Mostrando entradas con la etiqueta guerra sucia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra sucia. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de junio de 2020

Los Lazos De Atlas Network Con Las Campañas Contra AMLO #AmloVeteYa

PANDEMIA DIGITAL. 
¿Qué hay detrás de las campañas lanzadas por la extrema derecha mexicana? ¿Cual es el papel de Atlas Network?

La oleada digital y mediática de la extrema derecha tiene dimensiones internacionales. En los últimos meses se están dando campañas de acoso y derribo en redes sociales contra varios Gobiernos de corte progresista y todas comparten patrones muy parecidos. Un ejemplo es la campaña de #AmloVeteYa, que pretendía la salida del presidente mexicano. La pregunta es: ¿quiénes son? ¿De dónde provienen?

En estas campañas digitales se divisan principalmente tres tipos de cuentas o perfiles, el primero serían las creadoras de contenido o matriz de opinión, formado principalmente por periodistas, medios, influencers, políticos y trolstars (cuentas anónimas). Un segundo grupo serían las cuentas automatizadas que difunden los contenidos que estas primeras publican, o que agregan tuits con un HT determinado, un tercer grupo serían los denominados trols, que se encargarían de atacar a rivales políticos mediante insultos o burlas. En muchas ocasiones una misma cuenta puede pertenecer a estos dos últimos grupos. 
Precisamente si analizamos las cuentas más beneficiadas por estos bots o trols vemos que destacan varias cuentas que tienen una relación más que estrecha con la organización Atlas Network, bien por dirigir alguna de las fundaciones pertenecientes, haber participado en sus campañas o su difusión, y menos evidente la reiterada bajada de línea del argumentario neoliberal de Atlas Network, que básicamente consiste en la reducción de los impuestos a grandes empresas y fortunas, la reducción de los servicios públicos como la educación y la sanidad, apostando por su privatización, y la eliminación de los derechos de los trabajadores a través de reformas laborales.
Atlas Network es una organización que aglutina a más de 500 fundaciones en todo el mundo, dos de sus principales promotores son Heritage Foundation, el think tank del ala derecha del partido republicano e Estados Unidos, que fue muy influyente en los gobiernos de Reagan, Bush, y también de Trump, participando en ellos de manera visible o como Gobierno en la sombra. En España, dentro de las 10 fundaciones asociadas a Atlas Network, FAES, (José María Aznar), fue el activo más importante para la implantación y desarrollo en América Latina, recordemos que FAES no solo fue la cuna intelectual de Esperanza Aguirre, Ayuso, Pablo Casado o Cayetana Álvarez de Toledo, sino también para gran parte de los líderes políticos de Ciuadanos y VOX.
En México, existen 5 fundaciones pertenecientes a Atlas Network, y todas participan activamente en campañas o publicaciones contra el actual Gobierno de López Obrador, estas fundaciones son: Caminos de la Libertad, IMCO, IPEA, México Evalúa y Promoción de la Libertad y Familia.
Imagen
En todo caso, la clave está en saber quién financia todas estas conexiones. Seguir el rastro del dinero. Algunas de las fuentes principales: empresas tabacaleras como Philip Morris, petroleras como Exxon, fundaciones de la familia Koch y el Departamento de los Estados Unidas. Entre todos sus benefactores suman un montante de unos quince millones de dólares, que luego se invierten en la creación de nuevas fundaciones, eventos, formación y premios. La partida más grande se destina a fundaciones de América Latina.
Con ello sufragaron, por ejemplo, el premio de 100.000 dólares para el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), una de las fundaciones de Atlas. Este organismo está presidido por Juan Pardines, que es también el director editorial de Reforma, uno de los medios que más ataca al Ejecutivo de López Obrador. Lo que resulta más curioso es que esta campaña premiada fue difundida y apoyada por muchos de los periodistas o influencers que son la matriz de opinión contra AMLO, especialmente Carlos Loret, que aparece en varios documentos de Atlas Network. También lo hicieron Denise Dresser, Javier Lozano y Joaquín López Doriga, que jugaron un papel similar.
La relación y control de los medios de comunicación más importantes de México por la organización de EEUU es algo que debería preocupar a la ciudadanía mexicana, no solo el Director General editorial de Reforma recibió un premio de 100.000 dolares de Atlas Network con el apoyo de Carlos Loret y otros periodistas. Grupos mediáticos tan importante como Azteca TV tienen como asesor editorial al director de Atlas Network para América Latina. Que también preside Business México Forum, financiado por grandes empresas como Iberdrola y KPMG, y Alamos Alliance, donde se reúnen grandes empresarios de EEUU y otros países para hacer lobby en las administraciones para que se defiendan sus intereses.
Otra de las campañas premiadas por Atlas Network fue la de la fundación IPEA llamada #NoMásImpuestos, por su actividad en redes. ¿Qué político español les felicitó por la iniciativa? Efectivamente, José María Aznar.

