Mostrando entradas con la etiqueta comunismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comunismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de septiembre de 2019

Porque odiamos al comunismo y los comunistas

Resultado de imagen para rico mcpato
N
uestro mundo gira en torno a los valores culturales del capitalismo. Nada es neutral ni equidistante. Se nos inculca la competitividad, tener éxito y acumular riquezas, no importa la manera de lograrlo. La propiedad privada cala hasta los huesos. Deseamos ser Rico McPato, el personaje de Walt Disney nadando en un mar de oro, monedas y brillantes. ¿Ficción? Nuestro mundo es caricatura del cómic. Nos moldean individualistas, avaros, calculadores, mentirosos. Es adoctrinamiento y socialización cultural. Despreciamos al pobre, lo degradamos, lo deshumanizamos. Tienen lo que se merecen. La pobreza siempre ha existido, se afirma. Luchar contra ella es ir contra natura. Por eso reivindicar la democracia es un asunto de pobres. Mejor ser socios de ONG y apoyar causas humanitarias, ser solidarios, practicar la piedad. Las avenidas, edificios, toman el nombre de mecenas, filántropos y héroes. Prohombres que donan millones de dólares para investigaciones científicas, otorgan becas, financian maquinaria para diagnósticos médicos y sus obras de arte se exhiben en museos. La lista es interminable, pero logran su objetivo: el reconocimiento de las mayorías sociales. No nos preguntamos sobre el origen de sus fortunas. Lo remitimos a la suerte. Son personas visionarias, han comenzado de cero y aprovechado sus oportunidades. Todos podemos ser Rockefeller, Amancio Ortega, Slim o Bill Gates. Es cuestión de ser emprendedores, luego vendrá el éxito. ¿Alguien menciona las relaciones sociales de explotación? La respuesta es simple, la explotación no existe. Dicha afirmación se graba a fuego en nuestras mentes. Con trabajar duro, ahorrar y estar en el sitio adecuado en el momento oportuno es suficiente. Cómo no desear coches de lujo, yates, un avión privado, servicio doméstico, casas principescas, en fin, todo lo que ofrece el mundo de las mercancías. Sean cosas o personas. Vivir a cuerpo de rey es lícito, rechazarlo es hipocresía. Tener y no exponerlo es de tontos, hay que ostentar. Pasar a la historia con el nombre escrito en oro no menos que construir un panteón donde nuestros huesos sean venerados y visitados en procesión es comprar la eternidad.
Pensamos que la pobreza y el fracaso es una inadecuación al mercado. Incluso la sociología y la biología se han unido en un matrimonio de conveniencia para crear la sociobiología. Genes egoístas capaces de someter a sus alelos altruistas en un mundo donde el más listo se lleva el gato al agua. Está en los genes y no hay posibilidad de alterar el ADN. El mundo al revés. Se impone la visión hobbesiana predadora, donde el hombre es un lobo para el otro hombre. Pero las manadas de lobos, como especie social cooperan, no se explotan, mantienen una división social del trabajo, de lo contrario se extinguirían. No hay especie social competitiva inter pares. Es la mayor mentira atribuida a Darwin.
Nada está exento de significado político. Arte, literatura, cine, lenguaje, moda, estética, sexo, familia, el hambre, los gustos, las emociones, las maneras de amar y odiar. Pero es la producción del miedo la base para fomentar el anticomunismo. Desde que nacemos se inculca y adoctrina para reconocer al enemigo: el comunismo, que se presenta con diferentes caretas. Demócratas, socialistas, marxistas, en definitiva comunistas. Se cuelan en la escuela, el trabajo, incluso se presentan como amigos. Pero tienen un objetivo: convertirnos en autómatas, quitarnos nuestras propiedades y esclavizarnos. Ideología disolvente de la familia, la propiedad privada y la moral católica. Para los comunistas somos un número, de allí su identificación con el nazismo y la solución final. Todos los miedos se engloban en el comunismo.
Ser anticomunista no es problema, es lo propio de un sistema educativo para aborrecerlo. En los medios de comunicación social, en la literatura, el cine, los dibujos animados podemos preguntarnos: ¿Quiénes salvan la civilización? ¿Qué espías tienen licencia para matar? La raíz del mal, el comunismo camuflado en los deseos de justicia social, igualdad y dignidad. Incluso los extraterrestres, cuando atacan la tierra siempre eligen la Casa Blanca y Estados Unidos como objetivo. El resto del planeta no existe, Su GPS está conectado a Google Maps.
Los comunistas son despiadados, manipuladores, no sienten ni padecen. Ser anticomunista no requiere pensar, sólo practicar lo aprendido machaconamente durante años. Por el contrario, ser demócrata, comunista, socialista o marxista requiere pensar, nadar contracorriente. Es un acto de conciencia y reflexión crítica. Justamente lo que esta sociedad persigue y criminaliza. Vivir en la ignorancia es conseguir el nirvana. Sea positivo. Mañana será millonario. No cuestione el orden natural de las cosas. La tierra es plana y el capitalismo justo y equitativo. No se deje seducir por falsos ídolos. Trump, Bolsonaro, Macri, Piñera, Pinochet, Thatcher, Videla y Somoza, entre otros, son buena gente, tienen en común ser anticomunistas. ¡Entregue su alma y si le piden el voto, también!

