciado ante las autoridades competentes ni, mucho menos, llevaron a cabo alguna iniciativa para acercarse siquiera a la víctimas o para reparar algún daño hacia ellas, a su integridad física y moral”.
EL MODUS OPERANDI
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Testimonios señalan que Marcial Maciel abusaba de los niños que llegaron a Los Legionarios de Cristo, separados de sus familias y llevados a otros países. Los pequeños fueron obligados a guardar silencio a través del voto de caridad.
Para las víctimas la denuncia trajo consigo el desprecio, protección y encubrimiento a Marcial Maciel por parte de la congregación y del mismo Norberto Rivera de la Arquidiócesis de México.
Rivera acusó a las víctimas de pagarle al periodista Salvador Guerrero Ciprés, del periódico La Jornada, para inventar la historia y desprestigiar a Marcial Maciel.
En 2010 la Santa Sede reconoció públicamente, que Maciel había sido “un auténtico delincuente y que había cometido delitos graves”.
Raúl Olmos revela en su libro El Impero Financiero de los Legionarios de Cristouna mafia empresarial, disfrazada de congregación, que Marcial Maciel heredó a la Iglesia Católica varios curas pederastas.
El Vaticano tuvo que reconocer a 35 sacerdotes de la Legión de Cristo como violadores de niños. Seis de ellos superiores de la congregación.
“En una carta dirigida a finales de 2013 entre la comunidad legionaria, el entonces pro-director general Sylvester Heereman reconoció con crudeza que el equivalente al 3 por ciento de los sacerdotes de la congregación habían sido acusados de estar implicados en prácticas sexuales con menores de edad”, cita Olmos.
El porcentaje, agrega, es similar al de Estados Unidos que reconoce que 4 por ciento de los sacerdotes llegaron a estar vinculados con pederastia.
A pesar de las denuncias y la evidencia, Los Legionarios de Cristo no han visto mermada su fortuna. Al contrario son multimillonarios. Dinero que le sirvió a Marcial Maciel para sobornar a “altos dignatarios del Vaticano”.
Olmos indica que Maciel Degollado manejó un fondo discrecional de 20 mil dólares mensuales, además de falsificar firmas para desfalcar cuentas bancarias de la Legión.
Los Legionarios de Cristo tienen empresas fantasmas y Maciel “recurrió a paraísos fiscales para evadir impuestos y lavar dinero”.
En cuanto a las víctimas, sólo a siete de ellas se les pagó entre 11 mil y 28 mil dólares por reparación del daño y al resto, les ofreció “ayuda espiritual”, dice el autor.
EL PAPEL DE NORBERTO RIVERA
Foto: Cuartoscuro
Distintas víctimas aseguran haber acudido al Cardenal Norberto Rivera. Foto: Cuartoscuro
José Barba asegura que Norberto Rivera no sólo fue un encubridor de Marcial Maciel, sino que también “ha sido injusto con nosotras las víctimas”.
El ex Legionario indica que desde que se dieron a conocer los testimonios, Rivera Carrera los ha perseguido.
“Ha actuado con mala fe. En el caso mío no me merece respeto. Respeto la investidura del Arzobispado, pero no lo respeto a él, porque por sus actos lo conocemos”, dice.
En 1997 cuando salió a la luz el caso, la iglesia persiguió a varios medios de comunicación  como La Jornada Canal 40. Las presiones fueron de todo tipo, incluso comerciales.
“Hicieron lo indecible para que no saliera en el Canal 40. Sospecho que Norberto Rivera estuvo [involucrado] porque Norberto fue nombrado a través de una recomendación de Marcial Maciel cuando él [Rivera] era Obispo en Tehuacán [Puebla]”, indica.
Ciro Gómez Leyva narró el 1 de julio de 2010 en la revista Nexos el boicot y las presiones de las que fue víctima el equipo de Canal 40 que transmitió en 1997 los abusos de Marcial Maciel.
Luego de contar con cuatro ex Legionarios de Cristo víctimas de los abusos sexuales del Presbítero, buscaron la otra versión por rigor periodístico.
