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miércoles, 30 de octubre de 2019

La hegemonía de una pretendida izquierda, causa de la polarización : golpistas

Los frágiles contrapesos han permitido el fortalecimento del Ejecutivo y la adopción de decisiones estratégicas que no convencen a todos, asegura el militar // Nos preocupa el México de hoy // Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados // Fuimos formados con valores que chocan con la forma en que se conduce al país
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▲ Es mi deber irrenunciable mantener invariables los principios de honor, valor y lealtad para con el pueblo de México. ¡Sí, para con el pueblo de México!, sostuvo el general Gaytán Ochoa en el desayuno celebrado en la Sedena.Foto José Carlos González
 
Periódico La Jornada
Miércoles 30 de octubre de 2019, p. 3
En un desayuno que encabezó el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval González, el general Carlos Gaytán Ochoa aseguró que en México la sociedad está polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se basa en corrientes pretendidamente de izquierda que acumularon durante años gran resentimiento, y afirmó que los frágiles contrapesos existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que propicia decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad.
Gaytán Ochoa tiene una larga hoja de servicios en las fuerzas armadas. Ha sido subsecretario y jefe del Estado Mayor de la Sedena, jefe de las zonas militares de Nayarit y de los Altos de Chiapas; agregado militar y representante de México ante la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas y ante la Conferencia Especializada Interamericana sobre Terrorismo; integrante del grupo de coordinación del gabinete de seguridad nacional y fue candidato a suceder al general Guillermo Galván Galván como secretario en 2012, entre muchos encargos más.
Ante los altos mandos del Ejército reunidos en la Sedena, el general continuó: Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que cada uno de los aquí presentes fuimos formados con valores axiológicos sólidos que chocan con la forma con que hoy se conduce al país.
Cabe destacar que el 3 de octubre pasado, durante un encuentro de alto nivel de autoridades mexicanas con representantes de Estados Unidos, el general Homero Mendoza Ruiz, jefe del Estado Mayor de la Sedena, sostuvo que el Ejército está en un proceso de desgaste muy fuerte, lo cual ha obligado a redoblar esfuerzos para cumplir con las tareas asignadas, que incluyen el combate al narcotráfico.
La reunión en la que habló el general Gaytán Ochoa, quien preside el Comité de Control y Desempeño Institucional de la Sedena, se realizó el pasado martes 22.
Al tomar la palabra, explicó que se le había concedido dicho honor para expresar algunas preocupaciones que, en virtud de la situación actual, sin duda, compartimos todos los aquí presentes. El mismo los enumeró: Mis comandantes, mis maestros y mis antiguos.
Enseguida se refirió a la situación del país. Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados, y trajo a colación que, en el pasado, sólo cuando hubo unidad la nación pudo ver sus aspiraciones satisfechas y se construyeron los objetivos nacionales.
Sin embargo, señaló que en aquellos eventos donde estuvo ausente dicho valor, se perdieron territorio y soberanía, el pueblo resultó lastimado, la economía entró en crisis y el país tuvo que emprender su recuperación casi de cero.
Hoy el país tiene un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos, cuya esperanza es el cambio. Un cambio, añadió, que les permita subsanar lo que ellos consideran un déficit del Estado para dicho sector poblacional.
Manifestó que respetando el pacto social y la propia normatividad no podemos soslayar que el hoy titular del Ejecutivo ha sido empoderado legal y legítimamente. Aclaró entonces: Sin embargo, es también una verdad inocultable que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad. Fue cuando dijo: eso nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa...
En otra parte de su alocución, el general solicitó a los oficiales ahí reunidos el respaldo y la solidaridad para mi general secretario Luis Cresencio Sandoval, y desde luego pongo a su entera disposición mis conocimientos, por pocos que sean, y mi experiencia acumulada durante 50 años para lo que a bien tenga determinar.
Antes de la petición de apoyo para el titular de la Defensa, el militar señaló que el alto mando sostiene hoy sobre sus espaldas la muy alta responsabilidad de mantener cohesionado al país, de coadyuvar a su pacificación a la brevedad posible, de hacerlo todo con el menor costo social y la mayor eficacia.
Preguntó a los asistentes: “¿Quién aquí cree que ello es fácil?, ¿quién aquí duda de que se está realizando, desde el Ejército y la Fuerza Aérea, el mejor esfuerzo? ¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?”
Aclaró ante los asistentes haber hablado cuidando mis palabras y que a pesar de los avatares citados, he tratado de mantenerme dentro de la disciplina a la que estoy obligado, y reitero mi lealtad irrenunciable a México.
Manifestó también su convicción de “que es mi deber irrenunciable mantener invariables los principios de honor, valor y lealtad para con el pueblo de México. ¡Sí –enfatizó-–, para con el pueblo de México!”
Aclaró: Lo refiero porque más de uno quisiéramos soluciones mágicas, o peor, drásticas, ante un entorno histórico que lo que requiere a gritos es pacificar, educar y mantener sano a México. Definió esa tarea como verdaderamente difícil y titánica.
Para Gaytán Ochoa, en medio de todo esto, se encuentran los soldados que siguen ofrendando incluso el sacrificio máximo por México.
Discurso completo del general Carlos Gaytán Ochoa en el desayuno efectuado el pasado 22 de octubre en las instalaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional.