sábado, 5 de marzo de 2016

Un fantasma recorre el mundo: El manifiesto comunista

I. El manifiesto-convocatoria de Karl Marx y Federico Engels sigue vigente a casi 200 años de su publicación (febrero de 1848), en la cresta de las crisis del capitalismo con la caída del crecimiento económico y el crack-recesión del capitalismo de China. Nuevamente un fantasma recorre no sólo Europa, lugar de nacimiento del Manifiesto Comunista (su nombre original: Manifiesto del Partido Comunista); y reaparece (como en la leyenda del cisne que renace sobre sus propias cenizas), materializado en las crisis del capitalismo y sus ismos de cada país asidos al neoliberalismo económico, que agotado, asfixia a los capitalistas en constantes recesiones, bajas de consumo, desempleo, recortes de presupuestos de gastos e imposición de la austeridad que han generado revueltas sociales por el final del Estado de Bienestar, provocando “zozobra y revueltas tales que hasta el FMI [Fondo Monetario Internacional] ha tratado de advertir a los gobiernos más inclinados a la derecha de que corren el riesgo de provocar una importante rebelión social” (David Harvey, Breve historia del neoliberalismo).
477-exlibris-600
II. De aquí que nuevas ediciones del Manifiesto, circulan en todos los idiomas como una señal más de que las recientes crisis del capitalismo han vuelto a poner las condiciones para el estallamiento de una Revolución mundial contra el capitalismo en general, y los particulares atascados en sus últimas privatizaciones y el estancamiento de la globalización como botín de las inversiones financieras. El fantasma del descontento mundial asoma la cabeza. Por eso es que hay tanto interés en la lectura del Manifiesto de Mark-Engels. También está la formidable: Biografía del Manifiesto Comunista, con introducción del maestro de la traducción y pensador Wenceslao Roces (Compañía General de Ediciones), que debe volver a imprimirse, pues es un valioso e ilustrativo texto de ese Manifiesto cuyo “núcleo central es la demostración del desarrollo histórico de las sociedades, y de la forma específica de la sociedad burguesa, que había reemplazado a sus predecesores, había evolucionado el mundo y… creado las condiciones para su inevitable sustitución”. Precisa el Manifiesto “la marcha triunfal del capitalismo… su desarrollo a largo plazo” y el conflicto entre la clase capitalista y la burguesía, contra los trabajadores o sea los pobres.
III. Marx y Engels describían la transformación del mundo en 1848 y proponían como ser transformado por la lucha de esas dos clases, hoy como nunca antes, muy bien delimitadas. Y de lo que se burla el multimillonario Warren Buffet: “Ciertamente hay una guerra de clases, pero la mía, la clase de los ricos, la ha declarado, y la estamos ganando”. Tanto el Manifiesto como la Biografía del Manifiesto, son de indispensable lectura para tener información de esta crisis que apenas empieza, y que desde Grecia (donde se creó la democracia) a China, pasando por el resto del mundo, lleva visos de una catástrofe. El Manifiesto de Marx y Engels se actualiza, a la luz de los acontecimientos que integran la crisis del capitalismo del crack de 1929 al crack de este 2015. Así el fantasma, que recorre las entrañas del capitalismo en su versión del neoliberalismo económico, anuncia que arreciarán los enfrentamientos entre ricos y pobres. Y el 99 por ciento de la población mundial son los pobres, por los estragos del capitalismo salvaje en complicidad con los gobiernos y los capitalistas, en un pacto de corrupción para la explotación de los pueblos. Ahora el Manifiesto termina con la convocatoria de: ¡Pobres del mundo, uníos!
Ficha bibliográfica
Autores:          Karl Marx y Federico Engels
Título: Manifiesto del Partido Comunista

