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lunes, 7 de septiembre de 2015

El teatro se les cayó; es una mentira histórica: familiares

Exigen al Presidente que los reciba antes del día 10
Emir Olivares y Blanche Petrich
 
Periódico La Jornada
Lunes 7 de septiembre de 2015, p. 4
“Hoy el teatro se les cayó. El informe de los expertos mostró que el gobierno mintió una vez más y que la supuesta ‘verdad histórica’ (sobre el caso Ayotzinapa) es más bien una mentira histórica”, señalaron las madres y los padres de los normalistas ejecutados, heridos y desaparecidos tras el ataque que sufrieron el 26 de septiembre de 2014.
Los familiares de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa y alumnos de esa escuela ofrecieron la tarde de ayer una conferencia de prensa en la que presentaron su posición tras conocer el informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para el caso, en el que entre otras cosas se mostró que no hay evidencia científica para asegurar que los 43 normalistas desaparecidos de manera forzada fueron incinerados en el basurero de Cocula, Guerrero.
El informe demostró que nosotros teníamos la razón, que nuestros hijos no pudieron ser quemados en Cocula. Siempre supimos que se trataba de una mentira del gobierno federal y hoy quedó evidenciada. Agregaron que las autoridades federales no sólo les mintieron a ellos, sino a todo el país y al mundo.
Ha pasado casi un año desde los hechos y han sido días de tortura y desesperación por no saber el paradero de sus familiares. Sin embargo, ayer las madres y padres manifestaban a través de sus miradas y voces una nueva esperanza: la posibilidad de hallar con vida a sus hijos, el fin último de la larga lucha que emprendieron hace más de 11 meses, y por el que no descasarán hasta conseguirlo.
La pregunta ahora es: ¿dónde están nuestros hijos? ¿Para dónde se los llevaron? Ya no vamos a pedir, exigiremos que nos los entreguen porque (después del informe del GIEI) tenemos más fuerza y más certeza de que están vivos, aseveró Mario César González, padre del normalista César Manuel González Hernández.
Fueron varias las demandas de los familiares de los normalistas durante la conferencia –que se realizó en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh)–, pero pusieron énfasis en dos. La primera: que el gobierno federal refrende de manera indefinida la presencia del grupo de expertos de la CIDH hasta que se alcance verdad y justicia en el caso, sanción a los responsables y que aparezcan con vida los 43 estudiantes desaparecidos.
Y que Enrique Peña Nieto los reciba antes del 10 de septiembre, pues el titular del Ejecutivo federal no ha cumplido ninguno de los diez puntos a los que se comprometió con los padres y madres en la primera y única reunión que ha tenido con ellos, en octubre del año pasado. Queremos que dé la cara.
“Hoy quedó demostrado que teníamos razón, que hemos sido víctimas del gobierno (…) Por eso ya no creemos en ellos, sólo tenemos confianza en nuestro grupo de expertos, son personas serias y que trabajan con honestidad”, indicó María de Jesús Tlatempa, madre de José Eduardo Nartolo Tlatempa.
A su voz se unió la de Emiliano Navarrete, padre de José Ángel Navarrete González, quien con voz ronca y grave no pudo ocultar ese enojo guardado por más de 11 meses:El gobierno ha destrozado nuestro corazón llevándose a nuestros hijos y hoy el GIEI nos demostró que toda la investigación ha sido una vil mentira. Resaltó que los familiares no estaban empecinados en rechazar los argumentos expuestos por el ex procurador Jesús Murillo Karam, quien habló de la verdad histórica, simplemente no los aceptaban porque no había evidencias científicas.
Los familiares exigieron la búsqueda inmediata de sus hijos, la sanción y consignación de los funcionarios –entre ellos Murillo Karam– que incurrieron en el falseo de las indagatorias, que se restructuren las investigaciones con nuevas líneas y que las indagatorias oficiales tomen como base el informe del GIEI.
Resaltaron que el informe no sólo mostró que no hay evidencia de que los normalistas no fueron incinerados en el basurero de Cocula, sino que también el análisis de más de 500 páginas delineó que no intentaban interrumpir ningún acto oficial en Iguala, Guerrero, que no tenían relación con ninguna organización criminal, y que hubo participación y conocimiento del ataque de parte de diversas fuerzas de seguridad, entre éstas elementos militares.

