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domingo, 21 de enero de 2018

Las clases medias y la derecha

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Guillermo Almeyra
L
as clases medias, antiguas o modernas, adoptan como sus modelos de comportamiento y de pensamiento a la burguesía y a los representantes de las grandes empresas extranjeras, tienen los gustos y costumbres de esos modelos, comparten sus valores y su ideología. Al mismo tiempo envidian a los que endiosan porque, como tienen en general mucha más cultura que la inmensa mayoría de los burgueses, consideran una injusticia su papel de segundones-servidores y el no poder vivir como los que admiran y tratan de imitar.
Esas clases medias urbanas o rurales tienen dos sentimientos contradictorios ante los trabajadores manuales, que sienten directamente la opresión y la explotación del capitalismo, incluso cuando aún carecen de una conciencia anticapitalista. Por un lado, comparten con los obreros la necesidad de leyes sociales y la resistencia al poder y a la arbitrariedad de los dominantes. Por otro, ante la tendencia constante a la disminución de sus ingresos, tienen temor a caer en las filas de los trabajadores a los que desprecian porque tienen menor cultura y costumbres más rudas.
Los técnicos (abogados, jueces, gerentes, ingenieros, especialistas en comercio, funcionarios, especialistas en servicios) participan también en la explotación y dominación de los trabajadores de todo tipo por el capital y naturalizan el capitalismo, que creen que existió siempre y que siempre existirá, y están movidos por intereses materiales procapitalistas y alejados por su vida y sus costumbres de las capas populares, con las que no tienen casi contactos.
El desplazamiento continuo del capital de uno a otro ramo más lucrativo o a la especulación, el hecho de que las empresas cambian de país como se cambia una camisa, la degradación por las nuevas tecnologías de empleos antes calificados, agravan por otra parte la inseguridad en el empleo y colocan a los jóvenes diplomados en el área de los trabajos permanentemente precarios. Los capitalistas aprovechan esta situación para agravar aún más esa inestabildad y falta de seguridad en un futuro imponiendo la llamada flexibilidad salarial, o sea, la eliminación de las leyes laborales que protegían a los trabajadores.
Esta nueva situación provoca en esos sectores de las nuevas clases medias irritación contra el capitalismo y los gobiernos de los patrones pero, al mismo tiempo, temor permanente a la proletarización, que consideran una caída en la escala social y odio contra los inmigrantes, a los que ven como competidores en el mercado de trabajo aunque eso sea totalmente falso.
Los bruscos cambios de actitud de las clases medias frente a los trabajadores y las oscilaciones que las hacen pasar en muy poco tiempo de un frente único con ellos a un enfrentamiento con ideas fascistizantes derivan de esa mezcla inestable y explosiva de sensaciones contradictorias, irracionales y confusas.
Además, es posible oponerse al capitalismo por diversas razones o sea, tanto para luchar por su superación y por un futuro más libre y justo,como en nombre de un pasado colonial o feudal y privilegios clasistas y racistas claros y consolidados.
Según sea la perspectiva que, por una u otra razón, adopten momentáneamente las oscilantes clases medias, cambian las actitudes de éstas ante las instituciones e incluso la visión de las mismas: los aparatos del Estado pasan entonces a perder el velo que los hacía aparecer como imparciales o de interés común y aparecer al desnudo como organismos de dominación y de opresión, como sucede hoy con la justicia en Argentina o Brasil, donde se han confirmado con crudeza los dichos decimonónicos del Martín Fierro: la ley es como el cuchillo, no ofende a quien la maneja o “hacete amigo del juez/no le des de qué quejarse/ pues siempre es bueno tener/ palenque and’ ir a rascarse”. O La Iglesia Católica, que anteriormente se oponía al capitalismo en nombre de la Colonia, la hispanidad, las monarquías feudales y formaba aristocracias, si empieza a hablar de igualdad y de resistir a la opresión, pasa a ser enemiga de los medios y de los ricos, como le sucedió al Papa en Chile y en los medios de las grandes empresas latinoamericanas.
Cuando los trabajadores siguen aun mayoritariamente a partidos burgueses partidarios de la conciliación o de la unidad nacional entre explotados y explotadores, se encuentran mezclados allí con tendencias fascistas o reaccionarias, que pueden infectarlos ideológicamente. Tal es el caso en el peronismo, donde conviven fascistas y democráticos y que añora al tirano Rosas, un gran terrateniente ultraclerical idealizador de la Colonia, o también en el caso brasileño en el que los agentes directos y más corruptos del capitalismo, como Temer, eran cooptados como aliados por el Partido de los Trabajadores. La falta de independencia política y de conciencia de clase impide entonces que los obreros puedan tener peso político y moral sobre las clases medias ya que los obreros que votan por esos partidos votan como siervos de la ideología burguesa, no como trabajadores.
Esas direcciones burguesas desconocen además a los trabajadores, tratan de desmovilizarlos o de someterlos a burócratas sindicales millonarios y servidores del capital, maniatando así a las clases medias y sectores populares. Si las diferencias nacionales o étnicas dificultan además su unidad obrera surgirán sectores atrasados que seguirán consignas racistas y xenófobas.
Por otra parte, la sociedad actual es compleja y las contradicciones no se agotan con las luchas de clase. Los ejemplos de la victoria de la resistencia de cinco décadas a la construcción de un aeropuerto en Nôtre Dame des Landes, Francia o, anteriormente, del combate en Atenco, dicen que la lucha tenaz derrota a los grandes capitalistas. La movilización en defensa del ambiente y de los recursos naturales reúne a capas muy amplias de la población pues todos desean respirar mejor, tener comida más sana, preservar la Naturaleza. Por esa razón el anticapitalismo debe ser ecologista y democrático o no es anticapitalismo.

