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lunes, 8 de mayo de 2017

Un padre desentierra los restos de su hijo desaparecido hace casi tres años en Sinaloa

Encuentran restos humanos en Bachoco. El cadáver fue sacado y después identificado por familiares; es el cuerpo número 81 localizado por Las Rastreadoras.

Carlos Bojórquez
Ciudad de México, 7 de mayo (SinEmbargo/Noroeste).- Otra historia conmovedora se registró el viernes durante una de las búsquedas de Las Rastreadoras, cuando un padre de familia desenterró los restos de su hijo, desaparecido desde hace casi tres años.
El colectivo encontró los restos humanos en las inmediaciones del ejido Bachoco, perteneciente al municipio de Guasave, en una zona donde ya se habían realizado búsquedas ante algunos indicios de que ahí podría estar enterrado el cuerpo de un joven cuya familia forma parte del grupo.
La osamenta fue encontrada en un lugar conocido como La Levante, entre la calle 300 y la calle 500, a donde el padre y la hermana del joven desaparecido acompañaron a las buscadoras y participaron en la excavación.
El haber descubierto los zapatos, el pantalón y una chamarra que pertenecían al joven, así como algunas tarjetas de identificación, permitieron a los familiares reconocer y confirmar que se trata de Paúl Ruelas Castro, quien desapareció el 8 de diciembre de 2014 en Bachoco.
Mirna Nereyda Medina Quiñónez, lideresa de Las Rastreadoras, indicó que este sábado las autoridades podrían entregar los restos a los familiares.
Éste es el cuerpo número 81 localizado por el colectivo, de los que han identificado a 54, pero en su lista total de personas desaparecidas hay 413 nombres.

lunes, 26 de octubre de 2015

Para que México avance no bastan reformas: Krugman


La educación va a ser más importante para impulsar la economía
El largo proceso de reformas en el país no aceleró el crecimiento, dice Krugman
Roberto González Amador
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 26 de octubre de 2015, p. 21
Guadalajara, Jal.
El largo proceso de reformas en México no ha logrado acelerar el crecimiento de la economía, aseguró este domingo Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008, quien puso en duda que los cambios estructurales promovidos por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto eleven el crecimiento del producto interno bruto a tasas de 7 por ciento, que no se han logrado en el país en las últimas cuatro décadas.
Las reformas promovidas por el actual gobierno, que incluyeron la desregulación del sector de telecomunicaciones y la apertura al capital privado de la industria energética, buscan aumentar la competencia en el mercado interno,quizá van a hacer la diferencia ¿pero van a tener frutos?, planteó Krugman, profesor de la Universidad de Princeton, al hablar en el foro México Cumbre de Negocios.
Todo el mundo, no sólo México, está haciendo reformas estructurales. Nadie es bueno para predecir los frutos a futuro de las reformas. Tengo que ser realista. Al final, la educación, incluso el capital, va a ser más importante para impulsar el crecimiento. México ha avanzado mucho en este sentido recientemente. Pero va a llevar más tiempo aumentar la tasa de crecimiento. Si están esperando ver un crecimiento de 7 por ciento por estas reformas estructurales, no es muy probable que suceda. Puede ser, pero me sorprendería, expuso Krugman en la última sesión de los trabajos de este domingo.
La realización de las reformas impulsadas por el actual gobierno –que abarcaron también al sector financiero y mecanismos de competencia económica, así como el sector educativo, entre otros– esalentadora, dijo Krugman. Hemos vistos países que han fallado terriblemente, por ejemplo hay algunos países que repiten los mismos errores. A la larga son muy favorables los cambios que ha hecho México, aunque su efecto sea lento, pero tiene mucho avance ya, añadió.
Se habla mucho de las reformas de hace dos años, dijo Krugman. Pero las reformas en la economía mexicana tienen más de 30 años como todos sabemos, y empezaron después de la crisis de la deuda de mediados de los años de 1980.
El camino de la reforma en México comenzó en 1985, cuando la economía sólo exportaba petróleo y turismo. El país prácticamente no tenía exportaciones manufactureras, eran 15 por ciento del PIB y ahora son de 40 por ciento. No era potencia manufacturera y ahora sí.
En aquella época, mediados de los años 80 del siglo pasado, el PIB por habitante en México era equivalente a 38 por ciento del de Estados Unidos, y ahora, después de tres décadas, es de 32 por ciento.
Con todo lo que se ha logrado, todavía no se ha visto una aceleración en el crecimiento mexicano ni en los estándares de desarrollo, apuntó.
Sí hay crecimiento, hay estabilidad, pero no han salido las cosas como todo mundo quisiera. ¿Qué pasa? Esa es la pregunta. ¿Cuál será la varita mágica que hará que todo salga bien? El crecimiento toma muchos caminos diferentes. El éxito requiere más que solamente una serie de políticas. Necesita algunas cosas importantes y la primera es mejorar la educación. Hay razones para pensar que la educación mexicana ha mejorado, pero lleva tiempo. La infraestructura también es importante, pero también toma tiempo. La seguridad es también importante. Deben intentar mejoras en todo, hacer varias cosas en varios frentes.
Sin embargo, apuntó, México se ha movido en la dirección correcta; hoy está más estable y lejos, respecto de otras naciones, de una crisis.
En el actual entorno de inestabilidad financiera internacional, dijo, México no está en la misma canasta que países exportadores de materias primas, como Brasil. La nación sudamericana tiene en las materias primas 65 por ciento de sus exportaciones, mientras tres cuartas partes de las ventas al exterior de México son de productos manufacturados.