Inocultable, la participación militar en Ayotzinapa

PROCESO 2027
Durante un año el gobierno federal ha insistido que el Ejército no tuvo nada que ver con el ataque del 26 de septiembre de 2014 contra los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Pero esta versión se desmorona con pruebas contundentes, al ser obligada la Procuraduría General de la República a mostrar las declaraciones ministeriales del comandante y otros miembros del 27 Batallón de Infantería, con sede en Iguala. Los soldados estuvieron al tanto de lo ocurrido, presenciaron los hechos e incluso hay elementos para deducir que eventualmente participaron en la represión contra los normalistas.
Integrantes del 27 Batallón de Infantería, con sede en Iguala, Guerrero, jugaron un papel crucial la noche del 26 de septiembre de 2014 en el ataque a los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, del cual resultaron 10 normalistas heridos, tres muertos y 43 desaparecidos.
Así lo revelan las declaraciones ministeriales del comandante del 27 Batallón, coronel José Rodríguez Pérez; del capitán José Martínez Crespo y 34 militares más, rendidas ante la Procuraduría General de la República (PGR) los días 3 y 4 de diciembre pasados. Copias de dichos testimonios fueron obtenidas mediante la Ley Federal de Transparencia.
Esas declaraciones desmienten la versión del gobierno de Enrique Peña Nieto, que durante casi un año ha sostenido que el Ejército nunca estuvo en el lugar de los hechos y que ninguna instancia federal tuvo conocimiento de lo ocurrido sino hasta varias horas después.
Los militares confesaron lo contrario. Admitieron que espiaron a los estudiantes desde su llegada a la caseta de cobro Iguala-Puente de Ixtla a las 19:30. Conocieron en tiempo real todas las agresiones contra los normalistas y esa información también la tuvo en tiempo real la 35 Zona Militar, en Chilpancingo, Guerrero, cuyo comandante era entonces el general Alejandro Saavedra Hernández, ascendido en diciembre último a la comandancia de la IX Región Militar, también en Guerrero.
Aunque nunca admitieron haber tomado parte en el ataque a los normalistas, sus confesiones indican que al menos presenciaron todo.
“Civiles” dispararon
“Recibimos la orden del (nombre tachado en el expediente por la PGR): ‘Ármense, vamos a salir’. También nos dijo: ‘Pónganse vergas porque hay personal armado que anda matando gente’”, declaró a la PGR uno de los interrogados, a quien se identificará aquí como militar número 13, pues su nombre fue censurado, al igual que el de varias decenas de declarantes más.
Un comandante del 27 Batallón de Infantería admitió que presenció el ataque contra el camión 1531 de la línea Estrella de Oro frente al Palacio de Justicia, en la carretera Iguala-Chilpancingo. Los estudiantes que viajaban en el vehículo están desaparecidos.
Además, Rodríguez Pérez reveló la existencia de un grupo especial del Ejército: los Órganos de Búsqueda de Información (OBI), integrado por militares vestidos de civil; sus miembros permanecieron en las calles de Iguala la noche del pasado 26 de septiembre.
Según testimonios de los vecinos y de los estudiantes sobrevivientes del ataque de la Policía Municipal, hubo personas vestidas de civil que les dispararon.
De acuerdo con las inspecciones de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero (PGJG) realizadas el 27 de septiembre, de cuyos informes se obtuvo copia, en la calle Juan N. Álvarez de Iguala, donde ocurrió uno de los ataques, así como en la escena del tiroteo contra el camión del equipo de futbol Avispones –confundido esa noche con normalistas– había decenas de casquillos calibre 7.62, el de los fusiles G3, arma usual del Ejército y no utilizada por la Policía Municipal.
Las declaraciones ministeriales de los militares refieren que esa noche también salieron a las calles de Iguala dos escuadrones del Grupo de Fuerza de Reacción, uno de los cuales iba comandando por el capitán Martínez Crespo y el otro por un teniente cuyo nombre fue censurado por la PGR en los documentos. Además de ir todos armados con fusiles G3, uno de los escuadrones usó un vehículo de guerra llamado Sand Cat; en la escotilla de éste hubo en todo momento un soldado empuñando una metralleta.
Vigilados desde el principio
En julio último el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, dijo en entrevista con el periodista radiofónico José Cárdenas que la noche del 26 de septiembre en el cuartel de Iguala no había personal ni vehículos disponibles para atender la emergencia. “Y qué bueno que fue así”, agregó, “porque de haber salido, hubiéramos creado un problema mayor”. Pero las declaraciones de los elementos del 27 Batallón de Infantería lo desmienten.
Rodríguez Pérez compareció el 4 de diciembre de 2014 ante la PGR en Iguala. Lo hizo en su calidad de comandante del 27 Batallón de Infantería, cargo del que fue relevado el pasado julio. Dijo que desde las 19:00 horas del 26 de septiembre hasta las 10:00 de la mañana siguiente hubo militares en las calles de Iguala.