domingo, 1 de diciembre de 2013

“Para leer el Manifiesto Comunista. Estudio Introductorio”: Néstor Kohan


El Manifiesto Comunistadejó huella. Sus páginas, devoradas con pasión por millones, influyeron de modo decisivo sobre la historia de la humanidad.
La actualidad de este texto abruma. Cuando todavía no estaban de moda las palabras “globalización”, “mundialización” u otras similares, el precursorManifiesto Comunistaaportó una visión totalizante de la sociedad capitalista y de su historia. ¡En esa época no existían internet, ni la televisión ni la radio!
Partida de nacimiento, acta de acusación, declaración de guerra. El Manifiesto Comunistacondensa todo eso y mucho más. Aunque la autoría es compartida con Federico Engels [1820-1895], su prosa frenética y nerviosa, punzante e hiriente, tiene el ritmo inconfundible de la pluma de Carlos Marx [1818-1883]. Dejando a un lado El Capital (ese “cañonazo contra la burguesía” como lo definiera epistolarmente su autor), su vena polémica nunca brilló con mayor esplendor que en esta literatura de combate. No resulta casual que sus consignas, recogidas a partir del contacto con grupos y sectas de obreros revolucionarios europeos, preanuncien el incendio continental que explotará en la insurrección de febrero de 1848, apenas dos semanas después de su publicación.
Aquel fuego original, del que Marx y Engels se nutrieron y que contribuyeron a expandir, no quedó reducido al suelo de Europa. Poco tiempo después, en 1870, el Manifiesto Comunista se publicó por primera vez en América latina en un periódico obrero mexicano. La llama prendía en otros territorios y en otros lenguajes. La teoría comenzaba a universalizarse.
Desde aquel tiempo lejano hasta hoy, mucha agua ha corrido bajo el puente. Las luchas de clases y las resistencias contra el capital continúan, siglo y medio más tarde, mundializadas en un grado tal que hubiera hecho temblar a aquellos luchadores internacionalistas, compañeros de Marx. La explosión del mundo de las comunicaciones y la expansión generalizada del capital (de sus relaciones sociales, su ideología, su cultura y sus mercados) han convertido al planeta entero en un botín de guerra. Una inmensa despensa lista para ser expoliada y subsumida en sus hambrientas fauces. Como contrapartida, la resistencia anticapitalista también ha asumido un carácter internacional y globalizado.
El Manifiesto Comunista en el pensamiento de Marx
Gestación histórica