domingo, 5 de octubre de 2014

Fusilamientos y desapariciones, la ingobernabilidad peñista


Tlatlaya, el lugar de la ejecución. Foto: Sipse
Tlatlaya, el lugar de la ejecución.
Foto: Sipse
MÉXICO, D.F. (apro).- En cualquier gobierno, un muerto por violencia o un desaparecido por razones políticas o del narcotráfico debería de ser un escándalo y motivo de una campaña para exigir respuestas a las autoridades y la aplicación de la ley sin cortapisas. Sobre todo si se trata del fusilamiento de 22 personas y la desaparición de otras 57 en dos pueblos gobernados por el crimen organizado.
Hoy, con el gobierno de Enrique Peña Nieto, la indolencia y la impunidad es la que impera. Al menos con Felipe Calderón la mayor parte de los medios llamaban la atención cuando ocurrían hechos de esta naturaleza y criticaban al gobierno panista por su incapacidad de gobernar.
Pero ahora con el priista mexiquense, recientemente premiado como el “estadista del año” por una organización de Estados Unidos, no hay reacciones de la magnitud de los hechos, a pesar de que se trata de actos que muestran visos de ingobernabilidad como el fusilamiento de 22 personas en Tlatlaya, Estado de México; la desaparición de 58 estudiantes rurales en Iguala, Guerrero; la ejecución de seis más en Michoacán y en Chihuahua; el descubrimiento de una fosa clandestina con 32 cuerpos en Veracruz, o la muerte del diputado Gabriel Gómez Michel, inmolado junto con su chofer.
Ante la prensa domesticada por la publicidad y los intereses políticos, Peña Nieto ha dicho que los niveles de violencia y de muertes relacionadas con el crimen organizado han disminuido, pero los últimos hechos demuestran todo lo contrario. Y el titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, calificó como un hecho aislado la matanza en Tlatlaya, Estado de México. Pero todo esto es completamente falso.
El sistema político mexicano fue diseñado para ser presidencialista. Durante los 12 años de administración panista, esta forma de gobierno no cambió, aunque con la derrota del PRI los gobernadores se convirtieron en virreyes y así siguen operando hasta ahora, con toda impunidad y complicidad del solaz comportamiento de Peña Nieto, inmerso en su narcisismo de mirarse únicamente en el espejo de las reformas constitucionales sin percatarse de la violencia que se sigue expresando en todo el país, poniendo en duda la gobernabilidad.
No hay uno solo de los gobernadores que no tenga una mancha negra en su expediente de gobernabilidad, y en muchos de ellos esa marca es un sello de corrupción y de negocios ilegales con el crimen organizado, como sucedió con Fausto Vallejo en Michoacán.
Ese es el estado donde Peña Nieto ha puesto más interés para combatir al crimen organizado, debido a las llamadas de atención de grupos empresariales extranjeros y del mismo gobierno de Estados Unidos, que puso una alerta al mencionar que se estaba formando un gobierno narcotraficante.
Pero además de Michoacán, otros estados donde quien gobierna es el grupo criminal de la zona son: Quintana Roo, Veracruz, Tamaulipas, Estado de México, Guerrero, Morelos. Chihuahua, Nuevo León y Coahuila.
No obstante, el fracaso de Michoacán ha traído más violencia en el mismo estado y en los colindantes, Guerrero, Estado de México y Morelos, que ha crecido debido a la indolencia y la impunidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno, sobre todo el federal, que constitucionalmente está obligado a combatir delitos federales como el narcotráfico y sus consecuencias: muertes, desapariciones, secuestros y extorsiones que sufren los habitantes de cada entidad.
Las acciones aparatosas de la detención de Joaquín El Chapo Guzmán o la muerte de Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, o de Nazario Moreno, El Chayo, no ha variado en lo mínimo la geografía de poder del crimen organizado en México, comprobando la afirmación de que nada vale cortar las cabezas de las bandas criminales porque saldrán otras nuevas.
Peña Nieto no ha sido capaz de ir a la raíz del problema que está en la parte política, en los gobernadores, legisladores, funcionarios públicos, militares, banqueros e inversionistas involucrados en las bandas criminales de manera directa o como lavadores de dinero.
Y mientras el Ejecutivo priista sigue vendiendo su imagen de triunfador y reformador de México, pueblos, comunidades y ciudades enteras continúan sufriendo el reino de terror impuesto por el crimen organizado, que sigue y seguirá creciendo en un terreno abonado por la corrupción y la impunidad del gobierno en turno.
Twitter: @GilOlmos