La cuenta utilizada para esa iniciativa, “Un Millón x México”, presenta rasgos extraños. Por ejemplo: más de la mitad de sus seguidores llevan inactivos dos años. Y 5.000 de ellos no han mostrado signos de vida en ocho años. Son en su mayoría cuentas de Brasil y parecen compradas. La cuenta también se caracteriza por retuitear básicamente solo a los dos hermanos Regil que recibieron el premio, que son muy activos en campañas contra AMLO.
Tampoco hay que olvidar la participación de Atlas Network y sus socios políticos y mediáticos para blanquear el golpe de estado en Bolivia, donde tienen su evidencia en las conexiones en redes sociales de apoyo a campañas a favor de dicho golpe de estado, donde hubo un uso fraudulento demostrado, con la creación de más de 200.000 cuentas falsas.

En resumen: un patrón que ya conocemos

La campaña #Amlo VeteYA sigue el patrón que ya conocemos: decenas de cuentas matriz de opinión (periodistas, medios, políticos y trolstars) crean contenido. Y cientos de miles de bots y trols difunden a las anteriores e insultan a los objetivos señalados.

Sin embargo, lo importante es señalar que, detrás de ello, hay una telaraña de poderes económicos, mediáticos y políticos mundial que actúan en todos los países para conseguir sus objetivos e influir para que los Gobiernos trabajen en favor de estos objetivos, y México no es una excepción.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Otorgarán presea Belisario Domínguez a Rosario Ibarra por su gran lucha social

La mejor forma de cerrar una herida en el país
Es una forma de exigir que no haya más desaparecidos
Foto
▲ Los senadores de todas las fuerzas políticas reconocieron el enorme trabajo de Rosario Ibarra de Pieda a favor de los derechos humanos.Foto José Antonio López
 