Agregó que en el Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C4, instancia de seguridad pública estatal) de Iguala hay presencia de dos militares por turno, como informó este semanario en diciembre de 2014 (Proceso 1989). Señaló que el 27 Batallón tiene efectivos de los OBI: “Son personas de civiles quienes nos informan de las situaciones que ocurren dentro del municipio de Iguala”.
Explicó que envió un representante al informe de la presidenta local del DIF, María de los Ángeles Pineda Villa, y también a un miembro del OBI para que vigilara el acto, que tuvo lugar en la plaza central de Iguala.
A las 19:00 o 19:30 horas le ordenó al efectivo de OBI trasladarse a la caseta de cobro de la autopista Iguala-Puente de Ixtla para verificar la información de que había ahí estudiantes de Ayotzinapa.
Minutos después se le informó que los estudiantes habían secuestrado uno de los camiones que iba a la central de autobuses; también que al llegar a esa central “se robaron dos camiones e hicieron destrozos”.
Una fuente militar de alto rango consultada para esta investigación y que pidió el anonimato explica que todos los batallones, zonas, regiones militares e incluso la propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tienen pelotones de información (OBI) que forman parte de la Sección Segunda –la de inteligencia y contrainteligencia– de la institución.
La fuente agrega que los militares del pelotón de información no se uniforman; se mezclan con la población para obtener datos. Muchos de ellos no usan el corte de cabello de casquete corto (obligatorio en las Fuerzas Armadas) ni duermen en las bases militares.
Rodríguez Pérez afirmó: “Siguen los estudiantes su camino, pasando por el centro y siguiendo su camino llegan a la calle Juan N. Álvarez, los detienen las patrullas y se observa que las patrullas rodean los camiones, sabemos por el C4 que se encontraban tres patrullas delante de los camiones y tres detrás de los mismos, de ahí sólo sabemos que se encuentran detenidos estudiantes y camiones por la Policía Municipal”. Nunca habló de los disparos contra los normalistas en la Juan N. Álvarez.
Vecinos que a las 21:00 horas estaban en Juan N. Álvarez esquina con Emiliano Zapata dijeron que personas vestidas de civil comenzaron a disparar. Grabaron los audios de ese momento. “Eran civiles que estaban persiguiendo a los estudiantes”, dijo uno de los testigos.
“También sabemos por el C4 que personas se habían trasladado al Hospital General de Iguala, donde nos enteramos que solamente tres personas entraron heridas por arma de fuego”, declaró Rodríguez Pérez a la PGR. Se trataba de los lesionados del primer ataque: Fernando Marín, Jonathán Maldonado y Aldo Gutiérrez.
Un teniente a quien en este reportaje se identifica como el militar 31 trabaja en el Centro de Información, Instrucción y Operaciones del 27 Batallón y fue responsable de recibir, desde la tarde del 26 de septiembre hasta la mañana siguiente, las llamadas de los militares adscritos al C4.
Afirmó que recibió nueve informes detallados del C4 entre las 19:30 horas del 26 de septiembre hasta las 10:00 del 27. Declaró que de cada llamada rindió inmediatamente un informe tanto a su superior en el batallón como a la 35 Zona Militar.
El militar 31 nada dijo sobre la desaparición de los estudiantes en la calle Juan N. Álvarez, ocurrida entre las 23:15 y las 23:30 horas, ni mencionó el tercer ataque, registrado a las 00:15 del 27 de septiembre. Cuando esos eventos ocurrieron, los escuadrones del Ejército ya habían salido a la calle.
Afirmó que la novena llamada de esa jornada la recibió entre las 10:00 y las 12:00 horas del 27 de septiembre, donde el militar adscrito al C4 le informó que reportaban el hallazgo de una persona desollada en la zona industrial. Era Julio César Mondragón, el tercer normalista asesinado.
Hubo fotografías
El pasado 3 de diciembre declaró ante la PGR el comandante del pelotón de información en funciones la noche del 26 de septiembre. Ese militar dijo ser el operador del Sistema de Inscripción de Archivos Arcanos, un “sistema de la Sedena que opera por internet, por donde se envía y recibe toda la documentación oficial de las diferentes unidades del Ejército y Fuerza Aérea”.
Dijo que a las 22:00 horas, es decir, en el punto más intenso de los ataques contra los normalistas, su superior le ordenó: “Dicen que hay un autobús abandonado o que al parecer tiene estudiantes en la carretera que conduce a Chilpancingo. Ve a ver qué se ve”.
Según su declaración fue solo, en motocicleta, al punto indicado “y al circular por la carretera, justo abajo del puente que cruza la carretera que va a Chilpancingo, cerca del Palacio de Justicia, vi que se encontraba un autobús de pasajeros de la empresa Estrella de Oro rodeado de elementos de la Policía Municipal de Iguala, quienes iban en camionetas tipo pick up con logotipos de la Policía Municipal, quienes trataban de bajar a las personas que venían en el autobús”.
