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jueves, 28 de marzo de 2019

Pruebas de campaña contra AMLO no son falsas; estoy dispuesto a un peritaje: Sevilla

No solo hubo una "mafia en el poder", también una mafia cultural e intelectual que intentó evitar la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, reveló el editor. "Me encargaron un diccionario de oprobios para mostrarlo como intolerante", explicó.


El editor y literato Ricardo Sevilla, quien declaró formar parte de la TramaCoppelKrauze, explicó en entrevista para #AristeguiEnVivo que entre los últimos intentos para dañar la imagen del candidato a la Presidencia de la República por coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador,  le encargaron la redacción de un diccionario de oprobios -“algo vergonzante o digno de reproche”- con el que intentaron revivir frases que lo mostraran como intolerante.
Además de los memes y los videos, “buscaban productos más refinados para publicarlos en sus columnas”, explicó Sevilla. Fue así como 49 días antes del cierre de campaña y a 53 de las elecciones del 1 de julio, al editor le fue encomendada la investigación “para que los cerebros de la operación tuvieran datos para seguir atacando a López Obrador.
“Hay una mafia en el poder, pero además una mafia cultural e intelectual que tienen muchos brazos y que desarrollaba estos contubernios al amparo de gobierno anteriores”, señaló respecto a las administraciones de Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox.
Sevilla señaló que fue Fernando García Ramírez quien utilizó el diccionario en su columna del 21 de mayo de 2018 en El Financiero bajo el título La República del insulto, días después fue retomada por Gabriel Zaid en Reforma.
“Quisieron revivir la frase desafortunada que el actual presidente dijo en 2016: ‘Cállate, chachalaca’“, narró.
Luego de una investigación de frases aisladas dichas por López Obrador entre el año 2000 y la campaña de 2018, Sevilla entregó un documento -diccionario literario- en que que incluye varias definiciones.
“Hubo sobre Ricardo Anaya, en algún momento el candidato le llamaba ‘Pirruris’, ‘Candidato de la Mafia del Poder’, ‘Mafiosillo’. Hay algo sobre José Cárdenas, el conductor de radio en donde lo llama ‘calumniador’, algo sobre el propio Enrique Krauze donde lo señalan como ‘conservador con apariencia de liberal'”, detalló Ricardo Sevilla.
Ante los señalamientos en su contra sobre haber proporcionado pruebas falsas, Sevilla afirmó que está dispuesto a que haya un peritaje.
“Que se evalúe, ellos  dicen que son mentiras y yo los llamo a que me lo demuestren y que haya un peritaje de las autoridades competentes y que demuestren los dichos que aseguran en redes sociales y en las columnas de sus amigos.
“Mi objetivo principal es desenmascarar a uno de los grandes de la literatura mexicana que es Enrique (Krauze). Sabíamos de alguna manera como ‘radio pasillo’ en el mundo literario, que Krauze trabajaba con materiales que no eran suyos, ha sido señalado por diferentes investigadores de la literatura y yo me di cuenta”, afirmó.
Sevilla aseguró que “aún hace falta mucho por conocer, hay demasiado detrás de esto”. Invitó a que otras personas que formaron parte de la operación se atrevan a dar la cara, a hablar con los medios.
“He recibido muchos correos y mensajes en donde quieren aportarme algunas cosas pero off the record. Yo los he invitado a que busquen los medios que quieren dar a conocer estos materiales tan importantes para la salud de de la democracia mexicana“, dijo.
Ve la entrevista completa aquí:

martes, 26 de marzo de 2019

Enrique Krauze y la amistad como chivo expiatorio

"Lo que frustra al alter ego de Krauze es ver combatida su desbordada imaginación (tramas rusas, dictaduras de opereta y conspiraciones que sólo ocurren en su fantasía) con los datos duros del periodismo de hechos que él jamás ha practicado", escribe el editorialista, Ricardo Sevilla.