Periódico La Jornada
Miércoles 9 de octubre de 2019, p. 10
Por unanimidad, el pleno del Senado acordó entregar este año la medalla Belisario Domínguez a Rosario Ibarra, incansable luchadora social por la defensa de los desaparecidos, de los perseguidos y exiliados políticos.
En tribuna, todas las fuerzas políticas coincidieron en que es un justo reconocimiento a quien ha dedicado su vida a dar voz a los que no la tienen y exigir justicia por los que ya no pueden hacerlo. Y así se tradujo en la votación, en que los 95 senadores presentes en ese momento votaron a favor, ninguno en contra.
El galardón, el máximo que otorga el Senado, se entregará el próximo día 23 de este mes, durante una sesión solemne en la antigua casona de Xicoténcatl, a la que asistirá como invitado de honor el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Dos veces candidata presidencial por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), legisladora y sobre todo activista y defensora de los derechos humanos, Rosario Ibarra logró ayer un criterio unánime. Por principio, el senador Martí Batres resaltó que se trata de un gran reconocimiento a quien ha dedicado toda su vida a buscar a su hijo, Jesús Piedra Ibarra, y a los demás desaparecidos de la guerra sucia de los años setenta y ochenta.
Batres hizo notar que Rosario Ibarra buscó de forma incansable y logró encontrar con vida a casi 150 de las 500 víctimas, y que se reconociera que en México había desaparecidos por motivos políticos y que ese delito lo cometieron las fuerzas del Estado. Fue una batalla verdaderamente épica que dio junto a mujeres y otros compañeros del Frente Nacional Contra la Represión.
Reconocerla con la medalla Belisario Domínguez “es la mejor forma de cerrar una herida en nuestro país, reconocer que hubo una guerra sucia, admitir las desapariciones forzadas y que esto no puede suceder más en nuestro país. Felicito a la comisión por esta decisión histórica”.
También de Morena, la senadora Jesusa Rodríguez, quien presentó la candidatura de la fundadora del Comité Eureka, resaltó el corazón tan grande de doña Rosario y las demás doñas de ese organización, la primera conformada por familiares de desaparecidos, que les permitió arropar a todos, nombrándolos, cargando sus fotografías, exigiendo su presentación con vida.
El senador Ricardo Moreno, de Morena, destacó en tribuna que desde su condición de madre, del desaparecido Jesús Piedra Ibarra, Rosario Ibarra supo construir todo un movimiento de defensa de derechos humanos que entonces no alcanzaba a ser comprendido.
Resaltó que el Comité Eureka incluso es anterior, por unos meses, a la fundación del movimiento de las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina.
Moreno destacó que Rosario Ibarra es una mujer que enfrentó al Estado, al poder presidencial, férreo en su momento, a ese poder único que existía en este país.
Igualmente, la senadora panista Josefina Vázquez Mota apuntó que su grupo parlamentario acompaña esa decisión, con enorme orgullo y satisfacción, ya que Rosario Ibarra es una mujer que decidió ser protagonista de su tiempo, por causas que marcaron su vida y la de la nación.
Otorgarle la medalla, agregó, es también una convocatoria para que no haya más hijos o hijas desaparecidos. Su compañera de bancada, Xóchitl Gálvez, se sumó a ese respaldo, al igual que el PRD, por conducto de Juan Manuel Fócil.
En nombre del PRI, el senador Eruviel Ávila resaltó que Rosario Ibarra forma parte de una larga lista de mujeres que desde sus trincheras han luchado por las causas justas. Estamos reconociendo a una de esas grandes mujeres que han consagrado su vida a la defensa de los derechos humanos y han inspirado a decenas de generaciones de mexicanos para alcanzar sus ideales.
El coordinador de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, recordó que ella organizó la lucha para encontrar a los desaparecidos políticos, entre ellos su adorado hijo; hizo notar que fue la encargada en 2006 de colocar la banda presidencial, como mandatario legítimo, al hoy jefe del Ejecutivo constitucional.
El Senado podrá sentirse muy honrado si por unanimidad le confiere la medalla, resaltó.