Cuando el zapatero Heinrich Bauer, el relojero Joseph Moll [1812-1849] y el militante comunista Carl Schapper [aprox.1812-1870], le encargaron a Marx la redacción de un manifiesto que sintetizara los debates de la Liga de los Justos y la Liga de los comunistas, no se equivocaron. Marx tenía experiencia en ese género discursivo. Pocos años antes había redactado otro manifiesto, mucho menos conocido.
Aquel primero no era un “manifiesto” clásico, estrictamente de partido, aunque incluyera varias sentencias y posicionamientos políticos. Consistía, más bien, en un manifiesto filosófico. Condensaba un primer balance de los debates que había mantenido el joven periodista Marx con sus amigos liberales y radicales de Berlín (Georg Gottlob Jung [1814-1886], Dagobert Oppenheim [1809-1889] y Bruno Bauer [1809-1882], entre otros). Se trataba de laIntroducción a la Crítica de la Filosofía del derecho de Hegel, redactada entre 1843 y 1844 y publicada en el primer –y único- número de los Anales franco-alemanes, en febrero de 1844. Una publicación dirigida por Arnold Ruge [1802-1880] y el mismo Marx.
A diferencia del Manifiesto Comunista, la tonalidad general que adoptaba aquel documento previo era centralmente filosófica.
Ambos manifiestos comparten el estilo taxativo de sus afirmaciones, tan característico de este género discursivo. Además, adoptan al unísono -y esta será una nota distintiva del método marxiano- la crítica contra toda especulación, es decir, contra toda teoría no fundamentada en el análisis de la realidad. Un mismo cuestionamiento que, si en la Introducción de 1843-44atacará preferiblemente a la filosofía especulativa del derecho, tanto de G.W.F.Hegel [1870-1831] como de sus discípulos, en el Manifiesto Comunista centrará esos mismos disparos contra el llamado “socialismo verdadero” de Karl Grün [1817-1887]. Éste no fue el único punto en común. El ampliado arco de paralelismos entre ambos textos –entre los que median menos de cinco años- resulta sorprendente.
En primer lugar, el sujeto de la revolución anhelada es en ambos casos el proletariado, la clase obrera. No obstante esa coincidencia, los fundamentos son diversos. Si en 1843-44 la razón de esa elección residía en que el proletariado resumía las carencias, las pérdidas y los sufrimientos de la sociedad capitalista, en 1848 la argumentación se desplaza hacia el terreno de la lucha y la confrontación entre las clases. Tanto en el ámbito político como en el de las relaciones de producción. Los trabajadores son ahora el centro, no porque sufran o carezcan de todo sino por su lugar en el conflicto de clases y en la producción de mercancías.
En segundo lugar, en 1843-44 la clave del triunfo de este sujeto social se depositaba en la alianza entre filosofía y proletariado, entre intelectuales y clase obrera, condición imprescindible para que “la teoría se convierta en un poder material prendiendo en las masas”. La filosofía tenía, según este Marx juvenil, su sede en Alemania, la clase obrera en Francia.
El reclamo a favor de esta alianza se mantiene -modificada- en 1847-48, cuando Marx plantea que el comunismo crítico debe unirse, como un solo haz, con la clase obrera internacional.
En tercer lugar, el programa y la estrategia anticapitalista parten en ambos casos de una distinción esencial entre dos modalidades diferenciadas de transformaciones sociales. Un tipo es el de “la revolución meramente política” que sólo toca la esfera estatal; el otro es el de “la revolución comunista” que abarca también a la sociedad civil.