viernes, 13 de febrero de 2015

El Ejército, leal a sí mismo


Peña y Cienfuegos en el 102 aniversario de la Marcha de la Lealtad. Foto: Eduardo Miranda
Peña y Cienfuegos en el 102 aniversario de la Marcha de la Lealtad.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (apro).- Creador del sistema político mexicano después de la guerra civil del siglo pasado, el Ejército mantiene muchos de los privilegios que los militares se dieron desde entonces.
Durante más de un siglo, la cúpula militar mexicana ha mantenido condiciones especiales que no está dispuesta a ceder y que la ha convertido en una casta, un grupo aparte que no rinde cuentas a nadie.
Hasta 1946 los militares cedieron la presidencia de la República, pero siguieron siendo jefes del PRI, gobernadores, regentes de la Ciudad de México, senadores, diputados. Con tales privilegios, no hacía falta que emularan a sus colegas golpistas latinoamericanos que se hicieron del poder político. Ya disfrutaban de ese poder.
Con intervenciones directas e indirectas han defendido al sistema político que erigieron. Reprimieron en Tlatelolco. Crearon el grupo paramilitar de los Halcones para la matanza de estudiantes en San Cosme. Formaron parte de brigadas blancas en la guerra sucia, además de reprimir directamente. Siempre bajo la protección política que les garantizó impunidad.
A diferencia de América Latina, donde jefes militares han tenido que rendir cuentas por abusos a los derechos humanos, en México ningún militar ha sido responsabilizado y sancionado por ello. Esa fue la gran deuda del gobierno de Vicente Fox.
En la celebración del 102 aniversario de la Marcha de la Lealtad, el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, dijo que esa lealtad está más allá de “la transición democrática”. Pero las verdaderas transiciones de ese tipo no se explican sin la rendición de cuentas de los militares.
Aunque los jefes castrenses mexicanos ya no ocupan posiciones políticas, mantienen espacios que en un sistema democrático están reservados para los civiles, sobre todo en materia de seguridad pública.
Desde hace más de una década han tomado el control de la policía en estados y municipios. La paradoja es que a más presencia militar en tareas de seguridad, más violencia e inseguridad ha registrado el país.
Si en el sexenio pasado Felipe Calderón les dio carta blanca en su guerra contra las drogas, en el gobierno de Enrique Peña Nieto gozan de una amplia protección y hasta ha creado una figura político militar de facto: un mando especial para la seguridad Michoacán, el general Pedro Felipe Gurrola Ramírez, que toma decisiones por encima del gobernador.
Lejos de perder, los militares ganan más espacios y poder. Apenas el año pasado cedieron para que se reformara el Código de Justicia Militar con el propósito de que los militares dejaran de investigarse a sí mismos cuando ocurría un delito en el que las víctimas fueran civiles.
Fue una garantía más para que casos de desaparición forzada, homicidios, tortura o violaciones a manos de militares quedaran impunes.
Durante el sexenio anterior se resistieron a ese cambio, a pesar del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de numerosas recomendaciones internacionales para que se dejara de aplicar el fuero militar a los civiles.
Como clase especial, distinta al resto de los mexicanos, a los que de forma despectiva denominan civilones, los militares tienen su propio banco, Banjército. Los jefes castrenses manejan fideicomisos inaccesibles, contratan a empresas fundadas por militares, gestionan compras imposibles de vigilar y ahora hasta construyen edificios para el Poder Judicial a cambio de una ganancia que por acuerdo es secreta. Inconcebible es que un civil esté al frente de las fuerzas armadas. Es otro coto de su poder.
Los militares mexicanos, en efecto, son leales al poder político. A cambio, están a salvo de la rendición de cuentas. Al Congreso le pasan por encima con el consentimiento de los propios legisladores. Diputados y senadores están a su servicio. Van al despacho del general secretario en turno para que les “informen” lo que los militares quieren decir. No cuestionan, no investigan. Abdican.
El informe de la comisión creada para investigar la masacre de Tlatlaya es una muestra más. Los militares les dieron lo que ellos quisieron, tal y como se comportan con el resto de la sociedad cuando les pide información al amparo del mecanismo de transparencia. La misma actitud mantienen en torno de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Ante las dudas de la sociedad para que se esclarezca la actuación del Ejército en esos casos, pero también para redefinir las relaciones cívico militares en términos democráticos, el general secretario se vale del recurso fácil de la intriga o la discordia: “Hay quienes quieren distanciarnos del pueblo, ¡imposible!… somos uno y lo mismo; basta ver el rostro, la piel”.
La cercanía del Ejército con la sociedad no se define por el color de piel. Sin precisar a quiénes responsabiliza, el general Cienfuegos juega con la idea de una conspiración. Así se empieza a construir el discurso para justificar cualquier acción contra los que se consideran enemigos.

Green Go