domingo, 21 de julio de 2019

AMLO no puede descansar

La campaña continúa. La guerra sucia también, incluso con más virulencia y recursos que antes de las elecciones. La lucha por el poder apenas ha comenzado. Ganó Andrés Manuel López Obrador la Presidencia con una ventaja abrumadora pero no puede permitirse el lujo de bajar la guardia ni un instante, o hacer como Vicente Fox: irse de vacaciones a celebrar su triunfo. Aquí no se trata sólo de cambiar a un Presidente, de pasarse la estafeta entre iguales y garantizar, cambiando los colores, la continuidad del mismo proyecto político-económico. Aquí se trata -el proceso está en curso, va más allá de la ceremonia de toma de posesión del 1 de diciembre y estará plagado de trampas y peligros- de cambiar a un régimen, a uno de los más longevos, represivos, autoritarios y corruptos de la historia mundial reciente.
Se trata, hablemos claro, de demoler otra vez el muro de Berlín, de asaltar el Palacio de Invierno, de ver cómo caen al suelo las estatuas de los héroes soviéticos, de cómo se derrumba un imperio o se derroca a un tirano, y cómo esta epopeya se logra únicamente a punta de votos, sin disparar un tiro, sin motines ni grandes movilizaciones callejeras. De lo que la voluntad popular, acicateada por López Obrador, tendrá que hacer para que se desplome, más allá del primer golpe asestado en las urnas, el complejo andamiaje de crímenes, corruptelas y complicidades que mantuvo a México ensangrentado, sometido y humillado durante tantas décadas. Aquí se trata de no ser ingenuos, de no ser ciegos, de no creerse el cuento de la normalidad democrática, y estar atentos a los estertores de este monstruo, a sus intentos por revertir lo que se ha conquistado. Es preciso tomar conciencia de que estamos viviendo lo que Stephan Zweig bautizó como un “momento estelar de la humanidad”, un verdadero punto de inflexión en nuestra historia, y asumir las responsabilidades que esto entraña.
Aquí se trata de demoler a un régimen que tan solo ha perdido la Presidencia y el férreo control legislativo que mantuvo por décadas, pero que conserva intactas sus más oscuras y eficientes estructuras de poder e influencia y que, acostumbrado a la manipulación y la mentira, ha usado y seguirá usando a la democracia como coartada, como instrumento de validación, para perpetuarse en el poder. Un régimen que ha echado raíces en prácticamente todas las instituciones del Estado y en casi todas las esferas de la vida pública, que cuenta con el apoyo de muchos de los barones del dinero, que ha comprado a medios de comunicación y en ellos a muchas de sus voces más influyentes, que mantiene vínculos corporativos con gremios, sindicatos y organizaciones con un enorme potencial desestabilizador. Un régimen en el que, como dice Hans Magnus Enzensberger, se borraron por completo las fronteras entre política y delito y que, al final de cuentas y pese a la guerra que dice librar contra él, no es sino la otra cara del crimen organizado.
En el 2000, después de su victoria y tras pasarse unos días de vacaciones en una isla del Caribe mexicano, Fox planeaba hacer una gira nacional de celebración como inicio de su gobierno. Decía haber cambiado a México. Los ingenuos, los tontos útiles y los bien intencionados que querían un cambio real y creyeron que con él lo lograrían, simplemente bajaron la guardia y se dedicaron a celebrar. El hombre que les había prometido sacar a patadas al PRI de Los Pinos al final no hizo esa gira de la victoria, se ocupó de inmediato de abrirle la puerta trasera de la residencia presidencial y de Palacio Nacional a los priístas, de entregarles la hacienda pública y hacerlos responsables de la seguridad nacional. La esperada transición a la democracia devino en traición a la misma. Quien arribara al poder en la primera elección realmente democrática de la segunda mitad del siglo XX terminó pactando con el PRI el robo de la Presidencia perpetrado en el 2006 por Felipe Calderón.
López Obrador no recorre el país de nuevo para celebrar la victoria. No cayó en la tentación banal de celebrar lo que sabe que no ha conseguido todavía. No va de fiesta en fiesta. Al contrario: está tratando de consolidar un triunfo que es apenas el detonador de la 4ª transformación de México a la que muchos columnistas dan por muerta sin darse cuenta de que ésta ni siquiera ha comenzado. El Presidente electo conoce perfectamente de qué es capaz el régimen. Recibe un país que se le deshace, que se nos deshace entre las manos, presa de una espiral de violencia incontenible, con las arcas vacías y el tejido social deshecho.
Su gira es una extensión del intenso trabajo de concientización y organización de masas realizado durante los meses de campaña. Agradece, ciertamente, los votos obtenidos, refrenda los compromisos suscritos con los votantes, pero no deja de emitir un constante llamado de alerta. La defensa del voto, de lo que al emitirlo buscaban millones de mexicanas y mexicanos, no terminó al consumarse el recuento, ni con la declaratoria de presidente electo, ni terminará cuando se ponga la banda presidencial. Un puñado de valientes puede transformar un país con las armas en la mano. Lograrlo pacíficamente exige la participación de millones de valientes. A esas y esos valientes está convocando López Obrador. Detenerse, para él, hundirse en la reflexión, acomodarse en el análisis, sería suicida. Ha de planificar moviéndose constantemente, meditar sobre la marcha.
Tampoco puede dejar de librar todos los días una tenaz lucha mediática. Así como no hay vacíos de poder tampoco los hay de comunicación. Lo que él no diga, lo que no explique, lo que no exija, habrán de decirlo o exigirlo sus adversarios. No puede ceder esa tarea a publicistas y expertos en imagen pública o en marketing político. No está el país para que le receten lemas publicitarios, para que le cuenten más cuentos. Se está librando una batalla decisiva. No sólo el futuro de López Obrador y el de su gobierno es lo que está en juego. O hace, o hacemos historia produciendo un cambio radical o en tres años se inicia la restauración del régimen.
Durante casi dos décadas -como decía Carlos Monsiváis- fue López Obrador el dirigente político al que más implacable y masivamente atacó el régimen. Será el suyo, ya lo está siendo aun antes de que comience formalmente, el gobierno al que se juzgue con más dureza y al que se ataque con más virulencia, más dinero y desde más medios; sobre el que se lancen más ataques en todos los frentes y al que, con más tenacidad y recursos, se intente desestabilizar. Brasil es el espejo en el que debe, en el que debemos mirarnos. Lula y Dilma fallaron, los suyos también. Sus adversarios supieron explotar sus errores, el proceso de descomposición del partido y los gobiernos de ambos. López Obrador no puede permitirse fallarle a la gente a la que convocó a votar y ahora convoca a luchar para transformar el país. Si la derecha vuelve a hacerse del poder, vendrá más intolerante, más autoritaria que nunca y para no soltarlo jamás, con mano dura, acotando libertades conquistadas a costa de enormes sacrificios, alentando el odio y el miedo que son, al fin de cuentas las dos caras de una misma moneda. Por eso Andrés Manuel no debe, no puede descansar.
TW: @epigmenioibarra

