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martes, 29 de septiembre de 2015

El miedo a López Obrador

RAYMUNDO RIVA PALACIO
AMLO. (Cuartoscuro)

En una comida reciente en la casa de uno de los empresarios más importantes de México, algunos de los presentes cuestionaron la idea del presidente Enrique Peña Nieto de que la prensa extranjera tenía un interés específico por criticar a México. Uno de los empresarios, como se refirió en este espacio ayer, dijo que las críticas en los medios del mundo no eran sólo sobre México, sino una constate en América Latina cuando de corrupción gubernamental se trataba. Este fue el tema dominante en esa comida incómoda para Peña Nieto, que se corrió al final hacia Andrés Manuel López Obrador y su ambición presidencial en 2018.

Nadie dudaba de que López Obrador estaría en la boleta electoral. El análisis que hicieron algunos empresarios es que la realidad nacional se había acomodado a su retórica. López Obrador ha sido consistente en su mensaje simple, claro y permanente sobre los mismos temas. La dicotomía entre el bien y el mal, que enmarca su concepto teológico-político de ver la vida, ha girado en torno a tres grandes temáticas: la pobreza y la desigualdad, la economía, y la corrupción. Los tres están alineados hoy fuertemente a su favor.

Sobre la economía, sugirieron algunos empresarios, la gestión ha dado como resultado un pobre crecimiento. El cuarto año será peor que los tres anteriores, recordaron, aunado al Presupuesto más austero en un cuarto de siglo. López Obrador, se recordó en la comida, ha propuesto en sus campañas presidenciales un cambio radical en el modelo económico. El argumento que las políticas de los tecnócratas neoliberales han empobrecido a los mexicanos, se expresó con palabras diferentes en la comida, adquiere verosimilitud. A partir de la desigualdad, López Obrador ha desarrollado un discurso potente y persuasivo de la confrontación entre buenos y malos, y una “mafia del poder” que ha saqueado a la nación. Sus palabras se entreveran, expusieron, con las acusaciones de corrupción.

En la primera parte de la comida, uno de los empresarios enumeró los casos de corrupción en América Latina que metieron en problemas a sus gobiernos, y recordó las acusaciones de conflicto de interés relacionados con la 'casa blanca', la casa de campo en Malinalco del secretario de Hacienda, y las imputaciones de corrupción en la obra pública vinculada con grupos empresariales cercanos al presidente Peña Nieto. La fotografía, por más unidimensional que sea, encaja plenamente en las denuncias sostenidas de López Obrador. Lo que se ha visto en América Latina, dijo uno de los empresarios, es que sí hay consecuencias para quienes se ven involucrados en actos de corrupción, mientras que en México no pasa nada.

El presidente no decía nada, de acuerdo con la reconstrucción de la comida. En el mismo contexto, hablaron de cómo en estos tres años la popularidad de Peña Nieto ha caído y perdido el acuerdo para gobernar, mientras que el apoyo a López Obrador se mantiene prácticamente intacto. Nadie soslayó que en la boleta presidencial de 2018, Peña Nieto no figurará, pero es el contexto lo que veían. Uno de los empresarios hizo una referencia a los votos en la elección de 2012. Ese año Peña Nieto logró 19 millones 226 mil 784 votos, 38.21 por ciento de la votación, contra 15 millones 896 mil 999 de López Obrador, que representó 31.59 por ciento de la votación. En las elecciones intermedias, el PRI llegó a 11 millones 638 mil 675 votos, o 29.18 por ciento de la votación, contra tres millones 346 mil 349 votos, que sumaron 8.39 por ciento del electorado.

Ninguno de los presentes en la comida manejó los datos con precisión, pero utilizaron las cifras para efecto de argumentación. Peña Nieto no estuvo en la boleta en las elecciones intermedias, pero el PRI lo escondió en las campañas para evitar que sus negativos crecientes impactaran sobre los candidatos. López Obrador tampoco estuvo en la boleta, pero la campaña de Morena, el partido que por primera vez contendió en una elección, se centró totalmente en él. La realidad que veían es cristalina: Peña Nieto había sido un lastre para el PRI, mientras López Obrador lo fue todo para Morena.