“No tardaron en visitarnos. Nunca quisieron dialogar. Iban a someternos. Prepotentes, groseros, jamás les escuché una palabra de duda o misericordia. Venían a conquistarnos, aplastarnos si no les quedaba más; legionarios al fin. Aseguraban que se trataba de una conspiración en contra del Vaticano y que esas cuatro voces habían sido corrompidas para dañar al padre Maciel. A los chantajes y advertencias siguieron las amenazas espirituales, comerciales y físicas: el programa no debería salir al aire. Amenazas del padre Gregorio, rector de la Universidad Anáhuac: ayuno, rústico, incapaz de superar el lugar común de los 20 siglos de ataques contra la Santa Iglesia. De Luis Garza Medina, alto jerarca de la Legión; de ex legionarios, amigos del Regnum Christi [movimiento católico que busca la instauración del Reino de Cristo en el mundo] familiares, anunciantes, funcionarios del Gobierno federal”, relata.
Gómez Leyva lanzó varios nombres: Roberto Servitje, de Bimbo; Alfonso Romo, duelo de Seguros América y Carlos Slim. Del gobierno federal Liébano Sáenz, Secretario particular del ex Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, también presionó.
“El programa de 48 minutos se transmitió a contracorriente del enfoque de negocio. En un testimonial de una dureza y emotividad creo que nunca vistos antes en nuestra televisión, Barba describió paso por paso el abuso de Maciel. Alejandro Espinosa detalló la forma en que mon père seleccionaba a sus predilectos. Saúl Barrales explicó la cultura del engaño. Por temor, quitamos los testimonios sobre la drogadicción de Maciel. Algunos anunciantes tardaron en perdonar la transgresión, otros no la olvidaron. Siempre pensé que estaban en su derecho. Era su dinero y era su inversión. Y era, en aquel 1997, la televisión que no querían ver”, escribió Gómez Leyva.
Carmen Aristegui y Javier Solórzano entrevistaron a la víctimas de Marcial Maciel en el programa Círculo Rojo, de Canal 2 de Televisa en 2002.
Miguel Ángel Granados Chapa escribió en el prólogo de “Marcial Maciel, historia de un criminal”, de Aristegui, que cuando se acabó el programa Círculo Rojo: “flotó en el aire la impresión de que su abordamiento del caso Maciel había contado entre los factores que determinaron su supresión”.
José Barba explica que durante la visita a México del Papa Francisco se espera un acercamiento con los pobres, con los indígenas, pero no se reunirá con los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa para no causar conflicto con las autoridades civiles.
Tampoco con las víctimas de pederastia en el país.
“No va a tocar temas que hagan olas y que hagan quedar mal, ni al gobierno de México ni a la jerarquía católica en la Ciudad de México. Tiene un Arzobispo que con respecto al problema de la pederastia ha sido un fracaso, ha sido un fracaso”, dice.
OTROS CASOS EN MÉXICO
Joaquñin Aguilar Méndez tenía 13 años cuando fue víctima de abuso sexual. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo
Joaquín Aguilar Méndez tenía 13 años cuando fue víctima de abuso sexual. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo
Marcial Maciel Degollado fue sólo el inicio del escándalo de pederastia que sacudió a la Inglesia Católica en México.
En la historia hay un, ahora ex sacerdote, acusado de violar a más de 200 niños. Se llama Nicolás Aguilar y cuando era cura, según testimonios, obligó a Sergio Sánchez Merino cuando tenía 12 años a realizarse sexo oral argumentando que si no lo hacía, él o su mamá podrían morir.
Primero, de acuerdo con el testimonio, se acercó al niño y le pidió que lo tocara porque tenía un tumor en el estómago, luego se desabrochó el pantalón y le obligó a tocarle las partes nobles. Después abusó de él.
Sergio denunció el hecho con el cardenal Norberto Rivera Carrera en 1997, pero en lugar de entregarlo ante las autoridades, Rivera sumó el caso del menor abusado a otros casos.
De acuerdo con el informe realizado por organizaciones civiles y activistas mexicanos, para el Comité de la ONU, Sergio denunció a su abusador y también a Norberto Rivera por encubrimiento de abuso sexual, pero la demanda fue desechada por falta de jurisdicción competente.