El ejemplo paradigmático del primer tipo de revolución, que Marx adopta como “modelo” y arquetipo, es la francesa de 1789. A esa revolución, en 1843-44 la denomina “emancipación parcial o meramente política”, mientras que en 1848 la nombra, lisa y llanamente, como “revolución burguesa”. El segundo tipo de revolución que emerge del análisis, aquella por la cual deberían luchar los trabajadores, es denominada en 1843-44 “revolución radical o emancipación humana general”. En 1848, en cambio, será caracterizada como “derrocamiento violento de la burguesía por el proletariado”.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Crisis capitalista, revolución comunista

Dax Toscano Segovia

No hay más ciego que el que no quiere ver:

El nacimiento del capitalismo puso fin al régimen feudal caracterizado por el atraso cultural, científico, económico, filosófico y social, lo cual se expresó, sobre todo, en el dominio de la Iglesia durante varios siglos en los que pretendió imponer sus dogmas, sus creencias y su forma de ver el mundo.El capitalismo significó un salto cualitativo en el desarrollo de la humanidad. “A pesar de su carácter brutal -dicen Alan Woods y Ted Grant- el capitalismo, en última instancia, jugó un papel histórico progresista porque desarrolló la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología hasta límites insospechados.” La clase social dominante, la burguesía, se autoidentificaría como la representante de la razón, del orden y del progreso.

Sin embargo, este nuevo sistema no surgió exento de contradicciones; por el contrario, una vez que se fue consolidando, éstas se hicieron más evidentes, sobre todo cuando se empezó a fortalecer la presencia del proletariado, clase social de la que la burguesía extraería su máximo beneficio a través de diversas formas de explotación social. Como señala Ernest Mandel “el capitalismo no es solo una expansión colosal de conocimientos, riquezas y derechos humanos. Es también una acumulación de miserias, injusticias, opresiones y negación de derechos humanos elementales” fundamentalmente de los trabajadores, de las mujeres, del indio, del negro y de los pueblos colonizados.

Aquello que surgió como algo real y racional, más adelante dejaría de serlo. Federico Engels dijo:Hoy sabemos ya que ese reino de la razón no era más que el reino idealizado de la burguesía; que la justicia eterna vino a tomar cuerpo en la justicia burguesa; que la igualdad se redujo a la igualdad burguesa ante la ley; que como uno de los derechos más esenciales del hombre se proclamó la propiedad burguesa; y que el Estado de la razón, el contrato social de Rousseau, pisó y solamente podía pisar el terreno de la realidad, convertido en república democrático burguesa.Ya en el siglo XIX el capitalismo hizo más evidente su verdadera esencia: la de ser un sistema represivo, explotador y alienante.

Fue racional en un tiempo y espacio histórico determinado, para dejar de serlo en otro momento.El capitalismo perdió hace mucho tiempo su razón de ser necesario. La realidad permite evidenciar lo aseverado.

Algunos datos extraídos de trabajos de diversos autores exponen la irracionalidad de este sistema y la necesidad urgente de tumbarlo:
• En el mundo actualmente existen 4 750 milllones de pobres. El director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que “los trabajadores pobres que vivían con menos de un dólar al día, es decir, los pobres entre los pobres, aumentarán entre 2008 y 2009 en 40 millones, de 480 millones a 520, y en cuanto a los trabajadores pobres que vivían con menos de dos dólares al día aumentarán en cien millones, hasta los 1.400 millones de personas”. Actualmente hay 950 millones de personas que padecen hambre crónica.
• La cifra de desempleados asciende a 1000 millones, mientras el 50% de la población económicamente activa está subempleada o laborando en actividades precarias. Según la OIT se calcula que en los próximos doce meses otras 20 millones de personas en el mundo quedarían sin empleo.
• 120 millones de niños no tienen acceso a la educación. 875 millones de adultos son analfabetos, de los cuales las dos terceras partes son mujeres. En el África hay países que tienen 87% de analfabetos.
• El 45% de la población mundial no tiene acceso al agua potable. Naciones Unidas alerta que cada día 5 mil niños mueren de sed. Las enfermedades vinculadas con el agua provocan la muerte de un niño cada ocho segundos y son la causa del 80% del total de las enfermedades y muertes en el mundo en desarrollo, según un informe publicado por la UNESCO. 3000 millones de personas carecen de acceso a servicios sanitarios mínimos. En América latina y el Caribe la falta de acceso al agua potable y a servicios sanitarios ocasiona 36.000 muertes de menores de cinco años anuales, según datos expuestos en el atlas sobre la salud y el medio ambiente de la OMS.