Por Ricardo Sevilla
Fernando García Ramírez escribió ayer, en las páginas de El Financiero, un artículo titulado “Indignación selectiva”. En su columna, “Leer es poder”, no habla del estudio de televisión que, justo arriba de la oficina que ocupó durante 18 meses, en la casa ubicada en Berlín 245, se atareaba produciendo cientos de cápsulas ni de los programas que se transmitían por internet, ni de los memes, ni de los videos que se creaban para impulsar la figura de los panistas Josefina Vázquez Mota —Margarita Zavala, en su momento— y Ricardo Anaya.
El ex director de la revista Letras Libres tampoco se refiere al contenido de las juntas que, en aquella casona ubicada en la alcaldía de Coyoacán, sostuvo en varias ocasiones con personajes como Margarita Zavala, Consuelo Sáizar, Ricardo Rojo y Jesús Ramón Rojo.
No habla, en suma, de la campaña en contra del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, en la que estuvo implicado y fue pieza fundamental.
Confieso que me sorprendió leer su texto evasivo. Crítico beligerante, como es, imaginé que aprovecharía su espacio para esgrimir argumentos que, al menos, tratasen de objetar los señalamientos que, durante las dos últimas semanas, se le han hecho en diferentes medios de comunicación, con pruebas y testimonios que pueden evaluarse por las correspondientes autoridades hacendarias y cibernéticas.
Cabe recordar que el 17 de marzo, en un artículo publicado en este mismo medio informativo, escribí un texto —con documentos y pruebas a la vista— donde hice la crónica de los poco más de 18 meses que trabajé en el equipo de Enrique Krauze, en una estrategia antilopezobradorista, que tenía el objetivo de descarrilar la candidatura del tabasqueño.
Foto: cuartoscuro.com
Dije entonces —y lo reitero ahora— que fui reclutado por el autor de El pueblo soy yo. Al día siguiente de que mi texto fue publicado en este portal —18 de marzo— (Krauze operó contra AMLO. Testimonio sobre la insidia), y mientras yo ofrecía mi testimonio, de viva voz, en el estudio de Aristegui NoticiasEnrique Krauze fue entrevistado, a su vez, por Ciro Gómez Leyva en Radio Fórmula.
El intelectual, miembro de El Colegio Nacional, aseguró no conocerme. No me sorprendió. Todo lo contrario: había previsto su actitud. El historiador, proclive al ninguneo, ya había menospreciado, entre otros tantos ex colaboradores, al crítico Rafael Lemus, quien, en 2013, decidió abandonar el consejo editorial de Letras Libres por considerar que la publicación censuraba “toda práctica de izquierda”. El historiador, al leer la “Carta abierta a Enrique Krauze” escrita por Lemus, exclamó, altivo: “¿Y yo por qué voy a discutir con ese enano?”. La anécdota —y la expresión literal— me la contó el mismo Fernando García Ramírez en una cena, en su casa.
El hábito de subestimar a sus críticos es moneda de uso corriente para Krauze. Lo que me sorprendió, acaso, en la entrevista con Gómez Leyva, fue escuchar al biógrafo —que no podía controlar su tembloroso timbre de voz— deslindándose de García Ramírez. En menos de treinta segundos, responsabilizó a su amigo de haber creado, por su cuenta, el equipo que había estado al frente de la operación en Berlín. Además de aceptar que el equipo existió (y reconocer que estuvo al tanto de su progreso), el historiador, arrojando por la borda treinta años de amistad con quien fuera subdirector de Editorial Clío, empresa del propio Krauze, lo lanzó sin contemplaciones al tribunal de la opinión pública, donde, hasta el momento, el hombre continúa siendo objeto de vilipendio.
García Ramírez, quien en sus redes sociales se refirió a mí como un “mitómano” y, en su cuenta de Facebook, luego de leer el reportaje publicado el 14 de marzo, en el semanario ejecentral, anunció que no lidiaría con los medios de comunicación y me demandaría penalmente, al final, decidió permanecer callado. Pero su silencio, junto con el categórico deslinde de Krauze, lejos de ayudarlo a restablecer su imagen, ha sido pasto seco para las llamas del escarnio.
Pero eso, al parecer, es lo que menos le interesa al crítico literario. En su columna de ayer, lejos de aceptar que existió —como ya ha sido expuesto con evidencias— un grupo multidisciplinario, subvencionado por empresarios que pertenecen al Consejo Mexicano de Negocios, y que tenía el fin de descarrilar la candidatura presidencial de López Obrador, García Ramírez —demostrándole a Enrique Krauze una lealtad a prueba de humillaciones y sobajamientos públicos— decidió, como suele decirse, pagar los platos rotos.