Agregó que reportó esto a su superior “y él me indicó: ‘Quédate por ahí por otro rato para ver qué se ve, pero no te arriesgues ni te acerques mucho’”. Confesó que se quedó en el lugar una hora y en ese lapso vio que los estudiantes lanzaban piedras desde adentro mientras los policías intentaban abrir la puerta del autobús.
“Me di cuenta que llegaron otras tres camionetas oficiales de la Policía Municipal de Iguala a apoyar los elementos municipales que se encontraban en el lugar pero estos últimos llegaron más agresivos ya que les aventaron dos granadas lacrimógenas por las ventanillas del autobús, después de eso comenzaron a bajarse los jóvenes”, dijo a la PGR.
Agrega que vio que al bajarlos, los policías municipales los esposaban y los tendían en el piso boca abajo. Según él, en ese momento se retiró, pero afirmó que de todo eso tomó cuatro o cinco fotografías con su teléfono y se las entregó a Rodríguez Pérez.
Esas imágenes no están incluidas en los expedientes abiertos por la PGR ni en los partes informativos enviados por Rodríguez Pérez a la 35 Zona Militar un día después de los hechos.
Vecinos que esa noche pasaron por ese tramo del Periférico afirmaron a los reporteros que quienes cerraron el paso al camión donde viajaban los estudiantes fueron policías federales.
Fuerza de Reacción
De acuerdo con las declaraciones de los militares, el primer Grupo de Fuerza de Rea­cción –con 16 efectivos– salió del 27 Batallón entre las 22:15 y las 22:30 horas en dos vehículos Cheyenne, comandados por un teniente cuyo nombre fue tachado por la PGR en los documentos.
Su salida no fue registrada en las bitácoras, y aunque partió en dos vehículos, oficialmente sólo iba al Hospital General, que está a un costado del batallón, a investigar si habían llegado heridos de bala, sin que ningún militar explicara por qué o para qué necesitaban esa información.
Ahí ya estaban los primeros tres estudiantes heridos.
El militar 13 declaró a la PGR que su superior, un teniente, salió del hospital con una libreta en la mano y luego ambos regresaron al batallón.
El teniente recibió nuevas órdenes y les dijo a los integrantes del grupo que cambiaran una Cheyenne por el vehículo blindado y artillado Sand Cat. El escuadrón salió de nueva cuenta del 27 Batallón hacia las 23:00 horas con la advertencia de que había un grupo armado en las calles.
“Quiero manifestar que hasta ese momento yo no sabía a qué fuimos”, dijo el militar 13 respecto a su viaje al Hospital General. Este señalamiento es recurrente entre los soldados de bajo rango, quienes declararon a la PGR que sus superiores nunca les dijeron que había habido un ataque contra los estudiantes, sino sólo que había gente armada.
Debe hacerse notar que el militar número 17 dijo en su declaración: “Una de las reglas del Ejército es que las órdenes se acatan, no se discuten”.
El grupo partió rumbo a la autopista Iguala-Guerrero y pasó frente al Palacio Judicial; varios miembros del escuadrón declararon haber visto el camión Estrella de Oro vacío, con los vidrios rotos y las llantas desinfladas.
Estos declarantes refieren que cuando iban rumbo al crucero de Santa Teresa notaron la presencia de la Policía Federal y vieron dos taxis baleados; más adelante, un camión de pasajeros donde viajaba el equipo de futbol Avispones. En sus declaraciones, los integrantes de este equipo deportivo dijeron que cerca de las 23:40 horas fueron atacados por un grupo armado.
Según los miembros de ese escuadrón del Grupo de Fuerza de Reacción, regresaron a la base a las 03:30. Inmediatamente volvieron a salir otra vez en los dos vehículos al Hospital General para tomar los nombres de los lesionados, que a esa hora eran más de una docena.
Declaraciones contradictorias
Martínez Crespo fue interrogado por la PGR el 3 de diciembre de 2014. Dijo que hacia las 00:15 del 27 de septiembre recibió la orden de salir con un escuadrón de Fuerza de Reacción en dos vehículos Cheyenne; iban equipados con casco, chaleco antibalas y fusiles G3. Al menos uno de los vehículos llevaba en el techo una ametralladora.
El capitán pidió al comandante del pelotón de información que lo llevara al Palacio de Justicia, pero supuestamente cuando llegaron ya no había ahí estudiantes ni policías. Una grúa estaba a punto de llevarse el camión Estrella de Oro.
El militar número 8 declaró que sus compañeros revisaron el autobús. Otros tres integrantes del escuadrón dijeron que después fueron a la Policía Municipal de Iguala, a la cual entró Martínez Crespo con otros uniformados.
