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domingo, 12 de mayo de 2019

La pesadilla

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e la Segunda Guerra Mundial salieron muchas revoluciones pero de liberación nacional y el capitalismo hundió al mundo en la barbarie. El internacionalismo agonizó entonces y se transformó en nacionalismo socialista con la poderosa ayuda del estalinismo en la ex Unión Soviética (URSS), China, Europa oriental y en los partidos comunistas.
Al mismo tiempo, las clases trabajadoras se transformaron y el capitalismo pasó a ser dominado por el capital financiero. Los obreros de vanguardia, con conciencia de clase, así como los socialistas revolucionarios se redujeron a una ínfima minoría. El mundo se transformó pero no hubo un cambio en la visión del mismo. El lazo de los orígenes étnicos, del color y de la lengua predominó sobre el enlace que establece un derrotero y un objetivo comunes. El odio al otro, considerado inferior o incluso subhumano es mayor que la ira contra un sistema social que no se pretende suprimir sino modificar.
En la hora del planeta y de la civilización estamos por eso a las 12 menos cinco antes del colapso y los capitalistas ni siquiera creen ya en el futuro de su clase y sueñan huir a la Luna o a Marte.
Las migraciones masivas serán cada día mayores al igual que los cambios climáticos, que sumergirán las tierrascreando nuevas Atlántidas, desertificarán continentes, provocarán tornados y tifones sin precedentes, terribles inundaciones devastadoras, destrucción de glaciares y cuencas hídricas y una espantosa pérdida de bosques y fuentes de producción de alimentos terrestres y acuáticos. El retroceso cultural podría ser proporcional al desastre social como entre el siglo III y el VI dC cuando en el imperio romano despoblado y en ruinas desaparecieron, la alfabetización de masas, el comercio internacional, las monedas, las carreteras, los cultivos.
La mortandad por pestes, conflictos sociales, daños ecológicos, podría reducir a un tercio la población mundial como durante las pestes negras. Siglos después, la naturaleza podría cerrar algunas de sus heridas y de este ecocidio semejante por sus efectos a una guerra nuclear mundial surgirían quizás nuevas ideas y un aumento de la productividad del trabajo. Con eso contaba Mao cuando declaró que, en el caso de guerra atómica, siempre sobrarían 300 de los mil 400 millones de chinos. ¿Pero en cuáles condiciones y qué serían capaces de construir?
Las cualidades que se requieren para dirigir una lucha o un proceso de liberación nacional no son las mismas que se necesitan para edificar un mundo sobre la base de la autogestión social generalizada, la destrucción del Estado y de su remplazo por una federación de libres comunas democráticas, una sociedad de iguales.
En la miseria material y moral no se construye sino un capitalismo de Estado regido por la escasez permanente y la carencia de cultura de gobernantes y gobernados. Una relación entre iguales que desarrolle a la vez la comunidad y los individuos requiere ciudadanos libres, dignos e informados a todos los niveles…
¿Cuál es, en cambio, la situación actual? China en 70 años pasó de colonia a primera potencia comercial mundial y encabeza la carrera por la inteligencia artificial y por la quinta generación electrónica para la cual posee la gran mayoría de las indispensables materias primas (como el litio y las tierras raras). Pero el suyo es un capitalismo de Estado confuciano, ultraconservador, dirigido como nuevo déspota asiático por un partido de mandarines militar-burocrático que ha remplazado al antiguo emperador y sus funcionarios preservadores, conservadores y distribuidores de los recursos y por eso acatados sin discusión. Es un sistema de súbditos austeros llamados a obedecer al poder central y familiar y disciplinado durante milenios, que aprovecha su homogeneidad étnico-cultural –la inmensa mayoría de los chinos son Han– para afirmar un nacionalismo agresivo.
Está también India, con un proceso agudo de nacionalismo y racismo hinduista que amenaza el laicismo estatal y la convivencia con otras minorías religiosas. En otros países asiáticos hay regímenes totalitarios y oscurantistas similares y en América gobierna Trump, votado y apoyado por una mayoría de ignorantes racistas que creen a pie juntillas en el Creacionismo, rechazan a Darwin y la selección de las especies y apoyan todas las aventuras imperialistas. En Brasil una gran mayoría eligió un presidente racista y xenófobo y en Argentina la opción electoral consiste en relegir al neoliberal Macri y su sumisión al FMI o la neoliberal Cristina.
El capitalismo –si el planeta sobrevive– aparentemente tiende a ser remplazado por un periodo secular de sistemas militares burocráticos-totalitarios como los que intuían Jack London en su Talón de Hierro o Michel Raptis en La guerra que viene... hasta que los pueblos se reorganicen y se unan frente a sus nuevos dominadores. Nada de lo que fue desaparece por completo y el hilo rojo de las luchas y de la memoria colectiva pasará nuevamente a un primer plano si la resistencia mantiene la crítica y la esperanza y lo que es hoy germen de alternativa logra desarrollarse.

domingo, 3 de enero de 2010

El capitalismo llegó a su “crisis terminal”: González Casanova




Sostiene que es inevitable una transformación política y social en México y el planeta

Insta a reconocer triunfos como la revolución cubana y la creación de los caracoles zapatistas

Luis Villoro llama a la “resistencia organizada” para abrir “el camino a un mundo diferente”


Hermann Bellinghausen
Enviado
Periódico La Jornada
Domingo 3 de enero de 2010, p. 3
San Cristóbal de las Casas, Chis., 2 de enero. La convicción de que un cambio social y político es inevitable en México y en el mundo fue sostenida por el doctor Pablo González Casanova, subrayando lo que fue el punto de mayor acuerdo entre los participantes del Seminario internacional de reflexión y análisis, celebrado durante cuatro días en el Cideci-Unitierra de esta ciudad, que concluyó hoy por la noche.