Uno de los empresarios recordó que inclusive Peña Nieto como candidato enfrentó una dura oposición con López Obrador en 2012. Nadie lo dijo en ese momento, pero un mes antes de la elección hace tres años, en dos ocasiones el candidato de la izquierda superó al priista en los tracking poll —incluido en el del PRI–. Para 2018, dijo otro empresario, Peña Nieto no estará en la contienda, y ni el secretario de Hacienda Luis Videgaray, ni el de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, ni el de Educación Aurelio Nuño, o el actual líder del PRI Manlio Fabio Beltrones, tienen el carisma que poseía él.

Los empresarios, dijo una de las fuentes, reflejaron su miedo a López Obrador. No lo quieren en Los Pinos, pero por la forma como expusieron sus ideas y criticaron –no dicho de esta forma– la impunidad en su administración, ven muy probable que gane la presidencia dentro de tres años. No se reveló si Peña Nieto hizo algún comentario sobre este diagnóstico. Tampoco si haría cambio en la forma como lleva el gobierno o relevaría a algunos de los secretarios que más cuestionaron. Pero ese tipo de franqueza, cruel a veces, nunca la había visto con los empresarios.

martes, 15 de septiembre de 2015

Matar al populismo, matar a AMLO .- ÁLVARO DELGADO

Obrador de gira en Iztapalapa en abril de 2015. Foto: Miguel Dimayuga

MÉXICO, D.F. (apro).- Con toda la estridencia del fracaso, que junto con la corrupción y la mentira son ya su marca para la historia, Enrique Peña Nieto ha dado inicio a la temporada de caza contra el “populismo”, esa bestia negra asociada sin atenuantes a Andrés Manuel López Obrador.