Entrevistado por los reporteros, Ulises Ramírez, juez de barandilla, indicó que los estudiantes nunca fueron llevados a la base de la Policía Municipal de Iguala (Proceso 2015) y que incluso Martínez Crespo había revisado las instalaciones. En su declaración ministerial el capitán omitió esta información.
El tercer ataque contra los estudiantes, en la esquina de Juan N. Álvarez y Periférico, ocurrió entre las 00:00 y 00:30 del 27 de septiembre. Ahí asesinaron a los normalistas Daniel Solís y Julio César Ramírez y se llevaron a Julio César Mondragón, cuyo cadáver apareció después.
El comandante del pelotón de información declaró que los militares adscritos al C4 le avisaron vía telefónica que al hospital Cristina, en Juan N. Álvarez, habían entrado hombres armados.
Varios militares declararon que entre las 00:40 y las 00:50 horas pasaron por la esquina de Juan N. Álvarez y Periférico, donde vieron los tres autobuses tiroteados y que dos personas (se trataba de Solís y Ramírez) yacían en el pavimento. No se detuvieron a auxiliarlos.
Al militar 15 la PGR le preguntó por qué no se detuvieron a dar auxilio a los caídos o establecer seguridad perimetral. Respondió: “Desconozco. Las órdenes las da mi jefe inmediato”. Es decir, Martínez Crespo.
El gobierno de Guerrero hizo las necropsias a los cuerpos de Solís y Ramírez el 27 de septiembre. Se tiene copia de los informes respectivos. El primero murió hacia las 00:50 horas y el segundo cerca de la 01:00. Podrían haber estado vivos cuando Martínez Crespo pasó frente a ellos.
El comandante del pelotón de información declaró que llegaron al hospital Cristina, y entraron cinco militares; que él tomó una fotografía al estudiante herido en el labio. Esa foto no está en los expedientes de la PGR ni en los informes enviados por el 27 Batallón a la 35 Zona Militar.
Respecto a la visita al hospital hay diferencias entre las declaraciones de los militares. Unos dicen que nunca se solicitaron los nombres de los estudiantes y otros afirman que sí tomaron sus datos. Estuvieron ahí entre las 00:55 y las 01:10 horas.
Entrevistado por los reporteros en noviembre de 2014, Omar García, líder del Comité de Orientación Política e Ideológica de la Normal de Ayotzinapa, contó que estaba en el hospital cuando llegaron los militares.
“El Ejército llego rápidamente, entró, cortaron cartucho a modo de que iban… no sé… contra delincuentes. Nos acusó de que estábamos allanando morada… que nos iban a llevar a todos…”. Narró cómo los obligaron a quitarse la camisa, revisaron si traían armas, les tomaron fotografías y les pidieron sus nombres:
“No quiero que me den nombres falsos, porque si me dan un nombre falso, nunca los van a encontrar. Eso lo dijo así, textualmente. Nos estaban insinuando que nos iban a desaparecer”, dijo García.
El militar número 9 declaró a la PGR que al salir del hospital, Martínez Crespo dijo que “él ya tenía conocimiento de que las personas tiradas al lado de los camiones estaban muertas y que por esa razón no nos habíamos bajado y que la premura era llegar a donde al parecer había gente armada”.
La PGR no preguntó cómo sabía que los normalistas estaban muertos.
Cerca de las 01:11 horas, Martínez Crespo y su escuadrón volvieron a la esquina de Juan N. Álvarez y Periférico. El militar 8 declaró a la PGR que al menos uno de sus compañeros subió a uno de los tres camiones antes de que se les hicieran las pruebas periciales.
El Ejército no llamó a la PGJG sino hasta una hora y 40 minutos después del ataque. El personal de la procuraduría llegó a las 03:20 horas a hacer las primeras diligencias. Encontró 61 casquillos percutidos –unos calibre 5.56, otros 17.62, 7.92 y 7.62– donde ocurrió el ataque contra los Avispones. En Juan N. Álvarez hallaron 51 casquillos, 36 calibre 7.62 y otros 5.56.
El calibre 7.62 corresponde a los fusiles G3 que portaba el Ejército esa noche. El calibre 5.56 corresponde a las armas de la Policía Municipal de Iguala: los fusiles G36 y Beretta. La PGJG realizó peritajes a las armas de los policías municipales; dos casquillos correspondieron a éstas. Nunca se hizo un peritaje a las armas del Ejército.
El cuerpo de Mondragón fue encontrado a las 10:00 horas del 27 de septiembre. Estaba desollado, sin ojos, con golpes en el cráneo y heridas de cuchillo en el cuerpo. Según el dictamen de necropsia, la hora estimada de su muerte fue entre las 02:40 y las 2:45 horas, cuando la tropa estaba en Iguala.
La fuente militar consultada explica que los Grupos de Fuerza de Reacción están en emergencia permanente, actúan en momentos de crisis y nunca adoptan actitudes pasivas o de observación. En el campo pueden tomar iniciativas y actuar, y sólo después informan a sus superiores, dice. Añade que cuando hay acciones abusivas del Ejército, estos batallones tienen mucho margen de maniobra para falsear sus informes.
*Trabajo financiado con recursos del Fondo para Periodismo de Investigación y con apoyo del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California en Berkeley.