lunes, 21 de octubre de 2013

La política mexicana en su laberinto

Víctor Flores Olea
M
uy pocas veces se ha presentado la política mexicana tan difícil de vencer en sus complicaciones. Sí, probablemente Enrique Peña Nieto y su partido, el PRI, ganaron las elecciones en 2012, pero ese triunfo parece logrado al estilo más tradicional del propio tricolor, es decir, forzando, repartiendo, aglutinando vertical y autoritariamente a sus adherentes. Es decir, un eventual triunfo electoral que carga con todas las interrogantes y marrullerías imaginables, un triunfo bajo sospecha y que se realizó con los dados cargados, al estilo de los mafiosos más aventureros.
Un triunfo, en todo caso, que a nadie en la ciudadanía le habla de un PRI nuevo o renovado, sino apenas de un partido que es capaz de repetir por enésima vez sus más bochornosos estilos, un partido que se aferra a sí mismo y que resulta incapaz de tomar otros rumbos y de modificarse mínimamente, ni siquiera en una pequeña dosis. Lo cual no resulta novedad, porque lo que es básico para el PRI es ganar las elecciones, independientemente de que en el camino se queden como retórica lamentable los cacareados principios democráticos, o el supuesto avance del país por el camino democrático. Por eso es que la ciudadanía considera a la política como una burla (otra vez, después de décadas, la democracia queda absolutamente traicionada, no obstante lo que escuchemos en contrario, que se considera como pura cínica demagogia…)
Y claro, la reacción más obvia de los político afiliados al PRI es la de poner oídos sordos a cualquier opinión y crítica democratizadora: y es que, en el fondo, temen con razón que el cambio realmente democrático del PRI sea el signo de su derrota y marginación, lo que para ellos resulta inadmisible. ¡La ignominia antes de cualquier posibilidad de alejarse del poder!
En un sentido, Peña Nieto estaba en la posibilidad de variar el curso de la política mexicana, potencialmente tal vez más que los últimos presidentes del PRI antes del triunfo y debacle panista: hablo de De la Madrid, de Salinas de Gortari, de Ernesto Zedillo, pero, claro, los cimientos de su poder y el ejercicio de sus funciones estaban sólidamente trabados en un conjunto de intereses que les impedían moverse mínimamente en el sentido de una auténtica democracia. Se llegaba al poder, y se llega al poder y a su función, gracias a esa argamasa de intereses que los soportaban y que los hicieron posibles, pero a condición de no perjudicarlos un ápice y dejarlos intocables. Mantener el statu quo a toda costa y como divisa insuperable. Cualquier conducta tenía como límite el no perjudicar ni transgredir al conjunto de los intereses, sobre todo económicos, que han formado la columna vertebral de este país.