En un texto errático, donde lanza preguntas retóricas sin orden ni concierto, García Ramírez, quien a ojos del público fue denigrado por su propio jefe (y supuesto amigo), se pertrecha bajo un argumento tan artificioso como victimista: “Contra los que ahora detentan el poder mejor no meterse en estos tiempos de indignación selectiva”.
Una queja que, lejos de sus tintes líricos, no aporta más.
No obstante, su anotación más insidiosa —y grave, por lo que afirma en forma de taimada pregunta— se encuentra en el sexto párrafo de su artículo: “¿Cuándo dedicará el noticiero de Carmen Aristegui las horas destinadas a otros casos para transmitir el reportaje sobre los miles de millones de dólares (es decir, de las decenas de miles de millones de pesos que no van a ser utilizados en programas sociales) que provocó la cancelación caprichosa del NAIM? ¿Dedicará espacio a las consultas amañadas con las que se intentó justificar esa cancelación? ¿Dedicará mesas redondas a comentar la ausencia de investigaciones que avalen el dicho presidencial de la presunta corrupción de las empresas constructoras?”
Y ya entrado en la dinámica de los cuestionamientos retóricos, pregunto: ¿Realmente creerá García Ramírez que Raymundo Riva Palacio (director de ejecentraly Carmen Aristegui —personajes que no pocas veces se han colocado en las antípodas del periodismo— se prestarían a un juego, orquestando una persecución “oficial”, como insinúa en ese texto delirante? Y me anticipo a su respuesta: Por supuesto que no es así. Y él lo sabe.
Lo que frustra al alter ego de Krauze es ver combatida su desbordada imaginación (tramas rusas, dictaduras de opereta y conspiraciones que sólo ocurren en su fantasía) con los datos duros del periodismo de hechos que él jamás ha practicado. ¿Es mentira lo que afirmo? Podrían demostrarlo (la propia Aristegui les ha ofrecido reiteradamente el espacio) mostrando pruebas sólidas, pero sin salir con hashtags chocarreros, como #YoLeCreoAKrauze, que es el peor —y más burdo— intento de rescatar a un intelectual que ha servido bien a los propósitos del poder empresarial y también la última prueba de que la ingeniería neoliberal que este hombre practica, jamás ha podido pensar en términos de dignidad.
Amigos que tengan twitter, en Observatorio Ciudadano estamos posicionando el HT
Es importante enmedio de esta campaña de Estado en contra de una de las mentes más claras del pensamiento en la actualidad de México.
Ayúdennos a hacerlo TT, todos a twittear 🙏
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El Presidente López Obrador aseguró que durante su administración el Estado no perseguirá a escritores. Y celebro estas palabras, justo porque le arrebata a Krauze, y al chivo expiatorio en que García Ramírez decidió convertirse por voluntad propia (o sin ella), el sudario de víctimas de una persecución (ficticia) orquestada por el gobierno.
Lo cierto es que, más allá de las digresiones retóricas que expone en El Financiero, el meollo del asunto sigue siendo el mismo: Enrique Krauze, en contubernio con una red de poderosos empresarios —sustentado con facturas expedidas por el SAT, conversaciones por WhatsApp, Facebook Messenger y correos electrónicos que estoy dispuesto a poner ante cualquier peritaje— intentó influenciar en el ánimo de los votantes. Y lo que es todavía peor: esta red sigue operando, en colaboración con el PAN, y ya no para descarrilar una candidatura, sino una Presidencia.
Y con respecto al boleto de avión publicado en el periódico Reforma, que intenta demostrar, de una manera burda, que el ingeniero Krauze no me vio en aquella fecha, me permito responder que la fecha de nuestro encuentro —que no estorbó para nada al equipo que operó en Berlín 245 y con el cual estuvo estrechamente vinculado— es anecdótica. Como dije a ejecentral, al final, terminaríamos por vernos otro día. Y, como corolario, me gustaría traer a cuento una reflexión que, en su momento y al calor de toda esta discusión, el periodista Alberto Barranco apuntó en su cuenta de Twitter: “Puede mostrar mil boletos de avión o facturas de hoteles y de todos modos Enrique Krauze no se libra del estigma de haber intentado a sueldo torcer la voluntad ciudadana para sacar de la posibilidad el triunfo a AMLO. Vaya demócrata”.