viernes, 17 de julio de 2015

Apelan liberación de asesino de Pinochet

Santiago de Chile, 17 jul (EFE).- Los familiares de tres profesionales degollados en 1985 por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet apelaron hoy ante la Corte Suprema la libertad condicional otorgada a uno de los autores materiales del crimen, informaron fuentes del caso.
La apelación, presentada por el abogado Fernando Leal en representación de los familiares, pidió al máximo tribunal chileno que revoque el beneficio concedido al excabo de Carabineros (Policía militarizada) Alejandro Sáez Mardones, condenado a cadena perpetua por los asesinatos de José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero, en marzo de 1985.
El sociólogo José Manuel Parada, el profesor Manuel Guerrero y el pintor Santiago Nattino, miembros del Partido Comunista, fueron secuestrador por agentes de la Dirección de Informaciones de Carabineros, que los degollaron y abandonaron los cadáveres en un camino rural en las afueras de Santiago.
El “caso de los degollados” como lo llamó la prensa, fue aclarado en una investigación llevada a cabo primero por el juez especial José Cánovas y después por el magistrado Milton Juica, que en 1994 condenó a una quincena de oficiales y suboficiales de Carabineros, cinco de ellos a cadena perpetua, en un fallo ratificado después por los tribunales superiores.
El crimen también le costó el cargo al general director de Carabineros César Mendoza Durán, que también era miembro de la Junta Militar que gobernaba junto a Augusto Pinochet.
Hace unos días, la Corte de Apelaciones de Santiago otorgó la libertad condicional a Sáez Mardones y a Miguel Muñoz Uribe, sobre la base del antiguo sistema procesal chileno, que permitía a los condenados a cadena perpetua acceder a beneficios después de pasar 20 años en prisión efectiva.
Los familiares de las víctimas consideraron “una vergüenza” la resolución del tribunal de alzada y anunciaron que si no es revocada por los tribunales chilenos recurrirán al sistema interamericano de los derechos humanos.
Según el abogado Leal, no se pueden asimilar normas referidas a delitos comunes a crímenes de lesa humanidad.
Leal, además de presentar el recurso ante la Corte Suprema, alegó hoy en la II Sala de la Corte de Apelaciones, que celebró una audiencia sobre la solicitud de libertad condicional de otro de los condenados, el exmayor Guillermo González Betancourt, quien ya goza de algunos beneficios penitenciarios desde el año 2012.
A la audiencia no se presentó el abogado del oficial y en su intervención el abogado de las familias de las víctimas argumentó que el exmayor no se ha rehabilitado, de acuerdo con informes psicológicos elaborados por Gendarmería (servicio de prisiones).
Durante la dictadura de Pinochet, según cifras oficiales, unos 3.200 chilenos murieron a manos de agentes del Estado, de los que 1,192 figuran aún como detenidos desaparecidos, mientras otros 33,000 fueron encarcelados y torturados por causas políticas.