• La ONU señala que 30 mil personas mueren por desnutrición y enfermedades curables. 12 millones de niños son víctimas todos los años de esta terrible situación.
• 13 millones de personas mueren cada año a causa del deterioro del medio ambiente. Entre 1991 y 2000 las sequías fueron responsables de más de 280.000 muertes. El 81% de CO2 y de gas invernadero son producidos por los países industrializados del Norte. Como resultado de esto los casquetes polares se están derritiendo en forma acelerada. Estamos frente a una catástrofe ecológica y ambiental.
• Entre el 20 y el 30 % de las especies vivas del mundo desaparecerán hacia el año 2050. 16 306 especies están en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos. Estudios señalan que entre 10 y 20 años, a causa de la deforestación, los orangutanes podrían desaparecer.Bajo el capitalismo esto no puede cambiar. Este sistema se basa en la explotación irracional de los recursos naturales y en la obtención desmedida de beneficios a cualquier costo para la clase que detenta el poder.

Solo importan sus intereses económicos, políticos y militares.Los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizalde y Rogelio Polanco señalan que los gastos militares anuales en el mundo han alcanzado la cifra récord de 1,2 millones de millones de dólares. EE.UU. ha destinado 700 mil millones de dólares para el presupuesto militar en el año 2008, siendo el país que más armas vende en el mundo. Al imperialismo norteamericano le interesa fabricar guerras para mantener el funcionamiento de su industria militar, lo que le significa millonarias ganancias. En agosto de 2008, según información de la agencia de noticias EFE, El Pentágono anunció la venta a Irak de tanques, aviones, helicópteros y vehículos blindados por una valor de 10 700 millones de dólares (6 885 millones de euros).

La invasión estadounidense a ese país ha provocado la muerte de 1 200 000 iraquíes.La burguesía mundial y el imperialismo para mantener su dominio, tienen además que imponerse en el plano ideológico. Están conscientes que deben lograr la “fabricación del consenso” mediante “la domesticación del rebaño desconcertado”. Para ello recurrirán principalmente al uso de los grandes medios para alienar a la población. Como parte de este objetivo los países capitalistas desarrollados destinan un billón de dólares anuales para la publicidad comercial. Homogeneizar las ideas, imponer una sola forma de ver el mundo es su propósito.El capitalismo es el símbolo de la brutalidad. Dos guerras mundiales lo demuestran, así como las agresiones militares desatadas por EE.UU., con el respaldo del imperialismo europeo, contra Irak y Afganistán.Salvar los bancos y a su sistema financiero es más importante que salvar a la humanidad de la debacle en la que le han sumido.