sábado, 14 de marzo de 2015

Las clases medias .- Bernardo Bátiz V.

Mi solidaridad con Carmen Aristegui
D
ividir a la sociedad en categorías, estratos o clases se hace desde que los seres humanos se acostumbraron a pensar sobre ellos mismos y su entorno. En la Grecia clásica se hablaba de griegos y bárbaros, los judíos distinguían entre creyentes y gentiles. Marx enfatizó que los integrantes de la sociedad se dividen en explotados y explotadores; una reflexión sociológica más cercana a nosotros, hace la división en clases alta, media y baja, pero las variantes pueden ser tantas, según el criterio que se use para la clasificación, que se habla hoy de clases medias, bajas y altas, así en plural.
En la ciudad de México las diversas clases medias, que por lo general no habían sido participativas en lo que atañe a la vida comunitaria de la urbe, de pronto se hacen visibles, se organizan con diversos motivos y ahora aparecen en las marchas, en las protestas, en las reuniones, las que en otros momentos, salvo excepciones, ni les atraían ni les interesaban.
Alguna vez, en una de estas colaboraciones a La Jornada,mencioné una ocurrencia de José Ángel Conchello, panista sui generis(que recuerdo cada vez que sé algo del senador Javier Corral), definía al homo narvartinus como un personaje que no se ocupa para nada de la vida política o social, que sale de su casa o su departamento, va a su oficina, regresa corriendo en la tarde a ver televisión, los domingos juega golf o tenis o nada (en la alberca del club) y va de fin de semana una vez al mes a Cuernavaca o a una playa de moda; hojea el periódico (agrego yo) y se informa con los noticieros de televisión.
Lo asombroso es que esa descripción tan gráfica quedó atrás, ha sido sustituida por la de ciudadanos y, en especial, ciudadanas de una clase media diferente que se distingue precisamente porque no es indiferente. Como vecino de la delegación Benito Juárez los he visto, y los he acompañado cuando me ha sido posible, participando en marchas, organizándose, exigiendo a las autoridades y en una palabra asumiéndose como pueblo soberano, conscientes de que los servidores públicos están, no para mandar y reprimir, sino para ejecutar lo que la ley ordena y escuchar lo que los ciudadanos, sus mandantes, piden o exigen, según sea el caso.
En la colonia Nápoles, en San Pedro de los Pinos y en Ciudad de los Deportes han protestado por la imposición sin consulta auténtica de los parquímetros, que se dan en concesión a empresas privadas, que cobran el uso de las calles, imponen multas y se hacen justicia por mano propia con sus arañas, que inmovilizan a los automóviles o sus grúas que los llevan al corralón.
En Nativitas, Zacahuizco y Villa de Cortés se han enfrentando a la ruptura del pavimento de sus calles y de su tranquilidad, por cuenta de una empresa que impone el monopolio de gas con engaños y atropellos. En Mixcoac y Acacias se oponen a la tala de árboles y a la construcción de un largo túnel sobre el actual camellón de la avenida Río Mixcoac.
El precedente fue el grito de Yo soy 132 de los muchachos, sin duda de clase media alta, de la Universidad Iberoamericana, contagiado a otros estudiantes; hoy en la Benito Juárez, amas de casa, profesores universitarios, empleados, comerciantes y profesionistas se engallan, se plantan frente a los granaderos, condenan a voz en cuello el albazo oculto de la tala del camellón, consultan con expertos y piden y acuden a mesas de negociación.
Pero, ojo, no son confiados, están atentos, saben, se huelen, vislumbran, que detrás de las acciones que les molestan pueden estar negocios no claros y no será posible ni que los engañen, los compren, o los amedrenten. El Gobierno de la ciudad ha enviado buenos negociadores, que han dado la cara, pero se requiere algo más, la sociedad está escamada, porque no sería la primera vez que trataran de engañarla. La nueva clase media de la capital está viva, es exigente y participativa.