domingo, 17 de marzo de 2019

Krauze operó contra AMLO. Testimonio de la insidia,

El editor, profesor, literato y traductor Ricardo Sevilla Gutiérrez decidió, con este texto, dar a conocer la trama de la que formó parte, con la que se intentó descarrilar la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Sevilla detalla los pormenores de esa maquinación fallida, financiada, según su narración, por diversos empresarios y coordinada intelectualmente por el escritor y empresario Enrique Krauze y su colaborador más cercano, el crítico literario Fernando García Ramírez.

  
  Por Ricardo Sevilla *

Durante poco más de 18 meses trabajé en el equipo de Enrique Krauze en una estrategia antilopezobradorista para que el actual Presidente de México no triunfara en las elecciones que, finalmente –y pese a la despiadada campaña sucia que elaboramos en su contra–, terminaría ganando.

En octubre de 2016 fui reclutado por Enrique Krauze, director de Letras Libres y pagado por Coppel, a través de la A.C. Colección Isabel y Agustín Coppel, una asociación que presume estar comprometida “con la investigación y difusión del arte contemporáneo”.

Desde que elaboré mi primera factura de pago, en enero de 2017, mi contacto con Coppel sería a través de Leticia Gámez, enlace administrativo de la firma Colección Isabel y Agustín Coppel (CIAC), AC. El operador de Enrique Krauze, Fernando García Ramírez, sería el encargado de ponerme en contacto con ella.

En una acción que me impresionó, Coppel, incluso, llegó a proporcionarme clave de proveedor en su propio portal para que yo pudiera expedir mis facturas.


Mi tarea principal consistía en elaborar materiales –que tenían una forzada careta periodística– para atacar la imagen del político tabasqueño. El rigor era mínimo. Se trataba, en el peor de los casos, de hacerlo parecer zafio, intolerante y, sobre todo, como un dictador:


Nuestra oficina estaba ubicada en la calle de Berlín, número 245, en la colonia Del Carmen, alcaldía de Coyoacán. No obstante, también llegamos a reunirnos en las oficinas de la revista Letras Libres. Fernando García Ramírez, quien fuera subdirector de esa revista y actualmente escribe y forma parte de su consejo editorial (aunque lo ha negado sistemáticamente), nos citaba ahí.


Los tópicos eran mínimos y forzados. Una y otra vez se intentaba vincular a AMLO con las dictaduras latinoamericanas. Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, eran los caballitos de batalla que se nos pedía agotar:


Pero Grupo Coppel no fue el único que participó en la denostación mediática del entonces candidato de Morena. También hubo otros “patrocinadores”:


El “patrocinador” al que se refería el operador de Krauze, no era Coppel. Por el columnista del periódico El Financiero nos enteramos que el empresario Alejandro Ramírez, dueño de Cinépolis, también formaba parte vertebral del proyecto antipejista:


En junio de 2017, para dispensar la ausencia de García Ramírez, su mano derecha, Enrique Krauze, engañando a los lectores de Letras Libres despidió en esas mismas páginas a su amigo –a quien describe como “nuestro más cercano consejero”– diciendo que el crítico literario abriría un paréntesis para continuar “el empeño democrático de aquella Lupa Ciudadana”.

Pero ambos mentían. No existió tal paréntesis. El operador de Krauze jamás dejó ––ni ha dejado– de trabajar con Krauze. Ni dentro ni fuera de Letras Libres. Hoy mismo, si entramos al portal de esa revista y buscamos en la pestaña que dice: ¿Quiénes somos?, aparecerá en uno de los primeros planos, la imagen de García Ramírez.