La perturbación de la cúpula empresarial ante una hipotética victoria de López Obrador en 2018, un ánimo muy parecido al de 2006 y 2012, ha estimulado en el extremo impulsos asesinos, como lo advirtió públicamente el periodista Joaquín López-Dóriga, el 15 de mayo, cuando escribió sobre planes para “eliminar” al exjefe de gobierno de la capital.
Es preciso tener en cuenta esta información para que las autoridades, pero sobre todo los ciudadanos, dimensionen de lo que pueden ser capaces los que creen que nada –ni un poquito– debe cambiar en México. En su columna “En privado”, titulada “AMLO es el blanco”, López-Dóriga escribió en Milenio:
“En las últimas semanas he escuchado en círculos empresariales que López Obrador viene con todo y que ha sido este gobierno el que le ha pavimentado el regreso. Incluso, he sabido que esa cúpula ha comentado que hay que pararlo(cursivas en el original), lo que me parece gravísimo, ya no se diga en una democracia, sino en cualquier convivencia civilizada, y sería el peor y último error de este sistema, eliminar a un candidato presidencial, como ya ocurrió la tarde del miércoles 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana”.
¿Quiénes son esos personajes de “círculos empresariales” que López-Dóriga dice que quieren “eliminar” al líder de Morena? No lo ha dicho, pero no pudo haberlo escrito sin que de ello se sepa al más alto nivel y que, opina él, “debería ser una de las más importantes preocupaciones y prioridad de este gobierno, que, hasta donde sé, lo es: que a nadie le pase nada, que todos lleguen al proceso presidencial de 2018 sanos y salvos y que sean las urnas las que decidan su futuro. Otra salida ya no la resistiría el país.”
Pero así como hay ansias homicidas en algunos que se creen amos de México han surgido, también, iniciativas que plantean necesarias y urgentes acciones contra la desigualdad y la pobreza, que padecen más de 60 millones de mexicanos, un fenómeno que, como postula con razón el economista Gerardo Esquivel, debe ser debatido por razones éticas, morales, económicas y políticas.
“Frente a la pobreza” es la iniciativa de más de 100 organizaciones de la sociedad civil que se sumaron a la convocatoria del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, a la que pertenecen entre muchos otros José Woldenberg, Mauricio Merino, Enrique Provencio y Ricardo Becerra, este último subsecretario de Desarrollo Económico del gobierno de Miguel Mancera.
Llama la atención la suma de personajes como Rogelio Gómez Hermosillo, exfuncionario del gobierno de Vicente Fox; Alberto Núñez Esteva, expresidente de la Coparmex; Francisco Landeros, director de la Fundación del Empresariado Mexicano, y Luis Rubio, exasesor de Josefina Vázquez Mota, detractores todos de López Obrador.
El hecho de articular un esfuerzo para entender y atender el fenómeno de la desigualdad y la pobreza es encomiable, porque el tamaño del reto exige, en efecto, una visión de Estado, más allá de partidos, dirigentes y candidatos. Se trata de la viabilidad misma de la nación.
Más allá de la elección presidencial, dentro de tres años, lo único que se debe tratar de aniquilar es la pobreza, la corrupción, el autoritarismo y la mentira, no a un político motejado de populista y al que, en todo caso, han fortalecido precisamente los antipopulistas que han gobernado México los más recientes 35 años.
Y este es el punto: ¿Qué han significado para México los gobiernos antipopulistas? Las propias cifras oficiales exhiben que, justamente, lo que alegan temer de los populistas: Deuda, estancamiento, miseria y opulencia a extremos escandalosos.
El ciclo populista concluyó en 1982 con el gobierno de José López Portillo, autodenominado “el último presidente de la Revolución”, en cuyo sexenio la economía creció 6.51%, y 6.16 en los seis años de su antecesor, Luis Echeverría.
¿Qué pasó con los gobiernos neoliberales –los antipopulistas–que siguieron de 1982 hasta la fecha e iniciaron el auge del neoliberalismo? Puros malos números: Con Miguel de la Madrid, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 0.18% en promedio en seis años, con Carlos Salinas –el gran privatizador– sumó 3.91 y con Ernesto Zedillo 3.39%.
Los dos gobiernos neoliberales del PAN –declarados antipopulistas– tuvieron un crecimiento más mediocre aun que los neoliberales priistas que les precedieron, pese al auge de los precios internacionales del petróleo: El PIB del primero ascendió 2.03 de promedio anual en el sexenio y 2.04 el segundo.
No estoy diciendo que el populismo es mejor que el neoliberalismo en sí mismo, sino solamente comparando los saldos de gobiernos antipopulistas vigentes desde hace 35 años.
La deuda, por ejemplo, es asociada con las políticas populistas, pero es también característica de los gobiernos antipopulistas:
Solamente en los sexenios de Fox y Calderón y los tres años de Peña Nieto la deuda externa del sector público federal –gobierno central, entidades paraestatales y banca de desarrollo– se duplicó: Pasó de 70 mil 260.4 millones de dólares en 2000 a158 mil 580.4 millones de dólares, un crecimiento de 125%.
No sólo eso: Según cifras de la Secretaría de Hacienda, entre 2000 y junio de 2015 fueron transferidos al exterior recursos públicos por 516 mil 62.9 millones de dólares para cubrir el servicio de la deuda externa del sector público federal. Es decir, en 15 años se ha pagado siete veces el monto de la deuda externa.
Los gobiernos antipopulistas son también sinónimo de exclusión: Por ejemplo, según el Banco Mundial, la pobreza actual es la misma de hace 20 años.
Según el reporte Prosperidad compartida y erradicación de la pobreza en América Latina y el Caribe, el número de mexicanos en extrema pobreza –con un ingreso diario que es insuficiente para adquirir una canasta básica alimentaria– se ubicó en 23.1 millones de personas, la cifra más elevada desde 1988.
Mientras, en la clasificación de pobreza moderada se encuentra un universo de 61.4 millones de mexicanos, la mayor cantidad desde 1996.
En contraste, con el auge del neoliberalismo –los antipopulistas–, la concentración del ingreso es inaudita, como lo muestra el informe Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político, elaborado por el economista Gerardo Esquivel para la organización no gubernamental Oxfam-México.
Comparado con 23 países de la OCDE, México tiene el mayor nivel de concentración de ingreso: Al 1% de la población más rica le toca 21% del ingreso total. Así, los ricos se hacen más ricos. 
La riqueza de los cuatro mexicanos más ricos Carlos Slim (77,000 millones de dólares), Germán Larrea (13,900), Alberto Bailleres (10,400) y Ricardo Salinas Pliego (8,000) asciende a 9.5% del PIB del país. Y en 2002, la fortuna de estos cuatro sólo representaba 2% del PIB, mientras que el número de mexicanos multimillonarios no ha crecido en los últimos años.
Han sido los detractores del populismo los principales impulsores del populismo…
Comentarios en Twitter: @alvaro_delgado

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