González Casanova profundizó en que, para conseguir la “organización pacífica” de este cambio, es necesario identificar “lo que no conocemos bien y que deberíamos reconocer mejor para alcanzar la victoria”. Sobre todo, convocó a reconocer lo que “ya son triunfos”, hechos de cambio profundos e irreversibles, entre los que destacó la Revolución cubana y la creación de los caracoles zapatistas.

Cuba “es la única nación victoriosa en la historia que tras una revolución socialista sentó las bases para impedir el retorno del capitalismo”; y las novedosas formas de gobierno de los indígenas chiapanecos poseen una “dimensión universal”, al ser las juntas de buen gobierno “una organización que permite lograr y preservar la libertad, la democracia, la justicia y la paz para todos, y preservar la vida en la Tierra”.

También anoche, el filósofo Luis Villoro enunció la necesidad de devolver la ética a la política desde el multiculturalismo y superar la visión “occidental” como única explicación del mundo.

Retorno de saberes indígenas

En sentido similar, la sicoanalista Sylvia Marcos destacó lo trascendental que ha sido “el retorno de los saberes de los pueblos indígenas” a la conciencia general en este momento de crisis, y el surgimiento de “la visión de un futuro que sea nuestro pasado también, gracias a conocimientos que se creían desaparecidos”.

El escritor John Berger envió al seminario un mensaje para presentar su ensayo Cómo resistir la prisión-mundo: “Es el principio de un nuevo año, el principio de una nueva década. ¿Qué historia estamos viviendo? ¿Qué le pasa al mundo? Lo más claramente que podamos responder estas preguntas, lo más activamente podremos actuar. No tengo respuestas, sólo algunas observaciones”. Ofreció “lo que veo cuando cierro los ojos para pensar en lo que he visto, y después con los ojos bien abiertos”, para “actuar y ser persistentes”.

González Casanova aseveró que el capitalismo mundial ha llegado a su “crisis terminal”, y tras describir sus rasgos más evidentes y destructivos, insistió en identificar los cambios que son victorias. “La cultura de la negociación sigue prevaleciendo, pues la inmensa mayoría de la población está pidiendo todavía cambios pacíficos”, admitió, y recordó que durante los diálogos de San Andrés Larráinzar entre el EZLN y el gobierno federal, en 1995-1996, los zapatistas determinaron el límite: “la dignidad no se negocia”.

Consideró necesario comprender la “historia emergente” de nuestros días (donde se juntan de manera inusual categorías como “Estado-pueblo y moral colectiva como fuerza colectiva”), así como “profundizar en una política revolucionaria que asegure el éxito de otros modos de producción y acumulación que se vinculen en una nueva relación con la naturaleza y la vida”.
Agregó que también es indispensable registrar “el inmenso enriquecimiento que significa la lucha por los pueblos oprimidos de la Tierra”, así como “la nueva presencia colectiva de las mujeres con su activismo revolucionario” y las luchas contra los prejuicios acerca de los homosexuales, que han establecido espacios para la tolerancia y la libertad.

Instó a fortalecer las “redes de redes” nacidas en años recientes, “apoyadas desde sus orígenes por el movimiento zapatista, por Cuba y por muchas otras fuerzas progresistas y revolucionarias”, pues la organización de los trabajadores y los pueblos en estas redes “es la clave de la transformación mundial”.

Villoro sostuvo que “frente al sistema capitalista mundial otra visión del mundo es posible”. No “bastan las buenas intenciones” para realizar cambios, invocando los derechos universales, como hasta ahora. “Contra los males del capitalismo mundial sólo cabría una resistencia organizada que abriera el camino a un mundo diferente, y aun contrario al capitalismo mundial”. Un “orden plural que respondiera a la multiplicidad de culturas, y no una pretendida cultura mundial (occidental)”, que impone “formas de vida no elegidas”, lo que ha llevado al individualismo y la destrucción de la naturaleza, a diferencia del comunitarismo indoamericano.

Sergio Rodríguez Lazcano, director de la revista Rebeldía, saludó a Villoro y González Casanova como “maestros-compañeros de su generación, la del 68”, y enseguida hizo eco a la opinión zapatista de que el colapso del capitalismo no necesariamente es inminente; resulta necesario juntarse para hacerlo caer. “No son posibles los parches al sistema, pero son posibles, y necesarios, los movimientos antisistémicos”, que de “abajo y a la izquierda” construyen “otra política”.

Durante su participación, el escritor y pensador social Walter Mignolo, prudentemente, señaló: “no sé si va a caer el capitalismo, pero sí perderá su carácter unicéntrico”. De la crisis ambiental “nadie escapa, ni siquiera los países centrales capitalistas”.

Estamos, dijo, en un “momento crucial que va a definir los próximos 30 ó 40 años”. Aquí destacan “los nuevos órdenes que se están construyendo en la actualidad, como el zapatismo”, al cual consideró “un ordenador de conocimientos y prácticas que parecían dispersos”.

El propio Mignolo sostiene en un ensayo que también presentó ahora Cideci-Unitierra: “La revolución teórica del zapatismo, con sus consecuencias éticas y políticas, indica que ha llegado el tiempo de mirar más allá de las herencias europeas”, para “imaginar y levantar futuros democráticos”, en un contexto de verdadera “descolonización”.

Catherine Walsh, procedente de Perú, propuso ir “más allá de lo antisistémico”, desde la “insurgencias” de Abya Yala (esa noción andina del mundo que también está lista para la transformación del planeta, con base en el “buen vivir” por el cual se lucha hoy en Bolivia, Ecuador y Perú).

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