miércoles, 17 de julio de 2013

Parejas con altos ingresos prefieren las compras que tener hijos


Los dinks, motor del auge de bienes de lujo
Foto
Tatiana, especialista de una firma antipiratería de software, y su novio Josué son felices al disfrutar de la capacidad de adquisición y darse algunos gustos, al combinar dos fuentes de ingresos y no tener hijosFoto Reuters
Reuters
 
Periódico La Jornada
Miércoles 17 de julio de 2013, p. 4
Las parejas jóvenes sin hijos son el motor de crecimiento de bienes de lujo en México. Sus padres probablemente luchaban y ahorraban para educar un pequeño ejército de niños con un único salario mensual, pero ahora un creciente número de parejas de altos ingresos prefiere empujar su carro de compras en una lujosa tienda por departamentos que un coche para pasear a sus hijos.
Se trata de parejas jóvenes con altos ingresos en las que ambos miembros trabajan, conocidos como dinks (double income, no kids –doble ingreso, no niños), que se han duplicado desde 2005.
Las parejas de este tipo, que apenas rebasan el millón, son una mina de oro para muchas marcas y sus hábitos de consumo apuntalan la demanda de bienes y servicios en la debilitada economía mexicana. Existen pocos datos sobre cuánto gastan los dinks, pero un estudio de la consultora De la Riva Group encontró que cada pareja desembolsa 165 mil pesos al año en salidas al cine, comer en un restaurante y beber unas copas en un bar.
Estas parejas impulsan un creciente mercado de bienes de lujo, gastan su dinero en todo tipo de productos, desde costosas prendas de vestir y lencería hasta exclusivos artículos de decoración para el hogar.
Sandra Rodarte, una organizadora de eventos de 27 años que adora las bebidas finas y los artículos de la marca Apple, gasta al menos 10 mil pesos al mes en productos no esenciales, como viajes anuales de compras a Estados Unidos. Ella y su pareja no tienen planes de formar una familia, explicó mientras almorzaba en el exclusivo centro comercial Antara.
Es más divertido. Eres más libre como persona y como pareja porque no tienes muchas presiones, señaló Rodarte, quien está consciente de que su estilo de vida significa ir en contra de una cultura que valora el matrimonio y la maternidad.
Ese gasto ayuda a impulsar el mercado de bienes de lujo en México, que se estima podría avanzar 12 por ciento en 2013, a la par con el crecimiento de los cuatro años recientes, según la consultoría Bain & Company.
En contraste, las ventas al por menor subieron en total apenas 3.7 por ciento el año pasado. Para el exclusivo fabricante de accesorios de piel Coach, los dinksson un mercado en crecimiento, según señaló el presidente de la compañía, Ian Bickley, en un correo electrónico enviado a Reuters.
Cae la natalidad, sube el gasto
Los dinks, un concepto nacido en los años 80, sigue encarnando en México a una pequeña parte de la población, según proyecciones que sugieren que a finales de 2012 este tipo de parejas representaba apenas 3.4 por ciento de los hogares, por debajo de 4.5 por ciento en Brasil, 17.6 en Reino Unido y 14 por ciento en Estados Unidos.
Pero los analistas piensan que el número podría seguir creciendo, porque viene impulsado por fuertes cambios sociales, como mayor educación entre las mujeres y una disminución en la tasa de natalidad.
Las tasas de natalidad en México han caído a un estimado de 5.7 hijos en 1976 a 2.2 hijos por mujer este año, de acuerdo con el Inegi.

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