Lo mismo le sucedió a Joaquín Aguilar Méndez, quien tenía 13 años cuando el párroco de San Antonio de las Huestas, Estado de México, quien acusó a Nicolás Aguilar de violarlo en la rectoría donde dormía, aledaña a la iglesia, mientras se oficiaba una misa.
Era acólito y entre los aromas del incienso, el cura acusado de pederastia en Estados Unidos y recién egresado de una Clínica del Apostolado Católica donde combatía su homosexualidad, pederastia y alcoholismo,  lo olfateó y después de cuatro años de conocerlo, lo violó y acusó al sacristán del delito.
“Él mismo fue quien le dijo a mis padres que me habían violado, pero les dijo que fue el sacristán, entonces yo hablé y dije la verdad. Desde ese momento fui víctima del Ministerio Público y de la gente de la comunidad, que me despreciaba por haber denunciado a Nicolás”, dice Joaquín.
Joaquín es ahora un hombre de 35 años y está al cargo de la oficina de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) y asegura que el cura que abusó sexualmente de él, lo hizo también con unos 200 niños más.
El análisis de las organizaciones mexicanas para el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de la Nacionales Unidas (ONU) detalla que Nicolás Aguilar violó a niños en Los Ángeles California, Estados Unidos, en Puebla y en el  Estado de México sistemáticamente a los largo de sus 30 años como sacerdote y fue encubierto por la Iglesia Católica.
En 1997, de acuerdo con el informe firmado por varios organismos de la sociedad civil mexicana, salieron a la luz pública las denuncias de 60 niños abusados de Sierra Negra, extremadamente pobres.
Efrén Alva Cortez, Felipe Vadallares Rivera y decenas más fueron abusados por Nicolás Aguilar, de acuerdo con el documento. Aunque se denunció, finalmente no se ejerció ninguna acción penal en su contra.
“El proceso de los Niños de Sierra duró un total de cuatro años y reposa en archivos bajo el número 6/1998. El párroco fue sentenciado a un año de prisión por ‘ataques al pudor’. Sin embargo el cura nunca fue encarcelado, ya que mantuvo su libertad bajo fianza. En el año 2001 la justicia le concedió un amparo para dejar sin efecto dicha condena”, dice el documento.
El informe sigue: “Estas denuncias infructuosas muestran claramente la predisposición de las autoridades mexicanas y del Poder Judicial, de proteger a los curas pederastas en lugar de a las víctimas”.
Nicolás Aguilar pudo burlar a las justicia porque en México lo encubrió en ese entonces el obispo de Tehuacán, Norberto  Rivera Carrera y en Estados Unidos, el Cardenal Roger Mahony.
“En tan sólo nueve meses abusó de 26 niños. De regreso a México, el padre Nicolás abusó sexualmente de 60 niños más, residentes de distintas comunidades de Puebla”, dice el informe.
En contra de Norberto Rivera existen denuncias por encubrimiento, como la de Valentina Mendoza, madre de tres hijos abusados sexualmente por Aguilar en Los Ángeles, California.
En Estados Unidos el 18 de junio de 2009 Joaquín González Rodríguez, de 32 años interpuso una demanda en contra de Nicolás Aguilar por abuso sexual en 1987.
La justicia estadounidense le permitió utilizar el seudónimo de John Doe “quien aún se encuentra sufriendo de gran dolor mental y físico, shock, desasosiego emocional, manifestaciones físicas de desasosiego, vergüenza, pérdida de autoestima, deshonra, humillación e incapacidad para disfrutar de la vida; se ha visto impedido de realizar con plenitud sus actividades diarias y ha incurrido y seguirá incurriendo en gastos para tratamiento médico, psicológico, terapias y asesoría”, dice el informe.
John declaró que cuando fue abusado, conocía al sacerdote desde hacía seis meses y que iba a la iglesia para estudiar el catecismo. En su demanda la víctima acusa al cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, California de complicidad.