En Berlín 245 trabajamos con la empresa Expertaria, del panista Ricardo Rojo, quien fuera director de comunicación social de la Secretaría de Economía durante el sexenio de Felipe Calderón. Ahí acudieron, antes de haberse distanciado de Ricardo Anaya, Margarita Zavala y Roxana del Consuelo Sáizar. El dinero –tratándose de un proyecto patrocinado por empresarios– les permitía realizar eventos particulares donde la comida sobraba, la champaña burbujeaba y los instrumentos eran sofisticados.


Para quien no esté familiarizado con el término exit poll, o encuesta de salida, estamos hablando de que se trata del instrumento más poderoso para explicar al elector cómo van las tendencias. Se sabe que en las mediciones preelectorales y postelectorales responden por igual electores y abstencionistas en la encuesta de salida sólo electores. Como alguna vez explicó el especialista Francisco Abundis: “es el único método que nos permite filtrar o distinguir de manera perfecta a los electores porque se les entrevista en el lugar donde votan”. La pregunta es: ¿Cuántos personas, o grupo de amigos, tienen capacidad para pagar exit poll y verlas en su casa, mientras beben y comen carne asada? En Berlín 245 se podía eso. Y se podía más.

Además de abastecer de la materia intelectual a Krauze, García Ramírez, a quienes muchas personas del mundo intelectual llaman peyorativamente personero del director de la empresa Clío, nos pedía que dotáramos de material al hijo del ingeniero: León Krauze.


Otra de las tareas que me fueron encomendadas fue hacer fichas de los personajes más cercanos a López Obrador. El objetivo –”lo más importante”, me enfatizaron– era buscar “las debilidades” para hacer un retrato –generalmente caricaturizado– de las personas que formaban parte del círculo cercano de AMLO.


En la pared de la oficina teníamos un mapa –simulando un cartel de la droga– donde, en el centro, aparecía el rostro de López Obrador y, en círculos concéntricos, estaban otros personajes como Beatriz Gutiérrez Müller, sus hijos, Epigmenio IbarraHéctor Díaz Polanco y algunos otros más que, a juicio de nosotros, pertenecían al círculo rojo de Andrés Manuel. Al operador de Krauze –que siempre ha gustado de la ironía y quería impresionar a los “patrocinadores”– le pareció gracioso que nos refiriéramos a ellos como “la otra mafia del poder”:


En abril de 2018, cuando la campaña de Ricardo Anaya, para quien se había hecho todo ese esfuerzo inútil, no había logrado despuntar, García Ramírez se dijo preocupado por las declaraciones de Tatiana Clouthier. Quien entonces era la coordinadora de campaña de AMLO, había indicado, en una entrevista para el periódico Reforma, que estaba por revelar quienes estaban detrás de Pejeleaks, la página contra el tabasqueño. Enrique Krauze –me escribió Fernando en un mensaje, donde se leía angustiado– había mandado a decirle a Clouthier que, si continuaba acusándolos, la demandarían por difamación. Me preocupó mucho que el columnista de El Financiero aceptara que, arrebatados por la visceralidad, habían tratado de intimidar a la política sinaloense. ¿Por qué? ¿Cómo se les había ocurrido semejante tontería? A mi juicio, al acusarla de manera tan apurada –y sin pruebas palpables de que los estuviera incriminando ella– estaban aceptando la culpa. El asunto ya había cobrado tintes delirantes.


Se lo hice saber a Fernando y, por toda respuesta, intentó calmarme con un argumento ramplón: nosotros sólo habíamos investigado “asuntos públicos”. Y me pedía que me tranquilizara. Le reclamé el hecho de que la oficina de Berlín continuara operando. Hacía tiempo que consideraba que en estábamos muy expuestos en aquella casa. En una junta me dijo: “no seas paranoico, Ric”. Más tarde, en un lacónico mensaje por Facebook, me dijo: “Ya la están desmantelando”.


El 26 de junio, ya cuando nos acercábamos al final del alucinante proyecto, me ordenó que buscara un audio de López Obrador donde el político tabasqueño hablaba sobre “la República simulada” y el “estado de chueco”, un encargo –otro más– me dijo él mismo, con todas sus letras, de Coppel.