Cuando Vicente Fox ganó la presidencia en 2000 y pareció que se presentaba y admitía la alternancia, muchos pensaron que se abría una brecha positiva hacia la democracia. Muy pronto, por el desempeño real de los presidentes panistas, se supo que ellos también quedaban prisioneros del tradicional status de intereses que negaban y se oponían tajantemente a cualquier transformación realmente democrática del poder y de México. Además de su ideología explícita en favor de esos intereses. ¿Por dónde buscarle entonces?
Resulta innegable que durante los años del poder presidencial del PAN surgió una oposición que se acercó peligrosamente en número de votos a los que obtuvo ese partido, primero en 2006, y después en el 2012, cuando se impuso otra vez el llamado PRI renovado de Peña Nieto, mostrándose que había una muy amplia inconformidad ciudadana con el status de los intereses dominantes. Éstos se impusieron pese a todo, haya sido como haya sido.
El hecho es que por primera vez en cerca de un siglo se hizo patente un impresionante rechazo social al sistema de los intereses establecidos, aunque ese sistema, a la postre, logró imponerse, ya que tenía en sus manos, y era parte del mismo, los resortes del poder establecido, por supuesto en primerísimo lugar los medios de información y de difusión masiva. ¿Hasta cuándo?
Esa oposición y rechazo al status imperante se debe, sí, a la violación más descarada que pueda imaginarse de los principios democráticos, pero no sólo por esa razón, sino por el hecho tremendo de que el país vive socialmente una de las situaciones más escandalosas que sea posible imaginar de injusticia, desigualdad, pobreza ampliada y concentración brutal de la riqueza. Es no solamente el que haya sido víctima reiterada del engaño y de los fraudes electorales, sino sobre todo al hecho de que la mayoría social vive una situación de miseria y abandono muy poco vistas en cualquier lugar del mundo, y de que el engaño, los fraudes, la corrupción y la ausencia de interés alguno de los poderes por esas mayorías castigadas por la miseria y las desigualdades, parecen constituir digamos el modus operandinormal de los poderes establecidos.
Las mayorías sociales en el país no ven por ninguna parte un horizonte de renovación o corrección a estas tremendas injusticias. Por los caminos establecidos no existe un horizonte con un mínimo de luz final. No nos engañemos, tal es el núcleo duro, la causa efectiva más poderosa de las protestas sociales que se multiplican en nuestro país, y que irán creciendo con el tiempo en número, intensidad y frecuencia. ¡Hasta la explosión tal vez!
Tal es la situación real del país. Peña Nieto ha tenido oportunidades en sus reformas de tomar iniciativas más claras y radicales para procurar sacarnos de este laberinto, pero todo indica que no irá mucho más lejos que las tímidas, y adversas iniciativas que ha tomado. En general adversas a las clases sin recursos, para no mencionar la privatización de facto del petróleo, que históricamente será un desastre nacional.
¿Cuál será el desenlace de esta política nuestra metida en tal laberinto? Lo desconocemos, pero no hay duda que han sonado ya las últimas campanadas a este tiempo de injusticias y abusos tan profundos.

Green Go