Es lógico. “Siempre, en todos los casos -dice Néstor Kohan- el crecimiento y la acumulación del valor del capital se origina en la explotación del trabajo.” Sólo quienes ingenuamente creen que bajo el capitalismo las cosas pueden ser mejores para la mayoría de desposeídos, explotados y privados de los medios necesarios de subsistencia, asumen aquello como una posibilidad.Francisco Umpiérrez Sánchez señala que “todo proceso de producción es un proceso de reproducción. Y si la producción es capitalista, la reproducción debe serlo igualmente. Esta noción elemental es importante porque las crisis se presentan como una parálisis en la reproducción.”Para esconder la realidad, la burguesía mundial, a través de sus empresas mediáticas, pretende argumentar que la actual crisis es el resultado de la ambición desmedida de un grupo, de su falta de ética y de la falta de confianza generada por estas acciones en la población. Umpiérrez Sánchez dice que mediante este mecanismo “se pretende señalar como un rasgo accidental algo que es esencial del capitalismo como sistema: la avaricia o acumulación insaciable de riqueza.”Iñaki Gil de San Vicente explica que:Para entender las razones de fondo de esta debacle que ha destrozado los mitos burgueses, hay que recurrir a la teoría marxista de la crisis en la que interaccionan cuatro desencadenantes: uno, la caída de los beneficios empresariales, especialmente en la industria o “sector I”; dos, y como efecto de lo anterior, la sobreacumulación de capitales que no se invierten en la industria porque no rinde los suficientes beneficios, y que por tanto buscan otros espacios en los que recuperarse, especialmente en el “sector II”, o el de producción de bienes de consumo, y en los servicios, que van creciendo para intentar desatascar los tapones que aparecen cada vez más por todas partes; tres y como efecto de lo anterior, aumenta la desproporción entre este sector de producción de bienes de producción, y el sector de consumo o “sector II”, ya que éste segundo empieza por un tiempo a producir grandes beneficios que sin embargo no pueden volver al industrial, al “sector I”, por su baja rentabilidad, con lo que han de buscar otra salida, que no es sino el globo financiero; y, cuarto, y como efecto de lo anterior se empiezan a restringir los salarios, a comprar menos máquinas, a expulsar trabajadores, lo que determina la caída del consumo de masas, el aumento de las mercancías sin vender, el aumento de la morosidad y de las deudas, acelerándose la espiral de nuevos cierres de empresas, de más despidos masivos con el subsiguiente desplome del consumo de masas, etc.Iñaki señala además que la actual crisis parcial del capitalismo “está inserta en un malestar creciente del sistema burgués, que es como uno de los temblores sísmicos que preceden al terremoto.”

El momento actual permite apreciar además el carácter parasitario de la burguesía y del propio sistema capitalista que pretende sostenerse sobre las bases de una economía ficticia, especulativa, deslindada de la economía real, lo que facilitó el surgimiento de las burbujas financieras. Las políticas neoliberales aceleraron este proceso. Oswaldo Martínez manifiesta que:Con la opción del neoliberalismo como política económica predominante, el sector financiero y la especulación encuentran la fórmula ideal para sus intereses. La desregulación financiera se impuso y consistió esencialmente en eliminar toda regulación o restricción al libre movimiento del capital (en especial en forma financiera), incluyendo las regulaciones sobre seguridad y transparencia en las operaciones bancarias. Se inició una etapa en la que las regulaciones de la era keynesiana fueron barridas y se permitió la disminución de las reservas bancarias de garantía, la retirada de ciertos tipos de pasivos de los balances de las entidades financieras ocultando el verdadero estado de ellas, el funcionamiento de los paraísos fiscales, las abusivas acciones de las agencias calificadoras de riesgo y en consecuencia, la especulación desenfrenada con todo lo susceptible de rendir una ganancia apostando a un precio futuro en la economía de casino que domina el llamado mercado financiero globalizado y cuyo centro es la economía de Estados Unidos.Los costos de la presente crisis no lo asumirán los capitalistas, sino la clase trabajadora.

Los gobiernos de Europa han destinado 2,2 millones de millones de dólares para salvar a la banca. El gobierno de Bush ha otorgado 900 mil millones de dólares. Mientras cientos de miles de trabajadores norteamericanos pierden sus empleos, el gobierno acude a salvar, con los dineros de los contribuyentes, a los banqueros mafiosos. Al sistema le interesan los bancos, no las personas que han sido desahuciadas de sus hogares por no poder cubrir ni el pago de las casas, ni sus hipotecas.Randy Alonso cuenta que “menos de una semana después de que el Tesoro rescató a la aseguradora AIG con 85 mil millones de dólares de los contribuyentes, los ejecutivos de la empresa se fueron a festejar a un exclusivo hotel de un balneario californiano, donde ocuparon 60 habitaciones.