Puede mostrar mil boletos de avión o facturas de hoteles y de todos modos Enrique Krauze no se libra del estigma de haber intentado a sueldo torcer la voluntad ciudadana para sacar de la posibilidad el triunfo a AMLO. Vaya demócrata.
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jueves, 21 de marzo de 2019

Berlín en Letras Libres

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Krauze es hoy objeto de las mismas instigaciones organizadas ayer desde su panfleto; dice que es sólo un ciudadano


Jorge Camacho / Diacrítico / Heraldo de MéxicoMARZO 21, 2019
En su libro, Tatiana Clouthier acusa a Enrique Krauze de diseñar una estrategia para perjudicar la campaña de AMLO. Informa que el historiador y Fernando García Ramírez, presuntos integrantes del grupo Berlín, fueron financiados por varios empresarios. A no ser que haya indicios de delito, el escándalo parece desproporcionado.
Pero algo invita al reparo. En entrevista con Gómez Leyva, Krauze se mostró titubeante y azorado. Al denunciar una campaña en su contra, olvidaba las impulsadas desde Letras Libres. Exige derecho de réplica, pero no lo respeta en su revista. Krauze es hoy objeto de las mismas instigaciones organizadas ayer desde su panfleto. Dice que no pertenece a ningún grupo de poder y que es sólo un ciudadano. No dice que ha utilizado durante años la revista para imponer su antojo y el de sus adláteres en el medio cultural y académico de México.
El consejo editorial de la gaceta incluye a Guillermo Sheridan. Al parecer éste señor siempre ha vivido al cobijo del poder que asegura su impunidad. Un par de apuntes. Maestro de la UNAM, desde hace varios años trabaja en la Universidad de Austin (Texas). La UNAM permite una ausencia de la institución no mayor a tres años, al cabo de los cuales el beneficiado pierde la plaza si no se reincorpora.
Existen sospechas de que sigue recibiendo el sueldo y otros beneficios de la UNAM, además de los de su actual institución. Goza del nivel I o II del Sistema Nacional de Investigadores, cuando todo apunta a que no cumple con su reglamento. Declara Krauze que se representa a sí mismo, los hechos indican que también a sus comparsas. De otra manera no se entiende que el señor Sheridan utilice Letras Libres para amedrentar y humillar a dictaminadores del SNI y a trabajadores de la UNAM excusando libertad de expresión. Krauze denuncia que lo criminalizan. Nunca ha levantado la voz cuando desde su revista otros son criminalizados. Letras Libres no merece otro trato que el que dispensa.
La financiación de la gaceta a cargo del erario es ofensiva. Letras Libres defiende un interés de grupo pretextando la cultura. El maquillaje de la pose y el elitismo de bisutería ya no disfrazan la abyección.
El intelectual dilapida la autoridad cuando subasta la crítica y el libre examen. Clouthier ejerce su libertad de expresión que no es privativa de nadie. Las reacciones de Krauze a las recientes informaciones mucho tienen de soberbia, presentándose como dueño de la libertad de expresión y de la crítica hacia el poder, como liberal ejemplar. Todo esto contradice el liberalismo que reside en el respeto a la libertad de los demás.
Victimizarse es una frivolidad. La polémica, sin embargo, radiografía con exactitud la catadura intelectual y moral de la camarilla.

Diacrítico: Lo que era un secreto a voces es ya de dominio público. Confiados en su impunidad, se percatan de que la han perdido. ¿Simonía intelectual? Berlín es una anécdota, pero no las actuaciones de algunos colaboradores de Letras Libres.