Una corte federal de Los Ángeles cerró el caso en 2012 y el abogado de John pidió al juez responsable aplazar el caso hasta 2013, pero la solicitud fue rechazada.
Los crímenes del sacerdote hasta el día de hoy están impunes y de acuerdo con Joaquín Aguilar, víctima de Nicolás en México, cada día hay más denuncias en contra de curas que ofician misas y después violan niños.
“El problema que existe en México es que muchos no se animan a denunciar y cuando lo hacen, después de años, ya no se puede hacer nada. Otro problema grave es que para que los violadores puedan salir libres la justicia se les reclasifica el delito de violación a estupro, donde se alega que el niño consintió la violación. En todo el país un abusador sale libre por este delito”, dijo.
El caso de Joaquín no es el único, en el informe que se presentó en el del “Foro Internacional: el significado del informe del Comité de los Derechos del Niño a la Santa Sede y las implicaciones para México” que se realizó la semana pasada en la Cámara de Diputados aparecen cientos de niños violados por distintos sacerdotes, todos impunes.
El PADRE CARLOS LÓPEZ
Cuando Jesús Romero Colín tenía 11 años y era acólito de la iglesia San Agustín de las Cueva en la delegación Tlalpan del Distrito Federal, el cura Carlos López Valdéz, abusó de él sistemáticamente.
El sacerdote lo tocaba y le tomaba fotos para “hacer un álbum de cómo iba creciendo”.
A los 15 años Jesús encontró sus fotos y correspondencia postal que el cura Carlos López mantenía con otras personas, donde él era el protagonista.
“La Congregación para la Doctrina de la Fe, ubicada en el Estado Vaticano, órgano de la iglesia católica encargado de juzgar delitos más graves, entre ellos los abusos sexuales cometidos por clérigos contra menores, considera que las pruebas presentadas por el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de México son contundentes. Entre ellas se presentó como prueba un CD con pornografía infantil que incluye imágenes de la víctima tomadas por el propio agresor”, dice el informe.
Sin embargo, a pesar de las pruebas en contra del sacerdote, el Vaticano aún no ha resuelto sobre el caso y López Valdéz sigue oficiando misas.
Jesús Romero asegura en entrevista que el sacerdote, a quien le fue retirado su ministerio, violó a otros niños.
Vivía en una casa muy grande, con otros jovencitos de quienes también abusaba, indica.
OTROS CASOS
Eduardo Córdova está entre los más buscados de la Procuraduría del Estado. Foto: Procuraduría de San Luis Potosí.
Eduardo Córdova está entre los más buscados de la Procuraduría del Estado. Foto: Procuraduría de Justicia San Luis Potosí
El ex sacerdote Alberto Athié Gallo denunció el caso el padre Eduardo Córdova Bautista de San Luis Potosí, implicado en al menos 100 casos de abuso sexual en esa entidad en 2014.
“Tiene 30 años con estas actividades, hay muchos papás y mamás, muy dolidos y molestos y no han visto que se haga justicia para sus hijos. Este caso se sabía en la Arquidiócesis desde hace mucho tiempo y nunca hicieron nada para entregarlo a las autoridades civiles a pesar de que hay denuncias penales detenidas en los ministerios públicos”, dijo.
El sacerdote fue removido de sus cargos por órdenes de la Santa Sede que lo investigó y determinó su culpabilidad, sin embargo siguió oficiando misas en un asilo de ancianos en total libertad, burlando a la justicia mexicana, indicó.
Después, ese año se convirtió en un prófugo de la justicia, luego de que los padres de un adolescente, acompañados por Luis Nava Calvillo, decidieron en 2014 llevar la denuncia no ante la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJEM), cuyo titular era entonces Miguel Ángel García Covarrubias, sino ante la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR).
En los hechos tampoco ha habido mucha diferencia, no se tiene noticia de que la averiguación previa haya sido consignada ante un juez, además la integración del expediente se ha visto afectada en su avance por cambios de funcionarios en la PGR.

La Iglesia Católica dice no saber el paradero de Eduardo Córdova, mientras que las víctimas creen que el pederasta fue encubierto por las autoridades religiosas.

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