No volví a ver a Enrique Krauze. Ni a tener ningún contacto con él. A decir verdad, sólo traté con él un par de veces. De acuerdo con García Ramírez, perdida la elección, el ingeniero había decidido vivir fuera de México. Residiría seis meses en Nueva York y, los otros seis meses restantes, estaría aquí. Temía que lo persiguieran. García Ramírez me confió que el historiador le había dicho que lo nombraría director de Letras Libres. Me invitó a que incorporara a su equipo como director de la edición digital. Días después, me invitó a desayunar al café Tierra Garat, ubicado a unos pasos de los Viveros de Coyoacán. Ahí me dijo que a Krauze le interesaba sustituir a su Community Manager. La encargada –Talia Margolis– era una chica que no terminaba de agradarle. Habían pensado en mí, claro, si yo aceptaba. Pero García Ramírez, quien me había propuesto varias cosas desde que me incorporé al proyecto antilopezobradorista, sin haberlas llevado al escenario de la realidad, volvió a incumplir. Decidí no volver a escribirle. Estaba absolutamente desencantado y asqueado de toda aquella trama. Y algo peor: sin empleo. Coppel ni siquiera me había pagado el mes de julio, tal y había prometido que lo haría.
Poco después, el operador de Enrique Krauze, siempre utilitario, volvió a buscarme para pedirme un “último favor”: quería que le “ayudara” con un ejercicio que le habían pedido para The New York Times.


Para mi completa decepción –y gran chasco– los insumos de esta investigación, no habían sido para él, como me dijo. Habían sido, una vez más, para Krauze. Sin consultármelo ni informármelo siquiera, mis pesquisas aparecieron el 2 de julio en el artículo del ingeniero Krauze en The New York Times:

Defraudada la confianza, decidí tomar una absoluta distancia de quien, ya para ese momento, se me aparecía como un sátrapa en toda la regla.

Días después, le envié un último mensaje a García Ramírez, preguntándole por mi pago de julio –el cual nunca llegaría– y sobre sus proyectos con Coppel. Me dijo, envanecido, que continuaba trabajando con ellos. A través de un mensaje en Facebook, me contó que pondría una editorial con el patrocinio de Coppel, Gabriel Zaid y Enrique Krauze.


Otra vez volvía a aparecer el largo brazo de Krauze. ¿No había dicho que ya no trabajaba con él? García Ramírez, una vez más, mentía.

Tardé en dar mi testimonio. No estaba seguro. El despotismo cultural de Krauze, muchos lo sabemos, es enorme. Casi 40 años de concentrar el poder en una sola persona, lo ha hecho aparecer como una especie de autócrata en el mundillo intelectual. Finalmente, decidí hacerlo. El jueves pasado, tras la salida del reportaje Operación Berlín, el propio Fernando, fuera de sí, me escribió por WhatsApp, acusándome de recibir dinero por “decir tantas mentiras”. Impetuoso, como siempre, volvía a aceptar su culpa antes de tiempo.


Con un vulgar tono paternalista –y buscando que yo le respondiera con un mensaje arrebatado para tener elementos para descalificarme ulteriormente– intentaba saber hasta donde llegaría. La respuesta que entonces no quise darle, se la ofrezco ahora, simple, llana, frontal: hasta que la opinión pública sepa toda la verdad sobre el mezquino negocio intelectual que, desde hace ya muchos sexenios, este historiador ha montado con ayuda de sus amigos, los empresarios.

__________________________________________________________________
(*) Ricardo Sevilla(Ciudad de México, 1974). Ha sido editor de política, cultura y literatura, en el Fondo de Cultura Económica, Excélsior y La Razón en diferentes periodos. También ha sido colaborador de revistas, suplementos culturales y literarios, dentro y fuera de México: Tiempo Libre, La Mosca en La Pared, Quimera (Madrid), La Jornada Semanal, Ovaciones en la Cultura, Novedades en la Cultura, Sábado del periódico Unomásuno, Paréntesis, Letras Libres y Contraréplica. Ha sido columnista de Arena de Excélsior, del periódico Folha de São Paulo (Brasil) y de la revista La Rabia del Axolotl. En 2001 obtuvo el Premio Internacional de traducción João Guimarães Rosa. Alternativamente, ha sido profesor de español y literatura en varias escuelas y universidades, como el ITAM y la Universidad Iberoamericana, ha sido lector y profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidade Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, Brasil. Es autor de los libros Según dijo o mintió, Elogio del desvarío, Álbum de fatigas y Pedazos de mí mismo. Recientemente, obtuvo el premio de traducción que otorga el Instituto Camões de Portugal.

Green Go