JCAMACHO68@GMAIL.COM JORGE CAMACHO
@CAMACHO_JORGE

lunes, 18 de marzo de 2019

Me lanzan la maquinaria del Estado, pero el equipo lo armó Fernando García, delata Krauze

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Álvaro Delgado
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El escritor Enrique Krauze afirmó ser víctima de la “maquinaria del Estado” y de “los medios afines al poder” al identificarlo como orquestador de la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador, con vastos recursos de grandes empresarios, que otra vez negó.
“Es el poder, los medios afines al poder y el Poder Legislativo cercano al poder. Toda esta maquinaria es el Estado mexicano muy fuerte”, aseguró el director de la revista “Letras libres” y contratista de los gobiernos de PRI y PAN, quien no identificó a los “medios afines al poder”.
Y, en vez de eso, aseguró que está siendo “criminalizado” por algo de lo que es ajeno, la concepción e instrumentación de un plan de guerra sucia financiada por magnates como Agustín Coppel y Alejandro Ramírez Magaña, aunque sí identificó como el artífice a su ayudante Fernando García Ramírez.
“Yo soy una persona, yo me represento únicamente a mí. No maquiné nada. Punto”, aseguró Krauze, en entrevista en el noticiero que conduce Ciro Gómez, en el que pareció retractarse de demandar legalmente a la diputada federal Tatiana Clouthier por implicarlo en la trama en su libro “Juntos hicimos historia”.
Pese a que él mismo amagó con demandarla, y luego de que Clouthier lo retó en la revista Procesoa que lo haga –“nos vemos en los tribunales”–, Krauze respondió:
“Esa es la bravata de una diputada con fuero y de una mujer que habla desde el poder”.
A pregunta específica si sigue analizando demandar a Clouthier, Krauze pareció desdecirse, porque se dijo muy creyente de la libertad de expresión.
“A veces la libertad de expresión lo afecta a uno con calumnias, como esta, pero yo soy un creyente de la libertad de expresión. Digamos que tengo abierta esa puerta, pero yo no puedo dejar de subrayar que la libertad se combate como lo estoy haciendo, abierta y francamente, con la libertad. La libertad se defiende con la libertad, el abuso de la libertad se defiende con el uso recto y responsable de la libertad”.
En la entrevista con Proceso, Clouthier no sólo ratifica que tiene pruebas de que Krauze orquestó la guerra sucia contra López Obrador, sino que afirmó que el historiador amenazó con demandarla si lo publicaba. “Me mandó decir, indirectamente, que pobre de mí que me atreviera, porque me iba a demandar”.
–¿Así? –le preguntó el reportero.
–Hizo el comentario como para “dile a Juan para que te oiga Pedro”, ¿no?
En la entrevista en Radio Fórmula, Krauze también desmintió al escritor Ricardo Sevilla, quien aseguró que trabajó en el equipo que trató de desprestigiar a López Obrador, y le trasladó toda la responsabilidad a García Ramírez.
“Se me está criminalizando en el testimonio de este señor y a partir de ahí se soltó toda la ola. No lo conozco, nunca lo recluté (…) Yo tenía cosas más importantes que hacer que estar en un complot político”, subrayó.
“Ese equipo no es mío. Ese equipo lo hizo Fernando García Ramírez”, afirmó Krauze, quien admitió que éste es su amigo y mantiene y mantenía diálogo con él.
Krauze insistió en que está siendo criminalizado y acotó: “Mientras esto ocurre, un puñado de senadores de oposición tiene en sus manos evitar la revocación de mandato. Esto creo que podría conducirnos a la reelección, nada menos”.
Y añadió:
“Cuando se están pasado estas reformas absolutamente centrales se suelta esta mentira, avalada por varios medios afines al gobierno y por un libro de la coordinadora de la campaña”.


domingo, 17 de marzo de 2019

Krauze operó contra AMLO. Testimonio de la insidia,

El editor, profesor, literato y traductor Ricardo Sevilla Gutiérrez decidió, con este texto, dar a conocer la trama de la que formó parte, con la que se intentó descarrilar la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Sevilla detalla los pormenores de esa maquinación fallida, financiada, según su narración, por diversos empresarios y coordinada intelectualmente por el escritor y empresario Enrique Krauze y su colaborador más cercano, el crítico literario Fernando García Ramírez.