martes, 4 de noviembre de 2014

Se dejó a su suerte a los normalistas ante la agresión

Conclusión de la comisión especial para el caso Ayotzinapa


Fue desaparición forzada: diputados
Enrique Méndez
 
Periódico La Jornada
Martes 4 de noviembre de 2014, p. 3
La comisión especial de diputados federales que investiga la agresión armada contra estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa concluyó que sí existió desaparición forzada de 43 alumnos, y que no se puede eludir que sufrieron una serie de violaciones a sus derechos humanos, como tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, así como ejecuciones extrajudiciales.
En su informe preliminar, que será debatido hoy en el pleno de la Cámara de Diputados, la comisión expresó su preocupación por que se pretenda ‘‘criminalizar a las víctimas como una manera de justificar los hechos que sufrieron y sufren sus familiares, causando un agravio más a sus derechos’’, y resaltó que existen pruebas sobre irregularidades en la investigación del hecho.
El documento de 41 cuartillas, entregado ayer a la Junta de Coordinación Política, refiere que el gobernador con licencia de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre Rivero, les dijo en la reunión que sostuvieron con él en Acapulco que las normales del estado están ‘‘infiltradas de grupos delictivos’’.
La comisión constató que las policías federal y estatal vigilaron ‘‘por horas’’ a los normalistas desde que salieron de Chilpancingo hacia Iguala, y que el gobierno del estado reportó a la policía municipal el traslado de los jóvenes desde las 6 de la tarde del 26 de septiembre.
Diversas autoridades policiacas y militares fueron alertadas o conocieron de la balacera y la agresión, pero no intervinieron.
‘‘A las 20 horas, el personal de la policía estatal, en coordinación con elementos de la Policía Federal, arribaron al kilómetro 126+700 de la carretera Iguala-Chilpancingo para monitorear las actividades de dichos estudiantes’’, indica un reporte enviado el 28 de octubre por el gobierno del estado a la comisión legislativa e incluido en el informe preliminar.
El mismo reporte indica que a las 21:32 horas se recibieron llamadas al servicio de emergencias 066 sobre la presencia de estudiantes en la terminal de autobuses, y que ocho minutos después el coordinador operativo de la región norte de seguridad pública y protección civil fue informado de detonaciones de arma de fuego en el centro de Iguala.
El funcionario público decidió no acudir al lugar de los disparos. La comisión incluyó el parte informativo que justifica la decisión: ‘‘Al no contar con elementos de la fuerza estatal y no estar en condiciones para enfrentar esta situación, por el escaso número de personal con el que contaba, optamos (sic) por no salir y reforzar la seguridad del cuartel (regional de la policía estatal preventiva) e inmediaciones del Cereso’’.
La comisión especial señaló que las autoridades estatales sí sabían de las actividades de los estudiantes, los siguieron, y la policía del estado no actuó frente a las irregularidades que la policía municipal de Iguala cometió contra los estudiantes.
‘‘Se observa que las autoridades sí tuvieron conocimiento y la policía estatal no actuó frente a las irregularidades que la policía municipal cometió contra los estudiantes. De ser así, incurrieron en una grave omisión de protección a los estudiantes y de la población civil afectada por los ataques cometidos por ciertos agentes estatales, al parecer de la policía municipal, y particulares’’, expuso la comisión.
Incluso, al citar el reporte del gobierno del estado, refirió que a las 22:15 horas ‘‘la comandancia del 27 batallón de infantería del Ejército Mexicano estableció comunicación con Felipe Flores Velázquez, secretario de seguridad pública de Iguala, quien minimizó los hechos negando que personal bajo su mando haya realizado disparos durante la persecución que escenificaron con los estudiantes’’.
El gobierno de Guerrero argumentó que conoció de la agresión a los normalistas a las 23 horas, cuando ‘‘el médico de guardia del hospital general de Iguala dio parte al agente del Ministerio Público del fuero común’’ del ingreso de tres personas con heridas de arma de fuego.
Los diputados confirmaron en su documento que la administración de Aguirre sostuvo que si no intervino fue porque el alcalde José Luis Abarca ‘‘no contestaba el teléfono’’. Expusieron que, ‘‘antes de criminalizar a los normalistas, es imprescindible nombrar los hechos con el calificativo que merecen’’.