La cuenta de gastos sobrepasó los 400 mil dólares. Sin embargo, la Reserva Federal le acaba de otorgar otro préstamo de 38.7 mil millones de dólares.”Para aquellos que viendo, no quieren ver, no hay, porque no puede haber, un capitalismo “con rostro humano”.El método marxista y la praxis revolucionaria:“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico”, señaló Marx. Solo la práctica puede constituirse en criterio de verdad, expresó Lenin.La explicación sobre la crisis que vive actualmente el capitalismo no puede partir de teorías metafísicas que imposibiliten la comprensión de la realidad como una totalidad en constante cambio, movimiento y transformación.

El marxismo, al contrario de las teorías burguesas que pretenden encontrar las causas de la presente crisis en elementos puramente subjetivos, hace un estudio minucioso de la realidad para lo cual utiliza conceptos y categorías de análisis que permiten entender las características esenciales del capitalismo y las razones que provocan las crisis.En este estudio, por tanto, no se puede dejar de lado la explicación histórica de la explotación social en el capitalismo, cuya base está en la obtención de un plusvalor por medio de la apropiación del trabajo realizado por la clase obrera.

Esto permite comprender dos cosas fundamentales:

1. El capitalista siempre busca obtener ganancias; y,

2. que esa ganancia la obtiene, precisamente, de la explotación de los trabajadores. No la obtiene del ahorro, ni de su propio esfuerzo, tal como lo señala Néstor Kohan.Kohan explica que:El capital no es una cosa, una suma de “factores de producción”, una sumatoria de máquinas y herramientas, una simple suma de dinero.
El capital es una relación social de producción que relaciona en un polo a los dueños del dinero y de los medios de producción (previamente expropiados), y en el otro polo, a los trabajadores que son dueños sólo de sus cuerpos, de su capacidad de trabajar, de su fuerza de trabajo.Esta es la razón por la cual será la clase obrera la que asuma los costos de esta nueva crisis.

No los capitalistas. Marcos Roitman Rosenmann dice:No nos llamemos a engaños. Insuflar dinero a los grandes bancos y salir en defensa de sus consejeros y altos cargos es parte de una estrategia pendular. Cuando no resulta oportuno tejer con Hayek, se teje con Keynes. Unas veces desde la oferta y otras desde la demanda. Tanto monta, monta tanto. En cualquier caso, el resultado es el mismo. La relación capital-trabajo se asienta sobre la expropiación del excedente económico producido por el trabajador en condiciones de apropiación privada. Así, quienes pagan los platos rotos de esta estrategia son los de siempre.

Las clases explotadas y oprimidas del campo y la ciudad. Salvar el orden económico, sin modificar su estructura y su organización, conlleva un aumento de la desigualdad social y la explotación.Iñaki Gil de San Vicente manifiesta que frente a esta realidad una cuestión decisiva “es saber cómo impedir que la humanidad trabajadora pague los costos de la hecatombe, cómo lograr que el imperialismo no salga feliz, sonriente e impune, de la catástrofe que únicamente él está generando.” Lo que señala el marxista vasco implica la necesidad urgente de que los pueblos del mundo se organicen para realizar la revolución a escala planetaria como lo plantearan Marx, Engels, Lenin, Trotsky y el Che Guevara.

El capitalismo no se cae, hay que tumbarlo, y esto sólo se logra a través de la lucha revolucionaria. Si esto no se lleva adelante, la humanidad corre el serio riesgo de enfrentarse a una contraofensiva reaccionaria, de corte fascistoide.“Lo que ahora está en juego -dice Iñaki Gil de San Vicente- no es tanto una confirmación teórico-abstracta del marxismo, sino la demostración de que las izquierdas podemos orientar el creciente malestar popular hacia el socialismo, avanzar en el debilitamiento estructural de la dictadura del salario y de la mercancía, en el aumento del contrapoder popular hasta llegar a situaciones de poder obrero capaces de detener el avance del caos y reorientar la historia hacia la emancipación humana.”No hay otra alternativa: o la lucha por el comunismo o el caos.

Green Go