  
  Por Ricardo Sevilla *

Durante poco más de 18 meses trabajé en el equipo de Enrique Krauze en una estrategia antilopezobradorista para que el actual Presidente de México no triunfara en las elecciones que, finalmente –y pese a la despiadada campaña sucia que elaboramos en su contra–, terminaría ganando.

En octubre de 2016 fui reclutado por Enrique Krauze, director de Letras Libres y pagado por Coppel, a través de la A.C. Colección Isabel y Agustín Coppel, una asociación que presume estar comprometida “con la investigación y difusión del arte contemporáneo”.

Desde que elaboré mi primera factura de pago, en enero de 2017, mi contacto con Coppel sería a través de Leticia Gámez, enlace administrativo de la firma Colección Isabel y Agustín Coppel (CIAC), AC. El operador de Enrique Krauze, Fernando García Ramírez, sería el encargado de ponerme en contacto con ella.

En una acción que me impresionó, Coppel, incluso, llegó a proporcionarme clave de proveedor en su propio portal para que yo pudiera expedir mis facturas.


Mi tarea principal consistía en elaborar materiales –que tenían una forzada careta periodística– para atacar la imagen del político tabasqueño. El rigor era mínimo. Se trataba, en el peor de los casos, de hacerlo parecer zafio, intolerante y, sobre todo, como un dictador:


Nuestra oficina estaba ubicada en la calle de Berlín, número 245, en la colonia Del Carmen, alcaldía de Coyoacán. No obstante, también llegamos a reunirnos en las oficinas de la revista Letras Libres. Fernando García Ramírez, quien fuera subdirector de esa revista y actualmente escribe y forma parte de su consejo editorial (aunque lo ha negado sistemáticamente), nos citaba ahí.


Los tópicos eran mínimos y forzados. Una y otra vez se intentaba vincular a AMLO con las dictaduras latinoamericanas. Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, eran los caballitos de batalla que se nos pedía agotar:


Pero Grupo Coppel no fue el único que participó en la denostación mediática del entonces candidato de Morena. También hubo otros “patrocinadores”:


El “patrocinador” al que se refería el operador de Krauze, no era Coppel. Por el columnista del periódico El Financiero nos enteramos que el empresario Alejandro Ramírez, dueño de Cinépolis, también formaba parte vertebral del proyecto antipejista:


En junio de 2017, para dispensar la ausencia de García Ramírez, su mano derecha, Enrique Krauze, engañando a los lectores de Letras Libres despidió en esas mismas páginas a su amigo –a quien describe como “nuestro más cercano consejero”– diciendo que el crítico literario abriría un paréntesis para continuar “el empeño democrático de aquella Lupa Ciudadana”.

Pero ambos mentían. No existió tal paréntesis. El operador de Krauze jamás dejó ––ni ha dejado– de trabajar con Krauze. Ni dentro ni fuera de Letras Libres. Hoy mismo, si entramos al portal de esa revista y buscamos en la pestaña que dice: ¿Quiénes somos?, aparecerá en uno de los primeros planos, la imagen de García Ramírez.


En Berlín 245 trabajamos con la empresa Expertaria, del panista Ricardo Rojo, quien fuera director de comunicación social de la Secretaría de Economía durante el sexenio de Felipe Calderón. Ahí acudieron, antes de haberse distanciado de Ricardo Anaya, Margarita Zavala y Roxana del Consuelo Sáizar. El dinero –tratándose de un proyecto patrocinado por empresarios– les permitía realizar eventos particulares donde la comida sobraba, la champaña burbujeaba y los instrumentos eran sofisticados.