miércoles, 22 de octubre de 2014

¡Fue el Estado!, clamor en las calles del país por desaparecidos de Ayotzinapa


DF. Exigen investigar desaparición de normalistas en Iguala, Guerrero. Foto: Miguel Dimayuga
DF. Exigen investigar desaparición de normalistas en Iguala, Guerrero.
Foto: Miguel Dimayuga
MEXICO, D.F. (apro).- “¡Fue el Estado!”. Bajo esa consigna, unidos en el repudio por la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, el movimiento estudiantil desbordó una vez más las calles del país para exigir la aparición con vida de sus “compañeros”.
Decenas de miles de estudiantes en todo el país, y fuera de éste, dedicaron la jornada y su indignación a esta protesta.
Más de 50 escuelas de nivel superior y medio superior del país se encuentran en un paro nacional, al que decenas de instituciones públicas y privadas se unieron con diversas actividades en “solidaridad” con los normalistas.
Con el dolor como estandarte, en la capital del país fueron incontables las voluntades que con veladoras y su voz acompañaron los pasos de los familiares de los normalistas en la llamada “marcha de luz”, del Ángel de la Independencia al Zócalo.
Siguiendo a normalistas y familiares de los desaparecidos en la vanguardia, niños, jóvenes y adultos de todas edades, con flores blancas, fotografías de los 43 que faltan a todos y fuego entre las manos, los ecos de la marcha golpeaban:
“Les quitaron su vida y su luz… Y eso nos hizo encender con más fuerza la nuestra;
“Matan al pueblo y dicen que no, gobierno y narco la misma mierda son;
“Por los compañeros caídos de un gobierno que ejecuta;
“Ni perdón ni olvido. ¡Justicia! Si Peña como Aguirre no puede, ¡que renuncie!;
“Peña, culero, venimos de la Ibero. Peña, por asesino, fuera de Los Pinos;
“Los padres de los desaparecidos exigimos justicia. El Estado mexicano es un Estado fallido, fracasado. Hoy nos sentimos respaldados por el pueblo”.
Los rostros de los normalistas estaban por todas partes, multiplicando el dolor de saber que aún no están.
Las pancartas tenían su propio discurso.
Siluetas de cuerpos desvanecidos se dibujaban en las aceras del Paseo de la Reforma, enmarcando el nombre de cada ausente.
“Quien deja huella no desaparece;
“Alto a la indiferencia. Prohibido olvidar;
“No dejemos que los cerdos pisoteen de nuevo las flores;
“El gobierno nos ha quitado tanto que ya nos quitó el miedo;
“No somos de izquierda. Somos los de abajo. PRI + PAN + PRD = Narcogobierno.
“Tú podrías ser el 44″.
Al paso de los jóvenes anarquistas se leyó en los muros del diario Excélsior:
“Vengados los queremos. Convirtamos nuestro dolor en rabia;
“Rebeldía. Qué ardan los asesinos;
“Las balas que nos dispararon van a volver”.
Con la caída del sol los jóvenes prendieron fuego a antorchas improvisadas en ramas encendidas con gasolina.
Tronaban tambores y petardos de vez en vez. Por momentos, la protesta era también silencio.
Cada vidrio roto, al entrar a 5 de Mayo, generaba como reflejo llamados a la “no violencia”.
El centro de la marcha era claro: denunciar al mundo un “crimen de Estado”.
Desde un templete en la Plaza de la Constitución, alumbrados con una intensa luz blanca, los familiares de los normalistas recordaron a sus hijos y hermanos. Denunciaron el ataque sistemático del que han sido víctimas y les gritaron:
“Donde estén, queremos decirles que los estamos buscando”, se escuchó en el corazón del país.
Y pasaron lista: al mencionar su nombre, ninguno de los 43 pudo contestar. Lo hicieron por ellos miles y miles más.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Ejército presenció masacre a estudiantes de Ayotzinapa sin intervenir -

Liberan a 13 estudiantes de Ayotzinapa retenidos ilegalmente desde el 26 de septiembre. Foto: red
Liberan a 13 estudiantes de Ayotzinapa retenidos ilegalmente desde el 26 de septiembre. Foto: red
TIXTLA, Guerrero- Guillermo Hernández, de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos, en entrevista para Los Ángeles Press, calificó de crimen de estado la masacre de sus compañeros perpetrada el pasado 26 de septiembre por policías municipales de Iguala y un comando armado que cobró la vida de nueve personas.

Los hechos fueron presenciados por varios militares que se encontraban en el lugar, según Hernández, y varios de sus compañeros les pidieron auxilio para asistir a las víctimas de los disparos, les pidieron incluso que los llevaran a un hospital, pero los militares se negaron, dijeron que no podían hacer nada. “El lugar donde sucedieron los hechos está a seis kilómetros del cuartel y no prestaron la ayuda”, reiteró el estudiante. “Fue como una misión por parte de ellos, porque no hicieron nada para detener en ese momento la ráfaga de balas que estaba asesinando a los compañeros”.

Hernández sostuvo que el crimen fue premeditado. “Creemos que estos hechos ya estaban planeados. Estamos seguros que el comando armado fue enviado por el alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez. Tenemos elementos para sostener que es responsabilidad del Estado, del alcalde y de los policías municipales”.

El estudiante señaló que “al parecer la consigna de los policías municipales era disparar a todos los que estuvieran por ahí”, incluso a jóvenes jugadores de fútbol, un chofer y una mujer que nada tenían que ver con el evento normalista.

Para los alumnos de la Normal de Ayotzinapa se trata de la narco política del Estado de Guerrero. “Hay una coadyuvancia del Estado con grupos armados. Sabemos que no son grupos de narcotráfico aparte, sino que son grupos aliados al Estado y que trabajan con el Estado, y en esto está metido el alcalde de Iguala”.

Aún permanecen desaparecidos 43 estudiantes que fueron detenidos arbitrariamente por las autoridades, mientras liberaron a 13. Ésta es la segunda masacre a estudiantes normalistas de Ayotzinapa. La anterior se perpetró el 12 de diciembre de 2011.


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