Para quien no esté familiarizado con el término exit poll, o encuesta de salida, estamos hablando de que se trata del instrumento más poderoso para explicar al elector cómo van las tendencias. Se sabe que en las mediciones preelectorales y postelectorales responden por igual electores y abstencionistas en la encuesta de salida sólo electores. Como alguna vez explicó el especialista Francisco Abundis: “es el único método que nos permite filtrar o distinguir de manera perfecta a los electores porque se les entrevista en el lugar donde votan”. La pregunta es: ¿Cuántos personas, o grupo de amigos, tienen capacidad para pagar exit poll y verlas en su casa, mientras beben y comen carne asada? En Berlín 245 se podía eso. Y se podía más.

Además de abastecer de la materia intelectual a Krauze, García Ramírez, a quienes muchas personas del mundo intelectual llaman peyorativamente personero del director de la empresa Clío, nos pedía que dotáramos de material al hijo del ingeniero: León Krauze.


Otra de las tareas que me fueron encomendadas fue hacer fichas de los personajes más cercanos a López Obrador. El objetivo –”lo más importante”, me enfatizaron– era buscar “las debilidades” para hacer un retrato –generalmente caricaturizado– de las personas que formaban parte del círculo cercano de AMLO.


En la pared de la oficina teníamos un mapa –simulando un cartel de la droga– donde, en el centro, aparecía el rostro de López Obrador y, en círculos concéntricos, estaban otros personajes como Beatriz Gutiérrez Müller, sus hijos, Epigmenio IbarraHéctor Díaz Polanco y algunos otros más que, a juicio de nosotros, pertenecían al círculo rojo de Andrés Manuel. Al operador de Krauze –que siempre ha gustado de la ironía y quería impresionar a los “patrocinadores”– le pareció gracioso que nos refiriéramos a ellos como “la otra mafia del poder”:


En abril de 2018, cuando la campaña de Ricardo Anaya, para quien se había hecho todo ese esfuerzo inútil, no había logrado despuntar, García Ramírez se dijo preocupado por las declaraciones de Tatiana Clouthier. Quien entonces era la coordinadora de campaña de AMLO, había indicado, en una entrevista para el periódico Reforma, que estaba por revelar quienes estaban detrás de Pejeleaks, la página contra el tabasqueño. Enrique Krauze –me escribió Fernando en un mensaje, donde se leía angustiado– había mandado a decirle a Clouthier que, si continuaba acusándolos, la demandarían por difamación. Me preocupó mucho que el columnista de El Financiero aceptara que, arrebatados por la visceralidad, habían tratado de intimidar a la política sinaloense. ¿Por qué? ¿Cómo se les había ocurrido semejante tontería? A mi juicio, al acusarla de manera tan apurada –y sin pruebas palpables de que los estuviera incriminando ella– estaban aceptando la culpa. El asunto ya había cobrado tintes delirantes.


Se lo hice saber a Fernando y, por toda respuesta, intentó calmarme con un argumento ramplón: nosotros sólo habíamos investigado “asuntos públicos”. Y me pedía que me tranquilizara. Le reclamé el hecho de que la oficina de Berlín continuara operando. Hacía tiempo que consideraba que en estábamos muy expuestos en aquella casa. En una junta me dijo: “no seas paranoico, Ric”. Más tarde, en un lacónico mensaje por Facebook, me dijo: “Ya la están desmantelando”.


El 26 de junio, ya cuando nos acercábamos al final del alucinante proyecto, me ordenó que buscara un audio de López Obrador donde el político tabasqueño hablaba sobre “la República simulada” y el “estado de chueco”, un encargo –otro más– me dijo él mismo, con todas sus letras, de Coppel.

No volví a ver a Enrique Krauze. Ni a tener ningún contacto con él. A decir verdad, sólo traté con él un par de veces. De acuerdo con García Ramírez, perdida la elección, el ingeniero había decidido vivir fuera de México. Residiría seis meses en Nueva York y, los otros seis meses restantes, estaría aquí. Temía que lo persiguieran. García Ramírez me confió que el historiador le había dicho que lo nombraría director de Letras Libres. Me invitó a que incorporara a su equipo como director de la edición digital. Días después, me invitó a desayunar al café Tierra Garat, ubicado a unos pasos de los Viveros de Coyoacán. Ahí me dijo que a Krauze le interesaba sustituir a su Community Manager. La encargada –Talia Margolis– era una chica que no terminaba de agradarle. Habían pensado en mí, claro, si yo aceptaba. Pero García Ramírez, quien me había propuesto varias cosas desde que me incorporé al proyecto antilopezobradorista, sin haberlas llevado al escenario de la realidad, volvió a incumplir. Decidí no volver a escribirle. Estaba absolutamente desencantado y asqueado de toda aquella trama. Y algo peor: sin empleo. Coppel ni siquiera me había pagado el mes de julio, tal y había prometido que lo haría.
Poco después, el operador de Enrique Krauze, siempre utilitario, volvió a buscarme para pedirme un “último favor”: quería que le “ayudara” con un ejercicio que le habían pedido para The New York Times.


Para mi completa decepción –y gran chasco– los insumos de esta investigación, no habían sido para él, como me dijo. Habían sido, una vez más, para Krauze. Sin consultármelo ni informármelo siquiera, mis pesquisas aparecieron el 2 de julio en el artículo del ingeniero Krauze en The New York Times:

Defraudada la confianza, decidí tomar una absoluta distancia de quien, ya para ese momento, se me aparecía como un sátrapa en toda la regla.

Días después, le envié un último mensaje a García Ramírez, preguntándole por mi pago de julio –el cual nunca llegaría– y sobre sus proyectos con Coppel. Me dijo, envanecido, que continuaba trabajando con ellos. A través de un mensaje en Facebook, me contó que pondría una editorial con el patrocinio de Coppel, Gabriel Zaid y Enrique Krauze.


Otra vez volvía a aparecer el largo brazo de Krauze. ¿No había dicho que ya no trabajaba con él? García Ramírez, una vez más, mentía.

Tardé en dar mi testimonio. No estaba seguro. El despotismo cultural de Krauze, muchos lo sabemos, es enorme. Casi 40 años de concentrar el poder en una sola persona, lo ha hecho aparecer como una especie de autócrata en el mundillo intelectual. Finalmente, decidí hacerlo. El jueves pasado, tras la salida del reportaje Operación Berlín, el propio Fernando, fuera de sí, me escribió por WhatsApp, acusándome de recibir dinero por “decir tantas mentiras”. Impetuoso, como siempre, volvía a aceptar su culpa antes de tiempo.


Con un vulgar tono paternalista –y buscando que yo le respondiera con un mensaje arrebatado para tener elementos para descalificarme ulteriormente– intentaba saber hasta donde llegaría. La respuesta que entonces no quise darle, se la ofrezco ahora, simple, llana, frontal: hasta que la opinión pública sepa toda la verdad sobre el mezquino negocio intelectual que, desde hace ya muchos sexenios, este historiador ha montado con ayuda de sus amigos, los empresarios.

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(*) Ricardo Sevilla(Ciudad de México, 1974). Ha sido editor de política, cultura y literatura, en el Fondo de Cultura Económica, Excélsior y La Razón en diferentes periodos. También ha sido colaborador de revistas, suplementos culturales y literarios, dentro y fuera de México: Tiempo Libre, La Mosca en La Pared, Quimera (Madrid), La Jornada Semanal, Ovaciones en la Cultura, Novedades en la Cultura, Sábado del periódico Unomásuno, Paréntesis, Letras Libres y Contraréplica. Ha sido columnista de Arena de Excélsior, del periódico Folha de São Paulo (Brasil) y de la revista La Rabia del Axolotl. En 2001 obtuvo el Premio Internacional de traducción João Guimarães Rosa. Alternativamente, ha sido profesor de español y literatura en varias escuelas y universidades, como el ITAM y la Universidad Iberoamericana, ha sido lector y profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidade Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, Brasil. Es autor de los libros Según dijo o mintió, Elogio del desvarío, Álbum de fatigas y Pedazos de mí mismo. Recientemente, obtuvo el premio de traducción que otorga el Instituto Camões de Portugal.

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